Capítulo 37: Excusas

¿Por qué le deje verla?

Realmente no lo sé. En ese momento me pareció una buena idea.

No es que ahora me arrepienta. Es sólo que no estoy segura de porque lo hice y no me gusta sentir que actúo sin razonar previamente. Estoy desacostumbrada a pisar suelo endeble. Me gusta dar pasos en firme. He aprendido, por las malas, que lo mejor es pensar (y mucho) antes de hablar o actuar.

Evidentemente, no estaba sintiéndome yo misma en el momento que le deje verla. Pero lo cierto es que nunca me siento yo misma cuando estoy alrededor de él.

Algo en él hace que baje la guardia. Me siento vulnerable a su lado, y no me importa.

¿Será esa inocencia en sus ojos? ¿La timidez de sus gestos y de sus palabras? ¿El lenguaje de su cuerpo que habla de mucho sufrimiento y poco disfrute?

No me gusta ese modo de ser que tengo cuando estoy a su lado. No me gusta darme cuenta que me pongo como idiota, que dejo que se acerque a mi de manera tan sencilla, que le permito conocer aspectos de mi que no le he manifestado a nadie en años.

Pero, a la vez, sería hipócrita admitir que no lo disfruto.

Él hace que todo parezca sencillo. Natural. Lógico.

Tiene un aura alrededor que dice muchas cosas, y al mismo tiempo no dice nada. Es un misterio. Algo oculto detrás de encantadores ojos verdes que parecen mirarte desde el fondo de un pozo de olvido.

A veces me pregunto si realmente no estará así, prisionero en un oscuro hoyo, aún cuando está sentado a mi lado.

Probablemente es la nostalgia en su mirada.

O quizá, es sólo mi imaginación.

Lo cierto es que él despierta algo en mi que no sabría definir con palabras. ¿Mi femineidad? ¿Mi ternura perdida? ¿Mi capacidad de creer en la nobleza de las personas? ¿La confianza en otro ser humano?

Cualquiera de esas cosas son aspectos de mi personalidad que creí perdidos para siempre.

¿Será posible que él pueda revivirlas?

Y peor aún, ¿quiero que revivan?

No lo sé. Todo es confuso ahora. ¡Hay tantas cosas que había jurado dejar atrás y ahora esas promesas se han ido al demonio desde el momento que él entró en mi vida!

¿Tendría que alejarme de él? Probablemente si. Sería lo más sano para mi psiquis.

¿Puedo hacerlo? Probablemente no. Sería lo más destructivo para mi psiquis.

Y así todo lo que creía conocer y estar segura de ser, se desbarata como un castillo de naipes gracias a él.

¿Y saben qué?

Me doy cuenta de que no me importa en absoluto.