Capítulo 19 parte 3.
Nota: continuaremos con los sufrimientos de Inuyasha, pues no puede ser un romántico empedernido de buenas a primeras. Ya verán más adelante lo que le tengo preparado para su declaración de amor. Y agradezco a todos aquellos lectores que siguen la historia, Koga, buu, Yaelinuyasha y otros, los cuales me han dado su opinión aunque no puedo comunicarme directamente con ellos. Desde aquí mi más sincera gratitud.
Varios suceso extraños han ocurrido en poblaciones cercanas a la región Oeste, el "reino" que en tierra le pertenece al Gran Señor Sesshōmaru, hijo mayor del Gran Señor y general Inu no Taishō, y heredero de esa zona. Pero, al parecer, había asuntos que lo mantenían ocupado en las regiones celestiales, las cuales son habitadas por su madre, Irasue, y las que también formarán su herencia y sus dominios. Y, por esa razón, pobladores de las comarcas cercanas habían solicitado los servicios de nuestros conocidos, dada la reconocida reputación de su Excelencia Miroku. Eso implicó el separarse de sus seres queridos en un viaje de alrededor de cinco días, aun y a pesar de que Aome se encontraba nuevamente con ellos, recién llegada de su época.
Ya llevaban dos días fuera de casa, recorriendo varias localidades circunvecinas a la conflictiva demarcación, eliminando monstruos y brindando protección espiritual. En la última noche habían descansado más cerca de esa área, y continuaron con su avance al siguiente día, topándose con más yōkais, exterminándolos e implementando barreras de energía sagrada en todas las aldeas por las que pasaron. Aproximadamente al mediodía divisaron el lugar más afectado, en el cual se sentía una gran energía maligna proveniente de las alturas.
Esto es un poco más serio de lo que creía —dijo Miroku empleando un tono serio, observando la tenue oscuridad en el lejano cielo—. No cabe duda de que a cierto tipo de yōkais les gusta ser demasiado ostentosos con su poder.
Aun no penetraban del todo en la región Oeste, pero ya estaban cerca. Miroku y Kohaku montaban sobre Kirara, e Inuyasha había tomado gran impulso y velocidad, parecía volar a su lado.
¡Keh!, puros p"#$% engreídos como el estúpido de Sesshōmaru — ladró el Hanyō sin ocultar su desagrado.
Pero lo peor de todo es que ellos no son los directamente responsables de los poblados destruidos —observó el monje con algo de abatimiento—. Y esto no se detendrá hasta que no se retiren cada uno por su lado.
¡Carajo!, cómo me encantaría topar de frente con uno de esos fanfarrones prepotentes… —Inuyasha masculló entre dientes, gruñendo por lo bajo.
Habían cruzado por diez aldeas en ruinas, en las que desgraciadamente también encontraron personas muertas, lo que les originó una gran pena y enfado. ¿Qué le encontraban los yōkais en agredir y ultimar humanos indefensos?
Más vale que te calmes, Inuyasha, no podemos subir allá arriba, es demasiado lejos —le dijo Miroku en voz de mando—. En lo que debemos concentrar nuestros esfuerzos es en cerrar el cerco espiritual e impedirles el paso hacia las aldeas restantes del área, y así evitar más desgracias a los pobres campesinos; aunque también lo más prudente sería despejar la región por un tiempo… e implorar la ayuda del Divino Señor —suspiró al final en tono de derrota.
¿Acaso me estás diciendo que…? —el de dorados ojos pareció sorprendido por esa actitud pesimista—. ¡Con una mierda, Miroku idiota, no creí que te rindieras tan rápido!... ¿dónde m#$% está el gran poder espiritual que dices tener? —preguntó burloncito.
Una vez más el Hoshi le lanzó una mirada de enfado.
¿Es que acaso no te das cuenta, Inuyasha? —le reprochó duramente—. ¡Todos estos trastornos fueron provocados por grandes demonios cuyo poder es casi invencible, y que se encuentran reunidos en las alturas quien sabe por qué! ¡Y a un grupo de yōkais cómo esos no podemos exterminarlos con lo que tenemos aquí! —e inmediatamente le hizo una mueca significativa señalándose una sien—. ¿O eso no te entra en la cabeza, eh?
¡Keh!, ya te entendí, Miroku, no tienes por qué ponerte de ese humor —espetó el aludido de muy mala manera —. Es que me da harta muina todo lo que han provocado con su reunión…
Lo sé y te entiendo perfectamente, Inuyasha, a mí tampoco me agrada —le interrumpió el joven monje visiblemente más calmado—. Lo único que nos queda es esperar que Sesshōmaru dé por finalizada la "fiesta".
Disculpe, señor Inuyasha, yo sé que usted es muy fuerte y hábil pero… — intervino Kohaku un tanto apenado, tartamudeando un poco—… si en lo alto hay otros grandes demonios como el Señor Sesshōmaru, no tendría muchas posibilidades ni utilizando el "Meido Zangetsua"… usted ya lo vio esquivándolo.
¡Keh! Ni sigas, Kohaku… no es necesario decir más —bufó el semidemonio no muy contento con esa observación, y decidió quedarse callado.
Estuvieron un día más cazando y exterminando demoniacos monstruos, creando barreras espirituales y reconfortando a los aldeanos asustados por tanta actividad maligna, y cobrando bastante caro por ello.
No os preocupéis por nada, mi estimado patriarca —le dijo Miroku al mayor de la aldea en la última población visitada—, estaremos de regreso en unos quince días para comprobar que todo haya vuelto a la normalidad… y recibir también nuestros honorarios —culminó en tono más bajo guardando cuidadosamente el "pagaré" que le habían dado en garantía por sus servicios, tal como hiciera en los otros pueblos—. Así que ya pueden estar tranquilos.
Oh, Su Excelencia, se lo agradecemos tanto —le dijo el buen hombre inclinándose respetuosamente frente a él—. Y en compensación por el pago, serán atendidos con esmero por algunas de las más bellas jóvenes de nuestra aldea… por favor, muchachas, no hagan esperar a su Excelencia —añadió con solemnidad, dándole paso a unas personitas.
Eran como seis mujercitas, no mayores de quince años aunque las habían arreglado para que aparentaran más edad, las cuales dedicaron una coqueta caída de pestañas al apuesto monje. La expresión que se dibujó en el rostro de Inuyasha era bastante clara, pensando en que tal vez el aprovechado de su amigo tomaría la ocasión para desahogar sus ocultas pasiones debido a la rigurosa cuarentena; Kohaku se avergonzó en extremo, esperando que su cuñado no metiera la pata… no le perdonaría si se atrevía a engañar a su hermana, y ella era capaz de hacerse auto viuda si llegaba a enterarse de alguna jugarreta por parte de su esposo. Y Kirara maulló muy bajito, dando su opinión al respecto y, al parecer, estaba de acuerdo con todos.
Venerable patriarca, es usted muy amable con su hospitalidad —más el joven Hoshi sonrió levemente después de admirar a las doncellas con un poco de atención, repitiendo la breve y respetuosa reverencia ante el anciano—, pero únicamente deseamos cenar y descansar, ya que mi hermosa mujer y mis tres hijos me esperan en casa. Mis lindas señoritas, se les agradece por sus atenciones… —y se dirigió galantemente a las mujeres.
Está bien, Su Excelencia —dijo el señor de la casa, un tanto apenado por lo que se había propuesto a hacer, y se dirigió a su servidumbre—. Preparen de cenar para Su Excelencia y sus ayudantes, y dispongan de una buena habitación.
El joven exterminador se guardó un suspiro de alivio por esa actitud tan prudente de parte de su cuñado, e Inuyasha sólo levantó una ceja… debía admitir que las mañas de su camarada ya eran únicamente con su amada esposa. Lo único que no le agradó es que lo confundieran una vez más, como si él fuera un "lacayo" de un monje abusivo y embaucador. Cenaron y se instalaron para descansar, ya que al siguiente día partirían a la salida del sol.
Bien, muchachos, creo que se hizo lo que estuvo a nuestro alcance —comentó Miroku en entonación relajada y conformista cuando ya iban de regreso a su hogar—. Todo depende de Sesshōmaru ahora, ya que los monstruos seguirán alborotados mientras duren las condiciones que los hicieron moverse… Por cierto, Inuyasha, ¿siempre irás a ver a Totosai? —y se dirigió cortésmente al semidemonio.
En estos momentos deseo más que nunca toparme con ese altanero de Sesshōmaru —respondió el aludido utilizando su tono habitual de altanería, tronando meticulosamente las garras—. De alguna forma tengo que saber que mierda lo tiene tan ocupado.
Viajaban como siempre sobre el lomo de Kirara en su forma original de pantera voladora, llevando también algunos huesos y pieles de yōkais que utilizarían para la escuela de exterminadores. Antes que nada volverían a casa para saludar a la familia, y más tarde irían al fuerte para guardar los aditamentos.
Mmm… sólo te recomiendo que no vayas a provocarlo —le pidió su amigo con algo de preocupación—. Y, si no llegarás a encontrarlo, lo verás mañana en la aldea, pues ya casi es luna nueva.
¡Keh, ni en sueños veré a ese idiota convertido en humano! —bufó el Hanyō con bastante molestia—. Espero verlo hoy o voy a tener que buscarlo después por la zona... Mejor dile a Aome que tardaré un día más y que no vaya a preocuparse —agregó antes de desviarse rápidamente de la ruta, tomando dirección hacia la zona volcánica habitada por Totosai.
¡No os tardéis más de lo debido o la señorita Aome puede reprenderte con dureza! —el joven monje de ojos azules le gritó a modo de despedida.
Ya al atardecer, Inuyasha llegó donde Totosai y percibió con el olfato aquello que quería ver, pues el sutil olor de Sesshōmaru flotaba en el aire. Jaken se encontraba muy cerca del acceso a la guarida del herrero yōkai, y su expresión reflejaba temor, mirando nerviosamente en todas direcciones.
Oye tú, feo renacuajo verde, ¿me quieres decir qué carajo pasa en la región Oeste? —el semidemonio le habló bastante golpeado al acercarse a su posición, considerándolo un saludo suave, consiguiendo que el pequeño demonio diera un brinco del puro susto, pues no se había percatado de su presencia.
¡Ay, mamacita, amo Sesshōmaru, nos atacan, nos ata…! —fue el desaforado grito de Jaken, y por poquito aterriza en un charco de lava. En cuanto se fijó de quien se trataba hasta abrió de más el pico—. ¡Inuyasha!, ¿qué haces aquí? —le preguntó haciéndose el valiente—. Menos mal que sólo eres tú… por un momento creí que se trataba de… —suspiró aliviado limpiándose la frente con el dorso de la mano.
¿Acaso Sesshōmaru esperaba a alguien? —preguntó el joven de plateada cabellera con curiosidad, para después levantar bruscamente al pequeño yōkai por la solapa de su traje, hablándole con aspereza—. ¡Más te vale hablar, Jaken, o puedo descuartizarte en este mismo instante con mis garras!
¡Eres un abusivo! ¡Suéltame! —el minúsculo demonio verde consiguió hablar con enfado a pesar de que sentía que se ahogaba con la presión—. ¡Yo no tengo porque hablarte de…!
Y tanto uno como otro recibieron un fuerte golpe en la cabeza, lo que provocó que el pobre sirviente se desplomara con tres chichones en lo alto de su pequeña y redonda cabeza, y el Hanyō lo soltó para sobarse la frente. El Daiyōkai ya se había percatado de su aparición aun antes de que llegara y, por la expresión que tenía en su rostro de estatua griega, se podía adivinar que no era de su agrado verlo tan cerca.
¡Con una mierda, Sesshōmaru, eres un idiota, no tienes que tratarme así! —espetó Inuyasha con visible incomodidad, recriminándole por todo lo alto—. Yo sólo quiero saber…
Eso no es de tu incumbencia, pedazo de imbécil —le soltó el aludido sin dejar de taladrarlo con su ambarina y gélida mirada—. Es mejor para ti que te dediques a tus asuntos.
¡Keh!, pues es mi asunto desde que solicitaron la ayuda de mi amigo el monje… —respondió el menor de los Taishō a su hermano mayor mirándolo retadoramente, aunque se hizo un poco hacia atrás como si quisiera contemplarlo mejor.
No vives ahí, por lo tanto no tienes nada que hacer en la región —observó fríamente el gran demonio blanco sin dejarle terminar con su explicación, y en su semblante no había señal de estar conmovido por lo ocurrido en sus dominios.
Bueno, a Inuyasha ya no le cabía duda de que, en el transcurso del tiempo, la estatura de Sesshōmaru había aumentado considerablemente… tal vez ya rebasaba los dos metros, haciéndolo parecer más intimidante y temible tanto de cerca como de lejos. La brisa que soplaba a su alrededor agitaba suavemente su platinada y larga cabellera.
Kohaku nos avisó de que varios yōkai de tercera han invadido parte del área… —dijo sin hacer caso a la respuesta dada por el gran demonio blanco—… y por ello hemos tenido que ir a exterminar a esas basuras ya que tú no lo haces.
Me encargaré de esas escorias a su debido tiempo —el de finas facciones de estatua habló pausadamente sin cambiar el tono de desagrado—. En lo demás… no te entrometas.
Sesshōmaru le dio la espalda a Inuyasha sin permitirle hablar nuevamente, y se encaminó con paso lento hacia la "vivienda" del anciano herrero, pasando sin cuidado sobre su desfallecido lacayo. Pero el Hanyō no iba a ceder, ya que sentía curiosidad por enterarse de lo que a su hermano tenía ocupado arriba… y también se sintió ofendido porque el Daiyōkai lo considerara un completo inútil. Lo siguió a una distancia prudente.
¡Keh!, ¿se puede saber qué alboroto te traes en tu… "mansión celestial"? —le dijo un tanto irónico—. ¿Es que acaso vas a celebrar tu cumpleaños o algo así? —agregó sin medirse.
El mayor detuvo su andar y el menor le imitó, ya que si se le acercaba un paso más tal vez lo degollaría rápidamente… aunque la corta distancia no era una garantía debido a su rapidez. Sesshōmaru le dirigió a Inuyasha una dura mirada de soslayo y avanzó otra vez hasta entrar al "taller" de Totosai. El semidemonio entró tras él y fue bien recibido por…
¡Oh, amo Inuyasha, es un gusto verlo después de tanto…! —Myoga se apresuró a picarle en el cachete, con su saludo característico de "besito".
¡Myoga idiota, no empieces con tus cosas! ¿Es que acaso no comiste con Sesshōmaru? —el aludido no dudó en soltarle el manotazo, cuestionándole entre enfadado y burlón. La pulga cayó lentamente como un folio de papel.
No juegue, mi joven amo… —fue la respuesta del bichito en un susurro ahogado al tiempo que descendía—… el Señor Sesshōmaru sí me mataría si llegara a molestarle.
Es bueno verte por aquí, Inuyasha —le dijo Totosai a modo de saludo, golpeando cuidadosamente una espada y haciendo saltar chispas brillantes de su hoja—, pensé que llegarías hoy, sobre todo al ver el gesto de tu hermano.
En tanto el nombrado de larga cabellera y finas facciones había caminado un poco más adentro, apoyándose en una de las "paredes" de la vivienda, sin dignarse a mirarlos. Más les habló duramente, haciendo que los dos veteranos yōkais temblaran un poquito de miedo.
Ya déjense de estupideces sin sentido —y tronó levemente la garra izquierda, como dándoles a entender que no estaba de humor para tonterías—. Y por tu bien, Totosai, es mejor que te apures… no tengo todo el tiempo para perderlo aquí contigo.
No se enoje usted, mi Señor Sesshōmaru —dijo Myoga desde el suelo con voz temblorosa, haciendo una breve inclinación de respeto frente al Daiyōkai—. Anda ya, viejo carcamán y desobligado, trabaja rápido o el Señor Sesshōmaru nos castigará —le indicó a Totosai en tono de mando.
Eso hago, Myoga, pero debo ser cuidadoso o la Bakusaiga me mata y aun no quiero morir —respondió el aludido con nerviosismo sin dejar de golpear el arma—. Inuyasha, tendrás que esperar tu turno, pronto terminaré —y se dirigió al Hanyō tratando de oírse seguro.
¡Keh!, pues ya que me queda… sólo trabaja rápido y deja ya de hablar — indicó tronando también una de sus garras, acomodándose en el suelo en su posición habitual.
La Bakusaiga sacaba chispas a cada golpe, y brillaba con un resplandor dorado. Nuestro amigo no pudo mantener la boca cerrada, y la abrió por enésima ocasión sin medir las consecuencias de sus palabras.
¡Keh! ¿Y para qué mierda le sacas filo a esa espada, eh? —espetó cínicamente como observación—. ¿Es qué piensas cortar la carne en la cena de conmemoración?... no te va a quedar nada para repartir.
Myoga y Totosai le dirigieron una mirada suplicante para que guardara silencio, y Sesshōmaru ni se movió, aparentando no haber escuchado.
Por cierto, Inuyasha —Totosai recuperó su expresión despistada, y, sin dejar de trabajar, le preguntó con bastante curiosidad—, Kohaku nos dijo que Aome ha regresado de su mundo.
Ay, amo, ahora entiendo porque tiene usted un mejor color —Myoga se carcajeó por lo bajo, con una de sus típicas risitas picaronas.
Myoga… ¿a qué te… refieres exactamente con eso? —le espetó el Hanyō al pequeño bicho, viéndolo de forma escrutadora.
Bueno, mi joven amo, yo sé que a usted le… —el viejito ya pensaba soltar la sopa.
¡Ya cierra el pico, p"#$% pulga bocona y chupasangre! —Inuyasha no dudó en apretarlo entre sus dedos hasta apachurrarlo una vez más—. ¡No seas hablador! —y le echó un vistazo a Sesshōmaru por un instante, esperando que no hubiera escuchado nada. Le daría harto coraje que su hermano mayor se burlara de él por sus "debilidades" humanas.
Sin embargo, el gran demonio blanco seguía tan firme como una estatua, sin siquiera cambiar su enigmática expresión de Esfinge. Por un lapso de tiempo el único sonido fue el del martilleo del herrero.
Listo, Sesshōmaru, la Bakusaiga ha quedado en perfectas condiciones —dijo Totosai al fin, levantando cuidadosamente esa peligrosísima espada—. Permíteme felicitarte porque siempre la mantienes muy bien.
El nombrado se encaminó con su andar elegante y tomó su arma como si se tratara de algo delicado y costoso. La miró detenidamente de arriba para abajo y después la guardó en su funda, la cual colocó nuevamente en su obi.
Más te valía hacer un buen trabajo, viejo Totosai —le dijo con un tono habitual de calma en su armoniosa voz—. Más adelante vendré con Tenseiga —dirigió sus pasos a la salida, y los ancianos yōkais hicieron una breve inclinación de respeto ante él.
¡Keh!, ¿y a esa espada para qué la afilarás? —nuevamente el menor de dorados ojos habló sin medir sus palabras—. ¿Acaso revivirás a alguien que te robó el corazón… o con ella cortarás el pastel? —le preguntó con sarcasmo al mayor.
Los dos viejos demonios cerraron sus grandes ojos esperando lo peor mientras el Hanyō era bruscamente levantado a una altura considerable. El Daiyōkai lo tomó con una de sus filosas zarpas, la izquierda, apretándole el cuello y sacudiéndole sin ningún cuidado… casi le entierra las filosas y venenosas garras.
Escúchame bien, estúpido pedazo de imbécil —Sesshōmaru le habló empleando un sonido gutural de furia desde el fondo de su garganta, casi asesinándolo con una mirada—, ocúpate de atender a tu mujer y deja de meterte en lo que no te importa —y lo dejó caer de golpe—. No quiero verte merodeando en mis tierras ni sentir tu repugnante peste cerca de mí, que te quede bien claro.
Y salió del "taller" dejando a Inuyasha sobándose el cuello, con expresión adolorida y rabiosa.
¡Con ese p$%& carácter ni quien te quiera, idiota engreído! —le gritó a su hermano sin dejar de sobarse el área afectada—. ¡Con una mierda, Aome va a preguntarme que me pasó! —y se levantó presuroso para ver a sus otros acompañantes, los cuales no pudieron ocultar su alivio a tiempo—. ¿Y ustedes qué me ven, par de vejetes tontos? —les espetó con rudeza.
No, nada —le contestaron al unísono haciéndose los inocentes.
Jaken, muévete ya —le ordenó Sesshōmaru a su sirviente si preocuparse por su estado, pasando a su lado. Y es que el pequeño lacayo verde parecía haberse recuperado de su desmayo, aunque aún se le notaba algo mareado.
Si, amo, voy volando —respondió el aludido tratando de enderezar los ojos.
El gran demonio blanco se elevó suavemente desenrollando la estola para tomar el rumbo hacia sus dominios, y Jaken apenas pudo aferrarse a ella en cuanto su amo adquirió velocidad.
Ya con los ánimos más tranquilos, Inuyasha le entregó su espada a Totosai… en realidad casi no había utilizado a la Tessaiga después de la batalla contra Naraku, por lo que la iba a afilar muy de vez en cuando, y precisamente porque no deseaba toparse con Sesshōmaru. Ya le era suficiente que llegara a la aldea para ver a Lin una vez al mes, justamente en esas noches sin luna cuando su naturaleza humana sobresalía y no podría enfrentarlo ni cuerpo a cuerpo. Más en ese instante lo que de verdad le intrigaba era lo que pudiera tener las "cosas de cabeza" para el Daiyōkai, así que le lanzó a Myoga una mirada más escrutadora que las anteriores.
Habla de una buena vez, p#$%& pulga cobarde —le espetó nuevamente con aspereza, volviendo a tronar la garra como para desentumirse—. Ustedes dos saben mucho más de lo que le dijeron a Kohaku.
Amo Inuyasha, mejor hágale caso al Señor Sesshōmaru —le respondió el aludido con voz temblorosa, inclinándose respetuosamente—. Eso es algo que sólo alguien de su nobleza, abolengo y tamaño puede manejar… y que conste que no es por menospreciarlo a usted, amo —añadió avergonzado.
¡Keh!, eso no me importa, así que suelta la sopa o voy a enfadarme de verdad… —observó el semidemonio sin cambiar el tono de voz—… bien que sabes lo que está ocurriendo.
Inuyasha, confórmate con saber que esa reunión no es para siempre, ya que Sesshōmaru tiene sus propios problemas como Gran Señor… —intervino Totosai sin dejar de templar a Tessaiga, mirándolo fijamente por un segundo—… no vayas a provocar desgracias peores únicamente por tu afán de conocer más de lo que te conviene.
¡Jah!, entonces sí hay algo allá arriba, algo que preocupa al idiota de Sesshōmaru —dijo cruzándose de brazos y sonriéndose un poco… nadie podría creer que algo o alguien le causara problemas al poderoso Daiyōkai—. ¿De qué se trata? Y no me voy a ir hasta que lo confiesen todo —los cuestionó con dureza esperando por una respuesta satisfactoria.
Más de lo que te dicho no sabemos —le contestó el herrero siguiendo con su labor—, así que ya no preguntes.
Bueno, por lo menos una cosa era segura, el hecho de que su hermano tuviera "preocupaciones" que atender le intrigaba… ¿en qué se habría metido Sesshōmaru? Eso era raro en su actuar, ya que el gran demonio blanco no solía ser descuidado ni tomar las cosas a la ligera. Pero lo mejor que podía hacer ahora era seguir su consejo y ocuparse de Aome, esa mujer especial que había vuelto del "futuro" para vivir a su lado. Y, entre más pronto arreglara esos pendientes, sería mejor.
Nota de la autora: Para tratar los asuntos de Sesshōmaru estaba desarrollándole un fic propio que titulé "Un cambio en el corazón…", pero mi imaginación ha quedado cautiva en el mundo de "Dragon Ball"… XD. Así que queda en suspense por el momento, porque la vida del Inugami no es tan importante ni relevante para esta historia. Inuyasha tiene que concentrar su atención en solucionar su relación con Aome, y olvidarse de sus temores.
