Oficialmente, éste es el capítulo más largo que he escrito de esta historia. Pensé dividirlo en dos partes, pero al final decidí dejarlo completo.
En el transcurso del día trataré de ir contestando los reviews y los iré agregando.
CAPÍTULO 38
"¿Falsas Promesas?"
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- ¿Papá?
- Dime
- ¿Por qué mis hermanos me odian? Entiendo que están enojados conmigo por lo mal que me he comportado, pero que me odien duele.
- Ellos no te odian, ¿de dónde sacas esas cosas?
- Siempre me hablan mal, me miran feo, me dicen cosas que me lastiman como que por mi culpa papá no ha regresado y que yo fui el causante de que nuestro hogar se destruyera, que siempre hago tal o cual cosa, que soy... – la voz se le quebró.
- Shh, tranquilo mi niño. Voy a hablar con tus hermanos, pero te puedo asegurar que no te odian, sólo están pasando por mucho, al igual que tú, sin embargo todos deben aprender a... – hizo una pausa – No quiero que pienses en esas cosas, ellos te quieren, ustedes siempre fueron muy unidos.
- Es por eso que duele tanto la forma en la que me tratan.
- Hoy hablaré con ellos.
- No papá, por favor no. Ellos van...
- Ellos nada, vamos a tener esa plática y eso es definitivo. No, no llores de nuevo.
- Es que... necesito... yo...
- ¿Sientes que necesitas llorar para sacar todo lo que llevas por dentro? – el chico asintió con la cabeza – Si es así, entonces hazlo, no quiero que guardes nada.
- Siento que estoy cayendo en un abismo.
Kurt envolvió fuertemente a su hijo con ambos brazos – No te voy a dejar caer. Papá está aquí y te va a sostener con todas sus fuerzas.
El chico lloró por varios minutos y luego empezó a calmarse mientras se frotaba los ojos. En medio de un sollozo habló – Papá, discúlpame por favor por lo mal que me he portado contigo y por todo lo que hice que ya te conté y lo que no te he contado también. No, no sólo discúlpame, perdóname, porque no es lo mismo y yo quiero tu perdón.
- ¿Realmente lo lamentas?
- Mucho papá, no tienes idea de cuánto lo lamento. Estoy arrepentido de todo. Sólo espero que algún día puedas perdonarme.
- Ya lo hice hijo.
- ¡No, no puedes! Te lastimé por mucho tiempo, he hecho cosas horribles, no puedes sólo perdonarme tan rápido porq...
- Elliot, te amo y puedo ver el arrepentimiento sincero en tus ojos y sí, sí puedo perdonarte así de rápido.
- Gracias papá – dijo en un suspiro triste y cansado – Sé que no lo merezco y sin embargo estás siendo tan bueno conmigo. Te prometo que voy a cambiar, ya no te voy a dar problemas.
- Está bien, te creo – ver a su hijo llorar le partía el corazón, pero al mismo tiempo el arrepentimiento y sus promesas, lo llenaban de nuevas esperanzas.
- Yo… yo… no puedo… quiero… quiero contarte… todo…
- Tómate tu tiempo hijo, no tienes que decirme todo en este momento. Te lo dije en la mañana, tenemos todo el día para hablar. Y si el día no es suficiente, tomaremos el tiempo necesario. No te voy a presionar, quiero que vayas a tu ritmo.
Más de diez minutos de silencio se hicieron presente, el único sonido era el de Elliot llorando. Kurt lo mecía contra su cuerpo y le susurraba palabras reconfortantes hasta que logró calmarlo.
- ¿Crees que papá me perdone?
- ¿A qué te refieres? – la pregunta lo sorprendió por completo.
- A mi comportamiento con él, a las cosas que he estado haciendo.
- Claro que sí, él te ama demasiado.
- Y si ya no quiere...
- ¿No estás hablando con él a diario?
- Sí, pero no le he pedido perdón y necesito hacerlo. Hablamos de diferentes cosas y él es bueno conmigo, pero me siento mal por todas las cosas que le dije y la forma en la que me comporté con él también.
- ¿Por qué no se lo has dicho?
- Porque es algo que se debe hacer en persona. No creo que por teléfono sea igual.
- Entiendo, pero a veces es mejor sacar todo lo que se lleva guardado. Yo también pensaba en que los problemas entre tu papá y yo los debíamos platicar y tratar de solucionar cuando nos viéramos, sin embargo, cuando hablamos por teléfono, abrimos nuestros corazones y ahora estamos bien. Ambos dijimos todo lo que estaba bien y lo que estaba mal, nos disculpamos y nos perdonamos mutuamente.
- ¿Eso quiere decir que lo vas a ver? ¿Van a regresar?
- Te voy a contar algo que tus hermanos no saben, será nuestro secreto. Antes de que termine esta semana nos vamos a ver y sí, la idea es que volvamos.
- ¡Eso es maravilloso papá! Realmente quiero verlo y que seamos una familia nuevamente. Además de que necesito pedirle perdón por todo.
- Como te acabo de mencionar Elliot, no tienes que esperar hasta verlo. Cuando eso suceda podrás hablar con él a profundidad, pero pienso que deberías hacerlo la próxima vez que te llame. Sólo abre tu corazón y dile lo que sientes.
- Creo que eso voy a hacer. ¡Gracias! ¿Crees que me perdone?
- Estoy seguro que ya lo hizo.
- Fui malo con él. ¿Sabes? El día que se fue de la casa, estaba muy enojado porque me regañó por algo y le dije que no tenía derecho a hacerlo. Me contestó que tenía todo el derecho porque era mi padre, entonces le respondí que no lo era, porque mi padre biológico eras tú, no él, así que realmente él no era nada mío.
- ¡Elliot! Blaine te ama como si fueras de su sangre. Así es como te ha tratado siempre, él...
- Lo sé, y me arrepentí a los pocos segundos, sin embargo no se lo dije. Nunca me voy a poder olvidar de la forma en la que me miró, el dolor en su semblante y en sus ojos. Ya luego tuvo la discusión contigo y lo corriste… quise disculparme en ese momento, pero me impactó tanto saber lo que estaba pasando y…
Quiero decirle, tengo que decirle lo arrepentido que estoy, que él sí es mi papá, que lo amo mucho y que sé que me ama.
- Díselo por teléfono y ya cuando se vean lo haces personalmente. Te garantizo que le va a hacer muy bien escuchar esas palabras.
- ¿Tú crees?
- Totalmente.
- Lo haré – Hubo un silencio de varios minutos, luego el adolescente se soltó del agarre de su padre y se sentó.
- ¿Qué ocurre hijo?
- Me avergüenzo de algunas cosas que hice papá.
- Entonces, ¿por qué las hiciste?
- Yo... yo... – bajó la mirada – ¿Cómo sabes que algo está bien o está mal? Me refiero a algo que tú creías que era incorrecto, pero luego otros afirman que sí es correcto, y a pesar de eso, cuando lo haces no te sientes bien al respecto.
Kurt se sentó, acomodándose frente a su hijo – Elliot, eso es más fácil de lo que crees. No puedes basarte en lo que otros dicen, porque lo que para unos está bien para otros no lo es y viceversa. Pero tu corazón te va a indicar qué es lo correcto.
Si al hacer algo te sientes feliz, a gusto, te proporciona satisfacción y no te daña ni hace daño a otros, entonces puedes tener por seguro que es algo bueno. Si por el contrario, cuando haces algo y eso te hace sentir mal, incómodo de cualquier forma o te lastima y a los que te rodean igual, entonces, ¿qué crees?
- Que no es algo correcto.
- ¡Exacto! No importa si otros te dicen que está bien, si tú no lo sientes así, no lo está.
- Entonces hice muchas cosas incorrectas – un par de lágrimas rodaron por sus mejillas.
- ¿Por qué?
Negó con la cabeza – no quiero hablar de eso ahora, dijiste que podía tomarme el tiempo que necesitase para contarte.
- Claro que sí hijo. No tienes que contarme todo ahora. Cuando te sientas listo para hablar voy a estar aquí para escucharte.
- Tengo miedo – bajó la cabeza y empezó a retorcer sus manos nerviosamente.
Kurt puso su mano en forma tranquilizadora sobre las del adolescente – ¿Por qué tienes miedo Elliot? ¿Alguien te tiene amenazado? ¿Te han hecho algo? Confía en mí, lo que sea que esté ocurriendo, vamos a resolverlo juntos, no te voy a dejar solo en esto ni en ninguna cosa.
- Gracias. Te voy a contar, quiero hacerlo, pero ahora no puedo.
Tomó por la barbilla a su hijo haciéndolo levantar la cabeza y que sus miradas se encontraran – Voy a estar aquí cuando estés listo.
- Ok – suspiró con tristeza – ¿Podemos comer algo? Tengo hambre – ese era un cambio drástico de tema, pero Kurt lo entendió.
- Sí, claro. Vamos a ver que encontramos.
- Quiero pizza. Ya sé que no te gusta que comamos esas cosas, pero tengo muchas ganas de una pizza con mucho queso y…
- Pediremos una – le sonrió – ¿Algo más?
El adolescente se sorprendió, pero sonrió ligeramente agradecido – Amm... es algo tonto, pero... ¿te acuerdas que solías preparar unas galletas de vainilla con trozos de chocolate? Realmente las amaba y me gustaba ayudarte a hacerlas.
El ojiazul observó a su hijo y se dio cuenta de la fragilidad que tenía, lo miraba expectante mientras seguía retorciendo sus manos. Era como una mezcla entre el Elliot de antes y el nuevo Elliot, como si estuvieran luchando entre sí y el joven estaba batallando para que el antiguo ganase.
- Claro que me acuerdo. Vamos a pedir la pizza y preparar unas cuantas galletas en lo que esperamos que la traigan.
- Papá.
- ¿Si?
- Te amo.
- También te amo Elliot – no terminaba de decirlo cuando el chico se lanzó encima de él y lo abrazó con fuerza.
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- Así que al final eso fue lo que me dijeron, pero ya todo quedó aclarado y prometieron que no volverán a comportarse así con su hermano. Es más, van a disculparse con él e integrarlo a sus conversaciones, actividades y demás.
- Realmente estoy estupefacto con todo lo que me has contado bebé.
- Yo igual amor. Fue un día demasiado intenso, pero siento que las cosas finalmente empiezan a tomar un rumbo correcto. Sé que todavía hay mucho que Elliot me tiene que contar y espero lo haga pronto, pero hoy dio un gran paso. Y la plática con Coop y Sam también rindió frutos.
- Me alegro tanto realmente. Pronto voy a estar ahí contigo Kurt, para hacer frente a todo, juntos. Sin embargo, lo estás haciendo de maravilla por ti mismo.
- Eso trato mi amor. Ya quiero tenerte aquí a mi lado. Por nuestros hijos y por nosotros.
- Falta poco bebé. Estoy intentando resolver todo lo más rápido que puedo. Muero de ansias por estar ahí, sostenerte entre mis brazos y besarte una y mil veces como si no existiese un mañana.
- Te amo tanto Blaine.
- Y yo te amo a ti mi bebé... "Sí, adelante" – se escuchó una voz que el castaño no distinguió.
- ¿Qué fue eso? ¿Con quién hablabas cariño? Escuché a una mujer.
- ¡Oh! Con tantas cosas me había olvidado de contarte que estoy viviendo en un hotel ahora y escuchaste a la camarera que vino trayendo mi cena porque pedí servicio a la habitación.
- ¿En un hotel? ¿Qué pasó con Sam?
- Larga historia que te contaré después.
- Entiendo, pero ¿estás bien?
- Sí amor. Todo bien. Y más ahora, porque cada vez que escucho tu voz, todo es perfecto.
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Blaine estaba con Quinn en el centro comercial buscando algo para Kurt, su cumpleaños se aproximaba y quería darle algo especial.
De pronto escuchó un bullicio y volteó a ver de qué se trataba, la sorpresa que se llevó fue grande al darse cuenta de que eran los Delta y su hijo estaba con ellos. Iban molestando a las personas a su paso y celebrando como si estuvieses haciendo algo maravilloso.
- Pero ¿qué rayos? – el ojimiel estaba totalmente intrigado e indignado.
- ¿Qué hace Elliot con esos barbajanes? – preguntó la rubia desconcertada.
- No tengo la menor idea. En este momento no entiendo nada. ¿Qué fue todo lo que le dijo a Kurt y lo mucho que lloró? ¿Dónde mierda dejó lo de estar arrepentido por las cosas que ha hecho y el haberle pedido perdón? – el moreno estaba enojado ahora.
- Debe haber una explicación B.
- Eso espero. Realmente eso espero.
Los dos amigos entraron a una joyería, pero el ojimiel no dejaba de mirar por los grandes ventanales hacia fuera para tratar de distinguir algo. Sin embargo el esfuerzo no fue necesario ya que el grupo entró al local.
En cuestión de minutos los vio organizarse y su corazón se volcó al ver a su propio hijo tomar algo de las vitrinas de exhibición y guardarlo en su bolsillo. Los demás hacían lo mismo.
No pasó mucho tiempo antes de que las alarmas sonaran y todo se volviera un caos, los guardias se presentaron y Elliot arrojó a un costado lo que había escondido entre su ropa antes de que los detuvieran. En cuestión de segundos la policía también se presentó.
Blaine vio el terror en el rostro de su hijo y luchaba entre hacer algo para ayudarlo o dejar que se lo lleven para darle una lección. No comprendía lo que estaba pasando, pero al final, al ver esos ojos azules idénticos a los de su padre, tan llenos de lágrimas y miedo, decidió que tendría que intervenir de alguna forma.
- ¿Qué van a hacer con ellos? – indagó la rubia.
- Los llevaremos detenidos a la delegación señora – contestó uno de los policías – sus padres serán notificados y el juez decidirá qué se hará con ellos.
- No, no. Mi papá no puede saber, por favor no.
Blaine y Quinn voltearon al escuchar a Elliot suplicar porque no le avisasen a Kurt. Lucía tan asustado e indefenso que ambos se sintieron terriblemente mal. Lo hablaron rápidamente y decidieron seguir a las patrullas para asegurarse de a cuál delegación serían remitidos.
En el camino iban trazando un plan y rogaban porque funcionase. Mientras tanto, en uno de los autos policiacos un joven de ojos azules y cabello castaño lloraba copiosamente mientras temblaba y sollozaba un "no le digan a mi papá, no le digan por favor".
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Una vez en la estación de policía, Blaine tuvo que esperar más de dos horas. Le habían dicho que llevaron a los jóvenes a los separos y que ahí permanecerían hasta ser llevados a juicio ante el juez del distrito y que probablemente serían sentenciados a ir a un reformatorio.
El ojimiel no dejaba de dar vueltas hasta que fue atendido finalmente por uno de los oficiales.
- Sr. necesito hablar con alguien.
El hombre levantó la cabeza y lo vio con asombro – ¿Tom Baskin?
- Uhh... sí...
- Mis hijos son fans tuyos, te reconocería en cualquier lugar. Dime ¿en qué te puedo ayudar?
- Muchas gracias. He venido a buscar a un amigo, él fue traído aquí por equivocación durante la revuelta en la joyería del centro comercial.
- ¡Oh! Eso es grave. Pero todos los detenidos forman parte de una banda denominada Los Delta. Si tu amigo fue detenido es porque lamentablemente debió estar con ellos.
Blaine se puso nervioso, sabía que estaba mintiéndole a la policía, pero respiró profundamente para poder continuar.
- Mi amigo y yo estábamos en la joyería cuando ese grupo de chicos entró y en medio del caos que se armó, los guardias lo agarraron confundidos. De hecho, a mí también me estaban deteniendo, pero uno de ellos logró reconocerme y por eso me soltaron.
- Mmm… Esto no es así de fácil, necesito testigos de lo que estás diciendo, que me des información del joven para poder corroborarla, llamar a sus padres y al dueño de la joyería.
Las cosas eran más complicadas de lo había pensado y tenía que poner su cerebro a funcionar rápidamente.
- Había una mujer en la joyería en ese momento, voy a tratar de localizarla de algún modo, porque ella presenció todo. De hecho, estábamos platicando con ella cuando los eventos sucedieron.
- Bien, eso puede servir. Mientras tanto, necesito que me des los datos de tu amigo.
- Su nombre es Elliot Hummel Anderson, tiene diecisiete años, alto, delgado, piel muy blanca, cabello castaño, ojos azules.
- Los nombres de sus padres.
- Kurt Hummel y Blaine Anderson.
- ¿Kurt Hummel, el diseñador?
- Sí señor. Él mismo.
- El hijo de un diseñador famoso y un cantante famoso de la misma edad son amigos, eso es típico – comentó otro policía – estos niños ricos se conocen todos entre ellos.
"Bien, eso ayuda. Tiene mucha lógica" – pensó Blaine.
- Dirección, número de teléfono, código postal – fue una extensa lista.
El moreno le proporcionó todos los datos solicitados y el oficial tomaba nota de ellos.
- Necesito a la testigo que dices estaba platicando con ustedes dos. Mientras tanto, voy a comprobar esta información.
- Tengo que ver a mi amigo.
- Eso es imposible por el momento.
- ¿Por qué tu amigo no dejaba de pedir que no le digan nada a su padre? – inquirió el policía que seguía escuchando todo.
- Porque su papá ha estado muy estresado últimamente y el médico le mandó reposo y cero preocupaciones.
- Como dije antes, no puedes ver a tu supuesto amigo todavía, pero podrás hacerlo después – dijo el oficial que estaba a cargo.
- Sí, entiendo. Voy a buscar a la mujer que fue testigo, tal vez el dueño de la joyería la conozca.
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Una vez fuera de la delegación, el ojimiel le contó todo a su amiga y repasaron muy bien cada parte de la historia. No podían equivocarse con ningún detalle ni podían presentarse tan pronto porque no sería lógico que la hubiera localizado así de rápido.
Blaine intentó llamar a Kurt, pero nunca contestó su celular, así que en cierto modo fue un alivio.
Con angustia esperaron durante una hora y luego entraron. Fueron a buscar al policía encargado del caso y él les notificó que el dueño de la joyería ya se había presentado, pero que sólo había reconocido a dos de los jóvenes y que había corroborado que había varias personas presentes cuando Los Delta entraron.
Le pidió todos los datos a la rubia y su declaración, la cual coincidió con la de Blaine.
Le dijo también que ya había verificado la información, la cual era verídica, además, el joven no tenía antecedentes de ninguna clase.
Sus padres habían sido llamados, pero ninguno de los dos contestaba, a lo que el moreno dijo que estaban en un pequeño viaje justamente por el caso de stress de uno de ellos.
- ¿Puedo ver a mi amigo?
- Sí, ya puedes hacerlo – llamó a un oficial para que lo llevase a los separos.
Cuando Blaine entró al lugar, se sintió muy incómodo. No podía permitir que su hijo siguiera ahí, ya llevaba varias horas encerrado y era más que suficiente. Estaba seguro que era un escarmiento grande, aunque a él no le hubiese gustado que llegara a tanto, pero tal vez era la única forma en la que aprendería. Avanzó hacia la celda y ahí vio a su hijo sentado en un rincón, abrazado a sus piernas, todavía llorando.
- Hummel – dijo el policía y el chico levantó la cabeza – tienes visita. Sólo dispones de cinco minutos – se dirigió al moreno.
- Hey, Elliot.
- ¿Tom? – se puso de pie de inmediato y se acercó a la reja.
- Te voy a sacar de aquí. Estoy haciendo todo lo posible.
- Pe... pe... pero... ¿tú?... ¿Cómo?... ¿Por qué?...
- Confía en mí. Se acercó lo más posible para que nadie más escuchase – si te preguntan somos amigos desde hace varios años – le dio algo de información para que pudiera coincidir con lo que el policía le pudiese preguntar.
- ¿Por qué me ayudas? La última vez que nos vimos, fui grosero contigo y...
- Olvídalo, sólo quiero saber una cosa.
- ¿Qué cosa?
- ¿Por qué lo hiciste? No eres de la clase de chico que roba. ¿Por qué Elliot?
Miró disimuladamente a sus amigos, con quienes compartía la celda – yo no quería, te juro que no quería.
- ¿Entonces?
- Ellos me obligaron. Me tienen amenazado.
