Disclaimer: Naruto y todos sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto. Este fic es sin fines de lucro, solo lo hago para mí y vuestro disfrute personal.
Pareja principal:
-Gaara/Hinata
Advertencias de este capítulo:
-Lenguaje adulto y vulgar.
-Lemon hard.
Gracias por adelantado por los reviews.
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La lluvia seguía cayendo con la misma intensidad de hace horas atrás, más el frio que ese tiempo debería de generar en el ambiente no existía, o de hacerlo lo ignoraba por completo. El calor los envolvía por entero a pesar de la desnudez bajo las cubiertas de la cama, pero la tersura de su piel en contra de la suya le generaba que la propia emitiera calidez a nivel humano.
Dejó de mirar las gotas correr por el cristal de la ventana ante la furiosa lluvia del exterior para observar el dormido rostro de Hinata, agazapada en posición fetal a su lado, dándole la espalda sumida en un profundo sueño.
Tomó un sedoso mechón de pelo que caía sobre su cuello para apartarlo a su pequeña espalda y acariciar su dermis libre con la yema de los dedos, surcando la curva elegante de su garganta hasta llegar a su hombro, formando mansos círculos. Cerró los ojos ante la sensación de paz y calma que lo llenaba cuando sus dedos en su piel la hicieron emitir una especie de maullido para seguir soñando, acercando inconsciente su cuerpo al suyo en busca de más calor ante su erizamiento.
Incluso dormida buscaba su compañía y su confort, si supiera lo orgulloso que eso le hacía sentir consigo mismo, como el moverse entre sueños para estar cerca le hacía aletear sus ahora rápidas pulsaciones.
¿Cómo definir lo que sentía ahora? Felicidad en estado puro, todo lo que dijo Shikamaru en aquella cena fue cierto. Hinata era hermosa, no se necesitaba tener una licenciatura ni ser inteligente para verlo, cualquiera que amara la noche la encontraría divina, y él, ser nocturno que vivía en la oscuridad no iba a ser indiferente a su devastadora similitud y encanto crepuscular. Pero, oh Jesús bendito, mientras se entregaba a él fue una belleza jamás vista ante sus ojos.
Es como si le hubiera hecho el amor a la luna, porque sus ojos lo miraban con un brillo idéntico, un atractivo prohibido en más de un sentido al que nunca estuvo tan cerca de hacerle tocar las estrellas como en esa misma noche. Cada imagen se clavó en su mente para jamás ser borrada.
Y la unión de ambos cuerpos sellará el pacto de dos almas que nacieron para ser una sola. El lazo poderoso nunca será roto.
Esa frase de aquel fino y polvoriento libro en la biblioteca de la fortaleza, ese que se negó hasta el último momento a leer por orgullo propio y tozudez a nivel de un mulo llegó fugaz a sus recuerdos. Haciéndole sentir algo avergonzado por auto negarse lo que ahora más dichoso lo hacía, estar con ella.
-Eres mía-. Dijo en su oído con voz mansa para no despertarla del sueño reparador que tanto necesitaba por la actividad de horas atrás-. Nadie podrá separarte de mí ahora.
Enterró la cara en el fragante hueco de su cuello, aspirando su aroma a sangre y su champú de flor de lavanda, mezclados ambos con el suyo propio. Se excitó un poco al percibir su olor en la piel de ella, eso demostraba que la había tomado, que la reclamó como suya y estaba prohibida para otros hombres. Su aroma en Hinata era una advertencia para otros machos, si osaban tocarla, morderla, o cualquier cosa fuera de los límites permitidos entre ellos, le estarían retando a una lucha que sabía terminaría con la muerte de tal hombre.
Por supuesto, su esencia en ella le provocaba recordar todo lo sucedido entre las suaves sábanas de angora azul pastel de su cama.
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Hambre insaciable, una gula desmesurada surcando su interior por sus besos, a causa de sus suaves caricias con sus pequeñas manos por su cuero cabelludo, el calor que emanaba de ella en fastuosas oleadas más el olor de su excitación. Todo eso junto formaba una vorágine de emociones que despertaban ese lado de su ser que hasta hace muchísimo tiempo, antes de conocerla, estaba en letargo, sin nadie que lo reavivara.
El aire se volvió espeso en aquella cocina, tanto que los cristales, a pesar de la lluvia, se empañaron.
Gruñó, una vibración de su garganta que hizo el mobiliario del salón y la cocina temblar por su delirio en dejar parte de su fuerza libre cuando ella se arqueó en sus brazos al chupar la piel sobre su palpitante carótida, generando una mínima fricción en sus partes bajas.
Dios, ya lo tenía jadeando y no habían hecho gran cosa más que unos besos e ínfimos toques en la piel.
Se sintió en parte, patético por reaccionar de tal forma a unas caricias simples y a como su lengua jugueteaba con la suya. Le temblaban incluso las piernas cada vez que le suspiraba o jadeaba al oído.
-Gaara…- Tomó ociosas respiraciones y cerró los ojos para intentar calmarse al oír su voz entrecortada y pesada en su tímpano, dulce voz cargada de deseo llamándole por su nombre. Estuvo a punto de eyacular ahí mismo si no estuviera conteniéndose como nunca.
Jamás creyó que albergaría semejante aguante, siempre fue muy tranquilo y sereno, como si estuviera constituido de gélido hielo, nada lo haría caer, pero vamos, ¿quién no perdería el juicio en semejante situación? Hinata no sabía qué lado suyo estaba sacando a la luz.
Si él era el hielo, ella era el mismo fuego. Porque lo estaba derritiendo sin esfuerzo.
Estaba a un segundo de arrancarle el vestido que impedía hacerle sentir su tórrida piel al completo, rasgar su ropa interior y encajársela hasta el fondo en esa misma pared antes de que el segundero del reloj de la cocina tuviera tiempo a moverse. No iba a aguantar mucho más si continuaba en esa actitud tan fogosa con él.
No era humano, pero tampoco de hierro.
La Hyûga buscó sus labios de nuevo, apresándolos como si su vida pendiera de ellos, como si la muerte la llevaría de su lado si dejaba de robarle el aliento en una batalla húmeda y deliciosa, una lucha donde el gozo era para ambos. Su boca sabia a sabroso vino, como si necesitara más motivos para querer devorarla más de lo que lo desesperaba ahora.
Un leve bramido a su espalda le hizo por un momento recordar que no estaba solo en casa. El puto chucho, era cuestión de tiempo que se le echara encima a morderlo, no le extrañaría al ver cada objeto de vidrio de la cocina y el salón empañados de todo lo que su propio cuerpo estaba exudando.
Por el rabillo del ojo vio al pequeño lobo asomado y agazapado en pose de ataque por la puerta corredera de blanca madera que conectaba el salón con el pasillo, sus ojos azules cuyas pupilas cuan pequeños alfileres estaban clavados en su espalda. Buscando el momento perfecto para sacar los dientes e intentar alejarlo de ella.
Ese detalle de Cotton, el querer defender a su ama a como de lugar aun sabiendo que siendo un cachorro no lograría gran cosa, le hizo caer en la cuenta de que estaba haciendo, en lo distorsionada que tenía la mente por tenerla así en su brazos.
Aunque fuera lo último que deseaba hacer en aquel momento, abandonó sus hinchados y mojados labios de color grosella, y posó su frente en su hombro, cerrando de nuevo los ojos y tomando ociosas bocanadas de aire para calmar su grave estado de alteración.
Cosa que no iba a lograr así como así si en el aire pululaba el aroma de la excitación de Hinata. Era tan potente como una bofetada, hacia sus hombros y piernas temblar de emoción. Ahora se daba cuenta de lo mucho que sus dientes dolían, era un milagro que ella no los hubiera notado estando sus colmillos alargados y listos para morder.
-¿Pa-pasa algo?- Su voz tartamudeada acarició su oído como el arrullo de una pluma al tiempo que pasaba sus manos por su espalda y hombros, buscando darle la comodidad y sosiego que parecía faltarle. Si ella supiera lo que esos arrumacos producían en lugar de calma.
-No-. No confiaba siquiera en su voz para formular una frase más compleja. Intentó ponerse en una posición más digna que estar encorvado sobre ella, pero el moverse generó otra fricción a través del pantalón que le hizo retener la respiración.
Una tentación tras otra, no había tregua de ningún lado.
Contó en su cabeza para autogenerarse control y, con cierto dolor por tener que hacerlo, hizo desenvolver sus piernas de su alrededor y dejarla en pie frente a él, queriendo lamer esos muslos expuestos de manera parcial al tener el vestido algo descolocado al estar alzada y en constante roce con él.
Se sintió desconcertada al ver el cese de lo que catalogaba como la cosa más emocionante de su vida. Pensaba que Gaara quería esto tanto como ella, sus besos habidos y toques urgentes le hicieron creerlo. Es más, podía ver la descarada erección presa por el oscuro vaquero que no había tenido reparo alguno en frotarse con ella una y otra vez.
-Lo siento-. Si antes estaba perdida, ahora más aún, ¿Por qué se disculpaba si no hizo nada malo?- Me pediste tiempo para esto y no lo he respetado, lo siento.
Bajó la cabeza como muestra de su arrepentimiento, de lo afligido que estaba por haberle faltado el respeto de tal manera, por tratarla, como decían muchas que se habían visto envueltas en situaciones similares, humanas o no, como trozos de carne.
Sonrió para consternación del Sabaku cuando le tomó de las mejillas y le hizo alzar la cabeza para mirarlo a los ojos, pensaba que era lo que quería y como un maldito imbécil prendado de hasta el último de sus cabellos no estaba cumpliendo con lo único que le había pedido, pero su mirada no decía eso. No veía una pizca de enojo, nada, solo un cariño y una añoranza que le arrebataba el aliento tanto como uno de los besos anteriores.
Un toque, tan efímero como el primer copo de nieve de una nevada, rozó su labio inferior, seguido de una risa encantadora. Su pechó palpitó alegre.
-N-no tienes que pedir disculpas-. Su aliento, aun oliendo a la afrutada bebida de uva que bebieron durante la cena, le hizo cosquillas en la nariz, más, no quiso que se detuviera. Todo mimo de ella sería siempre recibido de buen grado-. No estoy molesta.
Eso era bueno saberlo, se sintió con una carga menos de conciencia. Era insoportable la idea de haberla ofendido, sobretodo sabiendo que él mismo hubiera sido el causante. No tendría perdón alguno por tal calamidad.
-Prometo honrar con tu deseo de esperar-. Garantizó con una mano sobre el pecho, era una promesa de macho, si ella no se escandalizara, se había mordido un dedo como muestra máxima de confianza en sus palabras como estaba acostumbrado en su raza, un pacto de sangre. Sabiendo también que sería una promesa que le costaría casi la vida misma en acatar.
La quería demasiado, pero por eso mismo lo intentaría con todo el poder que tenía. Hinata merecía ese esfuerzo y más.
-No importa eso-. Dijo con una seguridad no vista demasiado en ella, por supuesto, sin ser capaz de mirarle al rostro. Cosa que el pelirrojo tomó con una menospreciación para sí misma.
No iba tolerar que se creyera menos de lo perfecta que era.
-No, si quieres esperar, lo haré, no quiero que te sientas forzada porque yo desee hacerlo contigo-. Se puso serio, tomó sus hombros y los apretó un poco, hasta donde sabía que no era doloroso para ella. Captando su atención como buscaba-. No es mi intención que te sientas como si fueras un objeto de placer.
Desearía que él pudiera saber cómo esas palabras llegaron a ella como una taza de chocolate caliente en un día frío de invierno, si quedaba alguna duda en su consciencia referente sobre querer hacer el amor a pesar de lo precipitado que era, había desaparecido por completo cuando Gaara habló.
Le acababa de demostrar con esas dos frases lo importante que era para él, tanto que estaba dispuesto a esperarla a pesar de que su cuerpo entero era una prueba irrefutable de cuanto deseaba concluir aquello. Cada frisa de su ser estaba gritando por ella, y lo sabía, porque cada roce de su piel con la suya, deliberado o no, lo hacían temblequear y jadear mientras apretaba los puños que lo mantenían en pie al sostenerse de la pared.
Ahora, más que nunca, anhelaba al Sabaku, porque ese amor que él demostraba inconscientemente con sus acciones o palabras, le era devuelto con la misma intensidad. Ya estaba decidido, esa noche, harían el amor.
Arrulló su afilaba mandíbula y mejillas, sonriéndole con un rubor en su cara cuando sus ojos cían la miraron fijamente con tanto sentimiento que casi la hacían desmallar.
-No me haces sentir como un objeto, sino una mujer deseada y hermosa.
La llenaba de felicidad cada vez que la miraba así, no se cansaría nunca de ese sentimiento de ternura que el pelirrojo le profesaba. Tal vez pareciera demasiado exagerado, pero le daba la vida.
-Lo eres-. Le confirmó sin un ápice de duda-. Y por eso mereces que todo lo que quieras sea cumplido.
Un latido acelerado dio inicio en su caja torácica, unas ganas monstruosas de apretar un poco más su quijada y hacerle bajar la cabeza para besarlo como si el mañana no existiera la invadieron al oírlo.
Lo amaba, Dios, lo amaba como no había querido a nadie en su por ahora corta vida.
Tomó aire en una profunda inhalación y, a la misma vez que el rubor aumentaba en su rostro hasta llegar a sus orejas y cuello, asió su mano izquierda y la hizo posarse sobre uno de sus generosos senos. Notó su mano temblarle, al igual que su quijada, entretanto la respiración de él se cortaba.
-Hinata, si esto es una especie de prueba a mis palabras, no creo ser capaz de…-. No pudo terminar la frase porque le obligó a apresar con un poco más de presión su pecho. Una especie de calambre en la boca del estómago le hizo temblar. Sí era en verdad una prueba era demasiado cruel, y peligrosa, porque estaba a nada de perder el control.
-Gaara-. Lo llamó con voz baja, tan floja que si no llegara a ser un vampiro como ellos los catalogaban, no la hubiera escuchado-. No es ninguna prueba-. Dejó su frente sobre su esternón, mortificada y mareada por el bochorno que estaba sintiendo al tener que explicarse en eso-. Y-yo quiero hacer el amor contigo.
Las palabras vibraron sobre su piel a través de la oscura tela de su camiseta de cuello alto, estuvo a punto de desfallecer ahí mismo de pura euforia. Si tuviera que morir en ese momento, le daría igual, estaba feliz, dichoso. Quería hacerlo con él, ¿podría decirle algo que le hiciera más feliz? Lo dudaba.
Sus labios rozaron su coronilla, removiendo un poco su lacio cabello para llamar su atención, notando en su palpa su corazón latir apresurado y nervioso, lo mismo que gritaba su cuerpo por fuera a pesar de que estaba intentando parecer segura de sí misma. Cuando hubo alzado la cabeza, estando plasmado en su rostro el sofoco que la turbaba, le robó un efímero contacto de labios.
-No soy nadie para negarte algo que yo mismo quiero-. De nueva cuenta sus labios se encontraron, esta vez, con suavidad, algo tentativos y fuera de lugar teniendo en cuenta que no mucho tiempo atrás, míseros minutos, estuvieron devorándose con una gula que haría al mismísimo Belcebú *caer en vergüenza.
Ella soltó su mano, la que aún permanecía sobre su seno para enredarse en su pelo. Le gustaba saber que le gustaba al comprobar que sus manos iban una y otra vez a su cuero cabelludo, fue algo que siempre le molestó un poco porque era demasiado llamativo, no conocía a nadie con un color tan llamativo de rojo. Pero si a ella le gustaba, entonces le empezaba a gustar a él también.
Con todo dicho, no se lo pensó más y apretó el toque sobre su mama, masajeando como llevaba queriendo desde el mismo instante que su mano lo tocó cuando ella lo guio. Sonrió de medio lado cuando jadeó sobre su boca al decidir llevar su otra mano a su trasero, tan cerca de ese lugar que esa noche iba a tomar.
-¿Dónde quieres que comamos el postre, en la cocina, el salón o el comedor?- Dijo como broma a la pregunta que la peliazul hizo antes de comer.
Rió entendiéndolo y juntó su cuerpo al suyo cuando soltó su pecho y la rodeó de la cintura. Notando en el proceso su dureza chocar contra su vientre.
-¿P-por qué no mejor en la habitación?- Continuó su juego rozando su nariz con la suya.
-Lidera el camino-. Sabía cuál era su habitación de sobra, no por nada se pasó horas cada noche antes de ir a trabajar vigilándola, pero ella no sabía eso, y quería que siguiera pensando así.
Se dejó tirar de su mano entrelazada para andar directos al piso de arriba, cerró tras él la puerta de la cocina cuando vio que cruzarían el salón, siendo notoria todavía la mirad celeste de Cotton en él. Vio al cachorro ponerse en pie tras pasarse todo el rato recostado y atento a sus acciones.
Ni hablar de eso, pensó, no iba a joderle la noche siguiéndolo. Le cerró la puerta del salón y lo dejó encerrado allí porque la otra salida, la puerta que conectaba con la cocina, la cerró antes.
Tuvo suerte de que Hinata no mirara a sus espaldas o se hubiera asustado de la sonrisa terrorífica que portaba su rosto cuando oyó los intentos del lobito por abrir y sus patas rascar la madera. Estaba seguro que parecería un psicópata desquiciado, su hermana y Naruto siempre se lo habían dicho cuando sonreía así, sin embargo, le daba igual.
Tardó más ella en darse la vuelta una vez entró en ese cuarto en el que más de una ocasión había visitado y convertido en pequeño murciélago porque ella se despertaba que él en tomar su boca como un muerto de hambre que tiene ante el un filete de carne. Importándole un bledo la lluvia furiosa que chocaba contra la ventana o el cielo iluminado por un potente rayo, nada importaba, salvo su mujer.
No pasó segundos de sentir su lengua juguetear con la suya cuando la hizo caminar de espaldas sobre la mullida alfombra de lana beige, hasta que su piernas tocaron el colchón de la cama y por inercia se colocó sobre ella cuando se tumbó entre el tumulto de cojines.
Quería hacerle tantas cosas que no sabía por dónde empezar, así que aprovechando la elevación de sus caderas al frotarse inconscientemente entre sus muslos, una ínfima muestra de lo que vendría después, tomó la diminuta cremallera de su precioso vestido turquesa y la bajó. Exponiendo sus pequeños hombros y perfectas clavículas conforme la tela iba cediendo.
Ahora creía en las entidades divinas cuando el vestido cayó sin emitir sonido al suelo, porque esa piel de blanca leche en contraste con ese conjunto de lencería azul ultramar no podría ser humano. Cada pedazo de dermis que sus ojos miraban era más suculento que el anterior.
Quien fuera el creador de dicha prenda íntima era un enfermo, porque tres simples tozos de tela lo estaban desequilibrando, sabía dónde poner el encaje para que la tela semitransparente no le rebelara lo que se moría por ver.
-Dios, mírate-. Resopló mirando sus pechos apenas retenidos por el sostén, sus gruesos muslos envueltos en sedosas medias unidas con ligero, las líneas de su pelvis que se perdían entra la diminuta tela del culotte que no tapaba suficiente.
-L-lo sé, estoy desproporcionada-. Viró la cabeza acomplejada con su cuerpo, cubriendo su semi desnudez sin darse cuenta-. Siento que… ¡¿Ga-gaara?!
Chilló agudo cuando apartó las manos de su cuerpo y enterró la cara en su escote, lamiendo desde esa línea sugerente entre el busto hasta el cuello, volviendo a bajar la cabeza para tomar ambos trozos de carne con las manos y apretándolos; ganándose un bajo gemido.
-¿Desproporcionada? No, son curvas, delirantes curvas que hacen del autocontrol una bola de hilo llevada por la brisa. Y sé lo que digo porque no sabes lo que deseo arrancarte esto con los dientes-. Y tirársela al más puro salvajismo, su miembro estaba latiendo furioso desde que la vio vestida con tal conjunto de ropa interior. Jamás pensó que alguien tímida y algo insegura como ella tendría algo así en su ropero. Una idea absurda le surgió- ¿Te has puesto esto por mí?
Que evitara mirarle a los ojos y apretara los labios fue toda respuesta necesaria. La imposible idea resultó ser verdad, se vistió provocativa para él, para tentarlo y hacerle caer en el pecado de la carne.
No es que se quejara de verla con esas diminutas prendas de ropa, si es que se podían considerar ropa a tan escaso material, pero si quería convencerlo del todo para acostarse juntos, con haberle hecho tocarle los pechos como antes o que le hubiera dicho tómame ahora, hubiera bastado.
-S-sí-. Decidió ser sincera-. Quería estar bonita para ti.
El como la miraban sus ojos, tan ardientes y fijos en las curvas de su cuerpo, fijarse en sus músculos tensarse a través de su camiseta, la ponían un tanto incomoda, no sabía que estaba pensando al confesarle aquello.
Gaara le sonrió un poco, una elevación de las comisuras sutil que le dieron a entender que lo que buscó conseguir lo logró sin problemas. Sonrió a cambio, aunque con marcada timidez, recibiendo encantada de todos modos el cuerpo del pelirrojo sobre ella, ladeando la cabeza para obtener un nuevo beso de los que el Sabaku parecía adicto.
Acarició las sinuosas curvas de su cintura y caderas, percibiéndolas como si fuera de terciopelo. Llegó a sus rodillas un segundo que ella no se esperó para abrirle mejor las piernas y colocarse entre ellas, siguiendo al lugar donde estaba antes. Subiendo poco a poco a sus costillas, rozando despacio cada surco entre hueso y hueso.
Suspiró su nombre con voz pesada, abrazando su cuello con más fuerza a la vez que su lengua era absorbida tras morderle sin dolor en el labio inferior y las yemas de sus dedos delineaban una y otra vez el contorno de encaje del sujetador. Volvió a arquearse, deteniendo un instante el beso que se volvió a retomar al acercarse de nuevo a su boca cuando empezó una serie de falsos embistes.
No supo cuando los cristales del ventanal y los espejos de la cómoda y el armario se empañaron, claro que, no podía pensar en otra cosa salvo en el roce que estaba recibiendo en su entrepierna. No hacía falta decir lo más que lista que ya estaba, sentía el culotte pegado.
Sus frágiles manos, las que se sostenían de su cuello para no romper ese contacto desesperado, a pesar de robarle el aliento y hacerla marearse tanto de gozo como falta de aire, bajaron por su duro torso hasta la hebilla del cinturón que sentía fría sobre el desnudo ombligo.
Notando como intentaba sin éxito sacar la hebilla del agujero por los constantes vaivenes, la ayudó desabrochando la correa, desabrochando también el botón y bajándose la cremallera del negro vaquero.
Se alzó quedando de rodillas, mirando con unos turbados ojos de deseo su cuerpo tendido sensual sobre la corcha y los desordenados cojines de tonos azul y verde, con las piernas abiertas para él y el pelo revuelto. Dicha imagen no ayudaba a normalizar su desbocada respiración, no cuando veía y olía esa mancha de humedad en su ropa interior.
Agarró la parte baja de su camiseta de cuello alto y la alzó, sacándosela y lanzándola al otro lado de la habitación, quiso, y lo hizo, gruñir al ver sus amatistas iris mirar con hambre su torso magro pero trabajado tras unas cuantas horas de gimnasio en sus noches de insomnio.
-¿Sigues segura de continuar? –Porque si atrapaba su boca de nuevo o rozaba su piel ya no podría detenerse. Su excitación estaba ya a un nivel demasiado alto.
No le respondió, no dijo nada, solo se lamió los inflamados lamios al encontrarlos secos, captando todos los instintos más primitivos de su ser con ello y se incorporó un poco en el colchón. Aspiró con fuerza el aroma que emanaba en la habitación, leve sudor corporal, sangre de sus venas y flujo vaginal, todo aumentado por la excitación.
Se le iba la cabeza, una gama de olores que lo ponían en un estado salvaje. Si no se controlaba terminaría haciéndole daño, lo sabía, un humano no tenía el mismo aguante y resistencia física como uno de los suyos. Y donde más energía se liberaba por puro instinto era mientras una pareja ayuntaba.
Iba a dar todo lo mejor de sí para que Hinata no sufriera daño alguno y ambos pudieran disfrutarlo, aunque tuviera que hacerlo lento y pausado, lo que él entendía como lento por supuesto.
Fue instantáneo cuando sus diminutas manos tiraron del pantalón y se lo bajaron hasta las rodillas mientras le daba un piquito. La pilló desprevenida, lo que la hizo soltar un chillido de sorpresa, cuando la empujó hacia atrás sin miramientos, serpenteando por encima de ella y quitándose con un movimiento rápido de pies los pantalones. Ni quiera tuvo tiempo a cerrar la boca cuando tomó la parte delantera del sostén y arrastró la tela exponiendo sus pechos al aire tibio del cuarto, endureciendo aún más sus antes erizados capullos rosados, de los cuales uno de ellos no tardó en ser engullido como un lactante al pecho de su madre. Al otro, sin falta, le daba atención también, intercalando un pecho a otro o pellizcándola para oírla plañir.
Ola tras ola de éxtasis la invadían, tantos años sin sentir esas emociones en su interior, sin ser tocada con tanta urgencia, no podía hacer más que abrazarle con fuerza, pegándolo más a sus mamas, queriendo ahogarse más en su ardiente toque. Deseaba quemarse.
Estaba tan abrumada, tantas sensaciones maravillosas recorriéndola que cuando sintió algo traspasar el encaje de la braga jadeó en voz alta, ¿Cuándo su mano había bajado hasta allí? Tembló, su cuerpo empezó a aumentar de calor a pesar del tenido cuando sus dedos índice y anular abrieron sus labios exteriores y el corazón recorrió de arriba abajo el interior, frotando el clítoris de vez en cuando antes de quitarle toda respiración al meterlo.
El bramido que estuvo a punto de brotar de su garganta habría hecho crujir los muebles de madera y roto algún pequeño objeto de cristal, pero bendito sea, estaba tan húmeda, tan mojada, por él mismo. Y Hinata no hacía más que invitarlo a las respuestas que daba a sus atenciones, los gemidos que exhalaba cuando dos de sus dedos la penetraban, el cómo apretaba las sabanas, como sus considerables tetas se mecían al ritmo de una respiración errática o incluso el pequeño hilito de saliva que caída de una comisura.
La imagen más pecaminosa que en su vida tuvo el placer de contemplar. Y eso que tuvo a unas cuantas mujeres en su lecho cuando era un noctambulo joven que apenas estaba comenzando a saber controlar su fuerza, de esas hembras no se acordaba nada, no tenían importancia para su vida. Su chica era otra historia, todo lo que hiciera seria gravado en su mente tal cual se marcaba a un animal con un fierro al rojo vivo.
-¿Podemos empezar ya?- Notar sus paredes vaginales apretarse alrededor de sus dedos era sofocante. Estaba sacando paciencia de donde no sabía que tenía, porque si fuera otro ya habría saltado sobre ella como un puto animal.
-S-sí, oh Dios…-. Gimió de manera erótica echando la cabeza hacía atrás-. Pu-puedes.
No aguantaba más, ni un segundo, se acabaron los previos, la Hyûga estaba lista para recibirle, y era evidente que él también lo estaba, sus calzoncillos grises tenían una blanquecina mancha sobre su erección que gritaba por si solo desesperación por ser saciado.
Liberó su miembro, y deseó tener más dominio sobre sí mismo y no haberle arrancado de cuajo la pequeña pieza de ropa y quedar convertida en un inservible tejido roto. Incluso la había asustado por semejante rudeza, sus ojos cuan ciervo apuntado por un cazador lo decían todo.
-Te compraré otro conjunto-. Lo haría, y ya que estaba, probaría con el rojo sangre, estaba seguro que le quedaría ideal, despampanante en contra de la blancura natural de ella. La mera idea lo excita más, y eso era arriesgado, para ambos.
Situó la punta que dirigía con su diestra a su empapada entrada, recorriéndoles a los dos un escalofrió de anticipación cuando recorrió en un ánimo juguetón la apertura, el uno y otro suspiraron casi al unísono, apretando las cobijas de la cama o la cadera femenina por deleite. Usando el limitado control que le quedaba, se introdujo despacio, saboreando su estrechez tramo a tramo.
No veía nada más allá de su nariz, todo lo envolvía en una bruma espesa en su cabeza, su instinto estaba por entero centrado en la textura de su interior, en la humedad y calor de sus paredes, en sus manitas recorriendo sus abdominales y pecho hasta encontrarse con sus hombros, arañándole.
Mejor no hablar de la estampa que ella le estaba regalando sin saberlo, verla disfrutar de esa manera, con semejantes sonidos saliendo de labios rojos y abotargados, junto a piel lustrosa, radiante por el leve sudor generado entre roces sugestivos.
Comenzó un lento vaivén, rompiendo el sonido de la lluvia torrencial con el glorioso gemido de gozo que sus cuerdas vocales emitieron al llenarla de tal manera con su miembro. Tan voluminoso, duro y caliente, ahora se daba cuenta de lo que extrañaba tener sexo, de estar así con un hombre y bañarse de las atenciones que se llevaban a cabo en el proceso. Que fuera Gaara el elegido mejoraba las cosas, exudaba pasión y cariño en cada toque.
Elevó las caderas para facilitarle un mejor acceso a su interior, cuando él tocó un punto al meterse de nuevo en su interior en una pausada penetración que casi la hizo llorar de alborozo. Amaba la sensación de tenerle dentro, como la estiraba entremezclando un insignificante punto de dolor con un desmesurado placer, de su boca buscar rincones de su piel que darle atención.
Adictivo.
-Si-sigue, se siente muy bien…- Demasiado debía añadir.
-¿Sí, te gusta?- Aumentó la velocidad, alentado por sus palabras y sus expresiones. Enterrando de nuevo la cabeza entre los pechos que se mecían junto a la cama, intentando mantener a raya las ganas de morderla cuando se alimentó bien de las bolsas de transfusión no hace más de quince horas.
-Mucho, eres tan bueno-. Se mordió los labios ladeando la cabeza y tomando con cierta rudeza el carmesí pelo de su nuca perdida en sensaciones arrasadoras-. Tan grueso…-. Joder, su ego estaba rozando las nubes grises del cielo.
Alzó las manos, apretando el agradecido cabezal de la cama en intrincados arcos de forja, lo que no sería capaz de romper por mucho que comprimiera las manos en el acero en lugar de si fuera simple y endeble madera, para darse sostenibilidad y no sucumbir al deseo de aumentar, de ir más rápido contra ella. Lo cual no debería de hacer, Hinata era humana, su cuerpo no estaba preparado como una de las de su raza para soportar toda la fuerza de un ser como él, la partiría en dos si aceleraba la velocidad y volvía más rudas la penetraciones.
No quería que sucediera tal cosa, ya estaba yendo un poco más fuerte de lo debido, empero, le era imposible detenerse, esto era lo más despacio que podía ir en semejante estado sin perder la cabeza y volverse un animal en todo el sentido de la palabra. Además el ir despacio, en su punto de vista, tenía cierto punto masoquista que le gustaba.
Debía de sacarle el lado bueno, disfrutaba lo mismo a un ritmo lento donde su mente estaba centrada en guardar recelosa cada vivencia que estaba experimentando con la Hyúga en esa cama. Y no sabía si era por ese compás que seguía, o por los años sin clavarle a ninguna mujer su miembro, solo podía decir que estaba a punto.
Intentó tragar, pero se quedó en eso, en un intento cuando un escalofrió la recorrió por entero, oprimiendo sus paredes inconsciente y arqueando aún más sus caderas para que no dejara de golpear ese punto que en su vida había llegado a estimularse tanto.
Tomando aire de la mejor forma que pudo teniendo en cuenta su situación, empojó su cabeza para abajo mientras lo abrazaba por la espalda y lo besó para no gritar y que sus vecinos, por casualidad, pudieran oírla y descubrir que noche en compañía estaba pasando. Explotando en ese mismo momento cuando sintió ese fuerte disparo de calor cuando Gaara eyaculó con un bramido escapado de sus labios tomados, llevándose consigo su propio orgasmo a los segundos después.
Ni siquiera se dio cuenta de cuando su cuerpo, pesado y pegajoso de sudor, cayó sobre el suyo, al tiempo que buscaban normalizar la respiración y la lluvia seguía con la misma fuerza que con la que empezaron hace veinticinco minutos en la cocina. Recordaba su cara siendo besada en cada lugar donde pudiera llegar, un par de palabras aduladoras dichas con palpable cansancio y el sueño venciéndola junto a él.
Aún unidos.
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Abrazó su cuerpo desnudo, apegándose a ella y dejando su mano posaba en su liso vientre, cerca de ese lugar que lo gran parte de la noche lo acogió hasta que ella, dormida en un sueño profundo e inquebrantable por la fatiga que daba el acto sexual, dio por terminado al darse la vuelta en el colchón.
Su redondo trasero cobijó entre sus nalgas su semi erecto falo, produciéndole un siseo con sus dientes cerrados ante el deseo que despertaba de nuevo en su cuerpo. Maldijo con la mente, lo sencillo que sería levantarle la pierna derecha y meterse de nuevo en su calor, apresarle un pecho que apenas podía caber en una de sus manos.
Debía parar de pensar en esas cosas, Hinata necesitaba descanso, y por amor de Dios, habían follado hace poco, eso debería bastarle para estar satisfecho durante un tiempo. Veía cuan equivocado que estaba, ahora que había tomado su cuerpo, quería tenerlo otra, y otra vez.
En definitiva, un lado nunca antes visto en su personalidad dio a luz esa noche de tormenta, sobre las mantas que él se encargó de sacar bajo ellos y cubrirlos del frescor que otorgaban los días de lluvia.
Estaba claro que iba a disfrutar todo lo máximo que pudiera de su hembra a partir de hoy día, no solo en el sexo por supuesto. Así que, por esta ocasión debía aclarar la cabeza y desconectar su bajo vientre de la tentadora idea de despertarla y comenzar una nueva ronda entre suspiros, para centrarse en lo primordial antes de que amaneciera más y tuviera que marcharse hasta un nuevo crepúsculo.
O eso pensaba hacer si su teléfono móvil no empezara a sonar en sus descartados pantalones informando de que tenía unos cuantos mensajes nuevos, agitando el sueño de la peliazul por el ruido y su pequeña turbación en la silenciosa y tranquila habitación en la que no se escuchaba más salvo las gotas contra las ventanas dela casa y la respiración acompasada de los dos.
Levantó el brazo y el móvil salió disparado del pantalón hacia su mano con la ayuda de la telequinesis*. Dándole una mala sensación en la boca del estómago cuando vio que eran tres mensajes, siendo uno de ellos del mismo número secreto de la otra vez que correspondía con la secretaria de la suprema.
Algo le decía que nada bueno iba a salir de ese mensaje, su instinto se lo decía. Y deseó que fuera una de esas ocasiones raras donde se equivocaba y no fuera en realidad nada. Miró el rostro placido de ella, estrujándole el corazón que le pasara algo y la perdiera cada vez que algo relacionado con los de arriba exigieran llamarlo.
Dejó de lado el móvil, puso el aparato sobre la mesa de noche y volvió a girarse como estaba antes de los pitidos y llevar, como si lo estuviera haciendo toda la vida, los brazos alrededor de ella.
Ya contestaría más tarde los mensajes que le hubieran mandado su hermana y Naruto, lo importante era exprimir al máximo el tiempo, porque en dos horas tendría que marcharse por su dejaba de llover y salía el sol.
Insuficiente era el tiempo que pasar en su compañía. Nunca bastaría para dejarle complacido. Jamás se quedaría conforme, lo sabía, pero no estaba molesto por ello. Era por Hinata después de todo.
Su mujer en todo derecho al fin.
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*Belcebú: Nombre del demonio que personifica al pecado capital de la gula.
*Telequinesis: La capacidad de poder mover objetos con la mente sin necesidad de usar las manos. Se dice que los vampiros tienen esta habilidad, junto a muchas otras que ya habéis leído en el fic y que quedan por aparecer.
Saludos a todos este mes de febrero, pensaba publicar este capítulo para san Valentín porque no se me ocurría nada para el 14, pero gracias a una pequeña idea que se me ocurrió, pude subirlo hoy mismo y empezar con el pequeño drablle romántico del domingo que viene.
Ya estaréis contentos, el lemon que muchos, por no decir la gran mayoría de los lectores (contados con la mano los que no) habéis pedido e incluso atrevido a obligar, está hecho. No se cómo tomareis lo que voy a deciros, pero el lemon de esta historia debería de haber sido escrito hace más de diez capitulo atrás, ¿Por qué sale ahora? Muy sencillo, cansada de leer una y otra vez que pedís lemon en los review, lo he retrasado hasta que habéis dejado de insistir.
Así que ya sabéis, quien avisa no es traidor, si queréis un lemon, esperáis a que llegue, si no, lo retraso. A nadie le gusta que le obliguen ni le metan prisa, y yo no soy excepción. Aun así espero que os haya gustado y esté a las expectativas de cada uno, y que ya que habéis insistido tanto, tengáis el detalle de decirme que os parece.
Contestación a reviews de usuarios sin cuenta:
-Guest 27 ene: Me alegro entonces de que tuviera ese error y empezara a gustarte el Gaahina, no somos muchos losaficionados a ellos dos como pareja a pesar de que es adorable y muy bonita.
Gracias por el review.
-Gaahinaforever: Te dio tiempo a felicitarme en el día correcto, tranquila xb. Mis favoritos son muy obvios, los dos primeros por lo menos, Gaara, Hinata y Shino en ese orden. Gaara como vistes sabe cómo sacarse al lobito de en medio si es necesario, nadie le iba a interrumpir la noche sabiendo que cosas sucederían con ella.
Hay que tener paciencia, si no fíjate lo que puede ocurrir, no solo conmigo, también con cualquier otra historia que sigas.
Gracias por el review.
-Dolunay: Espero que te haya dado tanta o más ilusión haber leído esta nueva notificación en tu correo, es un capitulo con mucha sustancia y esperado después de todo ;)
Gracias por el review.
-Tsubaki2345: Vamos a ver, solo ha paso un límite de tiempo de dos o tres meses desde que hablé de la longitud de su pelo hasta este, en tres meses no te crece el pelo desde los hombros hasta el trasero. Obviamente que lo sigue teniendo de melena.
Y lo vuelvo a decir, nada de prisas.
Gracias por el review.
-Guest 22 enero: Pues espero que hayas disfrutado de la lectura, me ha costado muchísimo escribir esa parte, los lemons no se me dan tan bien como los lectores se creen, son complejos de escribir.
Me alegra haberte inducido al lado Gaahina de la fuerza, siempre son bien recibidas fans de esta pareja en el fandom. Y por Dios, mujer, no me como a nadie, puedes dejar un review cuando quieras xD
Gracias por el review.
Hasta el próximo capi. Cuídense. (L) Y dulces mordisquitos.
Publicado el 7 de febrero de 2016.
