Disclaimer: La serie Twilight (o Crepúsculo) pertenecen a Stephenie Meyer.


Bella POV

Dejé escapar un grito sofocado al instante en que le vi.

Su figura permanecía acomodada en el brazo del sofá, con sus codos apoyados sobre sus rodillas y su rostro fijo en el piso, aun cuando yo llevaba demasiado tiempo en la habitación.

Le vi alzar su cabeza y presioné mi espalda contra la puerta. Sus ojos estaban tan negros, como nunca antes los había visto y estaban rodeados por una oscura sombra violácea. Hasta creí notar su rostro más pálido, como si eso fuera posible.

Nuestras miradas se encontraron y sus ojos se fundieron en los míos. Pude ver claramente la angustia y la expresión de tortura en sus pupilas. ¿Tanto dolor le había causado?

Dejé que mi mente sopesara la posibilidad de que él sintiera una fracción del dolor que yo sentía. Y me permití jugar con la dolorosa posibilidad de que aquella mirada fuera causada por cualquier otra razón, menor por el rencor.

Me mantuve firme en mi lugar, tratando de evitar que mis torpes emociones empeorasen las cosas. Pero, cuanto deseaba correr hacia él y acomodarme en su pecho. Volver a sentir sus brazos alrededor de mi cuerpo, estrechándome firmemente contra él.

El mundo parecía haberse detenido y nosotros continuábamos mirándonos a los ojos del otro, incapaces de articular palabra alguna.

No deseaba nada más que ser capaz de romper ese silencio, de librarle del dolor y de ver su rostro iluminado por mi sonrisa preferida.

Deseaba escucharle decir que todo iría bien, que él estaría siempre a mi lado para amarme y protegerme.

Conforme pasaron los segundos comencé a perder el control de mis pensamientos y emociones; si, no deseaba nada más que estar junto a él…

Pero, ¿acaso Edward deseaba lo mismo? ¿Acaso su mente pedía a gritos estar cerca de mí como la mía lo hacía en esos instantes?

Por extraño que pareciera comencé a sentir la incomoda falta de aire y mi cuerpo empezó a temblar.

Necesitaba salir de allí.

Me di la vuelta rápidamente y apoyé mi mano sobre la manija de la puerta, cuando su voz me llego a los oídos, suave y aun más dulce y aterciopelada de lo que la recordaba. Sentí mi corazón partirse en cientos de pedazos.

-¿Bella?- me llamó, pero no me di la vuelta. Abrí mi boca varias veces hasta que pude encontrar mi voz para responderle.

-Necesito…tomar aire.- susurré girando la perilla. Pero en el mismo instante en que la cerradura se movió, la mano de Edward estaba empujando la puerta para cerrarla nuevamente.

Sentí mis piernas temblar y casi pierdo el equilibrio al sentir la cercanía de su cuerpo.

Inspiré profundamente en busca del aire que no necesitaba y mi propio cuerpo me traicionó dejando que mis pulmones se llenaran con su dulce aroma.

Dolía demasiado… ¿acaso esta tortura nunca iba a terminar?

Estaba cansada del dolor, quería que terminase.

-¿Cómo está tu hombro?- susurró la pregunta con tanta formalidad y distancia que dolía. Dejé caer mi rostro entre mis manos, sobrepasada por la culpa y el odio que comenzaba a sentir por mí misma. -¿Quieres que llame a Carlisle?- preguntó creyendo que mi reacción fue a causa de la herida de la cual poco interés representaba ahora.

Lo único de lo que era consciente era de la cercanía de su cuerpo y como el mío estaba atrapado entre Edward y la pared. Pero aun así sentía que había medio mundo de distancia entre los dos.

-Lamento que te hiriera. Debí haber sido más rápido.

Abrí mi boca, pero la cerré casi instantáneamente.

Me armé de coraje y fui capaz de voltearme lentamente, acomodando mi rostro de forma tal que pudiera ver el suyo. Pero seguía siendo débil ya que poco podía mantener mis ojos en los suyos ante tal cercanía.

Me miraba fijamente, con el ceño fruncido. Y deseé que todo fuera como antes. Que todo fuera más simple.

-Fue mi culpa. Yo no debí…no iba a darles pelea, pero cuando dijo que después iria tras ustedes…no iba a permitir aquello.

-Del mismo modo que yo no iba a dejar que te lastimasen, Bella.- susurró alzando su mano hacia mi rostro, pero en el trayecto se detuvo, dejándome con la sensación de vacío y un leve escozor donde debería haberse situado la palma de su mano. Añoraba tanto sus caricias.
-Pero no era así como debía suceder.- su ceño se frunció aun mas ante la confusión que le causaron mis palabras. -Se suponía que estarías, que estarían a salvo una vez que me hubiera marchado.

-¿Qué quieres decir?- su voz sonó un poco más firme. Algo en mi interior se agitó, ese tono comenzaba a parecerse al que usaba cuando algo le alteraba.

-Tanya me dijo lo que los lobos querían.

-¿¡Que!- vociferó echándose hacia atrás, y sus mano izquierda fue hacia su lugar habitual de cuando Edward se enfadaba, hacia su nariz.

-No es su culpa, Edward.- dije. –o quizás si.- me corregí, pero aun así no pude evitar volver a sentir el dolor que me causaron sus palabras y el saber que mi familia no confiaba en mi.

-¿Qué no es su culpa? lo sabia solo por prevención, para mantenernos alerta. Todos lo sabían por prevención.- me dijo mientras caminaba hacia la ventana.

-Todos menos yo.- le respondí con la voz quebrada. Edward se volvió y acortó la distancia que había entre nosotros, volviéndome a dejar atrapada entre él y la pared.

-Eras la única que corría verdadero peligro, Bella. No quise ocultarte las cosas, pero no sabía cómo cambiar la visión de Alice.- susurró alzando su mano. Esta vez sí sentí su caricia y me permití perderme en ella. Dejé que me envolviera el calor de su palma cubriendo mi mejilla.

Alcé mi vista hacia sus ojos; solian ser dorados, llenos de luz. Ahora solo me encontraba frente a unos ojos negros y opacos. Le había lastimado tanto…eso podía verlo claramente. Sentía tanto dolor como yo, quizás mas. Mi pecho dolia ante la culpa de haberlo lastimado de esa forma, lo habia destruido.

-Créeme que si sabía como terminaría todo, que las cosas seguirían su curso sin importar cuánto intentase cambiarlas, no me habría marchado. No te habría lastimado.- le dije cerrando los ojos, sintiendo su mano abandonando mi rostro.

-No entiendo.- escuché su voz aterciopelada, esta vez pude claramente distinguir la ansiedad en ella. Abrí lentamente mis ojos. Fuera la respuesta que obtuviese, si aun me quería a su lado o no, Edward merecía una explicación y una disculpa por todo el mal que le había causado.

-En un principio creí que sería difícil, casi imposible. Siempre te diste cuenta de cuando te mentía. Pensé que esta vez sería igual, o que me costaría algo de trabajo.- solté atropelladamente. Inspiré un par de veces, tratando de encontrar mi propia voz. -Edward, lo siento.

-¿Por qué?- preguntó. Yo aun permanecía pegada a la pared, como si fuera el único lugar seguro para mí.

-Por tantas cosas. Todo lo que te dije. Todo el dolor que te causaron mis palabras. Nunca fue cierto. Nunca podría serlo, Edward.

Le miré expectante, creyendo que habría averiguado a que me refería. Pero su silencio y su mirada de confusión me respondieron que no parecía entender, o creer, aquello. Así que traté de explicarme lo mejor que pude.

-Cuando Tanya me contó aquello, entré en pánico. Sabía que yo era la culpable de todo el lio; sabía que conmigo fuera del mapa los lobos no les harían daño. Pero también era consciente de que nunca me dejarías ir con ellos, así que tuve que mentirte. Por mucho que me dolió tuve que decirte aquello que sabía te haría daño, pero también sabía que te dejaría aturdido y no me impedirías irme.

-Estoy…-hizo una breve pausa.- hecho un lio.- si, aquella frase iba bien, pues todo esto era un lio. Uno que yo misma había armado.

-Mentí porque creí que sería la única forma de mantenerte a salvo, Edward. Nada de lo que dije es cierto. Nunca te odiaría, no podría.- dude unos instantes antes de soltar aquella frase que me venía quemando la lengua durante meses y apenas me atrevía a pronunciarla en voz alta. Pero lo hice, sabiendo que no se merecía una verdad a medias. –Te amo, Edward.- esa era la única verdad.

Se alejó de mí casi tan pronto como solté mis últimas palabras, como si la simple pronunciación de ellas le hubiera dañado. Obviamente que sí. Ahora deseaba poder ser yo quien tuviera la habilidad de leer la mente. Pero ya que no era así, debía conformarme con saber que quizás dos cosas giraban en su mente; la asimilación de mis palabras, y los sentimientos que desperté en el al decirle que aun lo amaba.

Le vi caminando hacia el sofá y se dejó caer, con su rostro en dirección a la ventana. Le miré fijamente, esperando alguna señal…cualquier tipo de señal. Quería acercarme a él y abrazarle. Susurrarle al oído que era verdad, que lo amaba, que nunca había dejado de hacerlo. Pero temía su rechazo.

Lo único que me atreví a hacer fue caminar hacia el sofá y sentarme ligeramente en el brazo del mismo, esperando su respuesta.

-Entonces…- comenzó, pero su rostro aun estaba oculto de mi visión. –Todo lo que dijiste-

-No es verdad. Mentí y lo siento muchísimo, porque te hice daño, y lo siento también porque fue un esfuerzo que no mereció la pena. Mentí para salvarte, pero no funcionó. Lo siento.

Seguía helado, con su postura fija en la misma posición y su esplendido semblante oculto de mis ojos. Era insoportable.

-Por favor, Edward. Sé que no lo merezco, pero al menos dime que estas pensando.- pero no hubo respuesta alguna.

Los minutos pasaron y sentía que mis oídos se entumecían por el silencio. Ya no lograba oír a mi familia en la planta baja de la casa, ni en los alrededores. No había indicio de que siguieran allí. Y Edward permanecía dándome la espalda. Al menos había conseguido decirle la verdad. Quedaba en sus manos la última palabra, pero no sabía si era capaz de escuchar su rechazo. Me puse de pie del sofá y comencé a caminar hacia la puerta con la mirada baja.

Me quedé helada al ver las puntas de sus zapatos frente a mis ojos. Y lentamente alcé mi rostro.

-Nunca tuvo sentido que me quisieras.- me dijo casi en un suspiro.

-Se que te he hecho demasiado daño y que ha pasado mucho tiempo, pero hay algo que necesito saber.- susurré, -Juro que no voy a protestar, ni a tratar de convencerte de lo contrario. Solo dime si puedes llegar a perdonarme, si puedes quererme después de haberte herido.- permaneció en silencio, vacilante, así que agregué: -No temas herir mis sentimientos…es lo menos por lo que debes preocuparte.

-Bella, lo que dices no tiene sentido.

-Solo contéstame, por favor. Entiendo debes odiarme, tienes todo tu derecho…pero quiero saber que es así.- dije bajando mi mirada.

-¿Odiarte, Bella? ¿Despues de todo lo que me has dicho? ¿despues de haberme abandonado sin importer si se me partia el corazon o no?- me tenia bien merecido el dolor que me causaban sus palabras. -¿Cómo podría? Nunca podría odiarte. Te amo mas que a mi propia vida.

-¿Me amas?- pregunté alzando mi rostro, sintiendo la llama de la esperanza avivándose en mi interior.

-¿Cómo no podría hacerlo?- susurró dándome una suave y hermosa sonrisa torcida.

-Pero…no lo merezco. Después de todo el dolor que te he causado.- dije sacudiendo mi cabeza. Edward suavemente detuvo mi movimiento con sus manos, acunando mi rostro entre sus palmas.

-Solo quiero saber algo, y que esta vez me respondas con la verdad sin importar sentimiento alguno.- dijo. Yo asentí suavemente, no me sentía capaz de negarle ninguna verdad. –Una parte de ti nunca podrá perdonarme por lo que hice, pero-

-Edward no-

-Déjame terminar, por favor.- dijo suavemente, y prosiguió. –Una parte de ti nunca me perdonara, pero necesito saber que tan fuerte es esa parte. No sé si podría soportar estar lejos de ti nuevamente.

-Edward, lo que dices no tiene sentido. Creí haber sido clara cuando dije que te mentí. Lamento haber traído nuevamente ese tema…pero sabía que era algo que te dolería.- dije extendiendo mi mano hacia su rostro, y por primera vez después de meses las yemas de mis dedos se deleitaron con la suavidad de su piel. –Déjame poner las cosas en claro; mi vida antes de conocerte, no era tal. Todo era un caos a mi alrededor. Mis padres tenían sus propios deseos y yo simplemente esperaba que los días pasaran sin esperar nada de la vida misma. Había algo que me faltaba, algo que sabía que me sería imposible de encontrar. Algo que solo tú pudiste darme. Y no importa el modo en que se dieron las cosas, jamás querría volver el tiempo atrás y darle otro curso a mi vida, porque este es el camino que quiero para mí.

-¿Realmente me amas?

-¿Acaso no quedo claro, Edward?- volví a abrir mis labios para profesarle mi amor una vez más, pero en un instante sus labios estaban sobre los míos.

Me tomo unos instantes poder responder al roce de sus labios sobre los míos. Mi cuerpo era recorrido por corrientes de electricidad, haciéndome rozar sus labios con mayor urgencia y desesperación. Me apreté contra el lo mas que pude, no queriendo jamás volver a estar lejos de Edward. Poco a poco la sensación de soledad y desdicha comenzaba a abandonarme. Sentía como si los últimos meses jamás hubieran ocurrido, como si nunca le hubiera echo daño.

Y es que allí estábamos, besándonos con tal pasión y necesidad como siempre lo hicimos, como si nada, ni aun las palabras pudieran haber destruido el amor que teníamos el uno por el otro. Y eso se sentía bien; saber que no solo nuestros cuerpos eran prácticamente imposibles de destruir, si no que no importaba cuanto ocurriera a nuestro alrededor, nuestro amor siempre se mantendría en pie. Contra vientos y mareas.

Eventualmente nos separamos, con las respiraciones entrecortadas. Sus manos recorrieron mi espalda hasta la parte trasera de mi cabeza y la acomodó sobre su pecho, acunándome entre sus brazos.

-Prométeme que nunca volverás a abandonarme.- susurró mientras besaba mis cabellos, dejando que su aliento rozara mi piel. Sonreí complacida al percibir cierto tono de orden en su pedido; me quería…milagrosamente y no importaba cuanto le hubiera lastimado, Edward me amaba.

-Nunca, jamás.- dije sinceramente; no iba a dejarlo nunca más. No podría volver a estar apartada de él jamás.

-Te amo Bella.

-Y yo a ti, Edward.- susurré mientras alzaba mi rostro para volver a besarle.