Gourmet
Al igual que aquella ocasión en la que Diva trato de seducir a Hagi y este la mando a freír espárragos… Ahora, ese día, en esa tienda, frente a esa chica, la cara de Saya, simplemente no tenía precio.
Diva no sabía como interpretarlo. ¿Una momia que quedo petrificada y con la boca abierta? Quizás… La ojiazul podía jurar que a su hermana se le podía ir la mandíbula hasta el suelo en cualquier momento si no fuera porque era algo físicamente imposible, al igual que tenía las pupilas desaparecidas como si hubiera recibido el susto de su vida, al abrirlos tanto, con semejante sorpresa.
Y Hagi… pobre Hagi. ¡Como le llueve! Nunca había conocido a un hombre tan más atormentado y perseguido. En si, su rostro no mostraba nada. Quizás un pequeño dejo de sorpresa también, mínimo, casi inexistente, pero aunque Diva aparentara otra cosa, era una chica que de vez en cuando sabía observar, y ya se había dado cuenta de que la presencia de aquella jovencita de cabello claro, desgarbado cuerpo, y para ella, ciertamente sin gracia, había causando un gran impacto en ambos, sobre todo en su hermana.
Saya… simplemente no tenía palabras. No tenía razones, ni suposiciones, ni conclusiones. No había una lógica para su propia elocuencia, y la lógica real le causaba un sopor tremendo en ese momento. Se había quedado paralizada. Desarmada y vulnerable. En un total estado vegetativo se atrevería a decir, que sólo podía exceptuarse por la sorpresa que se había llevado, la cual ciertamente no era nada grata, y desde hace mucho que había comenzado a odiar las sorpresas tan nauseabundas que le daba la vida.
Y e ahí frente a ella, una nueva razón para odiarlas.
A un par de metros de distancia, se encontraba… Sí, no se equivocaba. Era Min. Su vieja compañera (¿y amiga?) del Liceo privado para señoritas, en Vietnam. Estaba un poco diferente. Estaba más alta, más grande. Habían pasado casi dos años después de todo, y se había dejado crecer el cabello el cual ya le llegaba a los hombros. Seguía con sus mismos lentes y la misma sonrisa despreocupada. Una sonrisa amable, como la que le vio por primera vez, aunque ahora mismo no estuviera sonriendo.
No era que le molestaba su presencia… Bueno, en realidad, la consideraba terriblemente inoportuna, y es que la ultima visión que tuvo Min de ella, fue verla con el vestido que le había prestado, roto, ensangrentado, hecho harapos. Un desperdicio. La última visión que tuvo de ella fue la del maquillaje ligeramente corrido, el cabello despeinado como si acabara de levantarse, los rasguños y cortes en sus brazos, rostro y costado, los cuales se cerraron como si nada, justo delante de ella. Lo ultimo que vio de Saya, fue su cara llena de culpa y vergüenza, y su espada fuertemente empuñada en su mano, para después desaparecer de repente, acompañada del "jardinero fantasma" como habían apodado a Hagi las jovencitas de la escuela.
¿Y como podía explicar eso ahora?
"¡Hola Min! ¿Cómo has estado? Yo muy bien. Lamento haber arruinado el vestido que me prestaste, pero es que tuve que pelear contra un quiróptero en la fiesta, ¡¿Y quien crees que era? ¡El director Karl! ¡Y creerás tú que casi me mata! Que barbaridad…"
No. no podía llegar y decir eso, y sin embargo era lo único que se podía decir en situaciones tan exageradamente extremas como esas. ¿Qué clase de mentira se podía inventar?
Por otro lado, Min estaba bastante molesta con su madrastra, la tercera esposa de su padre. Realmente no le caía del todo bien. Siempre había tenido la impresión de que sólo estaba con su padre por su dinero y esa era una idea que le repudiaba. Ya tenía bastante con ver como su familia, que hipócritamente se hacían llamar parientes y gente de bien, peleaban entre si por la fortuna heredara de sus abuelos, todo en medio de tretas, influencias, trampas y demás honestas y fraternales acciones.
Y para acabarla de amolar, ya no tenia ganas de ir de compras, y eso que aun quedaba toda la tarde. Le molestaba muchísimo tener que hacer todo lo que ella le dijera, sobretodo cuando no estaba su padre. ¿Quién se creía que era? No era su verdadera madre, y tampoco debía ni siquiera de atreverse a tomar su lugar, papel que de todos modos le era imposible de hacer.
Negó repetidamente con la cabeza mientras veía como su madrastra se acercaba a los aparadores donde se exhibían algunos estuches con joyas. ¡Siempre gastándose el dinero de su padre! Pensaba indignada.
Saya se alarmo, quito su cara sufrida de sorpresa, y volteo el rostro rápidamente, tratando de taparse la cara con el cabello, inútilmente pues era demasiado corto, y estuvo a punto de decirle a Diva que se alejara o que hiciera lo mismo debido a su parecido, al igual que a Hagi, pues de todos modos, Min se había enamorado momentáneamente de él y eso era algo difícil de olvidar a esa edad, y de por si el rostro de su caballero no se olvidaba fácilmente… estaba perdida.
En vano hizo sus esfuerzos.
-¿Saya?- a Min, prácticamente se le salio el alma cuando vio a esa joven, de jeans azules y blusa blanca… aunque… realmente había algo diferente en la que creía, era Saya. Hace mucho, casi dos años que no sabía nada de ella, y ahora que la veía nuevamente no había cambiado en nada, como si no hubiera crecido, a excepción de que ahora tenia el cabello larguísimo, y supuso se había puesto extensiones, no podía ser que su cabello natural creciera tanto en sólo dos años… y… ¿Estaría usando ahora lentillas azules? No se explicaba que la última vez que la vio tuviera ojos cafés y ahora de un azul muy bonito, aunque frío, y también se pregunto por qué se veía tan pálida. ¿A dónde se había ido su tez morena? Estaba verdaderamente pálida y pensó que quizás estaba enferma, y aunque su rostro era el mismo, no se veía igual. Es más… a pesar del parecido, podría jurar que no era Saya.
Fue hasta momentos después en que pensaba en si acercarse o no a la muchacha de blanco, que se dio cuenta que esta de pronto la miro, con esos ojos azules tan glaciares y fríos… realmente dudo que fuera Saya. Ella no tenía una mirada como esa. No que lo recordara.
-¿La conoces?- susurro Diva a su hermana quien no sabía ni donde meterse, y los cortos tacones de sus botas parecían que iban a romperse por la vibración del temblor en sus piernas, de solo pensar en tener que encarar a Min. Diva no necesito respuesta. Miro a la chica por un momento, y agito su mano, saludándola y sonriéndole encantadoramente.
Min se sorprendió bastante. Se sonrojo. Seguramente la chica se había dado cuenta de que la estaba mirando y para hacerla pasar un mal rato la había saludado como si realmente se conocieran, como ella había creído, pero cuando estuvo apunto de darse la vuelta sin decir nada y salir lo más rápido posible de ahí, fue que advirtió la presencia de otra chica, de espaldas a ella, un poco encogida de hombros, como si tratara de esconderse.
Tenía el cabello corto, y vestía una falda de mezclilla, botines negros y un suéter rojo. Parecía temblar, y también parecía que ya no soportaba el tacón de sus botas, aunque le daba la impresión de que mas bien era por el temblor en su cuerpo, fuera cual fuera la razón… aunque lo que más le llamo la atención de esa chica, fue que aunque estuviera de espaldas, se parecía mucho a la otra de cabello largo. Tenía la misma complexión y físico que ella.
-¡Diva!- susurro Saya molesta, obligando a su hermana a bajar la mano, sacándole una mueca de fastidio por la acción.
Min al fin se quito la vergüenza y camino hacia las dos chicas. Tenía que saber realmente si esa era Saya, o si lo era la otra. Desde la noche de la fiesta, que vio a Saya irse con esos hombres y además de todo, con el jardinero, jamás volvió a verla ni a saber nada de ella. Las maestras a las que les preguntaba por su paradero no sabían nada sobre ella. Nadie sabía nada y tampoco se sabía nada del jardinero, el cual por cierto todavía le gustaba un poco en ese entonces. Sobra decir que se había quedado profundamente triste ante la inesperada partida de su amiga. Ella misma le había dicho que serian amigas para siempre, además, nunca había tenido una amiga así de cercana. Era demasiado tímida, y la mayoría de las chicas del colegio la tachaban de sosa, de ñoña o simplemente de tonta. Saya había sido de las pocas chicas que la habían aceptado como si nada, sin juzgarla, ni criticarla, sino todo lo contrario, aunque fuera un tanto misteriosa a veces y no le quisiera decir sobre su novio secreto. Era por esas razones, que había llegado a apreciarla tanto aunque hubiesen convivido poco tiempo, y hasta ahora no había conocido a otra persona que fuera como ella, mucho menos en Nueva York, a donde había llegado desde hace dos meses para prepararse a entrar a la universidad.
-Ahí viene…- susurro discretamente Diva. Saya tembló aun más, mientras pensaba desesperada donde meterse, pero era seguro que ya la había visto, y fue brutalmente sacada de sus pensamientos cuando la escucho… llamarla.
-Disculpa…- dijo Min un poco dudosa aun, dirigiéndose a Diva, quien la miro -¿Te… te llamas Saya?- pregunto al fin, a lo cual la joven río por lo bajo, dejando sumamente confundida a Min, preguntándose si había cometido un error.
-No, pero… Oye, te buscan Saya- dijo Diva palmeando ligeramente la espalda de su hermana, al ver que esta no reaccionaba.
Saya sintió que el mundo se le caía encima. Ahí estaba ella, junto a Diva y Hagi (o el jardinero, según la idea) frente a Min, quien seguramente querría alguna que otra respuesta, y ahí estaba ella, Saya, sin respuesta alguna.
-¿Saya?- pregunto una vez más Min, pero ahora mirando a la chica de cabello corto. Esta ya no tuvo opción alguna. Resignada, y suspirando para guardar la calma, se volteo lentamente… y al verla, Min reconoció la misma expresión de culpa y vergüenza, al igual que la ultima vez que la vio.
-¡Saya! ¡¿Realmente eres tú?- exclamo tapándose la boca y tratando de mantener el equilibrio. Sentía que se iba a caer para atrás. –P-pero… ¿Hay dos Sayas?- pregunto descolocada mirando a la chica de ojos claros, sorprendida por el parecido, a pesar de tener una que otra diferencia. Aun así… eran tan similares.
-No. Yo soy su hermana gemela- respondió despreocupadamente Diva, sumamente divertida por la situación, a costa de la confusión de la pobre chica y el nerviosismo de su hermana.
-¿Hermana?- exclamo Min -Saya, nunca me dijiste que tenías una gemela, sólo que tenias dos hermanos y… ¿Por qué te fuiste así? ¿Qué paso? ¡Sólo desapareciste!- comenzó a preguntar, atosigando a la chica de interrogantes que ella no podía responderle, sintiéndose abrumada por la presencia de Min, cuando de pronto su hermana hablo, un tanto ofendida.
-Ellos no son sus hermanos. Yo soy su única hermana- afirmo Diva, molesta. Estaba cansada de que siquiera existiera en este mundo ese tipejo llamado Kai, que se jactaba de ser hermano de Saya, y que además de todo, había rechazado su propuesta de ser su caballero, y sí, lo detestaba, por eso el simple hecho de escuchar sobre él le revolvía el estomago.
-Diva por favor…- hablo Saya un poco alterada tratando de acallar lo que pudiera decir su hermana. Era tan indiscreta y desvergonzada que podía empezar a decir todas esas cosas que debían de mantenerse en secreto, pero la voz de Min sumamente sorprendida ahora llamo su atención.
-¡Ah! ¿Qué? Pero si es… ¿El jardinero?- exclamo Min atropelladamente mirando a Hagi, quien se había quedado apartado en otra esquina, volteando hacia otro lado como si buscara arañas en el techo, tratando de pasar desapercibido, aunque obviamente, no le funciono.
-¿Saya, que esta pasando?- pregunto Min un poco acusadora -¿Por qué estas en Nueva York, y con el jardinero? ¿Acaso huiste con él? ¿Y por qué tenias una espada ese día y estabas así?- comenzó a llenarla de nuevo con preguntas, pero se detuvo súbitamente cuando vio como de pronto Saya, se quedo con la vista perdida, totalmente. Como si no pudiera mirarla.
Pensó… pensó de pronto. Pensó mucho. Pensó sin medida, sin tapujos, sin mentiras, sin comodidades. Min. Una humana. Su amiga, su compañera. Una próxima muerta. Un próximo saco de carne y sangre para quirópteros, algo programado para ese mismo año. Comida de otoño. Los bocadillos gourmet del concierto de opera de Diva.
Min. Una inocente. Una chica inmadura, una próxima comida. Kai. Un humano. Su hermano, su amigo y compañero. Su apoyo de antaño. Otra comida. Otros cinco litros de sangre fresca, roja, sana, joven y deliciosa. Mao. Lewis. David. Kaori. Julia. Joel. Los amigos de sus hermanos. Sus antiguos compañeros de escuela en Japón, sus compañeras de Vietnam. La acusadora Anne Marie y su sequito. Los clientes de la tienda. Los que se pasean en las aceras afuera de esta. Las empleadas del lugar. Los que hicieron los vestidos del lugar... Los humanos.
Había una humana frente a ella, hablándole, después de mucho tiempo de no haber tenido contacto con uno, como si en todo ese tiempo no se hubiera dado cuenta de ello.
Humanos, quirópteros, y una culpable.
Ella. Una culpable. Saya.
Saya en ese momento se dio cuenta de lo que realmente pasaba. De lo que había estado pasando, gestándose desde el momento en que se fue con su hermana sin pensarlo, sin razonar, sin analizar, olvidándolo todo como si nada. ¿Cómo se había podido dar semejante lujo? Decepcionándose a si misma y a todos los que habían muerto en su nombre y en su raza. En nombre de su venganza, una venganza que de un día para otro había dejado pasar, como si no hubiera sino nada realmente importante… y se sintió… patética. Una autentica traidora ante todas aquellas personas que habían creído en ella y en su fortaleza que tan fácilmente se había quebrado. Pero aun peor, era una traidora ante ella misma.
-Lo siento, pero no te conozco- dijo de pronto Saya, recuperando la mirada, por así decirlo, pues sus ojos, de cierta forma, parecían ver algo, algo más, algo perdido, provocando que Min se quedara perpleja de confusión, mirando fijamente a su amiga, a quien todavía consideraba así.
-¿Qué?- exclamo Min incrédula, sin sacarle ninguna expresión a Saya. Su rostro se había vuelto plano, sin chiste, sin vida. Solo una estructura ósea ovalada, con ojos cafés, nariz, boca. Nada más.
-Lo siento, pero debes estarme confundiendo con alguien más- agrego Saya, sin expresión alguna en su voz. Min por un momento creyó que hablaba con un fantasma o un zombie.
-¿Pero que dices Saya? Hace un momento me reconociste ¿Estas bromeando? Porque no es gracioso- reclamo Min algo molesta por la extraña actitud que de pronto había tomado Saya. Era como si la estuviera tratando de evitar, y eso realmente le molestaba bastante. Se supone que Saya no era así. Todos los demás la criticaban, la ignoraban, o también la evitaban. Era un complejo que le afectaba muchísimo emocionalmente, y ver a una de las pocas personas que no hiciera eso, hacerlo así, de pronto y sin razón aparente, le dolía muchísimo. Saya le rompió el corazón, simplemente.
-Debo irme- fue lo único que respondió Saya y con la misma actitud, pasando de largo a Min, con la mirada perdida y pasos casi fantasmales, como si sólo se deslizara sobre el suelo.
-¿Saya? ¡Saya!- la llamo Min conmocionada. La chica de lentes no sabía como reaccionar. Aun había muchas cosas de las que quería hablar con Saya, sobre su huida tan repentina entre otras cosas. En ese momento miro a la chica de ojos azules, y esta al sentirse observada miro a Min un momento, casi curiosa, y después se hecho a correr detrás de Saya, quien ya había salido de la tienda.
-¡Se acabo el día de compras!- aviso Diva casi con gracia a Solomon, quien parecía estar dormido o en un tipo de transe sobre la silla y con el montón de bolsas a un lado. Al escuchar como Diva le hablaba se "despertó" sobresaltado, mirando hacia todos lados.
-¿Qué paso?- pregunto el rubio confundido, mientras Nathan se acercaba a él.
-Parece que hubo un pequeño percance- le dijo en voz baja el caballero, con una sonrisilla y apuntando discretamente a Min quien se había quedado estática en su lugar. Cuando noto que la miraban, vio hacia aquel lugar, encontrándose con Solomon, a unos cuantos pasos de distancia.
-¡¿Que? ¡Pero si es el fantasma de la fiesta!- exclamo por lo bajo la muchacha, totalmente descolocada. ¿Qué demonios hacia ahí, Saya, el jardinero fantasma y además, el hombre que la había sacado a bailar en la fiesta? ¿Se habría fugado con ambos?... y lo pensó un momento. ¡¿Con los dos? ¡¿Pero como? Se pregunto incrédula. Ahora que lo recordaba bien, la noche en que Saya desapareció, al salir de la catedral, iba acompañada de un hombre muy alto y vestido de negro. Lo vio por un momento, pero lo había dudado mucho hasta ese instante. Ese hombre era el jardinero fantasma, el jardinero nuevo que había llegado y que había vuelto loca a la mitad de las chicas del colegio.
Al recordarlo, miro hacia un lado para ver si podía hablar con él, pero ya no estaba. Lo encontró caminando hacia donde estaba el hombre rubio de la fiesta, y ambos tomaron las bolsas que estaban alrededor, y salieron rápidamente de la tienda y acompañados de ese otro extraño y extravagante hombre de rubios bucles. A Min le dio la impresión de que era homosexual o tal vez travesti, a juzgar por su manera de caminar y vestuario.
Se distrajo con ese ultimo pensamiento, y para cuando acordó, sólo vio a los tres hombres salir de la tienda como si nada y cargados de bolsas, y fue entonces que reacciono.
-¡Esperen!- grito, llamando la atención de los demás. Algunos la miraron de mala manera, otros la vieron un momento y después la ignoraron. Min corrió hacia la puerta tratando de alcanzarlos, pero cuando salio, ya no había nadie. Ni rastro de que ellos hubieran estado ahí.
-Saya…- susurro la chica, con melancolía, quizás algo de coraje, llevándose una mano al pecho igual que lo había hecho hace dos años en la escuela en Vietnam. Entonces, comenzó a llorar silenciosamente antes de que su madrastra le preguntara que le pasaba y regresaran a casa sin nada nuevo que contar, más que el encuentro con su excompañera… quien la había evitado tan cruelmente.
-¡Saya!- exclamo Diva caminando unos pasos fuera de la tienda y mirando a todos lados, buscando con la vista a su hermana, quien había desaparecido al salir de la tienda.
No la encontró, y solo atino a rascarse la cabeza pensando si valía la pena buscarla. Sabía que regresaría, de eso no había duda. A su hermana le gustaban las relaciones con sus iguales acompañadas de culpa, y además, ya no tenía a donde ir. A su hermana mayor no le quedaba ningún escudo, solo le quedaba ella, su hermana menor.
-¿A dónde se fue?- Pregunto Solomon acercándose a la ojiazul y buscando a Saya con la vista.
-Yo que se- le respondió fastidiada –No creo que valga la pena buscarla. Ya volverá- agrego Diva dispuesta a regresar al auto, cuando vio como Hagi la pasaba de largo a ella y a Solomon, caminando apresuradamente entre la gente.
-Creo que yo sí iré a buscarla- le aviso Solomon al ver a su competencia irse tras Saya, cosa que no le agradaba para nada y se había tomado ese gesto como un reto para competir con su rival, como si estuvieran en un videojuego lleno de obstáculos para rescatar a la princesa en apuros.
-Dios, ¿Por qué demonios todos se vuelven locos por Saya?... Yo me regreso- murmuro sumamente molesta y regresando a donde estaba estacionado el auto, empujando un poco a Solomon en su camino, quien no tomo importancia del gesto berrinchudo y se fue tras Saya, tratando de alcanzar a Hagi quien poco a poco se perdía entre la multitud.
¡Hoy estoy muy, muy feliz! Tan feliz que me apresure a arreglar el capitulo, porque… ¡Gano España! ¡Sabía que iban a ganar!... Además el pulpo mágico ese ya había hablado, y estoy feliz por la victoria de España (ahora sólo espero que algún día México gane el mundial. Aun no pierdo del todo las esperanzas). La verdad que España se merecía la copa (Holanda se porto remal. ¡Patadas karatekas que daban!). Además aunque a muchos mexicanos les cale, seguimos siendo parientes de los españoles, y en lo personal tengo familiares españoles muy cercanos (y yo no entiendo porque chingados tantos mexicanos siguen resentidos con los españoles por algo que paso hace 500 o 600 años, refiriéndome a la conquista. Se me hace una reverenda mamada).
Bueno dejando de lado eso, estoy muy orgullosa de este capitulo. Meter a Min me pareció una buena jugada, porque influirá en Saya y le dará un buen golpe contra la pared, quien parecía no darse cuenta de lo que había hecho. El siguiente capitulo se centrara un poco más en Hagi y Solomon, y estará ligeramente (¡ligeramente nada más!) cómico con respecto a ellos dos, además siento que a Solomon ya le faltaba algo de protagonismo.
Antes de irme, gracias por sus reviews, y a los españoles que lean esto, felicidades por la victoria.
Me despido
Agatha Romaniev
