Disclaimer: Todo le pertenece a Stephenie Meyer, yo solo me divierto&juego con sus personajes. ^.^

Lo mejor de mi vida

Bella's POV:

Dos meces después.

Abril 17...

Los pocos rayos de sol. El día no estaba muy soleado, de echo, hasta se podían apreciar algunas pocas nubes oscuras. Me revolví en mi cama, intentando taparme con la colcha. Cerré los ojos y gemí, por el sueño que tenía. Anoche no había podido dormir bien por la ansiedad de lo que iba a pasar hoy. Esperen…

¡Hoy! ¡Era hoy! Hoy era mi gran día.

Abrí mis ojos de golpe y sonreí inconcientemente. Hoy iba a ser un grandioso día, eso era muy claro y bastante lógico. Quizá, este podría ser el mejor día de mi vida, ó… quizá, el inicio de mi gran momento.

No quería pararme de la cama, aunque sabía que debía dé. Rose iba a llegas hoy, con Emmett, ellos no habían podido llegar antes porque tenían que tomar más de un avión. Pero, Jazz y Alice si habían podido llegar, y desde hace ya unas cuantas semanas. Ellos se habían quedado en mi casa, para no molestar a Esme, Carlisle y Edward. Ó, esa era su escusa.

Aunque, claro esta, todo el día nos la pasábamos en casa de los Cullen porque Esme nos estaba ayudando a terminar los pocos preparativos de la boda que faltaban, además, a mí me gustaba mucho estar con mis suegros y mi prometido, me sentía en mi hogar, aunque, de algún modo lo era. Ó así me hacían sentir ellos.

Escuche unos golpecitos en la puerta y me incorpore lentamente.

-Pase –dije con voz cantada cuando estuve sentada en mi cama.

Vi como una larga mata de cabello de oro se asomaba por la puerta y casi salto a ver a Rose entrar por la puerta, con un vestido muy adecuado para viajar.

-¡Rose! –grite emocionada.

Salí de mi cama en un salto y corrí a abrazarla. Ella me recibió con emoción, envolviendo sus brazos a mí alrededor. Froto mi espalda, con cariño. Me separe de ella y podría jurar que en mi cara había una sonrisa. En la de ella, sí había una.

-Bella, hermanita –dijo acariciando mi mejilla con su pulgar, y regalándome una de sus calidas y amorosas sonrisas-, no sabes cuanto te extrañe.

Me reí. Yo igual la había extrañado y muchísimo.

-Yo igual te extrañe –le dije, ella me sonrió más ampliamente-, y… -mi mirada paso de ser cálida y amorosa, a ser picara-, dime –exclame, y creo que hasta di un saltito- ¿cómo te fue en la luna de miel? –alcé y baje mis cejas continuamente, de un modo juguetón, haciendo que ella bajara su mano de mi mejilla, y se empezara a reír, a carcajadas.

-De lo mejor –dijo, cuando termino de reírse, separo cada una de las palabras con cuidado. En su rostro había una sonrisa de oreja a oreja.

-Ya me lo imagino –dije, con un tono juguetón, mezclado con pícaro.

Ella se rió, negando con la cabeza. Luego su mirada se perdió en el vacío.

-Fue maravillosa –dijo, con una voz y unos ojos perdidos.

Creo que un poco más pensando en eso, y se hubiera puesto a babear. Me reí de ella e inmediatamente volvió a la realidad, agitando su cabeza de lado a lado. Mi fulmino con la mirada y yo le sonreí con ternura.

-Eres una fea –me acuso.

Abrí la boca en una perfecta "O". Hice una cara, que reflejaba una falsa indignación. Mis ojos estaban abiertos de par en par. Ella sólo se empezó a reír a mandíbula abierta, echando la cabeza hacía atrás.

Cuando sus carcajadas se controlaron un poco, me miro y empezó a agitar su cabeza de lado a lado, me regalo una de esas lindas sonrisas y luego calmo por completo sus risas.

-Eres una mala –dije, con un tono chistoso al pronunciar la última palabra. Prolongando la primera "A".

-Sí –dijo, en un falso tono orgulloso-, pero bonita –me dijo, juguetona, mientras se echaba el cabello hacía atrás y me guiñaba un ojo, yo sólo me reí de ella.

Pare de reír cuando escuche como alguien tocaba la puerta. Me aleje un poco de ella y abrí la puerta, pero, antes de poder verificar de quién se trataba, fui envuelta por unos enormes brazos. Emmett. Sentí cuando mis pies perdieron el contacto con el suelo, y estaba total y completamente suspendida en el aire, sólo con los brazos de Emmett sosteniéndome para no caer.

-Emmett –dije, con dificultad, me estaba costando un poco respirar-, no, puedo, respirar –dije, casi ni yo entendía lo que había dicho.

-Emmett –lo regaño Rose, con voz amorosa-. Baja a mi hermanita, que la estás asfixiando.

Él se empezó a reír. Y me soltó, justo a tiempo, Bendita sea mi hermosa hermana. Ahora si no había duda alguna de que la amaba, y, digo, no es que nunca lo hubiese tenido claro…

-Gracias –dije aliviada de poder respirar, por fin.

Tome una fuerte respiración, con la mano en mi pecho y escuche sus pequeñas y discretas risas. Los volteé a ver, ellos estaban, ahora, abrazados justamente enfrente de mí. Rose bajo la mirada, para que no la viera reírse. Le di una mirada más intensa a ella, no entendí por qué, simplemente lo hice.

-Ya, tranquila –me dijo, Emmett, abrazándome con su brazo libre, pero sin menos fuerza que el anterior, lo cual se lo agradecí mucho.

-Ya estoy tranquila –le dije, con entusiasmo de sobra-, hoy es mi gran día –mi sonrisa era de oreja a oreja.

Aunque, he de admitir que igual transmitía una fuerte ráfaga de nerviosismo. Pero, el pensar que en un poco tiempo, Edward ya no iba a ser sólo mi novio, si no que iba a ser algo más, algo aún más fuerte. Eso me hacía sonreír como nunca lo había echo en mi vida. Pero, como se que lo haré más a menudo después de hoy.

-La playa ¿eh? –pregunto, Rose con un tono divertido.

¿Qué tenía de divertido que nos casáramos en la playa? Más que divertido, se me hacía muy romántico. Estaríamos en una de las playas que había cerca de nuestra casa. Habíamos rentado una cabaña, como cuando él y yo nos reconciliamos, iba a ser en la misma playa: La Push. Habíamos arreglado todo para poder quedarnos una noche en las cabañas y al día siguiente saldríamos de viaje. ¿A dónde? No sé, pero Edward me prometió que sería un lugar que me gustara, así que tenía que ser un buen lugar.

-La playa esta bien para mí –le dije, sacándole la lengua.

Ella se rió, negando con la cabeza. Emmett apretó su abrazó.

-Bella –llamó, Alice desde la planta baja.

-¿Qué pasó, Alice? –le pregunte, asomándome por la puerta.

-Ven, tengo listo tu desayuno –en ese momento percibí un olor a huevo con chorizo.

Me frote un ojo con mi puño y me metí al baño con unos shorts, una blusa de tirantes y un sujetador en la mano, me cambie mi pijama y baje por las escaleras. Alice había aprendido a cocinar bastante bien, espero que rose aprenda igual que ella. Pero, bueno, ambas eran diferentes, simplemente.

Cuando estuve en la cocina, vi una de las escenas más tiernas que he podido apreciar en mi vida. Eran Alice y Jasper, dándole de comer a Seth, que estaba sentado en su sillita, enfrente de la mesa, junto a mi silla, que actualmente se encontraba vacía. Alice tenía tres meces de embarazo. Jasper estaba obsesionado con su esposa embarazada, todo el tiempo la estaba mimando y acariciándole el abdomen.

Espero que cuando yo esté embarazada, Edward me consienta así…

Sonreí, ellos se veían muy bien juntos. Camine unos cuantos pasos hacía ellos, mi comida ya estaba en mi lugar, con un tenedor al lado del plato. De pronto, Seth se giró, y me sonrió, estirando sus bracitos hacía mí.

-Seth –lo regaño, Alice de un modo tierno y cariñoso. No como una persona enojada y amargada-. Aún no te acabas tu comida.

Él la volteó a ver, ella le sonrió y le siguió dando de comer. Alice, aunque algunas veces no lo aparentara, podía ser muy, muy, buena con los niños.

-Buenos días, hermanita –dijo, Jasper, sacándome de mis pensamientos.

Se levanto de su silla y camino hacía mí. Me dio un gran abrazo y un beso en la mejilla. Le sonreí.

-¿Ya viste a Rose y a Emmett? –pregunto con una sonrisa. Definitivamente estaba feliz de que nuestra hermana y su esposo estuvieran de vuelta.

-Sí –dije emocionada, con una sonrisa de oreja a oreja. Y creo que casi me puse a dar saltitos de la pura emoción.

Él se rió quedamente por mi emoción, pero ¿podía culparme? No, no podía. Yo quería muchísimo a Rose y a Emmett. Él era como otro hermano para mí, y ella era mi hermana.

-Me alegra que estés feliz, pequeña –dijo, él, despeinando aún más mi cabello.

Me dio otro beso en la mejilla, mientras me abrazaba por la cintura y luego apoyó su barbilla sobre mi hombro, Alice entre risas. Le saqué la lengua y sus risas se intensificaron.

-Ya, eh, Jaspy –le regaño, jugando con él-, ó me voy a poner celosa.

Ella le hizo un tierno pucherito. Él se rió y camino hacía ella y le dio un casto beso en los labios. Cuando se separaron ambos tenían una sonrisa boba en su rostro. Seth empezó a golpear la mesa, mientras reía.

Camine junto a él y lo cargue, le di un beso en la mejilla, y él sólo se reía y se reía. Me senté en mi silla, y deje a Seth sentado en mi regazo, con un brazo alrededor de su cinturita, para que no cayera. Empecé a comerme todo mi desayuno, hasta que ya no quedo nada en el plato. Alice me miro sonriendo.

-¿Te gusto? –pregunto.

-Sí, sabía muy bueno –la elogie. Ella rió, tapándose la boca para disimular sus risas un poco, aunque no lo lograba del todo.

Dejé a Seth sobre la mesa y me levante a lavar los platos. Él me miraba fijamente, riéndose de lo que hacía, al parecer mi hermanito estaba muy entusiasta hoy ¿Entendería bien lo que pasaba hoy? No lo sé, pero espero que sí. Lo malo es que no lo podría llevar con nosotros. Pero, bueno, sabía que lo dejaba en buenas manos, ó, eso esperaba.

-Seth, me mira –dije, con cara falsamente asustada.

Todos miraron a Seth que tenía una mirada divertida.

-Beda, es dadita –dijo, con su vocecita. Todos se rieron de él y yo le saque la lengua juguetonamente, él me rió.

-El pequeño Seth es muy sabio, amor –dijo una voz aterciopelada, sonreí como idiota al escucharla.

-Malo –le dije, dándome la vuelta hacía él. Le saqué la lengua y él me imito.

-Eres una mala –dijo, al igual que como yo se lo había dicho a Rose, él prolongo la primera "A".

Lo mire juguetonamente y le saque la lengua.

-No puedo ser mala –dije mirándolo inocentemente, me miro extrañado- porque soy fea.

Su cara se puse un poco enojada, se acerco a mí y me beso con pasión. Cuando nos separamos, él recargo su frente contra la mía.

-¿Tú? ¿Fea? –dijo, yo asentí a como pude, tener sus ojos esmeralda penetrando los míos chocolate, era una gran distracción para cualquier pensamiento lógico-, eso jamás podría ser verdad, amor –me dio un beso rápido-. Eres la mujer más hermosa que he visto en mi vida y eso jamás cambiara.

No pude contestar nada, sentí mis piernas un poco sensibles. Como si me fuera a caer en cualquier momento.

-Edward –lo regaño, Alice- ¿Qué haces aquí? ¿Por qué no estas en casa arreglándote?

Él la miro extrañado y se rió, pero luego paro y miro a su pequeña hermana con una sonrisa tierna. Se acerco a ella y la abrazo.

-Ay, enana –le dijo alejándose de ella-, aún falta bastante y ¿qué no nos íbamos a vestir en la playa? –pregunto con el ceño un poco fruncido, pero con su sonrisa aún en su rostro- recuerda que nos casamos a la hora del crepúsculo.

Ella se rió y le dio un beso en la mejilla.

-Bien –le sonrió- pero sólo te puedes quedar un rato –le dijo con una voz de reproche, parecía más su mamá-, luego llevaras tu trasero a la gran casa y te alistaras para ir a la playa y supervisar todo ¿correcto? –dijo ella con una sonrisa perversa en su rostro.

Me reí por la escenita.

-Sí, Alice –dijo, Eddie, con cara de pocos amigos, luego, se giro y me abrazo.

Termine de lavar los platos y Rose y Emmett ya estaban abajo viendo la televisión, con Alice y Jasper junto a ellos.

Edward estaba sentado esperándome, jugando con Seth, que aún estaba sentado sobre la mesa. Estaban riendo, la escena me daba mucha ternura, Edward haciendo que Seth riera a toda costa, y este, tan fácil como es, reía a carcajadas, le decía que lo quería.

Me acerqué a ellos y me abrace al cuello de Edward, le di un beso en la mejilla y mire a Seth. Él rió.

-Te quiero –dije, dirigiéndome a mi pequeño hermanito. Él me sonrió, feliz por mis palabras.

-Yo igua –dijo, le sonreí.

Entonces, paso algo inesperado, Edward me cogió de la cintura y me sentó en su regazo, se abrazo fuertemente por mi cintura y me beso el cuello, luego, lo mire a los ojos y él sólo me sonrió.

-Eduad, edes dado igua que Beda –dijo, Seth, entre risas.

Me uní a él y cargué a mi pequeño hermanito, sentándolo en mi regazo.

-Sí –le afirmé a Seth, pero miraba a Edward, con una sonrisa adornando mi rostro-. Él es raro, pero así lo amo.

Entonces me estire y le di un fugaz beso en los labios a Edward. Seth nos observo todo el tiempo. Me sentí un poco extraña al estar sentada en el regazo de mi prometido, y tener a mi hermanito encima del mío. Y lo que más me ponía nerviosa es que este nos viera besándonos, aunque fuera un beso fugaz.

-¿Vamos al patio? –pregunto Edward, acercando sus labios a mi cuello.

Asentí, incapaz de decir nada, cargue a Seth, para que se bajara de mi regazo, y lo puse en el puso. Luego me levante yo y seguido Edward.

Él agarro la manita de Seth y caminamos a la parte trasera de la casa, abrí las puertas y salimos hacía el jardín, ese era uno de los sitios favoritos para jugar de Seth, junto con el patio de los Cullen.

-Me encanta estar aquí junto contigo y Seth –dijo Edward, abrazándome con su mano libre.

-¿Por qué? –dije, aunque me habían gustado sus palabras. Seguro que tenía una sonrisa estúpida en mi rostro.

-Me gusta mirar el cielo nublado mientras te abrazo –dijo, lo mire extrañada y él sólo me regalo una sonrisa.

-No te entiendo –dije, mis ojos cuestionaban los suyos, pero su sonrisa aún estaba en su cara.

Sólo me beso, me conformaba con esa respuesta la verdad. Cuando se separo, me miro a los ojos, le sonreí, olvidándome de todo, hasta que.

-Beda, Beda –dijo, Seth.

Me separe de Edward, agachándome hacía mi hermanito. Edward me imitó e hizo lo mismo. Los dos miramos a Seth y este sólo se reía.

-Os sepade –dijo, riendo-, os sepade.

Lo fulmine con la mirada, se estaba riendo por separarnos. Edward se rió de él, pero la felicidad no llego a sus ojos, sabía que en el fondo estaba un poco cabreado por que nos hubiese separado.

-Seth, eres muy malo –le dijo Edward con tono juguetón, Seth le saco la lengua. Y Edward abrió los ojos de par en par.

-Seth –le regañe-, respeto para Edward.

Edward se rió entre dientes y Seth bajo la cabeza.

-Perdón –susurro. Edward lo despeino y yo lo abracé y le di un beso en la mejilla.

-No hay cuidado, pequeño –dijo Edward.

-Gachiach, Eduad –Seth alzo la cabeza y se abrazo al cuello de Edward. Se veían tan lindos juntos.

Nos pasamos todo el rato que Edward tenía permitido, jugando en el patio, viendo el cielo medio nublado, anunciando que si llovía, serían sólo unas cuantos gotitas, no nada que nos hiciera terminar la boda en ese mismo momento.

Cuando el tiempo de Edward en mi casa expiro, Alice lo dijo que fuera a la casa y se arreglara, y que fuera a la playa para supervisar que todo estuviera en orden. Él le dijo que lo hiciera y que no llegaran tarde, me dio un beso en los labios, luego se fue en su Volvo.

-Bueno, Bella –dijo, Alice, llamando mi atención, me gire y la vi- vamos arreglar todo para poder irnos a la playa y arreglarte.

Le sonreí y fuimos arriba, Emmett y Jasper se fueron con Seth, a no se donde, supuse que los dos se arreglarían, y de paso vestirían a Seth.

Alice subió, agarrando mi mano para que fuera detrás de ella. La seguí sin chistar y entramos a mi habitación. En la cama, estaba extendido un forro negro, muy amplio y esponjosito.

-Ese es tu vestido –me informo Alice, sonreí-. Tenemos que ir a casa de Leah para arreglarte.

-Si, vamos –dije, Rose, que estaba sentada a un lado del forro, lo agarro y caminamos hasta el BMW de mi hermanita.

Me subí en la parte trasera y luego Rose dejo el vestido junto a mí, al igual que su estuche de maquillaje. Rose se subió en el asiento del piloto y Alice en el del copiloto. Rose conducía muy rápido, como de costumbre, así que llegamos en poco tiempo. Leah estaba fuera de su casa, con una sonrisa de oreja a oreja.

-Hola, Leah –dije, al bajar del auto.

Me recibió con un gran y cálido abrazo. Cuando se separo, me dio un beso en la mejilla.

-Bella –dijo con felicidad- me alegro tanto por ti.

-Gracias, Leah –le dije con sinceridad.

-No tienes que agradecerme nada –le sonreí y ella me dio otro abrazo.

Entramos a su casa, y nos dirigimos a su habitación, Rose llevaba el vestido, mientras Alice llevaba el forro con el vestido.

-Rose –exclamo Alice- ¿y nuestros vestidos?

Alice se golpeo la frente y Rose le sonrió.

-En la cajuela de mi auto –le dijo, Alice le tendió el forro y corrió escaleras abajo para ir por sus vestidos-. Bueno, Bella. Métete a bañar.

Asentí con la cabeza, Leah me ofreció una talla y Rose me dio mi ropa intima, que había guardado en el estuche de Alice.

Me metí al baño de Leah y me desvestí. Abrí el grifo y me puse debajo del chorro de agua. El agua tibia chocaba contra mi espalda, haciendo una sensación muy tranquilizante. Termine de bañarme y me sequé el cuerpo con la toalla, y me puse la ropa intima, luego me sequé muy bien el cabello hasta que ya estuvo total y completamente seco.

Salí del baño y me encontré con Alice y Rose paradas hablando de algo, pero no preste mucha atención. Caminé hacía el forro de mi vestido, y lo libere. Lo extendí enfrente de mí y sonreí, no me acordaba muy bien de cómo era exactamente.

Era blanco, con tirantes no muy gruesos, pero no muy delgados, apretado de la parte del torso, como un corsé. En la espalda, tenía un escote puntiagudo, que en todo su largo, tenía unos listones, que se amarraban con un moñito, dejando caer las puntas de las cintas, hasta llegar a la puntita del escote. La falda era larga, bastante, y lisa, en la parte derecha, estaba alzada, mostrando otra tela que tenía por debajo, esa otra, era más corta que la superior y tenía un pequeño y blanco –pero brilloso-, adorno de una flor. La cola del vestido era un poquito más larga que la parte de adelante. Es muy hermoso, me encantaba.

-Me encanta –susurre, con una sonrisa boba en la cara.

Lo admire un momento más y luego me lo empecé a poner, mis amigas y mi hermana me ayudaron, me amarraron las cintas de la espalda y me lo acomodaron bien.

-Te vez hermosa, hermanita –me elogio Rose, le sonreí y la abrasé.

Fui hacía el espejo de cuerpo completo que tenía Leah, y vi como me veía… ¿Esa era yo? No, no lo creía ¿No era alguien mas? Increíblemente no.

-¿Seguras que esa… soy yo? –titubeé.

-Claro, cuñadita –dijo, Alice, con una sonrisa en la cara. Ella estaba detrás de mí, igual dando su reflejo al espejo.

Me gire hacía ellas y les sonreí en agradecimiento, eran muy buenas. Leah, me ofreció unas zapatillas de tacón bajo, y blancos. Me los puse y caminé unos cuantos pasos para sentirlos cómodos. Luego les sonreí, y me indicaron que me sentara en la silla, les hice caso y ellas se pusieron a arreglarme, me ataron el cabello y primero se pusieron a maquillarme, suavemente, nada extravagante. Miraba todo su progreso por el espejo que estaba enfrente de mí. Estaba quedando bastante bien. Pintaban mis labios de un rojo intenso, y me pusieron rubor en las mejillas, pusieron rimel, para hacer más notorias mis pestañas y pintaron mis ojos de color azul clarito, muy clarito.

Luego, cuando estuvo listo el maquillaje, vi como Leah desataba mi cabello y lo dejo colgando por mis hombros. Sonreí. Ellas empezaron a mover y atar mi cabello, de aquí a allá, el movimiento era tranquilizante y suave, mis ojos se empezaron a cerrar, y a cerrar, hasta que perdí la conciencia y caí en un profundo sueño.

Una pequeña música de piano empezó a sonar, vi como esas esmeraldas me miraban con amor incrustado en ellas. Le sonreí para demostrarle lo mucho –ó bueno, una pequeña parte-, de cuanto lo amaba.

Sus manos se movían agraciadamente por todo el teclado, haciendo que esa grandiosa melodía se extendiera por toda la habitación.

-Ven –susurro, ofreciéndome con una mirada, sentarme junto a él en el banquillo del piano.

Me acerqué con cautela. Todas las luces se apagaron, y luego una luz ilumino, únicamente el piano. Camine hasta estar bajo la luz, me senté al lado de él, siendo sus manos moverse, soltando esa magnifica canción.

-Eres el mejor –dije, con adoración. Mire su cara y le sonreí, cuando él me miro.

Le di un beso en la mejilla, y la música seso. Él me miro y me dio un beso en los labios.

-Te amo –susurro contra mis labios.

-Yo más –le dije con una sonrisa coqueta.

-Jamás –dijo, competitivo…

Antes de que pudiera decir nada, me volvió a besar.

-Bella –grito Alice en mi oído.

-Ahhhh… -grite, con desesperación. Abriendo violentamente los ojos. Mi respiración era un poco pesada, pero nada que un minuto no pudiera componer.

-Tranquila, Bella –dijo, Rose poniendo su mano en mi hombro-. Sólo te levanto porque estabas hablando mucho.

-Ah –suspire-, perdón –me ruborizándome.

-No importa –me respondió con una sonrisa.

-Bueno, terminemos con esto –dijo, Alice.

Volví a cerrar los ojos y ellas continuaron con su pequeño trabajo. Al cabo de un rato, terminaron y me lo informaron. Abrí mis ojos y observe su trabajo. ¡Dios! Eran tan buenas. Me veía verdaderamente buenas. Les había quedado excelente. Me habían agarrado un mechón de cada lado y los habían atado por detrás, casi en la nuca. Habían rizado el resto de mi cabello. Lo admire por un momento, luego, vi a Rose con un delgado listoncito azul oscuro, y lo ataba a la altura de la unión de los dos mechones de mi cabello. Me sonrió, cuando lo estaba atando y yo le devolví la sonrisa a través del espejo.

-Azul –canto ella.

Me empecé a reír y luego vi como Alice me ponía una liga en el tobillo, el típico ritual de la liga, pensé para mis adentros.

-Prestada, la quiero de vuelta -me sonrió. Me reí de ella.

Me pareció que era la misma liga que había usado ella en su boda. Pero no preste mucha atención a eso.

-Nuevo –dijo Leah, señalando mi vestido.

-Usado y algo viejo –Rose señalo un collar, que hasta ahorita me había dado cuenta que traía, seguro y me lo pusieron mientras dormía. Lo mire, me di cuenta que no era un collar cualquiera. No. Este, era el guardapelo favorito de mi mamá. Era de oro, en forma de corazón y tenía dos pequeños corazoncitos grabados en la parte superior. En el lado derecho, en la parte superior, tenía un pequeño adorno, -parecido a un moño ó algo parecido, no sé, nunca le había hallado una forma exacta-, igual que el de la parte inferior izquierda.

Sonreí al recordar a mi mamá, la amaba. Cómo desearía que ella pudiera estar aquí. Eso sería lo más maravilloso del mundo… Por desgracia, eso era imposible…

Les sonreí en agradecimiento, ellas eran muy buenas y las quería mucho. De verdad que eran las mejores.

-Gracias, chicas –les dije por fin, después de un rato en silencio. Camine hacía ellas y las abracé.

Cuando nos separamos, Alice me indico que ya era hora de ir a la playa, que ya casi era hora del crepúsculo. No me había dado cuenta en que momento se fueron a cambiar, pero, todas ya estaban listas y bellísimas.

Leah llevaba un vestido verde, que le llegaba hasta la rodilla, de tirantes. Alice y Rose, como eran mis damas de honor, llevaban –cada una- un vestido color amarillo, muy bajito, que casi se veía crema. Les llegaba a la altura de la rodilla y no tenía tirantes.

Me metí al auto de Rosalie, Alice y rose se subieron del mismo modo en como habían venido y Leah se sentó atrás conmigo. Me empecé a sentir nerviosa, y Leah apretó mi mano para intentar tranquilizarme. Le sonreí y mire hacía enfrente, dando respiraciones profundas.

Al cabo de un corto, muy corto, rato, llegamos a la playa. Me dirigieron a una de las cabañas, por que, de ahí era donde iba a salir cuando iniciara la marcha nupcial. Me sentí más nerviosa a cada segundo. Las tres intentaron tranquilizarme, pero, simplemente, era muy difícil. Al cabo de un rato, Leah se fue a sentar junto a Jacob, tras que ya iba a dar inicio la boda. Jasper entro a la pequeña cabaña y primero beso a Alice y luego empezó a elogiarme, diciéndome que me veía estupenda y ese tipo de cosas. Haciéndome sonrojar mucho.

-Es hora –canturreó Alice. Sonreí nerviosamente.

Jasper me ofreció su brazo, lo tomé y le sonreí. Suspire una, dos, tres veces.

-Tranquila, hermanita –susurro, Jasper, lo suficientemente bajo para que sólo yo lo oyera.

Le sonreí. Entonces, escuche como empezaba a sonar la marcha nupcial y me mordí el labio, nerviosa. Esto, no era nada fácil. Alice y Rose comenzaron a caminar por el corto pasillo, que era guiado por una manta en la arena, blanca, no muy ancha, pero, si lo suficiente como para que dos personas pasaran juntas por ella. Al lado de este, estaban las blancas bancas, donde estaban sentados todos los invitados. Estaban adornadas con flores de todos los colores. Igual, estaban adornadas con listones blancos y color crema.

Jasper comenzó a caminar. No podía mirar, tenía que concentrarme en mis pasos o me caería de lo nerviosa que estaba. Suspire y poco a poco fui levantando la vista

¡Dios mío! Edward estaba ahí, parado en el altar, esperándome, con un smoking que le arrebataría una sonrisa demasiado boba a cualquier chica. Estaba demasiado guapo para su propio bien.

-Tranquila –volvió a susurrarme mi hermano, asentí y seguimos caminando unos cuantos pasos, hasta qué, llegamos.

Mi hermano beso mi mejilla y soltó mi brazo, inmediatamente, Edward me ofreció el suyo, lo tome sin dudarlo y vi como mi hermanito se ponía a un lado de Emmett, que era el padrino de Edward.

Edward me elogio en un susurro, me sonroje y nos pusimos enfrente del padre, le sonreí y el empezó a hablar. Dimos nuestros votos, muy conmovedores, tanto, que cuando me di cuenta, mis ojos estaban húmedos. El padre nos declaro marido y mujer y Edward me cogió de la barbilla para plantarme un dulce beso en los labios. Yo, por supuesto, se lo correspondí de la misma forma. Cuando nos separamos, nos miramos uno al otro directamente a los ojos.

-Te amo –susurro, Edward. Le sonreí de oreja a oreja.

-Así como yo a ti –le respondí, dándole un fugaz beso.

Cuando nos separamos, Rose corrió hacía nosotros y nos felicito. Luego Emmett se nos acerco y luego Jazz y Alice, Rose tenía cargado a Seth, él igual nos dio un abrazo.

La fiesta de recepción, iba a ser en la playa, ya que no nos queríamos alejar de este lugar. No entendía por qué, pero Edward quería que nos quedáramos ahí, sí, ó sí.

-Bella, Edward –dijo, entusiasta, Leah y nos abrazo a los dos con mucha felicidad-. Felicidades –su sonrisa era radiante-, me alegra mucho que por fin estén felizmente casados.

Le sonreí en agradecimiento y la volví a abrazar. Jacob, que aún era su novio, se nos acerco y nos felicito con mucha emoción. Luego de un rato de quedarnos hablando con ellos, se fueron por la orilla de la playa, sus pies casi tocaban la salina agua.

-¿Estas feliz? –pregunto Edward en mi oído, su voz fue suave y melosa.

Me gire, quedando frente a frente, me acerqué y bese sus labios con delicadeza. Cuando nos separamos, le susurre un «te amo» contra sus labios, sentí como la comisura de sus labios se extendía, hasta formar una sonrisa.

-Yo igual –contesto, sin separarse de mí.

-Edward, Bella –dijo, Alice, haciendo que nos alejáramos un poco, pero, Edward tenía sus manos en mi cintura, abrazándome con mucho cariño.

Fuimos con ella, para seguir recibiendo las felicitaciones de nuestros invitados, los padres de Emmett, los de Edward, nuestros amigos, etc.

Esme, me hizo sentir como su hija, fue muy tierna conmigo, hasta me dijo que yo, para ellos, era como su hija desde que me conocieron. Carlisle, fue muy tierno conmigo, me abrazo como un padre abraza a una hija.

Me hicieron recordar a mis padres. Ellos eran así. Tiernos. Cariñosos. Amables.

Cuando, los cariñosos brazos de los padres de Edward me dejaron libre, camine por la arena mojada, observando los suaves movimientos de está, adelante, atrás. Suspiré y mire hacía el nublado cielo, una lágrima solitaria abandono la comisura de uno de mis ojos.

-¿Qué tienes mi amor? –pregunto esa dulce y aterciopelada voz, me gire hacía él y Edward limpió la pequeña gota de agua salina que había caído por mi mejilla.

-Es que estaba pensando en mis padres –explique.

Él tomo mi barbilla y acercó su rostro al míos, me beso dulcemente.

-Tranquila, mi vida –dijo, cuando nos separamos.

Acaricio mi mejilla con dulzura, pasando su dedo pulgar de arriba a abajo. Asentí débilmente y le sonreí. Un momento después, mi sonrisa se volvió autentica al darme cuenta de algo importante: yo estaba casada con el hombre más maravilloso que hubiese conocido jamás, qué, igualmente, era el hombre que amaba. Me acerqué a él y le di un beso en los labios, tranquilo, amoroso.

Volvimos hacía donde estaban todos los demás, todo era relajante, el ambiente me transmitía una profunda paz, y estar junto a Edward, me transmitía una más enorme.

-Chicos –dijo, Leah, parándose frente a los dos-, es hora de cortar el pastel.

Mire a Edward, como pidiéndole permiso, él me abrazo y caminamos hacía un hermoso y blanco pastel que estaba sobre una mesa adornada, de un estilo muy parecido al de las bancas.

-Sonrían –pidió Alice, apuntándonos con una cama, Edward y yo lo hicimos y sentí la luz del flash molestando a mis ojos. Parpadeé un par de veces, antes de voltearme hacía Edward. Él me sonrió y agarro el cuchillo que estaba junto al pastel. Tome su muñeca y juntos lo cortamos, sentí otra vez los flashes.

Ambos nos dimos nuestro respectivo pedazo de pastel. Le sonreí cuando él me dio el mío. Delicioso. Pero nada como el sabor de sus labios. Luego arrojé el ramo nupcial, cuando mire, estaba entre las manos de Leah y esta sonriendo de oreja a oreja por la alegría. Para seguir con los típicos ritos de una boda, Edward se agacho y me quito cuidadosamente la liga que Alice me había prestado, yo me ruboriza –qué sorpresa-.

-¿Bailamos? –pregunto con una voz muy melosa, cuando una calmada y tierna música invadió toda esa zona de la paya.

-Por supuesto, amor –respondí con una sonrisa de oreja a oreja.

Nos deslizamos hacía la pequeña sección que asignaron como la pista de baile. Le sonreí y él tomo mi cintura y me acercó a más no poder a él.

-Adoro estar así contigo –susurro en mi oído.

-Me leíste la mente –jugueteé.

-Ay, mi estrellita –susurro, mis ojos se abrieron de par en par, no recordaba haberle contado ese sueño-. Por fin te pude tocar –ronroneó en mi oído, aunque yo entendía que no se refería a ninguna morbosidad. Mi sorpresa no bajo ni un solo grado.

-¿Cómo… -tartamudeé- …cómo supiste?

-Tuve un sueño –dijo con una sonrisa de oreja a oreja.

Me reí ligeramente. Eso había sido raro pero bueno, me había acostumbrado a que cosas así pasaran, no lo digo por ahora, si no por antes… pero bueno, eso era punto y aparte.

-Te amo –le dije, ahora mucho, mucho más segura que jamás en mi vida de que mis palabras eran para siempre jamás.


Bu! Hola! (: jeje, bueno. Pueden encontrar una foto del vestido de Bella y de su guardapelo en mi perfil;) Este capítulo me gusto :D e igual me frustro ¬¬' fueron las 10 páginas más largas de toda mi vida! Y.Y jeje, bueno, igual y me gusto escribirlo, me sentí chistosa x] por qué? No sé xD jeje, este fue el capítulo más largo que he escrito jamás, y eso que aún le iba a continuar, pero ya no, iba a ser mucho! Bueno… ahh!! Ya sólo falta el epilogo y tan, tan, se termino guo, guo, guoooo… (canto eh!) se acabo Y.Y Ahh...!! Otra cosa... pasen por esta historia:

¿Amor? ¿Qué es eso? ¿Se roba?

Aquí les dejo el summary para que vean si más o menos les llama la atención:

Cuando toda mi vida era feliz "-No -grité, con desesperación. Vi como su cuerpo caía por los aires y mis ojos se cristalizaron" Después, todo cambio, yo no podía más. Mi vida no tenía sentido. Pero, algo paso "-Anda, nena. Divirtámonos"

(Es de Alice y Jasper, por si alguien quiere saber :D) (Ay, que lindos comerciales XD) Bueno, ahora si, me voy Adiós (:

.: * ฆℓƷҳ * :.