Capítulo final. Gracias a todos.

Habrá epílogo…


¡POR FIN!

—Déjame cortejarte…

—Pero…

—Tengamos una cita…

—No…

—¿No? —frunce el ceño con extrañeza—. ¿No puede un hombre cortejar a su propia esposa?

—No, lo que quiero decir… —se le escapa un suspiro—. No puedes caminar.

—Pues cuando pueda.

Ella entonces asiente, incapaz de hablar, y Ren sonríe.

—Kyoko…

—¿…?

—¿Tú me quieres?

—…

—No te entiendo, Kyoko…

Por toda respuesta, sucede lo que ninguno de los dos había previsto. Kyoko se lanza a su pecho, vagamente consciente de que tiene un brazo herido, para atrapar su boca con la suya y demostrarle de manera clara e inequívoca cuáles son sus sentimientos.

Porque cuando las palabras no salen, que los hechos lo demuestren.

Pues eso… Que quede bien clarito…

Y un rato después…

—¿Eso es que sí? —pregunta Ren, intentando recuperar el aliento, los ojos cerrados y su frente apoyada en la suya. Y el corazón a punto de explotar en el pecho.

—Pues claro que sí, grandísimo tonto…