N/A: QUIENES TAMBIÉN LEEN LADY ALICE, NO SE OLVIDEN DE LA NOTA FINAL.


Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, provienen de la bella imaginación de la hermosa Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, ya que a mi loca cabecita le encanta soñar despierta.


Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite . fanfiction)


La crítica habló. Un Día Para Amar era una de las mejores películas en lo que iba del año. Su historia, su narrativa, la manera en la que estaba "bellamente dirigida" —palabras de los expertos—, todo era como salido de las mejores mentes maestras de la industria. Tanta fue su impresión que gran parte de estos aseguró que en ningún momento parecía ser propiedad de actores venidos a directores.

Y eso no fue todo. Fieles a su costumbre, elogiaron hasta el cansancio las actuaciones de los veteranos, reconociendo el amor a su profesión y como aceptaron prestar su talento al debut de Emmett y Rosalie, felicitando a estos últimos por sus elecciones tan acertadas. La sorpresa en todas las reseñas fueron los comentarios sobre la interpretación de Bella. Por supuesto, el mundo estaba escéptico, la chica llegó de la universidad al detrás de cámaras y a estar frente a estas en cuestión de meses, no le pedían peras al olmo... ¡Ah, cómo se arrepintieron los pomposos críticos! La amaron. Bella fue la revelación, lo inesperado de la cinta.

Uno de ellos dijo: "Isabella Swan, aquella muchachita que se hizo famosa por sus arranques de ira en el comedor de su universidad y por su amorío con Edward Cullen, fue una delicia que quería seguir viendo incluso mientras los créditos corrían y todos se ponían de pie para ovacionarla. Ofreció una actuación digna de una actriz veterana, siendo indiferente ante su compañero cuando la situación lo requería y transformándose con delicadeza de una chica del siglo XXI, moderna y traviesa, a una mujer sureña de los cincuenta hecha y derecha. Isabella Swan, hoy me declaro tu admirador y te advierto una cosa: ya estás en mi radar".

Por eso en la noche de los Oscars ella era de las más esperadas. El mundo se decepcionó cuando Edward bajó solo de la camioneta en su esmoquin de saco rojo y pantalones negros.

Recorrió la alfombra roja tan guapo y sonriente como siempre, pero extrañando a su chica, y no era el único.

—Edward, ¿dónde está Isabella? —le preguntó un reportero durante las entrevistas. Edward sonrió.

—Tuvo que quedarse en casa —respondió—. Está en época de exámenes y hay prioridades —rio.

—¿Qué piensas de las críticas que han recibido por su nueva película?

—Son excelentes, mejor de lo que esperábamos. Veremos qué sucede.

—¿Es diferente estar aquí como presentador en vez de nominado?

—Mucho. El año pasado había mucha presión, mucho nerviosismo. Si te soy sincero, no recuerdo la mitad de lo que sucedió esa noche. Hoy digamos que estoy respirando, así que eso es algo.

—Gracias, Edward. Diviértete.

—Gracias a ti —se despidió, estrechando la mano del reportero. Se dirigió al interior del Teatro Dolby con Stefan y Randall a sus costados.

Él solo asistía como presentador de Mejor Actriz Principal, que resultaba ser de las últimas categorías. Si por él hubiera sido, solo habría ido a eso, pero Bella lo convenció de ir a toda la ceremonia, y ciertamente a ella no podía decirle que no. En cambio, Edward logró que ella lo alcanzara en el AfterParty aprovechando que el lunes ni siquiera tendría clases, así no se extrañarían más tiempo.

Además, Edward tenía una extraña sensación, un presentimiento que no se le quitaba; no sabía si era bueno o malo, pero ahí estaba y lo hacía querer estar con Bella el mayor tiempo posible, tanto así que ya prácticamente vivían juntos. No quería decírselo a Bella aún hasta saber mejor lo que sucedía, no deseaba espantarla o entusiasmarla. Algunas veces era necesario no compartirlo todo con la pareja, al menos no inmediatamente...

Con el tiempo se lo contaría, de eso estaba seguro.

La ceremonia fue igual que la del año anterior. Menos alerta que esa vez, Edward terminó mensajeándose con Bella, a escondidas y asegurándose que la cámara nunca lo captara haciéndolo o Stefan lo haría trizas.

Nene, estoy llegando. ¿Cómo vas?

Edward alzó la vista, pero no tuvo tiempo de ver quién estaba en el escenario porque Stefan lo hizo ponerse de pie.

Ya no tardo. Estoy en backstage. Dile a Felix que te meta al lobby, te mando también a Randall.

Okey. ¿Hay una manera de no pasar por la principal?

Edward la llamó.

¡Hola!

—Que entusiasmada —rio él—. ¿Dónde estás?

En Beverly Hills. Dice Felix que ya no tardamos.

—Edward —musitó uno de los responsables de los sobres de los ganadores.

—Gracias —respondió, recibiendo el sobre de Mejor Actriz—. Muñequita, te comunico a Stefan, es mi turno.

Okey. Suerte. Te amo.

—Y yo a ti, mi amor —le dijo. Le dio su teléfono a Stefan y se colocó en la salida, esperando escuchar su nombre.

—Ahora, con ustedes, el ganador del premio de la Academia a Mejor Actor Principal del año pasado: ¡Edward Cullen! —anunció el anfitrión. Edward salió al escenario, sonriendo y con el sobre rojo en una mano.

—Buenas noches. Estas son las nominadas a Mejor Actriz Principal —pronunció los nombres de las cinco candidatas al tiempo que las cámaras las captaban en tiempo real—. Chicas, no respiren —soltó, haciendo reír a la audiencia—. Y el Oscar es para... ¡Leah Clearwater!

La ganadora subió al escenario. Recibió el premio y el sobre de manos de Edward; él la felicitó con un amistoso beso de mejillas y se hizo a un lado, permaneciendo en el fondo mientras la mujer daba su discurso de agradecimiento. Salieron del otro lado, donde Stefan ya lo esperaba, esta vez con su propio celular en la oreja.

—No, no, Randall, no van a llegar por donde alguien los pueda ver. Pregunta en qué calle está la puerta de emergencia y en qué sentido la lleva al lobby... Bien. Dile a la flaca, te espero.

—¿Ya llegaron?

—Sí. Se llevó tu celular para hablar con Bella.

—De acuerdo.

Stefan hizo que Edward volviera a la audiencia para ver la última categoría, mientras se mantenía al teléfono con Randall.

La ceremonia terminó con el triunfo de la película de Mark Smith quien, de hecho, había ganado Mejor Director. Vaya antecedentes que Bella comenzaba a formarse. Edward estaba emocionado por el futuro de la carrera de su chica.

Stefan recogió a Edward y lo llevó al lobby del teatro. Randall, al verlos, suspiró con alivio.

—Van a entrar por la principal —les dijo. Stefan se rio—. Felix dijo que era eso o irse a la fiesta.

—Llamará menos la atención ahora. Buena idea —dijo Stefan.

—¿Dónde están? —preguntó Carmen.

—Entrando —respondió Randall.

Edward miró a la puerta del teatro, por donde los asistentes comenzaban a salir y vio una cortina rubia rojiza, brillante y sedosa, agrupada en una despeinada coleta lateral baja. Se movía a la par de la cabeza de su portadora.

Bella esbozó una sonrisa cuando vio a su novio, se levantó un poco la falda y corrió hacia él, sin importarle los tacones de aguja de doce centímetros que llevaba. Edward la recibió con un abrazo.

—¿Sabes? Comencé a sentirme como si fuera una de las muñecas de Misión Imposible, así que mandé el plan al demonio —dijo Bella. Edward rio.

—Bueno, luces como una.

—Y tú eres un idiota.

Bella había repetido vestido para esa noche: el dorado rosado de espalda descubierta y forma de sirena que llevó a los Emmy, con las sandalias, el brazalete y los aretes que lo acompañaron, a excepción del peinado, cambiando el moño a la nuca revuelto por la coleta. Ese look fue todo un éxito. Claro, todos pensaron que estaba embarazada pero no comió alitas, así que...

—¿Listos? —preguntó Stefan.

—Vamos —respondió Edward, tomando a Bella de la mano.

En la alfombra roja del AfterParty, todos se paralizaron al reconocer el modelito de Bella, demostrándole su amor al fotografiarla sin parar. A pesar de eso, ni ella ni Edward permitieron que los ganadores, quienes realmente se merecían la atención, la perdieran y se zafaron tan pronto como pudieron.

Bella estiró la mano hacia una de las charolas de vino que circulaban por meseros en todo el lugar. Edward se rio.

—Oh no, niña. Olvídalo —le dijo Stefan.

—Pero...

—No —repitió—. Mark viene hacia acá. Ustedes actúen normales.

—¿Por? —preguntó Bella.

—Somos sus próximas estrellas, siempre se hace ver con los protagonistas de los proyectos que ya tiene agendados o completos —explicó Edward. Se señaló a él mismo y a Bella.

—Chicos —saludó Mark, con su Oscar bien sujeto en una mano.

—Hola, Mark. Felicidades.

—Gracias. Es una locura, ¿no es cierto? Isabella, leí esas críticas. Chica, estás desatada.

Bella rio.

—Solo me están tratando bien, es todo.

—La crítica nunca trata bien a los nuevos a menos que se lo merezcan —le dijo el director—. Escuchen, me dijeron que este año tienen aquí a los encargados de grabar las placas. ¿Por qué no me acompañan y platicamos acerca de lo que nos espera este año?

Stefan y Carmen asintieron, dándoles permiso.

—Mark Smith, solo tú aprovechas un AfterParty para hablar de negocios.

—Mi querido Edward Cullen, tú mejor que nadie sabe que los AfterParty de los Oscar solo sirven para hacerse de influencias.

.

.

.

Bella suspiró, soltando el bolígrafo sobre el pupitre. Revisó el examen, asegurándose que todo estuviera contestado, tan correctamente como podía recordar tras estudiar por dos semanas. Guardó la pluma en su bolso y, tomando sus cosas con la hoja del examen, bajó de su lugar. Entregó la prueba a su profesor y asintió en despedida.

—¿Cómo te fue? —le preguntó Jessica.

—Creo que bien —respondió Bella—. Gracias al cielo que fue el último.

—¡Lo sé! Mi cuerpo no podía con tanto estrés. ¡Christopher!

—Hola, chicas. ¿Qué tal los exámenes?

—Agotadores —dijo Bella—. ¿Vienes por trámites?

—Sí. Ya comienzo mi residencia y quiero tener todo preparado antes de no tener vida fuera del hospital —dijo, haciendo reír a las amigas—. ¿Tienen algo que hacer esta noche? Un amigo hará la fiesta de graduación y ustedes y Mike están invitados.

—Genial. Gracias —dijo Jessica.

—Gracias, Chris. Yo... Yo no puedo esta noche. Agendamos la sesión para hoy y no sé a qué hora terminemos. Lo lamento.

—Creí que la pospusieron —musitó Jessica.

—Lo intentamos, pero Stefan y Carmen no nos dejaron. Tenemos que aprovechar que Edward ya volvió de la gira de promoción porque yo la empiezo en una semana.

—Amiga, no los envidio para nada.

—Sí, bueno, ese es el lado malo —dijo Christopher—. Quizá podamos vernos otro día.

—Okey —respondió Bella, sin comprometerse a nada—. Tengo que irme. Marcus me dijo que fuera en cuanto terminara el examen. Nos vemos el lunes. Diviértanse.

—Ustedes también.

Bella corrió a la salida, aun cuando estaba en tacones, preparando su teléfono para conectarlo con el control del coche. Como si hubiera adivinado, recibió una llamada de Marcus en cuanto arrancó. Se subió las mangas de la chaqueta dorada y respondió.

—Hola, tú —saludó, despidiéndose de los guardias con un gesto de mano.

Hola, niña. ¿Ya vienes?

—Sipi. ¿Problemas?

Ehh... No —vaciló él. Pero, en el fondo, se podía escuchar un gran zafarrancho que involucró vidrios rotos—. Acelera.

—Okey —respondió Bella. Terminó la llamada y pisó el acelerador a fondo, llegando al set en la mitad del tiempo que le llevaba. Felix y Renata la esperaban en la entrada. Bella bajó del auto con la respiración agitada y entró, sin saludar—. Hoy no tengo tiempo para estas cosas. ¿Qué carajos ocurrió?

—La pelea de Rosalie y Chelsea salió mal —respondió Renata.

—¿Chelsea? ¡LIAM! —gritó Bella, colocándose los audífonos. El aludido apareció, con la ropa maltrecha al haber sido el único que lograra separar a las dos actrices—. Creí que habíamos reemplazado a Chelsea.

—Lo mismo creí yo, Bells, pero se apareció esta mañana.

—¿Y dónde está la otra actriz?

—Bree Tanner —intervino Felix al ver que Bella intentaba recordar el nombre de la chica.

—Sí, ella.

—Resulta que nunca la contactaron. El director de casting está en eso. ¿Qué hacemos?

—¿Dónde está Marcus? —preguntó, sosteniéndose el cabello en un medio moño despeinado.

—Peleándose con los ejecutivos. No podemos darnos el lujo de tener estos problemas.

—¿¡Y recién lo dices!? Liam, estamos en la cuerda floja con la tercera temporada...

—No necesitas decírmelo, guapa. —Bella rodó los ojos. Marcus llegó y le colocó una mano en el hombro, saludándola.

—Necesitamos un plan, y ya, antes de que te vayas.

Después de mucho discutir, llegaron al acuerdo de que Bella sería la encargada de despedir a Chelsea Linton —enemiga acérrima y declarada de Rosalie—, mientras que Liam y Marcus se pelearían con el director de casting para traer a Bree Tanner, la elegida cuando la producción se dio cuenta que Rosalie y Chelsea no podían trabajar juntas.

—Solo les diré una cosa a ustedes dos: tienen suerte que esto sea el fin de la temporada —dijo Bella—. ¡Deberíamos estar en edición, no aquí!

—Bells, relájate, es solo una escena, y ya lo dijiste: es el fin de temporada.

—¡No me puedo relajar hoy! —gritó Bella—. Necesito que me solucionen la vida, ¿okey? Gracias. Y ahora voy a hacer el trabajo sucio.

Bella taconeó hacia los tráileres, con Felix y Renata. No tuvo tacto y se lo achacó al estrés que sufría ese día, aunque le soltó la noticia lo más suave que pudo con tal de que la voluble chica no se lo tomara a mal. Jane la entrenó bien.

Fueron hacia la televisora, donde Marcus y Liam ya estaban con el director de casting. Bella se dirigió a edición y pidió ver a Marcus ahí. Para su sorpresa, Aro se encontraba en el lugar, pues logró zafarse de la pelea en cuanto vio que ya no había nada más que hacer ese día. A Bella le agradaba trabajar con Aro en temporada de edición. Si durante las grabaciones pedía más su opinión que la de los otros productores, en edición prácticamente le cedía la batuta, y eso demostraba el respeto que le tenía a su papel de escritora.

Marcus llegó poco después con noticias alentadoras para la próxima semana. No se ensimismaron más en la crisis y se concentraron en terminar con el trabajo importante del día, antes de que Bella tuviera que irse por la sesión de fotos.

—Cámara tres —indicó Aro—. ¿Bella?

—Probemos con la cuatro. Sí, sí. El gesto de Emmett para el final.

La puerta de la habitación se abrió y Renata se aclaró la garganta.

—Lamento interrumpir. ¿Bells? Ya llegaron.

—Ve —le dijo Aro—. Que Marcus me ayude con los créditos.

—Está bien. Vengo mañana.

—¿Amenaza o advertencia? —se burló Marcus, tomando el lugar que la chica ya había dejado.

—Tómalo como quieras —rio Bella—. Chao.

—Diviértanse, guapa.

Bella siguió a su guardaespaldas y su asistente al estacionamiento, donde esperaban Edward, Randall y Alex, el asistente de Edward que Stefan le obligó a contratar desde Berlín. Los representantes y "carrocería y pintura" —el apodo que Stefan dio a Jacob, Sasha y Charlotte— se adelantaron a la locación que se encontraba a las afueras de la ciudad.

Edward y Bella se saludaron con un abrazo y un pequeño beso antes de subirse a la camioneta. Collin pasaría por el coche de Bella más tarde. Los novios hablaron de como pasaron el día. Edward fue el único que la calmó totalmente cuando le contó lo que había pasado en el set, pues Bella aún seguía muy alterada. Aunque no la podían culpar, estaba teniendo un día de locos con todo lo que tuvo en su agenda ese viernes: sus dos exámenes, el set y la sesión... ¡Tenía solo veinte años! ¿No podían darle un descanso?

Edward tuvo un día más tranquilo pues solo asistió a una última reunión con Carlos Becker, esta vez para asegurarse que todo el elenco estuviera disponible para las grabaciones en otoño, aunque no llegaron a nada debido a que algunos de ellos, incluso el mismo director, estaban buscando la manera de que sus películas para estrenar ese año entraran en los festivales. Edward tenía que hablar acerca de eso con Emmett y Rosalie.

La vida de una celebridad de Hollywood era complicada. Muy, muy complicada.

Llegaron un poco tarde a la locación, todo porque Randall no hizo caso al GPS del coche y tomó otra salida, perdiéndose en el camino.

La revista había encontrado una casa increíble, construida entre árboles y espesa vegetación. Les había parecido perfecta para el concepto que crearon y a Stefan y Carmen no les había gustado menos. Estaba escondida, ahí nunca llegarían los paparazzi y no habría pistas indeseables de lo que estaban haciendo. Todos querían que fuera una sorpresa.

—Stefan me dijo que era muy bella, pero no esperaba esto —musitó Edward, ayudando a Bella a bajar.

—Oh, guau —murmuró Bella. Frente a ellos se alzaba una, en apariencia, pequeña casa beige que combinaba el estilo señorial con el contemporáneo. En el interior predominaba una decoración moderna y glamorosa con lujosas arañas de cristal, lámparas pequeñas de pantallas blancas y soportes dorados, pedestales y barandales negros, un piso de mármol beige y negro, y paredes y techos blancos.

Los recibieron sus representantes y la editora en jefe de la revista, esta última los guio hacia la habitación donde se arreglarían, ya que no separarse fue un pedido que hizo Edward. Sasha y Charlotte se instalaron a pleno en la habitación. Bella se desvistió y se colocó la bata de satín. Sasha le había dicho que no se maquillara a lo que ella hizo caso.

Charlotte comenzó con el cabello: lo rizó y lo cepilló para esponjarlo y alisar de nuevo unos cuantos rizos, después lo enredó en enormes tubos en los que lo aseguró con las ya conocidas pinzas plateadas. Lo dejó reposar mientras Sasha la maquillaba con dramáticos ojos ahumados, blush bronce y brillantes labios rosados. Aún con el cabello en los tubos, Bella se dirigió a la habitación donde estaba el vestuario e hizo que Edward la acompañara.

—¿Qué tal, nena? —le preguntó él, mostrándole un esmoquin de saco plateado, muy de su estilo.

—Me gusta —le dijo—. Pero, ¿algo más...?

—¿... tradicional?

—Sí. ¿Puedo?

—Por supuesto.

Bella rebuscó en el armario improvisado por un esmoquin que mantuviera el estilo rebelde de su novio pero que fuera tradicional. Encontró uno de saco de terciopelo y un solo botón que a Edward le llamó la atención. Fue a probárselo con mucho gusto y salió tras haberle dado su propio toque al no ponerse calcetines y subir el dobladillo de los pantalones para dejar respirar a sus tobillos y mostrar sus zapatos estilo Príncipe Alberto de terciopelo negro. Bella se rio, pero le dio su aprobación de novia.

—Me gustan esos zapatos.

—¿Sabes algo? A mí también. Ahora, mi vida, sigues tú.

—¿Qué sugieres?

Edward sacó un espectacular vestido color rosa bebé con corsé bordado y escote corazón strapless, la enorme falda de tul y olanes, resultó ser corta por delante y larga por detrás con una infinita cola. Bella se enamoró de él. Se lo probó, sorprendiéndose cuando vio que le quedaba como un guante. Lo combinó con sandalias nude y un bonito anillo en forma de flor con diamantes blancos y uno rosa central en forma de pera que usó en lugar del que le dieron sus padres. Así, con el primer cambio, buscaron el segundo. Bella escogió un mini vestido negro con rayas plateadas y escote en V. Cambió las delicadas sandalias por unos chunkies negros; mientras que Edward se decidió por un traje de saco gris, camisa blanca y pantalón, chaleco y corbata en negro, esta última prenda tenía textura; repetiría calzado a pedido de su novia.

Stefan y Carmen fueron por ellos. Al bajar, encontraron a todo el equipo de fotografía ya colocado y listo para comenzar a trabajar. El fotógrafo, un hombre moreno con ropa informal y gorra de béisbol mirando hacia atrás, se acercó y estrechó manos con ellos, presentándose:

—Hola, chicos. ¿Cómo están? Me llamo Cody y es un verdadero placer ser su fotógrafo hoy. Quiero que sepan que estoy aquí para hacer lo que ustedes quieran, sé que es su primera sesión juntos desde que son pareja, así que supongo que debe ser algo incómodo.

—Sí, un poco —confesó Edward, mirando a Bella, quien asintió mostrándose de acuerdo.

—Pues yo voy a tratar de hacerlo tan cómodo y divertido como se pueda. El concepto que queremos es, como ya se dieron cuenta, algo elegante, lujoso y glamoroso. Vamos a comenzar con las escalinatas y de ahí partimos, ¿qué les parece?

—Claro.

—Bien. A la mitad, por favor, junto al barandal. Isabella adelante —indicó. Edward tomó a Bella de la mano y la ayudó a subir. Jacob fue detrás de ellos, acomodó el vestido de Bella en el escalón y enderezó la pajarita de Edward antes de regresar corriendo—. Si pueden poner las manos sobre él... Perfecto —musitó el hombre. Bella se colocó la otra en la cintura y Edward en el bolsillo—. Ah, hermoso. Una mirada entre ustedes. —Hizo la primera fotografía—. Increíble, chicos. Una más... Gracias. Ahora hacia mí, si son tan amables. Precioso. Ya comprendo de lo que todos hablan, chicos, ustedes son una pareja maravillosa.

Edward y Bella sonrieron.

Para las siguientes tomas, se tomaron de dos dedos, permaneciendo así para unas fotografías de él mirándola mientras ella mantenía sus penetrantes ojos castaños en la cámara, y viceversa. Cody le dio a ella un par de copas estilo flauta que le hizo tomar por el soporte de plata con el cáliz mirando hacia abajo, Edward tomó la botella de champagne sin abrir y se tomaron de las manos. Detrás del fotógrafo, el resto de los asistentes miraban en una pantalla las tomas de ellos bajando las escaleras como listos para una fiesta o, más bien, una cena romántica y lujosa.

—Esas son fantásticas —dijo Carmen, sorprendida de ver a los muchachos tan guapos a pesar de que no era la primera vez, pero es que había algo en esas fotografías que los hacía ver tan diferentes de una manera preciosa—. Dios, esa niña va a cumplir veintiuno —soltó. Stefan la miró con los ojos como platos.

—Demonios, es cierto —dijo. Bella había crecido frente a sus ojos y ellos no se habían dado cuenta. ¿Cómo es que el tiempo pasó tan rápido? Pronto, los paparazzi la atraparían saliendo de los bares de California y comenzarían a decir que la chica tenía un problema con el alcohol... Y Carmen no estaba preparada para eso aún.

En el vestíbulo, los captaron abriendo la champagne, sirviéndola en sus copas y armando una pirámide de estas en un estilo vintage que posteriormente también llenaron de bebida.

Los sacaron al balcón y posaron como si fueran los dueños del mundo para después entrar a cambiarse al segundo vestuario. Esta vez su set fueron los jardines de la casa, donde aprovecharon para soltarse las riendas un poco, ser más atrevidos, sexys y hasta un poco demostrativos, algo que se habían prometido no hacer pues no querían que terminara siendo una sesión de compromiso y los rumores se dispararan de nuevo.

Sin siquiera mirar la sesión completa, se decidió que la portada sería una toma de Bella jalándolo por la corbata y Edward tomando sus manos, ambos mirando a la cámara con sus frentes pegadas. Aunque tuvo una fuerte contrincante en la que aparecían de nuevo dentro de la casa, esta vez en la sala, Edward sentado en el sofá negro y dorado con Bella de pie, apoyada en el brazo y dándole la espalda a su novio. Hubo otras en las que los captaron a Bella sonriendo y Edward susurrándole al oído.

A las doce de la noche, Cody se estaba despidiendo y agradeciendo la experiencia. Bella y Edward hicieron lo mismo de todo corazón, aunque habían dudado, realmente les gustó hacerlo, sabían que no se iban a arrepentir nunca de eso.


¡Holi! ¿Como tan? Aquí tienen un nuevo capítulo de Sobreviviendo..., espero que les haya gustado.

Por ahí andan preguntando que onda con Lady Alice, pues la cosa esta así: Tengo el capítulo empezado, pero no avanza, en otras palabras ME BLOQUEE con Lady Alice. Les pido mucha paciencia por que no le veo la luz aún, please.

Gracias a Yoliki, saraipineda44, Maryluna, vanex, Adriu, Roco, jupy por sus reviews en el capítulo anterior, y al resto de ustedes por leer. Nos vemos en el siguiente o en los rr.

Annie. xx