¡Buona sera! ¿Cómo andan mis hermosos pastelitos? Espero que muy bien. Yo no, para variar, estoy muy, muy triste. ¿Por qué? Porque los voy a extrañar de una manera ni medio normal. Yo, y no exagero para nada, los quiero muchísimo. Individualmente, porque, como ya dije, a muchos de los que me leen los llegué a conocer, conocí sus gustos, su vida, sus nacionalidades, sus problemas... Todo, no a todos, pero sí a varios, y sentir que cada vez estamos más lejos me incomoda mucho.
Porque yo soy feliz contándoles mi vida, contándoles mis problemas, mis felicidades, de mi bebé, de mis muertos, mi huerfanidad (¿Acaso es una palabra?). En fin, de todo, y no poder hacerlo más es algo que me rompe el corazón porque ustedes valen mucho para mí.
Como dije, tampoco es que me vaya de Fanfiction ni mucho menos, pero sé que muchos me leen porque les gusta el fandom y que, si escribo de otra cosa como ser Naruto (de cuyo final me quejaré más adelante), Harry Potter o cualquier otra cosa no me leerán, y lo entiendo, está bien, cada uno lee lo que quiere y lo que le gusta, pero no quita el hecho de que me harán una falta terrible.
Porque a ustedes les conté cosas serias que jamás ventilé a nadie (salvo a mis mejores amigos y familia), como por ejemplo, mis problemas alimenticios, o mi intento de suicidio, mi bebé... En fin, son cosas que uno no cuenta a la ligera, pero yo se los conté porque, verdaderamente a muchos de ustedes los quiero y confío en ustedes. Son una suerte de psicólogo gratuito cuya paga es (o debería ser) un buen fanfic.
Así que, mis únicos deseos son: Primero, haber cumplido sus expectativas. Yo, como siempre dije sostengo, escribo para mí, pero ustedes se volvieron parte de mí, por ende, su opinión vale mucho, así que no olviden comentarme lo que no les haya gustado.
Segundo, que ésto no termine. Que podamos volver a leernos, reírnos por mensaje privado y aburrirlos con mis historias personales. Espero, simplemente, que no acabe acá y que puedan seguir leyéndome, que me apoyen en algún otro emprendimiento... La verdad es que los necesito.
Y bueno, basta, no voy a llorar... Simplemente, gracias. Suena a poco, la verdad, pero es lo único que puedo decirles.
Ahora vamos a las formalidades, ¿Sí?
Disclaimer: Los personajes & Lugares no son míos. No lucro con esto. El fic, sin embargo, sí es de mi autoría.
Summary (Del capítulo treinta y siete): Y la máscara que había forjado aquellos días, esa de: No puedo estar contigo por ser un maldito imbécil, se había caído. Ella la había derribado y Daryl no podía estar más feliz por ello.
Advertencias: Posibles escenas fuertes. La edad recomendada sería 16 años. De todas formas sé que ven cosas peores en internet, ésto no es nada, pero bueno, hay que aclarar de todas formas.
Dedicatoria: No quiero decir sus nombres, probablemente olvide alguno y sería injusto. A todos, va dedicado a todos, cada uno sabe quiénes son. Yo me hago un tiempito para contestarles por privado a cada review, así que saben que me importan mucho. Y, a los que no dejan review pero leen, también. A cada lector, por hacer posible que yo, hoy día, tenga ciento cincuenta y dos reviews. ¿Quién lo diría? Empecé a escribir en fanfiction para esquivar los problemas en mi casa, empecé cuando tuve a mi angelito. Y ustedes (bueno, no ustedes, más concretamente los que me leen desde hace mucho tiempo) fueron testigos del fallecimiento de mi mamá, del de mi hermano, de cómo mi hija creció... En fin, fueron parte de mi vida y siempre les estaré agradecida.
Lo digo por acá porque es el fanfic más largo que tengo, pero va para todos... Para el que leyó los drabbles de Naruto, los de Inuyasha, Avatar... Crepúsculo (aunque en sí el libro sea pésimo), Harry Potter, en fin... Los que me leen desde hace tiempo fueron testigos, prácticamente, de mi vida y fueron un apoyo muy importante.
Porque ser huérfana, madre, joven, trabajadora, estudiante... Nada de eso es sencillo pero ustedes lo hacen parecer una estupidez. Hacen mi vida más sencilla y por eso, simplemente, ¡MUCHAS GRACIAS!.
En fin, nos veremos abajo, chicos.
Querido diario.
By: Belencitah.
~Capítulo treinta y siete: Animal.~
El sol ya estaba en lo más alto, eran, aproximadamente, las dos de la tarde y el calor era agobiante. Beth se alegraba de llevar sólo una playera de mangas cortas y un Jean agujereado y maltrecho, eso hacía, al menos, más soportable aquél infierno caliente.
Caminaron alrededor de media hora en la que sólo se toparon con un par de errantes caminantes –o, más bien, uno y medio, puesto que otro carecía de piernas-. No había sido problema para Daryl acabar con ellos con una puñalada cortesía de una de sus flechas. La joven siquiera llegó a parpadear cuando ambos muertos cayeron -irónicamente- muertos en el lodo. Dejaron de lado los cadáveres y, sin mediar palabra, habían seguido su camino a través del poblado bosque. Luego de aquellos dos caminantes no hubo ningún otro contratiempo, salvo parar un momento a tomar un trago de agua, el calor en verdad era corrosivo.
Aproximadamente una hora después de haber comenzado a caminar lograron divisar, por fin, aquella chatarra a la que la rubia llamó hogar durante una larga y dolorosa semana. En el momento en que la vio, todos aquellos recuerdos que intentó olvidar durante esa semana habían reaparecido y, poco a poco, quebraban su corazón. No le dolía tanto pensar en su estadía en la comunidad, puesto que no podía decir que la había pasado mal. Ciertamente, tener agua caliente al alcance de la mano y comida a montones no era algo por lo que quejarse, hoy en día aquellas cosas no eran comunes y, como habían comprobado, encontrar agua no era tarea fácil. No, ese no era su problema. Su problema, concisamente, era Frank, o, más bien, la ausencia de éste.
Lo extrañaba, demonios que sí, él la había ayudado en momentos muy difíciles. Gracias a él, ella estaba allí, reunida por fin con su hermana, con sus amigos, con Daryl… Beth le debía la vida a ese, tan sufrido, hombre; su existencia, todo era gracias a él y a su enorme sacrificio.
La nostalgia invadió su mente al pensar en aquellos tiempos no muy lejanos en los que planearon huir juntos. Ella le había contado qué tan buenos eran sus amigos y la gran y amistosa bienvenida que tendría él a la comunidad. Habían reído al pensar en ello. A Frank se le iluminaba la mirada cada vez que ella le hablaba de Judith, puesto que a él le encantaban los niños.
Y es que, verdaderamente, habían planeado, prácticamente, su vida juntos. Era un buen amigo, alguien de confianza. Él era de esas personas a las que no te da pena contarle tus más profundos secretos, él era el hermano que te tendía una mano cuando más la necesitabas. Y Gabriel le había quitado más que un amigo, le había quitado parte de su corazón, su esperanza en las buenas personas… ¿Cómo se podía confiar en la humanidad cuando te topabas con gente como aquél padre desnaturalizado?
Dejó de mirar el trailer y observó las nubes pasar por aquél majestuoso lienzo azul, como si de una pintura se tratase. Suspiró y sonrió, no tenía caso sufrir por Frank. Él, quizá, la estuviera pasando mejor que ella en esos momentos. ¡No, quizá no, seguramente era así! Porque ella estaba segura de que nadie merecía el paraíso más que Frank. Seguramente él estaba tranquilo, en paz, viviendo su eternidad junto a su bebé, su pequeña Abigail. Él, seguramente, era genuinamente feliz y siempre podría hablarle al aire y esperar que su mensaje llegara a los oídos de su amado doctor.
—Es allí… Eso es —dijo la rubia, luego de un gran monólogo interno y con la voz quebrada, mirando por fin a Daryl, quien la observaba incógnito. Seguramente no entendía absolutamente nada, pero no tenía deseos de explicarle, seguramente la ignoraría como eventualmente hacía.
Daryl dejó de observarla por unos instantes y observó aquella chatarra a unos metros de distancia. ¿Allí había vivido? El lugar estaba sucio, antiséptico para una joven lastimada –porque sí, Maggie le había contado cómo Beth se había lastimado el tobillo al saltar un muro de dos metros y él juró no perdonárselo jamás-. Allí estaba a merced de los caminantes y, cómo si fuera poco, se acumulaba demasiado el fango gracias a la humedad y viscosidad de la zona.
Dixon, dejando de lado su ensimismamiento, caminó lentamente, analizando cada parte del lugar, seguido de Beth, quien más que observar el lugar, lo observaba a él e intentaba saber qué quería lograr de aquello. Le había explicado ya que no había nada útil allí, ¿para qué quería volver? ¿Qué sacaría de aquello? No lo sabía pero a ella le gustaba complacerlo, a pesar de todo, no podía olvidar lo que él significaba para ella. A pesar de que su amor, enamoramiento… Aún no sabía cómo catalogarlo, no era recíproco, a ella poco le importaba. El amor no siempre debía ser correspondido pero eso no quitaba el hecho de que fuera realmente amor. Y es que ella sentía algo muy fuerte por él… ¿Lo amaba? Aún no lo sabía, era demasiado pronto y Daryl realmente no colaboraba, pero estaba segura de que no era un sentimiento de compañerismo, siquiera de amistad… Era algo más.
—Beth… —susurró Daryl, dejando de caminar y posándose en la entrada del trailer, apoyando su mano izquierda en la puerta doble –que estaba abierta-, mientras que con la otra se sobaba la cabeza, como si estuviera totalmente confundido. Y observó el interior de dicho trailer, había un pequeño colchón, el lugar era algo acogedor para ser un viejo camión, pero pensar que Beth vivió allí sola le daba calosfríos. Las paredes de aquella chatarra se veían débiles, así mismo la puerta, cualquier caminante o, peor, persona, podría haber entrado y… No quería pensarlo. El hombre cerró los ojos y los apretó con fuerza, intentando así borrar cada pensamiento, cada imagen. Aquello no servía y no hacía más que torturarlo. Luego, los abrió y la observó con suma ternura, algo raro en él, al menos desde aquella noche. Ciertamente, su vida giraba en torno a sentirse culpable. Culpable por la desafortunada vida de su hermano, culpable por, quizá, no ser un buen hijo para su alcohólico padre, culpable por no haber encontrado a Sofía a tiempo. Muchas veces sintió culpa, pero nunca tan fuerte y tan resonante como en aquél momento. Imaginar a su chica allí –porque sí, él la sentía su chica-, sola… Aquello le carcomía la cabeza y lo dejaba completamente en blanco. No tenía palabras de perdón… Así que simple y llanamente dijo lo primero que se le vino a la mente— Lo siento tanto, Beth.
—¿Todavía crees que fue tu culpa? —preguntó ella, parando justo al lado del hombre y apoyando su mano en el hombro de él. Con esa simple acción quería que él supiera que estaría siempre allí, que nada malo le sucedería y que debía, de una maldita vez, dejar de pensar en cosas tan trágicas.
—¡Yo dejé entrar a los caminantes! —le gritó y Beth se asustó por un momento ante la sonora queja, por lo que su mano voló rápidamente al costado de su cuerpo. El hombre se calmó un poco, notando cómo la chica había movido su mano, sintiendo la lejanía que sus actos provocaban entre ellos. Se repetía una y otra vez que era por el bien de la joven así tuviese que vivir una vida infernal sin ella. Bajó la mirada, no podía verla, y continuó— Yo no estuve ahí para ti.
—Pero… —comenzó a susurrar Beth, acercándose peligrosamente al hombre, hasta quedar frente a él, muy cerca, demasiado para el bienestar de Daryl, en medio del bosque y con un calor infernal— Podrías estarlo ahora, ¿sabes?
El menor de los Dixon dio un paso atrás ante el repentino acercamiento de la chica. Debía mantener la lejanía, no podía sentirla tan cerca de sí porque no podría controlarse y acabaría comiéndole los labios desaforadamente. Ante aquél pensamiento, su cuerpo reaccionó y no era, precisamente, lo que él quería.
—Es por tu bien, Beth —dijo, dejando de lado la excitación y alejándose un poco más de ella. La chica redobló la apuesta y se acercó dos pasos más.
—¿Eso es lo que te dices a ti mismo para no sentirte culpable? —preguntó ella, algo enojada. Y no era normal verla así, tan rabiosa, pero no podía contenerse más. Aquellas excusas sólo le daban falsas esperanzas. Si no la quería de la misma manera que ella a él, ¡genial! Pero que tuviera las agallas de decírselo en la cara y no inventar tontas cuentos que solo le causaban más agonía.
—Digo lo que pienso y sabes que es verdad… ¡Casi mueres! ¡Casi te pierdo y eso no es cualquier cosa! —gritó con la voz algo quebrada, aunque sin llorar, jamás lloraría, pero sí que dolía. Volvió a dar un paso atrás. Sinceramente, Daryl ya no respondía por sí mismo. Siquiera tenía en cuenta que aquél alboroto podía atraer a caminantes o personas. No, ya no le importaba. Y es que Beth había hecho mella en él, había cambiado su manera de percibir el mundo. Gracias a ella, él por fin veía luz al final del camino y tratarla así, tan secamente, no le hacía ninguna gracia. Empezaba a perder la paciencia, no con ella, sino consigo mismo.
Beth lo miró con los ojos medio cerrados, lo veía con lástima. Al parecer, él en verdad creía en lo que decía, no eran simples excusas. Él realmente la quería tanto como ella a él y sólo buscaba protegerla, cuidarla. Y la mente de la joven tampoco pudo pasar por alto aquél "casi te pierdo"… ¿Así que la consideraba suya? Si alguien más hubiese dicho algo como eso, ella hubiera objetado que no le pertenecía a nadie, pero viniendo de él no podía producirle otra cosa que un calor en el pecho. No sabía qué era con exactitud pero se sentía bien. Se acercó lentamente a él, quien ya no se movió, no buscó evitarla.
Por fin quedó frente a él, tan cerca como para compartir un aliento. Ella necesitaba estar así, cerca, lo necesitaba a él. Así que extendió sus brazos pálidos y algo magullados y, de la manera más lenta y seductora que encontró a su corta edad, los entrelazó alrededor de la espalda de Daryl, parándose de puntitas para poder llegar, pues el hombre sí que era alto, al menos para ella.
Le dio una última mirada a los ojos, notando la incomodidad de Daryl y, sin importarle nada, cerró los ojos y apoyó la cabeza en el masculino pecho de él, sintiéndose por fin en su hogar, en donde siempre debió estar.
Y se quedó así, con los ojos cerrados, simplemente sintiéndolo con ella, apoyándola en todo. Sintiéndolo allí, sabiendo que él estaría siempre para ella y Beth para él, por supuesto.
Daryl, por su parte, se sentía incómodo. No podría aguantar mucho más tiempo el hecho de ignorarla, de no poder tocar su nívea piel, de no poder inhalar aquél aroma a rosas que desprendía incluso sin perfumes, pues aquél apocalíptico mundo carecía de ellos.
Así que, dejando de lado todos sus miedos, decidió dejar de perforarse el cráneo pensando que él era el culpable de todo lo malo en la vida de la joven. Decidió que era mejor ser un crédulo feliz, que un noble tonto. Así que posó sus brazos alrededor de la cintura estrecha de la chica y apoyó la cabeza en el cabello de ella, aspirando el aroma tan delicioso y embriagador que desprendía. No podía decir a qué olía, no era a vainilla, tampoco a fresas… Era el aroma propio de Beth, su Beth, y era el aroma más maravilloso que hubiera captado. Era tan embriagador para él como la chica en sí.
—Beth… —susurró Daryl contra el cabello de ella, para comenzar, nuevamente, con su viejo cántico de por qué aquello estaba mal, para hacer un último intento de abandonar la vida de la chica y dejarla, definitivamente, en paz.
Pero Beth no lo permitió, porque estaba cansada, exhausta de escuchar siempre lo mismo. Daryl la lastimaba haciendo aquello más de lo que podría lastimarla si estaban juntos. Ella no veía aquellas excusas tontas por parte de él, ella no veía el lado malo. Simplemente eran dos personas que se querían… ¿Por qué él debía hacerlo tan complicado?
—No —fue lo único que susurró ella, levantando la cabeza del pecho de él, pero sin dejar de rodearlo con los brazos. No podía soltarlo, simplemente no podía, porque alguna extraña fuerza la arrastraba hacia él, como los imanes de su antigua heladera, los que disfrutaba mover de niña para intentar comprender cómo se atraían tanto a un metal. Quizá hoy lo comprendería por fin.
Lo observó a los ojos detenidamente, y él hizo lo mismo. Por eso Daryl le esquivaba la vista siempre que podía, porque una vez que caía en los ojos tan transparentes de la joven, nada podía hacer, su destino quedaba sellado. Acababa embobado completamente, se perdía en esos ojos y nada más le importaba en el mundo más que observarla.
Porque esos ojos le transmitían a Daryl muchas cosas, esperanza, pasión, amor, pero la más importante eran las ganas increíbles de vivir, de luchar por la vida, y eso sólo ella se lo daba y no tenía un por qué, simplemente así era.
Y lentamente, sin preverlo y tampoco adrede, los rostros de ambos fueron acercándose cada vez más, hasta que sus narices hicieron un tierno contacto. Se miraron una última vez y Beth sonrió tiernamente.
Eso era todo lo que Daryl necesitaba ver para terminar, por fin, aquella pequeña y molesta distancia entre ellos. Al fin, y después de varios días de necesitarlo como el aire, ambos se besaron.
El beso fue mucho más profundo que la primera vez, fue más pasional, más animal, y muchísimo más desesperado. Porque se habían contenido por tanto tiempo que aquella parte bestial que habita en toda persona había salido a la luz. Se necesitaban de manera desesperada, más que al aire, quizá.
El hombre movió sus manos, soltando la cadera de la chica, y las colocó en el rostro de ella, para profundizar el beso. Ella, por su parte, lo tomó de la nuca y jugó con el cabello despeinado de Daryl.
Él había tenido unos días tortuosos alejados de ella, ignorándola completamente. Había sufrido, incluso, más que la misma rubia ante el desengaño. Sentía que volvía a respirar luego de mucho tiempo y era la sensación más hermosa que podría haber tenido antes.
Porque él no era santo, era un hombre grande y en sus tiempos de adolescente –y en su adultes, también- se había acostado con muchas chicas y había dado mil y un besos, pero como aquél no había ninguno. Se sintió nuevamente como un niño y ese se sentía como su primer beso, como su primer romance. Todo era nuevo para él y sus años de experiencia le valían de nada frente a la menor de las Greene.
El corazón del hombre palpitaba con todas sus fuerzas, como si estuviera a punto de tener un infarto. Llevó su mano izquierda hacia la coleta de la joven y la soltó. Le gustaba verla así, más salvaje, más suelta, y aún no caía al pensar que era sólo suya y tampoco entendía qué le veía, entre tantos, precisamente a él. ¿Qué tenía él de especial? No lo sabía y tampoco quería averiguarlo. Ella lo quería y era todo lo que necesitaba saber. Beth gimió y, aprovechando aquello, Daryl ingresó en la boca de ella de manera desesperada. Era tan dulce, tan embriagadora… Era Beth Greene y era todo lo que él deseaba.
Por su lado, Beth no podía dejar de besarlo de manera apasionada, mientras él se adentraba en su boca de la manera más pasional, sus lenguas bailaban desenfrenadas, implorando más.
Ella era una chica tímida, tranquila… Pero en ese momento no se reconocía. Estaba invadida por el placer y desesperada por las caricias de aquél hombre. Estaba completamente loca, desatada, ya no respondía de sí. Empujaba la nuca del hombre una y otra vez hacia sí, para profundizar más aquél beso, para sentirlo más y más cerca suyo.
Sentía algo extraño en el vientre, como si alguien estuviera haciéndole cosquillas por dentro… era algo extraño pero muy dulce, muy adictivo y aquello sólo se lo provocaba Daryl. Necesitaba más, mucho más que eso, y no le importaba el lugar, no le interesaba estar en el medio del bosque, después de todo, no había caminantes cerca y, en verdad, no podía esperar ni un segundo. Debía estar con él de la forma más íntima posible, debían ser uno de una maldita vez, no resistiría tanto. Su cuerpo estallaría.
—Beth —gimió Daryl contra los labios de ella, en una agónica imploración. Al llamarla por su nombre, le estaba implorando que parara, que si seguía ya no respondería de sí. Que si aquello continuaba no habría marcha atrás, pero él no deseaba hacerle daño, jamás lo haría, no a ella.
—Sí, quiero, por favor, quiero —contestó ella en un susurro, apenas podía hablar. Daryl y su bendita lengua eran algo de otro mundo.
—N- no quiero lastimarte —logró decir él, en la excitación del momento.
—Jamás podrías —le contestó ella y fue todo. No podría ignorarla nunca más, no podría hacer la vista gorda y fingir que no la amaba porque sería tonto. ¿Por qué mentirse a sí mismo? La necesitaba, deseaba hacerla suya, sin importar el lugar, sería allí mismo. Se unirían allí y hasta el final de sus días. Porque Daryl realmente la amaba.
Nada más que acotar. Los amo, gracias por aguantarme.
Me voy a dormir a mi bebé que hoy fue al médico y la vacunaron (Y a mí también, ¿saben lo caro que es llevarla a un médico privado?) :( La pasó muy mal hoy, sinceramente me partió el corazón pero bueno, es por su bien, claramente. Estaba enferma, tenía una grave alergia al pasto, si mal no recuerdo, pero ya está mucho mejor y su piel casi está sana. Y yo, obviamente, feliz.
Te amo, bebota mía. Y a ustedes.
¡Basta, odio ser sentimental! ¿Ven lo que logran?
Bel~
