Capítulo 36 Feliz cumpleaños Terry.
Mientras que en el Atlántico 3 barcos, el Carpathia, el Lusitania y el Olympic se dirigían a toda velocidad para rescatar a los sobrevivientes del Mauretania. A las 2:00 am la noticia del atentado ya llegaba al Primer Ministro de Inglaterra por parte de la oficina naval que recibió el mensaje por el Trasatlántico Adriatic que no pudo acudir al rescate pues ya estaba por llegar al puerto de Liverpool.
El Primer Ministro de inmediato convoco una reunión en la cámara de lores. Mensajeros corrían por todo Londres para entregar el aviso a Lores, Duques y todo miembro de tan honorable cámara. Algunos estaban en sus casas, otros estaban en otras ciudades pasando las fiestas, así que dichos mensajeros tomaban trenes y autos para encontrar a todos los miembros y hacer que estuvieran puntales a las 8am en la reunión.
Era urgente saber como reaccionaria Inglaterra ante tal tragedia, pues la tragedia del Titanic apenas ocurrió en Abril y ahora era el Mauretania en el primer día del Año de 1913. Sin duda no solo habría pérdidas humanas sino también la reputación de los barcos ingleses se vendría abajo, lo que ocasionaría sin duda perdidas económicas estratosféricas.
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Mauretania 2:00am
Terry logro evitar que el mástil les cayera encima ahora yacía tirado sobre su madrina quien quedo desmayada. El zumbido en sus oídos era insoportable, estaba tan aturdido que no podía mantenerse de pie. La pequeña Puppet quedo atorada con sus patitas traseras bajo el tórax de Gabrielle y adolorida trataba de zafarse para ir hacia Albert, pero le era imposible.
Eran tantos gritos, el humo, la madera de casi toda la cubierta de la popa estaba completamente destrozada, personas corriendo al otro lado del barco y otras preferían lanzarse. El chico recobraba los sentidos, miró a su madrina que estaba inconsciente y comenzó a llamarla.
-¡Gabrielle, Gabrielle!
-Terry… -apenas murmuró.
-Candy, ¿Dónde está Candy? – ahora se preguntaba así mismo el castaño. Se levantó y comenzó a mirar buscando a su pecosa.
Puppet no dejaba de llorar, Terry miro hacia donde la mofeta quería ir. Pudo ver a varios metros de él un cuerpo en el suelo, tardo unos segundos en reconocerlo, era Albert estaba tirado en la orilla tratando de sostener a alguien. De inmediato se encamino con cuidado hacia él para ayudarlo, se asustó tanto que sus sentidos se despertaron por fin del todo, pues imaginaba que sería Candy su pecosa a quien Albert trataba de sostener, pero ¿dónde estaría George? ¿por qué no estaba cerca? se preguntaba el castaño.
A punto de llegar veía como una rubia pecosa lograba subir y una vez arriba ayudaba a reincorporarse a su hermano Albert para finalmente abrazarse y ambos soltar en llanto.
-Lo siento Albert, lo siento… lo intenté… lo intenté– decía entre sollozos la pecosa. Mientras que Albert también lloraba y no dejaba de abrazarla pues Candy no dejaba de culparse -… Fue mi culpa, fue mi culpa otra vez.
Albert la tomo del rostro y con voz sutil, pero a la vez firme – Nunca vuelvas a decir eso, no fue tu culpa, ni lo de Anthony ni esto… George… fue quien decido salvarte… - Albert volvió a abrazarla y ahora por dentro no dejaba de repetirse "Gracias George, gracias por salvarla"
-¿Candy? – se escuchaba a Terry que no comprendía lo que pasaba. Al escucharlo Candy se lanzó a sus brazos.
-George cayó, se soltó para que Albert pudiera salvarme.
-George… -el chico quedo sorprendido por lo que escucho. De inmediato vino a su mente aquella tarde que lo conoció y le pidió permiso para llevar a Candy a la fiesta de Susie.
"Joven Grandchester, sépase que ella está a mi cuidado y así sea el mismísimo príncipe de Inglaterra debo velar por la señorita Candy, porque si usted se atreve a faltarle le haré lo que mis antepasados hicieron con los aristócratas franceses"
Recordó también cuando le quito la llave del ventanal y tantas veces más donde el Sr. Villers le hizo ver que su pecosa siempre tendría a su caballero blanco. Y así fue, hasta el último instante velo por su seguridad – Pecosa, no llores, él estará bien, la altura ya no es tanta, seguro llegara a uno de los botes que están subiendo personas que cayeron al agua.
-¿Tú crees?
-Si pecosa, acaso la señorita Pony no te enseño a tener fe -decía el castaño secando con sus pulgares las lagrimitas de Candy -Veras que llegando a Londres el estará ahí.
-"Mientras hay vida hay esperanza" – seguía sollozando la rubia pero ahora sonreía poco a poco por las palabras de esperanza que le daba su castaño.
-Albert, amigo… hubiera deseado llegar antes pero casi nos cae el mástil encima y la explosión fue tan cerca…
-No te preocupes Terry, tal vez tengas razón y George logré llegar a uno de los botes – interrumpió el rubio que penas y podía evitar llorar.
-Albert… lo siento mucho – decía Gabrielle que cuidadosa camino hasta los tres llevando a Puppet en sus brazos – se lo que significaba el Sr. Villers para ti, no pierdas la fe tal vez Terry tenga razón.
-Gracias Gabrielle. – agradecía Albert mientras recibió un abrazo fraternal de la pelirroja y después esta le limpiaba sus lágrimas.
-Somos amigos puedes confiar en mi cuando lo necesites tú me ayudaste cuando lo necesite – la futura marquesa le sonreirá tratando de animarlo y le entregaba a Puppet – Lo siento, lastimé su patita, sin querer caí sobre ella.
-Ven Puppet – Albert tomo a la mofeta y noto que solo era una leve lastimadura – Estarás bien, no esta quebrada solo es la presión que recibió.
-Gracias a Dios.
-Albert yo sé que esto ha sido duro para todos sobre todo para ti y Candy, pero debemos darnos prisa, ya no quedan botes y otros se destruyeron, hay que llevarlas a salvo.
-Sí Terry vamos. – Albert sabía que Terry tenía razón no podía llorar a George, además tenia la esperanza que tal vez su mentor lograría llegar a un bote salvavidas.
Así Terry llevando a Candy de la mano y Albert del brazo a Gabrielle y Puppet en los brazos de la pelirroja cuidadosamente se acercaban a los 2 botes que quedaban en el área de estribor.
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Mientras tanto en las heladas aguas del mar.
George soltó la mano de Albert y cayó al mar, trató de caer lo mejor que pudo para que el golpe no fuera tan fuerte y así evitar morir. Si bien como dijo Terry la inclinación del barco hacia que la altura no fuera ya tanta, aun así, era peligroso saltar y ni hablar del agua tan helada. El frio no permitiría a nadie mantenerse a flote a menos que tuviera un chaleco salvavidas, pero George no tenia, prácticamente solo un milagro lo salvaría.
Mientras caía pudo ver como Candy cerro los ojos y Albert la tomaba con su mano libre y la ayudaba para que comenzara a subir. Después sintió un fuerte golpe al estrellarse con el agua. Se sumergió en el mar, no veía nada todo era tan oscuro, sentía que le faltaba el aire, comenzó a nadar para salir flote, pero con una mano lastimada era difícil. Su vida paso por su mente en segundos.
Por fin logró salir a flote, tomaba aire desesperado pues era tan fría el agua que sentía sofocarse. Miró a los lados tratando de ver algún bote. Solo veía el enorme Mauretania frente a él. El barco ya se encontraba a 35 grados de inclinación sobre el estribor.
Estaba exhausto por tratar de mantenerse a flote así que comenzó a nadar hacia un pedazo de madera que estaba cerca de él. Parecía ser parte una pequeña mesa. Se subió en el pero el peso lo sumergía, así que solo se quedó flotando en el mar sosteniéndose en él. Al menos ya no tendrá que seguir nadando.
Comenzó a pedalear para alejarse lo más pronto posible del barco ya que cuando se hundiera crearía un remolino que succionaría toda lo que estuviera a su alrededor. El sr. Villers sentía que se congelaba, definitivamente era un milagro que alguien pudiera permanecer en esas aguas tan heladas. Pero no se dio por vencido seguía pedaleando para seguir alejándose y tal vez alcanzar un bote donde pudiera subir. Solo rogaba a Dios le diera fuerzas hasta que alguien lo rescatara.
-¡Hey ahí!, ¡remen hacia allá, algo se mueve! - gritaba el Sr. Mackenzie desde el bote numero 16, fue de los últimos en bajar. Y ya remaban para alejarse del barco lo antes posible.
-El marinero alumbro hacia la dirección que indicaba el hombre de negocios.
-Es el Sr. Villers, ¡de prisa, acérquese para subirlo! - insistía el empresario. Rápido se acercaron y rescataron al Sr. George que temblaba de frio ni siquiera podía hablar.
-Tranquilo Sr. Villers recuéstese aquí, y duerma. Ya paso la pesadilla, ya solo queda esperar a que lleguen los barcos - dijo el Sr. MacKenzie haciendo lugar y dándole cobijas a George.
George no podía estar tranquilo, mientras Albert y los demás siguieran en el barco ¿cómo podría? quiso decir algo, pero el cansancio lo venció y quedo profundamente dormido.
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Real Colegio San Pablo 2:00am
Los alumnos del taller de actualización del Real Colegio San Pablo habían cenado puntualmente a las 7pm, después se les permitió bailar y convivir con sus compañeros del sexo opuesto. Momento que Stear aprovecho para darle un regalo a Patty. A las 9 en punto tuvieron una misa para poder recibir el Año Nuevo "limpios de pecado". Al terminar la ceremonia religiosa, las monjas ordenaron a los alumnos regresar a sus habitaciones.
Las señoritas obedientemente lo hicieron al igual que algunos señoritos. Pero como en todo colegio siempre hay rebeldes, algunos caballeros a escondidas de las hermanas y liderados por Erik MacKlahan se reunieron en las aulas del ala B, la zona abandonada y más alejada del colegio, para recibir el año nuevo de una forma más divertida que la soledad de su habitación.
Erik MacKlahan tenía cabello corto de color rubio cenizo, tez clara y ojos color miel usaba lentes lo que le daba ese toque intelectual, pese a su corta edad al igual que los Cornwell y Terry ya llegaba al 1.80 de estatura. Era hijo de un famoso dramaturgo y productor de Teatro, conocía a Terry desde niño, su amor por el teatro los hizo ser amigos así que más de alguna vez fueron juntos a estrenos de importantes obras teatrales, algunas producidas por el padre de Erik. Ambos tenían el liderazgo en el Real Colegio San Pablo, aunque claro el líder supremo era Terry, pero en ausencia de esté, Erik tomaba las riendas.
No habia chico o chica que no conociera a este par de londinenses. Uno por ser el guapo heredero y rebelde hijo del Duque de Grandchester y el otro por ser el guapo y rebelde hijo del dramaturgo Sir George MacKlahan.
A dicha fiesta clandestina no cualquier chico fue invitado y menos si era odioso y chismoso como Neal Leagan, así que la selectiva lista era de tan solo 35 caballeros adolescentes entre ellos los Cornwell quienes pese a llevar menos de dos meses en el colegio su calidad humana los hizo hacerse de buena fama y amigos en tan poco tiempo.
Los chicos se cooperaron para pagar al velador para que esté mantuviera alejadas a las hermanas y en caso de que estas preguntarán por la música pues dijera que eran él y su familia celebrando el Año Nuevo. Aunque el área estaba muy alejada del colegio preferían no correr riesgos.
Hubo música, vino, whisky, cerveza y por supuesto mucha comida. Dado que estaban pasados de copas y a falta de mujeres obviamente se divirtieron haciendo cuanto reto y broma tonta se les ocurrió. Al final comenzaron las confesiones que se hacen los chicos a esta edad y por supuesto no podían faltar que dijeran que chica del colegio les gustaba, si ya andaban y los más interesante ¡si ya se habían besado! Stear decidió mejor irse pues no quería que un grupo de niños borrachos se enteraran de su relación con Paty además no veía a Archie por ningún lado, así que se despidió y regreso a su habitación.
Archie solo estuvo un rato en la famosa fiesta pues en cuanto dieron las doce campanadas regreso a su habitación. Ahora no podía conciliar el sueño, miraba y miraba el cielo a través de la ventana mientras estaba recostado en el sillón. Estaba tan absorto en sus pensamientos que ni quiera se habia dado cuenta de la hora.
-¿Archie estas aquí?¿porque regresaste tan temprano? – dijo Stear entrando a la oscura habitación - Habías dicho que querías divertirte en la fiesta de Año Nuevo, pero tampoco quisiste bailar con ninguna chica.
-Perdón Stear por no avisarte que regresaría a la habitación, pero no tenía ánimos de nada -contestaba desanimado Archie que no dejaba de mirar la luna.
-No te preocupes, la verdad es que yo tampoco me estaba divirtiendo mucho y además mi estómago creció el doble no debí cenar tanto -mencionó Stear sobándose su estómago.
-Te lo advertí.
-Archie contestas como en automático, ¿Qué tienes? ¿qué tanto miras? Me estas preocupando.
-Nada en particular es solo que… No puedo quitarme a Candy de la cabeza.
-¡Archie otra vez! – exclamó con fastidio el mayor de los Cornwell
-No, no es lo que tú crees. Solo me siento preocupado, me siento como aquella tarde que murió Anthony -termino diciendo cabizbajo el menor de los Cornwell.
-Archie… hermano – Stear recorrió las piernas de Archie y se sentó junto a él.
-Recuerdo que durante esa mañana estaba ansioso pensé que era por la preocupación de que Eliza se atreviera a hacerle algo a Candy durante la presentación, tal vez era algo que me advertía el peligro que corria Anthony. Pero al ver a Candy con su traje de cabalgar y la sonrisa de Anthony al verla mi miedo se esfumo.
-Si lo recuerdo, se veía tan linda cuando saludo a toda la familia. Y ahora que lo dices yo también me siento preocupado por ella desde esta mañana.
-¿En serio Stear? – pregunto sorprendido Archie que por fin volteo a mirar a su hermano.
-Si hermanito, desde esta mañana me siento así. Pensé que eran los nervios de hablar con Paty, pero aun después de hacerlo sigo preocupado por Candy.
-¿Crees que algo le pase?
-Esperemos que no. Tal vez tu pesadilla se quedó en nuestro inconsciente a eso agrégale que estamos en fechas muy sensibles para personas que hemos perdido a alguien recientemente. Seguro es lo que nos tiene así - dijo serio Stear, de pronto una sonrisa se formó en su rostro - Espera se cómo alegrarte – el hermano inventor corrió a su alcoba, saco de su escondite un objeto y de inmediato regreso con Archie.
-¡Es la cajita de música que hiciste para Candy! – exclamó el pequeño Cornwell.
-Así es y ya está terminada, toma ábrela.
Archie se puso de pie y sin dudarlo la tomo y la abrió. Era tan pequeña que podía sostenerla con la palma de su mano. La melodía comenzó a escucharse por toda la habitación que seguía en penumbras y solo se iluminaba con la luz de la Luna - Es una hermosa melodía Stear ¿tú la compusiste?
-Así es. Y es para que cada vez que ella se sienta triste la escuche y así su tristeza desaparezca. La llamo "La caja de la felicidad de Candy"
-Pues creo que es lo único que te ha salido bien porque a mí ya me quito la angustia - decía sonriente Archie.
-¡Es verdad ya sonríes!, me alegro por ti y que orgulloso me siento de mi regalo. Ahora puedo estar seguro de que Candy será feliz cada vez que la escuche.
-Seguro Stear. Espero que cuando alguien le rompa el corazón esta canción pueda alegrarla. Aunque más bien espero que nadie lo haga o le rompo la cara al que se atreva.
-¡Oye!, entonces eso significa que ya pusiste en orden tus sentimientos.
Archi dejo de mirar la cajita, dio un largo suspiro, miro a su hermano y resignado respondió – Sí Stear, he aceptado que Candy solo me ve como un hermano y un amigo. Así que dejaré de verla como mujer para liberar mi corazón antes de enamorarme de nuevo.
-Me alegra escuchar eso. – dijo Stear sonriente.
-Pero no significa que no la protegeré, al contrario, cuidare que no cualquier idiota quiera robarle el corazón.
-Que orgulloso -comenzó a reír Stear mientras que Archie con tono arrogante se explicaba.
-Es la verdad, si no se enamoró de mí que por lo menos se case con alguien que valga la pena. No sé, que sea guapo… bueno dudo que alguien sea más guapo que yo, pero con que sea bien parecido, y claro debe tener buen gusto, finos modales, educado, inteligente, de buena familia, independiente es decir que se valga por si mismo y no por su apellido acaudalado.
-¿Con título nobiliario también? -preguntaba Stear tratando de contener la risa.
-mmm… no sé, eso haría feliz a la tía abuela, pero a Candy no le interesan esas cosas así que no, no es necesario, bueno con que su nombre pese, es decir que cuando digan su nombre todos sepan quién es..., Oh sí Stear, aunque me pongas esos ojos, una dama Andley no se puede casar con un pobre hombre que solo en su casa lo conocen. Candy merece alguien reconocido, no sé qué sea famoso como… como un actor- Stear no pudo más y hecho a reír por las exigencias de su hermano – ¿De qué te ríes Stear? No veo porque no puedo exigir alguien digno para Candy.
-Es que creo que ya encontré un buen candidato que cumple tus requisitos de "primo protector".
-¿En serio? - Preguntaba sorprendido e ingenuo Archie.
- Déjame decirte que ese joven si es de una muy buena familia de hecho aristócrata, alma de líder, tiene buenas notas, es muy selectivo con sus amistades lo que lo hace más interesante, es muy popular en el colegio y aunque lo he tratado poco parece tener buen corazón y su apellido lo conoce todo el Reino Unido tal vez el resto de Europa también.
-Que muchacho tan agradable, me agrada por como lo describes. Y definitivamente Candy merece alguien así. ¿de dónde lo conoces?
Stear volvió a reír al ver que Archie no cayó en su broma – Ay Archie eres tan inocente me encanta que seas mi hermanito menor.
-¡Basta Stear! Dime ¿quién es? - preguntaba ansioso el pequeño Cornwell.
-Está bien. Estoy hablando de Terry Grandchester – seguía riendo Stear. Mientras que Archie casi lo aniquila con la mirada.
-¡Por Dios Stear estás loco! Ni de broma lo digas. Candy jamás se fijarían en un tipo tan engreído como ese aristócrata arrogante.
-Pero es buena persona y Candy sabe ver el corazón de los demás que es lo único que ella busca en una persona. Conociendo a nuestra prima pecosa seguro encontrara el corazón de Terry. Además, tu pusiste los exigentes requisitos y no negaras que él los cumple.
-¡Cállate! Te recuerdo que me golpeó sin razón.
-Bueno en eso tienes razón y eso le quita puntos. Pero Candy seguro le quitará lo gruñón.
-Basta Stear no es gracioso. Rayos solo imaginarlo me dio jaqueca... ¡Ay no! ¿te imaginas a Candy con nuestro vecinito? Candy es tan dulce y bella que seguro ese aristócrata arrogante pondrá sus ojos en ella. Ah no, no dejare que se pase de listo.
-Créeme yo seré el primero en advertir a Terry que no se atreva a jugar con Candy, pero no creo que sea ese tipo de chicos. No lo sé, Terry no es malo, en serio lo poco que lo he tratado se ve que es de buen corazón. De hecho, me cae bien porque tiene manos de inventor.
-Olvídalo ni loco emparentare con él. Ya bastante tengo con que Eleonor Baker le haya autografiado un libro como para que todavía se quede con el corazón de Candy… ¡Oh que estúpido soy!
-¿Y ahora por qué? -dijo Stear rodando los ojos.
-No he tenido oportunidad de preguntarle a Erik si son ciertos los rumores de que Eleonor Baker viene en el Lusitania para el estreno de Enrique V. Tenía pensado hacerlo en la fiesta, pero lo olvide por completo.
-Es verdad, y a mí no se me ha ocurrido como negociar con Terry los boletos, porque seguro su familia estará invitada al baile de estreno.
-Odio a Terry mira que tener un libro autografiado por Eleonor Baker, lo odio, lo odio, lo oído – Decía Archie como niño empuñando sus manos - Vayamos con Erik, hay que salir de la duda de una vez.
-Me temo que tendrás que esperar hasta regresando de nuestra salida. Cuando regresaba de la fiesta él ya estaba algo desorientado por las copas. Mejor vamos a dormir, recuerda que temprano hay que ir a la misa del 1ro de Enero y si tenemos falta no nos dejaran salir a pasear.
-Tienes razón. ¿Stear? ¿te molestaría si me quedo un rato más para seguir escuchando la melodía? Realmente calma mi ansiedad.
-Claro, adelanté, de paso me haces compañía en lo que le escribo una carta a Paty… ¡ay!
-¿Qué pasa Stear?
-Me está doliendo la cabeza por tanto dulce que cene. Ahora vuelvo iré a la enfermería por medicina y un té. No tardo.
-Está bien.
Stear salió de la habitación, mientras que Archie se dirigió al balcón, una vez ahí y en la oscuridad de la noche abrió la cajita para escuchar tan bella melodía. Y como si hablará con Candy se dirigió a la pequeña cajita de música.
-Sabes Candy, uno de mis doce deseos fue que seas muy feliz... con tu Verdadero Amor (1*).
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Desafortunadamente con la tercera explosión la histeria volvió entre los pasajeros y por los pocos botes hizo que muchos ya no quisieron esperar y empezaron a empujar y pelear por subir rápido a los escasos botes que quedaban. Brian trataba de mantener la calma de los pasajeros en el lado de babor donde ya solo quedaban 3 botes mientras que Robby hacia lo mismo en estribor donde solo quedaban 2 botes.
-Terry no sueltes a Candy, yo cuidare a Gabrielle– ordenó Albert al ver como los pasajeros estaban desesperados por subir al bote.
-Seguro... y gracias. -agradecía el castaño al rubio que cuidaría de su segunda madre.
-Por favor, todos cabemos guarden la calma y suban sin empujar. ¡Peter ya baja ese bote ya se llenó!, Paul ayúdame a detenerlos – decía Robby mientras que ayudaba a una mujer a subir al segundo bote y trataba de evitar los empujones de los pasajeros.
De pronto un hombre saco su pistola y se lanzó contra el segundo Oficial -¡No voy a esperar más!– gritó aventando a la mujer y al segundo oficial.
-¡Cuidado tiene un arma! – gritó otro pasajero y de inmediato se escucharon disparos.
-¡Al suelo! -gritó Albert tirándose al suelo para cubrir a Gabrielle y Terry hacía lo mismo con Candy.
Los marineros que ayudaban de inmediato trataron de contener al desesperado hombre que intentaba volver a disparar. Paul saco su arma y a discreción le dio un tiro en la pierna. Lograron doblegar al hombre. Entre Paul y otros dos marineros lo tomaron y lo metieron al barco.
-"Dios bendito" "¿Están todos bien?" "Santa madre esto es el colmo el barco hundiéndose y ahora esto" -eran algunas frases que se escuchaban
-¿Oficial se encuentra bien? - preguntaba uno de los marineros que se acercaba a su segundo oficial que estaba en el suelo sin conocimiento pues entre el forcejeo cayo y se golpeó la cabeza.
-Dios está sangrando ¡Peter espera hay que subir contigo al Oficial!
-Pónganlo junto a mi yo soy médico -menciono uno de los pasajeros a bordo. Y revisaba la herida del segundo oficial. La herida no era profunda, pero sangraba – No podrá estar así mucho tiempo hay que bajar rápido y tratar de acércanos a donde llegaran los barcos a nuestro rescate.
-Gracias doctor. Bajemos ya hay que llegar al mar rápido. El Lusitania no tarda en llegar -ordenó Peter. De inmediato sus ayudantes bajaban rápidamente el penúltimo bote de estribor.
Candy que estaba en el suelo desconcertada solo miraba la escena, todo paso tan rápido. En segundos su amigo Robby habia sido herido ahora bajaba en el bote número 15 y el hombre que disparo fue llevado a los pasillos del barco. -Terry, ¿Qué harán con el señor que disparo?
-No preguntes pecosa. Mejor hay que acercarnos debemos subir. Solo queda un bote.
Uno de los marineros volvió a dirigirse a los pasajeros – ¿están bien todos alguien más salió herido?
-Sí, ayuda por favor – dijo Gabrielle suplicante y asustada. Lo que hizo que Terry volteara hacia ella
-¿Que tienes, que te paso? – preguntaba asustado al mirar que las manos de Gabrielle tenían sangre.
-No soy yo, es Albert, parece que lo hirió una de las balas perdidas.
-¡Albert, responde por favor Albert! – Candy entro en pánico primero George y ahora Albert. Puppet por su parte lamia la nariz tratando despertarlo.
-Déjenme revisar - el marinero comenzó a revisar la cabeza de Albert que sangraba, pero la herida no era profunda – No se preocupen no es profunda solo fue a un costado. Cerca de al herida que ya tenía es por eso tanta sangre
-Gracias a Dios – dijo Candy que sentía que el alma le volvía al cuerpo
-Señora, permítame su chal para vendarlo – Gabrielle obedeció y de inmediato el marinero vendo la cabeza de Albert – Por favor señora mantenga la herida de su marido presionando para evitar que no siga sangrando.
Terry casi suelta a reír por lo roja que se puso su madrina y Candy al ver esto le pellizcó el hombro – No te burles Terry no es el momento- murmuraba Candy al castaño.
-Lo siento pecosa, pero te imaginas si Albert escucho que Gabrielle es su esposa, seguro se hubiera sentido en las nubes. Definitivamente se lo diré cuando despierte.
-Terry no hagas bromas – regañaba su madrina
-Ash que delicada Lady Hamilton – respondió el rebelde Terry.
-Déjeme cargarlo, usted solo sostenga su cabeza. Joven ayúdeme por favor con sus piernas– pidió el marinero que cargaba a Albert de los hombros y Terry lo tomaba de las piernas. Gabrielle obediente presionaba la herida. Candy y Puppet los seguían.
Paul y el otro marinero regresaban de los pasillos del barco, tuvieron que hacer uso de la pena de muerte contra el hombre que disparo, pues el hombre hirió a un oficial de marina, y además puso en peligro a varios pasajeros.
-¿Como vamos aquí de prisa hay que subir antes de que el barco llegue a 45? -preguntaba Paul.
-Ya las personas se calmaron y están terminando de subir. Solo hubo un herido más, pero ya viene mire- señalaba el marinero.
-Señora suba usted primero para que se siente y mantenga presionada la herida de su marido - el marinero seguía dando instrucciones a Gabrielle y esta obediente las siguió -Su marido estará bien señora.
Terry otra vez quiso reír, pero mejor apretaba los labios y miraba al cielo para evitar los ojos fulminantes de Candy y Gabrielle diciéndose a sí mismo- No te rías Terry o tu pecosa te lanza al mar. Dios voy a ser tan feliz cuando se lo diga a Albert para burlarme. Tío Abuelo y ahora marido ficticio de Gabrielle. Que gran información tengo.
-Terry te estoy viendo y casi puedo imaginar lo que estás pensando.
-Solo miro las estrellas, pecosa.
Ahora Albert estaba en el bote numero 7 sobre el regazo de Gabrielle y la pequeña Puppet se acurrucaba en el estómago de Albert. La pelirroja obediente mantenía presionada la herida cuidando que no siguiera sangrando.
-Tranquila Puppet, él estará bien - dijo sonriente Gabrielle.
Paul se sentía tranquilo porque pese al loco pasajero que disparo sin importarle nada, los dos heridos ya estaban en un bote y no eran heridas graves. Miro su reloj, hizo cuentas en su mente y confiaba que si todo salía bien entre las 2:20 y 2:40 el Lusitania ya estaría cerca. Lleno de entusiasmo se dirigió a los pasajeros que seguían esperando subir.
-Perfecto, ahora sigan los demás por favor, ya no tarda en llegar el Lusitania y los demás barcos.
-Paul espera… ya no hay espacio. -intervino el marinero auxiliar.
-¿Qué? – pregunto sorprendido acercándose para mirar a los pasajeros del bote su compañero tenía razón el bote estaba lleno incluso se veía que iban apretados.
-De hecho, hay diez de más.
-Diablos…- dijo Paul pasándose los dedos entre su cabello. Volteó a mirar a quienes quedaban eran una chica, un joven, 3 hombres adultos y él. -Al menos deja que la señorita suba yo me llevaré al resto a babor Brian no ha venido señal que siguen subiendo gente del otro lado.
-De acuerdo.
-Señorita por favor suba al bote, Señores nosotros iremos al otro extremo ahí aún hay botes – decía Paul dirigiéndose a los pasajeros que seguían en el barco.
-¡¿Qué?! No esperen, Terry sube yo me quedare suban tú y Candy – intervino Gabrielle asustada tratándose de ponerse de pie, pero Albert inconsciente tenía su cabeza recostado sobre sus piernas.
-¡NO! Te quedas en ese bote – decía energico el castaño a su madrina – Candy vamos sube ya oíste aún hay botes del otro lado.
-¡NO! no me iré sin ti- la pecosa se asusto y se abrazo de inmediato a su amado Terry. Por nada se separaría de él.
-¡Señorita no hay tiempo por favor suba ya! -gritó Paul.
-Pecosa voy a estar bien te lo prometo, sube a ese bote por favor -decía Terry tomando las manos de Candy. A esta se le humedecían los ojos de solo pensar en alejarse de su rebelde.
-No Terry, tú lo prometiste. Prometiste que subiríamos juntos a un bote.
-Señorita por favor suba. Ustedes caballeros corran, por la cubierta de la proa llegaran rápido a babor ahí aún hay botes enseguida los alcanzo -– los caballeros de prisa se dirigieron a los botes
-Candy sube…
-Para que salvar mi vida si a cambio debo dejarte -la pecosa se volvió a abrazar fuerte para no soltar a Terry.
-Candy…
-¿Ya olvidaste lo que te dije aquella noche? No subiría a ningún bote hasta que tu estuvieras a salvo también.
-Candy… mi pecosa. Se me olvida que eres una testaruda.
Paul se dio por vencido la famosa pareja del Mauretania no se separaría y se dirigió al marinero que ya estaba por bajar el bote - Baja la señorita no subirá. Vamos de prisa yo los llevaré con Brian que sigue en Babor.
-Entendido.
-¡Terry...! -volvió a exclamar Gabrielle preocupada. A lo que el castaño sonriendo respondió.
-Estaré bien Gabrielle lo prometo, cuida al Sr. Montecarlo. Nos volveremos a ver en Londres.
-Nunca cambiaras… - murmuró Gabrielle mientras se santiguaba y veía alejarse a Terry de la mano de Candy siguiendo a Paul. Sus palabras le hicieron recordar aquel peculiar cumpleaños y su primera despedida en South Hampton.
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Flashback
Palacio de Grandchester. Cambridge, Inglaterra (2*)
El pequeño Terry cumplía 6 años, sería el ultimo que celebraría viviendo con sus padrinos. Y es que Richard Grandchester ya se habia convertido en Duque por lo que tenía todo el poder para proteger a su hijo Terry y la recién nacida Elizabeth.
Además, debido a su nuevo título el nuevo Duque tendría que viajar a Nueva Escocia por un proyecto muy importante delegado por el Rey Eduardo VII. Así que decidió llevarse a Terry con él para recuperar el tiempo que no pudieron estar juntos.
-Sofia tu obligación es estar en el jardín atendiendo a los invitados – ordenaba el Duque que caminaba de un lado a otro en la habitación de su mujer. Pues le exasperaban los caprichos de está.
-Tengo jaqueca te recuerdo que acabo de dar a luz a tu hija – se defendía la mujer que yacía postrada en la cama fingiendo cansancio.
-Eso fue hace 10 meses, déjate de tonterías, bajaras ahora mismo y fingirás ser la madre perfecta para Terry. Tu sabes perfectamente nuestro trato ¡cúmplelo!
-No necesitas recordármelo, utilizaste mi ruina para aprovecharte – comenzaba a cambiar su tono a uno más retador.
-Oh por el amor de Dios Sofia, te hice Duquesa y te salvé de la miseria, como veras más bien te hice un favor. Lo único que debes hacer es ser una buena madre para Terry. Además, te acabo de hacer madre con el nacimiento de Elizabeth y eso no estaba en el trato.
-Sí claro, una hija que no tendrá a su padre porque prefiere largarse a Nueva Escocia con ese bastardo…
-¡Cállate!, en primera Elizabeth es pequeña y no me extrañará, y segundo no se te ocurra volver a repetir esa palabra. Terry no es ningún bastardo. Te recuerdo que está perfectamente registrado. ¡Su nombre es Terruce Graham Grandchester, lleva mi apellido y es mi primogénito te guste o no!
-¡Nunca aceptaré que sea el heredo de los Grandchester!
-Pues hazte a la idea, tienes de aquí a cuando le herede el titulo para hacerlo. Porque Terry es un Grandchester y por derecho primogénito le pertenece. Así se cambien el apellido, mientras el Rey o yo no aceptemos su abdicación toda la herencia de los Grandchester seguirá siendo de Terry. Desde propiedades, joyas, pinturas, cuentas bancarias y ¡hasta los joyeros de su abuela! Todo es de él. Le pese a quien le pese ¡¿Está claro?!
-Ya veremos – pensó la duquesa y llena de rabia estrujaba las sabanas.
-Mañana Terry y yo salimos a primera hora al puerto. Por eso quiero que hoy "mi esposa" este abajo celebrando el cumpleaños de MI HEREDERO. Así que déjate de tonterías y baja. Mandaré a Isabel para que cuide a la pequeña Elizabeth - dijo el Duque saliendo de la habitación cerrando la puerta tras de sí, dando un portazo. Mientras la Duquesa del enojo aventó el primer objeto que encontró haciendo que se estrellara en el espejo del tocador.
Mientras tanto en uno de los rincones del jardín, Gabrielle su nueva mejor amiga la Duquesa Madeleine Baviera y otras señoras disfrutaban de la fiesta infantil mientras tomaban un poco de té.
-Dios Gabrielle, el decorado te quedo hermoso, pero creo que es demasiado para un niño de 6 años – mencionaba la Condesa de York.
-Es mi regalo para Terry, es la última fiesta que podré organizarle así que quise cumplirle su deseo.
-Bueno tanto como deseo, fue más bien un capricho – intervenían Madeleine - Sí señoras, el año pasado por sugerencia mía lo celebramos en el Castillo de Neuschwastein, pero Terry se quejó y lloró. Dijo que parecía de cenicienta y él hubiera deseado un castillo de caballeros medievales. Por eso aquí estamos en el Palacio de Grandchester repleto de escudos, dragones, damiselas y caballeros medievales.
Las mujeres rieron y ahora la Duquesa de Windermere opinaba – pues la próxima vez avísame y le pedimos a mi suegro el Duque de Warwick que nos permita su castillo para celebrar la fiesta de Terry.
-Gracias Duquesa, le avisare a Lady Sofia para que lo tome en cuenta para el próximo año.
-No es nada Gabrielle. Aquí entre nosotras les confieso que desde que Richard tiene su casa de descanso al otro lado del lago de Windermere, he tenido la oportunidad de platicar con su esposa Sofia de Grandchester, no quiero ser grosera señoras, pero Sofia no es nada agraciada y supuse que Terry pues…
-No diga eso Duquesa que nos escucharan -comenzó a reír Madeleine.
-Lo siento, pero no pude evitarlo, en fin, siempre sentí pena por Richard. pero cuando me mostro la foto de Terry ¡Oh Dios! me dije a mi misma, definitivo este niño se robó toda la guapura de su padre Dios bendito Dios no heredo nada de su madre.
-Duquesa no siga – pidió Madeleine riendo al igual que el resto de las señoras. Gabrielle que, si sabía la verdad, solo se dijo a si misma formándosele una sonrisa – De hecho, heredó los bellos ojos de su verdadera madre, su boca, hay mucho de Eleonor en Terry.
-No cabe duda de que lo has consentido demasiado Gabrielle, ahora que este con su madre Sofia de Grandchester, Terry va a sentir un cambio radical – mencionaba otra mujer.
-Oh no, Terry se va con su padre a Nueva Escocia – corrigió Gabrielle.
-¿En serio?
-Precisamente porque Sofia es una amargada y bueno acaba de dar a luz, Richard prefiere llevárselo y para aprovechar el tiempo juntos.
-¿Juntos? Seguro se la pasara en reuniones, juzgados y demás, la diligencia que le dio el nuevo Rey no es nada fácil. El Duque debería reconsiderarlo o bien dejar al pequeño Terry contigo hasta que regrese a Londres.
-Lo mismo le sugerí, pero el quiere tener a Terry, desde los dos años lo dejo a mi cuidado, han sido 4 años que casi no lo ve. Y sabe que regresando a Londres tendrá todavía mas responsabilidades. Así que quiere aprovechar que estarán lejos, serán como unas vacaciones de Padre e hijo.
-Ojalá la Duquesa de Grandchester se vuelva menos amargada en cuanto Terry su primogénito vuelva a estar con ella – mencionó Madeleine
-Sí, seguro – resoplo Gabrielle después propuso - ¿Qué les parece si volvemos al jardín principal? ya casi es hora de partir el pastel – las mujeres aceptaron y se dirigieron al jardín principal.
En el jardín principal estaba Terry que vestía un conjunto de marinerito color azul y de pantalón corto, y como todo caballero la elegancia no podía faltar en él, así que bajo el traje usaba una camisita de cuello alto. Dicho trajecito se lo envió su verdadera madre Eleonor Baker, aunque claro Isabel la nana de Terry, le hizo creer al Duque y a todos que era un regalo que ella misma habia comprado con sus ahorros. Gabrielle de buena voluntad creyendo eso permitió que el pequeño visteara dicho traje en su cumpleaños número 6.
Se veía tan lindo y tierno con su traje de marinerito que su sesión de fotos duro casi una hora. Gabrielle pidió fotos en el salon de baile, en el jardín, en la sala, en las torres, en el estudio y cuanto rincón le pareció perfecto para la sesión, ¡solo le faltó la cocina!
El pequeño cumpleañero no dejaba de sonreír estaba tan feliz. Jugó con sus amiguitos, corriendo por todo el jardín, a las escondidas, a los soldados y demás juegos que se les ocurría. Después de la comida, le cantaron las mañanitas y cortaron el pastel. O mejor dicho los pasteles. Uno que era precisamente para repartirlo a los invitados el cual media casi 3 metros cuadrados, pues eran más de 300 invitados. Obviamente el cumpleañero solo conocía a 20 niños el resto eran adultos desde escritores, artistas, miembros del parlamento, abogados, filósofos, empresarios, políticos, etc. Todos miembros de la exclusiva elite del Reino Unido y por supuesto amigos de su padre y sus padrinos.
El segundo pastel también era de un solo piso y seria repartido entre los niños. Apenas media un metro cuadrado. Terry quedo asombrado cuando vio su pastel pues era nada menos que un teatro visto por dentro, para ser exactos el Memorial Shakespeare Theatre. Las butacas y el decorado eran hechos de azúcar. Las torres que sostenían el telón eran cartón cubierto de betún, solo el telón era de terciopelo y el escenario era lo único de madera y sobre el estaban sus personajes favoritos, Romeo y Julieta, que también estaban hechos de azúcar.
El Duque por supuesto cuando vio el pastel, en un principio odio la idea de semejante decorado pues por obvias razones odiaba el teatro, pero al ver a su pequeño con esa sonrisa de oreja a oreja no le quedó más remedio que aceptarlo, aunque si por él hubiera sido, el pastel ya estaría en el fondo del lago de Windermere.
Terry, tomo a la Julieta que estaba decorada usando un vestido verde y cabello castaño rojizo amarrado con una trenza y una diadema, usaba antifaz al igual que Romeo. Tomo un palillo, lleno la punta con crema de chocolate y le dibujo pequeñas pecas a las mejillas de la Julieta de azúcar.
-Terry que travieso eres – comentó Gabrielle riendo pues le causo gracias lo que hizo su ahijado.
-Esta es la Julieta de mis sueños. Iré a guardarla. -contestó sonriente Terry para después salir corriendo directo a su habitación.
-¡No te tardes, ya casi debemos despedir a los invitados! – dijo la madrina viendo alejarse al pequeño futuro duque después se dirigió a sus amigas – Adora a las niñas con pecas.
-En ese caso hare que mi hija tenga pecas -comento la Condesa de York haciendo que el grupo de nobles mujeres rieran
-Yo haré lo mismo. – agregó la Marquesa de Birmingham.
El pequeño Terry corria escaleras arriba para llegar hasta su habitación, cuando de pronto una horrible mujer le gritó.
-¡¿A dónde vas?! -gritaba la duquesa de Grandchester asustando al pequeño.
-Mamá … voy a guardar mis muñecos... mira son Romeo y Julieta.
-¡Dámelos! son de azúcar y llenaras de bichos tu habitación – dijo la fea mujer arrebatándole los muñecos.
-Pero mami, los cuidare bien, Gabrielle siempre me deja conservarlos en la vitrina del comedor.
-Yo no soy Gabrielle, hazte a la idea de que no voy a soportar niñerías, ¡se acabó!
-Mami, por favor déjame tenerlos – suplicaba el pequeño.
-Que no me llames así, odia que me digas mami…
-Pero … ¿está enojada porque me iré con papá? – el pequeño ahora abrazaba a quien el creía su madre.
-No me abraces… - gritó la mujer aventando al pequeño. Después lanzo lo muñecos haciendo que al caer se partieran en dos.
-Mamá… – murmuro el pequeño comenzando a llorar.
-¡Sofia! – gritó el Duque al ver semejante escena.
-No me vengas con reclamos ahora Richard. Soy su madre ¿no? debo retarlo si se le ocurre guarda estas porquerías en su habitación, solo atraerá bichos. Con permiso – la mujer altanera se retiro sin mirar al Duque.
-Terry ven acá. No llores.
-Mamá esta enojada conmigo porque me iré, ¿puedo quedarme para que ya no este molesta y me permita abrazarla? – sollozaba Terry mientras su padre se ponía en cuclillas para abrazarlo.
-¡Oh no Terry! no esta enojada contigo, es solo que… está nerviosa porque nos iremos un tiempo y además tu hermana es muy pequeña y debe estar al pendiente de ella. Así que eso la vuelve algo difícil. Pero te adora créeme, cuando estuviste lejos no dejaba de preguntar por ti, no olvides las postales que te enviaba.
-Es verdad.
-Ya no estés tristes, justo te buscaba para darte el regalo de cumpleaños de tus ancestros para ti.
-¿Otro? -exclamó sorprendido el caballerito inglés.
-Por supuesto Terry. Como primogénito y heredero de los Grandchester acostúmbrate a que recibirás muchos a lo largo de tú vida.
En realidad, el Duque habia entrado al Palacio para mostrarle a su amigo Lord Hamilton una caja de puros traída desde la exótica Cuba. Pero cuando escucho escaleras arriba los gritos de su esposa contra Terry decidió intervenir. Al ver lo triste que estaba su pequeño recordó que en la biblioteca estaba el regalo perfecto que lo alegraría.
El Duque tomo de la mano a su vástago y se adentraron en los pasillos del enorme Palacio. Caminaban por los pasillos sus paredes estaban decoradas con cuadros pintados por los más renombrados artistas, esculturas de mármol, y por supuesto retratos de sus ancestros. El tapiz simulaba las paredes del Palacio de Versalles idea de la tatarabuela de Terry. Ya ni hablar de los candiles y candelabros algunos de cristal cortado y oro.
Terry ya llevaba un par de meses viviendo en el Palacio, pero de tan grande que era, aun habia habitaciones a las que no se le permitía entrar ya que contenía invaluables objetos y al que lo llevaba su padre era una de ellas. Al final del pasillo habia una enorme puerta de caoba. El Duque la abrió e hizo pasar a su hijo a la enorme habitación. El pequeño abrió los ojos de par en par, al ver semejante Biblioteca. Eran decenas de paredes y estanterías repletas de libros. El mas antiguo databa de 1697.
-Es enorme papi- apenas alcanzó a decir el niño.
-Así es Terry. Todos estos libros se han heredado de generación en generación. Tu bien sabes Terry que los Grandchester no somos cualquier familia de ricos, ¿somos?
-Una familia de nobles de más de 3 siglos atrás y por ser un Ducado el escudo de los Grandchester fue bendecido por el Cardenal y reconocido por Su Majestad por las virtudes y el linaje de nuestra familia (3*) - contestó orgulloso el niño alzando la cabeza, pues era algo que su padre no se cansaba de recordárselo.
-Exacto. Así que Terry puedes estar orgulloso de ser parte de una familia de tan importante linaje. En algunos años tu serás no solo la cabeza de la familia sino también el Duque de Grandchester y miembro de la honorable cámara de Lores.
-Sí, y me convertiré en todo un caballero inglés.
-Bien dicho. Ahora Terry se hace tarde debemos volver para despedir a los invitados así que te mostrare tu regalo, mira ahí está justo en ese estante.
El pequeño Terry corrió hasta el estante señalado por su padre, los libros en el se veían viejos, y estaban forrados de piel, no alcanzaba a leer los títulos, pero una vez que se acerco su asombro se multiplico por cien, mentira por mil, por diez mil veces mas que cuando vio su pastel. Se trataba de la colección de libros de obras y poemas de William Shakespeare.
-¡¿Son para mí?!
-Así es y no son de azúcar… ¡cuidado Terry te puedes caer!
-Estoy bien, solo quiero ver que de verdad son todas – el pequeño estaba tan entusiasmando leyendo el titulo de cada libro, quería cerciorarse que realmente eran todos los libros. Ya subía ya bajaba, recorría la escalera de un lado a otro. Su Padre no dejaba de admirar la felicidad que irradiaba su primogénito y por supuesto se colocaba cerca de él para en caso de que cayera atraparlo pues Terry de la emoción no advertía el peligro de subir y bajar la escalera corriendo o de ponerse de puntitas en el último escalón y estirarse o peor aún que a falta de escalones, quería trepar los estantes para tomar los libros. De pronto su pequeño dejo de sonreír y ahora se mostraba preocupado.
-¿Qué pasa Terry?
-No está papi, … no…no, ese no puede faltar – decía el pequeño con voz entristecida, que buscaba sin parar.
-Terry ¿de qué hablas?
-Papi no está… no está el libro de Romeo y Julieta – contesto el pequeño mirando con ojitos tristes a su padre.
-No puede ser ahí… - el Duque se interrumpió al recordar que efectivamente la colección estaba incompleta. Romeo y Julieta fue el regalo de bodas que le dio a su amada Eleonor Baker. El recuerdo lo entristeció y le quebró el corazón cuando miro los ojos color mar de su hijo, eran tan parecidos a los de su madre – Ahora que lo recuerdo lo preste a la Universidad de Londres, pero no te preocupes regresando de nuestro viaje se los pediré para que tu colección ya este completa. Ahora será mejor irnos debemos despedir a los invitados.
-Si papi – el pequeño bajo de la escalera y tomó la mano de su padre –Pero el libro es del mismo año que el resto de la colección ¿verdad? sino no será bueno.
-Sí Terry es la misma edición. Tu tatarabuelo consiguió esa colección en una subasta de la casa de Christie´s (4*).
Los años pasaron y Terry siempre preguntaba a su padre si ya le habían devuelto tan preciado libro a lo que esté siempre se iba por la tangente. Fue cuando Terry cumplió 10 años que dejo de molestar a su padre con la misma pregunta. El duque creyó que ya lo habia olvidado, pero en realidad fue porque quien tenia tan preciado libro se lo dio autografiado.
-Nana, es un regalo de la señorita Eleonor – decía Terry mirando la tarjeta.
-Sí Terry, quedo muy feliz al conocerte aquella tarde en el teatro y te envía esto desde Nueva York. Dice que es por tu cumpleaños número 10 aunque ya pasaron unos meses quiso dártelo.
-De verdad ¿y qué es?
-Ábrelo. Pero recuerda que tu padre no debe saberlo ya sabes lo que opina de los actores.
-Nana ¡es el libro de Romeo y Julieta el que hace falta en mi colección! ¡es la misma edición! Sí nana es la pieza faltante. ¡Qué coincidencia! ¿O será que en realidad la señorita Eleonor es a quien papá se lo presto y como muestra de cortesía ella ahora me lo da a mí?
-Puede ser, pero mira la dedicatoria.
""Con todo mi amor para mi fan número uno Terry Grandchester" Eleonor Baker.
-Voy a leerlo ahora mismo.
-Terry que te parece si lo guardo en mi cuarto y cuando gustes puedes leerlo ahí, si tu padre lo descubre, preguntará como es que la señorita Eleonor te conoce, y sabrá que fuimos al teatro sin su permiso y tú sabes cómo se pone tu padre si lo desobedecemos.
-Tienes razón será nuestro secreto. Vamos entonces a tu habitación me muero por leerlo y saber que son esas frases subrayadas.
-Está bien vamos.
-Sabes que Erik envidia mi colección de Shakespeare, como me hubiera gustado presumirle mi dedicatoria de la mejor actriz de Broadway.
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En el bote numero 3 ahora viajaban Gabrielle junto a Albert, Puppet y otros 73 pasajeros, cuidadosamente el bote llegó al mar y ahora se alejaba rápidamente para evitar ser succionados por el hundimiento.
En la mente de Gabrielle venían las imágenes de aquel día en que se despidieron en el puerto de Southampton para que Terry viajara con su padre a Nueva Escocia, duraría casi 2 años lejos de Inglaterra. Por tal motivo ambos lloraron pues fueron madre e hijo durante 4 largos años.
El barco zarpaba y Terry desde la cubierta se despedía alzando la mano.
-Hasta luego Gabrielle, hasta luego padrino.
-Cuídate mucho Terry, por favor obedece a tu padre y no te metas en problemas – se despedía la madrina que no pudo contener las lágrimas.
-¡Estaré bien Gabrielle lo prometo, cuida a Lord Hamilton, nos volveremos a ver en Londres!
Fue la misma sonrisa y casi las mismas palabras que Terry uso aquella tarde para despedirse de su madrina. Ahora ella oraba y pedía a Dios de la misma manera que lo hizo aquella vez – Cuídalo Dios, por favor protégelo y permite que nos volvamos a ver en Londres.
Continuará…
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(1*) ¿Verdadero Amor? No solo yo digo que Terry es el verdadero amor de Candy también lo dijo Mizuki. Según lo que acabo de encontrar en la red, Mizuki menciono que lloró cuando escribió la separación de Broadway porque sentía que era ella quien perdía a su VERDADERO AMOR. Otra razón que confirma que Terry es ¡Anohito!
(2*) Encontré que hay un pueblo hermoso llamado Grantchester en el condado de Cambridge, Inglaterra. Dato curioso una de las calles principales se llama Broadway y otro dato curioso es que se dice que tiene la mayor concentración de los ganadores del Premio Nobel.
(3*) Las familias pueden hacerse de un escudo que los represente. Pero solo los monarcas como Duques, Marqueses, y Condes tienen la distinción de tener un Escudo de Armas aprobado por Su Majestad y claro pasan de generación en generación. Además del escudo también tienen el derecho de usar una corona. Y luego por qué nuestro rebelde es tan engreído. Aunque claro nuestro guapo caballero inglés decidió ser reconocido por cuenta propia y se convirtió en el mejor actor de Broadway y conquistó Inglaterra con Hamlet.
(4*) La casa Christie´s es una casa inglesa de subastas. Es considerada una de las más reconocidas y antiguas casas de subastas a nivel mundial. Su primera subasta fue en 1766.
Espero que hayan disfrutado de la fiesta de cumpleaños de Terry, quise incluirla porque hoy es su cumple. Obvio se divirtió mucho porque a mí me gusta que sea muy feliz. Felicidades al caballero ingles más guapo del Candymundo y del mundo mundial.
Gracias por felicitarme por mi cumpleaños y mil gracias por sus comentarios tan lindos, de verdad me hacen muy feliz y me motivan a terminar. Natalia, Astana, CCG, Lydia Grandchester, Yesi Hernandez, Eli, Anieram, Monchi, Genesis, Skarllet Northman, Blanca G, Nally Graham, Miriam 7, Grandchesterandry, Rous JD, Gladys, Anabella, Crazy76, Kaori Shiny, Rosario, Lupita, Flor M, Maylen y todos los Guest.
A quienes se acaban de unir Jessie3cug y quienes me leen de forma Anónima también gracias.
Respondiendo a sus comentarios (algunos no porque con este capítulo, creo la mayoría quedo aclarada).
1: Me temo que seguiré siendo cruel, así que sigan comprando pañuelos que lo que viene supera lo de Broadway.
2: Susie y el Sr. Carson serán salvados por Charlie, un duende irlandés y un caballero inglés.
3: El reencuentro de Eleonor y el Duque ya esta por darse yo calculo que unos 3 capítulos más. Estoy ansiosa de que lean lo que le dice el Duque, seguro las hará decir ¡WOW!
4: Sí, Terry y Candy van a derramar un par de lagrimas más. Y ustedes también :¨(
Bendiciones a todas y todos los Canderrys del mundo mundial y feliz cumpleaños Terry te aseguro que en mis fic siempre te haré muy feliz :)
