Gracias a todos por estar ahí. Espero que os siga gustando. Darle las gracias a ladydkl por su aportación y su rapidez.
Avisaros que este capítulo es M cerca de la parte final para quien no le gusten esas partes pero el principio es recomendable leerlo.
Los personajes no me pertenecen…
Capítulo 35
POV KATE
Me estiro suavemente hacia donde se encontraba la mesa, quería mostrarme como lo había compuesto todo, velas, la mesa con sus copas, los cubiertos esmeradamente colocados… todo irradiaba perfección. Hasta el, con su pantalón negro y su polo blanco estaba guapísimo.
Separo la silla para que me sentara, como todo un caballero y después fue en busca de la cena. Le escuche trastear por la cocina y finalmente apareció con una fuente blanca asida fuertemente por las dos asas. La deposito frente a mí y después de mostrarme su interior la puso sobre el mártir de mesa que estaba justo en medio de la mesa. Alargo la mano esperando le diera mi plato. Así lo hice y me sirvió una ración de una lasaña que despedía un olor magnifico. Estaba deseosa por saber si era tan buen cocinero como escritor.
Cuando estaba cortando su ración, toco con las manos la fuente y se quemó, lo que hizo que soltara una maldición. Yo me reí por lo bajo, ni que decir tiene que recibí una mirada reprobadora.
- Muy graciosa - dijo haciéndose el enfadado.
Se sentó en su sitio al otro lado de la mesa, para después volverse a levantar para servirme un poco de vino. Volvió a su lugar para servirse agua en su copa, no pude evitar quedarme mirándolo con sorpresa.
-No quiero tomar nada que me haga recordar aquella época. En el centro deje todo lo que me hacía escapar de la realidad y el alcohol era una de esas cosas.
Le sonreí abiertamente a la vez que me levantaba con mi copa en la mano. La lleve a la cocina y tire el vino en el lavadero, enjuague la copa y volví a mi lugar de partida. Rick se quedó con cara de sorpresa por mi paseo, pero lo entendió en cuanto me vio volver y rellenar con agua mi copa.
- Hoy vamos a ser abstemios los dos, además quiero estar sobria… por si tengo que defenderme.
-¿De quién? ¿De mí? -preguntó ocultando una sonrisa entre sus labios – Siendo nuestra primera cita, no recibiré ni un beso de buenas noches… - añadió fingiendo pena.
- Muy gracioso – dije arrugando la nariz. Me estaba devolviendo la broma - Probemos a ver si eres o no buen cocinero.
-Soy el mejor - dijo antes de coger el bol de la ensalada y servirme una ración en el plato que tenía frente al de lasaña.
Aquello olía a gloria, así que me dispuse a probarlo, lo saboree y a pesar de comprobar que estaba buenísimo, me hice la interesante, lo paladee unos instantes y aquello estaba increíble. Me gustaba cocinar porque desde muy pequeña era algo que compartía con mi madre pero nunca en mi vida había cocinado nada que pudiera parecerse a eso.
-¿De verdad lo has hecho tú? – le dije después de ver su cara de angustia esperando mi veredicto.
- La duda ofende – respondió molesto – ¿Acaso no te gusta?
- Sin duda, jamás comí algo tan delicioso.
- Te dije que cocinaba bien - dijo con una sonrisa de superioridad y no pude evitar sonreírle.
- No tienes abuelos… ¿verdad? – bromee, aunque solo recibí una mueca por respuesta.
Comimos en silencio, dedicándonos alguna mirada y alguna sonrisa. Disfrute mucho del ágape entre otras muchas cosas, la ensalada era una curiosa mezcla que nunca había probado y que con la lasaña hacia un conjunto delicado y especial. Castle era un hombre atractivo y más con esa ropa que se había puesto esa noche, por lo que tenerlo delante y verlo mientras comía era todo un espectáculo, sus ojos decían claramente que estaba disfrutando el momento. Cuando acabamos, él recogió todos los platos y volvió con otra fuente, que me mostro para que le diera mí consentimiento.
- Receta de mi abuela, pudin inglés – lo dejo sobre la mesa, para después servir una generosa ración en mi plato, repitiendo el mismo movimiento para servirse en el suyo.
- Me siento afortunada de probar un manjar tan especial – le dije sonriendo – Gracias por el detalle.
- No merece usted menos Señorita Beckett.
Si la lasaña había deleitado mis papilas gustativas, ese postre estaba aún mejor. Dulce y con un toque de piel de naranja como decoración, era maravilloso.
Cuando dimos por acaba la cena, retiro mi silla educadamente, me ofreció su mano para levantarme, después tiro de ella suavemente hasta el sofá donde nos sentamos el uno muy cerca del otro.
- ¿Te ha gustado nuestra primera cita?
- No ha estado mal - dije picándolo.
- Bien, porque ahora empieza la segunda cita. Supongo que en esta podre recibir al menos un beso de buenas noches, ¿verdad? - preguntó poniéndome morritos y no pude evitar sonreírle me recordaba tanto en estos momentos a mi hijo, que si no supiera que era imposible que el fuera el padre, tendría mis dudas. ¡Eran tan parecidos!
- ¿Estás bien? – Me pregunto al ver que mi gesto cambiaba - De repente te has puesto seria.
- Si, si, mejor que bien - dije sonriéndole.
Sus labios me llamaban a gritos y estaba deseosa de notarlos junto a los míos. Así que no luche más contra mis instintos y me acerque lentamente dejándome llevar. Le besé suavemente. Solo un pequeño rocé lleno de amor.
- ¡Oh!, eso significa ¿qué te ha gustado la cena? o ¿qué te gusto nuestra primera cita?
- Ambas – le dije sin alejarme mucho - ¿Cuáles son tus planes para la segunda cita?
- Tenía pensado ir al cine ¿Qué te parece la idea?
- Me gusta.
- Como no podemos salir, he pensado traer el cine aquí - dijo tomando un mando y aparecer una gran pantalla del techo.
Después de apretar algunos botones en el mismo mando aparecieron las primeras imágenes acompañadas de una música que reconocí de inmediato. No podría haber escogido mejor película que esa. Casablanca… un clásico.
En cuanto empezó la proyección no pude evitar acercarme para ponerme cómoda. Así que recosté mi espalda sobre su brazo, que el levanto de inmediato para pasarlo sobre mis hombros. El a su vez, colocó su barbilla sobre mi cabeza de una forma tan íntima y cercana que me hizo pensar que no parecía la primera vez que hacíamos esto. No podía evitar pensar en un futuro a su lado, y veía muchas noches como estas juntos.
Estuvimos disfrutando la película y el abrazo hasta el final, oyendo nuestros corazones tranquilos latir. Cuando acabo, Rick volvió a coger el mando y escondió la pantalla
- Fin de la segunda cita Señorita Beckett. ¿Puedo tener la esperanza de que me deje pasar cuando la lleve a su casa?
- No, solo un beso en la puerta - dije sonriendo.
Dicho esto Rick se inclinó sobre mi rostro para unir nuestros labios en un beso lento, suave y tierno.
- A ver si hay suerte en la tercera – dijo separándose de mí.
- ¿En serio? – le dije bromeando
- Bueno hasta que lleguemos a donde yo quiero - dijo mirándome pícaramente.
- ¿Que tienes pensado para la tercera?
- Quizás salir a bailar. Pero claro, aquí.
- Me gusta la idea.
- ¿Y… hay buenas perspectivas así?
- Quizás… para la cuarta - dije intentando no reír.
- Me estoy quedando sin opciones Señorita Beckett – dijo muy serio.
- Pues si tiene usted tan poca inspiración, entonces será mejor que lo dejemos porque si no… - haciendo amago de levantarme.
- No, no. – Me dijo no dejando que me moviera - Tranquila que puedo ser muy imaginativo cuando quiero, y créeme hoy quiero serlo.
Se levantó, puso el mando en su bolsillo y tiro de mí. Me llevo a otra zona más despejada, me agarró suavemente por la cintura y al instante escuche el dulce sonido de la banda de Glen Miller con su "Serenata a la luz de la luna" Me agarre a su cuello y ambos empezamos a movernos al ritmo de esa conocida melodía. Era mágico estar en sus brazos y escuchar esa maravillosa música. Nos movíamos al unísono los dos, como si lleváramos toda la vida bailando juntos. No podía dejar de mirarle a esos ojos azules que me tenían completamente hechizada. Coloque mi cabeza en el hueco de su cuello haciendo que nuestro cuerpos aun tuvieran un mayor contacto y llene mis pulmones y todo mi ser de ese olor que hacía que las piernas me temblaran. Todo era tan perfecto, que parecía irreal. Estábamos en completa sintonía y eso que no me consideraba para nada una buena bailarina. Adoraba la música, pero siempre pensé que había nacido con dos pies izquierdos.
Rick se separó de mí ligeramente para apoyar su frente a la mía y cerró los ojos mientras ambos seguíamos moviéndonos al ritmo de la melodía. Podía sentir su aliento sobre mis labios y unas ganas increíbles de besarle nacieron en mí.
Coloque mis brazos alrededor de su cuello y me acerque aún más a él si era posible. Esa suave respiración junto a mis labios me atraía y me deje llevar. Primero suave y lentamente, solo jugando con nuestros labios. Pero necesitaba más, saborearlo, y mordí suavemente su labio inferior arrancándole un suspiro que me llego al alma. Eso me animo. Sentía como su lengua invadía mi boca y como sus manos se colocaban en mis piernas levantándome levemente el vestido.
- Kate, no puedo más, voy a cometer una locura como me pares ahora.
- No pienso hacerlo Rick - dije volviendo a besarlo con desesperación.
Nuestros labios se volvieron a encontrar en un beso abrasador. Sus manos dejaban una senda allá por donde pasaban de ardor y deseo. Tanto así que cuando sus manos llegaron a la parte baja de mi espalda, perdí la cordura y levanta una pierna para saber si él estaba también tan desesperado como yo.
Rick me levanto y coloque mis piernas alrededor de su cintura. Entonces note el movimiento, me estaba llevando hacia su habitación. Allí todo estaba tan exquisitamente preparado como lo estaba cuando llegue el salón. Un olor a rosas llego a mi olfato y cuando quise darme cuenta estaba tumbada sobre las suaves sabanas de satén. Descendió sobre mí apoyándose en sus brazos para no hacerme daño y me beso suavemente de nuevo, pero esta vez no paro en mis labios, sino que descendió por mi mejilla hasta llegar al hueco del cuello. Mi piel ardía y necesitaba deshacerme de la ropa que nos entorpecía el camino. Poco a poco fui deshaciendo uno a uno los botones de su camisa. Cuando conseguí abrir el último empuje la prenda y me deshice de ella.
Rick se puso de pie sin dejar de mirarme, tomo mi mano también a levantarme. Se situó en mi espalda y sin dejar el ataque feroz de sus labios a mis oídos, me abrazo y acaricio de forma delicada el vientre haciendo que mi sangre se calentara más y más. Poco a poco fue bajando la cremallera de mi vestido hasta quitármelo
- Eres tan perfecta - me dijo al oído con un susurro y mi piel respondió erizándose.
Rick empezó poco a poco a bajar los tirantes del sujetador por mis brazos despacio abrasándome al paso de sus dedos. Gire para ayudarle a deshacerse de sus pantalones y los bajé junto a sus calzoncillos liberando su erección. Me quede maravillada por la visión y urgentemente me deshice de las prendas que aún me quedaban. Ahora estábamos los dos desnudos el uno frente al otro.
Subí a la cama y con un dedo le llame, rápidamente se acercó. Lo tumbe de espaldas en la cama y al notar el contacto de piel sobre piel, me hizo gemir de placer. Me encantaba como sentía sus manos sobre mi cuerpo, como me besaba, me acariciaba como me hacía sentir solo con su roce.
Necesitaba sentirlo aún más cerca, quería notarlo dentro. Saber que en ese momento era mío y de nadie más.
- Necesito sentirte Rick – le dije en un suspiro. Implorando la liberación.
Y no espero más, se acomodó entre mis piernas entrando lentamente dentro de mí. Sentí como me llenaba poco a poco con su presencia en mi interior, con mucho. Había cerrado los ojos para disfrutar la sensación, pero en ese instante los abrí los ojos y le miré, me contemplaba con adoración. Le acaricié suavemente el pelo y lo acerque para darle un beso suave.
- Rick… - susurre.
En ese instante, moví mis caderas y él se unió en el movimiento. La pasión nos envolvía, mi cuerpo necesitaba tanto la liberación que nuestros movimientos se hicieron complementarios. Me agarré con fuerza a su espalda hincándole las uñas sin querer. Ambos estábamos deseosos de buscar la liberación. Nos besábamos casi sin aliento mientras nuestros cuerpos buscaban el clímax. Apreté con fuerza mis piernas sobre su cintura acercándolo y profundizando la penetración. Nuestras respiraciones y latidos se hicieron parejos en aquella batalla donde los dos ganaríamos.
Seguimos besándonos y moviéndonos. Solo se escuchaban nuestros gemidos y nuestras respiraciones aceleradas. Estaba punto de explotar y cuando lo hice note como el también me seguía. Mis paredes vaginales se cerraron, atrapándolo en mi interior, notando como eso lo hacía explotar también a él.
- ¡Dios! – exclamo gritando de puro placer.
No pude menos que sonreír entre suspiros y jadeos. Mi respiración estaba acelerada por el orgasmo que había sentido, aunque no sabía si calificarlo como tal, porque nunca había sentido tal explosión en mi cuerpo. Quizá eso si lo había sido y lo que me sucedió antes no lo fue.
- ¡Uf! Lo siento - dijo abriendo los ojos y mirándome fijamente con gran preocupación.
- ¿Por? ¿No te gusto? – le pregunte asustada… quizá él no había disfrutado tanto como yo con la experiencia.
- ¿Qué? ¿Gustarme? Jamás he sentido algo así… pero no use protección.
- ¡Ah! Ningún problema, llevo un DIU - dije acariciándole la mejilla.
- Estupendo, yo de todas formas tenía que haberte preguntado antes, disculpa.
- No te preocupes - dije besándole para que se callara, solo quería vivir el momento y olvidarme del resto.
- ¿Te he dicho ya lo preciosa que eres? – me dijo mirándome fijamente.
- Mmm, creo que si - dije sonriendo.
- Es igual, no te lo he dicho lo suficiente. Eres preciosa, única, hermosa y muy sexy.
- ¿Si? ¿Tú crees? – le pregunte bromeando.
- Eres la mujer más sexy del mundo Kate.
- Tu tampoco estas mal - dije picándolo.
En ese instante se desconectó de mí y después sentarse en la cama para limpiarse, volvió para acurrucarse a mi lado.
- He batido un record, conseguí hacerte el amor en la tercera cita.
- No, el record esta en dos.
- ¿No? - pregunto ofendido y no pude evitar reírme.
- Si te sirve de consuelo, creo haber sentido mi primer orgasmo, porque lo que sentí otras veces no tenía nada que ver con lo de hoy – le confesé sonrojándome.
- Bueno espero que el segundo sea mejor - dije de forma interrumpida por sus besos.
- Creo que es difícil mejorarlo.
- ¿Si? Se puede intentar… - dijo poniéndose manos a la obra.
CONTINUARÁ…
El domingo nuevo capítulo espero que os haya gustado este capítulo tan esperado y deseado. Gracias a todos y espero vuestros comentarios.
XXOO
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