El tigre por la cola II – Costos del servicio

Capítulo 13 – Embriaguez mágica

—¿Bellatrix? —inquirió Lucius Malfoy poniéndose de pie. Empezó a caminar con pasos lentos de un muro al otro de la celda. Snape lo observaba desde el otro lado de los barrotes. Incluso desaseado y en el muy poco favorecedor uniforme de presidiario se veía bien. Y parecía ser él el que controlaba la situación. Snape, por su parte, estaba haciendo un esfuerzo mayúsculo tratando de disimular el nerviosismo. —Nunca te cayó bien. ¿A qué viene este repentino interés por Bella?

—Bloqueos de memoria. —dijo Snape— Y no creo que hayan sido obra del Señor Oscuro.

—¿Ah sí? —comentó Lucius y le dio la espalda. Uno de los tantos recursos de los que disponía Lucius era la seducción arrolladora de su atractivo físico, cada línea de su cuerpo destilaba encanto. Y a medida que iba creciendo, Draco se parecía cada vez más a su padre. Snape podía entender perfectamente que Potter se hubiera prendado del heredero de los Malfoy.

—Así es. —dijo Snape tratando de no impacientarse.

Lucius giró para mirarlo. —¿Y a vos se te ocurrió que podías venir a molestarme con tus sórdidas preguntas y que ibas a obtener respuestas sin tener que dar nada a cambio? —preguntó Lucius con tono divertido.

—¿Sórdidas? —repitió Snape, sorprendido por la elección del término— ¿Qué es lo que pedís a cambio?

—Aquí hace mucho frío… particularmente a la noche.

—¿Ropa abrigada? —sugirió Snape levantando una ceja— ¿O preferirías una chica que te hiciera compañía?

—En realidad tenía esperanzas de que vos entraras para abrigarme con tu calor corporal… pero supongo que puedo conformarme con una toga o dos… de seda… color azul. A diferencia de vos yo no puedo fingir que me queda bien el negro… bueno, vos sos un caso irrecuperable, nada que te pongas podría mejorarte.

—Provocaciones pueriles viniendo de alguien como vos. —dijo Snape inmutable— Uno hubiese esperado agudezas más ingeniosas.

—Parece que tu licántropo ha logrado levantarte de manera notable la autoconfianza. —Lucius sonrió ante su reacción— Oh, no te sorprendas tanto… no hace falta ser adivinador, es fácil darse cuenta… apestás a sexo cada vez que venís, no te mostrás ni la mitad de sombrío que antes… y tu reacción en este momento no ha hecho sino confirmarlo.

—¡Maldito seas, Lucius!

—No hace falta ponerse grosero… las ropas…

—Seda azul… las tendrás mañana… a cambio de la información… si es que podés informarnos de algo que valga la pena.

—¿Alguna vez estuviste en Azkaban? —le preguntó sentándose con elegancia en la cama. Mal alimentado, sin sol, ni magia y con pocas posibilidades de higiene cualquier individuo se debilita, Lucius no había sido una excepción. Pero durante su confinamiento, a pesar del deterioro físico y mental, Lucius igual se las arreglaba para inspirar respeto; los guardias no se animaban a cometer abusos como con otros prisioneros; con Bellatrix pasaba algo parecido pero por otra razón… ella escupía, mordía y meaba a cualquiera que se le acercara demasiado.

—Una vez. —admitió Snape reticente— Me habían asignado la tarea de llevarle unas pociones a una prisionera enferma… que no sobrevivió… el lugar es deprimente… y eso que para entonces ya no estaban los dementors… —con dementors debía de haber sido infernal.

—Deprimente. —repitió Lucius con una mueca de desdén— Ese calificativo no alcanza ni de lejos a describirla. Era… mejor morirse que vivir ahí… uno se muere todos los días, revive constantemente los peores recuerdos… no hay siquiera un momento de respiro o alivio. Nadie te visita y a nadie le importa lo que pueda pasarte.

—Eso no responde mi pregunta. —dijo Snape que no se sentía inclinado a la compasión, menos que nadie con Lucius, su castigo había sido bien merecido.

—Oh sí… si uno sabe leer entre líneas.

—¿Me estás diciendo que los agujeros en la memoria de Bellatrix son una consecuencia de los años de encierro?

—Los prisioneros hablan. —prosiguió Lucius— Es muy poco lo que se puede ver más allá de la celda… pero se puede hablar con los vecinos… nunca les ves las caras, pero podés hablar con ellos. A los dementors no les importaba. A ellos sólo les importaban las emociones y mientras más cuerdas las víctimas más había para ellos… los dementes perdían todo interés.

—¿Y de qué hablaban los prisioneros? —preguntó Snape acercándose a los barrotes.

—¿Cómo sigue Scrimgeour? —preguntó Lucius apartando la mirada.

—Vivo… por ahora. —dijo Snape con un gesto de frustración por el cambio repentino de tópico— Supongo que vos te vas a sentir muy contento el día que Fudge vuelva al poder.

—Fudge no es deidad de mi devoción. —dijo Lucius con desprecio— Detrás de esa imagen que muestra en publico hay hondas simas ocultas… perversas… ni siquiera podrías imaginarlas…

—Por como lo describís, podría imaginarlo como tu alma gemela.

—Como mi alma geme… —no llegó a completar la frase, saltó como una cobra y en una fracción de segundo estaba contra los barrotes estrangulando a Snape.

Dos hechizos aturdidores lo impactaron un segundo después. Retrocedió tambaleante, pero su resistencia a la magia era colosal, cualquier otra persona se hubiese desplomado desmayada.

—Decí… le a… a Po…tter que… que… tengo muchas an… ansias de verlo de cerca… —cayó sobre la cama.

—¿Está Ud. bien, señor? —preguntó uno de los guardias.

—Sí. —contestó Snape con brusquedad. Se sentía muy fastidiado consigo mismo. No debería haberse puesto al alcance del prisionero. Pero había estado tan próximo a enterarse… sabía que la información que le había dado Lucius era muy importante… pero fragmentada… y le faltaban piezas del rompecabezas… todavía no podía hacerse una idea de la imagen. Estaba exhausto… esos interrogatorios y las clases de Oclumencia con Potter eran extenuantes. Quería volver sin demora para poder dormir. Pero antes…

Tenía que comprar una toga azul.

oOo

—No puedo creerlo. —exclamó Hermione, caminó hasta la pared, giró y volvió a acometer contra él como un toro— ¿Y vos le aceptaste la invitación?

—Sí, para almorzar el fin de semana de Hogsmeade. —dijo Harry que estaba sentado en la cama de Ron. Ron estaba recostado a su lado— Me lo propuso y le dije que sí.

—¿Se lo contaste a Ginny? —preguntó Ron.

—No… hasta ahora. ¿Debería?

—Mirá… si alguna vez decidís volver de este lado del cerco y empezás a salir con chicas… supongo que a ella le gustaría que la invitaras.

—Pero es que no es así… como lo hacés parecer —dijo Harry incómodo— Ella me lo pidió y yo acepté. Ni se me ocurrió pensar en Ginny… y no es nada serio. Me dijo que tenía que ir a encontrarse con alguien y que no quería ir sola. Y ustedes dos también pueden acompañarnos. No es una cita…

—¿Con quién se tiene que encontrar? —quiso saber Hermione.

—Con la hermana y su pareja.

—La hermana que trabaja para el Ministerio. —dijo Ron, Harry y Hermione lo miraron sorprendidos. —Tampoco me miren así… aunque les parezca raro, yo pienso y me entero de las cosas.

—Bueno… a veces te toma un poco más de tiempo. —dijo Hermione.

—Es cierto… pero hablé con Malfoy y me hizo acordar de la conexión entre la hermana de Cho y el Ministerio.

—¿Ah sí? —dijo Harry. ¿Draco se preocupaba por él? Había aceptado la invitación por más de una razón, quería saber con quién iba a asistir la hermana de Cho, seguramente se trataría de un agente del Ministerio. Pero también quería que Draco se sintiera celoso… aunque sólo fuera un poquito…

—El regalo de Hagrid no lo dejó precisamente encantado. —dijo Hermione con una sonrisa socarrona.

—¡Un hurón negro! —exclamó Ron soltando una carcajada— ¡Le hubieras visto la cara…!

—Hagrid tiene cada idea… —gimió Harry pero no pudo evitar reírse.

—Él te había dicho que iba a pensar en algo para ayudarte. —le recordó Hermione que también se estaba riendo— ¡Y Nott creyó que se trataba de un proyecto especial para Cuidado de Criaturas Mágicas! El muy necio no se dio cuenta de nada.

—Tampoco es una cosa tan evidente. —señaló Ron— Hasta hace poco, ¿quién hubiese pensado que Harry y Malfoy…?

La puerta se abrió en ese momento y entró Ginny.

—Voy a empezar un club. —anunció tomando asiento en la silla del escritorio.

—¿Con fines altruistas? —inquirió Hermione.

—Podría decirse que sí. —contestó ella alzando una comisura.

—Tengo el pálpito de que no me a gustar. —dijo Harry— ¿De qué se trata?

—Oh… nada importante… ya se van a enterar… —dijo con una sonrisa enigmática.

—Oh… oh… —salmodió Ron incorporándose sobre la cama— Conozco esa expresión… es la de los mellizos antes de alguna de sus peores fechorías.

—Oh… nada tan terrible así. ¿Qué son esos rumores que oí de que Harry iba a salir con Cho este fin de semana? —dijo cambiando diestramente el tema.

—No este fin de semana. —aclaró Harry con alivio. Aparentemente Ginny ya se había enterado y no lo había tomado tan mal… por lo menos no había venido con un cuchillo con intenciones de eviscerarlo— Tenemos lecciones de animagus este fin de semana. Y no es una cita, ella quiere que la acompañe… porque tiene que encontrarse con su hermana y una persona del Ministerio.

—Es bueno saberlo. —dijo Ginny con una sonrisa… algo forzada— ¿Qué estaban por hacer?

—Estudiar. —dijo Hermione con voz firme— Ya perdimos mucho tiempo esta semana…

—Quizá… —aventuró Ron titubeante— …Harry todavía está recuperándose y no conviene que se esfuerce…

—Estudiar no, pero sí puede volar en escoba. —le espetó Hermione con sarcasmo.

—Estudiar le puede provocar dolor de cabeza. —argumentó Ron poniéndose de pie.

—Tonterías… —rebatió Hermione— Está probado que estudiar es terapéutico…

—Voy a salir. —interrumpió Harry— ¿Quieren venir?

—¿Adónde vas? —preguntó Hermione con suspicacia.

—A ver a McGonagall. —respondió y sacó el relicario de debajo de la remera— Ya es hora de que avancemos algo con esto. Quiero preguntarle si tiene alguna novedad sobre la espada de Gryffindor.

—Vamos con vos. —dijo Ron.

—Por supuesto. —ratificó Hermione.

—Yo no. —dijo Ginny con una sonrisa maliciosa— Hay otras cosas que requieren mi atención. Después me cuentan.

oOo

—Así que es éste. —dijo McGonagall observando el relicario de aspecto tan inocente reposando sobre el escritorio.

—Éste es. —confirmó Harry.

—¿Probaron de destruirlo de algún modo? —preguntó la directora.

—No, —dijo Harry— puede ser peligroso. Acuérdese de la mano de Dumbledore.

—Ya le había dicho que la espada había desaparecido. —le recordó McGonagall.

—¿Le preguntó al Sombrero? —inquirió Harry señalándolo. Estaba en una especie de pedestal en un rincón a un costado.

—No, quizá sea mejor que se lo pregunte Ud. directamente. —sugirió la directora.

Harry fue hasta el pedestal y se calzó el Sombrero en la cabeza.

—Una mente conocida. —dijo el Sombrero— Harry Potter… ¿qué es lo que quieres? Compruebo que has madurado y que tus cualidades han aumentado.

—Supongo que va a volver a decirme que me hubiese ido mejor en Slytherin. —dijo Harry con cautela.

—Bien podría. —respondió el Sombrero— No te veo como Hufflepuff… y a veces eres demasiado astuto para Gryffindor… pero también eres demasiado desinteresado para Slytherin.

—Gracias, lo tomo como un cumplido.

—No tienes por qué. ¿Así que estás buscando la espada?

—Sí.

—Sólo la conseguirás en situaciones de extrema necesidad. En tales situaciones podrás convocarla. Si la llamas y no viene a ti… significa que hay otras alternativas. Casi siempre hay otras alternativas…

—Gracias. —dijo Harry y se sacó el Sombrero.

—¿Y bien? —preguntó Hermione.

—¿Ustedes no oyeron?

—No, en realidad… —dijo Ron— Oímos murmullos pero no entendimos lo que decías.

—El Sombrero dice que no. —les informó Harry decepcionado— Dice que tengo que encontrar otra forma.

—¿Probaron usar algún hechizo? —inquirió McGonagall.

—No. —respondió Hermione— No sabemos cuáles pueden ser las consecuencias… y el relicario puede haber sido la causa de la muerte de Regulus.

—Me gustaría probar algo. —dijo McGonagall sacando la varita. Los tres se apiñaron alrededor del escritorio.

—No, ustedes aléjense lo más posible… contra la pared. —ordenó ella— Y recuerden que ninguno de ustedes me vio hacer esto.

Obedecieron, los tres se replegaron contra la pared. Harry al lado del pedestal del Sombrero, Ron al lado de la puerta de entrada y Hermione en un rincón opuesto al de Harry.

McGonagall apuntó al relicario y pronunció la maldición: ¡Avada Kedavra!

El haz verde le acertó al relicario y rebotó en la superficie. Cambió la trayectoria, se desvió… hacia donde estaba Hermione.

Todo ocurrió muy rápido, el haz verde reflejado impactó contra la pared. Los tres se movieron al instante y al unísono.

—¡Oh, Merlín! —gritó la directora.

—¡Hermione! —aullaron Harry y Ron corriendo hacia ella.

Hermione estaba en el suelo.

—¡Mierda! —masculló Harry agachándose a su lado.

—¡Hermione! —gimió Ron angustiado.

—Estoy bien. —dijo ella con voz muy suave— Me moví a tiempo. —la tela de la toga estaba quemada a la altura del hombro.

—¿Alcanzó a tocarte? —preguntó McGonagall.

—No. —dijo Hermione poniéndose de pie con dificultad— Sentí un calor que me rozó. —se agarró de Ron para equilibrarse, soltó una risa— Después de haber sobrevivido a tantas aventuras peligrosas, sería una estupidez sucumbir por una bala perdida… quiero decir por una maldición perdida.

Por alguna razón ese comentario parecía muy poco propio de Hermione. —¿Te sentís bien?

—Estoy bien. —respondió ella con una risa distraída, tambaleó a un costado— Un poco como borracha… pero bien.

—Yo creía que nunca te habías emborrachado. —dijo Ron vacilante.

—Y es cierto. —dijo ella con una risita dándole un empujón a Ron— Pero puedo suponer que es más o menos así… —más risitas— Debe de ser un efecto colateral de una experiencia cercana a la muerte… gentileza de mi profesora preferida… —otra andanada de risitas— Perdón, profesora…

—No tiene que disculparse. —se lamentó McGonagall que estaba blanca como un papel. Se dejó caer sobre una silla y comenzó a abanicarse con una palma— Lo lamento tanto, señorita Granger… fue una locura, un despropósito… probar algo así habiendo alumnos presentes.

—Podría haber rebotado sobre Ud.. —señaló Harry— Por el lado positivo… ahora sabemos que la Maldición Mortal no sirve para destruir un horcrux.

—Habría sido demasiado fácil. —apuntó Ron sin sacarle los ojos de encima a Hermione que seguía con las risitas sin parar.

—¿Les apetecería una taza de té? —preguntó McGonagall— Ayuda a calmar los nervios.

—No, gracias. —declinó Harry.

—Deberíamos hacerla ver por madame Pomfrey. —sugirió Ron.

—Sí, es una excelente idea. —dijo McGonagall.

—Vamos. —dijo Ron, agarró a Hermione de un brazo y se la llevó consigo; Harry recuperó el relicario, se lo guardó en un bolsillo y los siguió.

Ya en el pasillo, Hermione se recostó sobre una pared. —¡No puedo creerlo…! —exclamó sin dejar de reírse como enajenada— Casi me morí.

—Es cierto. — dijo Ron espantado.

—Pero no me morí. —dijo ella incorporándose, se tropezó con la toga y se cayó encima de Harry.

—Tenemos que llevarte donde madame Pomfrey. —le dijo Harry tratando de sostenerla. Era como un peso muerto en sus brazos, ella no colaboraba en absoluto para mantenerse erguida.

—No. —dijo ella sepultándole la cara en el hombro— Se va a dar cuenta que es debido a la Maldición Mortal… y va a tener que denunciarlo al Ministerio o algo así… —otra sarta de risitas— Quizá el profesor Lupin…

—Oh, está bien… parece una buena idea. —dijo Ron.

—Yo te quiero, Harry. —dijo ella, Ron la rodeó por la cintura para ayudar a sostenerla— Sos un buen amigo.

—Gracias. —dijo él desconcertado.

—A vos también te quiero, Ron. Creo que sos muy sexy… el pelo rojo y las pecas… y sos taaan alto.

—Tenemos que llevarla con Pomfrey o con Lupin, pero ya. —dijo Ron muy ruborizado— Antes de que nos vea alguien.

—¿Te avergonzás de mí, Roniquín? —gorjeó ella.

—¡Se pone cada vez peor! —exclamó Ron horrorizado. Harry estaba haciendo esfuerzos indecibles para mantener el equilibrio y para no echarse a reír. Si bien era flaca, Hermione le empezaba a resultar muy pesada.

—Roniquín… —repitió y ya no pudo contener la risa.

—Muy gracioso. —bufó Ron mientras ayudaba a sostenerla, Hermione se tiró para atrás y los dos perdieron el equilibrio. Terminaron los tres hechos una pila sobre el suelo.

—¡Uf! —gruñó Ron que era el que había quedado debajo.

—Sándwich. —declaró Hermione.

—¡Ay! —gritó Harry que se había golpeado la rodilla contra el suelo.

—Sepan que los tríos no están permitidos en los pasillos. —les llegó una voz áspera… que trataba de disimular la risa. Malfoy se alzaba al lado de ellos. Muy compuesto con una toga impecable en la que resaltaban la insignia de prefecto mayor y el escudo de Hogwarts. El único detalle que parecía fuera de lugar era el hurón negro que portaba sobre un hombro.

—Lindo hurón, Malfoy. —dijo Harry sentándose en el suelo.

—¿Es pariente tuyo? —preguntó Ron desde debajo de Hermione.

—Draco… —dijo ella como si recién lo hubiera visto.

—Esto es demasiado extraño, incluso para ustedes. —dijo Draco. Harry estiró una mano, Draco se la agarró de inmediato sin detenerse a pensarlo un segundo y con un efectivo impulso lo ayudó a ponerse de pie. Hermione rodó a un costado y quedó tendida boca arriba sobre el suelo.

—¿Por qué será que siempre que estamos en una situación comprometida vos tenés que hacerte presente? —preguntó ella con una mueca.

—Los estaba buscando. —dijo Draco y volviéndose hacia Ron— ¿Vos tenés idea de lo que hizo tu hermana?

—Er… no… —contestó Ron sentándose.

—Fundó un nuevo club…

—…de superioridad femenina. —completó Ginny que en ese momento había aparecido en la esquina del corredor, venía acompañada por Pansy Parkinson.

—Más bien es el un club de mujeres que han sido abandonadas por sus novios. —rectificó Draco con una mueca.

—Nada de eso… —dijo Pansy frunciendo la nariz.

—¿Ahora alternás con Slytherins? — le recriminó Ron al tiempo que se ponía de pie y ayudaba a Hermione a pararse.

—No sos el más indicado para hablar. —replicó ella y le lanzó una mirada de soslayo a Malfoy— Pero aparte de eso, ¿por qué estaban caídos? ¿Y por qué Hermione se comporta de manera tan rara?

—Está probando una nueva poción. —dijo Harry.

—Un encantamiento que no salió como debía. —dijo Ron al mismo tiempo.

—Tenés un cabello precioso. —apuntó Hermione.

—Parece que de tanto estudiar terminó por chiflarse del todo. —dijo Pansy.

—Vos callate… perra cara de caniche. —le espetó Hermione.

—¡Tamaño descaro! —replicó Pansy.

—¡Basta! —interrumpió Draco con vehemencia, el hurón se asustó, soltó un chillidito y se le metió dentro de la toga. Draco no mostró reacción alguna, Harry presumió que debía de ser algo habitual. —El problema es que pretenden fundar un club que refleja valores muggles…

—¡Pero no digas pelotudeces! —le gritó Ginny.

—Es por una buena causa. —declaró Pansy. Todos, incluida Ginny, se volvieron a mirarla— Bueno, me pareció que como frase quedaba bien…

—Buena causa… lo que hay que oír… Y vos sos la presidenta sólo porque sos la chica a la que plantaron más veces en toda la historia de la escuela. —dijo Draco dirigiéndose a Ginny.

—No es verdad. —rebatió ella.

—No le hables así a mi hermana. —dijo Ron sin demasiado entusiasmo.

—A muchos los planté yo. —aclaró Ginny.

—¿Con cuántos miembros cuentan? —preguntó Harry con curiosidad.

—Un número suficiente. —respondió Ginny— Incluso Cho se mostró interesada.

—Mirá vos. —graznó Ron con una risa— Vamos Hermione, tenemos que ir a ver a Lupin.

—¿Por qué? —preguntó Ginny— ¿Qué le pasa?

—Una experiencia cercana a la muerte. —explicó Harry con tono distraído. Draco seguía sosteniéndole la mano y el contacto le resultaba muy agradable.

—Vamos con Lupin. —repitió Ron y la agarró de un brazo, ella no opuso resistencia y sonrió con una expresión en la cara como la de Luna Lovegood. En ese momento el hurón asomó la cabeza y Hermione al verlo estalló en carcajadas.

Ginny, Ron y Hermione se pusieron en marcha hacia el Gran Salón. Para llegar a la oficina de Lupin tenían que pasar por el Salón. Harry los siguió arrastrando a Draco que no le había soltado la mano. —¿Ya le pusiste nombre?

—Sí, lo bauticé Potter. —dijo con una leve sonrisa.

—¡Qué tierno! —dijo Ginny.

—Pero esto no puede quedar así. —protestó Draco requiriendo explicaciones.

—¿Qué hay de malo con fundar un club? —preguntó Ron— Y si realmente tenés alguna buena razón para impedirlo… vos sos el prefecto mayor… manejá el problema con Susan.

—Ustedes son los prefectos de Gryffindor. Son ustedes los que deben ocuparse. —insistió Draco.

—Bueno, ahora mismo no podemos. Estamos ocupados con otro asunto como podrás ver.

—No voy a permitir que traten de evitarme. —Draco se adelantó tratando de bloquearles el paso. Para gran decepción de Harry, le había soltado la mano.

—Malfoy, ¿no podrías…? —pidió Harry.

—No… —porfió Draco. Habían llegado al Gran Salón.

—¿Qué es lo que le pasa? —preguntó Pansy.

—Parece borracha. —contestó Ginny.

—Imposible, la señorita Perfecta no toma ni una gota de alcohol. —dijo Pansy desestimando la posibilidad.

—Eso es lo que dijeron. Y puedo asegurarte que Hermione tiene sus sorpresas. —le dijo Ginny.

—Tengo derecho a saber… —dijo Draco—…qué fue lo que pasó exactamente.

—Vos me caes muy mal. —dijo Hermione en voz alta. Hubo un instante de silencio, todos los que estaban en el Salón se dieron vuelta para mirarlos.

—Muy amable de tu parte, Granger.

—Pienso que sos malvado. —dijo ella haciendo un puchero.

—Claro. —confirmó él, casi como si se sintiese halagado.

—Hermione, vamos. —la urgió Ron tironeándola del brazo.

—Sí, mejor vayamos… —intervino Harry.

—A ustedes sí les cae bien. —siseó Hermione— Ustedes parecen haberse olvidado… pero yo me acuerdo. Tengo memoria perfecta. Memoria de elefante como dicen… ¡quizá yo sea un elefante! —exclamó triunfal.

—Me parece que no. —dijo Ron muy incómodo.

—Yo me acuerdo de todas las cosas desagradables que me dice. Me grita… ¡sangresucia!... y trata de meternos en problemas… ¡y hace trampa cuando juega al quidditch!... e inventa canciones para ponerte en ridículo… y…

Draco tuvo la decencia de sonrojarse y de removerse incómodo.

—Él y sus aires de sangrepura… —prosiguió ella con desprecio— …es vil, me hace sentir como una mona a la que le pusieron ropa de bruja… se puede entrenar a los monos para que actúen como personas… pero siguen siendo monos… ¡detesto a los monos!

—Bueno, mejor mono que no elefante. —dijo Ron.

Harry la agarró del otro brazo y entre los dos la arrastraron. Tenían que sacarla cuanto antes de allí. Si seguía así terminaría revelando cosas más inconvenientes.

—Ah Ginny… —dijo Hermione hipando.

—¿Qué hay?

—Ese club de la Chicas Que Fueron Plantadas…

—No es…

—¿Es un club sólo para mujeres? —preguntó Hermione con curiosidad.

—No necesariamente. Pero no creo que haya chicos interesados en…

—A Harry le vendría bien… a él también lo plantó el novio.

La cosa se iba poniendo cada vez peor, Ron y Harry se dieron prisa… afortunadamente no tardaron en alcanzar la escalera hacia la Torre de Gryffindor.

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