38. La realidad de su mundo.

La realidad de su mundo había cambiado una infinidad de veces: cambió por primera vez cuando abrió los ojos a su nueva vida tras que la ponzoña le quemara lentamente y viera a Carlisle, conociera lo que era y pudiera dominar sus poderes.

Cambió de nuevo cuando se reveló a lo que él le ofrecía y le abandonó para seguir sus instintos asesinos. Volvió a cambiar cuando rectificó y volvió a su lado y al de Esme para no separarse durante décadas.

Cambió cuando la familia se empezó a formar, cuando llegó Rosalie, después Emmett y más tarde se le unieron Alice y Jasper y juntos con su secreto común disimularon a los ojos de los humanos que les rodeaban que eran sus semejantes. Primero le tocó interpretar el papel del sobrino político, después del primo lejano, más tarde del hijo pequeño adoptado…

Se alimentaron de sangre de animales y comenzaron a pasar las décadas, de nuevo.

Pero todo se volvió patas arriba cuando una chica se le cruzó en la cafetería del instituto al que asistía como si fuera un estudiante más, con una mente muda y un aroma que le hicieron desear su sangre como nada antes.

Por eso, ahora mismo, la perspectiva de su vida había cambiado una vez más. Su corazón latía. Como el de ella. Había podido leer su mente. Y hacía menos de 24 horas escuchaba algo que jamás pensó que podría llegar a escuchar: el corazón de su bebé. Porque iba a ser padre.

Era una música perfecta, casi tocada por el piano mejor afinado del mundo. Repiquetaba deprisa y constante y en ocasiones se sincronizaba con el de Bella. Ese pequeño renacuajo, como ella le llamaba, crecía y se movería en su interior. En unos meses podría tenerle entre sus brazos. Alexander o Elizabeth Masen Cullen. Sonaba tan bien que casi parecía una fantasía.

Quizás se quedaría sólo en una fantasía del mismo modo que jamás su familia podría conocer a su hijo. Quizás la fantasía había sido vivir aquella felicidad. Quizás la fantasía había sido creer que a los Volturis no les había preocupado que hubieran hecho caso a su advertencia y continuar sin despertar en su sueño.

Tomó aire como si hiciera años que no respiraba e incluso tragó saliva. Tenía la garganta seca y le ardió, pero pudo pestañear para ver a la figura de Alice, real y no otra fantasía, en el descansillo de la escalera. Bella gimió algo, Jacob se posicionó directo para contraatacar a cualquier peligro mientras divagaba si darle órdenes mentales para poner a Bella a salvo, pero en cuanto se percató de la realidad, se relajó. Más cuando Bella se soltó de su lado, casi le empujó para pasar y corrió escaleras arriba para abrazar a Alice.

No supo quién movió sus pies, pero instantes más tarde él también hacía lo mismo y las abrazaba a los dos. Fue fácil distinguir el tacto gélido y duro de su hermana en aquella maraña de brazos o reconocer su esencia en el montón que formaban su cabeza con la de Bella mientas ésta sollozaba y Alice le arrullaba algo, pero poco le importó porque si su perspectiva de la vida iba a cambiar una vez más, quería hacerlo junto a las personas de sus dos mundos que más unidas estaban.

-Alice, estaba tan asustada- musitó la voz de Bella.

-Lo sé- respondió la voz de Alice.

-Creía que te habían hecho daño, que te había perdido- musitó de nuevo.

-Yo también lo creía- añadió su hermana.

-No me hagas esto nunca más. Prométemelo, Alice. Que no te irás nunca.

El abrazo se rompió. Posiblemente les empujara, se librara de ellos en un abrir y cerrar de ojos con sus movimientos imperceptibles porque en un instante eran casi una melé y al segundo Alice estaba sentada sola en el descansillo de la escalera mientras dos humanos le miraban perplejos.

-Vinieron a matarnos. A matarles a ellos y a por nosotros dos.

En el mismo instante, tardando lo mismo que romper su abrazo, se ovilló como hizo meses atrás y se quedó contra la barandilla de la escalera, ocupando menos con el montoncito que hacía su ropa, donde sobresalía su cabello moreno despeinado al hundir la cabeza contra las rodillas.

Y ahí sí que cambió definitivamente la perspectiva de su vida.

Sabía lo que Aro deseaba, lo supo desde que cruzó aquellas puertas centenarias y le tuvo a unos pasos. Le deseaba tener entre los suyos, que se olvidara de pedir su mortalidad porque era una pérdida demasiado preciosa y que se sentara a su derecha, junto a su guardia. Después deseó el poder de Alice al conocerlo en su mente, y la quiso a su izquierda e incluso pudo ver sus fantasías donde ellos dos eran los pilares de los Volturis. Pudo ver cómo quería desmembrar al resto de su familia si eran la razón por la que no se unían a su forma de vida pero antes dándole las gracias a Carlisle por haberle escogido como su primera víctima.

-Seria una lástima perder algo como lo que tú tienes, joven Edward- dijo Aro con su voz pastosa mientras no dejaba de bailar sus pupilas carmesí por su rostro como si quisiera memorizar cada poro de su piel- Tendrías aquí tu sitio, junto con mis hermanos, del mismo modo que lo tuvo el viejo Carlisle.

En la mente de Aro se deslizaron una decena de recuerdos. Recuerdos de conversaciones con Carlisle siglos atrás donde él le hablaba de su forma de vida y las ventajas que tenía y a las que Aro respondía a carcajadas. De juicios a los que tuvo que asistir donde siempre terminaban con el desmembramiento de algún vampiro y el terror que suponía para Carlisle. De la pena que supuso para el líder de los Volturis que partiera, la incredulidad del saber de su destino durante los siglos venideros y la alegría que suponía poder enmendarle a él, ahora que le tenía bajo su poder.

-Sólo he venido a por una cosa, Aro. Y me iré de aquí con ella o moriré en el intento.

Aro meneó la cabeza para mirarle ahora de lado, chasqueó la lengua y se le acercó. Fue tan rápido que al segundo le tenía a unos pasos con expresión de mofa y al segundo le tomaba de la mano, acariciándosela como si fuera un gatito cariñoso acompañado de un ronroneo. Le miró directamente a los ojos y empezó a sentir fluir sus recuerdos a la vez que Aro se empapaba de ellos.

Ahora era completamente el dueño de ellos.

Selectivamente saltaba de unos a otros: recuerdos de Carlisle y sus enseñanzas, del amor de Esme, de juegos con Emmett y Jasper o discusiones con Rosalie. Se detuvo en un recuerdo de Esme haciéndole el nudo de una corbata para que se les uniera en el salón de una de sus casas en Alaska para que tocara el piano en uno de los enlaces de Emmett y Rosalie.

Alice. Eso sí que le gustó. Sus partidas de ajedrez donde los demás se marchaban aburridos cuando el tablero se quedaba en sus cerebros y Alice siempre salía triunfal. Sus cacerías por el bosque donde sólo tenía que indicarles hacia qué sitio huirían sus presas. A lo bien que se sentían cuando estaban juntos, a lo que le comprendía y a los que se complementaban.

-Me gustaría obtener una respuesta, Aro- dijo interrumpiendo el festín que tenía en su mente.

El vampiro suspiró y antes de pronunciar palabra alguna, aumentó la velocidad en el buceo por su mente: escenas y escenas donde sólo podía centrar su atención en Alice y desear que ella también estuviera allí. Empezó a formular planes para ellos dos, situaciones imaginarias horribles que le dieron ganas de hacer que le soltara para que se colaran en su mente hasta que llegó hasta Bella.

-Oh…- dijo musicalmente el líder- La tua cantante.

Quiso detenerle, obligarle a que saliera de allí, de los momentos íntimos que había tenido con Bella, de sus conversaciones y sus confesiones, pero no lo hizo porque supo que era necesario. La primera vez que hablaron, la primera vez que se tocaron, la primera vez que se besaron, la vez que bebió su sangre, la vez que se tuvo que despedir de ella…

-Se me hace la boca agua…- añadió el vampiro.

Edward se soltó dejando las manos caer y el vampiro le miró totalmente contrariado. Por su mente pasó una especie de protesta hasta una sensación de extrañeza porque nunca nadie le había negado algo que él quisiera.

-Quiero mi respuesta o puedes arrancarme la cabeza ahora mismo. Ya te has divertido lo suficiente.

-¿Perderías tu don y tus poderes por una humana?

-Sabes la respuesta, lo has visto en mi mente.

El líder vampiro le miró una vez más. Estudió sus facciones e incluso dejó su vista caer para observarle al completo: desde los hombros hasta la puntera de sus zapatos. Se volvió a imaginar su situación ficticia donde estaba a su lado, donde atraía a Alice cuyo poder no era ni siquiera similar al que tenía entre su guardia y a ir matando uno a uno a los miembros de su familia. Y después se lo imaginó humano, como Carlisle le había visto por primera vez.

-Que despilfarro, mi joven Edward. Que despilfarro. ¡Felix! ¡Demetri! ¡Jane!


-Te…tenemos que hacer algo.

La voz temblorosa de Bella le hizo salir de su trance, de sus recuerdos. La escalera, la pared blanca y la barandilla de cristal de la Mansión volvieron al lugar que había tomado el salón de la cúpula de los Volturis e incluso sintió con su mano se sacudía a la par que se la aferraba.

-Tenemos que hacer algo- volvió a repetir.

-No podemos, Bella- contestó la voz carente de Alice sin ni siquiera moverse- Me han tenido ciega. Observaba a Aro porque conocía los pensamientos de Edward, pero se mantuvo al margen sin tomar ningún tipo de decisión cuando Irina acudió a Volterra a denunciarnos.

-¿I…rina?- balbuceó Bella- ¿Del clan de Denali?

Alice sintió para proseguir:

-Recibieron la invitación de boda y montó en cólera. No creía justo que Edward tuviera un final feliz cuando Laurent fue asesinado por tu protección. Fue todo demasiado rápido y ni siquiera lo vi venir. Teníamos un ciento de planes para protegeros pero ni siquiera nos dio tiempo a ponerlos en práctica. Lo único que Carlisle creyó seguro era hacer desaparecer el rastro de Edward y que yo huyera: había visto como seguirían su olor hasta Seattle, te atacarían a ti y se lo llevarían también. En la siguiente visión los dos formábamos parte de los Volturis delante de la pila que formaban los cuerpos desmembrados de nuestra familia. Así, al menos, no tendrían todo lo que querían.

Edward se apoyó en la barandilla de nuevo porque sintió que sus piernas no le sujetarían más. Allí estaban todas esas fantasías de nuevo y aunque no pudiera leer la mente de Alice, conocía hasta el último de los detalles de las dantescas imágenes que le proporcionaban sus visiones.

Todos muertos. Todos. Y por su culpa. Por su vida humana. Por la vida humana de Bella. Y la del bebé. Los Volturis no tendrían todo lo que querían, tenía aún más. Él no podría vivir con toda esa culpa, ni siquiera al lado de Bella. No podía permitirlo. Tenía que hacer algo. Lo único.

-¡Edward, no!- exclamó Alice- ¡No, hermano, no!

Bella inspiró asustada e incluso exhaló un gritito cuando Alice volvió a la vida y sujetó a Edward. No le sujetó, le zarandeó. Al instante le sujetaba con una mano a ella y a otra a la barandilla y ahora la vampira había vuelto a la vida y parecía dispuesta a darle dos sopapos para que reaccionara. Así que se preguntó qué se estaba perdiendo si el terror no la estaba volviendo loca.

-¡No vas a hacerlo!

-Es la única solución.

-No es una solución, es una tragedia. ¿No he tenido suficiente con perderles a ellos, con perder a Jasper?

-Lo hago por eso, porque has perdido a Jasper.

-Desparecemos los tres, yo cuidaré de vosotros. Incluso Jacob nos ayudará, ¿a qué sí?

Tres cabezas se volvieron desde el descansillo de la escalera para mirar al chico. Estaba allí, como un convidado de piedra, sintiéndose incómodo para respirar. Cuando se dio cuenta de que el intruso no era más que la brujilla y que ésta no les haría daño, dejó que corrieran, les abrazara, lloraran juntos y que dialogaran manteniéndose allí, en la retaguardia para cuando le dejaran meter baza, pero todo parecía tan desastre que bien creyó que no podía separar los labios. Como ahora. Tenía hasta la boca seca por la sorpresa que no pudo ni articular sonido.

-Eh… si no se os ha ido la pinza a todos supongo que sí, claro, estoy aquí para ayudar.

-No le metas a él en esto- rebatió Edward a su hermana- Ya se han perdido demasiadas vidas. Tengo que hacerlo y lo sabes, Alice.

-Jacob, vuelve a pensar en ellos, por favor, en cómo se los llevaron, sé que lo ha leído en tu mente. Y recuérdale que ahora es humano, que le matarán. O lo que es peor, le…

Entonces, Bella, estalló. Dejó de mirar a los unos y a los otros y tomó aire para gritar:

-¡¿Quereis callaros todos? ¡No sé lo que pasa y quisiera que alguien me lo explicara!

Alice se calló, lo mismo que Edward, e incluso Jacob. Dio un paso atrás del pie de la escalera y aguardó su siguiente turno de palabra. Los hermanos al contrario se apoyaron el uno en el otro, como si temieran a Bella, una humana para Alice y una chica de apenas cincuenta kilos y metro sesenta para Edward. Cuando vio que tenía la atención de todos los presentes, súbitamente se puso colorada, a la vez que soplaba mientras se llevaba la mano al pecho para tranquilizarse y añadir con voz calmada:

-Has decidido algo y Alice lo ha visto. Pero yo no. Así que me gustaría saberlo.

Pero nadie habló; Jacob se encogió de hombros para comunicarle que él no formaba parte de aquel galimatías y Alice volvió a refugiarse en Edward, abrazándole incluso. Éste ni siquiera le aguantó la mirada y sólo pasó su mano aferrando a su hermana por la espalda.

Y ahí se dio cuenta. Quizás fue la manera que Alice le abrazaba o quizás fue cuando él ni siquiera podía mirarle a la cara:

-Vas a irte. Vas a volver a irte a Italia- dijo con un hilo de voz- Vas a dejarme de nuevo.

-Van a matarles a todos- respondió Edward con tono de resignación.

-Te matarán a ti también. Eres lo que quieren.

-No podría vivir con eso en mi conciencia, mi amor. Ellos no se lo merecen. Lo han hecho todo por protegerme.

-De acuerdo- respondió Bella- Está bien.

Jacob cerró la boca de golpe, tanto que chascaron sus mandíbulas. Quizás se le había abierto tanto fruto de la sorpresa que estaba babeando la alfombra de los Cullen y con su suerte la habrían traído directamente de Persia, pero le dio igual porque la indignación pudo con él. Tanto que, esforzándose por que de sus garganta seca volvieran a salir palabras, dio hasta dos pasos en la escalera.

-¿Es…tá bien? ¿He oído que está bien?- inquirió- ¿Se te ha ido también a ti la pinza, Bells? ¿Qué os pasa a todos?- subió un par de pasos más haciendo todo tipo de aspavientos amenazando casi con golpearles a todos: a Bella por resignada, a la brujilla que parecía en trance cerrando los ojos y apretando las sienes y a Edward, tieso como el palo de una escoba- ¡Eres humano, tío! ¡Van a matarte! No, ¡te volverán a morder y…! ¡Y te patearé el culo como aparezcas por aquí con los ojos rojos! Se los llevaron a todos y estaban aterrados. Al médico y al… ¡grandullón! ¿No te das cuenta? Largaos con la brujilla, yo taparé vuestra esencia y perderos para siempre.

Pero Edward no se amedrentó. Aguantó estoico el chaparrón, no relajó la espalda ni un segundo continuando con su porte prepotente como siempre e incluso estrujó a su hermana más contra su pecho, como si fuera él el más fuerte de los dos.

-Bella no le haría nada así a Charlie- respondió Edward casi sin separar los labios.

-No, le hará algo aún peor- intervino Alice.

Jacob miró a Alice y bien le dieron ganas de zarandearla como ella hizo con Edward porque le pareció que estaba mejor calladita. Dio uno de esos saltitos tan monos y tan pequeños como ella y apareció en medio de los dos - de Edward y de Bella - mirándoles como quien ve a un fantasma.

Entonces, Bella fue cuando habló:

-Si quieres ir a Italia, esta vez yo iré contigo. Porque no sólo te matarán a ti. Van a tener que matarnos a los dos.

El corazón se le paró porque hasta dejó de respirar. Bueno, no era muy grave, seguro que le quedaba algún poder remanente de su figura meta morfa y su cerebro sobrevivía unos segundos sin oxígeno. ¿Qué iba a ser grave? Grave sería el zarpazo que le iba a dar a Bella por haberse vuelto definitivamente loca, a la brujilla por haberse vuelto a encoger y estar en trance sentada en la escalera y a Edward por… ¡ser Edward! Aquel pomposo y estirado que sería capaz de llevar a Bella a una muerte segura por sus ideas de chalado.

¿Qué demonios pasaba en esa casa? Siempre pensó que lo peor era el hedor a vampiro pero debía de ser otra cosa lo que les volvía a todos locos.

El silencio se hizo durante los instantes en que todo se quedó quieto en su interior, incluso el fluir de su sangre y les observó, como si estuviera a años luz. La brujilla murmuraba algo ininteligible cada vez más y más encogida, Bella apretaba los puños que le temblaban y le sostenía la mirada a Edward que parecía que tampoco respiraba.

-No vas a hacer eso- rompió la lucha de miradas la voz de Edward- Ya has oído a Alice: iban a ir a Seattle y te matarían para llevarme con ellos. Esa decisión no tiene por qué haber cambiado.

-Es la primera vez que tú y yo estamos de acuerdo en algo- respondió Jacob.

Dio un paso más por la escalera para que les separaran apenas media docena pero sintió que su voz era tan inaudible como la de la brujilla cuando Bella añadió:

-Y tú ya me has oído a mí. Voy a acompañarte, quieras o no. Casi no sobreviví a esos tres meses y no pienso estar ni un segundo más sin ti. Sea cual sea el final.

-El final será la muerte. Y eso no es una opción. Tienes que estar viva. Por ti, por mí y por el bebé.

Y entonces volvió a dejar de respirar de nuevo: Edward frunció el ceño, volviendo a mostrar aquella expresión suya de tormento como si se estuviera consumiendo poco a poco y dirigió su mirada hacia… ¿el vientre de Bella? Donde ella posaba las manos como si tuviera que proteger algo en su interior.

¿Era…? ¿Era… posible? ¿Por eso consiguió finalmente ponerle tal pedrusco en el dedo y que Charlie tragara? Menuda tontería, Bella había aceptado posiblemente en Navidad, nadie sabía mejor que Charlie Swan lo terca que era su hija y ya habían pasado los suficientes meses para que se notara y diera patadas y Bella estaba igual de delgada que siempre. Llevaba la misma ropa que siempre y…

¿Era aquello el repiqueteo que había escuchado cuando estaba cerca de ella? ¿Y por eso olía de aquella manera tan especial? ¿Por eso Bella se acariciaba el vientre ahora como si tuviera una joya preciosa en sus entrañas? ¿Sería algo… planeado? Seguro que sí. Uno no se vuelve exvampiro para no querer el paquete completo: compromiso, boda y bebé al instante. Aunque siempre queda la posibilidad que con tanta visita clandestina al cuarto de Bella sumando a que hace tropecientos años no les daban educación sexual allá en la Sorbona donde habían estudiado todos los exquisitos Cullen ese era el resultado.

Y pensándolo bien… el bebé sería… ¿humano?

Un chasqueo de lengua molesto le detuvo en sus divagaciones y dejó de observar a Bella para centrarse en Edward, que había cambiado su gesto de tortura por la cara que alguien pone cuando escucha - o lee - la más horrible de las ofensas.

-Claro que el bebé es humano. Tan humano como lo es Bella y lo soy yo. ¿Qué otra cosa debería ser? ¿Persona insoportable y lobo a exasperarte a tiempo parcial?

-Oye, tío- reprendió el chico- Ya te he dicho un montón de veces que salgas de mi cabeza si no…

-¡Basta!- intervino Bella- Este no es momento para vuestros pulsos de testosterona. Edward, Jacob seguro que se ha quedado sorprendido con la noticia y te pide perdón por sea lo que sea que se le ha pasado por la imaginación, ¿verdad?

Le miró amenazadora e incluso levantó la ceja para que lo hiciera aún primero, así que no le quedó más remedio que levantar los brazos en signo de rendición y menear la cabeza. ¡Demonios con Bella! No le llevaría la contraria nunca más.

-Perfecto- añadió ella- Nadie lo sabe, excepto nosotros y…- carraspeó lanzando una miradita rápida a Alice convertida en un montoncito de tela- los Cullen. Charlie no lo sabe- recalcó-. Así que te pediría por favor que nos guardaras el secreto. Se lo diremos después de la boda.

Y aunque se lo había prometido así mismo y con eso le volviera a taladrar con la mirada, estalló otra vez:

-¿Qué boda, Bella? ¿Tú te estás oyendo? Acabas de decir que te vas a Italia con él, en busca de una muerte segura. ¿Crees que podrás regresar, tener tu boda y tener a tu bebé cuando a él le muerdan y tú seas el primer plato? ¡Tierra llamando a Bella!

Bella se sacudió y poco le faltó para taparse los oídos y así dejar de escuchar a Jacob, una genial idea y que él tomaría en cuenta si así dejara de escuchar sus pensamientos, molestos y a gritos. Su voz mental tenía más decibelios que la voz física y le estaban taladrando el cerebro. Ahora estaba enfadado, muy enfadado, y aunque hacía unos segundos había decidido dar el punto de partido a Bella, ahora no estaba nada de acuerdo.

-Déjame en paz, Jacob, tú no lo entiendes- rebatió Bella.

-¿Qué no entiendo, que estás chalada, como ellos dos?- les señaló colérico.

-Si has venido a ayudar, puedes hacerlo. Si vas a juzgarme, ya sabes donde está la puerta.

-¿Y cómo pretendes que te ayude? ¿Quedándome junto a Charlie en la Iglesia el día de tu funeral?

-No…- dudó- No tiene por qué salir mal.

-¡Oh, vamos! ¿Te acuerdas de la pelirroja? Pues los de las capas negras daban 1000 veces más de miedo.

Tenía que convencer a Bella fuese del modo que fueses. Bella tenía que estar segura, dejarla con Alice, dejarla con Charlie o incluso dejarla con Jacob. Bella no se merecía un final así. Era su culpa. Y su familia no iba a pagar por ella. Eran demasiado magníficos y excepcionales para ser convertidos en moneda de cambio. Si los Volturis le querían, eso era lo que iban a tener.

Ni siquiera se sentía derrotado, al contrario. Lo había conseguido y quienes le querían lo sabían. Había vivido esos maravillosos meses con Bella, probando todos los aspectos de la vida humana. Incluso Charlie y Renee le habían aceptado. Había conseguido convencer a Bella de ser su esposa y había escuchado el corazón de su hijo. Tendría descendencia. Su final no era trágico en absoluto.

-Es mi decisión. No te estoy pidiendo permiso.

-Yo tampoco a ti para que abras los ojos y veas la realidad. No sólo os matarán a vosotros dos. Y…- carraspeó- al bebé- Bella se volvió a llevar la mano al vientre- Matarás a Charlie también. Sólo te tiene a ti, Bells. ¿No prefieres convertirle en un abuelete feliz que en un muerto viviente como tú lo fuiste cuando él se marchó? Yo cuidaría de vosotros. Lo prometo.

Y con eso le convirtió en su mejor aliado. Jacob Black volvía a estar allí para salvarle.

-Jacob tiene razón- habló Edward por primera vez.

-¿Ves?- dijo el chico dando un saltito para señalarle- Hasta él cree que tengo razón.

Pero nadie le había dado permiso para hablar porque Edward continuó:

-Jacob cuidaría de ti y del bebé. Y de Charlie. Lo haría incluso mejor que yo. Sería un padre magnífico. Tendrías a toda su familia, lo mismo que la tuya para ayudaros a criar al bebé. Alice podría conseguir algunas propiedades a vuestro nombre y cambiar la solicitud de Dartmouth por otra en la Universidad de Washington e incluso podrías seguir en contacto con ella. Como tú querías. No tendrás que hacer ningún tipo de sacrificio más.

Aguardó a que Bella respondiera pero no lo hizo de inmediato, así que el bienestar al exponer su plan se empezó a borrar por nervios y ansiedad al saber su respuesta. Alice no colaboró más así que sólo le quedó levantar la vista hasta Jacob para encontrarse con una sonrisa conciliadora lo mismo que con sus pensamientos:

Gracias, tío, saber que depositas tu confianza en mí para cuidar de Bella y de la brujilla es muy importante. Como de tu hijo. Olvida todo lo que he pensando antes. Eres un tipo legal. Aunque se te haya ido totalmente la pinza. Bella jamás va a aceptar nada así. No la subestimes.

Iba a asentir para comunicarle que quizás los dos se equivocaban y que ese era su último cartucho, pero la reacción de Bella no se hizo esperar más. Se llevó una mano al pecho como su necesitara calmarse y la otra la apretó en un puño.

-Si crees que mi bienestar se reduce a esas condenadas propiedades o en cambiar de Universidad, no han servido para nada la infinidad de discusiones que hemos tenido. Ni siquiera poder estar con Alice cambiaría lo que significa no poder tenerte a ti. Sé que Jacob cuidaría de mí y del bebé con todo su corazón, pero el bebé ya tiene padre y ese eres , a nadie le corresponde ese puesto. Así que si debemos irnos a Italia, deberíamos hacerlo cuanto antes.

Edward se quedó como si en vez de una respuesta le hubiera dado una bofetada así que apenas se apartó cuando Bella bajó las escaleras. Lo mismo que Jacob. Le miró con ojos vidriosos y apenas tuvo fuerzas para verla cruzar el salón hacia la entrada y revolver una mochila como si fuera a sacar de allí el Libro de la Verdad.

-¿Necesito pasaporte para ir a Italia?- murmuró- Sí, claro, qué tontería. Pero lo tengo. Renee me hizo sacármelo cuando barajó la posibilidad de casarse en México, sólo tendría que parar a recogerlo en casa de la que vayamos al aeropuerto. Y a dejarle una nota a Charlie. ¿Crees que podrías asegurarte que la leyera?

La pregunta fue directamente a Jacob y Jacob, le rehusó la mirada, o más bien, la miró como si no la conociera de nada. Resopló vencido, hundió los hombros y no murmuró ni media palabra mientras volvía arrastrando los pies a su posición original al pie de la escalera, como si allí ya no tuviera más que decir.

Tenía que hacerlo. Claro que tenía que hacerlo. Se lo debía a los Cullen: por ser tan amables y cariñosos con ella y por hacerle sentir, por primera vez, parte de una familia tan extensa. Por haberla acogido entre ellos. Por querer que fuera uno de ellos.

Eso era lo que se llevaría a Italia como lema. Con eso dejarían de temblarle las piernas como le temblaban.

-Se la dejaré en el salón, junto el mando a distancia- se contestó a sí misma- pero tienes que prometerme que cuidarás de él.

-Bells, por favor…- suplicó el chico.

Puso una cara que realmente le partió el corazón: hizo que sus gruesas cejas negras temblaran a la vez que se fruncían e incluso el labio inferior tapó al superior. Como un corderito. No, como un lobisón intentando hacer chantaje emocional. Y ni con esas. ¿Los Volturis tomaban decisiones? ¿Edward las tomaba? Ella también. Con preguntarle a Alice - aún ovillada en el descansillo de la escalera- le quedaría claro que no iba a moverse un ápice.

Porque un mundo sin Edward no merecía vivirse. Aunque eso significara sacrificarse… los tres.

A ese pensamiento el estómago le dio un vuelco, así que revolvió la mochila para centrarse en su actividad. Vale, tenía unos calcetines limpios, lo mismo que ropa interior y su neceser. Si en 24 horas - o lo que tardaran en llegar a Italia- iba a estar muerta porque Edward volvería a ser vampiro tampoco necesitaba cambiarse de pantalones.

Ahora escarbó más en la mochila para arrancar los pensamientos negativos. Tanto que algo se cayó, sonando suave y musicalmente. Y antes que pudiera apartar la mochila para rescatarlo, un par de manos ya se lo tendían. Un par de manos y otro par de ojos - estos esta vez verdes - que pedían clemencia.

-Bella- suspiró con aquel tono de derrota- El bebé es lo más importante para ti. Lo sabes desde que descubriste que estabas embarazada y le quisiste por encima de todo.

El estómago dejo de estar dado la vuelta y una bola empezó a subirle hacia la garganta. No, no iba a llorar. Un mundo sin Edward, sin los Cullen, no merecía ser vivido. Ese era su mantra y su bandera.

-Y tú también, ayer me lo dijiste. Dijiste que no podías ser más feliz después de haber podido escuchar su corazón.

-Y lo soy, mi amor. Por eso tengo que irme. Pero no sacrificándoos a vosotros dos.

Casi susurró en aquel tono suyo que le ponía el vello de punta que a punto estuvo de sucumbir, romper a llorar y decirle que tenía razón. ¡Pero no! Edward no iba a salir así de su vida. Se lo debía. Por lo que había pasado cuando estuvo sin él.

-¿No lo entiendes? No quiero estar en ningún sitio donde no estés tú. ¿Recuerdas qué te decía cuándo hablábamos del cielo y de tu alma? Yo ya estoy en el infierno si cruzas esa puerta y te vuelves a ir.

-Pero me iré sabiendo que tú estarás bien. Que Alice y Jacob cuidarán de ti- insistió- Y que tendrás al bebé y que será feliz. Me has dado el mejor regalo que puede tener nadie y me lo llevaré allá donde esté. Porque siempre estaremos juntos. Gracias al ser que hemos creado.

Sin soltar el peluche - que volvió sonar - le cogió las dos manos para unirse a las suyas con el leoncito en el medio. Se las aferró con toda la fuerza que pudo e incluso entrelazó sus dedos como si alguien fuera a separarles. Las manos de Edward estaban tan frías como las suyas y también temblaban así que por mucha de su verborrea que utilizara y por mucho que le partiera el corazón ya estaba todo hecho. Quizás la juzgaran a ella por ser un ser tan horrible y querer sacrificar a su bebé por tener a su padre - y a su alma y a su corazón- con ambos, cuando quizás - sólo quizás - lo más lógico era aferrarse a la alternativa que le ofrecía.

Le miró a los ojos, éstos volvieron a suplicarle con palabras, levantó la vista para encontrarse con los de Jacob que hicieron lo mismo y después volaron hacia la escalera donde Alice, estaba en pie.

-Si nos marchamos ahora, conseguiremos tres billetes en primera clase- dijo la vampira- Bella ha decidido que no quiere vivir en un mundo en el que los Cullen no existen. Yo me sumo a eso.