Harry Potter: pertenece a JK Rowling.
Las Crónicas del Campamento Mestizo: pertenece a Rick Riordan.
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Todo iba bien, solo era cosa de seguir el medallón con complejo de araña, hasta que Percy y Hermione, se tropezaron con unas ramas, cayendo al suelo y distrayéndolos a todos.
― ¡El medallón! ―gritó Hermione, pues el jodido medallón-araña no parecía tener la paciencia para esperarlos.
― ¡Petrificus Totallus! ―exclamó Harry sacando su varita, logrando detener el medallón. Todos suspiraron más tranquilos, el hijo de Poseidón y la nieta de Lytir se pusieron de pie.
Ante todos, apareció el director Dumbledore, cosa que asombró a los alumnos de Hogwarts y a los demás.
―Disculpe, señor ―dijo Annabeth― ¿Quién es usted?
―Soy Albus Dumbledore, soy el director de la escuela mágica, a la cual asisten Mary, Hermione, Lou y Harry ―dijo el hombre, antes de lanzar una luz dorada a la araña ―Ahora, irá más... lenta, no tan lenta como para que ustedes se exasperen, pero sí lo suficiente, como para que no la pierdan de vista nuevamente ―comentó y Desapareció, Albus volvió a su oficina en Hogwarts, pero pronto vio como todo a su alrededor adquiría un color azul, desde tonos cian, pasando al azul oscuro convencional, sacó su varita y comenzó a rebuscar, pero sin poder encontrar a aquel que estaba provocando aquello, se giró nuevamente, encontrándose con un hombre de cabello rubio el cual llegaba hasta más sus hombros, ojos castaños, tenía un traje de gala negro y una corbata azul ― ¡Expulso! ―gritó, el hombre retrocedió solo algunos centímetros.
―Dime lo que quiero saber, Albus ―pidió el hombre, con una voz calmada, pero al mismo tiempo tenía el ceño fruncido, por tal arrebato por parte del anciano, alzó su mano y el brillo abandonó los ojos de Dumbledore.
―Los Semidioses, buscan a Dédalo ―dijo con una voz monótona.
―Gracias, hijo ―dijo el hombre con una sonrisa leve ―Mitad mortal y mitad titán… ¿Eres un dios o un Semi-Titán? ―se preguntó, antes de desvanecerse.
―Maldito seas… padre ―gruñó ―Ceo: Titán de la curiosidad y la adivinación de las estrellas.
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―Este es el camino ―dijo un feliz Grover ―Estoy seguro. Puedo sentirlo.
― ¿Es realmente por aquí, Grover? ―preguntó Ariel confundida.
―Oh, lo lamento mucho ―dijo el Sátiro, con una pequeña sonrisa ―Me refiero a que… Pan está por aquí, en algún lugar.
―Espero que tu intuición sea cierta ―dijo Lou desgarrada, tragó saliva ―Que Tique te guie en tu camino, Grover.
―Que Tique les auxilie ―dijo Grover, sin perder de vista la araña ―Dense prisa ―los demás asintieron y Grover tomó otro camino.
―Él puede sentir a Pan ―dijo Harry.
―Ojalá nosotros pudiéramos sentir a Dédalo ―se quejó Percy, quien comenzaba a perder las esperanzas ―Annabeth lo abrazó fugazmente y el grupo continuó caminando.
―Incluso los Semidioses podemos hacer magia, aun si nuestra madre no es Hécate ―dijo Ariel, así como quien comentaba el clima y todos la miraron ―Una de las magias más sencilla, es la Transformación. No es fácil de aprender o practicar. Necesitas de una gran cantidad de tiempo y entrenamiento. Debes visualizar en qué deseas que se transforme aquello que tienes delante, debes verlo cambiar de textura, luego de forma y de tamaño ―Ariel les enseñó un estilo de magia usado en el continente africano, sobre todo el Uagadou: Con gestos de las manos.
Los muros de piedra, de piedra negra hace ya 866 pasos, comenzaban a adquirir un brillo candente y un aire enrarecido. Finalmente, llegaron a la fragua del dios, encontrándose a unas raras sombras, aquí y allá.
― "No hay forma de acercarnos más" ―susurró Percy.
― "Harry aun tiene su anillo, Mary su capa y yo mi gorra" ―susurró Annabeth― "Ocúltate, Percy" ―Percy ya no los veía, ni a sus sombras, los imagino bordeando el lago de lava que había ante sus ojos, se metió en un vagón de carga típico usado en las minas, un par de seres la empujaron y luego escuchó unas voces hablando de una película, escuchó como un reproductor viejo era encendido, entonces alguien habló, diciendo que su raza había forjado el tridente de Poseidón, el rayo de Zeus y el yelmo de Hades, eran Telquines, seres mitad marinos, mitad terrestres, los cuales tenían cabeza de perro, la parte superior de su cuerpo era un torso humano, sus manos eran palmeadas y la parte inferior de su cuerpo bien podía ser una cola de pez o de serpiente; aseguraban trabajar para Cronos, luego de ser traicionados por el Olimpo y que Hefesto se hiciera cargo de la forja de armas. Percy se enfrentó a ellos y los amenazó.
―Nueva lección: La espada que llevo en mis manos, es de Bronce Celestial, puede matar a monstruos y criaturas mágicas y desgraciadamente, vais a probar cuan útil es, ¡Si no retroceden! ―lo hicieron inmediatamente, puso en marcha reversa la vagoneta y salió de allí rápidamente, logró encontrar a Annabeth y le quitó la gorra, allí mismo llegaron los demás, pero antes de contar nada, se lo permitieron a él ―Los Telquines se han aliado con Cronos, porque el Olimpo jamás les dio el reconocimiento que merecían.
― ¿Cuál reconocimiento? ―preguntó Lou, con algo de burla y malicia.
―Ellos crearon el tridente de mi padre, ellos crearon el yelmo de Hades y el rayo de Zeus, pero es una historia no contada y tergiversada ―explicó Percy.
―Y se dice que Hefesto creó los tres ―gruñó Hermione.
―Salgan de aquí ―advirtió Percy.
―No… ―Comenzó Harry
― ¡Háganlo! ―ordenó Percy, mientras que Annabeth lo besaba en la mejilla y Percy era abandonado, atacado por los Telquines y salió expulsado hacía el cielo y luego de un extenso rato en los cielos, cayó.
Percy despertó entonces en una playa, trató de moverse, pero unas manos gentiles se lo impidieron ―No te muevas ―dijo una voz femenina ―Estás muy débil para hacerlo ―su salvadora, le dio algo del néctar de los dioses y le pasó una paño húmedo por la frente, su cabello era de color caramelo y ojos castaños.
―Gracias ―dijo el pelinegro― ¿Quién eres?
―Soy Calipso. Hija de Atlas, no te dañaré, hijo de Poseidón, gracias a ti mi padre ya no carga los cielos ―dijo Calipso sonriente y él volvió a desmayarse. Cuando despertó, llevaba otras ropas, Contracorriente en su bolsillo, oró y agradeció a su padre por la ayuda otorgada por la hija de Atlas. Hablaron un poco, principalmente como había llegado Percy hasta ese lugar, como estaba encerrada allí por ser hija de Atlas ―Mis habilidades de construcción son nulas, pero puedo ayudarte… indicarte, como construir una balsa ―ambos se internaron en la isla, hasta encontrarse ante un árbol muy ancho, ella sonrió ―Es un árbol de Baobab ―sonrió, mientras le enseñaba un par de hachas que estaban en el suelo ―No estamos ni cerca de África, pero esta isla es muy especial. La isla está ubicada en todas partes y al mismo tiempo, en ninguna.
―Es una magia muy interesante ―admitió Percy ―Multi-colocación ―comenzaron entonces a darle golpes al árbol, con tal de talarlo y hacer de él, una balsa para que él pudiera irse. ¿Cómo puedo volver a tu isla?
―Debes desear encontrarme… con todas… tus… ¡FUERZAS! ―Gritó, al tiempo que golpeaba el árbol, el mismo cayó al suelo, con un estruendo tan grande, que Calipso y Percy cayeron de rodillas al suelo, al tiempo que llevaban sus manos a su cabeza. El estruendo fue suficiente, para ensordecerlos, por unos breves momentos. ―Pero yo… no puedo salir de aquí. Este es mi castigo, un castigo que yo… ―suspiró y miró a Percy desgarrada ― ¡Ni siquiera enfrenté a los dioses en la Titanomaquia, no luché del lado de mi padre Atlas o del lado de los dioses, yo…!
―Te apartaste de la guerra ―dijo Percy siendo comprensivo.
―No soy la única, muchos Titanes se apartaron ―dijo ella. ―Los dioses no se fían de sus enemigos. Al menos, mi prisión en bella. ―Ambos vieron la isla, sin percatarse, ni Calipso, ni Percy, de que detrás de ambos había hecho acto de aparición un hombre de largos cabellos castaños― "Imposible" ―susurró Calipso, al girarse y ver al hombre ante ella. Alto, fornido, llevaba una camisa de manga larga de color blanca y un pantalón negro. Se puso de pie― ¡Padre! ―ambos se abrazaron.
― "Atlas" ―susurró Percy, ¿qué podía hacer él, contra uno de los titanes más fuertes, en términos de fuerza?
―Le has dado compañía a mi hija, hijo de Poseidón ―dijo él ―No estoy dispuesto a herirte. Hace mucho que no la veía reír. Ni ser feliz. Y tienes mi palabra, por la Estigia, de que yo no participaré en la guerra que se avecina ―sonrió ―Además: Muchos otros estarán en contra de la guerra, como tu abuela Rea ―sin más palabras, el titán ayudó a completar la balsa, mientras que Calipso era rodeada por un aura lila y luego el aura parecía resquebrajarse, causando que el mar se alborotara y Percy se alejara irremediablemente de la isla, perdiendo pronto a padre e hija de vista, sin poder hacer nada por ellos, aunque algo le decía, que no lo necesitarían. Sintió un peso en su barco, era Hefesto, quien le enseñó las noticias, en las cuales se enseñaba la noticia de la explosión causada en el volcán, por el pelinegro, quien se mostró asustado.
―Una buena explosión de volcán chico ―dijo sonriente, se volvió hacia el horizonte ―Lleva con bien a mi primo, tío Poseidón. Al Campamento Mestizo. ―Percy asintió y Hefesto desapareció en una llama.
Al tocar tierra en la playa del campamento, este parecía desierto. Desenfundó a Contracorriente y comenzó a caminar, los encontró a todos reunidos y haciendo una plegaria por un alma, mientras deseaban que llegara a Los Campos Elíseos.
―Él fue un gran amigo… ―dijo Annabeth, con claros signos de haber estado llorando. Junto a ella, estaban Lou, Harry, Mary, Hermione y Ariel ―Él fue muy valiente, él ayudó al Olimpo y al Campamento en tantas ocasiones, él… ―alzó la mirada y sus ojos se abrieron, se veía sorprendida, Percy sonrió de forma tímida, había estado desaparecido, habitando la isla de Calipso por casi una semana― ¡Está allí! ―todos se giraron, Annabeth corrió, empujando a varios campistas, solo entonces, Percy se dio cuenta de que lo habían dado por muerto todo ese tiempo. Solo contó a su equipo que acabó encerrado en una isla desierta, hasta que su padre o alguien más, le envió una balsa mágica, que le llevó hasta la playa del campamento y que aun estaba desorientado.
―Todos han dicho que yo sabía cómo cruzar y… creo que esto puede funcionar… ―Percy entonces le contó su idea.
―Estás loco ―gruñó Harry, pues el plan era una locura ―Esa explosión, no solo te jodió en el oído, también en el cerebro.
―Teseo contó con la ayuda de Ariadna.
―Estaban enamorados ―dijo Lou con una sonrisa tonta y entonces miró extrañada a Percy― ¿Quieres que crucemos el laberinto, como si fuera El Túnel del Amor de un parque de diversiones Random?
― ¡Es una locura! ―gritó Annabeth sonrojada y salió de allí.
―Te ama ―dijo Silena sonriente, todos vieron a la estricta joven ―Soy hija de Afrodita, se de lo que hablo. Solo dale un par de horas… o días, para que se calme, para que entienda que has vuelto con vida y… convéncela de que no pasó nada entre tú y la hija de Atlas ―Percy asintió, en ese momento, apareció el Centauro líder del Campamento.
―Primero, irás a ver a tu madre y luego volverás a hablar con Annabeth ―aconsejó Quirón, Percy asintió y salió al patio, yendo hasta la zona de equitación.
― ¡Blackjack! ―gritó, el Pegaso apareció.
―Hola jefe ―dijo el Pegaso― ¿A dónde vamos?
―Al apartamento ―dijo Percy, mientras cabalgaba a su amigo. Al llegar Sally se asombró de ver a su hijo parado ante ella y al Pegaso negro detrás, Percy se giró, movió sus dedos y su muñeca, el Pegaso se vio transformado en un collar.
Esa noche, Percy durmió en su habitación, su madre le llevó una tonelada de heno, él no supo cómo, ni donde la consiguió o como sabía que Blackjack le acompañaba, supuso que su padre le había dicho.
Soñó con Luke atravesando el laberinto junto a otro semidiós, pronto Luke se encontró desorientado y soltó una maldición, reveló que Quintus estaba del lado de Cronos.
―Señor ―dijo el semidiós que le acompañaba ― ¿Es cierto que entre más grande sea el grupo, es mayor la posibilidad de perderse?
―Eso me temo ―dijo Luke, siguieron su camino, usando el mapa, hasta que el semidiós dijo haber encontrado a otro mestizo y fueron a verle.
Percy mandó un mensaje al Campamento, uno a Dionisio, una copia a Quirón y otra al Olimpo, en todos dijo que Luke estaba dentro del Laberinto. A la mañana siguiente, a primera hora se encontró con Annabeth, Harry, Mary, Gwen y Lou en la puerta de la casa, ellos dijeron que él, Annabeth y Gwen necesitaban un nuevo colegio y que Poseidón había pensado en uno, Lou entregó el folleto con una sonrisa, mientras que entre todos explicaban que iban a detonar el laberinto, ante esto, contaron toda la aventura a la madre de Percy y él contó la parte que ellos no sabían, como casi causa la erupción de un volcán y que mucha gente tuviera que ser desplazada temporalmente. Sally les ayudó usando una computadora y un servicio de mapeado, mostrándoles donde estaban las marcas, Lou sonrió y enseñó una mochila llena de bombas, agradecieron por la ayuda, Percy prometió que no les tomaría mucho tiempo y volvería a la casa, a pasar un tiempo en su propia cama.
Pronto, el grupo se desplazó por casi media Manhattan, dando con las puertas, paredes, alcantarillas y cualquier cosa señalizada como una entrada al laberinto, arrojando las bombas dentro.
Harry y Mary se hicieron cargo de Londres, lograron encontrar las letras, las marcas de que aquellas eran entradas al Laberinto y firmadas por Dédalo, mientras dejaban la ultima bomba y las hacían detonar, tomaron camino hacía un parque, tras sentir la aparición de un gran número de monstruos, allí vieron a un joven peligro, siendo atacado por un grupo de Orcos, el chico había logrado matar a unos tres, pero su armadura estaba despedazada y estaba bastante cansado.
Uno de los Orcos alzó su brazo, listo para arrojarle una lanza, pero Harry fue veloz, corriendo, rodando y plantándose ante el semidiós, recibiendo la lanza en el pecho, la cual rebotó sobre su cuerpo, asombrando al chico― ¿También son Semidioses?
―Así es ―dijo Harry, mientras que se arrojaba a uno de los Orcos y chocaba espadas con él, otro Orco le golpeó con su espada, en la muñeca, abollándose la espada, pero el dolor hizo que Harry soltara su espada, pero inmediatamente sacó su Lanza y atravesó el pecho de uno de los Orcos, recogió su espada y decapitó al que se la había quitado de las manos.
― ¿Estás bien? ―preguntó Mary, luego de matar al último y ayudando al pelinegro a ponerse de pie.
―Gracias… eh…
―Mary Potter, legada de Selene.
―Ethan Nakamura, hijo de Némesis.
―Harry Potter, hijo de Hera y ella es mi media hermana ―dijo el pelinegro, señalando a Mary.
―Es un placer ―dijo Ethan, quien lucía preocupado ―Por favor: Avisen a Quirón, que seremos ayudados solo por un puñado de campistas del Campamento Júpiter. Yo… ―miró en varias direcciones ―No puedo quedarme aquí por más tiempo.
―Un espía dentro de las tropas enemigas ―dijo Mary, Ethan asintió y le dio una sonrisa algo tímida ―Hasta la próxima, Ethan.
―Hasta la próxima, chicos ―dijo él, antes de desaparecer en la espesura de la noche, mientras que ellos volvían a lo suyo.
Quizás un grupo tan pequeño, no pudiera destruir todas las entradas al Laberinto, pero el plan era solo hacerlas derrumbarse, solo un par de ellas.
Desde ese punto, ellos ganaban.
