Canadá levanta las cejas y se va a ver qué ha pasado, pero Australia le echa del salón mandándole a dormir diciendo que estas no son horas. Nueva Zelanda se ríe acurrucándose en Australia.

Francia llega al cuarto y pone la mano en el picaporte. Suspira.

Canadá se va a su cuarto donde Seychelles está haciendo pelea de almohadas con Estados Unidos y está perdiendo miserablemente porque no hay manera que cincuenta kilos de chiquilla muerta de risa puedan con ciento diez kilos de americano sobre energizado por culpa de los tres litros de cocacola que se ha bebido en McD.

Canadá es recibido con una almohada lanzada a su cara mientras Estados Unidos asegura a gritos que él puede con los dos. El canadiense suspira y sonríe tomándola y yendo a pelear también.

Francia abre la puerta del cuarto, Inglaterra esta hecho bolita dentro de la manta cubierto hasta que solo le sale un poco el pelo por encima del borde de las sábanas.

El francés se acerca lentamente a la cama y se sienta en ella. El inglés se hace más bolita en su ladito, dando la espalda al lado de Francia y tiembla un poco al notar moverse la cama.

Francia levanta las cobijas y se mete junto a él, abrazándole por la espalda.

—Suéltame —gruñe sin moverse... y el francés debe poder notar que está aún desnudo.

—Shh...

—No, suéltame —se revuelve. Francia le suelta pero no se sale de la cama.

—¿Estás bien?

—Yes, shut up. I HATE you. No quiero hablar contigo —se cubre más y aprieta los ojos.

—No es mi culpa que hayan llegado.

—Nadie ha dicho que lo sea —bufa.

—No ha pasado nada... —susurra, pero el inglés no contesta.

Francia le pasa un dedo suavemente por la espalda, desde la columna hasta la cintura.

Inglaterra se tensa completamente abriendo los ojos como platos con un escalofrío. Se acerca un poquito a él y le da un beso en el la última vértebra antes del cuello, suavemente.

—Déjame —aprieta los ojos.

Francia le da un beso en la vértebra que sigue y otro en la que sigue poniéndole una mano en la cintura y deslizándosela un poco por el muslo.

—No! Stop! —protesta sin hacer nada para detenerle. El francés sigue acariciándole el muslo suavemente, besándole lentamente, cada vez más abajo y hacia un lado, hasta llegar a las costillas (es decir a un costado, debajo del brazo).

Inglaterra tiembla dándose la vuelta y con una mano se sostiene las regiones vitales y con la otra le detiene. Francia se detiene unos segundos, porque siempre es importante que la otra persona sepa que PUEDE detenerle si quiere. Le mira un segundo y cierra los ojos.

El inglés recoge las rodillas pero sigue deteniéndole con la mano, suavemente, mientras le mira fijamente sin sonreír, con el ceño un poco fruncido. El francés que intenta acercar a besarle el hombro esta vez traga saliva y abre los ojos.

—Mmmm?

—Es que... —susurra.

—Oui?

—I hate you, eres un idiota.

Francia asiente encogiéndose un poco de hombros.

—Bien, tú eres un hooligan bestia.

El británico frunce el ceño y se vuelve a girar. El galo le detiene un poco para que no se gire, poniéndole una mano en el hombro, tratando de entender qué es lo que quiere... seguramente una justificación. Traga saliva.

—No quiero esto, me engañaste con tu juego pervertido pero no me gustas. Solo porque mi palabra es inviolable es que estoy aquí —responde.

—No te engañé —se defiende bajando otra vez para intentar besarle el hombro—. Y ya sé que me odias y sólo haces esto porque soy bien parecido y puedes aprovechar ahora y largarte mañana.

—No.

Francia suspira, porque siempre le cuesta trabajo encontrar razones tsunderes para hacer esto.

—Bien, porque si es por eso, sinceramente no tengo por qué quedarme aquí —admite y sonríe—. ¿Qué más haces además de odiarme y pensar que soy un idiota?

—No, porque no lo hago, porque soy una persona íntegra y no soy superficial. Y además no me interesas.

—Creo que deberías callarte —responde moviéndose un poco, acercándose a su cuello y volviendo a intentar besarle ahí, pero Inglaterra se asusta e intenta apartarle de nuevo.

Francia se detiene otra vez y suspira. Paciencia... esto siempre era un juego de paciencia.

—No te intereso. ¿Por qué no te intereso? —pregunta suavemente.

—Porque tú sí eres un superficial vanidoso que se cree guapo pero es idiota.

—Yo no soy superficial —indica sin negar las demás cosas. Consigue darle un beso en el hombro otra vez y entreabrir los labios para darle un lametacito.

—Sí lo eres —se aparta un poco de nuevo.

—¿Cómo sabes que lo soy? —pregunta acariciándole otra vez un poquito la espalda.

—Por cómo me mentiste.

—Tú también me mientes descaradamente.

—No lo hago y tus mentiras no fueron descaradas, las descubrí por casualidad.

—Sí lo haces, no lo niegues... Me has dicho que Suisse es tu boyfriend cuando sabes que yo tengo una relación seria contigo —vuelve a estirarse para besarle el cuello—, esa mentira es mucho peor que decirte que me gusta el fútbol.

—No es mentira, no tengo ninguna relación seria contigo —no le aparta del todo.

—Tenías una hasta que dejaste de tenerla unilateralmente —otro beso con cariñito incluido.

—Unilateral es suficiente para destruirla por completo —le mira de reojo.

—Destruirla por completo... —repite mirándole a los ojos.

—Por completo y para siempre —susurra entrecerrando los ojos.

—¿Para siempre de los siempres? —susurra acercándose a él un poco

—Forever and ever.

—Eso es demasiado tiempo, mon amour —beso suave en la mejilla.

—Quizás para ti, para mi es demasiado poco —le aparta.

—Non, es muchísimo —se deja apartar un poco y le da un beso en el hombro.

—Pues no puedes evitarlo.

—¿No hay nada que pueda hacer? —susurra con los labios en su hombro, parpadeado lentamente.

—No —vacila un poco.

—¿Nada de nada de nada? —pregunta acariciándole el hombro con la barbita

—Of course not, ni siquiera sé que es lo que atesoras tanto.

—¿Tan poco interesante te consideras? —pregunta suavemente.

—No por mí, por el poco o más bien ningún aprecio que te tengo.

—Debo ser un idiota, entonces... —más cariñitos con la barbita.

—Llevo diciéndotelo toooodo el día —ojos en blanco pero se deja.

—Un idiota por quererte —sigue, poniéndole suavemente la mano que tenía en el muslo en el abdomen. Inglaterra se sonroja, paralizado—. Porque, Dieu... Como te quiero —besito en el hombro

—No puedes quererme, no soy el mismo hombre.

—Aún así te quiero, hagas lo que hagas te quiero —insiste besándole la clavícula ahora.

—Y luego dices no ser superficial —se vuelve, dándole la espalda.

—¿Qué haces? —pregunta descolocado deteniéndole del abdomen.

—Alejarme de ti.

—¿Por qué me llamas superficial? —pregunta abrazándole un poco del abdomen aún y recargando su mejilla en su espalda.

—Porque si te da igual quien sea a quién se supone que amas es que no le amas por quien es.

—Tú crees que no eres el mismo hombre... Pero yo te veo a ti, Angleterre, detrás del odio que dices tenerme. Quizás tú no seas capaz de distinguirte a ti mismo, pero yo te conozco bien y puedo verte bien adentro del hombre que no me recuerda.

—¿Qué puedes ver? ¿El odio?

—Non. Hay alguien, adentro de ti, que aun cuando odie un poco hacerlo, me quiere —responde sinceramente.

—No odio quererte por que no te quiero.

—¿Estás seguro? ¿Cien por ciento seguro de eso?

—Yes.

Francia intenta girarle un poco hacia él, buscándole la mirada. El inglés se resiste.

—Mírame a los ojos —pide en un susurro.

—No. Quiero dormir.

—¿Por qué, entonces, es divertido jugar conmigo y molestarme y hacer que me enfade y lanzarme cerveza en la cabeza?

—No es divertido, solo estoy aquí porque no me dejáis marcharme.

—¿Por qué me besaste de regreso? —le besa otra vez la última vértebra.

—¡No lo hice! —chilla.

El francés le hace un camino de besos del cuello al hombro y le pone una pierna encima, intentando jalarle hacia él y que se tumbe sobre su espalda en vez de estar de lado.

—Me has dicho un millón de veces que me odias, pero yo puedo ver que odias no odiarme tanto como quisieras —indica encaramándose un poquito sobre él, sin dejar de besarle el hombro y quizás la clavícula si consigue moverle un poco.

Baja una pierna solo para que su culo no quede tan expuesto, pero sigue cubriendo sus regiones vitales.

—Está claro que estás mal de la vista.

—¿Entonces dices que debería irme para siempre y dejarte en paz, ya que el hombre que amo ya no existe? —pregunta suavemente, acariciándole un poco el abdomen.

—Yes.

—Mmmm... Entonces quizás pueda enamorarme de ti otra vez... —levanta la cara y le busca la mirada.

Inglaterra se sonroja y siente cosquillas en el estómago inevitablemente pero como sigue hecho bolita no va a encontrarle la mirada, con trabajos le verá un poco de perfil.


Los problemas de Inglaterra siempre son bastante complejos. ¡Sé fuerte Francia!