DECLARO: Que los personajes y la historia pertenece al mundo de The Hunger Games y son de propiedad de Suzanne Collins, su adaptación presentada a continuación es mía. todo sin fines de lucro.
Capítulo 37:
Han pasado exactamente 13 horas desde que recibí de manos de Peeta la nota de Gale y tengo un nudo en la garganta de aquellos que no se sueltan con nada. No he tenido tiempo para pensar en él, en su reacción o siquiera en cómo debe sentirse ahora que llevamos horas sin vernos, ni hablar o pensar en el otro. Está bien, lo último es mentira, pero es preferible creerlo así.
Recibir un mensaje de Gale no ha sido fácil, miedo, rabia, desilusión, tristeza y desconcierto son sólo algunas de las cosas que tengo alojadas en la boca del estómago, la simple idea de que él esté de vuelta y buscándome me hace estremecer y el nudo en la garganta se hace más grande. No se puede definir en una palabra, pero me siento devastada en todos los sentidos y la única persona capaz de sacarme de este estado y hacerme recordar las cosas que valen la pena es a la que estoy intentando omitir y mantener alejado, porque de una u otra forma me ha traicionado.
No he dormido en toda la noche, he dado vueltas en la cama y cuando ya no podía más, las di por toda la casa y creo que hasta Buttercup se ha hartado de mí, porque no subió a mi cama para dormir en la almohada como lo hace cada vez que Peeta no se queda conmigo y en el resto de la casa simplemente no apareció. En parte lo entiendo, ni yo me soporto con tanta sensibilidad a flor de piel, no estoy acostumbrada a que mis sentimientos salgan disparados de mí como si nada y el hecho de que Gale esté cerca inmediatamente rodea mi vida de sensaciones horribles. Aún así, cuando no me sé que no seré capaz de soportar tanto dolor sin Peeta cerca, he llegado a donde creo Gale me espera.
Lo que queda de mi casa de la Veta.
La reconstrucción ha comenzado por el extremo opuesto de la Veta en donde se ubica la plaza principal del Distrito, de seguro que ello ha sido intencionalmente, la idea es que aquellos que llegan a nuestra región puedan ver primero la reconstrucción y no el desastre en el que nos dejó el bombardeo, igualmente, ya sólo quedan un par de cuadras para que comiencen a demoler lo que queda lo que alguna vez me protegió de la lluvia, el frío y en la cual tuve una familia, un día que parece más lejano de lo real, para así formar nuevas casas. Es más, queda tan poca distancia que incluso cuando recién van a ser las ocho de la mañana, desde aquí ya se pueden escuchar las conversaciones de los hombres que van llegando a su lugar de trabajo, de seguro en unos minutos más comenzará el sonido de las sofisticadas máquinas que han traído del capitolio para la reconstrucción del Distrito.
Camino por lo que antes era una calle y ahora sólo es tierra, rocas, escombros y me quedo ha dos metros de lo que era la puerta de mi casa. Un escalofrío me recorre todas las terminales nerviosas, el pulso se me acelera y podría jurar que voy a llorar, porque siento la sensación a punto de salirme por los poros, pero antes de ser capaz de arrepentirme y salir corriendo hacia el bosque para que su paz se me contagie, camino los pocos metros que me separan hasta la puerta y tomo el pomo para abrirla y entrar.
La risa de Prim, mis padres besándose en la cocina, el olor a comida, a las hierbas y las medicinas que preparaba mi madre, el olor de mi padre, Prim y yo cantando, yo abrazada a las piernas de mi madre. La soledad, la muerte de mi padre, la lejanía de mi madre, los ojos desolados de Prim, yo saliendo a cazar, Buttercup, Lady la cabra, enfermos desfilando, Los Juegos.
Recuerdos y más recuerdos.
Todos ellos abofeteándome en la cara y haciendo que escuezan mucho más que el golpe físico. Aspiro los aromas de mis recuerdos -que sé sólo están en mi subconsciente- porque lo único que hay son escombros, tierra y cenizas en la casa. Quisiera tener la fuerza suficiente para retener las lágrimas que comienzan a correrme silenciosamente por las mejillas y ser lo suficientemente fuerte para vencer las ganas que tengo de morir, pero no tengo ni la mitad de ello para hacerlo. Me abrazo a mi misma y me afirmo en las grietas que hay en el muro para intentar controlar los torrentes de dolor que me inundan. Poco a poco, siento cómo me cuesta respirar y las piernas me flaquean.
- No fue el mejor lugar para encontrarnos parece- su voz irrumpe mi sufrimiento haciéndolo extenderse silenciosamente por el resto de mis músculos. En un comienzo pienso que son parte de mis recuerdos, pero cuando levanto la vista y lo veo, sé que Gale es real-.
Gale está de pié en el umbral de la puerta con las manos metidas en el pantalón bien planchado de color gris que lleva. Su cuerpo está enfundado por un uniforme refinado, que supongo debe ser militar, y que desde lejos se ve caro.
- Hola, Katniss- susurra él observándome con expectación pero yo no puedo emitir palabra- Pensé que no aparecerías… –comenta incómodo, puedo sentir la tensión decorando el ambiente-
- Estuve a punto de no hacerlo… -suelto de pronto, pero no ha sonado con tanta fuerza como quería-
- ¿Y qué te ha hecho decidir venir? –dice él sacándose las manos del bolsillo, cambia de posición y se cruza de brazos-
- No lo sé… -digo sinceramente- ¿Qué es lo que quieres, Gale? – le espeto de pronto, mientras antes terminemos con esta agonía, mejor-.
- Verte… -dice mirándome directamente a los ojos y yo le sostengo la mirada, pero no veo nada en sus ojos- Necesitamos hablar, Katniss. Todos estos meses yo…-
- ¿Dónde has estado?- le pregunto moviéndome hacia el otro extremo de lo que antes era el comedor- ¿Qué ha sido de ti todos estos meses, Gale? – insisto cuando veo que avanza por la habitación y se apoya en donde antes estaba yo-
- ¿Pretendes que te cuente de mi como si nada? –dice sin poder creérselo, pero luego de varios minutos de completo silencio, se rinde- He estado en el Dos, estoy a cargo de los programas de seguridad del Capitolio y cada uno de los Distritos-.
- ¿Eso quiere decir que estás a cargo de los Agentes de la Paz?-río irónica, pero el esfuerzo por sonreír hace que una punzada me repique en el estómago- Los mismos Agentes de la Paz a los que burlabas cada vez que te colabas en el bosque para cazar… -digo mirándolo con rabia por su hipocresía- Los mismos Agentes de la Paz que te azotaron en la plaza… -puedo ver como traga saliva y cómo un largo suspiro brota de su garganta- Los mismos que fueron mandados a reducir a cenizas nuestro distrito-
- Katniss-
- ¡Katniss, nada! – le grito de pronto- ¡Ni se te ocurra pedirme que me tranquilice o que comprenda lo que ahora haces, porque tu hipocresía, tu desaparición y tus omisiones me humillan, Gale!-
- Yo nunca quise…-
- ¿Qué? ¿Hacerme daño? –le espeto- Lo hiciste cuando desapareciste dejándome sola.
- Necesitabas espacio- dice bajando la cabeza y se mira los zapatos, parece avergonzado-
- Sí, pero en tres meses será un año, Gale… -le digo tragando saliva, el silencio se extiende entre nosotros-
- ¿Sigues pensando que fue mi culpa lo de Prim? –dice con cautela y sus ojos vuelven a alzarse para encontrarse con los míos- ¿Sigues odiándome, Catnip? –dice utilizando ese sobrenombre que alguna vez sonó divertido, pero hoy sólo expande el dolor-
- Nunca he dicho que te odie… -respondo seca- Pero tampoco puedo ser tu amiga, no la de antes. –sentencio y la breve sorpresa que había aparecido en sus ojos, se esfumó-
- Te he extrañado demasiado todo este tiempo, Kat- dice él con un deje de tristeza en su voz- Me has hecho falta… -yo sólo lo miro con ausencia- He hablado con mi madre y ella me cuenta de ti por lo que sabe de tu madre, que seguías acá, que vas progresando con tu psicoterapeuta, que estás con Peeta…-dice tragando saliva- la semana pasada en una reunión supe que tu situación con el Capitolio se ha saldado-dice él cambiando el tema- La semana que viene te levantarán la sentencia, podrás ir y venir a donde quieras- anuncia él, pero la noticia no hace más que serme indiferente, aún cuando pudiese recorrer todos los distritos una y otra vez, no hay lugar en el que me sienta más cómoda y a salvo que en donde despierto todos los días… con Peeta-
- ¿Y qué hay de ti, Gale? –le pregunto esta vez con menos prepotencia- ¿Vuelves definitivamente, te quedas en el Dos o seguirás paseando por los Distritos? – le pregunto alzando una ceja-
- Mi familia sigue en el Trece, mi madre no quiere volver y creo que mis hermanos tampoco. No se han acostumbrado tampoco al Trece, pero creo que el Distrito Ocho es donde posiblemente podrían ir… –explica él encogiéndose de hombros- En mi caso, la única razón que tengo para volver acá… Eres tú, Katniss- explica él-
No sé cómo reaccionar a sus palabras, porque ni siquiera mi cuerpo lo ha hecho. Es como si lo último hubiese chocado contra mí, pero sin entrar a mí. Ya ni siquiera está la culpa por no corresponder su cariño, simplemente ya no hay nada.
- Veo que nuevamente no soy correspondido… -asiente de manera ausente-
- No puedes venir después de casi un año y pretender que en tu ausencia las cosas hayan cambiado a tu favor- le digo seria- todo este tiempo he tenido que sobrellevar el dolor, la ausencia de mi familia y de ti, la culpa y la locura y precisamente no has estado tú para ayudarme con ello-
- Claro que no, esta Peeta Mellark- espeta con ironía- Siempre a tu sombra…
- Quizás a mi sombra, pero no me ha abandonado nunca, Gale. –le digo con rabia. Él no es quién para decir nada sobre Peeta. Eso no quita que siga molesta con él, pero no tiene ningún derecho. –No me ha dejado sola cuando le he gritado, cuando he despreciado su cariño o he sido egoísta, cuando despierto gritando por las noches por las pesadillas o cuando no soy capaz de levantarme de la cama por el dolor. Nunca, Gale. –lo miro con reproche-. Jamás estuvo con otra intención que no fuera hacerme sentir mejor y encima de eso volvió para seguir cuidando de mí-.
- Por favor, Katniss. –dice él sarcástico- Siempre has sabido que él te quiere, siempre. –dice entrecerrando los ojos con reproche- Él es una de las razones de por qué nunca pudiste estar conmigo de otra forma-.
- Es verdad… -susurro- Pero aunque no lo creas, él jamás espero nada a cambio –niego con la cabeza- y si lo hizo, jamás me lo hizo saber, me obligo o me forzó a nada-.
- Veo que sigue siendo tan bueno y perfecto como siempre… -suelta molesto-
- Después de todo me dio tu recado y estoy aquí, ¿no? –digo a la defensiva- Pero no te equivoques, Gale. –le advierto- él no es el mismo, pero eso no tengo por qué hablarlo contigo… -digo cruzándome de brazos-
- Sería mucho más fácil si pudiese odiarlo… -susurra y yo recuerdo que una situación muy distinta hace más de un año atrás en la que la misma frase salió a flote-.
El silencio se extiende entre nosotros, Gale se remueve incómodo y lo oigo suspirar en reiteradas ocasiones. Quisiera que los kilómetros que nos separan ahora el uno del otro desaparecieran y que nuestra amistad pudiese ser la misma de antes, en donde, él era la única persona en el mundo que me hacía sentir en paz… Pero ya no somos los mismos y por más que intentara volver a confiar en él… no se puede.
- Tú sabes que yo nunca habría dañado a Prim… ¿verdad?- dice frunciendo el entrecejo-
- Pero quizás lo hiciste… -digo en un susurro y las lágrimas nuevamente se agolpan por salir en mis ojos- Yo sé que hay una posibilidad de que haya sido tuya, sé que eso no significa que tú la mataste, pero… -la voz se me corta y un sollozo abandona mis labios y Gale al instante intenta acercase, pero yo levanto una mano para evitarlo y él se queda helado en su lugar-
- Quisiera volver el tiempo atrás y evitar de alguna manera que Prim subiera a ese transbordador- dice Gale y sé que lo que dice es verdad, puedo ver la culpa en sus ojos-
- Yo también, Gale. –susurro secándome las lágrimas de las mejillas y luego de inhalar profundamente y botar el aire digo- Así como me gustaría decirte que nuestra amistad sigue siendo la misma de antes, pero no puedo- digo negando con la cabeza y el dolor no desaparece- Espero de verdad que en algún momento, pueda.
Sabiendo que no hay nada más que hablar, lo miro por última vez y sin poder reprimir el impulso me acerco a él y sus brazos se abren para recibirme con fuerza, expresando todo aquello que ninguno puede decir con palabras. Sus brazos me aprietan contra su cuerpo, sus manos rozan mi pelo y su calor me cubre. Cuando por fin me separo, y llego a la puerta me detengo un instante para preguntar algo de lo que probablemente me arrepienta.
-Gale- le digo y él me mira- ¿Te arrepientes de haber diseñado la trampa? – Él sólo mantiene el silencio, agacha la cabeza y eso es suficiente como respuesta y susurro- eso pensaba- y me largo cerrando la puerta tras de mi-.
Mi Amada Gente! Hay dos opciones... O me odian o me quieren con este capitulo :B
La verdad es que me demoré menos (Estoy haciendo mérito), me habría demorado muchísiiiimo menos, si mi computador funcionara, pero como le conté a algunos en la respuesta a sus reviews, por accidente, mi hermano le botó jugo encima a mi netbook y resulta que varias teclas no funciones, entonces debo pedir prestado el Pc a mi mamá y poco menos hay que hacer cola. La cosa, es que hoy mientras la esperaba me adueñé de su computador y aquí está el capítulo!
Muchísimas gracias por todos sus comentarios maravillosos, por los follows/favorite que me llegan día a día, de verdad, sigo intentando no defraudarlos.
Un abrazo enorme de esos que sacan el aire, gracias por seguir fielmente esta locura!
Javi.
