Hola de nuevo a todos.

Lo primero agradecer que continuéis siguiendo la historia. Y sobretodo gracias por los comentarios, animo al resto a hacer lo mismo.

He reescrito este trozo varias veces porque no lograba dar a entender lo que yo quería, espero por fin haberlo logrado y que no quede todo muy forzado. No quiero que suene como excusa, pero hay varios tipos de escenas que no se me dan muy bien relatar... he hecho lo que he podido y ha salido esto.

Espero que os guste y que disfrutéis de la historia tanto como yo disfruto escribiéndola.

El regusto amargo de no haber actuado bien aún reposaba en el paladar de Lena. Al principio había pretendido no creer lo que Supergirl le decía, pero hasta para ella era llegar demasiado lejos en una simple mentira. Y aunque luego había aceptado que era algo plausible, no quitaba para que tampoco le gustara sentirse presionada o que jugaran con su vida como si no valiera nada o no le importase a nadie.

Cogió el teléfono y jugueteó con él, estaba a punto de llamar a Kara pero no sabía como debía comportarse con ella, las últimas veces que había seguido sus impulsos o deseos no habían terminado muy bien, así que ahora la duda le atenazaba y le impedía movilizarse con soltura.

El sonido súbito y no familiar de un teléfono le hizo alejarse de sus pensamientos, miró el suyo propio que aún tenía en sus manos y comprobó que el sonido no salía ni de él ni del fijo.

Se levantó intrigada y puso atención para descubrir de donde venía aquella llamada. Se acercó al sofá blanco y el sonido se hizo más claro, empezó a rebuscar entre los cojines hasta que descubrió un móvil antiguo con la tapa que se iluminaba. No lo había visto nunca, parecía un móvil de prepago que seguía sonando sin descanso y que indicaba que un número privado estaba llamando.

-¿Sí?- preguntó tras descolgarlo.

-Hola.-

-¿Con quién quiere hablar? Alguien ha dejado olvidado el móvil en mi oficina.-

-Quería hablar contigo.-

-¿Peter?- preguntó confundida.

-Buena memoria.-

-¿Cómo has…?

-Cuando algo me interesa soy muy tenaz.- dijo con tono triunfante.

-Esto no es tenacidad, es acoso.-

-Llámalo como quieras, no vamos a discutir por una cuestión de semántica. La cuestión es que tú te empeñas en subestimarme y a mí me encanta descubrir nuevas formas de ser tenaz contigo.-

Lena estuvo a punto de colgar, pero sabía que eso solo llevaría a una sucesión de llamadas hasta que Peter le dijera lo que le tenía que decir, así que le siguió el juego para ver hacia donde quería llegar.

-Tengo entendido que nos dejarás pronto.- Inquirió Lena con desprecio.

-Sí. He de reconocer que tu amiga de acero impone bastante. Por eso te llamaba, para despedirme.-

-Eres muy amable, pero no hacía falta.-

-Tu triste voz denota otra cosa, pero tranquila, intentaré estar en contacto contigo el máximo de veces posible.-

-Hazlo.- le retó. -Mi seguridad te estará esperando gustosamente.-

-Mi querida Lena… Desde que te conozco has estado rodeada de seguridad y eso nunca me ha impedido acercarme y hacer lo que quería contigo.-

-Ya no soy una niña asustadiza, las cosas han cambiado.-

-Cierto, ahora eres una atractiva mujer orgullosa, a la que no le gusta involucrar a los demás en sus problemas. Por eso enseguida tuve dudas de que la visita de Supergirl hubiera sido idea tuya… lo que ahora me lleva a pensar que nuestra relación seguirá siendo nuestro pequeño secreto.-

-Ya no te subestimo Peter. Ojala me dejaras demostrártelo para que se te bajaran esos humos.-

-Tendrás millones de ocasiones. Quizá no ahora, ni mañana. Quizás no dentro de una semana, ni dentro de un mes, quizás tengas que esperar un año o dos o cinco. O quizás no tengas ninguna ocasión para demostrármelo porque habrá pasado tanto tiempo que ni te acordarás de mí y estarás tan tranquila sobrellevando tu monótona, inútil y vacía vida que no me verás venir. Pero te aseguro que cuando me veas todo tu pasado caerá sobre ti como una losa y no me volverás a olvidar.-

Un silencio se hizo al otro lado del teléfono solo interrumpido por una Lena que intentaba tragar una saliva seca que impregnaba su garganta.

-Aunque quizá no tengas que esperar tanto tiempo mi querida Lena.- continuó amenazando Peter.- Quizá hay una remota y pequeñísima posibilidad de que de nuevo haya logrado burlar tu absurda seguridad y yo mismo haya puesto este teléfono esta misma, mañana en el despacho, durante una de tus tantas idas y venidas fuera de la oficina. Y quizá, solo quizá, aún esté en la terraza, observándote, vigilando tus movimientos, viendo como mueves tu culito de lado a lado, o viendo como te acabas de girar intentando descubrirme en la terraza de forma asustada porque te has vuelto a dejar engañar. Pero te equivocas, no estoy en la terraza, porque ese aliento que ahora mismo acabas de notar rozando tu nuca es el mío.-

Lena se giró asustada, la sugestión que le producía Peter era de proporciones épicas y no sabía qué hacer para controlarla.

-Ja ja ja.- una sonora risa salió expelida de la boca de Peter. -¿Podrás dormir esta noche?- preguntó son sarcasmo.

-Eres escoria.-

-Y tú demasiado predecible. Tranquila, no estoy en tu despacho. Ya te he dicho que me voy a ir una temporada. Solo quería tener un pequeño momento de diversión contigo y que tú tuvieras la oportunidad de disfrutarlo. Porque no lo olvides, llegará un momento en que te sentirás a salvo, tranquila y yo estaré ahí para recordarte que no estás segura en ninguna parte. Lena, yo sé cuándo voy a volver a verte, pero tú no sabes cuándo me verás a mí. Y créeme que cuando me veas, nuestro encuentro será inolvidable.- Peter terminó la frase con un sonoro y desagradable beso.

Lena colgó furiosa y tiró el móvil contra el sofá con una rabia que a duras penas podía controlar.

No le gustaba la sensación que tenía cada vez que hablaba con Peter, ejercía tal control sobre ella que el simple hecho de respirar mientras interactuaba con él suponía todo un sobresfuerzo.

Se quedó mirando a la pared, pensativa, varias ideas sin forma definida rondaban su mente, esperando que alguna se convirtiera en algo sólido que poder llevar a cabo.

Volvió a coger el teléfono y lo inspeccionó más detenidamente, pero en la pantalla solo había reflejada aquella desagradable llamada que había recibido. Era un móvil viejo, sin acceso a internet y con una tarjeta prepago que inspeccionó sin descubrir nada anómalo.

Metió el móvil en el primer cajón de su mesa con el firme propósito de mandarlo luego a la sección de informática para que lo inspeccionaran, ahora tenía otras cosas más importantes en las que pensar.

Se levantó, dio un par de vueltas en el despacho y con una idea firme en su cabeza, cogió un disco duro que guardaba en una de sus cajas fuertes.

Por un segundo volvió a pensar en Kara y en como actuar con ella, pero una vez más lo pospuso para emplear el tiempo en cosas que sí sabía como solucionar.

Salió del despacho y llamó la atención de Sam que parecía estar transcribiendo varios textos que ella misma había grabado en días anteriores.

-Sam, voy a mi laboratorio privado a trabajar un poco.- dijo dirigiéndose a su ascensor privado.

-Sí señorita Luthor.-

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Kara no había sacado nada en claro yendo al DEO. Todos trabajaban frenéticamente para obtener algún tipo de información sobre el paradero de Alex pero nadie lo estaba consiguiendo. Los hombres de CADMUS habían borrado sus pasos demasiado bien, sin contar con que no había nadie retenido que pudiera ser interrogado.

Las horas iban pasando y Kara miraba el reloj viendo como la esperanza de vida de Alex se iba acortando drásticamente. Era el momento de ir a ver de nuevo a Lena, pero esta vez sin subterfugios de ninguna manera, esta vez la vería como Kara. Sabía que era egoísta por su parte pretender que Lena arriesgara su vida por salvar la de su hermana, pero la inminente muerte de Alex era una realidad y el peligro que podía correr Lena solo era hipotético, al fin y al cabo tendría a todo el DEO y a Supergirl siguiendo sus pasos en todo momento.

Aquel último pensamiento cambió su percepción de las cosas y empezó a enfurecerse por la actitud ciertamente egoísta de Lena, ni siquiera les había dado una oportunidad, un no rotundo había salido en la conversación desde el primer momento.

Entró en las oficinas e intentó calmarse un poco, intuía que siendo amable o victimizándose conseguiría algo más que entrando enfadada o demandando ayuda.

Se acercó a la mesa del hall y la saludaron cortésmente, Lena no le había quitado sus privilegios y aunque la seguridad había variado mucho en número en aquellos últimos días, pudo acceder hasta su despacho sin ningún tipo de problema.

-Hola Sam.-

-Hola seño… hola Kara.- rectificó recordando las veces que le había pedido que la tuteara. -La señorita Luthor no está en el despacho.-

-Debí haber llamado antes, pero me corre prisa. ¿Sabes si va a tardar mucho?-

-Está en su laboratorio y allí dentro pierde la noción del tiempo.- se excusó,

-¿Podrías decirle que he venido y necesito hablar con ella? Es importante.- recalcó.

Sam la miró pensativo, sabía que a su jefa no le gustaba que la molestaran mientras estaba trabajando en sus investigaciones, pero había notado que siempre estaba ansiosa por hablar con Kara y que posponía todas sus otras citas por las de ella, así que presumió que no le importaría.

-Ahora se lo digo. Espera en la sala y ahora mismo te comunico lo que me ha dicho.-

Kara se sentó nerviosa, había dado por supuesto que podría verla sin ningún problema y ahora que se encontraba ahí esperando no las tenía todas consigo. De hecho no sabía si tras su última conversación Lena aceptaría verla, tenían una relación complicada que distaba mucho de poder resolverse a corto plazo.

Todo había ido tan deprisa en aquellos últimos días que no había podido entretenerse en pensar de nuevo a donde les llevaba todo aquello y aunque sabía que el verla como interactuaba como Kara le llevaría a replantearse ciertas cosas, también sabía que no era ni el momento ni el lugar adecuado.

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Lena apareció a los pocos minutos. En cuanto Sam le avisó de que Kara la estaba esperando dejó lo que estaba haciendo y fue con prisa a su despacho.

Llevaba mucho tiempo deseando ver a Kara, la había echado muchísimo de menos y aunque no fuera en el momento más adecuado, no podía negar que se alegraba de tener la oportunidad de verla de nuevo.

La vio antes de que ella la viera, y se detuvo unos segundos a observarla con cierta ventaja. Su mirada y gesto eran tristes, el movimiento repetitivo de sus manos evidenciaba que estaba nerviosa y aun con todo eso seguía siendo la mujer más hermosa que Lena hubiera visto jamás.

Su primer impulso fue acercarse y abrazarla, pero sus años de entrenamiento social se lo impidieron muy a su pesar. En su lugar, se acercó pausadamente y se contuvo en sus palabras.

-Hola Kara.-

-Lena.- dijo con una mezcla de anhelo y alivio mientras se levantaba del asiento.

Lena hizo un gesto para que entraran a su despacho.

-Sam, no quiero que nadie nos moleste.-

-No se preocupe.-

Kara entró primero mientras Lena le sujetaba la puerta.

-Hola.- dijo Lena de nuevo nada más entrar.

-Hola.- repitió Kara manteniendo una distancia prudencial. ¿Qué te ha pasado?- preguntó señalándole la frente.

Lena no entendía a que se refería y se miró en el espejo.

-Es una mancha de grasa, estaba soldando. Lo siento, he subido con prisa y ni siquiera me he lavado las manos.-

Lena se acercó al lavabo, humedeció un papel y se limpió la frente.

-Te esperaba mucho antes.- continuó diciendo Lena mientras se lavaba las manos. –Me sorprendió no verte con el Supergirl Team.-

-Estaba intentando averiguar el paradero de mi hermana por mi cuenta, aunque como ves no lo he conseguido.-

Kara se quedó en silencio y le dio la espalda a Lena posando aquella mirada perdida hacia el ventanal. Hacía verdaderos esfuerzos para mantenerse fría y entera, pero la mirada compasiva de Lena no se lo estaba poniendo nada fácil. Lena acabó de secarse las manos, se acercó por detrás y no pudo más que abrazarla mientras posaba su barbilla en el hombro de Kara.

-Lo siento mucho Kara.- le susurró mirando el reflejo de Kara en la ventana.

-Además, tampoco quería influenciarte en tu decisión con mi presencia.- terminó diciendo con una entereza estoica.

-Y aun así estás aquí.-

-Lo sé.-

Kara atrajo más hacia ella los brazos de Lena, su tacto se hacía diminuto para abarcar todo el dolor que Kara sentía en esos momentos. Cerró los ojos intentando concentrarse en aquel momento para que le llevara a una sensación de falsa seguridad, pero todo era inútil y la realidad seguía siendo demasiado cruda. Se dio la vuelta y sin dar opción a nada más se acurrucó sobre Lena esperando que volviera a abrazarla y que le dijera que todo iba a ir bien.

Lena pudo sentir el dolor de Kara mientras la abrazaba, estaba desconsolada y ella no sabía exactamente como actuar para aplacar ese dolor momentáneamente.

-Lena, no puedo quitarme de la mente las imágenes de mi hermana maniatada y herida.-

-¿Has visto el video?- preguntó Lena sorprendida.

-Sí, pude verlo.- de repente un nudo más fuerte asoló su estómago. -No lo había pensado hasta ahora, pero puede ser el último recuerdo que tenga de mi hermana.-

Un llanto monótono se hizo audible y Lena la abrazó con más fuerza mientras se mantenía en silencio a la espera de que Kara se desahogara del todo.

-Lo que más me impresionó de ella es que a pesar de toda la situación quería parecer entera. ¿Pero sabes?, por mucho que lo intentara vi miedo y desesperación en su rostro. Lena, espero que nunca tengas que ver eso en el rostro de alguien a quien quieres.-

-Ya lo estoy viendo.- susurró, también con ganas de llorar pero haciéndose la fuerte.

-¿Qué has dicho?- Kara tenía puesta su atención fuera de aquel despacho y no había escuchado lo que Lena había dicho.

-No tiene importancia.- le acarició la melena rubia y sin darse cuenta le dio un beso en la frente, en el nacimiento del pelo, como si aquello pudiera protegerla de todo mal.

Kara agradeció su muestra de cariño, sus ganas de protegerla y su rostro con gesto compungido, pero le preocupaba que Lena, a pesar de todo aquello aun no se hubiera pronunciado en su decisión, así que decidió ser algo más sincera con ella.

-Creo que no te lo había dicho nunca.- se separó un poco y la miró a los ojos. –Pero yo también soy adoptada.-

-No, no lo sabía. Al final vamos a tener más cosas en común de lo que yo pensaba.-

-Mi madre biológica era juez y mi padre científico. Hubo un accidente y murieron los dos… eran mi única familia.-

-Lo siento mucho Kara. No sé porque me estás contando esto, pero no necesitas remover viejas heridas.-

-Yo era ya un poco mayor para conseguir que alguien ajeno a mi familia se hiciera cargo de mí.- continuó, haciendo caso omiso de las palabras de Lena. -Pocas personas habrían aceptado a una niña extraña y casi pre adolescente en su casa, pero entonces encontré a los Danvers. Alex al principio era reacia y no me quería en su casa, por supuesto nunca me lo dijo, pero eso se notaba. Aun así, me defendía en el colegio y se preocupaba por lo que me pasaba. Los años iban pasando y conforme más tiempo pasábamos juntas, más adoptaba el papel de hermana mayor y más dependíamos la una de la otra.-

-Tuviste suerte con tus dos familias.-

-En cierto modo. Pero al conocer tanto a las dos, a veces siento que defraudo a todos mis padres si siento más amor hacia unos que hacia otros.-

-Pero con Alex es diferente, ¿no?-

-Yo era hija única. Así que no debía repartir mi cariño con más hermanos. Alex se convirtió en todo mi mundo y aun lo sigue siendo.-

-Y quieres que yo salve tu mundo.- añadió Lena entendiendo que toda aquella exposición de sentimientos tenían el fin de ablandar los suyos.

Kara la miró a los ojos y emitió una media sonrisa. Se alejó del todo del contacto de Lena, estaba avergonzada por haber sido tan transparente a la hora de intentar inclinar la balanza hacia el lado sensible para que ésta cambiara de opinión.

-Lena, eres… somos…- aun no sabía como definir aquello. –Voy a ser sincera, no sé lo que somos, pero sí sé que eres muy importante para mí y sé que yo lo soy para ti. Y siento ser egoísta con lo que te estoy pidiendo, pero te necesito, porque sin mi hermana yo no soy nada.- Toda la precaución había desaparecido en el tono de voz y ahora las formas directas invadían su discurso.

-Kara, yo…-

Aquella frase sonaba a negación y disculpa y Kara intentó frenarla por todos los medios.

-Lena, sé que es difícil para ti y es normal que tengas miedo, pero tendrás a la policía, al FBI y a Supergirl vigilándote. Nada puede salir mal, nada tiene que salir mal.- Kara tomó la mano de Lena y la acarició con el pulgar mientras sus ojos volvían a empañarse con unas lágrimas que no quería soltar. -Porque si saliera mal perdería a las dos personas que más quiero en este mundo y no lo voy a tolerar.-

Aquellas últimas palabras de Kara calaron hondamente en los oídos de Lena. Sabía que estaba siendo sincera, pero aunque no quisiera admitirlo también sabía que la premura por convencerla la había abocado a expresarse en aquellos términos tan claros.

-Kara, espero que lo entiendas, pero no puedo hacer lo que me pides.- el corazón de Lena se rompió en mil pedazos mientras decía aquella frase.

-Pues no, no lo entiendo.-

-He luchado mucho por…-

-Se pueden librar más de una batalla a la vez.- le interrumpió.

-Yo no.-

-¿Acaso quieres que te lo suplique?- preguntó a la defensiva.

-Nada cambiaría.-

-Las dos personas más poderosas de esta ciudad no pueden hacer nada por salvar a la persona que más quiero, y eso me está devorando por dentro. Necesito que reacciones y hagas algo Lena, necesito a la Luthor fuerte y poderosa que pueda rescatarme y hacer que mi existencia vuelva a ser feliz.-

-Ojala pudiera.-

-Más bien ojala quisieras.- dio un paso hacia atrás y de repente una idea inundó su mente. -¿Esto es por lo de otro día?- preguntó desesperada. –Es un castigo porque no estuve receptiva a… bueno tú ya sabes que pasó, estabas ahí.-

Un pinchazo de dolor atravesó el cuerpo de Lena. Suponía que la rabia hacía que Kara hablara así, pero no podía creer que estuviera insinuando que no la ayudaba porque en su momento Kara no había correspondido a sus sentimientos de la manera que a ella le hubiera gustado.

-No esperaba que fueras tan manipuladora.- continuó atacandola tras el silencio de Lena.

-Y si fuera así ¿qué harías al respecto?- preguntó Lena con soberbia y cierto enfado.

Kara se acercó más a Lena y sin mediar palabra comenzó a besarla con algo de brusquedad. Al principio Lena intentó rechazarla pero el sentir el cuerpo de Kara tan cerca y sus labios devorando los suyos hizo que su raciocinio se nublara y se dejara llevar por aquel momento. Sus lenguas se buscaban y se encontraban moviéndose rápidamente a un ritmo al que se habían acoplado con cierta facilidad. Kara alternaba esos besos con pequeños mordiscos en el labio inferior de Lena, que hacían que ésta gimiera contra su voluntad.

Kara se separó un poco y miró a Lena que estaba con los ojos cerrados y la boca entreabierta esperando que siguiera con esos ansiados besos. Tomó la melena negra de Lena entre sus dedos y tiró de ella hacia atrás haciendo que su cuello quedara más expuesto. Kara atrapó el lóbulo de la oreja entre sus labios y empezó a juguetear con él mientras Lena notaba como un escalofrío atravesaba todo su cuerpo. Recorrió el resto del cuello con la punta de la lengua y comenzó a dar pequeños besos húmedos mientras bajaba hacia el escote.

Kara actuaba con una mezcla de rabia y deseo, quería conseguir algo, pero también estaba aprovechando para dejar a un lado sus represiones y seguir sus instintos, aunque quizá no en la forma que realmente le hubiera gustado.

Kara tiró de la blusa de Lena e hizo que un par de botones saltaran y dejaran al descubierto aquellos pechos enmarcados por el encaje negro del sujetador.

Lena quiso quejarse, pero todos sus esfuerzos quedaban en nada al notar el suave tacto de Kara rozándole por encima de la tela.

-Así no Kara.- logro decir por fin.

Pero lo único que obtuvo por respuesta fue que la cabeza de Kara se perdiera en ese profundo escote mientras comenzaba de nuevo a besar la piel descubierta.

Lena oyó su propio jadeo y logró recomponerse en cierta medida. Aquello era lo que más deseaba, pero no quería que fuera en esas circunstancias ni bajo esa presión. Quería hacérselo ver a Kara pero sabía que el dolor actuaba por ella y que solo pararía en seco si se sentía todavía más herida o traicionada.

Lena elevó el rostro de Kara para poder volver a besarla y esta vez fue ella quien comenzó a tomar la iniciativa. La empujó hacia la mesa que había detrás e hizo que se sentara en el borde mientras recorría su cuerpo con caricias deseosas de abarcar algo más. Las piernas de Kara se abrieron y Lena coló su cuerpo entre ellas mientras veía como toda la brusca iniciativa de Kara estaba desapareciendo y comenzaba a comportarse como era ella, tímida y delicada.

Lena subió un poco la falda de Kara y cerró los ojos mientras se concentraba en el suave tacto que producía el roce de sus dedos con el interior del muslo de Kara. Un calor abrasador inundó su mano y un pulgar audaz rozó con timidez la tela húmeda que cubría su centro.

Kara dio un respingo, se arqueó y cerró un poco las piernas para que aquel roce fuera un poco más profundo. Lena la siguió besando a la espera de alguna señal que le indicara que parase, pero Kara volvió a abrir las piernas y con un ligero e inequívoco movimiento de caderas le indicó que podía seguir.

Lena tragó saliva y cerró los ojos con fuerza para enfrentarse a lo que estaba a punto de hacer. Sabía que era cruel y mezquino, pero había tomado una decisión mucho antes de que Kara fuera a verla a su despacho. Había decidido hacer las cosas a su manera y no incluían implicar a Kara o hacer que ella pudiera sentirse responsable de nada de lo que pudiera ocurrir a partir de ese momento. Necesitaba alejarla de ella y Kara le había puesto la manera de hacerlo en bandeja.

-¿Estas cachonda?- preguntó Lena de la forma más tosca posible y sin esperar contestación. -¿Seguirás igual de cachonda cuando te diga que no voy a ayudar a tu hermana?-

Kara abrió los ojos como un resorte y una súbita nausea se instaló en su estómago. Se separó de los labios de Lena y la empujó con la suficiente brusquedad como para que Lena tuviera que retroceder varios pasos. Aquella frase había sonado tan barriobajera que cada vez que la recordaba le hacía sentirse sucia y despreciable.

Kara se recompuso como pudo y miró a Lena con desprecio intentando descubrir el motivo de tanta crueldad.

-No soy ninguna puta.- se defendió dolida. -Que ciega he estado contigo. La culpa es mía por pedirte que sacaras lo Luthor a relucir.- quería parecer furiosa, pero la tristeza invadía sus palabras. –No era esta Luthor la que yo esperaba.-

Lena tuvo la decencia de no añadir nada más a todo aquel sinsentido. Con la excusa de recomponer su pelo e intentar arreglar su blusa rota, evitaba mirar a Kara a los ojos, sabía el daño que había hecho, no necesitaba leerlo en aquella mirada azul.

-No siento más que desprecio hacia ti. Desprecio y pena porque te dedicas a rodearte de mierda y a alejarte de las personas que pueden salvarte.- Kara la miró con furia y no recibió más que otro desplante silencioso. -Y pensar que en algún momento me compadecí de ti… Peter y tú os merecéis mutuamente.-

Lena cerró los ojos intentando esquivar con indiferencia aquellas palabras. Cada segundo que pasaba se auto persuadía de que aquello era lo mejor, estaba convencida de que Kara olvidaría antes la rabia de esa traición, que la culpa por creer que había abocado a Lena a un probable nefasto final.

Kara salió del despacho sin una despedida, no había nada más que decir y tampoco quería perder más el tiempo con aquella absurda situación.

Una apenada Lena la observó marcharse, sabía que había pocas posibilidades de volver a verla, simplemente esperaba que Kara entendiera en algún momento que lo que había hecho era por su bien.

Se sentó en su silla intentando que no se desbordaran sus intensas ganas de desfallecer y abrió el cajón donde dejaba su abultada agenda. Removió varios papeles hasta encontrar el que buscaba, cogió el móvil que había usado Peter con ella y marcó un teléfono que creía que no utilizaría nunca.

-Lo haré.- dijo apenas hubieron contestado. -Accederé a lo que me habéis pedido, pero yo también tengo condiciones.-

La conversación parecía un monologo por parte de una Lena que poco a poco iba desgranando lo que quería conseguir con aquel intercambio de intereses.

-Ahora mismo me encargaré de avisar a Supergirl.- añadió. –El tiempo corre y no tenemos ni un minuto que perder.-

Lena colgó con cierto aire renovado, no sabía si había hecho bien o mal accediendo a entregar ella misma el isótopo, pero por lo menos así tendría la mente ocupada en algo que no fuera su propia vida.

Lo primero que hizo fue confeccionar un mail para sus abogados, con un archivo de vídeo en el que ponía al día su testamento y nombraba a sus sucesores tanto en la empresa como en la fundación. Eran cosas que había ido posponiendo, pero que ahora veía con claridad que eran de extrema necesidad.

Escribió también varios mails a la gente que había dejado atrás en metrópolis, todos llenos con excusas vagas y sentimientos disfrazados para que no dieran lugar a muchas preguntas o devaneos.

Y también escribió un mail de disculpa a Kara, un mail que aun no sabía muy bien si debía ser mandado. Estaba convencida de que había actuado bien, pero por otra parte tenía la egoísta necesidad de redimirse ante Kara y de que ésta la perdonara.

Hizo el esfuerzo de cerrar el ordenador sin mandarlo y avisó a Sam por el intercomunicador.

-Sam, diles a los técnicos que estabilicen el isotopo R-135 y lo preparen para ser trasladado… lo necesito para ayer.-

-Sí señorita Luthor.-

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Kara esperó a que se cerrara el ascensor para echarse a llorar. Sabía que había cámaras que la estaban observando pero no podía aguantar hasta salir del edificio.

Se sentía traicionada y decepcionada, pero sobretodo sucia y asqueada por como Lena la había tratado en ese momento de vulnerabilidad.

Aun estaba rememorando aquella dolorosa frase cuando la voz de Lena sonó de nuevo clara en sus oídos.

-Supergirl si me estas escuchando ven a mi oficina. Tenemos que hablar sobre como liberar a Alex Danvers.-