Stupid me says: Podría poner un millón de excusas, desde accidentes de auto con pérdidas totales (estoy bien, fue mi estúpido hermano), robos de iPod (mi otro estúpido hermano), intentos frustrados y fallidos de encontrar un trabajo de verdad (esta vez es la estúpida de mí) o incluso que no he podido volver a donde vivo porque hay una pequeña guerra narca con casas incendiadas y gente decapitada en las plazas principales o que odio con todas mis fuerzas a mi cuñadita y que gracias a eso mis padres me han llamado antisocial amargada sin amigos causa problemas. Pero esas son sólo excusas *sonrisa radiante*.
No, no voy a dejar de escribir a mi pequeño engendro porque lo amo a pesar de todo, aún y cuando este capítulo me pareció de lo más malo (lo siento). Pero prometo que vendrán mejores capítulos en el futuro, ¡lo prometo! Que este bebé ya pronto cumplirá sus dos añitos, ya está viejito, je. Muchas gracias por seguir leyendo a pesar de todo y mis más sinceras disculpas por hacerles esperar. Entiendo que debe ser frustrante para ustedes, aunque no tanto como para mí al ver que no hay avance ninguno por falta de inspiración (¡vuelve, musa del demonio!).
Les dedico la salida del estancamiento de este fanfic a mi querido Chan de Alma Mater, gracias por el apoyo, niñas. Gracias por leer esto a pesar de que no les gusta el Yullen *llora de felicidad*. Y a Kassy, como siempre, por seguir traduciendo. Y a ustedes por esperarme a pesar de que merezco la hoguera. Ya me dejo de parloteo. ¿Disfruten? este capítulo.
Notas especiales para el capítulo: Sólo angst y spoilers mínimos comparados con los que ya se han visto en los últimos capítulos. ¿POV de Krory? ¿POV muy fallido de Krory? ¿Otra vez?
Rating: T (algún día volverán los M *sniff*)
DISCLAIMER: D Gray-man no me pertenece, es de Hoshino Katsura-senseii. Si me perteneciera Allen tendría unas cuantas cosas que decir con respecto a lo que pasa en la cabeza de su Bakanda...
Apóstol de Dios
35. Profunda necesidad
De lo único que estaba seguro era que no se había desmayado.
Conocía la sensación anterior a quedar inconsciente, le había pasado varias veces, en el campo de batalla o en la enfermería.
Pero sus piernas habían cedido, eso sí que lo recordaba. Y hubiera terminado en el suelo de no ser porque alguien lo había atrapado antes de caer de lleno en el suelo. No, no se había desmayado. Era por eso que se había dado cuenta que había sido Kanda. Aunque tal vez lo hubiera notado de todas formas, no era como si desconociera el tacto de esos brazos a su alrededor o ese olor tan particular.
Sólo que no estaba pensando en aquello debido a lo que pasaba en ese instante. No, realmente no podía pensar en nada más que no fuera esa ventana ensangrentada, rota. Esa media máscara machada de ese líquido rojizo que tan bien conocía. Su vista se había vuelto borrosa, como si simplemente se negara a ver la realidad de lo que ocurría frente a sus ojos. Así que ni siquiera saberse entre los brazos de Kanda podía evitar el profundo dolor que sentía en el pecho en ese momento.
Todo a su alrededor parecía ocurrir en cámara lenta. Komui estaba hablándole, de eso se daba cuenta. Incluso notó la mirada de Lvellie, aunque no supo se iba dirigida hacia él o hacia Kanda. Se suponía que el japonés no debía estar a su lado, que su misión juntos había terminado. Pero ahí estaba, sosteniéndole con fuerza a pesar de que les miraran a ambos de esa forma. A pesar de eso, le había dejado deslizarse hasta el suelo.
El frío contacto de la piedra no había hecho nada tranquilizarlo. Aún le hablaban. No escuchaba nada en lo absoluto. Ni siquiera había llorado. No lo había hecho en ese entonces y no lo hacía en este momento.
Timcanpy estaba sobre su hombro, al menos teniendo contacto físico con él, no como aquella vez en que el golem había permanecido al lado de esa máscara rota insistentemente.
Aunque no era como si aquello hubiera pasado hace mucho tiempo, tan sólo eran unas horas desde que había visto aquello pero parecía que había pasado hacía muchísimo. No sabía por qué no podía reaccionar del todo, por qué sólo miraba al infinito sin pensar realmente en nada mientras que Komui parecía hablar seriamente con algunos científicos, gente que no conocía. Ahí estaba el secretario Lvellie, el inspector Link. Todos parecían tan preocupados, como si quisieran explicarle a un niño pequeño por qué no podía tener el dulce que quería.
Pero era tan simple. Su maestro, Cross Marian, estaba muerto. Sintió una ligera punzada de dolor en el pecho, pero se fue tan rápido como llegó. Respiró pausadamente por la boca, sintiendo las manitas de Timcanpy apresando con fuerza su uniforme, como si lo quisiera devolver a la realidad a pesar de que eso pareciera imposible en ese instante.
Aunque lo que le hizo sobresaltarse fue sentir una mano sobre su cabeza, tanto que elevó la mirada casi de inmediato. Era Reever quien le sonreía cansadamente, cosa que no era tan extraña de no ser porque el australiano rara vez tenía contacto físico con él; ese gesto era más propio de Johnny que del líder del escuadrón científico.
- Toma, bebe un poco.
Parpadeó, aceptando con algo de inseguridad el vaso que le ofrecía el rubio. Tomó un poco, saboreando la bebida azucarada, de esas que Reever parecía disfrutar tanto. Dio un par de sorbos más antes de volver a mirar a quien estaba frente a él.
- Es mejor esto a que te pongan suero, ¿no es así? Tal vez un poco de azúcar te haga bien.
Asintió lentamente, sonriendo después. El equipo científico, a aquellos que conocía bien al menos, debían de estar preocupados por él. Incluso Link se había vuelto para mirarle a pesar de que debía de estar atento a lo que decía Lvellie.
- Vamos, Allen-kun - ahora era Komui quien se había acercado, haciendo que Reever se apartara para darle paso al supervisor -. Tenemos que prepararnos para el anuncio que hará el secretario.
El anuncio. Era sobre él, ¿no era así? Sobre el Decimocuarto. Al parecer, habían decidido ignorar la muerte de su maestro hasta que hubieran averiguado exactamente qué había pasado. Su estúpido maestro siempre se salía con la suya después de todo. Sonrió amargamente, sin saber muy bien el por qué seguía pensando en esto.
Los demás estaban entrenando.
Habían llegado un poco después del amanecer. Krory había ido a saludarlo, le había abrazado con fuerza y le había prometido que volvería en cuanto terminaran los arreglos de su mudanza. Aunque al parecer había sido llamado para que se adecuara al nuevo salón de entrenamiento, pues no lo había visto en el resto del día. Pero estaba bien. No tenía muchas intenciones de verlo de todas formas, ni a él ni a nadie. Aún así, los guardias se habían quedado ahí, no le habían dejado sólo ni un instante. Link se había llevado a Timcanpy y éste no se había resistido en lo absoluto. Recordaba que habían sido unas horas en blanco, simplemente acurrucado en el sofá de aquella habitación extraña mientras le era aplicado ese tratamiento diario a pesar de que no estaban en la enfermería. Las náuseas y el malestar que había sentido en los primeros días después de su operación ni siquiera se habían presentado para distraerlo un poco. Nada, absolutamente nada. Sólo había mirado hacia la pared, esperando a que el tiempo pasara.
Ahora sólo quedaba esperar que los reunieran a todos. Y que le entregaran a su pequeño Mana. Le habían prometido que su bebé sería cuidado por alguna enfermera, algo que de todas formas no le había tranquilizado del todo. Esa había sido su única preocupación.
Se quedó de pie en medio del nuevo salón de entrenamientos. Lo examinó detenidamente, aún si sabía que no usaría ese lugar en mucho tiempo gracias a su nuevo embarazo. También los vio a ellos. Los otros exorcistas. Pero no se fijó demasiado en ellos, porque era doloroso. Ellos pronto sabrían por qué les habían traído ahí. Por eso mismo, tampoco se atrevió a mirar a Kanda. Especialmente a él. Podía sentir su presencia, estaba demasiado cercano a donde estaba.
Un sólo sonido le distrajo: el llanto de su bebé. Una enfermera intentaba tranquilizarlo, pero su pequeño Mana parecía terco con alejarse de ella, ya que extendía sus bracitos hacia su dirección, llamándole "mamá" una y otra vez. Hizo acopio de todas sus fuerzas para no lanzarse corriendo hacia él y alzarlo en sus brazos para retenerlo cerca y nunca más dejarlo ir. Porque no era muy buena idea reaccionar de esa forma cuando el secretario Lvellie le estaba mirando tan fijamente. Bajó la mirada, también oyendo como su niño llamaba a Kanda ahora que se sentía ignorado por él. Era algo doloroso, sin duda, porque Kanda tampoco podría ir a su lado. Tal vez lo mejor era que no estuviera ahí en estos momentos...
- Presten atención, exorcistas - habló el secretario, a pesar de que nadie estaba hablando.
Komui se paró a su lado, sin verle, pero muy cercano a él. Link permaneció ahí también, aunque mirándole desde lejos. El aprendiz de bookman fue el único que le miró y le sonrió alegremente, con las manos tras su cabeza en actitud relajada a pesar de estar al lado de Bookman. Los demás exorcistas permanecieron alejados de él, más allá de Lvellie. Todos, incluso Krory, quien no se veía muy seguro con respecto a acercarse a Kanda.
Bakanda.
Él también estaba cerca. Demasiado cerca. Sin embargo, no lo miraba. Ni a él ni a nadie, ni siquiera a Mana. Incluso le estaba dando la espalda a todos, incluido el secretario Lvellie, quién permaneció en silencio por unos segundos más antes de empezar a hablar nuevamente.
- Tenemos evidencia de que Allen Walker es el hospedero de las memorias del Decimocuarto - anunció Lvellie, sin darle más vueltas al asunto.
No era necesario de todas formas. No se animó a ver las expresiones de sus compañeros exorcistas, no quería saber si era de decepción, desprecio u odio. O si eran todas esas y más. Ni siquiera había escuchado sonido alguno luego de las palabras del secretario. Agradecía enormemente que Kanda no le estuviera viendo en aquellos momentos.
- Sin embargo, seguiremos manteniendo las apariencias ya que aún es un miembro de la Orden, seguirá cumpliendo sus obligaciones como un exorcista - continuó el secretario, para después disminuir un poco el tono de voz de una forma casi imperceptible -. También se hará lo posible para que continúe con su actual misión sin contratiempos.
Su actual misión. Claro. Se refería a este nuevo bebé, el hijo de Krory. Resistió el impulso de llevarse una de las manos al vientre. Seguía sin querer mostrarse débil ante Lvellie, aún si sentía retornar el malestar que le había abandonado durante el transcurso de las horas anteriores. No pudo haber escogido un momento peor. Ya ni siquiera podía oír las quejas de su pequeño. La voz de aquel hombre siguió resonando en la sala donde los exorcistas y Komui estaban reunidos.
- Tienen estrictamente prohibido hablar de esto. Nadie lo sabe, excepto Central, el personal de la Orden y los exorcistas - el enviado por los Comandantes Supremos seguió hablando para su desgracia. Hablando de su futuro -. La Orden lo necesita como el Músico y como el que dará nacimiento a un próximo soldado de Dios. No podemos permitirnos perder más exorcistas, así que Central ha decidido que nos quedaremos con este Noah.
Noah. Él no era uno de esos sujetos. Él era un exorcista. Sólo que Malcom=C=Lvellie parecía haberlo olvidado convenientemente al no mencionarlo abiertamente como tal. Aún si había hecho todo lo posible para seguir siendo exorcista, como dar luz a su hijo y embarazarse de otro pequeño, simplemente le era negado su derecho.
El silencio general que había reinado se rompió poco a poco. Una voz sobresalió de pronto, tanto como para llegar a sus oídos a pesar de que trató de no hacerlo. Era Chaozii Han.
- ¿Es eso verdad? - el más nuevo de los exorcistas parecía querer una confirmación más clara a pesar de que todo estaba dicho.
Era obvio que no se lo creyera. Ni él mismo quería creérselo.
Luego fue Krory, su actual compañero de misión. El padre de este nuevo bebé que aún no sentía moverse pero que seguramente era el causante principal de la molestia que le sufría en esos momentos. O tal vez sólo era la situación, ya no lo sabía con exactitud.
- ¿Allen es...? - el conde se interrumpió a si mismo, como si estuviera inseguro de continuar. Le escuchó tragar saliva claramente a pesar de la lejanía entre ambos - ¿Qué pasará con nuestro bebé?
Era una pregunta válida. Una de la que deseaba tener una respuesta. Pero Lvellie ya había entredicho que esa misión continuaría. Si 'no había contratiempos'. No oyó más la voz de Krory, seguramente el rumano se había sentido intimidado por alguna razón. Definitivamente era tan diferente a cuando peleaba, le hizo recordar aquella primera vez que se enfrentó a su compañero de misión. De nuevo detuvo el impulso de llevarse la mano derecha al vientre.
- ¿Todo eso es verdad? ¿Nii-san? - escuchar a Lenalee le provocó cierta intranquilidad, aumentando el mal estado en el que ya se encontraba.
La chica le había preguntado a su hermano y éste se había quedado en silencio. Es que, una cosa era Chaozii, quien estaba enfadado con él (por una razón muy entendible) o Krory, quien era su amigo y compañero; pero la oír a Lenalee así, temblorosa y preocupada, le había causado un gran malestar. Ella era una de las personas más cercanas que tenía. Le había confiado muchas cosas y ella las había aceptado e incluso había guardado ese 'secreto'. Debía de estar muy decepcionada.
Apenas elevó la mirada para ver a Komui. Ese silencio también pareció molestar al secretario, quien le observaba como instándole a hablar de una vez. Era cierto que él estaba tras de Komui, pero podía notar lo tenso que estaba el cuerpo del supervisor. Se mordió el labio inferior, pidiéndole perdón mentalmente al chino por hacerle pasar por algo así.
- Como Supervisor de la Orden Oscura, asignaré a los exorcistas una misión de alta prioridad - al fin Komui se había animado a hablar, modulando perfectamente su voz como siempre lo hacía -. Si Allen Walker despierta como el Decimocuarto y se determina que es una amenaza para la Orden...
Silencio. Otra vez. Komui había dejado de hablar de pronto y todos permanecieron callados también. Pudo ver que la tensión en el cuerpo del mayor había aumentado, como si discutiera un dilema interno muy difícil de resolver. Ahogó un suspiro, cerrando los ojos. Tragó saliva para después entreabrir la boca, esperando que su voz no temblara a pesar de que él mismo sentía que sus piernas le traicionarían en cualquier momento. El maldito mareo había empeorado.
- Si eso llegara a pasar, por favor mátenme - anunció, sorprendiéndole lo alto y claro que había sonado al hablar por estar los otros en silencio, hasta pudo notar como Komui había vuelto la mirada para observarle. Continuó -. Pero eso no pasará. Si el Decimocuarto ataca a la Orden, yo mismo lo detendré. Lo único que les pido es que traten de salvar a este bebé a toda costa.
Había terminado por tomar en puño su uniforme, justo en su vientre. Era un gesto algo violento, pero no sabía cómo expresarlo. Aún si tenía que morir, quería que ese niño inocente se salvara. No tenía la culpa. Sin embargo, tenía que ser positivo: él nunca iba a dejar que ese Noah se quedara con su cuerpo. Ahora tenía alguien más por quien luchar. Estaba también su pequeño Mana y... y...
- Esto ha sido todo por ahora, exorcistas. Cualquier novedad con respecto a Allen Walker debe ser informada inmediatamente - dijo Lvellie, quien parecía querer dar por terminada esta corta reunión en donde se habían roto sus pocas esperanzas de que todo volviera a la normalidad cuanto antes -. Arystar Krory y Yu Kanda, deberán encontrarse con el supervisor Komui lo antes posible para que discutan los pormenores de la siguiente misión asignada a Walker.
Eso le sorprendió. Parpadeó un par de veces, elevando la mirada por primera vez para ver a Kanda. La espalda de Kanda. Quizo notar alguna reacción por parte del japonés, algo que le hiciera saber que esto le molestaba o tan siquiera le afectaba de alguna forma. No entendía por qué era necesario que Kanda estuviera presente si la siguiente misión le correspondía únicamente a Krory y a él. Tal vez era sobre el bebé de ambos. Cierto, ¿qué pasaría con Mana? Podía cuidar de él, eso era lo que había hecho desde el momento en el que había nacido, las enfermeras le habían ayudado todo el tiempo. Y Kanda, él... Tenía que volver a las misiones como todos los demás.
Pero no había reacción por parte de Kanda. Si antes no lo había odiado por romper sus promesas, ahora era seguro que lo haría tras haberse enterado de que se había acostado con alguien que tenía un Noah en su interior. No se dio cuenta de que su semblante se había ensombrecido notoriamente. Tal vez era que no se había puesto a pensar con claridad aquello, en las consecuencias que tendría esta noticia además de la desconfianza y probable desprecio de sus amigos o del peligro que corría este nuevo bebé y su pequeño Mana. También estaba Kanda. No. Kanda ya no estaría nunca más.
Tragó saliva, escuchando como los otros exorcistas se dispersaban. Creyó oír la voz de Lenalee, la voz de Lavi, incluso la voz de Krory; pero no se acercaron a él. Fue Komui quien los interceptó o al menos de eso sacó de conclusión al no oírles hablar más. Así que nadie se había acercado a él, tan sólo Timcanpy que seguía revoloteando sobre su cabeza.
- Vamos, Walker - se sobresaltó cuando Link colocó una mano sobre uno de sus hombros.
Era cierto, hacía tiempo que no estaba completamente sólo con el inspector; habían pasado tantas cosas que les habían mantenido apartados. Y aún faltaban cosas por venir.
Aunque dejó de pensar en Link o en el futuro cuando sintió una pequeña mano rozando su rostro. La enfermera estaba frente a él, sonriéndole amablemente, como si no hubiera escuchado acerca de quién era realmente, quién estaba habitando en su interior. Pero quien no entendía absolutamente nada de lo que se había dicho, ese que no sabía a quién trataba de abrazar tan desesperadamente. Sonrió con suavidad, al fin extendiendo los brazos para tomar a su bebé, quien dejó de gimotear para aferrarse a él, escondiendo el rostro en su cuello, casi como si estuviera enfadado con él por haberlo ignorado todo ese tiempo a la vez que lo perdonaba sin pedir nada más a cambio que permanecer en esa posición por un rato. Así que lo dejó hacerlo. Después de todo, él también lo quería mantener así. Era el pequeñito que había soportado todo aquello junto a él, era su querido hijo. De él y de Kanda.
Kanda se había marchado. No se había enterado de esa última mirada significativa. Una que no se podía clasificar con facilidad. De todas formas, no podían hablarse ahora, no con todas esas personas de testigo y no sin tener una verdadera excusa para hacerlo sin levantar sospechas. Tenían a Mana, pero seguramente era de eso de lo que le hablarían a Kanda en el despacho de Komui. Negó suavemente con la cabeza, al fin dejándose llevar por las órdenes de Howard Link de ir a la que sería su habitación, cerca de la de Krory.
Conforme camina sabe que es observado por los otros exorcistas, especialmente los generales. Sabía que había llamado la atención de ellos desde el inicio de su primera misión, saber aquello era un poco intimidante. Pero no se podía poner pensar en aquello, no con todo lo que tenía que pasar ahora. Al menos de eso quería convencerse, que era más porque tenía otros problemas que porque recordar a aquellos exorcistas de élite le hacía pensar en su maestro irremediablemente.
Así que sólo agradeció mentalmente que le dejaran tener a Mana a pesar de que sabía que no sería por mucho tiempo. Iba a disfrutar el poco tiempo que le dieran para cuidar de su niño. Era lo único que podía hacer hasta que le fueran dadas otras instrucciones que debía seguir aún si no lo quisiera.
Fue Link quien tuvo que abrirle la puerta a esa nueva habitación que nunca antes había visto en su vida. No pudo evitar sentir nostalgia al recordar su antigua habitación, así de perturbadora y tétrica como era. Incluso el sólo pensar en la habitación que tuvo cuando compartió misión con Kanda le hacía sentirse más sensible de lo que, como hombre, quisiera admitir. Esas cosas de nuevo, malditas hormonas. Maldijo en voz baja, llamando la atención de su bebé, porque había volteado a verlo con mucha curiosidad, acariciándole una de las mejillas con sus dos manitas. Se disculpó abiertamente con su hijo a pesar de que seguramente no le entendía. Pero parecía tan encantado por ser el centro de su atención que solamente le sonrió y se abrazo a él lo mejor que pudo, juguetonamente.
En cuanto se sentó en la cama, dejó a Mana a su lado, siendo que su bebé parecía encantado por explorar a su alrededor siempre y cuando no se separara mucho de él. Así que le observó volver la cabeza para examinar rápidamente el lugar antes de exigir ser abrazado de nuevo. No se resistió, ya lo había ignorado por mucho tiempo por culpa de todo lo que había pasado. Lo mantuvo cerca de su cuerpo, sintiendo como se movía de un lado a otro nada más, curioseando ahora que no había nadie más en la habitación que ellos dos y Link. Y Timcanpy.
Su golem se colocó sobre su cabeza a pesar de lo grande que estaba ya. No parecía muy activo, probablemente aún estaría deprimido por lo que había pasado. Sí, lo que había pasado con Cross Marian.
- El general Cross dejó algo en el golem.
Elevó la mirada, algo sorprendido por escuchar el repentino llamado del inspector. Sobre todo porque no entendía muy bien qué significaba aquello que acababa de decir. ¿Había algo en Tim? Movió la cabeza, ocasionando que Timcanpy saltara, prácticamente quejándose por el trato tan descuidado que le había dado. Pero, si lo que Link decía era cierto, quería decir que su maestro presentía que algo le iba a ocurrir, tal vez hasta podría exonerarlo de las sospechas que sabía que el secretario tenía sobre él. Era cierto que el alemán de verdad estaba preocupado por él, no sólo eran imaginaciones suyas. Agradeció mentalmente a Link, pues sabía que el otro negaría cualquier tipo de acción tan sólo diciendo que 'era su trabajo'. Sonrió levemente.
- Tim, muéstrame lo que te ha dejado mi maestro.
Allen se esperaba muchas cosas de ese individuo con el que había pasado nada más y nada menos que cinco años de su vida. Se esperaba absolutamente de todo, desde más deudas sin control hasta ordenarle que fuera a buscar un vino digno de él para que lo derramara sobre su tumba (si es que su cuerpo no se hubiera perdido, al menos). Lo que no esperaba era algo como lo que escuchó en la grabación de voz de Timcanpy.
- "Hey, Allen. Nunca te he preguntado esto antes, pero... ¿te gusta Tim? Te pedí que lo cuidaras por mí, pero, para ser sincero, siempre tuve planeado dártelo. Le he dicho a Tim que puede hacer lo que quiera de ahora en adelante".
Parpadeó un par de veces, confundido por esas primeras frases que hablaban específicamente del golem dorado que Cross le había dejado para que lo cuidara. Ahora le decía que planeaba dárselo desde el principio. Qué cosa más extraña e... irrelevante. Ladeó el rostro, sintiendo como su bebé luchaba por alcanzar algunos de sus cabellos para tirar de ellos sin conseguirlo.
Era la voz de su maestro, pero al mismo tiempo sonaba tan distinta, muy diferente a como acostumbraba a hablarle siempre, aún desde que era muy pequeño. Ahora se le oía tan suave, sin ese tono de voz autoritario e intimidante. Era algo fuera de lo común.
Tragó saliva, volviendo a poner atención a las palabras que su maestro había dejado en Timcanpy.
- "Tal vez no te gustará escucharme, sabiendo que estoy cumpliendo con última voluntad del Decimocuarto" - frunció el ceño al escucharle porque era verdad, no quería oír nada que tuviera que ver con ese Noah, sin embargo, siguió escuchando, tan sólo por lo que siguió: -", pero en caso de que estés pensando que estás avanzando en un camino que el Decimocuarto y yo hemos escogido para ti, sólo quiero decirte que estás equivocado."
¿Equivocado?
Desde el instante en que Cross le dijo todo acerca del Decimocuarto, había tendido a negárselo todo, a rebelarse. Porque se resistía a ser ese Noah, así que debía ser mentira. Pero sabía la cruel realidad y, aún así, no podía perdonarle a su maestro haberle guardado algo así.
Y ahora le decía que no lo tenían planeado desde el principio, que su camino no estaba predeterminado como si ellos no hubieran decidido prácticamente todo de su vida incluso desde antes de que él tuviera capacidad de razonar. Apretó con fuerza los párpados a la par de sus puños.
- "Un camino es algo que se crea conforme caminas - entreabrió los ojos, sin mirar a ningún lado en realidad, tan sólo escuchando -. El suelo que has pisado se fortalece, y es así como formas tu camino. Eres el único que puede crear tu propio camino. Entonces, deja de vestir la máscara de 'Mana'. Camina por ti mismo. Si no te has rendido aún, eso es".
¿'La máscara de Mana'? ¿A qué se refería con eso? Mana. Mana lo era todo para él. Su padre. Su amado padre. Y Cross... Cross no sabía absolutamente nada sobre Mana y él. No había tal máscara. No lo entendía. No pudo haberlo entendido.
Esperó a que la grabación siguiera, que se terminara de explicar porque quería comprender. Quería enterarse de todo de una vez, quería dejar de sentirse tan confundido con respecto al papel de su maestro en esto, en lo que lo que pasaba con el Decimocuarto.
Pero no habían más palabras. No había video, ni siquiera una sola imagen. Sólo palabras. Palabras que no podrían haber sido dichas por Cross, no por el Cross que él conocía. Si no fuera porque ese era el tono de voz de su maestro, se hubiera reído de cualquiera que tratara de convencerlo de que el general era el autor de tales frases.
Seguía siendo incapaz de llorar. Si tan sólo no le hubiera hablado de su amado Mana de esa forma, entonces...
Se sobresaltó, tal vez de forma exagerada, al sentir unas pequeñas manos en su rostro. Claro, estaba este Mana también. Su rostro era muy bonito, tenía rasgos orientales y cabello negro. Era muy diferente a su padre, no se parecían prácticamente en nada físicamente, sin contar que este pequeñito era un bebé, que era su hijo. Y que Kanda era su apellido. Kanda. De verdad era una combinación de hombre y apellido terrible, ¿no? Pero, si hubiera insistido con la utilización de su apellido, sería Mana Walker. Y ese era un nombre perfecto. Sólo que ese nombre ya existía en su corazón. Su pequeño Mana Kanda se había ganado su lugar por méritos propios.
Acomodó a su bebé lo mejor que pudo en sus brazos, sintiéndole moverse aún. Llamándole. Llamando a 'Du', a pesar de que ya le habían regañado por buscarle de esa forma. No tenía idea de cómo explicarle a Mana que quien ocuparía el lugar de su padre sería otra persona. Que sería muy difícil llegar a verlo si estaba de misión. O que, probablemente, nunca más estarían juntos los tres. Porque había una cuarta persona en el interior de su 'mamá' que le impedía volver a ver a Kanda sin que éste no quisiera asesinarlo o algo peor. No sólo porque era su deber como exorcista si acaso ese Noah se llegaba a salir de control, sino por todo lo que había pasado entre ellos para terminar de esta forma.
Las náuseas regresaron, esta vez con más fuerza. Cerró los ojos, tratando de controlarse, pero era prácticamente inútil. Se suponía que esos mareos eran matutinos, raramente los sentía tan tarde. Maldijo en voz bajita, esto sólo empeoraba la situación.
- ¿Te sientes bien, Walker? - escuchó preguntar a Link, por lo que entreabrió los ojos, encontrándose a Tim, quien parecía deprimido de nuevo tan sólo por recordar a Cross.
Negó con la cabeza. No se sentía bien y era inútil negarlo. Howard Link terminaría dándose cuenta, la jefa de enfermeras también se daría cuenta. Este nuevo bebé quería hacer notar su presencia rápidamente. Sólo que lo hacía de una manera que no le gustaba en lo absoluto.
Apenas se había sentado en la cama para escuchar las palabras de su maestro y ya sentía que todo le daba vueltas a su alrededor. ¿Era tan sólo por el bebé en su interior o porque apenas empezaba a comprender lo que significaba realmente el perder a su maestro? No sabía. Sólo que empezaba a sentirse realmente mal de forma vertiginosa.
Se puso de pie como pudo, sintiendo a Link deteniéndolo para que conservara el equilibrio, cosa que agradeció porque aún llevaba a Mana en sus brazos. Si que estaba siendo irresponsable nuevamente.
- Voy a llamar a una enfermera. Quédate aquí.
Escuchó la voz de Link, podía ver a Link. Pero parecía como si no estuviese ahí. Malditos mareos. Su hijo estaba aferrado fuertemente a él. El alemán le miró por unos instantes antes de obligarle a recostarse. Dejando a su bebé junto a él.
- Volveré enseguida.
Link estaba cuidando de él. El inspector sí que estaba preocupado por él. No sabía si sentirse bien o mal al respecto. Sintió de nuevo unas pequeñas manos sobre su rostro, como tratando de llamar su atención. Llamándole. Mamá. Soltó una risita irónica. Cuanto había odiado ese mote en labios de Lavi o cualquier otro. Ahora se oía precioso.
Abrazó a su niño, así recostados como estaban, aún si este parecía resistirse a permanecer tanto tiempo en una sola posición. Tal vez era porque podía escuchar los latidos acelerados de su corazón. Cierto, cuando Mana estaba en su interior y él se angustiaba, su bebé respondía rápidamente moviéndose y pateándolo como si se sintiera incómodo.
Parpadeó, sintiendo sus mejillas empapadas con lágrimas. Así que al fin había empezado a llorar. No sabía por qué era. Si era por las palabras de Cross, el saber que un maldito Noah pretendía desvanecerlo para quedarse con su cuerpo o la misma muerte de su maestro. O si era porque Kanda nunca le volvería a ver igual. Había sido una estupidez preguntarle si le quería.
Así que, por primera vez en su vida, Allen Walker agradeció las lágrimas, aún si no sabía la razón exacta del por qué. No le hacían sentir mejor, el mareo no había disminuido y los problemas seguían ahí.
Pero, sólo tal vez, las agradecía por una sola cosa:
Si todavía podía llorar era que aún era un ser humano.
Y eso era lo que quería seguir siendo.
Un ser humano.
-o-o-o-o-o
El exorcista Yu Kanda estaba molesto. Mucho más molesto de lo había visto en el poco tiempo que tenía de conocerlo. Lo que no sabía era por qué estaba así exactamente. Podían ser tantas cosas. Aunque, personalmente, se inclinaba que era por haberse enterado que Allen era un enemigo en potencia.
Había tenido al pequeño Mana con él, después de todo. Pero él no estaría enojado por eso. Oh, no. Mana era muy buen niño, adorable, aún si le gustaba jalar el cabello de las personas. Tal vez su hijo seria así de adorable también. Bueno, eso era casi seguro si iba a tener como mamá al joven Allen.
Sí, le preocupaba el asunto del Noah como a los demás exorcistas, tal vez a él más al tener a su hijo creciendo en la barriga de Allen. Tenía miedo, claro. Tenía mucho miedo, pero a la vez confiaba ciegamente en la capacidad de Allen. El había prometido que haría todo lo posible por detener al enemigo, para cuidar de ese pequeño niño que era de ambos. Se sonrojó levemente. Quería mucho a Allen, estaba feliz por poder participar en este pequeño milagro personalmente.
Aún y cuando Yu Kanda luciera tan molesto.
Oh, volvía al principio. Sólo sabía que ese exorcista tan intimidante estaba a su lado y parecía estar a punto de matar a todos los presentes. Sobre todo a él.
Estaban un par de enfermeras como las que le habían cuidado a él cuando estaba inconsciente. Eran muy amables, aunque la mayor daba algo de miedo. También estaba el supervisor Komui junto con algunos científicos que no conocía del todo. Allen era quien reconocía absolutamente a todos y hasta sabía sus nombres. Era una capacidad única del menor, o tal vez era que él era distraído y olvidadizo.
- Muy bien, tu deber será volver a las misiones comunes y corrientes, Kanda-kun - parpadeó, el supervisor había empezado a hablar luego de revisar algunos reportes -. Aún puedes hacerte cargo del bebé si quieres, pero lo principal será recuperar la Inocencia. Hay enfermeras especializadas en cuidar del pequeño, así que no te preocupes.
- Che.
Pues no parecía preocupado en lo absoluto. Seguía luciendo totalmente enojado, eso sí. Sentía que en cualquier momento iba a irse en su contra, algo que tendría que pasar tarde o temprano. Ya lo había tratado mal antes por alguna razón que no entendía del todo, pero ahora parecía realmente dispuesto a lastimarlo.
Empezaba a sentirse paranoico. Paranoico de verdad. Incluso iba a ponerse en posición defensiva de no ser porque ahora le hablaron a él.
- Krory-kun, ahora tú serás el encargado de cuidar a Allen-kun. Los doctores y las enfermeras te ayudarán, pero serás tú quien tendrá que llevarlo al tratamiento todos los días - parpadeó un par de veces, asintiendo de inmediato ante las palabras del supervisor -. También te quedarás con él por la noche por lo menos dos días a la semana.
Entonces eso era lo que hacía el exorcista Kanda. Parecía siempre estar al lado de Allen, cuidándolo, procurando que absolutamente nadie se acercara. ¿También él tendría que hacerlo? Claro que quería cuidar de su pequeño amigo, pero no estaba muy seguro de lucir lo suficientemente agresivo, al menos no como el japonés.
Estaba atento a todo lo que le decían, quería recordarlo en caso de que fuera necesario. Tener a un bebé parecía ser muy complicado, aunque debía serlo mucho más para Allen, aún y cuando ya había tenido un bebito antes.
- Kanda-kun te explicará todo lo necesario para que Allen-kun esté cómodo.
Asiente de nuevo, tan sólo para sentir un escalofrío recorriéndole el cuerpo. Era porque Kanda lo estaba observando, ¿cierto? Tragó saliva, sintiendo el nerviosismo apoderándose de él otra vez. ¿Eso significaba que tenía que pasar tiempo a solas con esa persona que se veía tan dispuesta a atacarlo en cuanto le dieran una oportunidad? Estaba prácticamente seguro de que se había puesto a temblar porque el supervisor había tenido que calmarlo.
- No te preocupes, Krory-kun. Todos te ayudaremos. A ti y a Allen-kun.
Asintió muy despacio, un poco más convencido. Aunque ese poco brillo de esperanza en sus ojos se esfumó cuando vio salir al otro exorcista del despacho donde estaban. Escuchó al supervisor resoplar, para después negar con la cabeza.
- Discúlpalo, por favor. Debe estar cansado por el viaje y por cuidar de Mana-chan durante todo este tiempo. Tendré que hablar con él a solas.
Sí, tener un bebé parecía ser demasiada responsabilidad, tal vez más que cuidar de las plantas que su abuelo le dejó encargadas antes de morir. Irremediablemente, se puso a pensar en qué pensaría Eliade con respecto a lo que estaba haciendo o si le gustaban los niños, si hubiese querido tener alguno con él. Debió preguntarle eso antes. Antes de que supiera que era un akuma. Antes de matarla.
Estuvo a punto de llorar otra vez, como siempre que recordaba a su amor, porque le hacía extrañar lo feliz que había sido a pesar de que todo había sido una mentira. Pero, antes de que eso pasara, escuchó que la jefa de enfermeras le llamaba. Cierto, esa mujer había venido con ellos para cuidarlos en su nuevo hogar. Y ahora le hablaba, cosa que siempre le parecía extraña al haber estado bajo su supervisión cuando estuvo inconsciente durante todos esos meses.
- Esos dos tienen una relación especial aunque no lo admitan. Es obvio. Compartieron un embarazo después de todo.
¿Compartir el embarazo? Pero Allen fue quien estuvo cargando a Mana-chan en su pancita, no Yu Kanda. Ladeó el rostro, sin saber si debía sentirse un ignorante o no por dudar de las palabras de la enfermera. Parpadeó un par de veces, tan sólo observándola. Ella al fin pareció percatarse de que su cerebro no estaba procesando del todo la información que le había dado. Porque era algo importante, ¿cierto? El saber que su amigo Allen tenía una relación con ese samurái que tanto miedo le daba.
- Tan sólo debe de saber que Allen-dono necesita, además de ser traído puntualmente al tratamiento, contar con su apoyo, Krory-dono. Hacer que se sienta cómodo, principalmente.
Podía hacer eso. Allen era fácil de tratar; era algo terco y se preocupaba demasiado por los demás, pero no por nada eran amigos. Tal vez sí lucía algo deprimido a veces durante su anterior embarazo, pero una parte de él creía que era porque tenía que estar en compañía de Yu Kanda cuando parecían no llevarse muy bien desde antes.
Aunque ahora tenía el asunto del Noah que tratar también. ¿Cómo debía de comportarse con Allen? ¿Debía preguntárselo, decirle qué opinaba? Tener a alguien que le escuchara todo lo que tenía que decir con respecto a vivir con el enemigo en su interior. ¿O lo mejor era no hablarle de eso? De pronto, se dio cuenta de que sí, era muy complicado. Tal vez Yu Kanda lo tuvo más fácil o, simplemente y más probable, no le importó mucho lastimar a Allen o no. Y, sin embargo, su pequeño amigo había podido salir adelante.
El supervisor Komui había terminado de darle las últimas instrucciones luego de ponerse a discutir con gente que no conocía del todo, o al menos no recordaba haberlos visto antes. Al final, simplemente le había dicho que pusiera todo su empeño en cumplir con su nueva misión, porque, cierto, esto era un trabajo. Casi como si se tratara de matar akuma.
La jefa de enfermeras aún seguía mirándole de esa forma tan extraña cuando salió de aquel despacho. No era de desconfianza, era simplemente otro tipo de sentimiento, sólo sabía que no era uno positivo, no del todo. Y eso le daba escalofríos, aún si no estaba muy seguro si era simplemente por esos ojos o porque se trataba de esa mujer aterradora a la que aún temía a pesar de que estuvo cuidando de él.
Caminó rumbo a su habitación. Mañana sería la primera noche que pasaría en el cuarto de Allen, tendría que estar a su lado todo ese tiempo como lo hacía el otro exorcista. Seguía estando dispuesto a pesar de que cada vez se sentía más asustado, y ya no sabía exactamente cuál era la razón exacta. Eran demasiadas cosas en las cuales pensar. Y, precisamente, por estar pensando en esas cosas fue que no se percató de que alguien estaba acechándolo hasta que de pronto se vio arrinconado contra la pared.
Era Yu Kanda.
Yu Kanda muy enojado, tal vez luciendo incluso más enojado que antes. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que el otro exorcista abandonó el lugar donde estaban hasta este encuentro? Al parecer el japonés acababa de recibir una noticia que le hacía sentirse aún más enojado que las situaciones anteriores. Eso o sólo habían empeorado porque, después de todo, estaba frente a él. Era odiado por un casi completo desconocido. Tampoco era tan diferente a sus antiguos días antes de ser exorcista.
Pero no pudo remontarse a su pasado una vez más. La presión en su cuello no estaba ayudando mucho a mantenerse tranquilo de todas formas. Algo dentro de él, muy dentro de él, quería quitarse a este tipo de encima y mandarlo lejos. Esa era la parte que peleaba contra el enemigo, la que se rebelaba ahora que estaba siendo amenazado de esa forma tan personal. No lo hizo, no sólo porque esa persona era su compañero exorcista por más nervioso que le pusiera, sino porque escuchó una voz hablándole. Era la voz de Yu Kanda, claro.
- Si sucede algo con respecto a ese Noah quiero que me lo informes primero a mí. No al estúpido de Komui ni al jodido secretario. Tan sólo a mí, ¿entiendes?
Parpadeó un par de veces a causa de esa petición tan peculiar. Les habían dicho que cualquier novedad con respecto a eso debía ser informada de inmediato, aún y cuando se tratara de Allen Walker el que era el representante de tal amenaza que le tenía tanto o más confundido que la misma misión especial que compartían. Por supuesto, a quien debían informar no era al exorcista japonés.
Podía ser que, ¿estuviera preocupado por lo del Noah? Era algo extraño, al menos desde su punta de vista. Podía ser por el pequeño Mana, pero entonces no debía hacer una petición como esa: la seguridad del bebé dependería de qué tan rápido se actuara en una situación como esa, ponerlo a salvo de inmediato incluso si eso significaba alejarlo de su mami. Así que no, la preocupación del japonés no era por su bebé.
- Che.
De pronto, el agarre en cuerpo ya no era tan fuerte y al fin podía respirar libremente. Kanda le había dejado ir. Le daba la espalda, pero no se había alejado. Ladeó el rostro, sorprendiéndose más cuando le escuchó hablar de nuevo. Y no con el mismo tono de voz amenazante de antes.
- Los primeros meses son los más problemáticos. Despertará con náuseas casi todos los días y estará voluble, prácticamente insoportable y sin razón alguna. No permitas que haga ninguna estupidez como ponerse a entrenar o hacer esfuerzos innecesarios. De todas formas, se sentirá cansado la mayor parte del tiempo, así que espero que ya haya razonado lo suficiente como para no hacer tonterías de ese tipo.
Parpadeó de nuevo, sin poder creerse lo que escuchaba. Esos eran... ¿consejos? ¿Avisos sobre lo que debía de hacer con Allen durante su embarazo? Ese hombre nunca dejaba de sorprenderlo. De confundirlo, esa era la palabra más adecuada. Confusión.
Ni siquiera recordaba haberle oído hablar tanto, tan seguido al menos. Usualmente eran sólo chasqueos de lengua, gruñidos e insultos. Contra Allen.
Aunque, bueno, tampoco era como si estuviese hablando de él con mucho cariño. Eran más insultos, después de todo. Como si le hubiese fastidiado mucho cuidar de Allen. O al menos eso era lo que le proyectaba en ese instante. Era contradictorio. Ya no sabía qué pensar con respecto a Yu Kanda y la relación que tenía con Allen Walker.
Por un tiempo parecía odio mutuo. O al menos así lo pudo ver él el poco tiempo que estuvo con ellos juntos en el Arca. Parecían no soportarse simplemente. Después, durante el embarazo de Allen, cuando le vio con una barriguita ya bastante grande, Kanda era sobreprotector. Como si no quisiese que nadie tocara al menor; Lavi le había dicho que era porque "Yu" quería mucho a ese bebé aunque no lo pareciera. O hasta que se preocupaba por el pequeño.
Pero, desde hacía unas horas antes, había vuelto a estar enfadado. Por lo del Noah, por saber que había compartido tanto tiempo con alguien así, porque tenían un hijo juntos. En realidad, no lo sabía. Sólo sabía que estaba muy molesto. No había llegado a ninguna conclusión coherente y sólo se la pasaba dándole vueltas a lo mismo desde que supo que sería el nuevo compañero de misión de Allen. Habría sido difícil ignorarlo.
- No te atrevas a decirle a nadie sobre esto. Ni siquiera al Moyashi.
No se dio la vuelta nunca más, tan sólo le amenazó utilizando el tono de voz, ya no físicamente. Pero con eso había bastado para hacerle temblar. Así de intimidante era. Y seguía sin entender las razones de Kanda. Ninguna en lo absoluto.
No había nada que fuera secreto, nada que las enfermeras no pudieran decirle, suponía. Pero, lo apreciaba. de cierta forma, a pesar de la amenaza, lo apreciaba. Por más confuso que fuera, lo apreciaba.
Ahora era su responsabilidad. No iba a decepcionarlos. No por Yu Kanda. Era por los que confiaban en él. Era incluso por Eliade. Iba a demostrarle lo útil que podía ser para los amigos que tenía. Que de verdad había otras personas que le querían, aún y cuando su único amor siempre sería ella. A pesar de que fuese un akuma.
El amor podía ser tan extraño. Su amor por Eliade era eso al menos. No creía que los demás fuesen capaces de entender lo que él sentía, pero suponía que el amor era así. Inexplicable. Y era por amor que iba a dar todo de sí mismo. No sólo por el amor que aún le tenía a Eliade, sino también por el amor que le tenía a Allen por haberle salvado. Por ser su amigo.
Sin darse cuenta, Arystar Krory Tercero había entendido la principal razón de Yu Kanda.
La había entendido sin más.
-o-o-o-o-o
No podía dormir.
No había dejado de dar vueltas en su cama, una y otra vez. Algo le preocupaba terriblemente y ya no sabía distinguir de qué se trataba entre todas las cosas que pasaban por su mente en esos instantes. Sólo sabía que no podía conciliar el sueño.
Entreabrió los ojos; no tenía caso mantenerlos cerrados si nunca podría descansar.
Se sentía mareado. Y con muchísimo frío. Sentía que se congelaba. Se arropó lo mejor que pudo, no era como si estuviera desprovisto de mantas que le cubriesen bien. Link había sido muy cuidadoso al respecto y le había abrigado a pesar de que no era su obligación.
No había sido nada grave, según dijo el doctor que le vio luego de que empezó a sentirse mal. Que era normal. Le había visto como si no se pudiera creer que volvieran a pasar por esto luego de que ya había experimentado un embarazo antes. Debería de saber lo que eran los primeros meses, ¿no era así?
Pero eso había sido diferente. Esto era diferente. No se sentía como los mareos y las náuseas que tenía cuando esperaba a Mana. Aunque no debía alarmarse. Debía ser a causa de todo el estrés que había vivido en tan poco tiempo. Prácticamente en menos de un día.
Alarmarse sólo le causaría más daño, se recordó. El bebé reacciona a tus emociones, le había dicho la enfermera.
Aunque este bebé aún era muy pequeño como para reaccionar a eso, ¿verdad? Se llevó una mano al vientre para acariciarlo con suavidad a pesar de que quien estaba ahí adentro ni siquiera tenía un mes de crecer en su interior. Sonrió con suavidad. Al menos podía tocarle sin el sentimiento de rechazo que tenía por el pequeño que ahora dormía en la cuna que estaba a los pies de su cama. No era una habitación grande, pero al menos le habían dejado tenerla ahí mientras que Link dormía en un futón como siempre solía hacerlo desde que empezó a vigilarle.
Pero tal vez mañana ya ni siquiera estaría en esa habitación, a la que ni siquiera podía considerar suya aún por ser esta la primera noche que pasaba ahí. Hubiera preferido quedarse en esa otra, en la que había pasado la noche anterior. Se sonrojó levemente.
Escuchó algunos quejiditos provenientes de la cuna de Mana, pero, justo cuando iba a levantarse para ver qué necesitaba, dejó de emitir sonido alguno. Parecía que su bebito sólo se estaba acomodando y ya. Resopló, frustrado. Esta debía ser la primera vez que deseaba que Mana de verdad se hubiera despertado para poder distraer su mente en arrullar a su pequeño. Debía agradecer que sus impulsos no le hubiera llevado a despertarlo directamente.
Timcanpy tampoco parecía estar muy dispuesto a hacer nada. Se veía triste, apagado, como nunca antes le había visto. Tenía que ser por él, ¿verdad? Por Cross Marian.
Sus ojos se humedecieron sin que pudiera evitarlo. Hormonas. Lo que fuera. Maldita sea. Ahora se sentía aún más mareado. Volvió a cerrar los ojos, apretando los párpados con fuerza, terminando por cubrirse de pies a cabeza. Estaba temblando.
Se descubrió apresando con fuerza algo que estaba dentro de uno de los bolsillos de su pijama. Era el amuleto que Kanda le había dado. Para él y para Mana. Lo había conservado durante todo este tiempo. Aunque también le hubiese gustado quedarse con ese suéter que tanto le gustaba a su hijo también.
Había empezado a llorar después de todo.
Recordaba las palabras que Cross había dicho antes de morir, las que había dejado grabadas en Timcanpy como si hicieran alguna diferencia verdadera más que confundirlo más. Saber que estaba siguiendo la voluntad de ese Noah no hacía más que empeorar las cosas. ¿Qué estaba pensando su estúpido maestro? Ahogó un sollozo. Vaya, de verdad estaba llorando por esa persona que hizo su vida imposible por más de cinco años. ¿Qué tan tonto era eso? Siempre que se lo mencionaban tenía un ataque de nervios y recordaba lo mucho que debía de dinero a causa de las deudas de su maestro. Y ahora estaba llorado por él, porque nunca más volvería a verle después de todo.
Se limpió el rostro con la mano derecha, la que tenía libre. La otra seguía firmemente aferrada a esa pequeña bolsita de tela blanca.
Tenía miedo.
Era difícil aceptarlo, pero tenía miedo.
Era cierto que Cross le trataba mal y que la mayor parte de las ocasiones le trajo problemas que eran totalmente innecesarios, consecuencia de sus hábitos pecaminosos. Pero ahora lo necesitaba. Necesitaba saber que alguien como el general estaba a su lado, que confiara en él cuando todos los demás dudaban. Por el Decimocuarto.
Por el Decimocuarto, sentía cierto rechazo por parte de sus amigos, incluso por los más cercanos. Sabía aquello podía no ser verdad, que tal vez era porque se sentía señalado y perseguido por los demás, aquellos a los que no conocía pero que tenían el control sobre su vida y la de su niño. Pero, aún así, sentía miedo. Porque ellos tendrían toda la razón de rechazarlo. Era el enemigo.
Estaba mal. Sabía que no debía quedarse ahí, recostado, lamentando su suerte. Había dicho que lucharía contra ese Noah y eso iba a hacer. No iba a dejar que se adueñara de ese cuerpo. Sí, estaba dispuesto a luchar con todas sus fuerzas y, aún así, se sentía devastado. Como si algo le hiciera falta para poder seguir adelante, caminando.
Si al menos pudiera sentir la confianza que tenía antes, cuando estaba seguro del amor de su padre. Podría seguir caminando. Simplemente caminando. Sin pensar en esa máscara que tenía puesta, o lo que fuera a lo que se refería Cross. Sólo quería recordar a su amado padre y nada más. Convencerse de que de verdad le amaba a él y no a ese maldito Noah.
Pero algo más le faltaba. Algo que se negaba a ver porque sólo dolería aún más.
No le había visto. Ni siquiera había podido verle el rostro en cuanto se supo sobre el Noah que estaba en su interior. Había estado dándole la espalda todo el tiempo. Aunque ni siquiera le había visto reaccionar físicamente. No se había atrevido.
Porque eso dolería aún más que el rechazo de los demás.
Era una tontería; era Kanda después de todo. Que le quisiera un poco no quería decir que debía depender de la opinión de Kanda, o, al menos, no le debería dar más importancia a lo que pensara él que a lo que pasara por la cabeza de Lenalee o Lavi.
Podría volver a verle otra vez, ¿no era así? Tenía que regresar a hacerse cargo de su hijo. O al menos eso esperaba. El pequeño le echaría mucho de menos. Y no sólo Mana.
También él le extrañaba. Extrañaba mucho a Kanda.
- Demonios... - susurró, sintiendo más lágrimas recorrer su rostro al tiempo que dibujaba un gesto de enfado en su rostro.
No debía llorar por una tontería como esa. Era cierto que se había acostumbrado a la compañía diaria de Kanda, a sus cuidados. Pero no debía llorar por algo así cuando tenía otros problemas más graves que ese.
Tal vez era que, teniendo a ese maldito bastardo a su lado, sentía que podría salir adelante. Tan sólo tenerlo durmiendo a su lado la noche anterior le había hecho sentirse muchísimo mejor, aún con esa horrible plática que había sostenido con su maestro. Claro que Kanda aún no sabía el por qué estaba así hasta esa reunión con los demás. Ya no podría estar así con él otra vez, ¿cierto? Había quedado en el pasado. Su tranquilidad había quedado en el pasado.
Lo único que lo mantenía tibio y relajado se había quedado atrás.
Incluso extrañaba el sexo. Soltó una risita irónica, sin aliviar en lo absoluto lo mal que se sentía. Extrañaba el dolor que luego se convertía en placer.
No quería a Krory como compañero. Quería a Kanda otra vez. Quería que Kanda durmiera a su lado otra vez, no a Krory. Por mucho que quisiera a su amigo, no podría sentir la misma paz que cuando estaba con ese idiota.
Se estaba comportando infantilmente, estaba actuando caprichosamente, sin importarle que de esto dependía la vida de su pequeño Mana. Le faltaba poco para iniciar una rabieta.
¿Por qué demonios tenía tanto frío?
Sacó con cuidado el amuleto del bolsillo de su pantalón. Lo acercó hasta su pecho, abrazándolo. Así de estúpido se estaba comportando.
Estaba empeorando.
- K-Kanda...
Lo necesitaba.
Tenía que ir al baño, las náuseas eran cada vez más fuertes. No, no era normal. Esas le daban en la mañana, no en plena noche. Y ese temblor, ¿era por el frío? ¿Por qué tanto frío?
No quería preocupar a los demás porque, después de todo, los primeros meses de embarazo eran problemáticos, pero estas reacciones no se parecían a las que tuvo con Mana. No eran tan horribles.
Simplemente no debía arriesgarse. Porque no podía permitir que si nuevo bebé saliera herido por su terquedad. Iba a ser una molestia para los demás, pero...
- Ngh.
Aún sigue sosteniendo el amuleto con la mano izquierda mientras extiende la derecha hacia abajo, hacia Link. Cierra los ojos, intentando aliviar el mareo. Todo le daba vueltas. No era en absoluto como la primera vez.
- Lin-k...
Estaba exagerando. Esperaba estar exagerando. Debían ser sólo sus nervios, todos sus problemas acumulados le estaban afectando físicamente y nada más.
- ¿Walker? ¿¡Walker!?
Apenas escuchó la voz de Link. Ya no era mareo. Estaba por caer en la inconsciencia.
Y, ni siquiera así, dejó ir el amuleto que Kanda le había dado.
Porque eso era lo único que le ataba a la única persona que podría ayudarle.
Esa persona a la que no podía volver a tener como necesitaba.
+ Continuará +
Notas finales: Sí, sucks. Y, wow, tuve un review en portugues. El mundo es tan pequeño. E-etto... espero publicar pronto, al menos más pronto que esta vez. Lo siento de nuevo. No se olviden de este pequeño engendro, por favor. El próximo capítulo estará mejor. Lo prometo. Err... bye bye?
