Cáp. 38: \"Agua y Aceite"
Hermione apretó los dientes
-¡NO! ¡Bibi! ¡Te cambié de ropa apenas hace unos minutos! ¿Que hiciste?
-¡Estoy tomando el te con mis juguetes! - Dijo la niña como si nada
-¡Ya estás sucia!
-Solo un poquito - dijo al tiempo que tomaba la esquina de su blusa y limpiaba su boca llena de betún
-Es increíble - suspiró kay - ¿Segura que tiene 7 años y no 5?
-Esta niña es un desastre... no le gusta peinarse, adora jugar en el barro ¡Ya le he dicho que no es propio de una señorita, pero no madura! Es terrible...
-¿No eres una señorita Bibi?
-¡Soy una niña! - Chilló Bianca dejando el desastre en la mesa y yéndose a donde sus libros de colorear, acostándose con la ropa sucia en el sillón, tomando una crayola y comenzando a colorear un dibujo de una flor...
-Creo que no he sabido educarla bien ni ponerle mucha atención - suspiró Hermy a su amiga - decliné la oferta de mis padres de ayudarme o de contratar una nana a tiempo, ahora todas las que contrato se van al poco tiempo por su culpa... mírala ahora ¡Ya está grande! entiende perfectamente bien lo que debe hacer y lo que no, parece que lo hiciera a drede...
-Regáñala...
-Imposible, no puedo... porque cuando me mira con esos ojos...
-¿Que tienen sus ojos? ¡Eres su madre! Impón autoridad Hermione, por eso es que esta niña es una malcriada... oye, ni siquiera tú eras así a su edad...
-Gracias por el cumplido - chilló - Claro, no me quejo... es muy inteligente pero... su inteligencia se opaca con su desobediencia y sus niñerías... Ya ni siquiera es para que se ponga a jugar a tomar el te, sabe que odio que se ponga a hablar con sus juguetes...
-¿Ya la inscribiste a la escuela que abrió Hanna Abbout?
-Si... No quiere ir, pero ya le prometí que...
-¡Ay Hermione!
-La adoro... la adoro tanto Kay, que no me importa lo que haga... y la envío a ese colegio es porque necesito concentrarme en mi trabajo, a veces lo descuido porque siempre son quejas con ella y con las nanas...
-Por lo menos, intenta que la peinen cuando la lleven...
-¡Como si eso fuera posible!
Así o mas pobre... Pero a Cedric le habían conseguido una casa enorme en las afuera de Londres, con un automóvil clásico en color blanco, finalmente, había seres mágicos que pululaban el mundo de los humanos y producían su propia moneda de oro mágico... el que había en cuevas en los interiores de los volcanes, así que la abundancia estaba de su lado...
Aparte los Diggory no eran pobres, Amos al momento de pisar suelo, se había ido a Gringotts a checar sus cuentas, muchos se extrañaron de verlo, pues habían pasado mas de siete años cuando lo vieran por última vez, pero Amos se dedicó a decir que muy pronto sabrían que había pasado con ellos... y no dejó su nueva dirección, pero no faltó quien lo siguiera ávido de noticias.
La casa era hermosa, Ayleem se dedicó a recorrerla de pies a cabeza, escogiendo su habitación y se sentó a esperar como sus damas: Crystal, Gélida y Flama, usando su magia, aparecían su ropa en el espacioso clóset, sus zapatos, todos sus guantes y sombreros... luego disfrutó de un elegante almuerzo con su guapo padre y sus abuelos, aquella escena familiar parecía feliz.
Finalmente, Amos, Elisa y Cedric se estaban preparando para lo que venía...
Los abuelos de Ayleem la disfrutaban de cierto modo, pues no eran los juegos típicos de los niños de esa edad, si no de que con ella, eran juegos de mesa, lectura de libros, crucigramas, juegos que ponían en competencia su inteligencia... pintaba y escribía poemas, en fin, parecía más una adolescente. Pero tenía que convivir con niños de su edad y adentrarse en el mundo mágico de su padre.
Hermione, preparaba la ropa que llevaría su hija, esperaba que todo estuviera lo más limpio posible, que llevara lo que la maestra había solicitado, no es que les fueran a enseñar magia, si no al contrario, querían que canalizaran su magia interna, que convivieran con otros niños y que aprendieran los conceptos sencillos y básicos, así que realmente era más para convivencia.
Bianca era la alborotadora número uno (¡Y solo Merlín sabe a quien le sacó el carácter!) porque era un torbellino que a su madre ponía de cabeza, pero esperaba que en el colegio, sentara cabeza y se comportara mejor, sobre todo si el resto de sus compañeritos eran bien portados... Y la realidad es que Bibi era inteligente, obvio, tenía de donde sacar, ya leía y escribía muy bien, adoraba los cuentos y leía todo lo que podía, su único defecto era su carácter rebelde e indomable al parecer.
En el primer día de escuela, Hermione dejó a Bianca en manos de Hanna, que fungía como la directora de ese instituto, la saludó brevemente, dejó donde localizarla y después se fue de inmediato, pues tenía que irse a trabajar... Ayleem por su parte, llegó después, en aquel elegante auto clásico y blanco, Cedric iba dentro con ella, pero no bajó, aún no deseaba ser visto porque estaba organizando todo con sus padres, pese al apellido "Diggory", nadie hizo aspavientos, finalmente, otros más se apellidaban así sin tener relación con Amos y Elisa.
Le dio un beso a su hija en la frente, mientras que Dama Crystal era la que abría la puerta y conducía a la pequeña princesita fuera del auto hacia la puerta del colegio... era de llamar la atención, sobre todo por el porte y la elegancia de la niña, no llevaba el cabello suelto para no llamar la atención por el color rojo fuego, todo estaba recogido enfundado en un sombrerito pequeño, llevaba un fino vestido de seda y sus guantecitos puestos, una preciosa mochila y su lonchera, en fin, hasta Hanna pensó que era una exageración...
Pero al menos, Cedric se había acostumbrado, porque esa disposición era por su rango, eso siempre le aseveraban las Damas de la pequeña, que una futura reina, aunque fuera semihumana, debía vestir, tal cual lo indica su rango, finalmente, Ayleem estaba más que acostumbrada... la niña fue recibida y llevada a su salón, sentado en su pupitre, justo a un lado de Bianca...
Ayleem miró todo de soslayo, de reojo, fijándose brevemente en la desfachatada posición, en los cabellos nada peinados de Bibi y su manía de masticar un chicle ¿Chicle a esa hora del día? Ella hizo un gesto y decidió que no se mezclaría con humanos extraños de costumbres raras...
La clase comenzó, la profesora comenzó a hablar sobre la magia y los conceptos, no todos ponían atención, había niños mas chicos que distraían a la otra profesora que se encargaba de los más pequeños, finalmente, pusieron a los que ya sabían leer a leer los cuentos de Beddle el Bardo... Comenzaron con Bianca, quien sorprendió a Ayleem, por su perfecta dicción, apenas y creía que una niñita como esa leyera tan bien...
Pero tampoco se dejó impresionar y durante el receso para el almuerzo, ella se sentó en una mesita, puso su mantel, a un costado su fruta, su cereal, su te y una tarta... El resto de los niños jugaban, comían, corrían y ensuciaban todo, Bianca por un momento miró a Ayleem, en medio de toda la trifulca infantil, aquella sentada con propiedad, comiendo pedacitos y despacio, sin mancharse siquiera las manos enguantadas...
Claro, se le hizo toda una exageración y una pesadita, así que ella siguió correteando en el relajo con los niños... Ayleem en ningún momento, socializó y eso lo notaron las maestras, la niña estaba en lo suyo, se portaba demasiado bien, ponía demasiada atención... no es que estuviera mal, pero así no se comportaba un niño de siete años.
Al finalizar las clases, mientras que una seguía tan limpia, la otra estaba despeinada y sucia de la ropa... porque no conforme con correr, se había arrastrado por el suelo con algunos de los juegos de la sala de juegos, así como se había trepado a una casita que había en un árbol ficticio... Claro que cada quien llevó una nota por su comportamiento en su primer día...
Cedric revisaba con su padre sobre los pormenores de su salida al mundo, sobre lo que iba a decir a todo el mundo mágico, previendo los pro y los contra de su decisión, pero no podía estar escondido todo el tiempo, no era lo mismo cuando ahora tenía una hija que era parte de su mundo, no era justo para ninguno...
Ayleem llegó y fue directo a sus brazos, los besó a todos y dijo que se prepararía para comer...Dama Crystal le dio la nota que había escrito la profesora y alzó una ceja al leerlo…
"Sr. Diggory, le informo a usted que la pequeña Ayleem estuvo muy bien portada el día de hoy, digamos que demasiado bien, puso mucha atención y respondió a todo... sin embargo, no convivió con los otros niños en ningún momento ni habló con ninguno, una conducta un tanto impropia para un menor, por lo que le solicitamos que converse con la niña acerca de su comportamiento, ya que el motivo de estas clases, es más de convivencia que de aprendizaje. Atte. Directora Abbout"
Amos se mordió los labios y bebió su te, mirando con seriedad a su hijo, quizás había estado rodeada de demasiados adultos, sin niños, porque podría ser todo lo inteligente que quiera, pero finalmente era una niña y había que ponerle límites a su "buen comportamiento"... Así que cuando Ayleem bajó, se encontró con los rostros preocupados de sus padres y abuelitos.
-¿Pasa algo papá?
-Leí el reporte que me llegó de la escuela
-¿Que reporte?
-Una nota que envió la profesora...
-Yo me porté bien - Masculló la pequeña sentándose a un costado de su padre, con propiedad, con fineza y con un rostro arrogante.
-Lo sabemos querida, lo dice la nota...
-No entiendo...
-Aquí dice que no hablaste con los niños... ni jugaste con ellos, que estabas apartada... Ayleem, debes convivir con ellos.
-Pero gritan mucho... son sucios... no me gustan
-Ayleem - Dijo Cedric - Es que no son todos como tú, los niños así son... juegan, gritan, se divierten y se ensucian... claro, unos menos que otros. Tu debes hablar con ellos, platicar, comer con ellos, mira, ninguno tiene tu nivel, no es que te rebajes, solo que los toleres y lo entiendas.
-Pero... ¿Hablar con ellos? Andan todos pegajosos... con las manos sucias...
-Así son los niños humanos normales...
-¿En serio tengo que convivir con ellos?
-Si...
-Es que no tienen modales…
-Los niños son niños querida… ¿Me prometes que harás todo lo que puedas para llevarte bien con ellos y socializar? Se que es un sacrificio grande pero…
Ayleem suspiró y asintió ¡Que remedio! Aceptar lo que su adorable padre le pedía... porque ante todo, ella era muy obediente y quería hacer todo lo que su padre le pedía… Pero la sonrisa que Cedric le regalaba, valía la pena cualquier sacrificio…
-¡Te amo, muñeca!
-Yo te amo mas, papá… de aquí al universo…
