Hola amigas! aqui ando con otro cap, espero les guste... y no les quede a deber nada... besos...
Besos y Abrazos a mis hermanas que las tengo bien abandonadas... las amo...
Disclaimer: Nada es mio... no, nadita... en serio!
Vivan los Sly!
Enjoy!
ATAQUES
Las vacaciones de navidad llegaron ante la angustia de Altair, quien sabía que Draco no tenía otra más que ir a Malfoy Manor. Ella había querido irse con él, pero Theodore casi le había ordenado que se fuera con los suyos, pues era muy peligroso que ella estuviera tan cerca de Voldemort. Por más que la chica había puesto resistencia a esa petición, las miradas apesadumbradas de los dos chicos le habían calado tan hondo, que se había sentido estúpida y egoísta por solo pensar en ella. Finalmente, y después de casi una hora de berrinches por su parte, Altair había levantado la barbilla obstinadamente y se había despedido de ambos, rumbo a la salida de su Sala Común. Necesitaba caminar un poco para despejar todos los malos pensamientos que se arremolinaban en su mente.
Momentos después, justo al dar la vuelta en uno de los pasillos, se había topado con Harry, quien solamente la había mirado fijamente y se había pasado de largo, sin siquiera detenerse ante su llamado. Altair había percibido los sentimientos de enfado y tristeza que emanaban del Gryffindor, pero como buena Slytherin, si el chico no quería hablar con ella, no lo obligaría. En esas estaba cuando se encontró a Luna, de pie frente a uno de los ventanales, observando el Bosque Prohibido en la distancia.
-Hola Luna, ¿Estas bien?-dijo, observándola preocupada.
La rubia la miro como si no la hubiera visto nunca, para, segundos después, enfocar su mirada nuevamente en el Bosque. Altair frunció el ceño, ya enfadada de que todos la ignoraran. Iba a replicar cuando la suave voz de la rubia la detuvo.
-Solo estoy pensando… ¿Tu crees que yo le guste a Zabinni?-dijo, clavando sus ojos azules en los grises de Altair- El fue muy amable conmigo, y cada vez que pienso en el siento como si miles de nargles caminaran en mi vientre…-agrego, volteando nuevamente hacia el Bosque, dejando a Altair descolocada y sin pronunciar palabra.
-Ven, vamos a caminar…-dijo cuando se hubo repuesto de su asombro, tomando a la rubia de la mano y guiándola hacia la salida.
Caminaron rumbo al Bosque Prohibido, ambas en silencio, cada una con sus pensamientos. En la mente de Altair rondaba, como un aguijón, la manera en que Harry la había visto, con tanta indiferencia, como si no fuera nada. Sin darse cuenta, llegaron al Bosque Prohibido, y mientras Altair buscaba un lugar donde sentarse, Luna se adelantaba un poco, introduciendo su mano dentro de uno de sus bolsillos, sacando una verde manzana. De improviso, una oscura figura se poso delante de Luna, y cuando Altair le vio, se le fue el aliento del susto.
Altair se quedo pasmada ante la imagen frente a si. Veía a Luna dar de comer a varios animales de aspecto tenebroso, pero ella los trataba como si fueran tiernos e inofensivos. Sonrió ante la inocencia de su amiga, preguntándose si la guerra le permitiría conservar esa inocencia intacta. Se acerco hacia ella, tratando de integrarse a la bizarra escena. Luna le paso una manzana, mientras ella la tomaba y se la ofrecía a un pequeño Thestral, quien la había olisqueado al principio y después, la había hurtado de su mano para comérsela.
Pasado el susto, Altair había reído contenta, mientras acariciaba la cabeza del pequeño animalito, observándolo comer ante la atenta mirada de la rubia.
Como atenta la que la observaba a lo lejos, preguntándose como era posible que ella pudiera verlos, recordando apenas que ella había visto morir a su abuelo, sin saber que varias noches atrás, Altair había sido testigo de un escalofriante asesinato. Los ojos verdes chispearon de tristeza, sintiéndose culpable una vez más, pues no había hecho nada por evitar que Bellatrix asesinara a Vladek Valerius.
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Altair bufo una vez mas, enfadada por la actitud de Harry. Había sido ignorada una vez mas por el Niño-que-vivió, y eso ya le estaba cayendo muy mal. Inclusive el chico, quien no soportaba las atenciones exageradas de la chica Weasley, se había pasado toda la tarde, desde que habían llegado a la madriguera, riendo y hablando con ella. Ginevra la había observado con un deje de triunfo en los ojos, y ella había rodado los propios, exasperada por el gesto de la otra. Sabía bien que Ginevra la odiaba, pero a ella le tenía sin cuidado lo que la pelirroja sintiera o dijera de ella, siempre y cuando no se metiera con sus seres queridos, o ella se lo haría pagar.
Había tomado su abrigo, y con un "Ahora regreso" gritado a todo pulmón, se había encaminado hacia la casa de Luna. Xenophilus Lovegood le había abierto la puerta, sonriendo divertido cuando la reconoció, comenzando a hablar sobre un posible viaje en búsqueda de quien sabe que animal perdido. Altair sonrió agradecida por el cambio de ambiente, y tomo rumbo hacia la planta alta de la casa, hacia el cuarto de Luna. La rubia se encontraba tirada sobre su estomago en el suelo, leyendo un libro. Apenas levanto la vista hacia ella, y volvió a la lectura. Las siguientes horas, Altair se mantuvo en silencio leyendo un libro muggle, agradecida en demasía por ese tiempo en el que pudo estar en paz, olvidando todo el horror que a sus cortos años de vida ya había vivido…
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Altair:
Ya me estaba cansando de no tener ninguna noticia ni de Theodore ni de Draco. Me enfurecía su mutismo, pues ya habían pasado varios días y de ellos ni sus luces. Y sinceramente, mi ira era más miedo y angustia por su suerte que otra cosa, pero yo tenía que aparentar.
Justo esa tarde tuve una pelea con Harry y Ronald, quienes nuevamente trataban de llenarme la cabeza con tonterías sobre Draco. Si supieran lo que yo había presenciado, no creo que quisieran volverme a dirigir la palabra. La rabia se me había subido a la cabeza y perdí mi característica frialdad Slytherin, comenzando a gritarles cosas que ya ni recuerdo que eran. A cada palabra que de mi boca salía, el semblante de Harry se tornaba más lívido y rabioso. Estuvimos a punto de sacar las varitas, pero gracias a la intervención de Hermione solo quedo en miradas resentidas. El aire comenzó a faltarme y decidí salir de la casa dando un portazo, tratando de hacer que mi ira amainara.
Camine algunos metros, escuchando a mi espalda la voz airada de Harry, quien me llamaba. No me detuve, seguí caminando obstinadamente rumbo a la casa de Luna, cuando unos metros más allá del final de la propiedad Weasley, unos estallidos me hicieron voltear. A lo lejos, una enorme llamarada se extendía por todo el techo de la madriguera, y gritos e impecaciones soeces me eran llevadas por el viento que había comenzado a rugir a mí alrededor.
Corrí de regreso, deteniéndome en seco cuando una risa enloquecida se escucho en la oscuridad. Enfoque bien la vista y la observe, Bellatrix Lestrange reía estridentemente frente a la edificación envuelta en llamas. Salió corriendo hacia el pequeño pantano adjunto a la casa, seguida por Harry, quien le apuntaba con su varita en alto. Remus y Nimph corrían detrás de el, llamándolo a voces. Recupere el movimiento en mis piernas, comenzando a correr detrás de ellos, sacando mi varita en el acto.
De improviso, frente a mi se materializo una figura alta y oscuramente siniestra. Levante la varita dispuesta a mandar un hechizo, pero en ese momento la figura se quito la mascara y bajo su capucha. El alma se me fue a los pies cuando reconocí mis amados ojos azules, los cuales me miraron con pena, y le sonreí levemente, adorándole con mis ojos. Me arroje a sus brazos, que me recibieron en un abrazo estrangulador, mientras yo buscaba sus labios con avidez, tratando de beber de ellos la vida que me había estado faltando todo ese tiempo.
Sus manos se enterraron en la tierna carne de mis brazos, buscando sentir mi piel con desesperación, devorando mis labios con hambre contenida. Aunque el aire comenzaba a faltarme no quería separarme de esa boca que me hacia ir del cielo al infierno en segundos. A lo lejos, escuche unos pasos apresurados, y el sonido de las voces de mi padre y Remus se colaron con dificultad en mi conciencia.
Me separo a regañadientes de su cuerpo, y con un ahogado "Te Amo", desapareció de mi lado, dejándome los brazos dolorosamente vacíos. Maldije como nunca a mi suerte, pero tuve que recomponerme rápidamente, pues mi padre y Remus llegaron a mi posición, observándome fijamente. Camine dignamente, pasándolos de largo sin responder a sus preguntas mudas, hasta llegar frente a la estructura del que había sido un hogar tan querido, y que ahora estaba cayéndose en pedazos. Nadie se percato de mi aspecto, o al menos eso quise creer, pero las miradas perspicaces que me lanzaban Tonks y Mione me hicieron preguntarme que tanto me veían.
Me quede sin aliento cuando Mione me pregunto:
-No se como luchaste, pero a ese mortífago debiste acabártelo a besos… y por el brillo en tus ojos, creo que te ha gustado…-
Me sentí enrojecer hasta la punta de mis oscuros cabellos, mientras el calor que sentía en el cuerpo se confundía con el que emanaba de la casa, la cual en esos momentos ya estaba prácticamente consumida por el fuego. Y así siguió durante un tiempo mas, en el cual Molly Weasley sollozaba en silencio, mientras su esposo y sus hijos trataban de confortarla, y yo, parada junto a Hermione, trataba de evitar la mirada acusadora de Harry…
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El regreso al castillo fue raro.
En cuanto subí al tren, busque con celeridad el compartimiento de los Slytherin, ante la mirada reprobatoria de Harry, a quien ya era común verle continuamente molesto conmigo, y los sentimientos de enfado hacia mi eran tan palpables, como el abrigo que en esos momentos ceñía mi cuerpo, los cuales fluctuaban entre el resentimiento, pasando por la melancolía y luego, nuevamente la ira.
Camine de compartimiento en compartimiento, buscando a los chicos. Ansiaba ver nuevamente a Theodore, pero sobre todo, a Draco, a quien extrañaba horrores y sus escuetas cartas me habían hecho ponerme más nerviosa aun. Me quede de pie observando hacia la nada. El recuerdo de lo ocurrido con la Madriguera llegó con fuerza a mi mente, dejándome por un momento sin palabras.
El sonido de mi nombre en una voz grave y profunda me sacó de mi ensoñación. Volteo hacia donde sale el sonido y veo a Zabinni mirándome con una de sus indescifrables miradas, la media sonrisa bailando en sus labios. Le sonrío de vuelta para mostrarle mi simpatía, mientras con un elegante gesto de su mano enguantada me indica que le siga.
Se detiene frente a un compartimiento un poco mas alejado al que yo me dirigía, y caballerosamente me cede el paso. Abro la puerta y en cuanto le veo, el aliento abandona mi cuerpo. Se pone de pie para recibirme, con los brazos abiertos y la sonrisa franca bailando en sus sonrosados labios. Su cabello rubio esta algo mas largo, le cae un poco por el rostro, dándole un aire muy sexy. Me lanzo a sus brazos y cuando mi nariz se impacta contra su pecho, mis fosas nasales automáticamente aspiran su aroma.
Mis brazos se enroscan alrededor de su estrecha cintura, acariciando su espalda. Nunca lo había visto así, tan bello, tan varonil, tan… torturado. Ha crecido varios centímetros, ahora me saca una cabeza y media. Sus músculos trabajados se revelan por debajo de su fina y costosa ropa. Mis manos sienten las flexiones en su espalda cuando me envuelve en un apretado abrazo, mientras su nariz se entierra en mis cabellos.
Me maravillo al ver sus hombros ahora más anchos, sus caderas estrechas, la espalda más amplia. Me separa un poco de su torso, observándome con fijeza, buscando alguna diferencia en mi semblante. Le sonrío con la sonrisa más grande que tengo y él me contesta con una igual. Su frente se apoya en la mía, consiguiendo conectar nuestros ojos, y con un suspiro que envía su cálido aliento mentolado sobre mis labios, me da un rápido beso y susurra:
-Te eche de menos-
Y entonces una alarma dentro de mi cabeza suena, pero no consigo saber que es lo que quiere decirme. Siento subir un calor exquisito desde mi vientre hasta mi corazón, pero ignoro la sensación. Le abrazo mas fuerte mientras entierro nuevamente mi rostro en su pecho, como una niña pequeña, buscando su aroma con mi nariz, tan parecida a la suya.
-Yo también te eche de menos Draco-contesto.
Y nos quedamos así eternamente, sin darnos cuenta de que ya no estamos solos, pero nada mas en el mundo nos importa, nada mas que nosotros dos.
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Me detengo para llevar un poco de aire a mis pulmones. Mis ojos están llenos de lágrimas, las cuales han comenzado a deslizarse por mis mejillas y van dejando rastros helados por ellas. Theodore me toma entre sus brazos y me susurra cuanto me ama al oído. Le sonrío con complicidad y le digo "Yo también". Si pusiera más atención, vería que ya no contesto "Te Amo" igual que antes. Algo ha cambiado, pero yo no me doy cuenta que.
Draco se ha separado del grupo, y mientras tanto, Pansy se dedica a hacerle la vida imposible a algunos chicos de otras casas. Por el rabillo del ojo me doy cuenta que llegamos a Honeydukes, y se que no puedo evitar que mis ojos brillen de felicidad. Camino hacia la tienda, remolcando a Theodore quien ya sabe mis intenciones. Blaise me observa divertido, y haciéndome un gesto, se encamina un poco mas allá de nosotros, moviéndose discretamente. A lo lejos veo una cabellera rubia enmarañada, y solamente sonrío.
Llevamos aproximadamente una hora en Honeydukes, y aunque Pansy ya se ha fastidiado, Theodore solamente me observa divertido, esperando pacientemente a que me decida que es lo que quiero comprar. Vince y Greg me han llenado la bolsa con chocolates, pero se que es mas porque ellos quieren comérselos, que porque en realidad sean para mi. Draco entra en esos momentos a la tienda, se ve un poco agitado y bajo su abrigo oscuro alcanzo a ver una ligera capa de sudor en su cuello.
Me observa con el ceño fruncido, viendo la enorme bolsa a mi lado.
-No, no, no. Es demasiado Altair-
-¡Draco!-digo, haciendo un puchero.
-Te vas a enfermar…-dice Theodore.
-¡Theo!-gimoteo cruzando mis brazos.
Draco sonríe y me abraza por detrás, sabe que no tiendo a engordar así me coma todos los dulces del mundo.
-¿Por qué quieres comer todo esto? Madre nos envía mejores dulces y tú lo sabes…-
-Si pero nos duran taaan poco…-digo teatralmente.
El suelta una carcajada divertida, mientras Theodore y Pansy lo imitan. A nuestro alrededor, los demás chicos nos observan sorprendidos, pues no es nada común ver a Slytherin de nuestro calibre reír así en público. Nosotros simplemente los ignoramos y continuamos con nuestra charla.
-¿Entonces?-digo, haciendo mi puchero característico.
Draco rueda los ojos, mientras deja caer la cabeza derrotado. Grito un "Sí" y Vince y Greg comienzan a echar más chocolates a mi bolsa, mientras yo sonrió feliz.
Definitivamente, soy su debilidad…
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Íbamos de regreso al castillo, cuando frente a nosotros sucedió algo que me helo la sangre. Una chica cayó al suelo de improviso, comenzando a convulsionar, mientras se elevaba al cielo, gritando como posesa.
Theodore me tomo entre sus brazos, protegiéndome instintivamente. Volteé a mí alrededor y todos los Slytherin estaban ya a mis costados, dejándome justo en medio, protegida de cualquier hechizo, las varitas ya entre sus manos, listas para entrar en acción. Saqué mi varita, mientras hacía a Theodore a un lado. Se queda observándome sorprendido, e inmediatamente después, su boca se convierte en una fina línea, ya en tensión.
Caminé hacia donde estaban Ronald, Hermione y Harry, y apenas iba a proferir una palabra, cuando la chica cayó al suelo, nuevamente en convulsiones. "Hagan algo", grita una chica castaña un poco mas alejada de nosotros.
Me preparé para lanzar un hechizo, apuntando con mi varita hacia la chica, repasando mentalmente mi historial de ellos, cuando la enorme mano del semi-gigante Hagrid me detuvo. Clavé mis ojos grises en los suyos castaños, mientras le veía negar con la cabeza.
-No la toquen-dijo, mientras la levantaba en vilo, como si no pesara más que una pluma.
Caminamos detrás de el durante algunos momentos, y cuando llegamos al castillo, la Profesora Mcgonagall y el profesor Snape ya nos esperaban en la puerta. Caminaron hacia la enfermería, mientras nosotros nos quedábamos ahí, comentando el suceso. Observé a Draco ponerse más pálido de lo normal, pero lo atribuí a lo vivido recientemente.
Que lejos estaba yo de imaginar, que precisamente en quien yo mas confiaba, era el principal causante de que la chica estuviera tan mal…
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Febrero llegó con la ilusión del día de San Valentín. En esta ocasión, las cartas y obsequios habían llegado desde el primer día del mes. Tanto a Draco, como Pansy, Theodore, Blaise y yo misma, habíamos sido bombardeados con obsequios a diestra y siniestra. Desde chocolates, hasta cartitas habían ido haciendo una pila cada vez mas grande a un costado de mi cama, pero claro, yo no iba ni siquiera a tocarlas, quien sabe que hechizo o poción traerían encima.
La mayoría de los Slytherin somos desconfiados por naturaleza, y ninguno de nosotros hizo caso a la enorme cantidad de cosas que nos llegaron con motivo de ese mes. Somos demasiado astutos para caer en esas trampas. No así los demás.
Y eso quedo asentado cuando Ronald Weasley casi muere envenenado por unos chocolates que "alguien" le mando. Esa es la versión oficial, pero Hermione me dijo que habían tratado de envenenar a Dumbledore, y entonces ahí si me asusté. Me llevé casi toda esa semana pensando quien querría asesinar a un mago tan poderoso como Dumbledore, y con métodos tan sosos e inútiles. Seguramente sería un idiota Hufflepuff, porque un Slytherin no sería tan tonto, ni tan obvio.
Después de ese incidente, la relación entre Hermione y Ronald entro en un período de calma, pues el pelirrojo dejó su relación con Brown y ya se veía mas tranquilo, al igual que Mione, quien sonreía feliz. Harry por fin se había dignado a dirigirme la palabra, y cuando lo había hecho, me había explicado sus verdaderos motivos. Hombres.
Ya nuevamente en buenos términos, habíamos hablado y hablado sobre la forma mas conveniente de hacer que Slughorn le dijera sobre el recuerdo de Voldemort. Y lo único que se me ocurrió fue sugerirle que usara una poción.
De suerte que aún no había gastado la Felix Felicis, si, fue una verdadera suerte…
Gracias mil por leer...
