High School DxD no me pertenece, pertenece a su respectivo autor. Yo hago esto sin ánimo de lucro, solo para pasar el rato.
Nechroz: bueno, veremos qué es lo que pasa. Y recuerda que Issei tiene guardadas sus memorias en sus diarios, así que, más que recordarlas él, sus diarios lo recuerdan.
Guest: al final del capítulo está la respuesta.
RedSS: espero que sea mínimamente aceptable esta parte jajaja.
miguelgiuliano co: se ha tardado, pero aquí esta. Los dragones son complicados, pues la jerarquía se va al traste muchísimas veces. ¿Fafnir débil? ¿Yu-Long débil? Macho, no sé qué decirte. Issei ya aprendió a no juzga a razas o especies, así que es posible que se lleve bien con algunos. Lo siento colega, pero desde el principio ya tuve en claro quien sería el Sekiryuutei. Sabes que no me molestan las opiniones y sugerencias. Siéntete libre.
Krystyam091: jajajaja, bueno, aquí es historia universal, siempre más interesante que la de un solo país. En principio será casi por completo, y habrá más romance, pero falta un poquitín.
Este fic contiene/contendrá violencia, palabrotas, lemon mas o menos fuerte y demás cosas. Leedlo bajo vuestra responsabilidad, que yo ya lo he puesto en categoría M.
-comentarios.
-*hablando por teléfono, comunicador, etc.*
Os invito a leer mis demás historias, buscadlas en mi perfil
Capítulo 32:
EURASIA – PARTE 05
No sé el por qué, pero lo que me esperaba al volver a mi tierra natal era encontrarme con una región tranquila, tal y como la recordaba. Pero esta región, llamada Japón, el País del Sol Naciente por los chinos, no era muy distinta de las otras partes del mundo. ¿El motivo? El país se encontraba sumido en una guerra civil que enfrentaba a los Clanes Taira y Minamoto.
Las Guerras Genpei, como fueron conocidas, eran la culminación de un conflicto entre ambos Clanes que duró veinticinco años, y en el que dilucidaba el dominio total sobre la Corte Imperial y, a su vez, el control de Japón. El dominio de los samurái dentro de la política japonesa había aparecido a partir de la Rebelión Hōgen, veinticuatro años atrás, creado inicialmente por intereses entre la familia imperial, específicamente entre el Emperador Go-Shirakawa y el retirado Emperador Sutoku. Como consecuencia, la clase cortesana del Clan Fujiwara fue desplazada, este Clan dominó la Corte Imperial y sus miembros fungían como regentes del Emperador; con el vacío del poder surgido por la rebelión aparecerían los Clanes Minamoto y Taira a disputar dicho control, empero, la situación se agudizaría con la Rebelión Heiji, que tendría un trasfondo similar entre disputas con el Emperador Nijō, respaldado por el Clan Taira y el Emperador Go-Shirakawa, respaldado por el Clan Minamoto.
En esta rebelión el Clan Minamoto sufrió una emboscada de Taira no Kiyomori, líder del Clan, y eventualmente los Minamoto fueron derrotados, ejecutando a Minamoto no Yoshitomo, líder de los Minamoto, los dos hijos mayores de éste y Fujiwara no Nobuyori, quien estaba de parte de los Minamoto. Los tres hijos menores de Yoshitomo, Minamoto no Yoritomo, Minamoto no Yoshitsune y Minamoto no Noriyori, al ser muy pequeños, fueron perdonados y exiliados en lugares alejados de Japón y el Emperador Go-Shirakawa fue forzado a un retiro. Sin obstáculos, el Clan Taira asumió el primer gobierno conformado por samurái en Japón a través de Taira no Kiyomori, quien asumió el puesto de Daijō Daijin, un puesto similar al Primer Ministro, y comenzó a afincar el poder del Clan dentro de la familia imperial mediante enlaces matrimoniales entre sus hijos y los príncipes.
De igual manera los Taira tenían el control de cuándo el Emperador debía abdicar; con la muerte del Emperador Nijō su sucesor era su hijo el Emperador Rokujō quien fue coronado Emperador a los siete meses de nacido, y fue forzado a abdicar a la edad de tres años. Lo sucedió su tío, el Emperador Takakura, quien tenía seis años al ser coronado Emperador, Kiyomori era su padrastro y fungía como su regente.
Tres años antes de mi llegada, las relaciones entre los Taira y el Enclaustrado Emperador Go-Shirakawa estaban en su máxima tensión y el Emperador decidió planear un golpe de estado contra Kiyomori, pero fracasó y le fue despojado de su título cuando Kiyomori eliminó el sistema Insei de los Emperadores enclaustrados y nombrando a familiares suyos en los puestos gubernamentales. Al año siguiente Kiyomori designó a su nieto e hijo del Emperador Takakura, Tokihito, como príncipe de la corona y sucesor al trono imperial, cuando apenas tenía un año de nacido. Luego, el Emperador Takakura abdicaría a la edad de dieciocho años y sería sucedido por Tokihito, que recibiría el nombre de Emperador Antoku, de apenas un año y medio de edad.
Esto provocó un disgusto generalizado entre los opositores de los Taira, ya que prácticamente el Emperador era un descendiente directo del Clan. El Emperador Go-Shirakawa, en un intento de restablecer el orden en la familia imperial, acude ante su hijo el Príncipe Mochihito para hacer un pacto de alianza con el Clan Minamoto, el mismo que lo respaldó en las dos rebeliones anteriores, y luchar en nombre de él contra los Taira. El líder del Clan Minamoto en ese momento era Minamoto no Yorimasa de setenta y cuatro años años, quien se había mantenido neutral en la Rebelión Hōgen, pero que estuvo a favor de los Taira en la Rebelión Heiji y era amigo de Kiyomori; sin embargo, un año antes, observando la tensa situación se retira del ejército de Kiyomori y asume el liderazgo del Clan que había traicionado. El cinco de mayo del año en que llegué, aproximadamente un mes después, hizo un llamamiento a todos los Clanes de samurái y los monasterios budistas a que se rebelaran contra Kiyomori.
En junio del mismo año, Kiyomori trasladó la capital imperial de Kioto a Fukuhara en un intento de promover el comercio con la China de la dinastía Song. El día quince del mismo mes, el Príncipe Mochihito abandonó Kioto para refugiarse en el templo budista de Mii-dera, en un intento de iniciar lo más pronto posible la rebelión.
Y, como era normal en mí, yo me alisté en las tropas de Minamoto.
Con el alzamiento de los opositores al Clan Taira, Kiyomori pidió el arresto del Príncipe Mochihito, artífice de la rebelión, quien se había refugiado en el templo de Mii-dera, en la actual ciudad de Ōtsu, prefectura de Shiga. El problema era que algunos monjes del templo tenían simpatías con los Taira, las fuerzas del Clan Minamoto habían atrasado la defensa del templo. Esto obligó a que Yorimasa y el Príncipe Mochihito, junto con el ejército del Clan Minamoto y varios monjes guerreros, sōhei, del templo que se unieron a la causa, decidieron trasladarse a la ciudad de Nara, al sur.
Cruzaron el río Uji, cerca del templo Byōdō-in tratando de evitar en lo posible encontrarse con el ejército Taira. No obstante los Taira los cercaron y se desencadena la primera batalla en esta guerra, la primera batalla de Uji. En el Heike Monogatari se relata que los monjes lucharon con arcos y flechas, una variedad de espadas, dagas y naginata. Pero el Clan Taira venció en esta batalla y capturó a Yorimasa y al Príncipe Mochihito; Yorimasa, al ser derrotado prefirió cometer el seppuku, un ritual donde escribiría una última poesía y luego se suicidaría, dando inicio a una práctica que sería una forma honorable de morir hasta la Segunda Guerra Mundial; Mochihito sería ejecutado después por el Clan Taira.
Al morir los principales ejecutores de la rebelión, el Clan Taira se enfocó en destruir e incendiar el Mii-dera y decidieron extender el ataque hacia la ciudad de Nara, donde era el lugar donde se iban a reunir las fuerzas opositoras a los Taira. Taira no Shigehira y Taira no Tomomori, hijos de Kiyomori, elaborarían el sitio de la ciudad. No obstante los sōhei de Nara decidieron defenderse y pusieron barricadas y defensas improvisadas en la ciudad; teniendo arcos, flechas y naginata como armas. El Clan Taira se desplazó en caballo y tenían ventaja estratégica, y quemaron los templos budistas de Kōfuku-ji y Tōdai-ji, destacando la destrucción del Daibutsu del Tōdai-ji; apenas el Enryaku-ji pudo repeler el ataque y permanecer intacto. El incendio provocó la devastación de gran parte de la ciudad y dejó alrededor de tres mil quinientas personas muertas entre civiles y monjes.
A partir de este punto los Taira habían sofocado casi en su totalidad la rebelión, no obstante el liderazgo del Clan Minamoto había sido restablecido por Minamoto no Yoritomo en septiembre, quien habiendo llegado a su edad adulta, escapó del exilio y pudo reorganizar la rebelión con el apoyo del Clan Miura, tratando de vengar a los Taira en la muerte de su padre y hermanos mayores, muertos hace veinte años atrás y por los sucesos en Uji y Nara; así Yoritomo lanzó una nueva declaración de guerra contra los Taira. Cuando Kiyomori se enteró que Yoritomo había abandonado Izu, lugar de su exilio, y que estaba en el Paso de Hakone, asignó a Ōba Kagechika, un samurái vasallo, a que ejecutara un ataque sorpresa y detuviera su avance. La batalla se realizaría en las afueras de la base central de Yoritomo, en la localidad de Ishibashiyama, cerca del Monte Fuji, el catorce de septiembre forzando a los Minamoto a retirarse y obteniendo la victoria el Clan Taira.
En vista del fracaso de la batalla de Ishibashiyama, Yoritomo atraviesa el Monte Fuji hacia la provincia de Suruga y la provincia de Kozuke en el norte, para hacer alianzas con el Clan Takeda y el Clan Kai, respectivamente. Con el ejército de Yoritomo reforzado aparece el ejército Taira comandado por Taira no Koremori, nieto de Kiyomori, en la localidad de Fujigawa el nueve de noviembre, quienes en un confuso incidente decidieron retirarse sin comprometer a las fuerzas del Clan Minamoto. Debido a la incertidumbre de la situación en el país, Kiyomori decidió trasladar la capital imperial nuevamente a Kioto en el mes de noviembre. A finales de noviembre el Clan Oba decide aliarse con los Minamoto, mientras que en diciembre Yoritomo derrotó al Clan Satake, quienes estaban poco dispuestos a seguir con el Clan Minamoto.
…
Para el primer año de guerra, la disputa entre ambos Clanes seguía tensa, pero Kiyomori estaba demasiado enfermo como para poder seguir liderando el Clan y falleció el veinte de marzo a los setenta y tres años. Su hijo, Taira no Munemori, se convertiría en el nuevo líder del Clan; esta situación fue aprovechada por los Minamoto para plantear una batalla sorpresa contra el hermano del nuevo líder, Taira no Tomomori. Minamoto no Yukiie, tío de Yoritomo fue el encargado de realizar la emboscada; en la localidad de Sunomatagawa, provincia de Owari, el veinticinco de abril. No obstante, en la escaramuza los Taira pudieron repeler el ataque, aun cuando la batalla de Sunomata se realizó en la noche. Yukiie y sus hombres tuvieron que retirarse del lugar hacia el río Yahagigawa, donde destruirían el puente sobre el río y harían una muralla defensiva. En el río se presentó la batalla de Yahagigawa; pero el ejército de Tomomori logró poner en retirada a los Minamoto. Sin embargo, Tomomori se encontraba enfermo y decidió no seguir persiguiendo al ejército de Yukiie.
No obstante, las disputas iban a menguar debido a que en ese año hubo escasas cosechas y la hambruna azotó el país. Así, en septiembre, Yoritomo sugirió que el país debería ser dividido en dos regiones, una dominada por los Taira y otro por los Minamoto; la Corte Imperial vio con algo de agrado la idea, pero el Clan Taira se negó rotundamente.
Adicionalmente Minamoto no Yoshinaka, primo de Yoritomo y quien sufrió su misma suerte, siendo adoptado por el Clan Kiso, aprovechó la tensa calma para luchar contra los Taira en la región norte, dominando las provincias de Shinano y Musashi. Esto originó una serie de fricciones entre Yoritomo y Yoshinaka, en la que el primero respetaría los dominios del segundo, a cambio que Yoshinaka aceptara el liderazgo de Yoritomo dentro del Clan. Aparte de estos hechos no habría batalla alguna hasta dentro de dos años.
…
Para el tercer año de guerra, la situación política no había cambiado: el Emperador Antoku aún gobernaba y su regente era su tío Taira no Munemori; mientras que el Clan Minamoto no había logrado una victoria decisiva en las batallas y había relaciones tensas entre los principales miembros, Yorimoto y Yoshinaka. En marzo, Yoritomo tenía pensado batallar contra Yoshinaka y derrotarlo, pero era evidente que su primo también estaba luchando contra los Taira y desistió del ataque. Adicionalmente para este año las provisiones de alimentos estaban aumentando y superaban la hambruna que habría provocado un forzado cese al fuego. El Clan Taira lo vio como una oportunidad para reiniciar el período de guerras que llevaba un intermedio de dos años de tensa calma.
Entre los meses de abril y mayo, Taira no Koremori, quien había tenido un pésimo desempeño en la batalla de Fujigawa, planeó sitiar la fortaleza de Yoshinaka en Hiuchiyama, en la norteña provincia de Echizen. La fortaleza estaba bien defendida y poseía un foso, pero un traidor dentro de la fortaleza reveló al Clan Taira las debilidades de ésta. La fortaleza fue sitiada y conquistada por los Taira, pero Yoshinaka y la mayoría de sus hombres escaparon del ataque.
Para Koremori, era la oportunidad de seguir avanzando las posiciones con el objetivo de derrotar a Yoshinaka; no obstante, las fuerzas del Clan Taira estaban debilitadas por la hambruna y tuvieron que reclutar a guerreros locales, sumando alrededor de cuarenta mil hombres. Para Yoshinaka, era hora de superar el liderazgo de su primo sobre el Clan Minamoto, y decidió enfrentarlo acompañado por su tío Minamoto no Yukiie, su consorte Tomoe Gozen quien fue una de las onna bugeisha, mujeres guerreras que luchaban a la par de los samurái, y el shitennō, quienes eran los cuatro sirvientes más fieles de Yoshinaka: Imai Kanehira, Higuchi Kanemitsu, Tate Chikatada y Nenoi Yukichika.
La batalla sería en el Paso de Kurikara, cerca de Tonamiyama, en la provincia de Etchū, el dos de junio. Este paso montañoso conectaba el oeste de la isla de Honshu con el este. Los Taira se habían dividido en dos flancos, uno que tomaría el paso y otro que entraría a la provincia desde el sur. Yoshinaka plantó una gran cantidad de banderas como una estrategia para hacer creer al enemigo que los superaban en número; mientras que dividió su ejército en tres flancos: dos que detendrían el avance de los Taira y uno de retaguardia. Esta batalla fue desarrollada de manera muy formal y poética, descrita así en el Heike Monogatari. Se desarrollaron combates individuales donde mostrarían sus mejores habilidades como guerreros; esta batalla ocurrió durante la noche, ya en el amanecer el Clan Taira estaba sufriendo el retroceso de sus flancos y la muerte de la mayoría de sus hombres, poco después se retirarían del combate. Esta fue la primera victoria decisiva del Clan Minamoto en toda la guerra e iniciaba el cambio de rumbo en el conflicto.
Aprovechando la retirada de las fuerzas de Koremori, Yoshinaka avanza a la localidad de Shinohara en la provincia de Kaga. Tuvo lugar otra batalla en donde nuevamente se presentan combates individuales entre guerreros. Fue otra victoria para Yoshinaka, quien aspiraba llegar a Kioto y tomar el control del poder político en Japón. La amenaza persistente obligó el veinticinco de agosto a Munemori y al Emperador Antoku a huir de Kioto en dirección a la isla de Shikoku, donde se establecerían por el resto de la guerra. Tres días después Yoshinaka escoltó al Emperador Go-Shirakawa hacia Kioto. Al poco tiempo se nombraría al Emperador Go-Toba, de tres años y hermanastro del Emperador Antoku, como el nuevo Emperador, no obstante el Enclaustrado Emperador Go-Shirakawa era el verdadero administrador; esta situación hizo que en Japón existieran dos Emperadores hasta el final de la guerra.
Aprovechando la retirada de los Taira, envió su ejército a cruzar el Mar de Seto rumbo a Yashima, una pequeña isla al frente de la costa de la isla de Shikoku y una de las bases más importantes del Clan Taira en el país. No obstante, el diecisiete de noviembre, los Taira emboscaron a los hombres de Yoshinaka en la isla de Mizushima, en la provincia de Bitchu, cerca de Honshu, en la primera batalla naval de las guerras; los Taira lanzaron una gran cantidad de flechas sobre los Minamoto e iniciaron un combate mano a mano; no obstante los Taira llevaban en sus barcos caballos equipados para el combate, y esto dio ventaja sobre los Minamoto que sufrieron una aplastante derrota.
Simultáneamente tuvieron lugar otras batallas: en la fortaleza de Fukuryūji, en la actual prefectura de Okayama, en donde participaron partidarios de los Clanes, se sitió la fortaleza que era del Clan Taira y fue tomada completamente por los Minamoto. Mientras que Yukiie comandó en Murayama, en la provincia de Harima, una contraofensiva de la batalla de Mizushima, pero la organización del Clan Taira que se desplegó en cinco divisiones sólo hizo que el Clan Minamoto se retirara del combate.
Para finales de año, el equilibrio de poder entre ambos Clanes era similar, pero en el Clan Minamoto la crisis interna entre Yoshinaka y Yoritomo ya estaba en su punto crítico y traería un escenario diferente en los primeros días del cuarto año.
XXXXX
Estábamos cerca de terminar el año. Nos encontrábamos en Kioto, reposando antes de que todo volviera a empezar. En una de las tantas casas de la ciudad, vivía yo durante el tiempo de guerra. Varios de los guerreros del Clan MInamoto residíamos cerca del Palacio Imperial. Desde mi lugar no podía verlo, a menos que subiera al tejado, pero no me importaba lo más mínimo.
Un día como otro cualquiera, durante el periodo de tregua, me encontraba en mi sala, afilando mí arma, pero el día de hoy había recibido una visita. Se trataba de Minamoto no Hirotsuna, uno de los hijos de Yorimasa.
Yo no era amigo de los altos mandos del Clan, pero tampoco tenía una mala relación con ellos. Habían halagado mi valía como guerrero, aunque mi estilo de lucha fuera totalmente distinto al suyo. Después de todo, yo luchaba como los guerreros de occidente, y no tenía ni idea del estilo samurái.
Por ese motivo, durante estos dos últimos años de guerra civil, los miembros del Clan tomaron la decisión de instruirme en el arte de la guerra samurái. Aunque el estilo de guerra samurái era en cierta forma honorable, había cosas que no me atraían demasiado, como el cobro de cabezas, el cual consistía en cortar la cabeza de un rival digno en el campo de batalla. Era motivo de gran orgullo y reconocimiento. Existía todo un ritual para embellecer las cabezas cortadas: primero eran lavadas y peinadas y, una vez efectuado esto, se ennegrecían los dientes aplicando un tinte llamado ohaguro. El motivo de ennegrecer los dientes radicaba en que unos dientes blancos era un signo de distinción, por lo que aplicarles un tinte para oscurecerlos era una forma metafórica de quitarles un poco de la misma. Finalmente las cabezas eran dispuestas cuidadosamente sobre una tabla para su exposición.
Dejé a un lado mi estilo occidental y comencé a entrenarme con la katana. Originalmente la katana fue creada por los chinos de la dinastía Song, importada a este país antes de mi llegada. Una hoja curva, esbelta y de un solo filo con una protección circular o cuadrada llamada tsuba y agarre largo para acomodar dos manos, aunque también se puede luchar con una mano. Era perfecta para cortar, pues poseía un filo increíble. Pero si se enfrentara a una armadura occidental, de nada serviría. Aun así era un arma realmente interesante.
En fin, Hirotsuna podría decirse que era el más cercano a mí de todo el Clan Minamoto. No me quejaba, pues era un hombre con quien uno podía charlar tranquilamente. El día de hoy era una de nuestras tantas reuniones. Normalmente no teníamos un lugar, podría ser por las calles de la ciudad, en su casa, en la mía o incluso cerca o dentro del Palacio Imperial.
-Hyodo-dono, ¿puedo hablarte con sinceridad?
Ante la pregunta de Hirotsuna, deje de afilar la hoja de mi katana y me giré para verle directamente. Hasta ahora hemos tenido una charla amena con asuntos que nada tuvieran que ver con el Clan o la guerra. Si me hacia ese tipo de pregunta, podía suponer que debía tratarse de alguno de los dos temas.
-Por supuesto. ¿Cuál es la pregunta? Pues supongo que es una pregunta.
-Así es. Veréis, no pertenecéis a ningún Clan, pero aquí estáis, luchando con nosotros. He estado observándoos durante estos años de guerra, y creo entender el motivo de que os hayáis involucrado.
Entorné los ojos, interesado por su posible descubrimiento. Me había fallado la intuición al creer que sabía que tema iba a sacar, pero admito que este también había llamado mi atención.
-Hablad con franqueza, Hirotsuna, ¿qué creéis haber descubierto?
-Sois un guerrero. De eso duda no hay. Pero sois un guerrero que busca la muerte y por eso siempre estáis guerreando, incluso cuando esas guerras y luchas nada os atañe. Creo que esa búsqueda es debido a un dolor muy profundo que no soy capaz de imaginar. Incluso me atrevería a decir que saboreasteis el néctar de la muerte, y aquello os dio la paz, pero no moristeis y ahora la buscáis. Pero a pesar de buscar la muerte, no la recibiréis sin luchar. Alguien debe mataros, alguien que consideréis digno.
No abrí mi boca para responderle, pues no tenía respuesta alguna que dar. Bajé la mirada y luego la dirigí a la nada. Hirotsuna no dijo nada, sino que se levantó y se marchó. Supongo que percibió mi momento pensativo y no quería molestar. Y se lo agradezco.
La verdad es que hasta ahora no había pensado en ello. Pero sus palabras me calaron muy hondo. Tenía toda la razón. Cuando murió mi esposa, mi corazón quedó destrozado, pero mis padres y mi aldea estaban allí para ayudarme. Pero luego todos me fueron arrebatados por seres sobrenaturales. Entonces comencé mi viaje por este vasto mundo. Vi y aprendí más de lo que jamás me hubiera imaginado. Cosas que no estaban en mis libros. No solo aprendí el arte de la guerra, diferentes tipos de lucha, sino que aprendí ciencias, biología, sociales, Artes Místicas, Artes Sabias, que conocería a decenas de civilizaciones, cada una con sus luces y sombras.
Entonces llegó el momento, cuando me enfrenté al temible Aži Dahāka. Fue mi segunda gran batalla. Lo di todo, pero era demasiado ingenuo y débil. No tenía conocimientos suficientes, no sabía luchar realmente como se debe. Quizás si me lo encontrara ahora, sería otro cantar. Pero lo importante es que el me dio muerte, una muerte que hubiera sido definitiva, pero la Existencia así no lo quiso. Fue mi primera experiencia con la muerte. Por un instante pude sentir aquello que tanto había deseado. Incluso vi una figura aparecerse, una figura que no reconocí, una figura borrosa, que lo único que me dijo fue 'aun no es tu momento'.
Cada vez que recuerdo esa voz, un escalofrió recorre mi espalda. No era horrible, ni espeluznante, ni grotesca. Poseía un sonido dulce, como ningún otro que jamás haya escuchado.
Y, cuando nuevamente abrí los ojos, cuando volví a la vida, aquella sensación de paz se difuminó, y el vacío en mi corazón creció aún más. Desee volver a experimentar la muerte, pero no a manos de un ser sobrenatural. Aquellos demonios… aquel dragón… No. Si iba a morir nuevamente, o bien seria por la edad o bien a manos de un ser humano.
Pero, ¿qué me llevo a decidir que debía ser un ser humano? Muchos eran los seres existentes capaces de darme muerte, pero debía ser un humano sí o sí. Creo que la opinión que tengo sobre ellos es lo que me ha llevado a esta conclusión. Yo estoy en un puesto elevado en el ranking del mundo. Los humanos dicen que están en la base de la pirámide de poder, y ese, creo, es el principal motivo. Si soy derrotado por un humano, eso significará que los humanos pueden abandonar la base de la pirámide y ascender, que se les reconozcan, que dejen de infravalorarles.
Sí, creo que esto es el significado de las palabras de Minamoto no Hirotsuna.
Enfundé mi katana y salí de mi casa. Caminé por las transitadas calles. El sol aún no se había ocultado en el horizonte, por lo que la ciudad aún seguía despierta. Muy a menudo solía ver a miembros del ejército pasear o patrullando las calles. Las probabilidades de que el enemigo se infiltrara y atacara por sorpresa eran más altas de lo que cualquiera de ellos admitiría. Cuando nos cruzábamos nos saludábamos con un leve gesto de cabeza.
A diferencia de otras capitales que haya visto, Kioto era bastante singular. Su estructura era igual a la de un tablero de ajedrez, y además de sus hermosos paisajes y sus templos, lo que más destacaba era sin duda el Palacio Imperial.
Caminé hasta un templo, el cual tenía un precioso estanque cuya agua llegaba a través de uno de tantos riachuelos de las montañas. Era un buen lugar para relajarse y meditar. Pasaba el tiempo y observaba como la ciudad poco a poco se iba durmiendo conforme el sol desaparecía entre las montañas y el manto de estrellas comenzaba a ganar terreno hasta desplazar al astro y a sus últimos rayos de luz.
Esta tranquilidad solo era algo efímero. La guerra no tardaría en volver, ya fuera por la lucha entre Clanes o por la lucha interna. Pero mientras tanto, yo solo podía pensar en las palabras de mi amigo. Tanta verdad en ellas y tantas cosas que no había pensado hasta el momento.
Incluso los más sabios pueden aprender nuevas lecciones…
Los días pasaron lentamente en la capital, pero durante ese tiempo no he podido sino sentirme extrañado. Los rumores se han extendido por la capital, rumores sobre las desapariciones de algunos hombres, tanto los guardas que patrullan la ciudad como los que vigilan los bosques cercanos a la ciudad.
Fue entonces cuando escuché que en los bosques que rodeaban la ciudad había algún tipo de bestia o bestias. No sabían si era el mismo o no, pero de lo único que estaban seguros era de su gran tamaño y sus numerosas patas, pero poco más. Por ese motivo, una noche nos reunimos un grupo de diez, contándome a mí, y fuimos hacia el bosque. Las bestias o bestia no hacia acto de presencia por el día, por lo que era preciso ir en la noche. Pero no eran necesarias las antorchas ya que la luna nos iluminaba como si fuera un sol. Hoy era una fase de súper luna, por lo que la luz que bañaba la tierra era más luminosa.
Nos adentramos en el bosque, siempre juntos, y avanzamos a través de él. Llegó el momento en el que era imposible ver cualquier indicio de la ciudad a lo lejos. Caminamos durante varias horas, tomando algún que otro descanso.
Chasqueé la lengua, molesto conmigo mismo. Sabia de sobra que no todos los seres vivos emitían aura, o por lo menos no una importante. Y algunos monstruos o seres demi-humanos o no humanos no los emitían. Incluso entre los propios humanos había algunos que emitían tan poco que uno no se daría cuenta de su presencia por aura.
Y frente a mí, apareciendo con un sigilo asombroso, estaba uno de los semi-humanos que entraban en aquella categoría. Frente a mí había un Tsuchigumo. Se trata de una extraña criatura con el cuerpo de un tigre, las patas de una araña y la cara de demonio. Implacable, se alimenta de exploradores desprevenidos durante la noche. Una vez que se aparece frente a una persona, el miedo es tal que paraliza a la víctima que siente en vida propia cómo es devorada por esta bestia.
No es una muerte agradable el ser devorado vivo.
CLAN-CLANC
Frunciendo el ceño observé a mí alrededor. La gran mayoría de los guerreros presentes habían caído en el miedo ante tal criatura. Al menos hacia honor a su fama. Estos hombres, valientes guerreros que habían combatido de frente, ahora habían soltado sus armas. Sus cuerpos temblorosos y el sudor bañando sus rostros. Sus rostros pálidos y sus diminutas pupilas indicaban que estaban aterrados. Pero no servían de ese modo. Lo que se necesitaba ahora eran hombres que plantaran cara.
El tsuchigumo dio un poderoso salto con sus piernas de araña y cayó sobre uno de los aterrados hombres. Rápidamente abrió sus fauces y le arrancó la yugular. La sangre brotó como si fuera una fuente. El monstruo tragó e intentó volver a arrancar la carne de su víctima, pero no se lo permití.
ZAS
GROARG
La bestia rugió al notar mi espada cortar su cuerpo. Dio otro salto y se alejó, revisando su herida al tiempo que me mostraba sus afilados dientes. Supongo que fue el ver a su compañero, ya muerto desangrado, y mi ataque, que los guerreros recuperaron el valor. Cogieron sus armas y rodearon al monstruo. A pesar de ello, aun podía notar sus cuerpos temblar de miedo. Sus mismos rostros lo mostraban. Pero, a pesar de ello, aún estaban ahí, plantando cara.
El tsuchigumo rugió y, de la parte de atrás de su cuerpo, surgió una tela, una telaraña, que fue directamente hacia tres hombres, envolviéndolos rápidamente. Otros dos atacaron a su derecha, pero les golpeó con una de sus patas. Aprovechando aquel momento, los otros cuatro atacaron desde su izquierda y el frente. La bestia rugió al sentir las afiladas katanas atravesar su piel y cortar sus patas.
Uno fue mortalmente herido por un mordisco en el costado y otro al ser atravesado por el pecho por una de sus patas. Yo evadí una pata, la boca llena de afilados dientes sangrientos, cortando limpiamente a la altura del cuello, dando un saldo al tiempo que pasaba por toda su espalda, cortando tan profundamente como me era posible.
La bestia rugió de dolor e intentó echarme de su espalda, pero clavé mi espada y me agarré a ella. Los hombres que aún quedaban en pie fueron con todo, cortando a la bestia como si de cerdo se tratara. Al cabo de dos minutos, la tierra se encontraba bañada por la sangre verde de la bestia así como por sus tripas. Su cabeza yacía separada del cuerpo y su espalda abierta en canal así como sus costados. Su vientre no tenía heridas, pues dado que este se encontraba debajo, nadie había podido herirlo, pues ninguno había sido tan idiota como para atacar a la bestia desde abajo.
-Maldita bestia. – Masculló uno de los hombres – Ha matado a varios de nuestros compañeros.
-Debemos volver a la ciudad. Merecen un funeral honorable.
Propuso otro. Todos asintieron a tal proposición.
-Estoy de acuerdo. – Dije – Llevaos los cuerpos. Yo me ocuparé del cuerpo de esta bestia.
-¿Deberíamos de informar sobre esto? No sé qué es peor, si un ataque de nuestros enemigos… o el de bestias como estas. – siseó uno de los heridos.
-Me ocuparé personalmente de esto. Si no vuelvo por la mañana, es que estaré muerto. Si eso se llega a dar, dad la alarma en toda la ciudad. Bestias como estas son más peligrosas que los del otro Clan.
Algunos estuvieron a punto de replicarme, pero cerraron sus bocas. No iban a discutirme las órdenes. Cargaron con los cuerpos de los muertos y con los de los heridos y marcharon de vuelta a la ciudad. Una vez sentí que estaban lo suficientemente lejos, quemé el cuerpo de la bestia con un hechizo, poniendo una protección para que solo fuera quemado el cuerpo, sus vísceras y su sangre. No deseaba que un incendio comenzara en este bosque.
La noche pasó larga, y pude sentir varias presencias. Aquella noche acabé con otros dos tsuchigumo. No sabía si se habían sentido atraídos por algo en especial de esta zona o simplemente era pura casualidad que estos se encontraran aquí.
Volví antes del amanecer a la ciudad, donde el líder del Clan, Yoritomo, me esperaba junto a varios de los hombres testigo y otros soldados de la ciudad.
-Hyodo-dono, ¿qué noticias traes?
-Esta noche he podido eliminar a dos tsuchigumo, sin contar al que eliminamos. – Los que estuvieron conmigo aquella noche asintieron – No es el motivo por el cual están rondando esta región, pero habrá que tener cuidado. Aconsejo tomar ciertas medidas. ¿Hay algún Yamabushien esta ciudad o sus cercanías?
Los Yamabushies una clase de eremitas budistas japoneses seguidores de la doctrina del Shugendō, una integración del budismo esotérico de la escuela Shingon con elementos del taoísmo y el sintoísmo. Habitualmente, llevaban una vida solitaria y ascética en las montañas, aunque también podían asociarse con ciertos templos, y también eran conocidos por participar en batallas al lado de samuráis y sōheis.
-No estoy seguro, pero podemos averiguarlo.
-Lo aconsejo. Deberían poner detectores para no humanos. De ese modo podremos estar atentos y preparados en caso de que algún otro de esos seres vuelva a acercarse.
-Es un buen consejo. – asintió Yoritomo.
Aquel mismo día fueron llamados dos Yamabushique vivían cerca la ciudad así como a otros tres de las regiones cercanas. Durante los siguientes días antes de finalizar el tercer año de guerra, los Yamabushicrearon diferentes sellos para la localización y captura de cualquier criatura sobrenatural. Fueron pocas las veces que dichos sellos se activaron, pero fue más numeroso de lo que hubiera esperado.
Las bestias eran eliminadas por los propios hombres de Toritomo, para que el temor no volviera a nublar su sentido de lucha. En cuanto al motivo de su presencia en las cercanías de la ciudad, fue por la guerra. Muchos humanos, mucha sangre, mucha muerte. Eso les había sacado de sus escondrijos y les había vuelto más confiados. Desde aquel día, Toritomo decidió crear un grupo para evitar que aquellas criaturas volvieran a acercarse a los poblados del territorio que el Clan Minamoto controlaba. De ese modo ahora solo tenía que preocuparse de su enemigo sin tener que estar pensando en que esas criaturas atacaran.
XXXXX
En las primeras semanas del cuarto año de guerra, Yoshinaka, que controlaba la ciudad de Kioto, estaba decidido a tomar el liderazgo del Clan Minamoto, eliminando a Yoritomo, y asumir un poder más efectivo dentro de Japón. Para realizar esto planeó con Yukiie el secuestro del Enclaustrado Emperador Go-Shirakawa, quien ahora se oponía a las acciones de Yoshinaka y tenía un control de facto en los territorios dominados por los Minamoto, al norte de Kioto, y establecer sobre éste un gobierno propio. Yukiie se negó rotundamente de la idea y no tuvo otra opción que traicionarlo y acudir ante el Emperador. Éste reveló el plan a Yoritomo, quien estaba ya preocupado por el avance de las fuerzas de Yoshinaka en los territorios dominados por el Clan y estaba decidido a intervenir y detener a su primo.
Sin embargo, Yoshinaka realizó su plan y atacó el Hōjūjidono, que era la residencia del Emperador Go-Shirakawa, incendió el palacio, y mató a quienes defendían al Emperador, secuestrándolo. En el sitio combatieron nobles de la Corte Imperial, varios sōhei de los templos de Mii-dera y Enryakū-ji, y varios simpatizantes del Clan Taira, pero no pudieron detener a Yoshinaka quien habiendo dominado y saqueado la ciudad forzó al Emperador a que le diera el título de sei-i taishōgun, otorgado originalmente a los comandantes militares que lucharon contra los Emishi, una antigua tribu que se negaba a la autoridad imperial japonesa a finales del siglo VIII y comienzos del siglo IX. Con esta investidura, Yoshinaka decidió salir de Kioto, llevándose al Emperador como rehén. Sin embargo las fuerzas de Yorimoto estaban esperándolos; junto con él estaba su tío Yukiie, y sus dos hermanos perdidos: Yoshitsune y Noriyori.
Yoshitsune, quien volvió del exilio, cruzaría el río Uji y batallaría contra Yoshinaka el diecinueve de febrero. Fue la segunda batalla que se realizaría en Uji, en esta ocasión entre las dos facciones del Clan Minamoto que lucharían por el liderazgo. Las habilidades estratégicas de Yoshitsune, aprendidas según la tradición por los tengu, unos dioses menores que tenían habilidades de combate y estrategia; detendrían a Yoshinaka y obligaría la retirada de éste a la localidad de Awazu, en la provincia de Omi, donde el veintiuno de febrero se tendría otra batalla entre Yoshinaka y Yoshitsune. Dado que la Facción de Yoshitsune los superaba en número, Yoshinaka falleció en el combate, y casi todos sus miembros fueron asesinados o cometieron seppuku.
Con la muerte de Yoshinaka, Yoritomo tenía asegurado el control del Clan y el apoyo del Enclaustrado Emperador Go-Shirakawa, quien ordenó la expulsión del poder del Clan Taira; en cambio los Taira se habían establecido en las costas del Mar de Seto, baluarte histórico del Clan. Los Taira recibieron una gran cantidad de misivas de parte del Emperador Go-Shirakawa para acceder a una tregua si se rendían al séptimo día del segundo mes del calendario lunisolar; pero era una farsa ya que tanto el Emperador como el Clan Minamoto no tenían intenciones de esperar, y sólo tenían como objetivo de distraer a los líderes del Clan Taira y obtener la Regalía: los Tres Tesoros Imperiales que fueron tomados cuando el Emperador Antoku huyó de Kioto.
El Clan Minamoto dispuso atacar las bases del Mar de Seto, primero en la fortaleza de Ichi-no-Tani, al oeste de la ciudad de Kōbe. La fortaleza se encontraba en las orillas del mar, pero poseía una defensa impenetrable y era difícil hacer un ataque directo; además este lugar era punto de partida de los Taira para tratar de reconquistar Kioto. En esta emboscada Yoshitsune y Noriyori encabezarían una fuerza de alrededor de tres mil hombres. Yoshitsune aplicó una estrategia que dividía el ejército en tres partes: una que vendría por el este, por el Templo Ikuta; un segundo grupo -una pequeña caballería- que vendría por el norte, terreno montañoso; y un tercer grupo por el oeste.
A una determinada hora los tres grupos comenzaron a acercarse a la fortaleza encasillándolos; en la fortaleza había alrededor de cinco mil personas lideradas por Taira no Tadanori, hermano de Kiyomori y Taira no Shigehira, hijo de Kiyomori. El ataque sorpresa hizo que la mayoría de los Taira huyeran en barcos en dirección a la isla de Yashima, no obstante Tadanori murió en el ataque y Shigehira fue capturado y enviado ante los monjes del templo de Tōdai-ji, el templo que Shigehira mandó a quemar hace cuatro años, y fue decapitado por los monjes. Ichi-no-tani fue escenario de comabtes individuales, en donde el sōhei Benkei, servidor y mejor amigo de Yoshitsune combatió en el sitio. También fue escenario de la muerte de Taira no Atsumori, un joven de dieciséis años que combatió individualmente y fue inmortalizado en diversos dramas y obras populares.
Noriyori decidió seguir a los barcos del Clan Taira que huían y en la isla de Kojima se desencadenó otra batalla donde nuevamente el Clan Minamoto obtiene la victoria. En ese momento ya el Clan Taira estaba a punto de ser derrotado totalmente, cuando Yoritomo ordena a Noriyori y a Yoshitsune que regresaran a Kioto para reorganizarse. En octubre, Yoritomo ordenó a su hermano Noriyori que protegiera la región de Chūgoku y poco después llegó a la isla de Kyushu al extremo oeste, donde estuvo por varios meses. No tuvo presencia en las batallas del último año.
…
Para este último año de guerra, el Clan Taira se había relegado a la isla de Shikoku y a localidades aledañas al Mar de Seto, ya que tenían una mejor fuerza naval que el Clan Minamoto, que a pesar de tener controlado gran parte del país, aún no habían alcanzado a la base central de los Taira, en la pequeña isla de Yashima, donde estaba el Emperador Antoku, la Regalía Imperial y el líder del Clan, Taira no Munemori.
Tras varios meses de una tensa calma, el Clan Minamoto elaboró una estrategia para asaltar Yashima; el encargado de la misión era Yoshitsune, que había tenido éxito en las batallas del año anterior y estaba en Kioto como encargado de mantener el orden en los territorios controlados por los Minamoto. Se movilizó el veintidós de marzo en varios barcos con una fuerza reducida de más de cien hombres, desde Kioto, y atravesó el mar de Seto rumbo al este de la isla de Shikoku. A pesar de que una tormenta estaba impidiendo el avance de los barcos, Yoshitsune decidió avanzar aún con la oposición de sus hombres. Esto conllevó que muchos de sus barcos se perdieran, pero lograron llegar a Shikoku, y decidieron avanzar a pie hasta Yashima.
Al llegar a la fortaleza, Yoshitsune aplicó una estrategia para engañar a los Taira, levantando hogueras en la costa y aparentando un mayor número de hombres, mientras una fuerza expedicionaria estaba movilizándose desde tierra, ya que el Clan Taira esperaba una batalla naval. Este movimiento tomó por sorpresa a los Taira, cuya fortaleza fue incendiada. Los miembros del Clan Taira no tuvieron más remedio que huir de su base junto con el Emperador Antoku y la Regalía Imperial. No obstante, los Taira se dieron cuenta que el ejército de Yoshitsune era muy reducido, y retaron a los Minamoto a un duelo disparando un abanico sobre la cima de un mástil de uno de los barcos. Nasu no Yoichi, un arquero del Clan Minamoto que se encontraba montado en su caballo en el canal, logró acertar el abanico usando sólo una flecha, dando una señal de victoria de parte de los Minamoto. El Clan Taira, al haber perdido su base central, decidió movilizar y concentrar todos sus miembros al extremo oeste del país, en el estrecho de Shimonoseki, entre las islas de Honshu y Kyushu.
Yoshitsune persiguió desde Yashima a los miembros del Clan Taira que habían huido en varios barcos; así Yoshitsune se reabasteció a medida que avanzaba al oeste, ya que el Clan Taira se encontraba acorralado y los Taira eran conscientes que la única forma de poderse recuperar sus derrotas era venciendo a Yoshitsune, aunque fuera con un movimiento suicida. Munemori, líder del Clan Taira, iba a comandar la batalla, teniendo alrededor de ochocientos cincuenta barcos; en cambio Yoshitsune disponía de unas quinientas naves; Noriyori, desde Kyushu, iba a comandar las fuerzas del Clan Minamoto en tierra, pero prácticamente la batalla se desarrollaría en el mar, con el nombre de batalla de Dan-no-ura.
En esta batalla en Clan Taira tomó ventaja en sus capacidades estratégicas, ya que aprovechó el flujo de mareas en el lugar que iba a su favor, tratando de acorralar a las naves de Yoshitsune y remataron con el uso de flechas de largo alcance. Poco después se plantearían combates individuales con flechas y espadas entre ambos bandos; el Clan Taira estaba haciendo retroceder las fuerzas de Yoshitsune. Sin embargo, la duración del combate fue larga, y con el pasar de las horas, el flujo de la marea comenzó a revertir, en contra del Clan Taira. Ese fue el momento en que el Clan Minamoto tomó ventaja de la situación. Con el retroceso de las naves del Clan Taira, hubo otro elemento a favor de Yoshitsune: Taguchi Shigeyoshi, un vasallo del Clan Taira, traicionó a su grupo y le reveló a Yoshitsune el barco donde se encontraba el Emperador Antoku y la Regalía Imperial.
Yoshitsune centró sus ataques en dicho barco, donde todos los que lo ocupaban prefirieron cometer el seppuku antes de que morir a manos del Clan Minamoto. En esta escaramuza también el Emperador Antoku y su abuela, que era la viuda de Taira no Kiyomori, decidieron suicidarse llevándose consigo la Regalía Imperial al mar. No obstante las joyas fueron tomadas antes de ser lanzadas, y el espejo, que sí consiguieron arrojar, se recuperó poco después; la espada fue el único objeto de la Regalía que se perdió. La derrota del Clan Taira fue decisiva ya que casi la totalidad de sus miembros murieron en la batalla, y los que fueron capturados fueron ejecutados poco después en Kioto, entre ellos Taira no Munemori. Con esta acción finalizaron las encarnizadas Guerras Genpei, que se habían librado de forma ininterrumpida desde hacía cinco años.
…..
La consecuencia directa de estas batallas fue la desaparición del Clan Taira en la historia japonesa, ya que la totalidad de sus miembros habían fallecido en el combate. Para el Clan Minamoto este hecho representó el dominio total de Japón. Para Yoritomo, como líder del Clan, sería el comienzo de una reestructuración del gobierno y la política japonesa en donde el samurái dejaría de ser una clase inferior y se erigiría como la clase social dominante en el país hasta mediados del siglo XIX.
La fundación del shogunato Kamakura por Yoritomo sería el punto de inicio del dominio del samurái en Japón, ya que, contrario al control del Clan Taira dentro de la Corte Imperial, el shogunato o bakufu se erige como un órgano político independiente de la Corte Imperial y con un mayor poder político que éste, relegando al Emperador de Japón como un dirigente ceremonial y religioso, mientras que el shōgun quien recaería en las manos de Yoritomo, transformó el título que poseía a un carácter de gobernante político y gubernamental, además de ser un líder militar.
Aun así para que Yoritomo pudiera obtener este poder necesitó dominar y reprimir a todos los miembros dentro del escenario político en Japón, inclusive contra su propio Clan y especialmente a quienes le ayudaron a ganar la guerra. Yukiie fue decapitado al año siguiente de finalizar la guerra por ser acusado de traición; Yoshitsune fue perseguido y derrotado en combate, tuvo que realizar el seppuku porque Yoritomo sentía que era una amenaza contra su liderazgo; de igual modo Noriyori fue asesinado por simpatizantes de Yoritomo.
A pesar que Yoritomo se erigió como shōgun, el poder del Clan Minamoto en la política japonesa desapareció con su muerte. Hōjō Tokimasa, líder del Clan Hōjō y suegro de Yoritomo, había sido un aliado durante las Guerras Genpei. Con el fin de la guerra y el inicio del shogunato fue asignado sirviente de Yoritomo, pero con la muerte de este controló los destinos de los dos shōgun siguientes: Minamoto no Yoriie y Minamoto no Sanetomo, hijos de Yoritomo y nietos de Tokimasa; quienes sólo fungieron como gobernantes títeres. El asesinato de Sanetomo sin dejar herederos, trajo como consecuencia el final del Clan Minamoto y una usurpación total del poder. Sin embargo, la presencia del shogunato Kamakura, dominado esta vez por los Hōjō.
La consecuencia directa de esta guerra civil fue la victoria del Clan Minamoto y la consiguiente caída del Taira, lo que puso a los samuráis al mando político y militar de Japón, y permitió el establecimiento del shogunato, el Kamakura, encabezado por Minamoto no Yoritomo.
Con este nuevo periodo en el País del Sol Naciente, el poder estaba centralizado en la ciudad de Kamakura, que era la capital del shogunato. No obstante, el verdadero poder lo ejerció el Clan Hōjō, cuyos miembros eran los auténticos gobernantes, a la vez que quitaban y ponían a los Shōgun, quienes pasaron a ser auténticas marionetas en el poder.
El primer shogunato en regir en Japón instauró un gobierno militar que condujo al ascenso al poder de las clases guerreras, anteriormente consideradas como subordinadas e inferiores a la aristocracia tradicional.
Después de la muerte de Yoritomo, Hōjō Tokimasa, jefe del Clan de la viuda de Yoritomo Hōjō Masako y antiguo guardián de Yoritomo, reclamó el título de regente a Minamoto no Yoriie, hijo de Yoritomo, eventualmente haciendo el reclamo hereditario al Clan Hōjō. El Clan Minamoto mantendría el título de shōgun por dos generaciones más, con el Clan Hōjō consumando el poder realmente, convirtiendo al shōgun en un títere.
XXXXX
Dado que luché en el bando del Clan Minamoto, se me dio total libertad de paso en el Imperio, permitiéndome recorrer este país sin impedimento alguno. Nuevamente había perdido la oportunidad de alcanzar la muerte. No existía el hombre capaz de darme aquello que tanto busco. Bueno, ya buscaría otra guerra en el futuro. En otra ocasión volveré a buscar la muerte en la batalla.
Ahora, sin la guerra, podía apreciar la belleza de estas tierras de un modo que antes no había podido disfrutar. Este lugar rebosaba de su propia belleza. Casi la totalidad del país era montañoso, lo cual dificultaba un poco el ir y venir de un lado a otro. Además, con la guerra, muchos caminos y pasos habían sido destruidos, por lo que debían ser reparados para volver a comunicar las distintas aldeas.
Pero a mi realmente no me importaba. Durante gran parte de mi vida he recorrido lugares sin caminos o senderos. Gracias a eso mismo, numerosas fueron las veces que encontraba algún poblado incomunicado. Y en casos como este, la situación podría dividirse en dos: los pueblos afortunados y los desafortunados. ¿La diferencia? Los pueblos desafortunados eran tales porque, o bien habían sufrido daños graves o habían sido destruidos, o bien algún grupo de ladrones aprovechaban la reciente paz tambaleante y al débil gobierno para hacerse con el control de estas zonas. No era una tarea dificultosa el echarles o eliminarlos.
Pero conforme iba pasando el tiempo, una idea volvía a mi mente. Haciendo uso de mis memorias, intentaba guiarme en el camino de vuelta a casa. Para mi desgracia, nadie era capaz de reconocer el lugar al que tanto había deseado volver desde que los recuerdos volvieran a mi mente.
Busqué y busqué el lugar aproximado donde había estado mi aldea hace más de dos mil años, pero resultaba algo casi imposible. El mundo siempre cambia, es un cambio constante. Antes el humano modificaba poco de la naturaleza, pero he visto tales cambios que antes jamás creí que los humanos pudieran hacer, y tenía la certeza de que en un futuro próximo serian cambios aún mayores.
Pero claro, si el humano no cambiaba la naturaleza, esta misma lo hace. A pesar de lo que pueda parecer, mi memoria no llega tan lejos como desearía. Tengo información guardada en esta, pero es tanta que muchas cosas no las recuerdo.
Me senté en una piedra, dejando que el sol calentara mi cuerpo, usé Magia y saqué uno de mis tantísimos diarios de mi guarida propia. Uno pensaría que cómo podía saber yo cuál de todos los diarios es el que deseo leer, pero con saber más o menos las fechas, este llega solo a mi mano.
Obviamente el primero en sacar fue mi primer diario. Los primeros años de mi vida. Ya no recordaba cómo era mi aldea, ya no recuerdo el rostro de mis padres, amigos, ni el de mi esposa. Tampoco siquiera recuerdo su nombre. Y me duele, me duele mucho. Pero es normal. Solo consigo recordarlos gracias a mis diarios. Cuando uno los ve, solo encuentra letras y más letras, pero cuando le aplicabas mi Magia materna, entonces las letras cobraban vida.
Y eso fue lo que hice.
Cerré los ojos, apliqué la Magia, y dejé que los recuerdos fluyeran en mi mente como un rio en su etapa más tranquila. Y entonces volví a verlo como si hubiera estado allí. Todo lo veías desde mis ojos de aquella época. Podía sentir mis propios sentimientos de aquel momento. Nostalgia… ese fue el principal. A pesar de estar sumergido en mis recuerdos, podía notar las lágrimas caer por mis mejillas. ¡Y como no hacerlo! Volví a ver el rostro de mi madre, el rostro de mi padre, el rostro de la mujer que más he amado en toda mi existencia, el rostro de mis viejos amigos, los rostros de los habitantes de mi vieja aldea, y por último el lugar donde habitábamos: el rio, el bosque, las montañas y el mar a lo lejos, el lugar que descubrí con Hikari… cuantos recuerdos.
Si… ahora si lo recordaba todo... Ojala poseyera una memoria con más capacidad, pero dos mil años de vida es imposible recordarlas al completo. Me dejé llevar por los recuerdos hasta que note que el calor del sol menguaba, por lo que detuve mi vagar por mis memorias. Abrí los ojos, observando a mí alrededor. El astro estaba a punto de ocultarse en el horizonte occidental. Era momento para continuar la marcha.
Los días se convertían en semanas, y las semanas en meses. Recorrí este país de un lado a otro, guiándome por mis recuerdos perdidos de mi memoria pero aun existente en mi otra memoria. Pero era realmente dificultoso. Casi nada era como antes a excepción de las montañas.
Un día, ya en fechas cercanas al otoño, me adentré en uno de los tantos y espesos bosques del país, en una región montañosa que me traía algunos recuerdos a la mente. Encontré un camino ya desgastado y apenas visible, un camino viejo y poco cuidado que conectaba con una de las vías principales en las faldas de las montañas. A pesar de su mal estado, era mucho mejor que viajar a través de arbustos y vegetación, por lo que decidí seguirlo. Durante unos tres días el camino bordeaba las montañas hasta llegar a una pequeña llanura, una llanura en la cual había una pequeña aldea con no más de veinte familias, por lo que pude suponer por el número de casas. Un río, que nacía de las montañas, atravesaba la aldea y se perdía en la lejanía rumbo al océano.
La verdad es que estaba cansado del largo viaje y agradecería dormir bajo techo, si fuera posible. Seguí caminando pero, cuando me acerqué demasiado a la aldea, pude sentir que atravesaba una barrera mágica, pero no una defensiva, sino una de vigía. Me detuve nada más sentirla. Pude al descubierto parte de ella, frunciendo el ceño al ver que se trataba del lenguaje de los demonios de las religiones abrahámicas.
¿La Casa Belial? Hum, esto puede ser un pelín complicado. Tengo entendido que ellos tenían el poder de Anular, pero nunca supe si se trataba de Anular la Magia y Poder de los demonios o cualquier tipo de poder. Atrofia los poderes y parece que los elimina, pero por tiempo limitado y debe tener conocimiento de la técnica. Bueno, si me enojan demasiado creo que me decidiré por comprobarlo.
Me encogí de hombros y continué mi camino hacia la aldea. Cuando me vieron llegar, los aldeanos se pusieron en alerta. Los niños, ancianos y mujeres se guarecieron en sus casas mientras los hombres con capacidades de lucha, entiéndase desde los jóvenes adolescentes hasta los no muy ancianos, agarraban sus herramientas y se mantenían alertas ante mi llegada. No diré que me sorprende, pues desde el fin de la guerra los ánimos en las aldeas aisladas o semi aisladas no es precisamente bueno.
-Saludos, habitantes de esta aldea. No vengo a dañar a nadie ni robar. Solo estoy de paso. – expliqué deteniéndome a unos cinco metros del grupo armado.
-¿Quién eres, samurái? – interrogó el que parecía el líder de la aldea.
-No soy un samurái. – negué sonriente – Pero ciertamente luché en la guerra. – Desenfundé mi katana y la dejé en el suelo – Aquí está la prueba. Ahora me alejaré y dejaré que cojáis mi arma, si así os sentís más seguros. Como he dicho, solo estoy de paso, y agradecería dormir una noche bajo techo así como comer una buena comida.
Los hombres se miraron entre ellos. Yo retrocedí al tiempo que el jefe de la aldea se adelantaba y cogía la katana.
-Bien. Podéis quedaros, pero solo una noche. Mañana, antes del anochecer, deberéis haber abandonado este lugar.
-Sea como gustéis. – Asentí – Por cierto, ¿cuál es el nombre de esta aldea?
-Kuoh. Ese es su nombre.
-Kuoh, ¿eh? Y, ¿hay alguien por esta zona que mande más que usted?
Fue entonces que percibí el nerviosismo de todos y cada uno de ellos. Al parecer, aquella no era una pregunta bien recibida. No me hizo falta una contestación para saber que estaba en lo cierto… por aquí había un jefe.
-No. Yo soy la máxima autoridad en esta región.
-Entiendo. En ese caso, le agradezco la hospitalidad.
Un gruñido de desaprobación se escuchó, pero nadie dijo nada más. Aquel día fue bastante gris, la verdad. Ciertamente fueron hospitalarios conmigo, pero era fácil ver que mi presencia no era bienvenida. ¿Que ocultaban? ¿Por qué su nerviosismo? Esta misma noche iba a averiguarlo.
Cuando el sol se ocultó en el horizonte y todos se fueron agotados a dormir, yo me escabullí, cogí mi katana de la casa del jefe de la aldea, y comencé a vagar por los alrededores. Liberé un poco de mi aura mágica para que aquel o aquellos que vigilaban esta región se dieran más prisa en aparecer. Había notado cierta vigilancia poco después de mi llegada, y ya me estaba hartando de que me vigilaran.
-Sal de una vez. Estoy cansado de esto. Y, o sales tú, o te sacaré yo, y te aseguro que no te gustará nada de nada.
Chasqueé la lengua al ver que nadie hacia acto de presencia. Me estaba cansando de la espera, por lo que invoqué mi Magia y destruí la barrera vigía. Aquello si pareció funcionar, pues unos veinte círculos mágicos demoniacos me rodearon, y de ellos aparecieron demonios, todos hombres. Uno de ellos era particular, pues poseía un Poder superior al resto. Cabellera canosa y ojos grises, un rasgo distintivo como la cabellera carmesí de los Gremory.
-Un Belial, si no me equivoco. – dije mientras me cruzaba de brazos.
El Belial era sin duda poderoso, un Clase Suprema fácilmente. En cuanto al resto de hombres, la gran mayoría pertenecía a los Clase Alta, y alguno a Clase Media. Hacía más de quinientos años desde que me vi rodeado por tanto demonio de las abrahámicas.
-Así es humano. Percibimos tu llegada a nuestro territorio.
-¿Tu territorio? – sonreí ladinamente.
-Exactamente. Este territorio está bajo mi jurisdicción. La jurisdicción de la Casa Belial.
-Curioso. Pensaba que solo iríais a molestar en territorios donde la religión a la que pertenecéis esté presente, y este lugar está muy lejos de occidente.
Sinceramente me hubiera esperado un deje de asombro por su parte al saber de mi conocimiento, pero o bien los humanos de aquí están familiarizados con los sobrenaturales, o ya me conocen.
-Nosotros vamos a donde queremos y gobernamos donde nos place.
-Ya. Recuerdo a varios que dijeron exactamente lo mismo y no acabaron muy bien.
El Belial frunció el ceño ante mi tono burlesco.
-Cualquier otro te hubiera eliminado de inmediato, pero me considero un hombre misericordioso. Por eso te dejaré que nos digas tu nombre antes de matarte.
-Ohhh, cuanta misericordia. Me inclino ante vos y vuestra buena voluntad, demonio de la Casa Belial. – Hago una burlesca reverencia, provocando gruñidos en los demonios – Déjame preguntarte, a quien voy a matar, ¿es el líder de la Casa Belial o un descendiente? Es por saber si podré contar a dos Casas o una. – El Belial frunció el ceño sin entender mis palabras – Oh, es cierto, ¿dónde está mi educación? Mi nombre es Issei Hyodo, aunque en el mundo sobrenatural se me conoce como 'El hombre sin tiempo', 'El Humano más Poderoso' o 'El Humano que camina entre Dioses'. – ohhh sí, me encantaba ver esas caras. Parecía que ahora si sabían dónde se habían metido – Un placer.
Rápidamente Belial se recubre con Poder al igual que los otros diecinueve demonios. Lo curioso es que pude notar cómo mi Poder Mágico era anulado. No sentía el Maná correr por mis Circuitos Mágicos. Hmmm, pues sí que es como algunos decían. Los Belial pueden anular casi cualquier poder, pues no siento mi poder mágico. Lo ha anulado. Pero puedo sentir el ki, por lo que se ha centrado solamente en mi Poder Mágico, dejando los demás intactos. Bueno, ya de por si es un logro que haya podido anularlo por completo aún con mis defensas mágicas. Estas ni siquiera se activaron. Un poder interesante y peligroso.
-He escuchado sobre ti, Issei Hyodo. Tu fuerte es usar un hechizo que anula la conexión entre Magia y Poder, pero ahora sabemos cómo luchar contra ti. Si tú no puedes hacer uso de ese hechizo, dudo que seas tan peligroso como hasta ahora. – el Belial sonríe satisfecho consigo mismo.
-¿En serio crees que mi poder se clasifica solo por mi Magia? ¿Crees que por haber anulado eso soy menos peligroso? Pobre ignorante de la vida. – niego divertido con la cabeza.
Yo fui el que creó ese hechizo, y se perfectamente que ese pensamiento solo es aplicable a aquellos que poseen UNA sola forma de luchar. Pero, cuando te enfrentas a contrincantes con un amplio abanico de estilos de lucha, entonces no puedes aplicar esa lógica. Desenfundo mi katana y me coloco en posición.
-¿Un arma humana? ¿En serio crees que una simple arma humana podrá atravesar nuestras defensas?
Su tono de voz es aburrido, como era lo esperado. Y no solo su tono de voz. Su propio rostro demuestra su aburrimiento, y su decepción. Estoy seguro de que esperaba otra cosa cuando me anuló la Magia, pero yo ya tenía mi propio plan. No valía la pena explicar nada ni avisarle de lo que podría pasarle. Estaba ya cansado del desprecio por los logros de los humanos. Iba a demostrarle lo que podía hacer esta preciosa espada contra su Poder demoniaco.
No usé Touki, no usé Senjutsu, ni ninguna habilidad semejante… o por lo menos si no es estrictamente necesario. El único punto negativo aquí es que no puedo acceder a Ame no Nuboko, ni Andúril, ni a la armadura, por lo que esto se va a volver más complicado conforme pase el tiempo. Debo eliminarlos rápidamente si no quiero usar mis demás habilidades.
Me agacho ante el intento de un demonio por arrancarme la cabeza con su mano recubierta de Poder Demoniaco, blandiendo mi espada de manera ascendente…
SLASH
Realizando un largo corte en el cuerpo del demonio. Este se encoge llevándose la mano al corte, el cual sangra bastante, momento que aprovecho para balancear mi katana y separar su cabeza del resto. La verdad es que me esperaba algo más de un Clase Alta. Bueno, espero que hayan captado el mensaje… incluso una espada humana puede hacerles eso. No perdí el tiempo para que volvieran en sí, pues aquella muerte tan rápida les había sorprendido. Supuestamente yo no debía de haber hecho eso sin mi Poder Mágico.
SLASH
Con un rápido movimiento ascendente, realicé un corte desde el ombligo hasta la garganta de otro demonio. La herida se abrió y sus tripas cayeron al suelo mientras el susodicho caía hacia delante, sobre sus propios órganos.
BOOOM
Torcí mi tobillo de modo que cayera al suelo para que una esfera de Poder Demoniaco me alcanzara. Solté una mano del mango de la katana, la apoyé en el suelo y me impulse hacia adelante. Con dificultad esquivé otros dos ataques, pero pude llegar a mi objetivo. El demonio creó una espada de fuego, pero realicé una finta para no blocar esa espada de llamas con mi katana, pudiendo así…
SLASH
Cortar el cuerpo del demonio por la mitad a la altura del ombligo. El filo de las katanas era tal que esto era posible de realizar si no tenías una armadura, ya fuera de cuero o acero, y en este caso, ninguno de los demonios poseía tal defensa.
-¡¿Qué demonios hacéis, idiotas?! – exclamó el Belial furioso.
Invocó su Poder y me lo lanzó como si de una lluvia de flechas se tratara. Bien, eso es lo que deseaba. Comencé a correr sin rumbo fijo, y cualquiera diría que corría como idiota, pero de lo que el Belial ni los demás se dieron cuenta, era que no corría sin dirección, sino que corría en la dirección donde cualquiera de los demonios pudiera quedar en medio de esta lluvia de ataques demoniacos. Gracias a ello, varios cayeron bajo ataque amigo. Rápidamente, y contando a los tres que maté, el numero bajó de veinte demonios a doce.
Esta vez no me rodearon, sino que crearon un semi círculo. Me temo que ahora si deberé usar otra habilidad. Todos me apuntaron con sus manos, cubriéndose de su Poder Demoniaco. Yo esperé y esperé hasta que lanzaron su ataque. Cuando esto pasó…
PUUUM
Recubrí mi pie de Touki y golpeé el suelo. Un temblor lo sacudió, los ataques fueron desviados, explotando al golpear contra árboles y el suelo o perdiéndose en el cielo. El polvo se levantó y cubrió la zona. Oí los gruñidos y maldiciones de los demonios, pues el polvo les había cegado por un instante, instante que aproveché para atacar. Usando mi otra vista, corrí hacia ellos, realizando diversos ataques, todos mortales, hasta que los demonios disiparon el polvo con su Poder. Para entonces yo había logrado acabar con siete de ellos. Ahora quedaban cinco.
No solo el Belial, sino que los otros cuatro miraron horrorizados como tres cuartas partes de su grupo había muerto, o bien por el filo de mi espada o por ataque amigo.
-No debiste subestimarme, Belial. – Llevé mi mano a la barbilla al tiempo que balanceaba la espada para quitar el exceso de sangre y grasa – Creo que repito demasiado esa frase.
-Nos retiramos. – siseó el Belial.
Aquellas palabras impactaron a los cuatro supervivientes, quienes no creían lo que su líder había dicho. Incluso yo admito que esas palabras me tomaron con la guardia baja.
-P-pero mi Lord…
-¡Nos vamos!
Rápidamente los cuatro asintieron y los círculos mágicos aparecieron bajo ellos. Ya veo, entiendo, una retirada estratégica. Bien pensado.
-Admito mi equivocación contigo. Pero la próxima vez estaré preparado.
-Si nos volvemos a cruzar, no habrá próxima vez. – Le advertí – Por cierto, aún no me has dicho tu nombre.
-Lorbruck Belial, hijo del primer Belial.
Y justo después desapareció junto a sus hombres restantes. Hmmm, eso quiere decir que es la segunda generación de Belial. Pse, no importa. Quemé los cuerpos y volví a la aldea de Kuoh, donde dejé la espada ya limpia en la casa del líder y volví a mi cuarto. Al día siguiente, después de descansar, me marché antes del anochecer, tal y como prometí, pero esta vez no seguí el desgastado camino, sino que me interné cerca de lugar donde había batallado con los demonios.
Revisando mis memorias la noche anterior, me había dado cuenta de que esa zona me era conocida por la vista de las montañas y la llanura. Una luz de esperanza llenó mi corazón y me puse en marcha. Jamás creí que volvería a encontrarlo. Ciertamente no está como yo lo recordaba. La naturaleza se había hecho cargo de borrar la existencia de cualquier tipo de poblado humano en esta parte. El bosque se había extendido hasta ocupar toda la zona que antes ocupaba la aldea, el rio se había convertido en varios pequeños riachuelos que luego se unían al nuevo curso del río, el cual pasaba por Kuoh, la fuente había sido destruida por un temblor de tierra, o eso creo. Todo distinto, pero al mismo tiempo todo igual.
Pero entre tanta nostalgia, pude sonreír un poco. Dos mil años habían pasado y ya no estaba como cuando lo construí, pero el altar ahí seguía, o algo aproximado. Ya no era una pirámide, pero la base aún estaba ahí. El hechizo se había desvanecido, pero la naturaleza se había encargado de guardar al menos parte de lo que una vez fue. Quité un poco del musgo del suelo, pudiendo observar las piedras. Mis tallados ya casi se han borrado, pero algunos son aun distinguibles.
Hice el saludo propio de mi raza para los difuntos. Mostré mis respetos a mi gente, así como a mis padres y a mi esposa. Aquella noche dormí allí, entre recuerdos de un lejano pasado. Para cuando me desperté al día siguiente, el sol ya estaba alto. No recuerdo cuando fue la última vez que dormí tan bien y durante tanto tiempo. Este lugar es lo que tiene. A pesar de aquellos dolorosos recuerdos, los buenos momentos lograban opacar a las dos tragedias que viví en este lugar.
Incluso, si me concentraba, podía ver los fantasmas de los habitantes de mi aldea como si realmente estuvieran frente a mí. Todo volvía a como había sido hace dos milenios. Pero no es buena idea que me quede aquí demasiado tiempo. La nostalgia está bien. Te ayuda a seguir adelante. Pero encerrarte en ella es lo realmente peligroso. Podría quedarme aquí incluso para siempre, pero, cuanto más tiempo me quede, más me costará seguir adelante. No tengo pensado morir aquí de vejez. Además, estaría traicionando mi vida si por nostalgia echara raíces nuevamente aquí por algo que ya dejó de ser.
Me despedí de todas aquellas almas que una vez habitaron esta región, aquellos que fueron mi familia, mi amor y mis más allegados, y marché.
Abandoné Japón sin mención a nadie, como era costumbre para mí. Pero, una vez volví al continente y llegué al norte de Corea, todo había vuelto a cambiar. Ahora, lo que gobernaba esta parte del mundo, así como casi toda China y más allá, en territorios occidentales, eran los mongoles. Si, recuerdo haberme cruzado con ellos hace muchos años, cuando llegué a las tierras chinas.
Los mongoles fueron una confederación de tribus que se enfrentaban a las confederaciones de los tártaros, keraitas, merkitas y naimanos. Eran un pueblo nómada, estrechamente relacionado con las tribus túrquidas. Sin embargo, ninguna de estas civilizaciones, con la excepción del Califato de Bagdad, formaron parte de un estado central poderoso. Asia, Rusia y Oriente Medio declinaban los reinos o las ciudades estatales. Tomando la iniciativa de forma estratégica, los mongoles explotaron su poder, enlazando estas áreas en una red de comercio que servía de soporte mutuo.
Los mongoles dependieron de forma destacada de este comercio con los habitantes de las ciudades pero no dudaron en asaltar los pueblos en tiempos difíciles. Como nómadas, no podían acumular provisiones para los tiempos difíciles o para apoyar a los artesanos. Cuando el comercio con el norte de China se redujo, poco después de que Gengis Kan llegara al poder, los mongoles recuperaron su tradición de obtener los bienes mediante asaltos al norte de China.
Pero, ¿quién era ese tal Gengis Kan? Pues fue el creador del Imperio Mongol. El Imperio Mongol, instituido por Gengis Kan, llegó a abarcar desde la península de Corea hasta el Danubio, y albergando una población de más de cien millones de habitantes, incluyendo a algunas de las naciones más avanzadas y pobladas.
El guerrero Temuyín unió todas las tribus mongolas bajo su mando, cuando se lo proclamó Gran Kan, con el nombre Gengis Kan. En seguida se enfrentó al Imperio Jin de los Jurchen y los Xi xia en el norte de China, y, ante la resistencia del Imperio Corasmio, fue a Asia Central, devastando la Transoxiana y el oriente de Persia, y penetró en el sur de Rusia y el Cáucaso. Durante la guerra contra Xia Occidental, Gengis Kan enfermó y murió.
El ejército de Gengis Kan, a pesar de ser relativamente poco numeroso, contaba con una caballería bien preparada, arqueros expertos y disciplina entre sus líderes.
El ejército mongol fue durante dos siglos el mejor del mundo por su movilidad y estrategias, que lo hicieron temible entre sus coetáneos. Gengis Kan y otros militares mongoles introdujeron varias innovaciones que permitieron a su ejército conquistar vastos territorios, aun estando en desventaja numérica durante las batallas que libraron.
El sistema militar mongol se fundamentaba en el estilo de vida nómada de los mongoles. Con el tiempo se sumaron al mismo otros elementos inventados por Gengis Kan, sus Generales y sus sucesores. Por otro lado, la tecnología que los mongoles utilizaron para atacar fortificaciones se adaptó de otras culturas, y consecuentemente se integraron a las estructuras de mando expertos técnicos extranjeros.
Gengis Kan tenía un código de leyes llamado Yassa, que reunía tradiciones del pueblo, además de sus pensamientos e inquietudes sobre cómo debía ejercerse el gobierno. Bajo el mandato de Gengis Kan, todos los individuos, siempre y cuando fueran nómadas, y las religiones eran consideradas iguales por la ley mongola, mientras que eran discriminados los pueblos sedentarios, en especial los chinos. El código permitía el uso de la tortura y exoneraba a los médicos del pago de impuestos.
La Yassa era escrita en rollos de papel almacenados en volúmenes que solo podían ser vistos por el Kan o sus asesores más cercanos, aunque las reglas que contenía eran conocidas por todos y respetadas.
Gengis Kan también creó un amplio sistema postal para enviar órdenes gubernamentales y reportes.
En vista de la diversidad étnica, religiosa y tribal tanto de los civiles como de los militares en el Imperio Mongol, Gengis Kan insistió que toda lealtad debía dedicarse a él como gran Kan y a nadie más. Se esperaba la obediencia de los más pobres hacia los más ricos.
Gengis prefería reinar a través de las aristocracias locales, aunque si estas se le oponían no tenía reparo en eliminarlas. Sin embargo, entre los mongoles, aplicó una meritocracia: los títulos y cargos eran asignados teniendo en cuenta el valor mostrado en la batalla o la lealtad, en contraposición del antiguo sistema de herencia a través de la familia.
En el Imperio Mongol coexistían muchas religiones distintas con un grado limitado de libertad de culto. Con el pasar de los años Gengis Kan comenzó a desarrollar un intenso interés por las religiones que recorrían la Ruta de la Seda pues estaba convencido de que en ellas podría encontrar, mediante hechizos y ritos mágicos, el secreto de la inmortalidad. En consecuencia, se concedió libertad de culto total y se exoneró a los sacerdotes del pago de impuestos. Esto dio como resultado que la Ruta de la Seda se convirtiese en un foro de diálogo interreligioso novedoso.
Los mongoles eran tradicionalmente animistas chamánicos, como lo era el propio Gengis Kan y sus hijos, aunque ya existían tribus cristianas que fueron unificadas por Gengis. A partir de la tercera generación, la mayoría de los nietos de Gengis Kan se convirtieron al budismo tántrico, que gradualmente se convirtió en la religión predominante, sustituyendo al chamanismo. Algunos Kanes, como Ghazan, se convirtieron al islam, pero fue Altan Kan el primero en declarar al budismo, específicamente al budismo tántrico tibetano, Vajrayāna, como religión oficial del Imperio Mongol.
A pesar de la coexistencia de gran cantidad de religiones dentro del Imperio Mongol y sus cuatro subregiones: judíos, cristianos, musulmanes, paganos, budistas, hindúes, etc., no estuvo exento de conflictos religiosos. Por ejemplo, en el IlKanato, que gobernaba Persiay gran parte del Medio Oriente, la mayoría de los Kanes fueron budistas que gobernaban sobre una población islámica, salvo los últimos tres Kanes, que fueron musulmanes.
Los mongoles valoraban sus relaciones comerciales con los países vecinos, y mantuvieron su política de apertura al comercio durante sus conquistas y expansión.
Todos los mercaderes y embajadores que tuvieran la documentación adecuada y autorización, eran protegidos mientras viajaban por sus dominios, razón por la cual se intensificó el comercio terrestre, del Mediterráneo a China, a través de rutas bien mantenidas y transitadas ya que no había miedo a los bandidos. Sin embargo, los mongoles no tuvieron mucha influencia en el comercio marítimo.
La supremacía mongola produjo una mezcla de culturas a una escala nunca vista hasta entonces, dando lugar a la llamada Pax Mongolica, Paz Mongola, por la que se estableció una especie de mezcla entre el pueblo mongol nómada y las sociedades campesinas y comerciales conquistadas. La "paz mongola" impuesta sobre gran parte de Asia favoreció enormemente el intercambio comercial y de ideas entre los vastos territorios del Imperio Mongol como con occidente.
Tras la muerte de Gengis, sus sucesores, bajo el segundo jan, Ogodei, continuaron la expansión. Esta expansión incluyó a Persia, acabó con los Xia y los restos de los corasmios, y condujo a un conflicto con la dinastía Song de China meridional, comenzando una guerra.
los mongoles, bajo el mando de Batu Kan invadieron los territorios del este de Kiev, provocando la muerte de alrededor de la mitad de la población local, para luego reducir la mayoría de sus principados al vasallaje.
Tras haber derrotado a los ejércitos polaco y alemán en la batalla de Liegnitz, a los húngaros en la batalla de Mohi y a punto de lanzarse a la conquista de toda Europa, campaña que se prometía exitosa, tuvieron que volver a Mongolia para elegir al siguiente Gran Kan, tras la muerte de Ogodei, si bien devastaron grandes áreas de Europa Oriental.
Un par de años antes de mi llegada a los confines del este, el nieto de Gengis Kan, Hulagu, partiendo desde la base mongola en Persia, conquistó el Califato Abasidaen Bagdad y destruyó el culto a los nizaríes, entrando por Siria y Palestina hacia Egipto.
Y esto fue lo último que supe de ellos antes de mi marcha.
Era hora de dejar este lugar, esta parte del mundo. Más allá de este frio mar helado hay un continente de gran tamaño, según describen mis libros. Un continente casi tan grande como toda Asia, lo cual no es precisamente poco. Mis antepasados llamaron a este lugar el Puente Intermitente debido a que solo cuando se congelaba era posible ir de un continente a otro andando. A veces incluso en verano existía ese camino, pero en otras ocasiones dicho camino no existía ni durante el invierno.
Eché una última mirada atrás, observando las lejanas tierras del horizonte. Este camino me llevaría mínimo un día, por lo que realmente se pasaría rápido. Había vivido dos mil años en este lugar, y hoy lo dejaba, a saber durante cuánto tiempo. ¿Qué nuevas cosas me esperarían en esta nueva tierra? A saber, pero tengo buenas sensaciones.
Bueeeeeno. Pues he empezado a trabajar gente, el 2 mismo, pero no diré ni donde ni de que… por si alguno aquí me conoce jajajaja. ¿Eso qué quiere decir? ¿Actualizaciones más lentas? Es posible.
Una explicación, está demostrado que una katana, si el que la usa lo hace bien, es capaz de cortar un cuerpo humano por la mitad, sin armaduras o protecciones, por supuesto. En el caso de este fic, un humano "normal" necesitaría, quizás, dos tajos para cortar a un demonio, ángel, vampiro, youkai, etc. por la mitad. Y ¿cómo puede una katana cortar a un demonio? Damas y caballeros, ¡siguen siendo de carne y hueso! Ciertamente los sobrenaturales, exceptuando Semidioses, dragones y alguna otra criatura, poseen huesos reforzados y piel, músculos y órganos un poco más densos, pero no al punto de ser no cortables. Incluso con un cuchillo se le podría atravesar.
Y, pues aquí termina el arco. Ahora vamos al siguiente, y ya de paso dejo aquí cuales son, en principio, los próximos arcos. Sus nombres indican la época aproximada.
-América precolombina.
-Era de la piratería.
-Guerras de independencia.
-La Gran Guerra humana.
-La mayor guerra de la historia.
Como he dicho, en principio esos son los arcos, pero puede que cambie, no lo sé. Con el tiempo se verá.
Nos leemos !
