Elaine entró en la nueva habitación seguida de cerca por el minotauro. Podía sentir la pesada respiración la criatura sobre su nuca y el filo de su lanza enterrándose ligeramente en su espalda, esperando cualquier movimiento en falso de su parte para poder atravesarla con ella.

Sus pupilas se dilataron llenas de sorpresa al contemplar el nuevo lugar donde habían llegado. Era una habitación gigantesca.

Se trataba de un salón conformado por un ancho pasillo, adornado con estalagmita a sus lados a forma de columnas y rodeado por una especie de lago. Esferas de fuego azul flotaban a su alrededor sobre el agua, y su replegó generaba un efecto curioso; como si se encontrara navegando por el espacio y las esferas fueran estrellas. Por otra parte el techo era alto que las luces no eran capaces de mostrar donde terminaba, sin embargo, sí era posible observar cientos de estalactitas delgadas y puntiagudas, pendiendo peligrosamente sobre su cabeza, como cuchillos que surgían de la oscuridad y que con la menor respiración se precipitarían hacia ella.

Elaine recorría lentamente el pasillo, era difícil que no sentir pequeña y vulnerable en el interior de aquel majestuoso lugar.

Al final del pasillo, sobre un base con escaleras, los esperaba un magnifico trono tallado sobre la piedra grisácea de una estalagmita, y sentado sobre él descansaba una oscura figura femenina, con la cabeza agachada y cada una de sus manos apoyadas sobre los reposabrazos del trono.

El minotauro gruñó y empujó a Elaine hacia delante, obligándola a recorrer a grandes pasos los últimos metros que la separaban del trono. Sus piernas temblaron a punto de ceder y caer de rodillas, sin embargo, se esforzó por mantenerse en pie. Masculló molesta mirando de reojo como criatura se alejaba y un silencio espectral congelaba el salón.

—Elaine —Achlys habló, levantando se rostro. Su voz retumbo entra la piedra y el eco la transportó a lo largo y anchó de la cueva. —Es una verdadera sorpresa verte de regreso —declaró ladeando la cabeza con curiosidad—. ¿Has traído la llave?

La piel de la hechicera adquiría un sorprendente color pálido bajo la luz azulada, pero definitivamente eran sus ojos los que atraían la mayor de la atención, pues había perdido su típico color marrón para dar pasó permanente a un verde esplendoroso, el color de las hojas brillando bajo los ratos del sol, y Elaine, que tantas veces había visto ese efecto, se preguntó si estaría haciendo magia en ese momento.

—Achlys —saludó la chica tras un instante de duda, realizando una pequeña reverencia, lo que provocó que la aludida levantara una ceja—. Debo decirte la vedad —declaró— No, no la he traído conmigo.

Una risa cruel y divertida escapó de la garganta de Achlys. — ¡Entonces realmente eres estúpida!—señaló incorporándose del trono y al hacerlo el agua que las rodeaba se agitó—. Me traicionas huyendo con los narnianos, para finalmente regresar a mí con tanto descaro, ¿esperando qué? ¿Tenderme una trampa? ¿Ofrecerte como mártir para salvar a Narnia y a tus amados?

Achlys avanzó furiosa hasta ella, y por instinto no pudo más que retroceder.

—Ya no hay nada que me impida matarte —declaró tomando con una mano el rostro de la chica por las mejillas, presionándolo con fuerza, como sí quisiera pulverizarla en ese lugar—. Tendré que hacer un doble esfuerzo, pero puedo encontrar a otro hijo tiempo. No eres imprescindible

Elaine hizo un gesto de dolor, tomando el brazo de Achlys en un intento fallido por quitársela de encima —Quería… ¡quise traerte la llave! —Graznó, hablando con dificultad gracias a la fuerza de Achlys—. Me di cuenta de que tenías razón, siempre la has tenido

La hechicera la escrutó en silencio, analizándola detenidamente y buscando el trucó tras sus palabras. —Siempre me ha parecido curioso lo que alguien es capaz de decir ante la perspectiva de la muerte —dijo finalmente antes de decidir soltarla.

Elaine dejó escapar el aire contenido al sentirse libre masajeando su mejilla, la cual soltó un crujido desagradable

—Bien —la presionó impaciente Achlys, volviendo hasta el trono y acomodándose de nuevo en él—. Te escuchó

Por un reflejo los parpados de Elaine se cerraron un segundo, recordado lo que había vivido—Viaje por segunda vez reino del tiempo, como me pediste —comenzó a contar—. Lo que he visto… lo que he sentido está muy lejos de lo que cualquiera podría llegar a soñar —aseguró y su cuerpo se estremeció, tratando de contener en su interior una serie de emociones—. Y aun así, no fue más que un suspiro. Hay tantas posibilidades al alcancé de los hijos, un poder que no tiene límites.

La mirada de la bruja se fijó sobre ella, como si intentara perforar su alma.

—Lo deseo —continuó Elaine y su voz tembló ansiosa—. Deseo aprender a manejar el tiempo, deseo volver a sentir el poder.

Achlys sonrió como respuesta —Y decidiste que la mejor manera de conseguirlo era negándome la llave y acudir a los Pevensie

Elaine negó rotundamente. —Estaba a punto de conseguir la llave pero…

—¡Pero…! —la interrumpió con brusquedad, volviendo a incorporarse de golpe.

—Aslan me lo impidió

Aunque parecía imposible, el rostro de la bruja palideció aún más, tornándose de un blanco enfermizo —¿Aslan?

—Sí —respondió Elaine, caminando hasta ubicarse a un costado de Achlys, la cual parecía haberse quedado congelada, y se acercó a ella como si fuera a susurrarle un secreto al oído—. Y me contó una historia muy interesante sobre tu "pequeño" enfrentamiento con el padre tiempo —hizo una pausa frunciendo los labios con prepotencia.

Una parte de ella amaba ver su debilidad. La poderosa Achlys temblorosa, a merced de sus palabras.

La bruja entrecerró los ojos.

—Así que nunca hubo una masacre de Aión hacia los hijos del tiempo —insistió Elaine, rodeándola— Y mucho menos asesino a tu familia, como me contaste.

—Todo el mundo miente —declaró Achlys levantando el rostro orgullosa—. Ya deberías haber aprendido esa lección.

—También me contó de como Aión te expulsó de su reino y tus poderes quedaron afectados —prosiguió la chica, sin prestarle demasiada atención—. Te quedaste Narnia por la magia, ¿qué mejor lugar para recuperar tu poder? Y cuando consigas la llave y logres regresar al reino de Aión, tendrás el control absoluto del tiempo, nadie se te podrá interponer en tu camino, después de todo Aión duerme. Finalmente ¡serás indestructible!

Elaine le dio la espalda y sin pensarlo se dirigió hacia el trono, sentándose descaradamente en él.

Achlys frunció el ceño, fulminándola con la mirada —Cuidado, Elaine ¿nunca te han dicho lo peligroso que es jugar con fuego?

—Aslan me explicó todo lo has hecho para que de una vez por todas me diera cuenta de la persona que realmente eres bajo tu mascara de mentiras —le reveló acariciando con delicadeza el trono —, pero en realidad lo único que hizo fue terminar de convencerme de que debo seguirte. Al final tuve que dejar la llave y pretender que estaba de su lado, o Aslan nunca me habría permitido salir de ahí.

Una carcajada surgió desde el fondo de la garganta de Achlys —Me crees tan ingenua —preguntó avanzando hasta el trono, colocando sus manos sobre los porta brazos a cada lado de Elaine, acorralando entre ellos—. Definitivamente debería matarte de una vez por todas.

—Pero no lo harás —contratacó la chica—. Estás atrapada. Aslan y los Pevensie se encuentra sobre ti. Jugaste tus cartas y ahora más que nunca necesitas con desesperación acceder al reino de Aión.

—Ganaré tiempo, puedes cremé—aseguró Achlys apartándose—. Ya tengo localizados a otros hijos del tiempo, no me será difícil traer a uno nuevo.

—Pero ninguno de ellos te ofrecerá un futuro como el que puedes tener conmigo —advirtió Elaine—. Aslan no me permitió observar la visión por completo, pero pude ver el fruto de nuestra alianza. Cuando trabajemos juntas el destino de todos nuestros mundos estará en nuestras manos.

—¿Por qué confiar en ti? —La interrogó Achlys—. He visto con mis propios ojos el apreció que le tienes a este reino. Fuiste capaz de cambiar el tiempo para salvar a uno de los reyes. Ahora me dirás que ya no sientes nada, que ya no te importan.

—Por supuesto que siento algo por ellos— Elaine suspiró bajando la mirada. Pensó en Peter, en sus ojos azules, el tacto de sus manos, el roce de sus labios sobre su piel… Te amo.

— No quiero hacerles daño —aceptó—, pero sí hay algo que puedo aprender de ti es justamente eso: los sentimientos sólo son un obstáculo en la búsqueda de la grandeza, y espero que tú me enseñes a apagar mis emociones.

—¿Y mientras eso ocurre, qué tiene en mente? —Preguntó la hechicera con auténtica curiosidad—. ¿Qué piensas hacer con los Pevensie y con Jeremy?

—Debe de haber alguna manera de no lastimarlo. Cambiar el destino de todos, sin que recuerden a Narnia nunca más, y claro, sin dañarlos.

—Punto fijo —masculló Achlys en un tono tan bajo que Elaine no pudo escuchar—. ¿Tienes el reloj contigo?

—Lo entregué a los Pevensie para que terminaran en confiar en mi—Elaine se incorporó—. Pero no será difícil regresar por él, recuerda que después de todo no eres la única que ha tenido sus dudas sobre mí.

—Y tienen razón en hacerlo —rió Achlys—. De acuerdo —cedió la mujer mostrándole las manos en una señal de redición—. Firmemos nuestra alianza.

De pronto una persona las interrumpió cuando entró al salón, corriendo apresuradamente por el pasillo. Las dos mujeres centraron su atención en él y para sorpresa de Elaine se trataba de un humano, el primer hombre que había visto entre todas las criaturas al servicio de Achlys.

De tez clara y cabello cobrizo, llegó jadeando ante ellas, deteniéndose a dedicarle una rápida reverencia a la hechicera. —Mi señora —saludó con el sudor corriéndole la frente—, detectamos un grupo narnianos recorriendo los túneles orientes —explicó sin poder evitar que sus ojos se dirigieran una y otra vez hacía Elaine—. Creemos que vienen por los prisioneros.

—Excelente —anunció Achlys sonriendo, y Elaine sintió que su corazón se detenía por un momento cuando ella volvía a dirigirle la palabra—. Qué mejor oportunidad para mostrar tu valor, Elaine.


Peter abrió los ojos al percibir un leve sonido metálico fuera de su celda. La adrenalina había desaparecido de su torrente sanguíneo y ahora las heridas y el cansancio de la pelea, había comenzaban a surtir efectos sobre su cuerpo.

Se incorporó sintiendo el doloroso estirón de sus músculos, y casi por inercia se acercó hasta la puerta, posando una mano sobre la madera como si supiera que el cualquier momento ésta fuera a abrirse.

Tal vez era producto de su imaginación, pero podía percibir nuevos sonidos, esta vez más cercanos y fuertes que el anterior; voces murmurando, pasos discretos acercándose…

—¿Qué ha sido eso? —preguntó Jeremy con la voz ronca al fondo de la celda, levantando la cabeza en estado de alerta.

Peter negó —Aguarda —respondió esperando a que llegara el momento.

—¿Quién anda ahí? —Habló al mismo tiempo el orco y en seguida una expresión de sorpresa escapó de su garganta, mientras se escuchaba como desenfundaba su arma.

Peter identificó el sonido del choqué del metal y el jadeó no sólo del orco sino del más hombre. Gritos y rugidos de esfuerzo que se mezclaban hacinado una sola canción, hasta que aparentemente la bestia no pudo seguir el ritmo de la pelea y tras un aullido de dolor la tierra se estremeció al recibir su peso muerto.

—Revisen los túneles, no necesitamos visitas sorpresa por el momento —escuchó Peter decir una voz conocida llamando desde un punto alejado de los túneles, antes de que comenzara a llamarlo por su nombre.

—¡Aquí! —Vociferó, golpeando la puerta para que identificaran cuan era su celda—. ¡Estoy aquí!

Unos pasos se acercaron a toda velocidad y cuando volvió a hablar la voz se escuchó justo fuera de la celda—Peter, ¿Eres tú?

—Por supuesto que soy yo —musitó. Sentir su libertad tan cerca y no poder hacer nada en definitiva afectaba su humos, poniendo más ansioso que nunca. Desea salir de ahí, tomar su espada y unirse a la lucha.

—Un momento —respondió la voz al otro lado de la puerta.

Peter percibió como su libertador introducían la llave en el cerrojo girando para abrirlo, y aunque consiguió quitó el seguro, cuando empujó la puerta ésta simplemente no sé movió.

—Está cerrada con magia —le recordó Jeremy, el cual se había desplazado silenciosamente hasta el lado de Peter.

—¿Magia? —repitió molesta la voz— ¿Esta Jeremy contigo, Peter?

—Sí, sí, está conmigo —respondió el susodicho visiblemente irritado, conteniendo el sentimiento de derribar la puerta de una vez por todas— Escucha. Tienes que repetir una palabras para que se habra la puerta ¿entiendes?

—¿Estás seguro de eso? No suena muy lógico

Peter puso los ojos en blanco, lanzando un bufido. —Estoy seguro —gruñó— ¿Cuál era esa palabra? —preguntó girando hacia Jeremy.

El chico se acercó más a la puerta, aclarando su garganta. —Presta atención bien y repite exactamente lo que yo te diga —dijo sin recibir respuesta—. Anoiktí —pronunció lentamente y la puerta se agitó un al escuchar la palabra—. Repite conmigo: a-no-ik-tí.

—¿A-no-ik-tí?—pronunció la voz claramente aprensiva, sin embargo al hacerlo la madera rechinó antes de abrirse de golpe.

Jeremy y Peter permanecieron varios segundo mirando la puerta abierta, sin poder asimilar por completo que su libertad se encontraba frente a ellos. Había sido demasiado fácil…

—Sigo sin entender ¿por qué tú eres el Sumo Monarca y yo no? —Declaró finalmente Edmund, introduciéndose en la celda y recargándose en el marco de la puerta recién abierta, mientras jugueteaba relajadamente con su espada—. Quiero decir, sé que eres el mayor, pero vamos, soy más listo, mejor guerrero, siempre te saco de problemas, y por supuesto, soy más apuesto.

Los labios del chico le dedicaron una sonrisa aguda a su hermano y que contagio con su alegría.

—Oh, cállate Edmund —se defendió el sumo monarca sin poder ocultar su propia sonrisa, y camino hacia él para darle un abrazo fraternal—. ¿Cómo nos encontraron?

—Ya sabes, preguntando —Edmund se encogió de hombros, observando de reojo a Jeremy—. No fue difícil convencer a un par de guardias para que nos dijeran donde estaban.

—Dime que no soy el único que piensa que esto fue demasiado fácil— expresó su preocupación Peter, ladeando la boca

—No, yo también lo creo —admitió el justo, adquiriendo una expresión seria—. Parece una trampa. Hay que apresurarnos a salir de aquí.

—¿Y Elaine? —Intervino Jeremy—. Escuchamos que está con Achlys ¿Qué vamos a hacer al respecto?

—Tenemos un plan —aseguró Edmund, mirándolo con recelo—. Ella misma insistió en ir con la bruja.

—¡No podemos dejarla! —insistió el chico, girando hacía Peter.

—¡Es el plan! —Reafirmó Edmund, también girando hacia su hermano—. Lo único que podemos hacer es apegarnos a él. Elaine nos explicó lo que puede llegar a hacer la bruja, es demasiado peligroso.

—¡Exacto! —Bramó Jeremy—. Tú mismo lo dijiste, Peter, Achlys la quiere solamente a ella.

—Yo no… —Peter tomó aire. Tal vez, él más que nadie en el mundo quería que Elaine estuviera a salvo. La simple idea de que ella permaneciera un segundo más a solas con Achlys le resultaba repulsivo, pero era una guerra y el rey, y como tal tenía que pensar con la cabeza.

Edmund tenía una estrategia y parecía estar muy seguro de ella. Aparte estaba seguro de que él nunca habría dejado que Elaine se reuniera con la bruja si esa significaba ponerla en un peligro. Lo único que podía hacer era confiar en él.

—Escucha, Jeremy…—suspiró.

—¡Increíble! —le reprochó el chico, señalando acusadoramente con su dedo, sin dejarlo continuar—. ¿Y así te atreviste a reclamarme? — Dio metía vuelta y salió de la celda a grandes pasos

—¡Espera, Jeremy! —lo llamó el menor de los reyes.

—Déjalo —indicó Peter, entrecerrando sus parpados y masajeándose la cien—. Por favor, Edmund, dime que te aseguraste de que Elaine esté bien.

Su hermano apartó la mirada como respuesta. —Sabes que es imposible garantizar su completa seguridad —dijo—, pero no está en peligro inminente. Jamás habríamos aceptado su plan de lo contrario.

—¿El plan de Elaine?

Edmund asintió. —Sigo sin comprender del todo aquella historia sobre él tiempo, pero después de ver como Elaine apareció de pronto en medio del campamente, hubiera sido una locura no escucharla.

Peter alzó una ceja. Estaba acostumbrado a mirar a Elaine como una chica pequeña, a la que definitivamente había aprendido a amar y que muchas veces desataba su instinto de protección, pero debía de aceptar que existía una fuerza y un poder en su interior, y que tal vez nunca llegaría a comprender.

—Nos platicó una especie de reino donde se controla el tiempo —continuó Edmund—. Al parecer la hechicera la mando ahí para buscar una llave que le permite ingresar a ese lugar, a cambio de tu libertad y la Jeremy.

—Y ella aceptó —adivino el sumo monarca.

—Sí —respondió su hermano y para sorpresa de Peter una inmensa sonrisa fue apareciendo en sus labios. —Y cuando estaba ahí, encontró a Aslan.

Peter sintió su estómago revolverse y su pulso enloquecer. —No puede ser —habían pasado años desde la última vez que habían visto al león, incluso había llegado a pensar que nunca más lo volverían a ver, pero saber que Aslan estaba cerca era en definitiva una de las mejores noticias que podían haberle dando ese día.

Sí él estaba cerca nada saldría mal. Narnia estaría segura.

—De acuerdo, al menos espero que sea un buen plan—aceptó Peter finalmente saliendo de la celda, seguido de cerca por Edmund—. Hay demasiadas cosas que tienes que explicarme, pero no aquí debemos irnos.

El túnel estaba poco iluminado por una antorcha con el fuego agonizante. A unos pasos de ellos se encontraba el cuerpo decapitado del orco y un par soldados Narnia, que hasta ese momento había permanecido resguardando la celada se pusieron firmes al notar su presencia.

—El plan primero —insistió su hermano—. Dividimos las tropas. Lucy y Kaled en este momento deben…

—¿Dónde este Jeremy? —lo interrumpió de golpe Peter, mirando a su alrededor al darse cuenta que él no se encontraba en el túnel.

—¿Jeremy? —repitió Edmund, frunciendo el ceño. Buscó al chico entre sus hombre, pero no había rastro de él.

Los ojos de Peter se abriendo y sintió una ola de calor recorriendo su cuerpo al comprender que Jeremy se había marchado. —Ese maldito bastardo —masculló entre dientes antes, de salir corriendo en su búsqueda por los túneles.

—¿Qué sucede? ¿A dónde vas? —Gritó Edmund sorprendido de su reacción, tratando de detenerlo sin éxito —¡Ey! ¡No puedes irte, tenemos un plan!

Peter lo ignoró descaradamente y sus preguntas permanecieron flotando en el aire, repitiéndose una y otra vez. Edmund se quedó impotente de pie a mitad del túnel, observando cómo su hermano se alejaba rápidamente, perdiéndose a la distancia.

Bajó la cabeza, negando una y otra vez con incredulidad, hasta que finalmente soltó un suspiró de resignación y giró a ver al fauno que era su segundo al mando. —Sigan con el plan —le ordenó tajante—. El Sumo Monarca y yo los alcanzaremos en el lugar acordado.

Sin esperar una respuesta hecho a correr hacia el túnel, volviendo a soltar un nuevo suspiró.

—Como siempre, Edmund al rescate —farfulló acelerando el paso.


¡Hola!

Les dije que el siguiente capítulo estaba cerca y no mentía xD No es el mejor capitulo que haya escrito y en realidad no pensaba actualizar hasta que terminara las entregas finales de la universidad, pero últimamente me siento muy animada para escribir, ya quiero y necesito terminar esta historia.

Estaba pensando, mi plan era que el fic no pasara de los 30 capítulos, y pues, a este paso creo que llegara a los 40. La verdad ya decidí que es mejor hacer capítulos más cortos y actualizar seguido a hacerlos largos y tardarme años.

Ya también espero para la próxima subir ese capítulo de Peter y Elaine que les prometí y que aún no termino de escribir xD

No volverá actualizar al menos hasta mediados de Junio, cuando toda la locura de los finales termine, pero, mientras tanto ¿qué piensan? ¿qué está haciendo Elaine? ¿a quién le está mintiendo? ¿qué viene ahora?