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Fuga en la colmena
"Las grandes ideas tienen su materialización en la realidad"
El barco del capitán Svart Blood flotaba apaciblemente cerca de la costa de la selva, el mar estaba muy benevolente esta noche, la brisa tenía un gusto salado y en el cielo no había ni una sola nube que obstaculizara la vista al gran astro nocturno. El viejo unicornio cenaba frente a un espejo, el cuarto estaba revestido de madera, herramientas y artilugios, la cena sobre la mesa era de lo más rudimentaria, pero intento darle un toque especial encendiendo unas velas que reposaban en un candelabro. Una copa de vino abandonaba sus labios, al instante que un rostro que no era el suyo aparecía en el reflejo de dicho espejo, instaurando un atmósfera fantasmal y misteriosa que parecía tragarse la luz del lugar. Sin embargo, el capitán se mantenía firme frente a una situación de la que muchos quizá hubieran huido despavoridos. Y es que, ese rostro espectral no le causaba miedo, sino dicha, ya que nunca antes en su vida una pony lo había hecho tan feliz, así como miserable después de su partida.
—Sunlight, corazón mío, te estaba esperando —dijo Svart, dibujándosele una cálida sonrisa.
—Amado mío, el pasar de los días no ha sido amable contigo. Cada vez tu rostro se asemeja más a la lúgubre muerte, aquella que aqueja todo aquello que se hace llamar vivo, y es responsable de nuestra separación.
—En cambio tu pareces congelada en el tiempo, hermosa para la eternidad, siendo la pintura más bella que mis ojos pudiesen contemplar, pero sin poder sentirte como lo hacía antes.
La pony en el reflejo mostro un semblante de preocupación.
—¿Por qué hemos ido tan lejos de Equestria? ¿Qué es lo que estos ponies quieren de ti ahora?
—La princesa Celestia me pidió asistir a Winter Snow en lo que a esta se le antojara, perdón por no avisarte, pero no tuve tiempo. Fue el mismo trabajo de la última vez, solo que en vez de ir al oeste fuimos al este.
—La última vez casi hunden nuestro barco sobrecargándolo de polizontes, no quiero que te pase nada malo solo por ayudarles.
—No íbamos a dejar que esos ponies inocentes se ahogarán. Al menos… no todos. —El capitán desvió la mirada, su semblante se crispaba cuando recordaba los gritos agonizantes de aquellos soldados—. Dudo que eso vuelva a pasar, la selva en la que se adentraron pertenece a Arabia Sentada, y ellos son muy respetuosos de la naturaleza, por lo que la han mantenido siempre intacta. Lo único que hay ahí son animales salvajes; imagino que debieron ir por algún objeto de valor.
—Espero que tengas razón —declaro Sunlight con voz mortecina—. Hay ponies que solo existen para traer problemas a los demás, estar a su lado es como quedar encerrado en una habitación llena de serpientes, no importa si vas adelante o atrás, a un lado o al otro, la mordedura de esos reptiles es inevitable.
—Puede que haya envejecido, pero no deberías subestimar mi fuerza de esa manera, tu mejor que nadie sabe lo tenaz que puedo llegar a ser. Y aunque muriera lo haría con alegría, después de todo tu estarás ahí cuando vuelva a abrir los ojos al otro lado del umbral.
—Lloraría por tu muerte, aunque eso significara estar juntos de nuevo.
Un beso que se sintió como una fría neblina tocando la piel, se posó sobre los labios secos de Svart Blood, así como una caricia llena de afecto que se aventuro sobre el pelaje de su mejilla. Las velas en el candelabro se apagaron y la cena sobre la mesa se enfrío. El unicornio se vio en la obligación de encender su cuerno para iluminar el cuarto que había caído en la oscuridad.
—Tenemos compañía indeseada —aviso Sunlight.
La puerta se abrió de una patada y seis yeguas con armaduras negras entraron velozmente para rodear al capitán. Una de ellas tenía una medalla que colgaba de su cuello, su pelaje era gris y su melena tenía una tonalidad azul oscuro, mientras que en su cabeza resaltaba un puntiagudo cuerno. El semblante duro de dicha unicornio, así como su sonrisa presuntuosa y altanera, dejaba en evidencia de que el liderazgo de estas ponies recaía sobre sus hombros.
—Que inesperada sorpresa —dijo la pony con la medalla—. Mi nombre es Acacia Wood, y al posicionarte en nuestras aguas nos estas invitando a someterte bajo la voluntad que emana del pueblo de Winterland. Un macho sin su número es inconcebible.
Svart Blood arqueo sus cejas confundido.
—Estas aguas pertenecen a Arabia Sentada, la cual tiene un tratado de libre disposición material con Equestria. No se adjudiquen aquello que no les pertenece, señoritas, hablan con un servidor directo de las princesas Celestia y Luna.
—Aquí los rayos del sol llegan, pero no mandan, la luna está en el cielo, pero no nos observa. Aquí no puedes invocar a las hermanas alicornios, ya que el ideal es otro, solo un nombre vale para nosotras y es el de Winter Snow.
—Que casualidad… justamente me considero alguien a fines de la señorita Snow.
—¡Mentira!
Acacia Wood ordeno el aprisionamiento del semental, obteniendo una respuesta coordinada por parte de sus yeguas. Sin embargo, Svart Blood hizo que el suelo debajo de sus cascos implosionara, haciéndolo caer en la planta inferior del barco. Una vez ahí, levito desde unas cajas una docena de arpones, los cuales arrojo a manera de lanzas a sus femeninas perseguidoras, quienes contaban con la suficiente pericia para evitar ser lastimadas. Acacia Wood manejaba dos sables, que usaba hábilmente para evitar el filo de los arpones, al igual que el resto de sus soldados. Tres ponies descendieron por las escaleras para que los ataques del viejo no se concentraran en el agujero que el mismo había hecho en su barco, y tener más chance de capturarle vivo. Sin embargo, Svart fue suficientemente perspicaz para prever tal movimiento, por lo que imposibilito el acceso a la planta inferior atrancando las puertas con los muebles que tenía cerca.
—¡Yo no las invite a mi barco, son polizones y en mi nave no hay espacio para los polizones!
Una unicornio magenta junto a Acacia Wood desintegro el suelo bajo sus cascos, tomando por sorpresa al capitán, pero no a su esposa. Aquella yegua se convirtió en la presa de una fuerza invisible y fantasmal, que comenzó a estrangularla sin piedad, privándola del preciado aire que necesitaban sus pulmones. Sunlight detestaba que interrumpieran su cena tan groseramente, sobre todo cuando se trataba de arpías que iban tras su macho.
—Bien hecho, cariño mío.
Una explosión sacudió el barco, Svart se golpeó la cabeza con un tubo al mismo tiempo que la planta inferior se llenaba de humo; se sintió tonto de no prever una bomba casera. Cuando recupero con más fuerza la lucidez, se percató de un punzante dolor en su muslo derecho, un pedazo de madera se incrusto en su carne, de la misma manera que lo hicieron otros fragmentos más pequeños en su tórax y extremidades delanteras. Aun así, hallo las fuerzas suficientes para levitar dos arpones y hacer frente a Acacia Wood, quien, sin darle tiempo de descansar, arremetió contra él usando sus sables al mismo tiempo.
—No es rival para nosotras, somos superiores.
—¿Superiores? —pregunto con ironía Svart Blood—. Si, definitivamente lo son, pero en número, así cualquiera es superior.
Acacia Wood hizo a un lado los arpones del capitán, para acto seguido arrojar sus sables y someter a su adversario con una llave de lucha, con el fin de amenazar con rebanar su cuello usando el filo de su armadura.
—Dígale a lo que sea que está asfixiando a mi yegua que se detenga, de lo contrario, puede ir despidiéndose de la vida ahora mismo.
—No le diré nada, veamos quien de los dos muere primero —asevero el capitán, pero, para su desdicha, aquella unicornio que estaba siendo estrangulada cayó al suelo todavía con vida. Entonces, supo que su esposa no haría nada que pudiese poner en peligro los años que todavía le quedan en este mundo.
—Bien, ha sido más dificultoso de lo que pensé, pero al final la diosa de la victoria nos ha sonreído esta noche —dijo Acacia Wood, siendo rodeada por sus soldados—. Volvamos a casa camaradas, tenemos un nuevo semental para la colmena.
El barco comenzó a sacudirse violentamente, un crujido de pesadilla azoto los nervios de las ponies hasta el punto de erizarles los pelos de la nuca. La furia de un espectro maldijo sus almas, con la fuerza con que agrieto su carácter temerario. Rápidamente salieron de ahí, sin llevarse más que el capitán, quien con mucha impotencia se tuvo que alejar de su querido barco y esposa. Una nave completamente diferente aguardaba en la selva por las ponies y su botín, una maquina con forma de escarabajo negro. La bestia de metal se elevó por sobre la altura de los árboles, para acto seguido impulsarse hacia el interior de la selva, mientras era observada por los ojos invisibles del barco de Svart Blood. El silencio hizo suyo el mar, sin embargo, una furia con la fuerza de una orquesta se estaba formando en aquella nave cuyo interior había hizo irrumpido. El barco se elevó bruscamente y como si tuviera vida propia, comenzó a seguir a la nave que le había arrebatado a su esposo. El mundo de aquello que no está completamente vivo ni muerto, la dimensión de las tinieblas donde se escuchan susurros fantasmales, lamentos, clemencias y gritos, estaba moviendo sus cartas en el tablero de juego; y lo estaba haciendo a favor de un viejo lobo de mar.
Winter Snow no dijo ni una sola palabra, tenía muchas cosas en la mente, pero resultaba complicado escoger con propiedad la combinación correcta para esta situación. Busco y rebusco con ahínco entre esos cofres polvorientos donde se hallaban los detalles más significativos de la gran galería de sus recuerdos, pero para su lamentar, nada había ahí que justificara lo que veían sus ojos. Nada dentro de la Operación Colonia, la cual ella concibió desde las entrañas más profundas de su mente, aludía a la reclusión de sementales. Esta tierra, que siente orgullo de ser tal, por la manera en que fue habitada, tenía un elemento anti-generalísima que representa uno de los pilares más fundamentales de la sociedad de Winterland. Aradia no fue tan fiel a sus enseñanzas como se jactaba de serlo, en un momento dado, un aprendiz puede vislumbrar caminos invisibles que para su maestro permanecieron ocultos, creando algo completamente nuevo con las herramientas que recibió. Sin embargo, este no es el caso, ya que la autoría ultima de estos campos de trabajo recae sobre un solo nombre: El de Winter Snow. Aradia tomo una voz que no era la suya para ser escuchada, se adjudicó ese derecho por ser quien es, y con el pasar de las décadas todo lo que invento fue imposible de extirpar del cuerpo de la civilización. Tal maquinación era ingeniosa y su éxito era incuestionable, de ahí que Winter no sabía si sentirse orgullosa o decepcionada.
Remy había traído consigo una piedra en las alforjas de su vehículo, era verde, transparente y brillante. La unicornio se aseguró de que la pegaso la pudiera ver de cerca, su semblante duro daba a entender lo importante que resultaba el mineral para ella.
—Esta es una piedra oricalco —señalo Remy—. He aquí el verdadero corazón de Winterland, sin este mineral nada de lo que ha visto hasta ahora sería posible.
—¿Qué quieres decir?
—Lo que escucha. En los inicios de la Operación Colonia, Aradia y un pelotón de yeguas encontraron en diferentes lugares piedras como esta. En un principio nadie sabía lo que hacían, por eso un grupo de magas de la Guardia Secreta las investigo por años, hasta que descubrieron que sirven como un catalizador de magia, así como un deformador y almacén de la misma. Este mineral hace que las naves vuelen, que la industria funcione y que los ponies se curen; y lo único que necesita para hacer todo lo que hace es un poco de magia, así como alguien que sepa usarla lo suficientemente bien para configurarla.
Winter Snow tomo la piedra con su casco derecho, su peso no era muy exagerado para la cantidad de potencial que tenía. De verdad había descubierto la tierra perfecta, era la primera vez que veía una roca tan grandiosa.
—Suena muy bien ¿cierto? —continuo Remy—. Pero, la magia que necesita la piedra no viene de ninguna yegua en Winterland. Sino de los sementales unicornios, aquí ellos son el equivalente al carbón para la caldera. Nosotras solo los parimos para entregarlos a la colmena, que es esta red especializada encargada de exprimirlos.
En ese momento la pegaso se percató de un detalle que paso por alto al mirar por los binoculares, todos los corceles que vio tenían cuernos. A raíz de eso, una idea tenebrosa se formó en su mente, el capitán Svart Blood encaja perfectamente con el perfil que necesita la piedra para funcionar.
—¿Los matan?
—Vivir la vida que llevan es lo que los mata —respondió Remy con saña—. Les quitan su magia hasta que sus cuernos quedan completamente inutilizados, pero, ya que todavía pueden producir semen, los dejan viviendo hasta que… se convierten en especímenes demasiado patéticos para una pony guerrera.
—Que sublime ingeniería social —dijo Winter para sí misma—. Allá donde poco hay, la voluntad de erigir se alza por sobre todas las cosas, convierte la tierra en edificios, la flora en alimento y en el cielo en espectador de su gloria. Los seres excepcionales son nuestra cosecha, todo sacrificio es poco, ¡Porque nos sacrificaremos!
—¿Qué está diciendo?
—¡Lo que escuchas! —le respondió la pegaso con soberbia—. Mis ojos miraron el abismo, pero no tan profundamente como lo hizo Aradia. ¿Quieres que haga algo por esas alimañas? ¡Un líder esta con aquellos que le son adeptos, no con las herramientas!
El labio inferior de Remy tembló, sintió como si la empujaran de un acantilado, la esperanza se alejaba y su cuerpo se haría trizas contra las rocas.
—Este no es mi sueño, lo reconozco —prosiguió Winter—, pero si es el de mi aprendiz, no he de hacer nada que la perjudique. Mi lealtad esta con ella, porque así es mi voluntad.
—¡Su voluntad estaba en su libro, y ella tergiverso todo! —replico Remy enfurecida—. Yo creo en usted de verdad, mi generalísima no querría que esto estuviese ocurriendo, ninguna especie sin importar si es macho o hembra, podría forjar la voluntad de poder y la fuerza en semejantes condiciones. No hay belleza, no hay naturaleza, no hay guerra, solo existencia estática y artificial.
—¿Qué quieres de mí, Remy? ¿Qué traicione a mi única familia?
—Ella la traiciono primero, y esa traición repercutió en generaciones por siglos, hasta llegar a este punto. Usted puede enderezar el camino de Winterland, es la única que puede hacerlo, por eso la busque, por eso la necesitaba por sobre todas las demás ponies.
La pegaso observo con solemnidad como su acompañante se inclinaba de manera suplicante, rogándole su asistencia. Sin embargo, antes de que pudiera articular palabras para pedirle que se detuviera, algo intempestivo capturo su atención. Una silueta negra tomo protagonismo en el panorama nocturno, era gigantesca y no aparentaba la forma que tenían el resto de las naves insectos. Sin embargo, no era del todo atípico, ya que no es la primera vez que un barco surca los cielos como lo hace en los mares. Winter Snow levanto los binoculares, una fuerza misteriosa hacia levitar el hogar del capitán Svart Blood con la velocidad de un águila. Mas temprano que tarde su objetivo se hizo evidente, aterrizaría en aquellos campos de trabajo donde se encontraba el viejo lobo de mar aprisionado. Las alarmas se encendieron, las bocinas de aquellas instalaciones rompieron con el silencio y calma que había imperado hasta el momento. El barco se estrelló de lleno contra las cercas de alambre de púas y sus tablones se deformaron lo suficiente para dar la apariencia de afiladas garras de madera, las cuales golpeaban y rompían cuanto tuviera en frente.
—¿Qué mierda está pasando ahí? —pregunto Remy tras levantar la mirada.
—Una oportunidad, eso es lo que está pasando ahí —afirmo Winter devolviéndole los binoculares a la unicornio—. Sacaremos a mi transportista de ahí.
—¿Se refiere al viejo? ¿Está ahí? ¿No dijo que apoyaría a Aradia? ¿Esto no la meterá en problemas? ¿Ya no esta tan segura respecto a sus palabras?
—Remy, no me atosigues con tus dudas, solo haz lo que te digo, soy tu comandante supremo y si no fuera por mí ni siquiera existirías. Estas mi servicio ahora.
—¿Ah? ¡Si, si mi generalísima!
Remy subió a su moto voladora y guardo sus cosas en las alforjas del vehículo. Winter Snow abrió sus alas y emprendió vuelo hacia el corazón de la llanura rodeada de montes. La oscuridad lentamente les abandonaba como aliado, conforme se acercaban más a los campos de trabajo. El barco se vio en problemas cuando, desde uno de los cuarteles, trajeron pesadas ametralladoras que se movían gracias a dos ruedas en la parte inferior. La madera de la nave fue despedazada de manera brutal, tomando fuerza un desagradable aroma a aserrín quemado; cristales rotos y astillas saltaron por todos lados, pero la nave seguía moviéndose, logrando inutilizar un par de ametralladoras con el peso que podía ejercer sobre las cosas. La generalísima se manifestó frente a sus súbditas, quienes quedaron paralizadas unos instantes al contemplar su imaginaria grandeza. El capitán Svart Blood se encontraba refugiado detrás de unas cajas junto a un almacén, y al ver a la pegaso no pudo sino emocionarse. Remy descendió inmediatamente después, desenfundando su confiable revolver para protegerse.
—¡Señorita Snow! —exclamo con alegría el anciano—. No se imagina cuanto me congratula verla, ¡Ahora soy yo quien necesita de su asistencia!
—Precisamente a eso vine —reporto la pegaso blanca—. Remy, llévate al capitán a un sitio seguro.
—¡A la orden mi generalísima!
Svart Blood se acercó a las yeguas con toda la agilidad que le permitían sus desgastados músculos, mirando de reojo a su muy preciado barco, el cual había sufrido daños irreparables por salvarlo. Aquella embarcación en ruinas gozaba de un valor sentimental incalculable para el viejo, siendo un verdadero pesar el verlo en ese estado. Sin embargo, no dejaría que tamaño sacrificio quedase en nada, su esposa estuvo dispuesta a arrojar a las llamas de la guerra el objeto más preciado que ambos tenían y no la iba a decepcionar. Remy le ofreció a Svart Blood el asiento trasero de su nave, y aunque en un primer momento se mostró muy desconfiado, la determinación que le transmitía la unicornio a través de su mirada termino por convencerlo de que ella estaba de su lado. Winter Snow desenfundo su espada, el calor que flotaba en el aire encendía su corazón y elevaba su adrenalina; pero no podía luchar con aquellas que la adoraban. No obstante, ya sea sin querer o no, una bala hirió a Remy en la espalda mientras encendía su moto voladora, el alarido que emitió despertó aquella sed sanguinaria propia de Winter Snow, quien, al momento de identificar la fuente del disparo, no pudo sino desenfundar su espada y arrojarse contra la yegua de armadura negra. Se trataba de una unicornio color lima que levitaba consigo un rifle con bayoneta, y aunque se trataba de su generalísima, el instinto de supervivencia se apodero de su cuerpo, impulsándola a disparar contra la pegaso blanca. Sin embargo, no fue un tiro certero, Winter lo desvió con facilidad usando su espada y cuando estuvo lo suficientemente cerca, le clavo el filo de su hoja en la garganta, dejando que se desangrara lentamente en el suelo.
Remy pudo aguantar el dolor que azotaba sus carnes, la destrucción continuaba y Winter Snow se marchó con la sangre de una de sus seguidoras manchando sus cascos. El acto de asesinar había ocurrido con tanta fugacidad en su mente, que a los pocos segundos ya no recordaba el rostro de la pony a la que le arrebato la vida; una muerte sin nombre ni cara. Muchos prisioneros huyeron despavoridos por la llanura al caer el alambre de púas, grupos armados de yeguas salieron a su captura, pero ninguno fue tras la pegaso y su compañera.
La moto voladora de la unicornio mantuvo una velocidad y trayectoria firmes hacia el centro de Winterland, la ropa de Remy estaba teñida de rojo y tanto la generalísima como el capitán Svart Blood comenzaron a preocuparse, ya que llevaba demasiado tiempo así. Desafortunadamente, tal preocupación se encontró con la incorruptible muralla de obstinación de la pony color nogal, haciendo imposible convencerla de descender para descansar. Remy llevo a sus acompañantes al hangar dos, unas instalaciones gigantescas donde se construían y arreglaban una buena parte de las naves y demás artefactos de Winterland. La pegaso se sorprendió al ver el edificio, ya que, de todos los que había visto hasta el momento, este era el primero que carecía completamente de belleza arquitectónica, primando una fría fachada industrial. La estructura estaba conformada por docenas de pisos, algunos más grandes y espaciosos que otros, viéndose como un enorme cuadrado de metal desde el cielo. Sobre una plancha de acero estaba pintado un colosal número "2", así como en los lugares donde podían aterrizar naves grandes y pequeñas. Remy descendió en un puerto especial para los vehículos de las obreras, ahí había docenas de motos voladoras, algunas con estilos muy sobresalientes que llamaban la atención. Cuando la unicornio se bajó de su vehículo casi se va de narices contra el suelo, pero fue atrapada por el capitán Svart Blood justo a tiempo para evitarlo.
—Gracias.
—No tienes que agradecer, soy yo el que está agradecido contigo y con la señorita Snow.
—Necesito una botella de vodka con urgencia.
—¿Cree que es el momento adecuado para pensar en eso?
—Si, si lo creo.
Remy se reincorporo, Winter Snow tenía que volver al gran templo, pero quería asegurarse de que el viejo estuviera seguro. Tenía que sacarlo pronto de Winterland, pero con Remy herida eso no iba a ser posible esta noche, tampoco le quería dar problemas a Aradia, por lo que pedir su ayuda en semejante asunto estaba completamente descartado; estaba completamente consiente de que en estos momentos estaba atentando con el sistema que su aprendiz había creado. Una compuerta corrediza les dio acceso al interior de las instalaciones, por un buen rato caminaron por pasillos de metal iluminados con luz fluorescente hasta llegar a una larga fila de puertas con números. Remy se tuvo en una que tenía la cifra "0048" estampada en una pequeña placa, sobre la que tuvo que posar su casco derecho unos segundos, hasta que se abrió la puerta. Se trataba de una habitación, la habitación de la pistolera, un mar de botellas vacías y paredes llenas de una variedad inconmensurable de armas de fuego, pero dejando suficiente espacio para una cama y algunos muebles.
—Lamento el desorden, no suelo traer ponies aquí —se disculpó la unicornio forzando una sonrisa, para acto seguido dirigirse a un escritorio en cuya superficie estaban desparramadas algunas herramientas y cables. Desde uno de los cajones levito una pequeña caja y una botella de alcohol junto con una de vodka—. Discúlpenme unos momentos, pónganse cómodos, necesito hacer esto sola.
—¿Estas segura? —le pregunto Svart Blood—. No diré que soy un experto, pero podría…
—Déjala —lo interrumpió Winter—. Se basta a sí misma, no necesita la ayuda de nosotros.
Remy asintió y se dirigió al baño, donde vivió largos minutos de agonía hasta que finalmente, aquel terrible dolor, hallo su fin. Cuando regreso ya no tenía puesta su ropa, por lo que fue la primera vez que Winter pudo contemplar la cutie mark de la pistolera: Una llave de tuercas. Remy se acercó lentamente a su cama, se recostó y levito desde su mesita de noche un collar con una hermosa perla. Débilmente sonrió llamando la atención de la pegaso y del capitán.
—Esto era de mi madre —señalo la unicornio—. Ella, al igual que mi abuela, dedicaron toda su vida a buscar a la gran iniciadora de todo, usted, mi generalísima. Nunca se rindieron, ya que estaba en juego el sendero que le fue negado a Winterland desde un comienzo.
—No intentes convencerme con sentimentalismos.
—No, ni si quiera lo intentare. Sin embargo, quería que supiera algo… —Remy se aclaró la voz—. Sigo teniendo esperanza en usted, pero ya me cansé de la postura pasiva que mis predecesoras y yo hemos mantenido hasta ahora, esperando que usted solucione el problema que aqueja a Winterland hace siglos. Nunca imagine un escenario diferente al de usted ayudándome a salvar a esos sementales, de ahí que en estos momentos me sienta como una verdadera estúpida. Lo que quiero decirle, es que estoy dispuesta a dar la batalla yo sola si es necesario.
Winter Snow regreso al gran templo con toda la velocidad que sus alas le permitieron, con la confianza de que Svart Blood estaría probablemente a salvo en los cascos de Remy; o al menos eso quería creer, hasta que pudiera sacarlo de aquí. Pensando en esto último, es que concibió la idea de también sacar a Galvorn y Fírima, lo que sucediera de aquí en adelante con Winterland no les incumbía en lo absoluto, ellos no estaban hechos para afrontar un porvenir tan peligroso e incierto. Despegarse de los hermanos comerciantes resultaba una idea prudente, pero no satisfactoria, ya que el motor de tal iniciativa no era otro que el deseo de que estuvieran seguros, cosa difícil de garantizar si los ojos vigilantes de Winter Snow no estaban ahí para cerciorarse de que tal fin se cumpliese. Sin embargo, ¿No era ella, precisamente, la fuente que mantenía la vida de ambos hermanos en la cuerda floja? Pretender ser su guardaespaldas parecía absurdo viniendo de alguien como ella, pero, más absurdo resultaba el hecho de que le preocupara la seguridad de aquellos ponies de tierra, sin que hubiese ningún lazo que los uniera. Winter Snow podía ver los vaivenes de sus emociones con telescopio, y aun así muchas cosas pasaban por alto ante sus ojos.
Los aposentos que le habían preparado estaban justo como los había dejado, aun le quedaban horas de oscuridad para descansar, por lo que se recostó en esa enorme cama circular cubierta por un velo transparente, esperando que el día de mañana recuperase la pujanza y alegría que tuvo la tarde, mas no la noche. Lamentablemente para Winter, cualquier residuo de felicidad que pudiese recuperar tendría que superar un nuevo obstáculo, ya que nadie entra a la colmena sin que la abeja reina se entere.
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La piedra oricalco fue extraída de los escritos de Platón refiriéndose al legendario metal y su relación con la Atlantida, sin embargo, sus atributos y apariencia fue modificada para uso de esta fanfic.
Agradezco a Jonny por hacer este capitulo posible.
No olviden pasarse por "Requiem Equestria: Angel Of Music" de mi camarada escritor Graf Kohlenklau.
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