Muchas gracias por sus reviews a ElizabethMKJP, Paladium, Herla King, yoshiluvsHxM y Xerxes Eli.

Pido disculpas si el capítulo tiene algunos errores, pero si quería volver a corregirlo, no iba a poder actualizar hasta la otra semana… Así que por ahora, acá está, y en cuanto pueda lo corregiré y lo volveré a subir.

Eso es todo. ¡Qué lo disfruten!


Capítulo 38: Inconvenientes.

A veces, cuando Lily pensaba en Severus, su corazón se llenaba de tanta añoranza que sentía que iba a marchitarse como una flor en el desierto. A veces, pensar en los buenos tiempos que habían compartido la llenaba de la fuerza que necesitaba para enfrentar otro día de guerra y soledad.

Aquella vez, sin embargo, sentía ganas de abofetearlo.

Durante todos esos meses había estado muerta de preocupación, porque no sabía si se encontraba con vida o no. Ahora que finalmente había logrado ponerse en contacto con él, su plan de reencontrarse con él había sido truncado por nadie más que el propio Severus.

Era muy posible —incluso probable—, que él hubiera sabido desde el principio sobre su misión de encontrarlo y que resueltamente la hubiera evitado y desviado cada uno de sus pasos. Pensar que el mayor obstáculo entre ella y su plan para salvar a Severus había sido el propio Severus.

Idiota.

Naturalmente, todo rastro de Sebastian Scervix había desaparecido de los libros de Stirwell & hijo para cuando regresó a la tienda y a su antipático dueño. Su lechuza Psyche ya no podía encontrar a Severus, ni siquiera cuando dirigió su furiosa carta al Sr. Scervix. Severus había hecho un trabajo exquisitamente meticuloso limpiando su rastro. Sus acciones estaban en armonía con sus palabras: no tenía intención de permitir que volviera a acercarse a él.

Naturalmente, Lily no pensaba aceptarlo.

Realmente no podía entender cuál era el propósito de la carta. No era posible que pensara que simplemente diciéndole que dejara de buscarlo, ella realmente haría eso. Él sabía con quién estaba tratando, ¿verdad? Uno no le decía a una persona tan testaruda y fácil de provocar como Lily Evans que hiciera algo sin esperar que hiciera exactamente lo opuesto.

Él sabía que irían tras él de todas formas, ¿cierto?

Honestamente, algunas veces Severus era realmente idiota.

-:-:-:-:-

Pasaron algunas semanas.

La pequeña chispa de esperanza dentro del corazón de Lily comenzó a apagarse más y más con cada día que pasaba sin noticias de Severus.

Una vez más, se encontraba cazando fantasmas y llegando a callejones sin salida. La única diferencia era que el hecho de saber que Severus estaba con vida y que la estaba evitando a propósito hacía que se sintiera más molesta que asustada. Cada vez se hacía más evidente que no iba a encontrar a Severus hasta que él quisiera ser encontrado.

Lo cual no quería decir que fuera a dejar de buscar.

Mientras tanto, Lily continuaba su vida de acuerdo a lo planeado. Continuaba advirtiéndoles a las víctimas potenciales de los Mortífagos sobre cualquier peligro; aunque, para ese momento, creía que realmente sus "predicciones" ya no representaban el futuro que se desenvolvía delante de sus ojos. Habían cambiado tantas cosas que dudaba que la mitad de los asesinatos que tenía pensado prevenir fueran a ocurrir en aquel tiempo ya alterado. De todas formas, no dañaba a nadie diciéndole a la gente que tuviera cuidado.

También comenzó a reunirse con Alastor Moody dos veces a la semana para practicar defensa personal y duelos. Él le había concedido su deseo y había accedido a enseñarle cómo convertirse en una luchadora y dejar de ser un blanco andante, para lo cual le enseñaba nuevos maleficios y contra-hechizos y le daba consejos que sólo un hombre de su experiencia podría darle.

Ella había estado segura que él le exigiría respuestas a las numerosas preguntas que tenía a cambio de su tiempo, pero las preguntas nunca llegaron. De hecho, rara vez hablaba de algo que no estuviera directamente relacionado con sus sesiones, lo que a ella le resultaba increíblemente extraño. Moody seguía comportándose como si no le importara en lo más mínimo las habilidades premonitorias que Lily había dicho poseer, lo cual era altamente sospechoso. Suponía que era parte de un gran plan para hacer que eventualmente revelara todo lo que sabía.

O quizás, extrañamente, confiaba en ella. Como, extrañamente, ella confiaba en él.

De cualquier forma, Lily estaba feliz con aquel acuerdo. Moody era un mentor excelente, y sentía que ya había mejorado mucho como duelista luego de un simple mes de trabajo. Aún no era rival para los mejores luchadores de la Orden, pero al menos estaba aprendiendo a defenderse.

Navidad pasó tan rápidamente que Lily apenas fue conciente de que había llegado. Pasó Noche Buena con la familia de Petunia. Y aunque disfrutó pasar tiempo con su hermana y con el pequeño Dudley, se preguntó si a partir de entonces, aquella sería su rutina para las vacaciones: cenar con los Dursley y regresar a la frialdad de su departamento vacío. Dios sabía que no iba a asentarse y formar su propia familia hasta que Voldemort fuera derrotado para siempre.

¿Significaba aquello que iba a estar sola para siempre?

También pensó mucho en ella y Severus. Una vez que se sobrepuso a la reacción que le provocó su carta escueta y directa (rabia, frustración, algunos platos rotos), comenzó a pensar por qué exactamente Severus se empeñaba en evitarla.

Recordaba la conversación que habían tenido en el patio de juegos vacío alrededor de un año y medio atrás (o alrededor de dos años, dependiendo de cómo lo contara; había pasado muchas noches en vela preguntándose si debería añadir el medio año que había pasado en el futuro a su edad). La expresión de Severus era tan sombría y miserable como el horrible mundo que los rodeaba, y ella no dudaba que realmente sentía lo que había dicho.

Si alguna vez regresas a casa, te recomiendo que te mantengas tan lejos de mí como te sea posible. De hecho, insisto en que lo hagas.

¿Era algo que Severus pensaba en retrospectiva, o el Severus veinte años pensaba lo mismo? ¿Estaba evitándola sólo porque quería protegerla?

¿O era que estaba avergonzado de sí mismo?

Si vieras lo que hice veinte años atrás, no podrías volver a mirarme a los ojos.

Sus palabras continuaban resonando dentro de su cabeza. Severus se había equivocado. Al haber leído su bitácora, ella sabía perfectamente lo que había hecho y aun así daría cualquier cosa por poder volver a verlo a la cara. No había nada de lo que él había hecho que ella no pudiera perdonarle; no había un lugar dentro suyo lo suficientemente oscuro y sucio que no fuera compensado con creces por todo lo bueno y puro que había en él.

La verdadera pregunta era si Severus podía volver a verla a ella a los ojos. ¿Sin todos los años de culpa y añoranza suavizando su corazón, podría este Severus perdonarla alguna vez por haberle dado la espalda?

Quizás no la quería de vuelta en su vida, tan simple como eso.

Su respiración se convertía en profundos suspiros cada vez que pensaba en aquella explicación, completamente posible. Aun así, ésa difícilmente era la mayor de sus preocupaciones. En aquel momento, su interés principal era asegurarse de que se encontraba con vida y que estaba bien, y que ni Voldemort ni James (ni Dumbledore, para el caso) pudieran volver a lastimarlo.

Sólo tenía que encontrarlo primero.

-:-:-:-:-

Lily suspiró, viendo como su respiración se formaba y desaparecía en el helado aire de diciembre. Tuvo que tomarse un minuto para serenarse fuera de la casa de Elphias Doge antes de tocar el timbre. Por algún motivo, estaba más nerviosa en aquella ocasión de lo que había estado el mes anterior.

Aquel día, asistiría a la primera reunión de la Orden desde su dramático regreso al centro de la acción. Había esperado deliberadamente un mes entero antes de informarle a Dumbledore que volverían a contar con su presencia, sólo para mostrarle que no iba a ser uno de sus juguetes, aun si estaba dispuesta a trabajar con la Orden. Sería ella quien tomara las decisiones desde ese momento.

Dar una impresión de confianza y determinación sería más sencillo si no sintiera que estaba a por desmayarse en cualquier momento debido a los nervios. La fase dos de su plan para adquirir una posición de poder dentro de la Orden sólo funcionaría si la mayoría de sus miembros habían decidido que ella era alguien a quien valía la pena escuchar, y no estaba en lo absoluto segura de haberse ganado su respeto. Haberlos convencido de que podía ver el futuro, no significaba que todos ellos fueran a respetarla.

Levantó un dedo con indecisión hacia el timbre, y se quedó afuera por varios y tensos segundos antes que la dejaran pasar. Maldijo para sus adentros cuando se encontró cara a cara con nada más y nada menos que James, que la miraba con la frialdad del viento ártico. La dejó pasar sin saludarla… Sin siquiera confirmar que realmente se trataba de ella, como habían instruido a todos los miembros de la Orden, como para enfatizar el hecho de que ya no era más que aire para él.

No era que le importara. De hecho, prefería que la ignorara. Era más fácil para ambos.

Todavía la sorprendía la rapidez con que su relación había pasado de ser distante pero afectuosa, a convertirse en una guerra fría. Lo cierto era que no tenía planeado odiarlo cuando regresó a aquel tiempo. Sus sentimientos por Severus podían haber crecido de tal manera que eclipsaban lo que sentía por James, pero no sentía ningún odio hacia él. Se había sentido increíblemente incómoda, sí, e irritada, frustrada y culpable, pero se sentía demasiado apenada por él como para odiarlo. Cada vez que lo miraba, veía a un niño crecido que había sido condenada a morir por razones que ni siquiera Lily comprendía del todo.

Luego del incidente en el Ministerio de la Magia, sólo podía sentir más pena por él. En un solo día, James había perdido a su mejor amigo, su novia y cualquier oportunidad de enterarse siquiera que iba a ser padre… Y mucho de eso era por culpa de Lily. Ella había visto todas las cosas turbias y oscuras de las que era capaz escritas en su rostro durante el funeral de Sirius, pero aun así había podido sentir compasión por él incluso en ese momento. En aquel momento, se odiaba demasiado a sí misma como para sentir desprecio por él.

Finalmente, había llegado a los límites de su compasión cuando Remus le contó lo que había sucedido en Las Tres Escobas.

Después de varios meses de intentar localizar a Severus sin ningún éxito, no estaba para nada feliz al escuchar que era James quien había hecho que se alejara. El incidente todavía la llenaba de rabia: el hecho de que James hubiera atacado a Severus sin ninguna razón, que Dumbledore hubiera ayudado a encubrirlo, que Severus se hubiera visto obligado a dejar su trabajo por el escándalo que se desató, y que todo eso había hecho que a Lily le resultara nuevamente imposible ponerse en contacto con Severus.

También le resultaba molesto darse cuenta lo poco que todo eso la sorprendía. Por supuesto que James había atacado a Severus sin ninguna razón. Nunca había tenido una razón… Sólo el deseo malicioso e insaciable de hacerle algo horrible a alguien menos afortunado que él sólo porque podía hacerlo. Ése era exactamente quien James había sido siempre, antes y después de la primera vez que ella besara sus labios.

No estaba del todo segura por qué le había llevado tanto tiempo dejar de ponerle excusas. Incluso después que Severus le describiera lo espantoso que James podía ser, por algún motivo siempre le había parecido importante recordarle una y otra vez que James no era del todo malo. James había cambiado. Había creído firmemente que ya no era el abusivo ignorante que había sido a los quince años; que a pensar de todos sus defectos, en el fondo realmente era una buena persona. Eso era todo lo que a ella le importaba.

En las últimas semanas, sin embargo, había visto finalmente su verdadera personalidad. Eso le había hecho comprender que nunca había entendido realmente quién era James. Había tenido el privilegio de conocer sólo la parte buena de James (el James encantador, divertido, deliciosamente gracioso, que la hacía reír y le daba todo lo que quería), y por mucho tiempo pensó sinceramente que eso era todo lo que había en él.

Quizás había pensado eso porque ya no era constantemente testigo de sus actos de crueldad sin sentido. Luego de ponerle fin a su amistad con Severus, había visto a James en su mejor comportamiento. Severus había sido su acceso al lado más oscuro de James desde el comienzo. Con él lejos de su vida, raramente recordaba lo terrible que James podía ser cuando sacaba lo peor de él.

Bien, definitivamente lo recordaba ahora. Prácticamente hacía ostentación de su lado más terrible ahora que ella ya no se encontraba en la lista de personas de su agrado.

Se preguntaba si la única razón por la que había estado excusándolo no sería porque estaba intentando justificar su propia atracción por él. Aquella revelación no era muy halagadora, precisamente; había estado a punto de casarse con un hombre que se había burlado y había torturado a su mejor amigo sólo por divertirse —que nunca había pensado que la violencia sin sentido estuviera por debajo de él—, cuyo lado oscuro era mucho más oscuro y turbio de lo que ella había querido aceptar.

¿Qué revelaba eso de ella?

El ambiente era tenso cuando se sentó a la mesa junto al resto de la Orden. Las conversaciones amistosas que se extendían a lo largo de la mesa cesaron y ella se encontró con miradas serias y frías. Algunos la miraban con respeto y otros con desdén. Estaba claro que aún era una figura controversial entre ellos.

Se alegraba de ver que Remus también estaba presente, no estaba segura de poder afrontar la reunión sin ver una cara amistosa. Temía que la mayoría de la Orden aún desconfiaba de ella. Probablemente Remus y los Longbottoms eran la única excepción.

Tuvo que parpadear la primera vez que fijó sus ojos en Remus. Se veía muy diferente, en el mejor sentido de la palabra. Aunque todavía tenía un aire melancólico (la tristeza parecía seguirlo como una sombra a dondequiera que fuera), parecía que realmente se había recompuesto desde su último encuentro. Se había cortado el cabello y se había afeitado, su ropa se veía limpia y prolija, y se sentaba en su silla con la espalda derecha y la cabeza en alto. Sus ojos eran brillantes y agudos, la oscuridad que había visto en ellos un mes atrás ya no se encontraba presente.

Pensó que probablemente era la primera vez que no parecía querer disculparse con el universo por habitar en él.

—Remus, hola —dijo vacilante, saludándolo con una sonrisa amigable—. ¿Cómo has estado?

—Bien, gracias —dijo amablemente. No podía distinguir ninguna emoción en particular en el tono de su voz. Él bajó la mirada al montón de papeles que estaba ordenando sobre la mesa. Los papeles estaban llenos de notas manchadas de tinta, y cuando ella miró tímidamente la parte superior de uno de ellos, distinguió claramente los nombres R. Black, Malfoy, Wilkes, y Rosier. El primer nombre estaba marcado con un círculo—. Ocupado —continuó, escondiendo los papeles debajo de los libros que se encontraban en la mesa—. Y tú también, supongo.

—Mucho —suspiró, y casi siguió hablando, lamentándose de lo duras que las últimas semanas habían resultado para ella. Sin embargo, rápidamente se dio cuenta que James se encontraba cerca y podía oírlos con facilidad, e instantáneamente cerró la boca—. Hablamos después —murmuró.

Y tuvo la excusa perfecta para terminar la conversación cuando Dumbledore entró en la habitación.

—Buenas noches a todos —dijo con calma, saludando a todos los que se encontraban presentes en la habitación con un ligero asentimiento de la cabeza, antes que sus ojos se fijaran en Lily—. Es bueno verte de nuevo, Lily. Me alegra que hayas decidido unirte a nosotros esta noche.

—El placer es mío —dijo ella, intentando ocultar sus verdaderos sentimientos de su penetrante mirada.

—Volveré contigo una vez que hayamos arreglado algunos de los asuntos más urgentes —continuó—. En particular, los relacionados con la exitosa misión que llevó a cabo nuestro grupo de ataque el otro día.

Miró a los que Lily asumía que eran los mencionados "grupo de ataque", que al parecer incluía a James, los hermanos Prewett y tres miembros nuevos (un hombre de mediana edad con una tupida barba, una mujer morocha de mirada dura y un muchacho que le resultaba ligeramente familiar y que apenas podía ser mayor de edad).

—Creo que no conocías a Theoron, Clelia, y Barry —señaló a los nuevos miembros y luego volvió su atención a Lily nuevamente—. Ésta es Lily Evans. Todos ustedes deben conocerla por su famoso alias, La Reina Cassandra.

Les explicó brevemente el supuesto don de adivinación de Lily a los nuevos miembros, quienes la contemplaron con asombro y respeto.

Mientras tanto, Lily se sumió en sus pensamientos, mientras contemplaba a Dumbledore y analizaba los sentimientos encontrados que tenía hacia aquel hombre que alguna vez había considerado un héroe.

Se preguntaba si estaría siendo muy dura con él al odiarlo a muerte con la fiera pasión de un corazón traicionado. Aunque tenía una buena razón para estar enfadada con él, no estaba segura por qué le resultaba tan difícil siquiera imaginar perdonarlo cuando perdonar a Peter le había resultado tan sencillo.

Con Peter, había sido perfectamente capaz de contener sus emociones y pensar racionalmente. Peter todavía no le había ocasionado ningún daño, de modo que prácticamente no sentía ningún resentimiento contra él, siempre que pudiera evitar el crimen que estaba por cometer. De modo que, ¿por qué no podía hacer con Dumbledore lo mismo que había hecho con Peter? Él tampoco había hecho nada malo todavía, y ni siquiera podía estar segura que la decisión que había tomado su retrato fuera realmente algo por lo que el verdadero Dumbledore pudiera optar. Después de todo, el retrato sólo era un objeto encantado; no poseía el alma del ser humano.

Pensaba todo eso, pero aun así, por algún motivo, el simple hecho de ver a Dumbledore hacía hervir su sangre.

Quizás esto es otra de las cosas que debería saber sobre mí misma, pensó. No soy tan comprensiva y misericordiosa como solía pensar.

Mientras ella reflexionaba, Gideon Prewett había comenzado a contarle al resto de la Orden sobre la batalla que él y su equipo había tenido justo antes de Navidad. Se ganó la completa atención de Lily cuando dejó caer un par de nombre que ella conocía.

—Seguimos al primero al cuarto trasero de la tienda y encontramos un total de tres Mortífagos. Estuvimos a punto de agarrarlos por sorpresa, pero había un tercero que no habíamos notado. Vio que nos acercábamos y les avisó a los otros. Hubo una pelea rápida, pero los superábamos en número, seis contra tres. Al final dos cayeron y uno escapó. Hippolyta Fellows y Ciarán Troy ya no nos molestarán más.

La imagen de dos miembros del equipo de Quidditch de Slytherin pasó frente a los ojos de Lily. Hippolyta —o Hippo (N/T: abreviatura de hippopotamus, que significa hipopótamo), como James siempre la llamaba (aunque no tenía absolutamente ningún parecido con el pesado animal acuático)—, era la buscadora. Era una chica menuda y bajita, que siempre se mantenía alejada del resto del equipo debido a su baja estatura. Ciarán, su compañero de equipo pelirrojo, era un bateador atlético y apuesto, muy popular entre la población femenina de Hogwarts.

Aunque Lily no conocía a ninguno personalmente, había ido a suficientes juegos de Quidditch como para recordar sus nombres, rostros… y edades. Ambos eran, por lo menos, dos años más chicos que Lily, de modo que no podrían haber tenido más de dieciocho años. Cielos, eran prácticamente niños.

—¿Los mataron? —se oyó preguntar.

—Por supuesto que los matamos —replicó James.

Era la primera vez en toda la noche que le prestaba atención abiertamente. Ella se sobresaltó un poco con su respuesta directa y desafiante. Era casi como si la retara a enfadarse.

Y lo estaba. Pensar que estaba sentada al lado de seis adultos entrenados que acababan de asesinar a dos adolescentes hacía que se sintiera completamente sucia, incluso si los dos adolescentes en cuestión eran Mortífagos.

—Como dije, había una batalla —dijo Gideon.

—¿Qué hay del que escapó? —preguntó Dorcas Meadowes.

—Estaba por llegar a eso. Finalmente encontramos al tercer Mortífago y lo capturamos con vida.

—Igor Karkaroff —dijo Fabian Prewett—. Les dije que era uno de ellos.

—Interrogamos a Karkaroff el pasado fin de semana —dijo Moody, retomando por donde Gideon había dejado—. Se quebró fácilmente, pero no tenía mucho que ofrecernos… Solamente un nombre nuevo además de unos pocos que ya teníamos.

—¿Cuál?

—Rosier, Evans. No es una sorpresa, pero al menos ahora lo tenemos confirmado.

—Ya podríamos agregar el nombre de Snape a esa lista también. Todo el mundo sabe que es uno de ellos —dijo James.

No estaba mirando a Lily, pero ella sabía que sacaba el nombre de Severus a colación sólo para molestarla.

—Gracias, James —lo cortó Dumbledore secamente—. Al parecer Karkaroff no era la oveja más confiable en el rebaño de Voldemort, y debo decir que entiendo por qué. No perdió un momento, inmediatamente estaba listo para venderse a cambio de su libertad. Creo que nos dio todo lo que sabía antes que lo enviáramos a Azkaban, y parte de eso es realmente interesante. Resulta que había oído sobre la próxima ceremonia de iniciación de los nuevos Mortífagos. Pudo decirnos dónde y cuándo se llevará a cabo. Y ése es el motivo por el que todos ustedes han sido traídos aquí.

Por un momento fugaz, los pensamientos de Lily volaron hacia la celda de Karkaroff en Azkaban. Sin duda había sido sentenciado a cadena perpetua sin un juicio justo, como solía pasar con los Mortífagos que capturaban.

No se sentía particularmente apenada por Karkaroff, pero no podía evitar preguntarse qué es lo que haría si Severus llegara a ser capturado de la misma manera. Si es que los Aurores lo capturaban con vida, muy probablemente pasaría el resto de sus días en Azkaban. No había forma de que Lily pudiera rescatarlo entonces.

—La ceremonia tendrá lugar el catorce de enero en las catacumbas de Camden. Nos estamos preparando para hacerles una pequeña visita, y podríamos utilizar a todos los hombres de los que disponemos —continuó Dumbledore—. De acuerdo con Karkaroff, el mismo Voldemort estará presente en la ceremonia para darle la bienvenida a sus más recientes seguidores. Además de él, debería haber al menos cinco Mortífagos presentes, uno por cada nuevo miembro. Cada uno de los Mortífagos experimentados acogerá a uno de los nuevos miembros bajo su ala y lo guiará por unas semanas.

—En otras palabras, tenemos una oportunidad de oro para enfrentar al mismo Voldemort y realmente estar preparados para ello. Si lo atrapamos allí con todos nuestros hombres para enfrentar a su grupo de diez Mortífagos, será la mejor oportunidad que hemos tenido para derrotarlo para siempre.

Las palabras de Moody llenaron la habitación con una carga de esperanza. La gente intercambiaba miradas significativas, y pronto la fiera mirada en los ojos de Moody se había extendido como el fuego.

Lily (quien había pasado meses buscando la manera de derrotar a Voldemort, completamente en vano) estaba igualmente entusiasmada por lo que acababa de oír, pero fue rápidamente hundida por un espantoso pensamiento.

¿Qué pasaría si Severus se encontraba allí?

—¿Exactamente qué se supone que debemos hacer con el resto? —preguntó.

—¿El resto? —dijo Gideon Prewett, levantando las cejas.

—Los Mortífagos. La mitad de ellos son principiantes, ¿verdad? Será un baño de sangre si son atrapados en el fuego cruzado.

—Es su problema —dijo James—. Deberían haberlo pensado antes de unirse.

—No sabemos quién es esta gente. Puede que algunos no hayan hecho nada malo además de elegir unirse a los Mortífagos. Es posible que algunos estén allí porque fueron amenazados para que se unieran. Y algunos podrían ser sólo niños.

Nuevamente estaba recibiendo miradas de confusión y furia. James puso los ojos en blanco. Claramente, estas personas no sentían fácilmente compasión cuando de Mortífagos se trataba.

—Estoy confundido —dijo Fabian Prewett—. ¿Nos estás pidiendo que cancelemos la misión porque algunos Mortífagos inocentes podrían salir lastimados?

—No. Les estoy pidiendo que piensen en una manera de lidiar con esta situación sin que se derrame sangre innecesariamente.

—Estamos en guerra, señorita Evans —replicó Theoron—. La sangre es derramada.

—¿Pero es realmente lo que la Orden quiere ser? ¿Un escuadrón de ejecución al que no le importa sentenciar a muerte a unas cuantas personas a las que apenas se las puede inculpar de algo con tal de conseguir su principal objetivo? Ésa no es la forma en que trabaja la Orden a la que me uní —insistió Lily—. Cuánto más pienso en esto, más me parece que todo esto llevará a una catástrofe. Recuerden lo que les digo: si hacemos esto, habrá muertos en ambos bandos, y Voldemort no estará entre ellos. Sabemos cómo es Voldemort. Es difícil de matar, y tiende a desaparecer cuando las cosas se ponen muy complicadas.

—¿Entonces, si me permites preguntar, qué es lo que quieres que hagamos? —preguntó Theoron.

—Sí, dinos. ¿Qué es lo que piensas que deberíamos hacer? —dijo James burlonamente.

Lily respiró profundamente. Eso era exactamente lo que había ido a decir.

—Creo que la Orden debería invertir sus recursos en averiguar cómo hace Voldemort para evitar cualquier daño físico —comenzó—. Todos sabemos que ha hecho algo para estar por encima de la común mortalidad. Si podemos deshacer lo que sea que se haya hecho, nos acercaremos al final de esta guerra. Voldemort no representará la misma amenaza una vez que sea como cualquier otro hombre, y sospecho que muchos de sus seguidores no lo verían como un dios si vuelve a ser como era.

Se detuvo y esperó una respuesta. Remus parecía haber tomado sus palabras con gran interés, pero el resto no parecía tan impresionado.

—Felicidades, Evans. Jamás nos habríamos dado cuenta que deberíamos intentar deshacernos del Innombrable si no fuera por ti —dijo James.

—¿Y qué sugieres que hagamos con los ataques, los asesinatos, con todos los desmadres que causan los Mortífagos? —preguntó Theoron—. No podemos quedarnos sentados y dedicarnos a la investigación mientras los discípulos del Innombrable destruyen el mundo.

—Él tiene razón, Evans —dijo Moody—. La Orden se fundó para proteger a los inocentes.

—Lo sé. ¿Pero es la forma correcta de hacerlo? Por supuesto que tenemos que oponernos a Voldemort, pero no deberíamos pensar que matar a nuestro enemigo debe ser nuestro procedimiento habitual. Da la impresión que cada día que pasa nos volvemos más y más crueles. Como el ataque que estaban describiendo… ¿Desde cuándo la Orden del Fénix comenzó a resolver sus problemas asesinando niños? Hacía poco que Hippolyta Fellows y Ciarán Troy habían salido de Hogwarts. Algunos de ustedes tienen hijos más grandes que ellos. ¿Si nuestro bando mata a personas tan jóvenes con esa facilidad, cómo podemos decir que somos mejores que nuestros enemigos?

—Fue defensa propia, Evans. No hables de lo que no sabes —gruñó James.

—¿Defensa propia? —dijo Lily, entrecerrando los ojos—. ¡Eran seis contra dos adolescentes y uno reconocido por su cobardía! No puedes decirme sinceramente que no podían haberlos sacado sin matarlos.

—¿Realmente crees que hubieran mostrado alguna compasión si hubieran sido ellos quienes nos superaban en número? Eres una idiota, Evans.

—¡Silencio, ustedes dos! —gruñó Moody—. Evans, entiendo lo que quieres decir, pero no creo que comprendas lo que significa estar en el medio de una batalla. Ninguno de nosotros desea más muertes, pero lo cierto es que a menudo nos vemos obligados a escoger entre dos males. ¿Si la vida de Lupin estuviera en riesgo, no estarías lista para defenderlo a cualquier precio, incluso si eso te obligara a matar a alguien?

Lily no dijo nada, pero pensó en las personas más cercanas a ella —Harry, Severus, Petunia, el pequeño Dudley—, y supo que no podía afirmar con total honestidad que no estaría dispuesta a sacrificarlo todo, incluso su integridad moral, para mantenerlos a salvo.

Aun así, no se sentía bien cuando pensaba en Fellows y Troy. Y se sentía aun peor cuando pensaba en el ataque inminente.

—Sólo creo que la Orden debería estar por encima de esto —refunfuñó.

—¿Y subirnos a ese alto caballo en el que estás montada? Paso.

—El hecho de que seas honesto en cuanto a ser un loco vengativo no quiere decir que sea lo correcto. Acéptalo, ni siquiera estás intentando ponerle fin a esta guerra. Sólo quieres venganza.

—Sí, me importan mis amigos. A ti evidentemente no. Si realmente tuvieras algún interés en ayudarnos a ganar esto, nos dirías todo lo que sabes sobre el futuro en lugar de guardarte toda esa información.

—Oh, seguro. Tus hábitos de asesinato realmente me han convencido de confiar todos los secretos del mañana a tu responsable cuidado.

—¡Suficiente! —gritó Dumbledore, y la habitación entera quedó en silencio en un instante.

—Lily —dijo, y su voz se volvió suave y dulce nuevamente—. Tienes un buen corazón, y comprendo tu preocupación por la seguridad de los demás. En gran parte, incluso concuerdo contigo. Sin embargo, los riesgos son altos en este conflicto en particular, y desgraciadamente nos hemos visto obligados a traspasar nuestros límites. Como Alastor dijo sabiamente, hay veces en las que debemos elegir el mal menor para llegar al bien mayor.

Lily entrecerró los ojos nuevamente. Aquel era un argumento que había oído demasiadas veces.

—En cuanto a tu sugerencia de empezar a buscar la fuente de la supuesta inmortalidad de Voldemort, concuerdo rotundamente. De hecho, he estado investigando sobre este tema, y espero que podamos emplear más tiempo y esfuerzo para averiguar de dónde obtiene su fuerza. Si tienes alguna información proveniente de tus visiones sobre este tema, te pido que la compartas con nosotros.

Lily lo pensó por un momento. Una vez más, se encontró sintiendo una desconfianza natural hacia Dumbledore, pero comprendió que no tenía motivos para no contarle lo poco que sabía sobre la inmortalidad de Voldemort. No importaba lo que pensara de Dumbledore, no podía en su sano juicio dudar de que no quisiera deshacerse de Voldemort.

—Sí —dijo Lily—. Tal vez sepa algo. No es mucho, pero puede que nos ayude a ir por el camino correcto.

—Espléndido —dijo Dumbledore—. Volveré contigo una vez que hayamos terminado de hablar sobre la ceremonia de iniciación.

—Iré con ustedes —soltó sin pensar.

—¿Disculpa?

—La ceremonia de iniciación. Dijo que necesitaban a todos. Sólo digo que estoy adentro, aun si no estoy completamente de acuerdo con esto. Lo que sea que piensen hacer… Iré con ustedes.

Dumbledore le sonrió y ella le devolvió la sonrisa, a pesar de que su corazón todavía estaba lleno de preocupación. Todo en aquel plan olía a peligro y malas ideas, pero sabía que tendría que estar allí, en caso de que realmente Severus estuviera allí también.

Tenía que llegar a él antes que la Orden lo hiciera.


01/09/2013 5:30 p.m.