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El alma dorada

Capítulo 38 – Pánico y desengaño

Hermione disfrutaba de un sueño muy placentero envuelta en piel pálida y en piel aceitunada y con labios rojos suculentos aproximándose a los suyos… pero fue trágicamente interrumpida de repente. Alguien la estaba sacudiendo, reconoció al intruso apenas abrió los ojos. –Harry… –susurró, el nombre casi le había salido como un gemido.

–¡Hermione… no está! –gritó Harry sin dejar de sacudirla.

–¿Quién? ¿Draco? –Harry asintió– Debe de estar en algún lugar del castillo… me levanto y te ayudo a buscarlo… –dijo con un gruñido lamentando para sus adentros que le hubiera cortado la fantasía onírica.

–¡No… no me entendés! ¡Voldemort lo capturó! –al oír eso hubo conmoción entre las otras chicas del dormitorio.

–¿Cómo podés saberlo?

Harry la miró exasperado. –¿Cómo me lo preguntás siquiera? Se supone que vos la que tiene el cerebro…

Hermione revoleó los ojos. –Claro… las marcas… perdón… es que todavía estoy medio dormida.

Él la sacó de la cama y se la llevó casi a la rastra a la oficina del director. Dumbledore estaba frenético, ninguno de los dos lo había visto nunca en un estado así. Sacudía la cabeza y murmuraba en voz baja, palabras que los chicos captaban a medias: –…inesperado… terrible… muy desafortunado…

–¿Ud. ya lo sabe, entonces? –dijo Harry sobresaltándolo.

–¿Qué! Ah, sí, sí… detecté una perturbación en el castillo… me di cuenta cuando Draco fue transportado solo… me tomó por sorpresa…

–¡Naturalmente! –gritó Harry, trataba de de mantenerse calmo pero no podía. Draco estaba en poder de Voldemort… y lo estaba torturando en ese mismo instante. El dolor de Draco resonaba en su marca. Sentía que lo inundaba la ira y la mano de Hermione no era la de Draco, no servía para aplacarlo.

Dumbledore lo miró muy preocupado. –Harry… usá la marca… concentrate en ella… tocala si fuera preciso… lo importante es que no pierdas la cabeza en un momento tan crítico como éste.

Asintió y se concentró en Ember y a través de ella en Quill. Sintió una ola de calma… pero no era tan eficaz como cuando Draco estaba con él. Y además… junto con la calma le llegó el miedo… ¡el pánico de Draco! Harry cayó de rodillas sollozando. Hermione lo abrazó muy consternada por su pesar. –¡Lo está torturando! –gritó él con voz ahogada.

No parecía que fuera eso lo que más preocupaba a Dumbledore. –Le dio la varita a Voldemort… la tortura es un castigo… quizá por la relación que tiene con vos…

–¿Qué varita? –preguntó Hermione algo fastidiada por la actitud y el tono despreocupado de Dumbledore.

–El alma dorada, una varita que contiene parte del alma de Voldemort. Pude percibir cuando la sacaron del laberinto y ahora puedo sentirla en la mano de Voldemort. –dijo dando grandes pasos de un lado a otro del despacho bajo las miradas y los murmullos de los retratos.

–Tengo que ir con él… ¿Ud. puede ver dónde están? –la pregunta había sonado como una súplica.

–En la Mansión Malfoy, naturalmente. Voldemort debe de haber estado usándolo más de lo que yo había supuesto. Su conexión con Draco debe de ser muy fuerte. Decime, Harry, ¿Draco tiene la Marca Oscura?

–¡No! –gritaron Harry y Hermione al unísono.

El director los miró perplejo por el tono admonitorio de la réplica. –¿Estás seguro? Es posible que no la tenga en el antebrazo…

Harry se sacudió irritado, se estaba volviendo a enfadar. –Créame, yo sé lo que le digo.

Dumbledore asintió, al parecer aceptándolo como verdad. –De todos modos, la conexión entre Voldemort y Draco ya no tiene importancia en realidad… Voldemort tiene la varita en su poder… Habrá sólo un intervalo muy corto para actuar. Una vez que reúna el fragmento de alma con su cuerpo comenzará una transformación. Durante ese cambio será vulnerable.

–¿Qué tipo de transformación? –quiso saber Hermione.

–Recién ahora comprendo sus planes, fue realmente una necedad de mi parte no haberlo visto antes. Quiere volver a ser Tom Riddle, recuperar su cuerpo, su apariencia.

Hermione quedó boquiabierta. –¿Voldemort hizo todo esto por la apariencia… para ser más hermoso?

Dumbledore soltó una risa, pero no como las habituales, era más oscura, casi maligna. –No, mi querida niña, eso sólo es una pequeña parte de un plan mucho más vasto. Debemos destruirlo ya. –dijo fijando la mirada en Harry– Harry será quien lo lleve a cabo.

–Está bien. Mándeme… voy a rescatar a Draco y ¡voy a matar a la serpiente! –las últimas palabras las había prácticamente escupido.

–A Draco lo hemos perdido. Tu prioridad tiene que ser Voldemort.

Sobresaltada, Hermione tuvo que retroceder, el cuerpo de Harry había empezado a liberar de golpe un calor intensísimo, le había quemado la mano y pudo sentir el olor de pelo chamuscado. –Harry… –susurró– Harry, por favor…

Harry respiró hondo y se concentró en la marca, pudo serenarse un poco. –Mi prioridad es Draco, siempre lo va a ser. La única razón por la que me estoy conteniendo de destruir todo el castillo es porque él me necesita.

Dumbledore entrecerró los ojos. –Realmente debés de ser muy ingenuo si creés que te dejaría hacer algo por el estilo. –se sentó en su sillón y miró con severidad al desafiante Gryffindor– Andá a sosegarte un poco. Yo voy a ir a buscarte cuando sea el momento.

–¡Qué? –aulló Harry– ¡Nada de eso! ¡Voy ya mismo!

Dumbledore sacudió la cabeza con brusquedad. –Tenemos que esperar, ya te lo dije, podrás actuar, pero si queremos que dé resultado debe ser en el momento adecuado, que será un intervalo muy corto. Probablemente será la última oportunidad de destruirlo que tengamos. Te aconsejo que vayas y pases unos momentos con Hermione y tus otros amigos. Vas a tener que partir pronto… y existe la posibilidad de que nunca regreses.

Hermione soltó una exclamación contenida. Dumbledore sacudió lentamente la cabeza con expresión triste. –Señorita Granger, es algo que Ud. siempre supo, tal posibilidad siempre existió. Por favor, ayude a Harry a prepararse para lo que le tocará afrontar, trate de calmarlo.

Hermione lo tomó de un brazo y se lo llevó con ella. Salieron al exterior, ella lo condujo caminando hasta la orilla del lago.

Lo rodeó en un estrecho abrazo. –Harry, es preciso que controles tu temperamento.

–Lo que es preciso es que traiga a Draco de vuelta, sano y salvo. ¿En qué habrá estado pensando, cómo es que se fue así a la Mansión?

Hermione le acarició los cabellos. –Quizá lo que dijo Dumbledore es cierto… quizá Voldemort tiene sobre Draco un control mucho más poderoso de lo que habíamos pensado. ¿Quién sabe cuán profunda es la influencia que tiene sobre su mente?

–Hermione… –dijo Harry apretando los dientes– cuidado con lo que estás por decir. Draco es leal… a mí me es leal… por lo menos a mí.

Ella suspiró, odiaba tener que hacer el papel de abogado del diablo. –¿Cómo podés estar tan seguro, Harry?

–Yo lo sé… ¡y puedo probártelo! –gritó con excitación en la voz, ella lo miró escéptica– Tiene un diario, en el dormitorio de los Slytherin, lo guarda en la mesita junto a su cama. Apenas se despertaba anotaba todo lo que había soñado.

–¿Cómo sabés eso? ¿Te lo dijo él?

–No… yo lo vi… –Harry se sonrojó un poco– …cuando estaba con forma de conejo.

Ella le sonrió con picardía. –¿En serio? ¿Cuando eras un conejito negro, todo peludito y suavecito y encantador?

–Sí, entonces… cuando me llevó con él y me cuidó bien, algo que vos no hiciste y me dejaste a merced de las garras y las fauces de esa bestia feroz que tenés de mascota. –el tono de Harry había querido ser humorístico pero se le había colado inadvertidamente una arista enfadada. Hermione hizo una mueca.

–Vamos a buscarlo… el diario quiero decir… puede que nos aclare todo. –dijo ella poniéndose en marcha de regreso al castillo.

–De acuerdo, si eso sirve para aplacar tus dudas, pero yo ya sé la verdad. Sé que Draco me ama y eso es todo lo que importa.

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–Esto no puede ser cierto. –dijo Harry y fijó con disgusto los ojos en el traidor diario encuadernado en cuero. Hermione trataba de ocultar su propia consternación por lo que habían leído y por el poder de Harry que se inflamaba a intervalos. Estaban en la Sala de los Pedidos desde hacía una hora y todavía no habían sabido nada de Dumbledore.

Con lágrimas en los ojos ella volvió a leer la carta de Narcissa Tu reciente plan ha llegado al conocimiento del Señor Oscuro…podés proceder… lo que Potter y sus amigos están elucubrando…permiso para que te infiltres y desentrañes sus maquinaciones…lograste la expulsión del joven Weasley, el Señor Oscuro te congratula por tu astuta jugada… Potter permanecerá en Hogwarts durante el receso de Navidad, es el deseo de nuestro Señor que vos también te quedes…debemos avenirnos a lo que de nosotros se requiere. –No puedo creerlo, nunca me hubiera imaginado que pudiera ser capaz de tal bajeza, de tal grado de manipulación.

Harry sacudió la cabeza, quería apartar de su mente los recuerdos que le volvían… Draco desnudo debajo de él entregándosele totalmente… sus caricias tiernas… la dulzura de la voz… Yo también te amo, Harry… ¿Acaso era posible que le hubiese estado mintiendo todo el tiempo? No podía creerlo, no quería creerlo, no iba a creerlo… Era su Dragón pálido, marcado por su propia mano… elegido por su corazón… su Slytherin.

Y sin embargo… todo parecía una falsedad a la luz de la nueva información.

No había empezado tan mal… figuraban las descripciones de los sueños… los mismos que había tenido Harry… pero eso era algo que ya sabía. Ocasionalmente aparecía registrado algún comentario sobre su padre o sobre algún alumno. El nombre de Harry aparecía un par de veces incluso, acompañado por apostillas mordaces o preguntas del tipo ¿por qué no quiso ser mi amigo desde el principio?

Eso ya había sido más duro de leer pero lo peor venía después. Describía el plan que se había trazado para cumplir con la misión que Voldemort le había asignado, todo lo relacionado con el armario mágico y la forma de hacer acceder a los mortífagos al castillo y las cosas que pensaba hacer para matar a Dumbledore. Ahora se le hacía más claro por qué el viejo director se había mostrado tan renuente a confiar en Draco. Harry no podía encontrarle una explicación, que no le hubiera contado nada de eso… a menos que le hubiera estado mintiendo desde el principio… no quería pensar que había sido así…

Pero todavía había más y peor… planes para ganarse su confianza… todo lo que Harry había atribuido al destino y al amor… no habían sido sino esquemas cuidadosamente delineados… tramoyas para ganárselo…

Y Ron… la carta de Narcissa no podía ser más clara… había elaborado un plan para deshacerse de Ron… pobre Ron… que debía haber intuido todo y trataba de protegerlo… y él que lo había tratado tan mal…

Harry suspiró, se sentía miserable. Ya no tenía ganas de matar a Voldemort, lo único que quería era tirarse a un pozo y morir. Se sentía como el más necio de los necios, por haberse dejado engañar, por haberse enamorado. Quería borrar la marca de la espalda, arrancarse la piel, quería borrar de él todo rastro que quedara de Draco.

–Tiene que haber una explicación, debe haberla. –lo había dicho en voz alta pero con convicción hesitante, no tenía seguridad de que fuera cierto.

–¿Querés que te lea la carta otra vez? Quizá así te convenzas…

Harry no replicó. Dumbledore se había hecho presente, estaba de pie junto a la puerta, con expresión y tono solemnes dijo: –Ya es la hora.

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Nota: el texto completo de la carta de Narcissa puede encontrarse en el capítulo Pasado, presente y futuro.