Disclaimer: los personajes son de J.K, no mios. Yo solo los tomo prestados y trastoco sus vidas.
¡Hola chicas!
Cada vez quedan menos capítulos y espero poder actualizar más a menudo, pues quiero terminar antes de navidad.
La historia ya esta terminada en mis escritos a mano, así que solo se trata de ir pasándola al pc.
Me vais a matar cuando lleguéis al final de este capítulo. Pero intentaré que la incertidumbre no pasé de unos 10 días y volveré a actualizar.
Este capítulo me gustaría dedicárselo a Danielaweasley (guapa).
Muchas gracias por vuestros comentarios. Los contestaré en breve.
Besos,
Fani.
Capítulo 37: El señor de los ojos negros.
Sola en la penumbra y ovillada en un rincón de la cama, se encontraba Hermione. Se sentía más sola y desesperada que nunca. De sus ojos ya no caían lágrimas inútiles y apretaba con fuerza el elefantito de peluche de Brian. Se preguntaba donde estaría su pequeño, si estaría bien o si estaría asustado. Habían pasado ocho horas, pero a Hermione le parecían ocho días. Y en medio de esa congoja y desesperación, siempre se colaban esas letras; esas palabras escritas sobre la arena. Hermione sabía quien las había escrito. Había una sola persona en el mundo que la llamaba "telaraña".
Todos los miedos que había conseguido mantener en guardia durante diez años volvieron a ella en forma de ola gigantesca. En el planta baja del cottage se sucedían las llegadas de personas dispuestas a ayudar y se escuchaban los sollozos lastimeros de la señora Weasley. Hermione tenía ganas de bajar y gritarles a todos que se fueran, que era su niño el que había desaparecido. Su niñito de ojos verdes. Ahogó un nuevo estallido de llanto contra la almohada. En el exterior, la mañana había dejado paso a la tarde y pronto llegaría la noche. Pero a ella solo le quedaba el consuelo de que todo fuera una cruel pesadilla y que al despertar tenia al morenito a su lado, acurrucado entre sus brazos.
Sin embargo, mientras esperaba ese momento de absolución que nunca llegaba, no dejaba de recriminarse cada uno de sus pasos de esa mañana. Si no hubiera dejado salir a Brian al jardín, si no hubiera ido a buscar a Leo, si no se hubiera apartado de la ventana, si no hubiera llamado a Eric para que entrara un momento… Si no, si no, si no…
Había tantas posibilidades.
Y aunque Hermione sabía que ninguna de ellas habría salvado a Brian del secuestro, no podía evitar torturarse con ello. Decir que se sentía muy mal sería mentir, porque estaba destrozada. Había roto la promesa que hiciera delante de la tumba de Harry y Ginny. No había podido proteger a Brian de la maldad que los rodeaba; había sido un modelo de madre nefasto. Todo esto se lo repetía continuamente, como si fuese un disco rayado sin pausa ninguna.
Escuchó la puerta abrirse a sus espaldas y el momentáneo murmullo de las voces de abajo. Esto solo duró hasta que la puerta se cerró. Quien fuera el que avía entrado, estaba parado como una estatua en la penumbra. Cuando al fin se decidió a andar, su movimiento fue acompañado por una sutil ráfaga de aire frío. Se tumbó en la cama, a la espalda de Hermione, y se pegó a su cuerpo. La abrazó con fuerza como tantas otras veces había hecho y notó como los hombros de ella se sacudían. Porque por mucho que Hermione lo intentara, el dolor en su alma y su corazón era tan grande que de alguna forma tenia que salir. Un sonido parecido al de un animal herido salió de su garganta.
- Shh…shh…-Ron la abrazó con más fuerza; no sabía qué hacer. Tenía que contener su rabia y dolor y mantenerlos a raya para consolar a Hermione, pero esto último se presentaba como una tarea demasiado ardua.
- Ron… ¿Dónde está mi niño? ¿Dónde?
- Tranquila, mi amor. Lo encontraremos; no ha podido…
- ¿Cuándo? ¿Cuándo vamos a encontrarlo? –Hermione se deshizo del abrazo del pelirrojo y se levantó de un salto. Ahora que Ron podía verle el rostro comprobó que estaba hinchado, la nariz roja, los ojos mojados y los labios temblorosos. Su cabello, que ya de por si era alborotado, ahora estaba indomable.
- Hermione, tranquilízate. –Ron se quedó sentado en la cama.
- ¡No! No puedo tranquilizarme, no puedo. Él lo tiene ahí fuera y mi pequeño está asustado y yo no estoy a su lado y yo…yo…
- Ya lo se, amor. Estamos haciendo todo lo posible por encontrarlo.
- ¡Pues no es suficiente! No es suficiente. –Hermione ya lloraba sin ningún tapujo y elevaba la voz todo lo que podía, no importaba quien pudiera escucharla.
- Hermione…-Ron se levantó y caminó hacia ella con los brazos extendidos.
- ¡No! ¡No! Él le hará daño; le hará daño porque quiere hacérmelo a mi; le hará daño a mi niño.
- ¿Quién es él?
- Tom; él escribió la nota en la tierra.
- ¿Qué? –Ron se volvió a sentar en la cama de la impresión. Llevaban toa la tarde intentado averiguar quien la había escrito y resultaba que Hermione lo sabía. Pero ella se había cerrado tanto en su dolor que hasta ahora había sido imposible alcanzarla.- ¿Cómo lo sabes?
- Solo hay una persona en este mundo que me llama así, "telaraña". Y es la misma persona que no entiendo porqué solo quiere hacerme daño.
- ¿Porqué no lo dijiste antes? –Ron se levantó y la cogió de los brazos.
- No…podía. –Hermione lloraba tanto que las lágrimas apenas le dejaban ver.
- ¡Deberías de haberlo dicho antes! –el pelirrojo la zarandeó dando rienda suelta a su miedo y a su frustración.
- No…podía. –repitió Hermione mientras se dejaba hacer a su pies. Abrazó con fuerza el peluche del elefantito mientras se mecía hacia delante y hacia atrás.- No…podía…decir…nada. Nada…
Ron se dio cuenta de lo que Hermione trataba de decir y lo comprendió enseguida. El dolor de conocer la desaparición de Brian había actuado como una mordaza para las cuerdas vocales de la castaña. Si no había dicho nada antes, era porque literalmente no podía, no porque no quisiera. Los ojos azules del pelirrojo miraron a la mujer a la que amaba y solo se encontró con alguien roto de dolor. En el acto se arrepintió de su arrebato y se arrodilló para estar a su altura.
- Hermione…Hermione, mírame.
- No…p-podía… No podía, Ron… No…p-podía. –repetía sin cesar.
- Hermione, mi amor… Hermione mírame. –ron la tomó por el mentón y la obligó a enfrentar su mirada.
- Lo siento, lo siento.
- Yo también lo siento, cielo. Yo también. –el pelirrojo la abrazó con fuerza, meciéndola del mismo modo en que había estado haciendo ella. Besaba sus cabellos castaños y la sostenía para que no cayese en un pozo emocional sin retorno.
- Es mi niño, Ron. Es nuestro niño. Quiero que vuelva, quiero que nos lo devuelvan. –lloraba Hermione.
- Lo encontraremos, tranquila. Lo encontraremos. Nadie va a quitarnos a nuestros niños. Te lo prometo.
- ¿Si?
- Si. –dijo Ron con toda la convicción que le quedaba. Besó la frente de la castaña y se quedó mirando hacia un punto inconcreto.
- ¿Cómo ha podido pasar? ¿Por qué se lo han llevado a él?
- Porque querían hacernos daño.
- Sus sueños. –dijo Hermione de repente.- ¿Crees que sus sueños tienen algo que ver?
- ¿Qué sueños?
- Aquellos del señor de los ojos negros. Me dijo que quería separarlo de mi porque yo era mala y… ¡Oh, Dios Mío! –Hermione se apartó de Ron para mirarlo a los ojos.
- ¿Qué?
- Eso es. Es el mismo señor de los ojos negros. Que tontos hemos sido, Ron. Nos ha estado avisando de lo que pensaba hacer durante todo este tiempo. –el cerebro de Hermione se estaba poniendo en marcha a toda máquina.
- Sigo sin entender nada.
- Tom utilizó el subconsciente de Brian para avisarnos de que aun estaba por aquí. Se coló en sus sueños y adoptó la forma del terrorífico señor de los ojos negros. Lo tenia todo calculado; sabia que nosotros lo achacaríamos a un simple terror nocturno y que no le prestaríamos atención…hasta que fuera demasiado tarde. –de los ojos de Hermione seguían cayendo lágrimas, pero ahora tenia un objetivo.
- Pero… ¿Cómo se metió en el subconsciente de Brian? –la hipótesis de Hermione planteaba muchas dudas en el cerebro de Ron, aunque reconocía que la castaña no estaba del todo equivocada.
- ¿Recuerda la conexión de Harry y Voldemort? Pues de la misma forma.
- Pero Harry y Voldemort compartían unas gotas de sangre y sus varitas estaban conectadas y…
- Eso se puede hacer hoy día sin necesidad de sangre o conexión. Si yo quiero, puedo meterme en tus sueños. –para Hermione parecía todo muy fácil.
- ¿Qué? ¿Cómo?
- Es una técnica avanzada que estuve desarrollando en el cuartel de aurores de Nueva York. Se trata de utilizar la energía de las tormentas eléctricas como catalizador para la conexión. –se quedó pensando unos minutos.- ¡Claro! Por eso Brian tenía miedo cuando llovía; no era la tormenta en si, sino lo que desencadenaba en su mente.
- Oh, por Merlín. –Ron se llevó una mano a la cabeza y se sentó del todo en el suelo. Apoyó la espalda en la cama y miró a Hermione.- ¿Sabia Tom de ese proyecto?
- No. Pero pudo robar los archivos del Ministerio de Nueva York.
- Tenemos trabajo que hacer ¿no? –el pelirrojo se levantó y ofreció su mano a la castaña que se levantó al tiro.
- Si. –se abrazaron.
- Recuperaremos a nuestro niño; a nuestro hijo.
- Tenemos que hacerlo, Ron. –los ojos de Hermione se aguaron de nuevo.- Si le ocurriera algo no sabría qué hacer; me moriría de dolor.
- Vamos a encontrarlo y va a estar bien cuando lo encontremos.
- ¿Lo prometes?
- Lo prometo. –le dio un beso en los labios.- Siento mucho lo de antes.
- No, yo lo siento más. Me quedé cegada por el dolor, no sabía qué hacer. Pero ahora ya lo sé. Que no me quede tumbada llorando no significa que no sienta dolor y miedo.
- Exacto. Pero no debería de haberte zarandeado así. Perdóname.
- No hay nada que perdonar. –le acarició la mejilla derecha con la mano.
- Bien.
- Vamos a rescatar a nuestro hijo.
- Si, vamos. –se cogieron de la mano y el pelirrojo abrió la puerta justo en el momento en que Stuart había alzado el puño para llamar.- ¿Qué pasa?
- Hemos recibido una nueva nota.
- ¿Dónde?
- A través del fuego.
- ¿Qué dice? –preguntó Hermione.
- "La línea de la vida se acerca al abismo.
El hilo que sostiene la telaraña,
Se romperá allí mismo.
¿Aun quedan fuerzas para el optimismo?
Bon vayage, telaraña."
- ¿No dice nada de Brian? –preguntó el pelirrojo mientras la castaña pensaba en la nota dejada.
- Bueno…-Stuart miró inseguro a Hermione, sabía que lo último iba a afectarla aun más.
- ¿Qué dice? –insistió Ron.
- Es una notita escrita por Brian y tiene un dibujo…terrorífico. La nota dice: "Mi mamá me abandonará y el señor de los ojos me comerá. Por el abismo caerá, la casa donde Brian está."
- ¡Hijo de puta! –Ron estrelló el puño contra la pared.
- Ya se donde está Brian. –interrumpió Hermione y bajó presurosa las escaleras.
Estaba oscuro y hacia frío. Eso era todo lo que Brian podía decir del sitio en el que estaba. No había nada a su alrededor. Parecía una gran habitación sin ventanas y sin nada. El niño estaba sentado en el suelo, en un rincón, con las piernas recogidas contra el pecho. Se había despertado allí de repente y, como si de un sueño se tratase, se había encontrado cara a cara con el señor de los ojos negros. Le había dado miedo y había llorado. Quería a su mamá a su lado, pero no la veía. Después había aparecido una señora de sonrisa extraña y ojos grandes. No le gustaban los niños, había dicho, así que mejor era que se estuviera calladito si no quería que le hicieran daño. A Brian comenzaron a temblarle las piernecitas, pero consiguió dominarse poco a poco. Esa misma señora, le había dado una hoja y un lápiz y le había indicado lo que tenia que dibujar y escribir.
- No se escribir muy bien. –había dicho Brian temeroso y alejando la mirada de los penetrantes ojos azules de la mujer.
- No importa, siempre y cuando tus tachones sean reconocibles para esa estúpida de Hermione. –su voz era desagradable y ni siquiera la endulzaba para hablar con el morenito.
Así que Brian había hecho lo que le pedían y después la mujer se había marchado con su dibujo y la luz que había traído. Brian se quedó como estaba en esos momentos y más asustado que nunca. No sabía quien le daba más miedo, si la señora de la capucha negra o el señor de los ojos negros. Lo único que sabía era que quería regresar a casa y acurrucarse en los brazos de su mamá. Porque tía Hermione había pasado a ser "mamá" a secas.
Miró hacia el techo pero desde allí no se veía el cielo. Se colocó bien sus gafitas y apretó con fuerza sus manitas y sus ojitos. Aunque una parte muy grande de él deseaba ponerse a llorar de nuevo, no se iba a dejar vencer por ello. Utilizando una vocecita muy flojita y tierna, habló con la esperanza de que alguien lo escuchase desde el cielo.
- Queridos papá y mamá del cielo, yo se que no puedo veros ahora y seguramente vosotros a mi tampoco. Hay un techo muy feo que no me deja ver el cielo. ¿Pero me escucháis? Yo creo que si. Tengo mucho miedo aquí solo y no sé qué hacer. No me perdí ni fui malo. Pero el señor de los ojos negros me llevó. Mi mamá de aquí está muy triste y preocupada, creo. Ayudarme a ir a verla, por favor. Gracias.
Brian abrió sus ojitos verdes y siguió mirando ese techo feo y frío que le impedía ver el cielo azul. No sabía si sus palabras habían sido escuchadas, pero estaba seguro de que sus papás del cielo lo ayudarían. Ojalá tuviera a su elefantito de peluche junto a él. Así no se sentiría tan solo. Poco a poco sus ojitos se fueron cerrando de nuevo, pero estaba vez de cansancio, y finalmente sucumbió al sueño ovillado en un rincón del suelo.
Al hacer tiempo que no escuchaba sollozos, su nueva carcelera se levantó de su asiento en una confortable salita con chimenea y caminó hacia él. La mujer se maldijo por haber aceptado tomar parte en un plan como ese. Ella ya había conseguido su venganza veinte años antes, pero aun hoy día tenía las manos atadas. Se le encogió el poco corazón que le quedaba al ver a un niño inocente en esas condiciones. Vale que quisieran hacerle daño a Hermione, pero no al niño. Un ruido a sus espaldas hizo que volviera a su asiento con toda la presteza del mundo. Simuló que leía un libro cualquiera.
La mujer de la capucha negra y los ojos azules, como la había bautizado Brian, hizo su aparición en la salita. Se quitó la capa negra dejando paso a su escultural cuerpo embutido en un traje azul marino y movió su larga y lisa cabellera negra de un lado a otro. Se sentó en el sillón que había frente a la otra mujer.
- ¿Qué lees? –se interesó.
- Umm…-la mujer miró de reojo la portada, pero no podía ver el titulo sin que la otra se diera cuenta de que no lo sabia.- Una novela muggle cualquiera.
- Ay, rubita, rubita. ¿Te piensas que soy tonta? –la mujer de la capucha se levantó y apareció a escasos centímetros de la cara de la otra que temblaba.- Dime.
- N-no.
La mujer de la capucha le arrebató el libro sin detenerse a mirar las manos temblorosas de la otra.
- "Grandes esperanzas" de Charles Dickens. –dijo de manera burlona. Miró de nuevo el libro y después lo arrojó al fuego.- Bazofia muggle, eso es lo que es.
-…
- Pero dime, valiente Gryffindor… ¿Qué esperanzas tienes tu? ¿Y de qué?
- Yo…yo…solo…
- No hay esperanzas para las personas con el corazón negro como nosotras. Eso métetelo en la cabeza, valiente Gryffindor. Jajajajajaja…
- Solo quería entretenerme.
- ¿Piensas que soy tonta? Tú no has leído un libro en tu vida, no te interesan. Lo que querías era acomodar al criajo ese. Admítelo.
- Es que…está muy solo y frío allí. Es muy pequeño…
- Si está así es porque se lo merece.
- Es solo un niño.
- ¿Recuerdas quienes son sus padres ahora? ¿Su madre?
- Si, pero…
- Pues es justificación suficiente.
- ¿No crees que deberíamos parar? Ya hicimos lo nuestro en Hogwarts. Ya la hundimos allí…
- Y ella todavía tiene al hombre al que amas; a aquel que te quitó de manera cruel. Y sigue cultivando la amistad con mí…con esa serpiente. Después de echarme de mi circulo social, de que todo el mundo me negara, de que todos mis amigos me dieran la espalda… ¡De que asesinara a mis padres! –se acercó a ella de nuevo con varita en ristre.- Nunca, escúchame bien, NUNCA descansaré de mi venganza. Solo la muerte me liberará de mi promesa. ¡Y quiero verla MUERTA!
- Tranquilízate, mi buena señora. –dijo una tercera voz desde uno de los laterales. El señor de los ojos negros había hecho su siguiente aparición.- Ese final tan deseado está mas cerca que nunca. Ya sabe de nuestra existencia y eso la esta carcomiendo por dentro.
- Pero, señor… el niño… -dijo la mujer del cabello rubio.
- El niño debe morir, por supuesto. –opinó la mujer de la capucha.- Ya no nos sirve para nada y la dejaremos más débil con una muerte en su conciencia.
- No, por Merlín. No podéis hacerle daño, mi señor. Es solo un niño.
- ¿Quieres cuidar de él, mi buena niña? –le preguntó el señor de los ojos negros con expresión burlona.
- Si es necesario… Si así consigo que no lo matéis…
- No será necesario. Ese hombrecito ya nos ha servido todo lo que podía servir. Es hora de marcharnos ya. Si conozco bien a Hermione, y la conozco, habrá deducido ya donde nos encontramos. –se volteó para besar en los labios a la mujer de la capucha negra.- Y no conviene que nos encuentre aquí, ¿verdad?
- Pero señor…
- No insistas, mi buena señora. –dijo alejándose de ella.
- Algún día nos contará sus razones para querer acabar con Hermione con tanto ímpetu y rabia.
- Ese día está más cercano de lo que crees. Y ahora vámonos.
- Pero…señor, el niño…-repitió la mujer rubia.
- No estoy para juegos, mi buena niña. El niño estará bien; Hermione es sumamente inteligente y me consta que nunca ha olvidado este sitio. Es cuestión de minutos que el recinto acabe rodeado de aurores y vete a saber tu que gente.
- Vamos, tenemos que irnos. –apremió la mujer de la capucha negra.
- ¿Vienes?
La mujer rubia miró por última vez la puerta donde estaba el niño, después miró al señor de los ojos negros y asintió con la cabeza.
- Si, vamos. –dijo finalmente.
En el salón de Lily Cottage, todos se habían quedado boquiabiertos y sorprendidos al ver bajar a Hermione. El murmullo ininterrumpido cesó al momento y todos los ojos se posaron en ella. Hermione también se quedó sorprendida, pero sobretodo agradecida de la gente que había aparecido para ayudar. El corazón se le llenó de un sentimiento más blanco y abrazó a Luna que salió a su paso. Pudo ver a Lupin y Tonks, Neville, Dean, Seamus, Parvati y Padma, la profesora McGonagall, Hagrid con su gran talla que se comía medio comedor, a Fred y Angelina, y a George y Annie cogidos de la mano. Todos habían ido allí de manera voluntaria…
Pero hubo otras dos personas que sorprendieron mucho a Hermione, aunque por distinto motivo. Acurrucada a un lado del sofá y más pálida que nunca…estaba Lainey. La rubia había acudido tan pronto como Stuart le había informado. Hermione le dedicó una sonrisa calurosa. Y la otra persona era…Draco Malfoy. Era curioso verlo allí rodeado de tantas personas que durante su niñez y adolescencia había despreciado. Hermione no sabía como se lo tomaría Ron, pero ella se alegraba de ver al rubio allí. Al estar mas cerca, pudo abrazarlo y recibir su apoyo.
- ¿Cómo lo has sabido? –le preguntó Hermione aun abrazada a él.
- Lily se lo dijo a Simon y él a mi. Espero que no te importe que hayamos venido. Él está arriba con los chicos.
- Pues claro que no me importa; te lo agradezco mucho.
- Si, bueno, no creo que Weasley…-Draco señaló con la cabeza la escalera por donde bajaban Ron y Stuart.
- Malfoy. –dijo el primero de ellos cuando estuvieron a la misma altura.
- Weasley. Solo he venido a ayudar; así que no desentierres la espada de guerra aun.
- ¿Porqué querrías ayudarnos?
- Porque sé lo que es perder a un hijo.
Se sostuvieron la mirada durante unos segundos y finalmente Ron terminó por asentir.
- Bien. Gracias por venir.
- De nada.
Hermione cogió la mano de Ron y se colocó en el centro del comedor, para que todos pudieran verla y escucharla. Era consciente de que no tenía la mejor facha en esos momentos, pero no le importaba. Aquella no era una reunión de sociedad.
- Perdonadme si no soy muy explícita, pero no tenemos tiempo que perder. Sé dónde está Brian. –los ojos se le llenaron de lágrimas.- Sé dónde está mi niño, pero necesito vuestra ayuda para llegar allí y una vez estemos allí.
- ¿Qué?
- ¿Cómo lo sabes?
- ¿Dónde está?
Las preguntas y las caras de sorpresa se sucedían.
- También se quien está detrás de todo esto. Es una persona que en el pasado me hizo mucho daño y que por lo visto no ceja en su empeño.
A las palabras de Hermione, algunos de los presentes cruzaron sus miradas comprendiendo en el acto de quien se trataba. Otros siguieron sin comprender nada. Pero todos escucharon con atención a la castaña.
- No se las condiciones en las que se encontrará este sitio…-miró a Ron y a Stuart-…hace diez años que no lo piso. Tampoco se si este individuo tiene gente a su mando ni los hechizos protectores que vayamos a encontrarnos. Lo único que se es que Brian está allí, quiere que vayamos a buscarlo y yo quiero recuperar a mi pequeño.
- ¿Dónde es? Nosotros vamos los primeros. –dijo George y Fred asintió apoyando a su gemelo.
- Cuenta con nosotros también. –dijeron Lupin y Tonks.
Y así se fueron sucediendo las opiniones, todas ellas favorables.
- Bueno, esta en una cabaña abandonada en el centro de Alaska. Ese fue el refugio de un importante mortífago suelto, pero hacer diez años que yo misma lo apresé y continúa bajo la tutela del ministerio americano.
- ¿Allí? –preguntó Stuart, pues aparte de ella, era el único que había estado y conocía el sitio.
- Si.
- Pero…está enfermo.
- Allí fue donde me atacó y…-la voz de Hermione se perdió mientras miraba fijamente a los ojos de Ron. El pelirrojo asintió en silencio y entonces tomó el mando. Pero antes necesitaba hacerle una pregunta.
- ¿Cómo lo has sabido?
- La línea de la vida se acerca al abismo. Ese sitio en los libros de Historia se le conoce como "La línea de la vida". Y cada vez esta más cerca del abismo porque a pocos metros hay una catarata que cada año retrocede y se acerca más a la casa. Llegará un momento en que la casa…caerá por el abismo…del olvido.
- Dios mío. –exclamaron todos y la profesora McGonagall no pudo evitar dirigirle una mirada orgullosa a su mejor y mas inteligente discípula.
- Tenemos que irnos ya…de camino a Alaska. –dijo Fred.
- No es tan fácil. –terció Stuart.- Se necesitan trasladores y sus permisos.
- Eso se arregla así…-dijo Hermione moviendo su varita y haciendo aparecer su patronus. A Ron le sorprendió ver que se trataba de una nutria…y su cría.
- ¿Desde cuando ha cambiado?
- No lo se. –Hermione tampoco se lo esperaba.- Hacia meses que no lo utilizaba.
- Bueno, ya nos ocuparemos de ello después.
- Si, tenemos que irnos muy rápido, Ron. –fue entonces, mientras los demás cogían sus abrigos y anclaban sus trasladores, que el pelirrojo se dio cuenta de la mirada angustiada de la castaña.
- Hay algo que no nos has contado, ¿verdad?
- Si. El hilo que sostiene la telaraña…se romperá allí mismo. Ha modificado el tiempo y el clima para…-a Hermione le costaba decirlo.- Ha dejado la casa al borde del abismo…y Brian está dentro de ella.
- Oh, Dios mío. –Ron caso se desmaya al darse cuenta de la verdad absoluta.
- Quiere que vayamos allí y nos sentíamos impotentes, que enloquezcamos al ver como la fuerza del agua se come la casa con nuestro niño dentro y no podamos hacer nada.
- Está enfermo.
- Y equivocado. Porque yo no voy a permitir que se salga con la suya aunque sea lo ultimo que haga. –dijo Hermione y sin previo aviso desapareció.
- ¡Hermione! –gritó Ron, pero la castaña ya era inaccesible.
Hacia frío, mucho frío. El viento le daba en el rostro de lleno y su aspereza hacia que se le saltaran las lágrimas. Comenzó a temblar de manera pasmosa, pues se le había olvidado coger abrigo alguno. La realidad final había sido más apremiante que su comodidad o adecuamiento. El frío se colaba en sus huesos y amenazaba con quebrarlos. La ventisca levantaba arena nevada y le impedía ver el horizonte o lo que se encontraba delante suyo. Sin embargo, Hermione no iba a cejar en su empeño. Escuchaba el ruido del agua cada vez más cerca. Se había metido en su cabeza del mismo modo que se encasillan los tiros de una pistola.
Parecían contabilizarle el tiempo que quedaba y que ella sabía que era muy escaso. Tic, tac, tic, tac, tic, tac… ¡TAC! Eso era lo que ocurriría. Ni siquiera se habían llevado su varita y no sabia como salvaría las barreras mágicas con las que tropezaría. Sin embargo, no temía por su vida. Algo le decía que Tom había reservado ya un DIA para ella y que no seria aquel.
Atravesó la ventisca de nieve justo en el momento en que Ron, Stuart y Draco aparecían en el claro helado. Por mucho que la llamaron y que al aire arrastró sus voces, la castaña no se volteó ni paró su caminar. Tenía las manos heladas y el mismo frío las convertía en una sensación de fuego para su cuerpo. En su cabello habían comenzado a aparecer tenues brotes de escarcha. Hermione sabia que con su fino jersey de algodón estaba más cerca de la hipotermia que de Brian. Pero ya le había dicho a Ron que encontraría al morenito aunque fuese lo último que hiciese en esa vida.
Miraba a un lado y a otro, desesperada por encontrar la cabaña. Seguía el sonido del agua; un sonido que cada vez era más atronador. A cada minuto que pasaba, una nueva placa de hielo se rompía. Y si Hermione pudiera verlo con más claridad, sabría que tan solo le quedaban quince minutos. Quince minutos para entrar en el infierno y salir con vida. Se paró en secó cuando sus piernas comenzaron a fallarle, se arrodilló en el suelo, cerró los ojos y recitó una serie de frases en un idioma muy antiguo, desconocido para casi todo el mundo. Una aureola de paz se dibujó a su alrededor. Dejó de escuchar el sonido del viento y de percibir el del agua. La ventisca fue disminuyendo hasta que finalmente desapareció. Hermione continuó con su cántico, ajena al grupo de gente que acudía en su ayuda.
- ¡Hermione! –gritaba Ron mientras luchaba contra la nieve para caminar más rápido.- ¡Hermione! –él si veía la cabaña, al igual que el resto de los que estaban allí, y el panorama era dantesco.
Nadie podía hacer nada por salvar la cabaña del inexorable deshielo. Nadie que al menos ellos conocieran. Porque los seres humanos ocultan muchas cosas en su interior, y era una de esas cosas la que estaba dotando a Hermione de unos poderes hasta el momento desconocidos. Porque era mejor el poder de dos que de uno. Un poder basado en el amor, la desesperación y la esperanza.
- ¡Hermione! –cuando Ron llegó a su altura, se quiso acercar a ella, ponerle un abrigo, pero el mismo campo magnético que ella había invocado se lo impidió. Ron cayó al suelo como si hubiera rebotado contra un gran plástico.
- ¿Qué ha pasado? –preguntó George. Sostenía con fuerza la mano de Annie, que había ido en calidad de medimaga además de amiga.
- ¿Porqué se ha detenido aquí? –preguntó Fred. Miraba hacia la cabaña y a la castaña sin comprender qué estaba ocurriendo.
- ¡Mirad! La pared de hielo se recompone. Esta alejando la catarata de la cabaña. –dijo Draco, que había andado un poco más que los demás.
- No la molesten. –intervino la profesora McGonagall.- La señorita Granger está haciendo uso de una magia muy poderosa y antigua. –la anciana movió su varita en dirección a la cabaña.- Me lo temía.
- ¿El qué se temía? –preguntó Ron desesperado.
- Ninguno de nosotros puede entrar en la cabaña; me di cuenta nada más ver como esta aparecía por invocación de Hermione. Ese hombre…es muy astuto. No podemos deshacer los hechizos, al menos no ninguno de nosotros. Tan solo Hermione.
- ¿Y eso porqué? –preguntó Lupin arribando al encuentro.
- Porque se necesita su código genético. Este lugar tiene que ser capaz de reconocer su sangre, y algo me dice que es posible. –miró a ron y a Stuart de manera significativa.
- Si, lo es. –confirmó el pelirrojo.
- La barrera de seguridad que nos mantiene alejados es imposible de romper…pero no de atravesar. Hermione puede entrar y salir. Los demás…habremos de esperar aquí.
- ¿Y porqué no entra? –preguntó Tonks.
- Porque está ganando tiempo. Ahí es cuando me refería a que ese hombre es muy astuto. Hermione no puede estar en dos sitios a la vez.
- No entiendo. –a Ron le dolía la cabeza.
- Ella es la única que puede entrar a rescatar al niño…pero también la única que puede contener la catarata.
- ¡Oh, por Merlín! –opinó Luna llevándose una mano a la boca. Neville estaba a su lado.
- Exacto. Si entra a buscar al niño…la catarata se los tragará a los dos.
- No, eso es imposible. Tiene que haber otra solución. –dijo Ron levantándose y paseándose de arriba abajo.
- No la hay, señor Weasley. –contestó la profesora McGonagall apresumbrada.
- Yo estoy con Weasley. –todos se voltearon en el acto para mirar a Draco.- Tiene que haber otra manera; algo que podamos hacer nosotros.
- No la hay. –dijo esta vez Hermione. Su voz era mucho más ronca y varonil y cuando abrió los ojos estos ya no eran de color miel, sino rojos. En sus manos y en su cuello se le marcaban las venas de un tono verdoso.- Minerva ha acertado en todo, como siempre.
- Oh, querida, no imagino porqué alguien querría ponerte en una situación como esta.
- Yo tampoco, pero ya no puedo contenerlo más. Me estoy quedando sin fuerzas…y he ir a rescatar a Brian.
- ¡No! No entrarás sola ahí. –Ron se negó en rotundo, pero solo se encontró con la triste sonrisa de Hermione.
-Si que lo haré. Tengo que rescatar a mi pequeño. –le acarició la mejilla con una mano.
- Pero Hermione…
- No podemos perder a Brian.
- Tiene que haber otra manera.
- Ron…este no es momento para la cabezonería Weasley; no la hay y punto.
- Pero Hermione…
- Pase lo que pase, recuerda que te amo. –fue lo último que dijo Hermione antes de ponerse de pie y caminar hacia la cabaña. Nadie pudo detenerla, porque su propia burbuja de seguridad se lo impidió.
Cuando llegó a la cabaña, y como advirtiera la profesora McGonagall, las barreras que la protegían se hicieron a un lado y Hermione pudo entrar. Enseguida notó como las piernas le fallaron y cayó de rodillas al suelo. Un dolor extremo se dispersó por su cuerpo, pero ella no se dejó vencer. Aunque fuera arrastrándose por el suelo helado de nieve, llegó hasta la puerta de la cabaña. En su interior todo estaba absolutamente tranquilo. Al paso de Hermione, la puerta se cerró aislándola del mundo. Fue como una película; el decorado de leñador dio paso al de un lugar inhóspito, rodeado de nieve y Hermione no pudo evitar gritar.
Se vio a si misma en forma de holograma, tirada en el suelo, con la espalda abierta y la sangre bañando el suelo. Tuvo que luchar contra su fobia y su desesperación. Reunir todas sus fuerzas para hacer a un lado esa imagen y convencerse de que no era real. Sin embargo, cuando ya estaba a punto de conseguirlo…
- La línea de la vida se acerca al abismo, telaraña. Tus hilos ya no te sirven y yo solo espero el momento en el que caigas. –la voz de Tom sonó alta y clara. Esas habían sido sus palabras hacia diez años y hoy lo volvían a ser.
- ¿Qué quieres de mi? –preguntó la castaña. No sabia si la voz pertenecía al holograma ni si podía responderle o no.
- Venganza. –simplificó Tom.
- ¿Quién eres en realidad? ¿Por qué?
- En su momento lo sabrás. Ahora lo único que debe importarte es ese criajo débil y como salir vivos de aquí.
- ¿Dónde esta?
- Eso tendrás que averiguarlo.
- ¿Cómo? –miró su reloj de pulsera. Siete minutos; tenía siete minutos para dar con él.
- Tic, tac, tic, tac…
La telaraña sin su disfraz,
¿será de lo imposible capaz?
En la puerta del sol no has de buscar
Ni en la del frío encontrar.
Desesperada en su morral
La telaraña lo tiene muy mal.
- ¿Qué significa eso?
- Suerte, telaraña.
Hermione se quedó sola de nuevo, repasando una y otra vez la adivinanza. Se paseaba de un lado a otro y no era ajena a que contra más tiempo pasaba dentro de la cabaña…menos energía tenia para salir. Ya no solo era cuestión de minutos. De su boca salía vaho y tenía mucho frío. Unas enormes ganas de vomitar se alojaron en su garganta. Los nervios crecían y el tiempo disminuía.
- Ni en la puerta del sol ni en la del frío. –repetía una y otra vez.- Se capaz de lo imposible; ser capaz de lo imposible… Brian, ¿dónde estás, mi niño?
- ¿Mamá? –se escuchó una vocecita muy lejana.
- ¿Brian? ¡Brian! ¿Dónde estás, mi amor? –Hermione abrió mucho los ojos, alerta al sonido de la voz del morenito.
- Aquí. Está muy oscuro y tengo frío, mami.
- No te preocupes; te voy a sacar de ahí, mi amor. –los ojos de Hermione se llenaron de lagrimas.- Sígueme hablando, dime donde estás.
- No lo se, mami. Hace mucho frío y tengo miedo.
- No has de tener miedo, amor.
- Quiero volver a casa contigo.
- Volveremos, volveremos enseguida. –Hermione no había dejado en ningún momento de caminar y seguir la voz del niño. Finalmente se paró delante de su cuerpo falso y agónico. Comprendió que Brian estaba de algún modo debajo del cuerpo.
Miró de nuevo el reloj de pulsera: cuatro minutos. Movió el cuerpo, que a pesar de ser falso era de peso contundente. Se llenó las manos de sangre y le parecieron enganchosas. Pero toda sensación quedó congelada al ver a Brian. El morenito estaba debajo de una gruesa placa de hielo. A su alrededor todo estaba a oscuras, pero Hermione podía ver con exactitud su cuerpecillo sentado en un rincón.
- Brian, te estoy viendo, mi amor.
- Yo no te veo, está muy oscuro aquí.
- No pasa nada, mi amor. Mamá ha venido a buscarte.
Pero Hermione no contaba con que no tenía modo de romper el hielo. Había dejado olvidada su varita en la casa y allí en la cabaña no había nada que la ayudase. Comenzó a dar golpes con las manos, retirando capas de hielo, quemándose los dedos. Dos minutos y serian engullidos por la catarata.
- ¡No! ¡No lo permitiré!
Colocó las manos encima de la placa de hielo y cerró los ojos con fuerza. Había funcionado una vez…tal vez dos…
- Por Merlín… Harry, Ginny, yo se que en algún lado tenéis que estar. Ayudarme a salvar a nuestro niño. Dadme fuerza, por favor.
La mano de Hermione sufrió un corte profundo y comenzó a sangrar con rapidez y en grandes cantidades. Al hacer contacto con la placa de hielo, su sangre la traspasó cayendo a la otra habitación. Hermione abrió los ojos de par en par una milésima de segundo y después volvió a cerrarlos mientras probaba a meter sus manos a través del hielo. Sintió como si miles de cuchillos le atravesasen los brazos y estos se llenaron de arañazos, pero pasaron sin romper la placa de hielo. Había sido capaz de lo imposible.
- Coge mi mano, Brian. Cógete fuerte, mi amor. –gritó y suspiró cuando notó las pequeñas palmas de Brian contra las suyas.- Voy a subirte. Cierra los ojos, cielo. Ciérralos fuerte y cuando los abras estaré a tu lado.
Y así fue. Hermione subió a Brian a través de la placa de hielo y gracias al vacío momentáneo que había creado su sangre. El niño tenía los ojitos cerrados y no podía ver como los brazos de la castaña salían destrozados y magullados, quemados y con restos de sangre. Pero Hermione no sentía dolor, tan solo la alegría de tener a su morenito entre sus brazos.
- Brian, mi amor. Tenemos que irnos. –abrazó con fuerza el cuerpecillo de Brian cuando lo sintió en su regazo y depositó mil besos en su cara y en su cabello.
El tiempo pasó y el minuto restante terminó.
- Abrázate fuerte a mamá, abrázate muy fuerte y sigue con los ojos cerrados, mi amor. –el dijo la castaña al niño.
- ¡Tic, tac! ¡Tic, tac! ¡¡TAAACCC!! –la voz de Tom fue acompañada por una carcajada cuando la cabaña se vino abajo y fue engullida por la catarata.
- ¡¡¡¡NOOOOOOOOOOO!!!! –fue el lamento de Ron al ver como la cabaña desaparecía con Hermione y Brian en su interior.
