LAS DOS CARAS DEL SER

LIBRO I: EL PRIMER GOLPE

CAPÍTULO 38: TABLA RASA HECHA DE MUERTE

Para Jabu de Unicornio aquél era uno de los peores escenarios posibles. Sabía que los Santos de Acero habían desaparecido poco antes de la batalla de las Doce Casas. Supo que le fue imposible a Saori Kido y al grupo de Seiya esperarlos aquella vez. Pero verlos así, sin vida en la mirada y asumiendo posiciones de combate contra ellos era algo que jamás hubiera imaginado. Y las palabras salidas del muchachito de armadura azulada fueron aterradoras:

-Nosotros servimos a la voluntad de Mitsumasa Kido… que es darle lo mejor a este mundo… y es que los caronianos tomen el poder y le den orden a la Tierra.-declaró Ushio de Escudo Acuático.

-Pagarán por… .-antes que Uranus hiciera nada, Daichi se adelantó pateándola en el estómago y derribándola en el proceso.

-No pasarán de este lugar mientras nosotros estemos aquí.-advirtió Sho del Escudo Celeste, mientras veía el brazal rojo que protegía su antebrazo derecho.

-¿Han perdido el juicio? Mitsumasa Kido jamás hubiera deseado que la Tierra fuera esclavizada por un grupo de asesinos cobardes.-dijo Kerberos antes de lanzar varias llamaradas de fuego contra los tres Santos de Acero, que rápidamente lo derribaron con unos simples movimientos.

De pronto, Plut notó que en las frentes de los tres Santos de Acero había una figura metálica de forma cuadrada. Era casi imposible notar aquello por la oscuridad de la noche pero mal que bien se distinguía un pequeño destello rojo.

-Sea lo que sea eso… está controlando a sus amigos… .-señaló Plut.

-Sólo espero que no tenga que usar todo mi… .-Saturn iba a seguir hablando sobre lo que tenía en mente contra los recién llegados enemigos, pero el Santo de Unicornio colocó una mano en su hombro.

-Entonces nosotros nos haremos cargo… sigan adelante.-indicó Jabu.

-Pero… .-Spinel-sun iba a reclamar algo aunque Ban empezó a hacer arder su cosmoenergía en sincronía perfecta con el resto de sus camaradas.

-Comprendan que no estuvimos aquí para ayudarlos como debía ser… es justo que hagamos esto.-explicó Geki.

Sho entonces no dudó un segundo y arremetió contra las Outer Scouts y las criaturas mágicas que estaban cerca de ellas, pero en eso Jabu se interpuso en la trayectoria del Santo de Acero del Agua.

-¡Galope de Unicornio!-anunció Jabu, derribando ferozmente a Sho.

-¿Qué esperan? ¡Muévanse ahora!-exclamó Ichi.

Las Scouts y las criaturas mágicas comprendieron lo que aquél gesto significaba, Setsuna sólo asintió con la cabeza y empezó a desplazarse al interior del enorme Palacio Imperial junto con el resto de aquél grupo. Pero antes que pudieran avanzar más de diez pasos, Daichi y Ushio corrieron en círculos a gran velocidad alrededor de ellas.

-¡Huracán de Acero!-anunciaron ambos guerreros.

Ni las Outer Scouts ni los guardianes de Eriol y Sakura cayeron en cuenta que estaban en la posición ideal para ser atacados por sus enemigos. Corrían en círculos, y a la vez consumían el oxígeno alrededor de ellos. Por momentos sintieron que se estaban asfixiando cuando sus cuerpos se elevaban por los aires y caían pesadamente sobre el puente Nijubashi, quedando varios de ellos totalmente inconscientes.

-¿Creyeron que con eso las pondrían a salvo? Ridículo.-repuso Daichi.

Y antes de que Nachi de Lobo pudiera hacer algo, fue derribado de una patada en el pecho de parte de Ushio para recibir de nueva cuenta un puntapié en la cabeza que lo lanzó contra el suelo y le abrió una herida en la frente, varios metros lejos de la superficie del puente en que estaban.

Ichi y Geki intentaron atacar pero Daichi se les adelantaba y los golpeaba una y otra vez a una velocidad superior al sonido. Antes que los Santos de Bronce de Hidra y del Oso pudieran hacer algo efectivo para contraatacar, eran pateados en los rostros y derribados de una llave. Jabu y Ban trataron de ayudar a sus camaradas pero en eso Sho se coloca justo detrás del Santo de Unicornio.

-Esta es mi respuesta al golpe anterior, imbécil.

Fue lo último que Jabú escuchó antes de recibir un golpe justo a la mitad de su espalda, la potencia de aquél impacto fue tal que su armadura tuvo serias rajaduras mientras la sangre manaba abundantemente del cuerpo del Santo de Unicornio, haciendo que el Santo de Unicornio de un alarido de dolor.

Ban se lanza sobre Sho en una dura pelea cuerpo a cuerpo en la que ambos casi parecían estar igualados por un momento, hasta que el Santo de Acero incrementa su velocidad.

-¡Maldición! ¡No puedo ser capaz de seguir sus movimientos!

-Espero que con esto comprendan que realmente no hay forma de que ganen a los caronianos.-dijo Sho apareciendo parado sobre los hombros del Santo del León Menor.

Cuando Ban cayó en cuenta de aquello ya era muy tarde, pues Sho estaba ahorcando al de Bronce con la fuerza de sus piernas. El de Acero entonces se lanzaría al suelo y haría que el de Bronce quede brutalmente golpeado de espaldas.

-¡Grito Mortal!-exclamó Plut, proyectando desde su cetro una potente descarga de energía desde su báculo que derribó a Sho.

Fue entonces que Daichi se lanzó sobre Setsuna, buscando eliminarla de un certero puñetazo, el cual jamás llegó a su destino debido a su choque con una fuerte barrera de energía.

-¡Silent Wall!-decía Saturn, neutralizando con éxito aquél ataque.

Fue que se alistó a contraatacar, concentrando una gran cantidad de energía en su hoz, dirigiéndola hacia Daichi.

-¡Revolución de Muerte y Renacimiento!-exclamó Saturn, lanzando desde su arma una esfera luminosa de color morado.

-¡Yo te ayudaré, niña!-bramó Kerberos quien volaba sobre ella antes de exhalar una inmensa llamarada de fuego.

-¡Ya somos dos!-exclamó Spinel-sun mientras estaba suspendido en el aire, disparando una ráfaga de energía mágica desde su hocico.

Lo que siguió los dejó azorados. Antes de que sus ataques pudieran tener algún efecto, apareció Sho del Escudo Celeste y extendió su brazal izquierdo. Y las cuatro turbinas de ésa pieza de armadura roja se activaron rápidamente, succionando aquella energía, disipándola y almacenándola.

-Mi turno.-repuso Sho, luego de observar las Turbinas del Escudo Celeste antes de descargar a quemarropa un impacto de energía en el rostro de Hotaru.

Kerberos y Spinel-Sun no vieron venir el momento en que Sho saltó por los cielos quedando justo enfrente de ambas criaturas mágicas y disparar dos terribles rayos de energía que los derribaron en el momento que el reloj marcaba las once de la noche con treinta y ocho minutos.

En aquél momento, Sakura, Shaoran, Eriol, las Inner Scouts y la "pandilla" de Nerima corrían a lo más que les daban las piernas. Después de aquella demostración de poder de los caronianos, la humanidad entera estaba entre la espada y la pared. Ocasionalmente aparecían grupos pequeños de soldados que eran despachados rápidamente por el grupo a través del único corredor que encontraron y siguieron, no parecía haber gran problema en el avance que tenían que hacer.

-Debemos apurarnos… a alcanzar a Seiya y los demás… .-decía Sakura, jadeando ligeramente mientras corría lo más rápido que pudiese.

Ami Mizuno aún seguía pensando en aquella horrenda escena que vio. Todas aquellas ojivas nucleares, atrapadas por ésas raras burbujas provenientes de los campos de fuerza de las astronaves imperiales. Y que luego, una de aquellas ojivas fuera mandada contra París sin el más ínfimo interés por aquellas personas. Ésos individuos eran unos monstruos de lo peor.

Sin embargo, ella no tuvo tiempo de pensar más cuando al llegar con el resto de sus acompañantes a una especie de sala totalmente oscura. Ni bien ingresaron, se cerraron las entradas con inmensas puertas metálicas reforzadas con fortaerium (1). La joven Sailor del planeta Mercurio sintió un olor putrefacto, todavía peor al que había en las cloacas. Fue tras ello que de pronto, se prendió levemente una ligera luz.

Y aparecía ante todos ellos, levemente iluminada, una enorme criatura de unos veinte metros que se asemejaba a las tarántulas. El animal sólo dio un horrible chillido, mientras que salían algunas gotas de ácido de sus colmillos y derretían un poco la superficie metálica sobre la cual el grupo estaba. No había que ser genio para darse cuenta que aquél monstruo sería un enemigo de cuidado.

-¡¿QUÉ ES ESO?!-gritó Serena, viendo alrededor de aquél enorme monstruo.

Eriol, Ranma y Ryoga notaron como en el techo, en las paredes e incluso cerca del suelo había una especie de sustancia babosa de un color negruzco que recubría lo que parecían ser… ¿huevos?

Los peores temores del grupo se confirmaron cuando se escuchó la horrible cacofonía generada por cientos de chillidos y el sonido de aquellos cascarones romperse, de los cuales salían insectos bípedos de cráneos alargados y cuyos hocicos repletos de colmillos babeaban ácido y emitían horribles chillidos (2).

Al instante, se vio como el enorme insecto emitía un chillido desgarrador y agudo, tras el cual todas las crías se lanzaron contra el grupo de hechiceros, Sailors y peleadores callejeros.

-¡Hojas de Roble de Júpiter!-anunció Sailor Jupiter, matando a las primeras crías que se acercaban contra ellos con aquél ataque.

Mientras tanto, en la sala de mando, Huranuk sacaba una copa de cristal y la llenaba con algo de vino. Luego de ello le dirigió la palabra a Draloth.

-Debo felicitarte al crear una ilusión de un único camino que lleve a esos niños directo al nido de uno de las tárasus.-dijo el oficial caroniano, haciendo alusión al insecto gigante y sus crías que enfrentaban Sailor Moon y compañía.

-No es la gran cosa en realidad… solamente era cuestión de manipular ligeramente los sentidos de todos ellos.-explicó el imponente Shadow Warrior, antes de oler el contenido de su copa.-Aunque admito que hubiera sido divertido que los matara yo mismo es mejor asegurar que nuestros planes se garanticen.

Bebió aquél vino de un golpe antes de volver a hablar:

-Una ilusión sobre ellos para bloquear ligeramente su percepción y en vez de ir por alguno de los senderos directos que los lleve a alguno de esos Santos o del Guardián de Bronce fueran precisamente al nido de las tárasus.

Huranuk le dedicó una mirada general a todos los que estaban en las proyecciones tridimensionales que marcaban como hora las once y cuarenta y cinco de la noche, tanto a los defensores de aquél mundo como a los Shadow Warriors y las tropas que aún estaban destacadas.

-Larga vida a Su Ilustrísima.-repusieron el comandante imperial y el Shadow Warrior al unísono, mientras chocaban copas y se sentían seguros de vencer.

Shiryu percibió como el grupo de hechiceros de Tomoeda, Inner Scouts y la "pandilla" de Nerima elevaba de golpe su energía. Aunque el Santo del Dragón estaba lejos del lugar, aquello lo alarmó al notar que lo que fuera que ese grupo enfrentase, no era humano.

-Deben lograrlo… yo sé que deben lograrlo.

-Yo no me sentiría tan segura de eso, Dragón Shiryu.

-Tú… .-Shiryu sintió una increíble cólera al reconocer aquella voz.-Asesina miserable… ¡ahora haré que saldemos cuentas!

Ante el Santo del Dragón, estaba Adelia, la infame Shadow Warrior responsable del sufrimiento de la Card Master japonesa y sus allegados, así como de tantas muertes. Ella se acercó, caminando con gran sensualidad, hasta quedar a unos metros del guerrero de cabello largo.

-Nos encontramos de nuevo. O debo decir… ¿nos vemos de nuevo?-explicó la guerrera imperial con crueldad, burlándose de la condición de Shiryu.

-¡Es mejor estar ciego a tener un alma podrida y corrupta como la tuya!-anunció Shiryu, elevando su cosmoenergía, mientras que Adelia manifestaba su aura y blandía su sable de luz contra su oponente.

El Santo de Atena se lanzó en una feroz acometida contra la Shadow Warrior, mandando puñetazos y patadas a la velocidad de la luz que la imperial difícilmente podía esquivar. Pero antes que aquello siguiera, un ataque telequinético de Adelia arrojaba a Shiryu dejándolo estampado contra la superficie metálica de la pared. La guerrera imperial se colocó cerca del Dragón, mientras pasaba ligeramente su sable por la mejilla derecha del joven.

-Eres un joven muy poderoso, Shiryu. Deberías unirte a nosotros, a lo mejor si creces un poco más podría interesarme en ti.-dijo la Shadow Warrior con cierta lujuria en sus ojos.

La única respuesta que recibió Adelia fue un puñetazo en el rostro y luego verse sujetada del brazo y derribada al piso con una llave de kung-fu antes de que le caigan varias patadas al abdomen. Luego de eso, con una segunda llave de aikido, la imperial quedó estampada en el suelo metálico de la base.

-¿Crees que me uniría a miserables que no tienen el respeto más mínimo a la vida? ¡Jamás traicionaría a Atena ni a los que confiaron en mí!

-¡Y tú eres un imbécil!-Adelia contraatacó con una brutal estocada en el costado de Shiryu, para luego girar su sable algunas veces y hacer que su oponente grite de dolor.

Cuando el reloj marcaba las once y cincuenta de la noche, Shun notó como el cosmos de Shiryu chocaba con fuerza con el de otra presencia.

-Terrible y oscura.-Shun reconoció la presencia contra la que Shiryu peleaba.-¡Sigue adelante, Shiryu! ¡No te rindas ante esa mujer!

De pronto se acercaron sobre Shun varias Land Chasers y soldados caronianos disparando una y otra vez ráfagas de láser.

-¡Asesinos! ¡Cadena Nebular!-exclamó el Santo de Andrómeda con toda la indignación que sentía, antes de hacer que su cadena salga directamente contra los imperiales y cayeran abatidos por el impacto que no pudieron ver.

Sin embargo, Shun reparó que sus brazos estaban sujetados firmemente por un par de cadenas, una dorada y otra plateada. Antes que el Santo de Andrómeda hiciera nada fue brutalmente lanzado contra la pared metálica del lugar, para luego ser arrastrado por el suelo, golpeándose una y otra vez en la cabeza y el cuerpo hasta que pudo elevar su cosmoenergía y detener con suma dificultad aquél ataque combinado.

-¡¿Quién anda allí?!-exclamó Shun, cuando vio como volaban varios metros sobre él un par de Land Chasers ligeramente distintas a las de los caronianos.

Al observar un poco más aquellas Land Chasers, notó que no tenían el símbolo de la espiral roja, más bien tenían tres triángulos con bordes azulados superpuestos.

-Felicidades, Andrómeda… sobreviviste a un ataque que hubiese matado a cualquier otro.-exclamó un hombre que portaba una cadena dorada.

-Nos presentamos, él es Atyon, y yo soy Zaotyon… ambos somos guerreros de Milesto.-explicó el de cadena plateada.

-¿Milesto? Entonces… ¿por qué demonios ayudan a los caronianos? ¿Acaso se han aliado a ellos?-inquirió el Santo de Andrómeda.

-Lo que hagamos no te incumbe, ahora muere Santo de Andrómeda.-dijo Atyon, antes de disparar repetidamente ráfagas de láser desde su Land Chaser.

-¡Cadena Rodante!-anunció Shun, antes de ser protegido por su cadena, pero notó como Zaotyon se acercaba con su cadena y la lanzaba a una velocidad casi igual a la luz misma.

-¡Ráfaga Plateada!-anunció el milestiano que cargaba contra Shun.

Apenas por instinto, Shun evadió el ataque de Zaotyon tirándose a la izquierda. De pronto, Atyon golpeaba al Santo de Bronce en la cabeza con su cadena dorada y rodeando luego con ella el cuello del muchacho de cabellos verdosos antes de elevarse por los aires con su Land Chaser y asfixiarlo en pleno vuelo para arrojarlo con saña asesina hacia el suelo.

-¡AAAAAAGGGGGHHHHHH!

-¡Y esto es sólo el inicio, Andrómeda!-anunciaba Zaotyon, acelerando con su Land Chaser y cargando directamente contra Shun.

-¡Todos ustedes conocerán la muerte en este lugar y serán comida de tárasus!-dijo Atyon mientras caía en picada con su Land Chaser y agitaba su cadena.

Para sorpresa de los dos guerreros milestianos, Shun se levantaba y encendía con más fuerza que antes su cosmoenergía.

-¿Cómo?-se preguntaron los dos al mismo tiempo mientras por instinto giraban en círculos con sus Land Chasers en sentido de contrarreloj.

-No dejaré jamás que unos asesinos se salgan con la suya… ¡Cadena Nebular!-exclamó el Santo de Atena arrojando su cadena cuadrada a la velocidad de la luz sobre aquellas motocicletas voladoras, impactándolas así como a ambos guerreros cientos de veces a la velocidad de la luz.

A duras penas los dos guerreros mercenarios lograron detenerse en seco. Si ellos no hubiesen activado el escudo plasmático que poseían esas Land Chasers los impactos de aquella cadena las hubiesen destrozado por completo.

-Será del modo difícil.-contestó Zaotyon, limpiándose un hilillo de sangre que salía de su boca, antes de elevar en perfecta sincronía su aura con la de Atyon.

Aspiró una bocanada de un cigarro para luego dejarla salir en una exhalación. El comandante imperial sabía claramente que todos sus enemigos aún seguían decididos a resistirse, a pesar de que era todo en vano. En circunstancias así, simplemente había que seguir la doctrina caroniana y destruir la voluntad del enemigo hasta su raíz.

Y el enemigo estaba allí. Dentro de la misma base caroniana. En las afueras del Palacio Imperial. E invadiendo Japón. Y aún pese al horror que fue desatado, persistían todos ellos en luchar aún contra todas las posibilidades de obtener una victoria. Había que destruir la voluntad individual de cada uno de ellos, tal como hicieron con los Santos de Acero al arrasar por completo sus mentes y reescribirlas hasta lograr que acepten las cosas como son.

Así como con esos jovencitos, era preciso arrasar la capacidad de lucha de la humanidad y modificar totalmente la psique colectiva de los terrestres. En otros términos, volver a la Tierra y al espíritu de la humanidad una hoja en blanco o una tabla rasa sobre la cual se debía lograr que los mismos terrestres entiendan que un nuevo orden sea impuesto. Reconstruir no sería un problema aún si para ello había que arrasar con miles de millones de vidas.

Huranuk entonces se dirigió hacia sus interlocutores en todo el mundo cuando en Japón ya era las once y cincuenta y nueve de la noche, luego de aspirar la última bocanada de aquél cigarro y exhalar.

-Pudieron ahorrarle tanto a los terrestres si no hubieran pretendido hacerse los héroes. Es tiempo de que comprendan y la historia de éste mundo sea reescrita en todo su espíritu.-antes de teclear en una computadora el siguiente mensaje: Zertok, da las órdenes.

Zertok comprendió lo que tenía que hacer y se dirigió a todos sus oficiales en el puente de mando del acorazado "Yusud".

-Disparen los Ángeles de la Muerte… y siéntense caballeros, podremos ver un grandioso espectáculo desde donde estamos.

Se escuchó entonces en toda la flota el mensaje de una voz metálica que indicaba el estado de los Ángeles de la Muerte:

-Secuencia de bombardeo con rayos antimateria activada… cuenta regresiva treinta microtacs y contando… veintinueve… veintiocho… veintisiete… .

En aquél momento, un torbellino púrpura empezaba a generarse en una zona cercana a la órbita de Marte y a ganar tamaño en esa misma dimensión. Y del otro lado de ella estaban cientos de naves de distintos tamaños y formas, algunos eran pequeños y veloces cazas, mientras que había otros de un mayor tamaño como cruceros, destructores y acorazados de distintos mundos pertenecientes a la Liga Planetaria.

De todos ellos, el que más destacaba era el acorazado usradino "Octenius", el cual ya había pasado por una serie de batallas contra el imperio caroniano. Era tan grande como el acorazado caroniano "Yusud", y en éste se concentraba el puente de mando de la flota que la Liga mandó a socorrer a aquella Tierra. Desafortunadamente, llegarían tarde.

-Capitán Vaarnus… se ubicó la señal de satélites Ángel de la Muerte cargando sus cañones antimateria contra la Tierra.-anunció con voz sombría un oficial al capitán usradino.

Vaarnus era un hombre alto, de tez blanca y con una cicatriz que se extendía desde su ojo derecho hasta parte de su mejilla en forma curva. Aparentaba los sesenta años aunque se denotaba una enorme fuerza en él. Vestía un uniforme militar azul y con las insignias de la Liga Planteria. Y apenas escuchó la frase de su subordinado estaba furioso.

-¿Cuánto falta para que este portal esté completo, alférez?-inquirió Vaarnus.

-Veinte microtacs, capitán… lo lamento.

-Los haremos pagar caro… por el Omnipotente que sí. Hagan pasar a los Guardianes al puente de mando pronto, yo mismo les diré la mala noticia.

Mientras tanto, Zertok contemplaba desde el cielo el hermoso y fatal espectáculo ante sus ojos. Los llamados Ángeles de la Muerte eran en realidad satélites equipados con cañones que disparaban poderosos rayos antimateria gracias a motores que podían generarla rápidamente.

Y dichos satélites habían fijado sus blancos en dirección a las principales ciudades del mundo. La carga sería calibrada según las órdenes que diera Huranuk, a una escala proporcionalmente minúscula. Era como usar una pistola para disparar petardos en vez de balas (3).

Pero aquellos "petardos" cambiarían la historia de los terrestres con letras de fuego y radiación antimateria para construir un nuevo orden. De pronto un Ángel de la Muerte lanzó el primer disparo, y así siguieron uno tras otro cada satélite caroniano, disparando hacia la Tierra en intervalos de cinco segundos.

Un minuto antes de que ese cañonazo antimateria fuera disparado, en alguna de las muchas casas construidas en el cerro San Cristóbal (4) en Lima no muy lejos de la cruz donde estaba aquél mirador, una joven de tez morena y cabello negro tenía su rostro cubierto por las lágrimas. Ella no parecía llegar a los dieciocho años.

Había luchado tanto en una ciudad que siempre le dio la espalda con tal de darle algo de comer todos los días a su hijo y ahora todo por lo que había luchado era tan vano mientras veía desde su hogar como toda Lima ardía en llamas, producto de los saqueos de las turbas que peleaban contra la policía y el ejército.

Desde aquella vista obtenida en las alturas del cerro San Cristóbal se veía claramente todo. Edificios incendiándose con familias enteras atrapadas adentro y achicharrándose o asfixiándose, el intercambio de disparos entre policías y militares contra hordas de protestantes que llegaban sin amilanarse aún cuando las calles estaban cubiertas de cadáveres. Después de todo, ellos nada podrían hacer para detener lo inevitable que eran ésos extraterrestres y su poder.

-Mami… ¿por qué estás llorando?-dijo un niño de tres años hacia dicha mujer.

-Perdóname corazón… es que… he tratado de ser fuerte contigo… pero… .-la mujer rompió a llorar.-¡Perdóname por ser tan débil!

-No te preocupes mami… ¿no me dijiste una vez que las personas buenas se van al cielo?-inquirió el niño en una forma demasiado curiosa, parecía querer consolar a su madre con esa pequeña verdad que conocía.

-Pero hubiera querido que hubieses tenido algo más… he tratado de darte todo de mí y… .

-Has hecho demasiado con amarme… lo demás no importa, ¿no me has dicho eso muchas veces?

Madre e hijo se fundieron en un abrazo tierno mientras besaban las mejillas del otro antes de llorar, una demostración de amor increíblemente puro. Contrastante con el baño de sangre que se vivía en Lima y con la saña asesina que los caronianos tenían con todos ellos. Fue cuando vieron como se acercaba aquél extraño rayo del cielo y supieron que todo acabaría cuando en la capital peruana era las diez de la mañana.

-Te amo, hijo.

-Y yo a ti, mamá.

Paul llegó a un ambiente similar al nido de tárasus al que las Inner Scouts, la "pandilla" de Nerima y los hechiceros de Tomoeda habían llegado. De pronto se activaron los proyectores holográficos de ese lugar. Y el Guardián de Bronce observó que millones de vidas estaban siendo arrebatadas en distintas partes del mundo, en intervalos de cinco segundos.

Y la primera ciudad en ser barrida del mapa de aquella forma era la Lima de aquél mundo. Pueda que fuera una realidad diferente, que aquella ciudad no fuera en ningún concepto aquella de la que él era originario. Ni la del periodista de una realidad cuyo tiempo estaba a inicios del siglo veintiuno, ni la del guerrero cuya realidad futurista estaba inmersa en una guerra horrible.

Eso no quitaba que la guerra estaba ahora allí mismo, cobrándose vidas en cantidades astronómicas que nada tenían que ver. Aún cuando él sabía que la potencia de aquél ataque era en mucho inferior a la capacidad real de los Ángeles de la Muerte, eso no quitaba lo horrible de aquél hecho.

-No… esto… no debe estar pasando… .-Paul se sostenía la cabeza, mientras que sentía e imaginaba todo lo que ocurría cuando en Japón era ya medianoche.

Hombres, mujeres, niños, ancianos, parejas de enamorados, novios o esposos… gente que tenía tanto porque vivir y que tal vez se despedían en esos momentos de los modos más dulces y tiernos como hacer el amor o simplemente decirse un "te amo", o personas que quizá cometían los actos más viles como entregarse a todos los vicios y matar antes de morir.

Y Paul las veía arrasadas una tras otra. México D.F., Santiago, Buenos Aires, Sao Paulo, Chicago, Nueva York, Londres, Madrid, Roma, Berlín, Moscú, Teherán, Calcuta, Seúl, Shangai, Sydney… ésas fueron las primeras ciudades. Millones de habitantes, hablando en distintas lenguas y clamando a la divinidad en distintas formas, eran asesinadas sin piedad alguna.

Los huevos de los tárasus empezaron a abrirse mientras que un grupo de soldados imperiales aparecía por la espalda, encerrando al Guardián de Bronce y apuntándole con sus rifles-láser.

-Asesinos… .-murmuró el guerrero en una voz apenas audible.

-Ríndete… así tendrás una muerte más piadosa.-dijo uno de los soldados antes de apuntar su rifle hacia Paul.

-Canallas sin honor… no merecen nada de lo que tienen… ni siquiera la vida… .

-Debemos matarlo ahora.-sugirió otro de los imperiales.

-No… deja que los tárasus lo coman.-contestó un tercero.

-¡SON UNOS MALDITOS ASESINOS Y ACABARÉ CON TODOS USTEDES ASÍ ME CUESTE LA VIDA!-gritó Paul, mientras que sus ojos se tornaban en horribles llamaradas plateadas y brotaban lágrimas de rabia de éstos.

Cuando las ráfagas de láser fueron disparadas, el joven de ojos azul-grises los desvío hacia los primeros diecisiete tárasus que nacían con su telequinesis. Aquellas horrendas criaturas chillaban de dolor al recibir los disparos y caían.

-¡Sobre él!-exclamó uno de los imperiales, lanzándose a la carga con los demás, disparando una y otra vez ráfagas láser de sus rifles.

-¡Expansive Aura Wave!-exclamó Paul, antes de hacer que un enorme estallido de aura destroce las armaduras de los soldados caronianos, dejándolos muertos o malheridos y convertidos en presa fácil de las crías de tárasus que destrozaban sus músculos, órganos y huesos con sus colmillos y el ácido de sus hocicos.

De pronto, tres de aquellas criaturas emitieron un chillido y se lanzaron sobre el Guardián de Bronce, el cual las decapitó con un fuerte Saber Tornado. Pese a ello, un poco de la sangre de las crías le cayó en la mano derecha y entonces Paul resintió aquello. Mierda… es ácido, pensó el guerrero de la luz antes de notar como los tárasus se le venían encima.

Había pasado apenas un minuto de iniciado un nuevo día, y Hyoga bajaba por aquél corredor despachando a algunos soldados imperiales que intentaban detenerlo con rápidos golpes y patadas a la velocidad de la luz, a la vez que destrozaba los pequeños mecanismos que generaban las horribles proyecciones tridimensionales en las que buena parte de la humanidad era despachada como reses en un matadero.

De pronto el Santo de Atena llegó a un ambiente en el que la temperatura poco a poco iba disminuyendo. Y también, la percepción del Santo del Cisne le hacía notar la llegada de una presencia muy familiar.

-Nos volvemos a ver, Cisne.

-Ahora no tendrás tanta suerte y haré lo que debí hacer la última vez, Arinus.

-Eres un imbécil… no me subestimes tan rápido.-repuso el Shadow Warrior.

-Nunca lograrías ganarme, sino hubiese sido por Carlos hubieras muerto.

Arinus sólo elevó ligeramente su aura mientras observaba a través de la máscara que portaba en su rostro con furia a ese muchachito tuerto de cabello rubio.

-Malnacido… me aseguraré que esta vez mueras.

-Demuéstralo… ¡Polvo de Diamante!-anunció Hyoga, descargando aquél ataque contra el enmascarado.

Sin embargo, Hyoga quedó azorado al ver como su técnica quedaba detenida ante algo que parecía ser una especie de barrera de energía aúrica.

-No puede ser… eso es… .

-Así es… se llama Crystal Bubble, y no sólo ese Guardián que está con ustedes puede generarla.

Arinus se lanzó directamente contra Hyoga, atacándolo a punta de cortes con su sable de luz a una velocidad que el Santo de Atena difícilmente podía esquivar. Poco a poco la presión del Shadow Warrior se iba haciendo más fuerte, hasta que estocó a su adversario en el costado izquierdo.

-¡AAAAGGGGHHHHHHHHHH!-Hyoga resentía la estocada de Arinus mientras veía como manaba de allí la sangre, cuando lo paralizó con su telequinesis.

-Ríndete Cisne, o mejor únete a nosotros, así será mucho más sencillo para ti.

El Santo de Bronce tuerto se dejó caer, y el Shadow Warrior tomó aquello como un signo de victoria. Si Hyoga aceptaba lograría puntos ante todos por convencer a uno de los defensores de aquél mundo a unírseles. Y si rechazaba, podría someterlo con facilidad. Fue en ese momento que notó como sintió que sus piernas empezaban a congelarse.

-¡Qué demonios!-el caroniano notó como sus piernas y parte de sus muslos estaban congeladas y sujetó su sable de luz para rematar a Hyoga de una estocada.-Estúpido… morirás por intentar hacer eso.

-El que morirá… ¡Serás tú!-gritó Hyoga, antes de levantar el cuerpo de Arinus por sobre su cabeza y lanzarlo duramente contra el suelo metálico, antes de elevar su aura.-Asesinos como ustedes no merecen ningún respeto… no son guerreros, son sólo basura… ¡Ataque Relámpago de Aurora!

El guerrero imperial recibió los ataques de Hyoga a quemarropa una y otra vez, quedando su cuerpo parcialmente congelado y arrojado por la fuerza del impacto hasta estamparlo en aquella pared de fortaerium. Sin embargo, el caroniano sólo reía para sorpresa del Santo de Bronce.

-Jajaja… estás más emocionado que antes y eso es bueno, vive intensamente tu última batalla… ¡Legión de Seres de Hielo!

Por su parte, en el Palacio Imperial, Takera sentía que todo se le escapaba de las manos luego de que fuera restaurada la electricidad a través de un generador interno recién a las cero horas y seis minutos de aquél día.

De modo le causó una pésima impresión ver en una primera pantalla de televisión que en la calle Uchibori-dori, al frente de los edificios de la Policía Metropolitana de Tokio WarGreymon arrojaba una inmensa esfera de energía de sus manos destruyendo así una columna de tanques caronianos y Land Chasers, y MetalGarurumon exhalaba de su hocico una enorme ráfaga congelante que ralentizaba los movimientos de cuatro androides caronianos que se volvían presa fácil de los puñetazos del gigantesco Garudamon. Y no muy lejos de allí, se podían oír las muertes de los hombres que defendían

En otro televisor aparecían varios soldados imperiales caídos por el impacto de una flecha de energía de Angewomon, otros más destazados los cortes de la espada Excalibur que portaba MagnaAngemon en su brazal derecho, así como cuatro Land Chasers destrozadas junto con sus pilotos por varias ondas de energía proyectadas por Aquilamon. Y todos sus cuerpos estaban regados a un costado de la entrada de la estación Sakuradamon de la línea Yurakuchu del metro de Tokio.

Y en un tercer monitor llegaban Izzy y MegaKabuterimon trayendo consigo una enorme avanzada de fuerzas imperiales y digimons que estaban cerca del jardín frontal de la Dieta. Sólo para que un instante después sean eliminados por una poderosa descarga de energía disparada del cañón derecho de ImperialDramon que miraba de pie y desafiante a aquellos enemigos.

-¡Malditos!-Takera sintió tanta ira en ese momento que arrojó su celular contra una pared y dejó que éste quedara hecho pedazos.

Suzuka entonces ingresó al recinto para informar todo lo que pasaba.

-Emperador, nuestras fuerzas están resistiendo lo más que pueden ante el ataque aliado en Hokkaido y… .

-¡Diles que resistan hasta la muerte! ¡Diles que debe ser derramada la mayor cantidad de sangre extranjera!

-¿Qué es lo que ocurre, Majestad?-inquirió el general.

-Los que defendían las islas Ryu-kyu y la isla de Kyushu han desertado y rindieron esas islas a los aliados. Esos perros traidores… ¡¿cómo demonios puedo lograr algo si los que me rodean son solo cobardes?!-gritaba Takera fuera de sí.

-Deberías dejar de tomarte tan en serio el papel de emperador, Takera.-dijo Lao, entrando a la sala donde estaban Takera y Suzuka.

-¡Cómo me llamaste, chino estúpido! Ahora mismo estás en suelo japonés y no puedes dirigirte a mí de esa forma.-le dijo el emperador japonés.

Aquello hizo que todas las células de Lao hiervan de furia. Ese asqueroso perro japonés se creía el más poderoso entre ellos, cuando él jamás hubiera estado sentado en aquella silla por sí mismo. No aguantó más e intentó lanzarse contra el emperador de Japón usando una daga que guardaba en la manga de su saco, pero Takera pudo prever aquél movimiento y desenfundó velozmente una pistola antes de darle en el muslo izquierdo al chino, para luego patearle el rostro.

-¡Soy el emperador de Japón y yo mando en este maldito país así como sobre las vidas de todos los que están en él! Por tu insolencia al atentar contra mi vida… te sentencio a muerte.-Takera miró a Suzuka por un momento, y éste sólo desenfundó su katana y decapitó a Lao de un corte limpio que le cercenó la cabeza.

Konoye y Nikitin entraron a los pocos instantes, cuando escucharon el ruido de aquella pelea.

-¿Qué fue lo que pasó, Alteza?-preguntó Konoye.

-Este miserable chino intentó conspirar contra mí… Suzuka, coloca la cabeza de este perro asqueroso en la puerta de mi despacho y da la orden a toda la gente de este chino que deben jurar lealtad a mí o de otro modo acabarán como su jefe.

-Considérelo hecho.

-Ah, y quiero que le des ese mismo mensaje a todos los mandos militares de Japón, si se intenta lo mismo que hicieron en Ryu-kyu y en Kyushu, la pena es la muerte. ¡No quiero más traidores acá, me oyeron! ¡Y tráiganme a los infelices que intentan atacar mi Palacio, vivos o muertos, de preferencia vivos para que los remate yo mismo!

Konoye, Suzuka y Nikitin asintieron ante aquello, sin embargo, el ruso empezó a considerar que tal vez hubiese estado mejor si no se hubiera movido de San Petersburgo. Takera es demasiado inestable, creo que lo mejor es prepararlo todo, pensaba Nikitin.

En las afueras del Palacio Imperial, los digi-destinados y sus digimons finalmente pudieron colocarse detrás de los restos de un enorme edificio que alguna vez fue sede de la Policía Metropolitana de Tokio. Por los estragos del combate, el lugar lucía como si hubiera sido bombardeado, sin embargo servía como barrera ante un nuevo contragolpe de las tropas caronianas.

-Dos escuadrones por la izquierda y uno desde el cielo sobre ellos a mi señal.-indicó un alférez caroniano.-Iré con algunas Land Chasers por el flanco derecho. Cuando salgan los abatiremos con los tanques.

-Entendido.-dijeron los militares caronianos, que ya estaban posicionándose.

Mientras los tanques, Land Chasers y soldados empezaban a posicionarse precisamente para atacar a los digi-destinados, éstos tenían otros planes a la vez que MagnaAngemon empleaba una energía multicolor de sus alas superiores para sanar a los demás digimons. Y todos en aquél momento lloraban la muerte de Joe y Zudomon, ni bien Izzy contó lo sucedido.

-Debemos asegurar que los caronianos no ataquen a los amigos del señor Monouhi.-sentenció Yolei, con firmeza.

-Yolei… .-murmuró Davis.

-Murieron Mimi y Palmon, Cody y Digmon, Joe y Zudomon… y todos nuestros amigos del Digimundo y los digi-destinados… ¡ya no podemos permitir más muertes!-exclamó la digi-destinada de cabellos morados y lentes delgados.

Fue entonces que una proyección holográfica aparecía horrorizando a los digi-destinados y sus digimons. Se veía sobre las cabezas de ellos una imagen de la Tierra, y mediante acercamientos momentáneos se observaban diversas ciudades en todo el planeta que eran arrasadas con todos sus habitantes. Monstruos, fue el pensamiento unánime de aquél grupo, cuando el alférez habló en tono arrogante:

-¡Las ciudades de su mundo son arrasadas con sus habitantes! ¡Destruiremos sus cuerpos y sus espíritus por completo si siguen peleando! ¡Sean inteligentes! ¡Reescribiremos la historia de la Tierra y le daremos una nueva era! ¡Únanse a nosotros en ésta labor! ¡Ríndanse y evítense más dolor! ¡O sean parte del pasado decadente que erradicaremos y mueran!

La única respuesta que recibió aquél militar caroniano fue ver cómo emergían furiosos aquellos digimons, con lágrimas en los ojos. Ignorando el dolor, seguían adelante y mataban a todo aquél enemigo que se interpusiera en su camino. Por el pánico, aquél alférez buscó comunicarse con Huranuk.

-Comandante… esos monstruos han contraatacado con más fuerza que antes… necesitamos refuer… aghhh… .-se había cortado la transmisión.

Huranuk comprendió que Takera y su gente no iban a aguantar. Bien podía abandonar al emperador usurpador, y dejarlo a su suerte, pero si permitía a los defensores de ese mundo que peleaban en el Palacio Imperial una victoria fácil entonces quizá se unirían a los que habían atacado la base. Además, aún estaban las fuerzas terrestres en el mundo. Existía la posibilidad de que intentaran replegarse y huir como sería en el plan que tendrían ellos. No podían permitir algo así más tiempo.

-Zertok… sigue con el bombardeo antimateria, y manda refuerzos a la Tierra, necesitaré más tropas de refuerzo.

-Dalo por hecho.-contestó el capitán desde el puente de mando de la "Yusud".

Por su parte, el comandante imperial frotaba sus manos con gusto. Ya se sabía vencedor cuando el reloj marcaba las cero horas y nueve minutos.

Fin del capítulo 38.

Notas del Autor:

Lo único que lamento es que una serie de obligaciones me haya impedido celebrar algo maravilloso como se debía. Y es que Las Dos Caras del Ser cumplió diez años el 1 de octubre de 2013 (vaya que ha pasado el tiempo). Este es quizá uno de los momentos más infames de éste fanfic, el bombardeo antimateria sobre toda la humanidad. Y se pondrá mucho más interesante a medida que avance el resto de ésta parte de la historia.

Por cierto, vale la pena aclarar algo. Últimamente he estado leyendo un libro llamado La Doctrina del Shock de Naomi Klein (magnífica periodista canadiense). No, no es un libro ficticio, es uno que tiene contenidos muy reales que vale la pena que analicen.

Y varios conceptos de eso son empleados en éste caso por los villanos de mi historia, como convertir la mente de un individuo (o en extremos enormes aplicables a ésta historia, la psique colectiva de la humanidad) en una tabla rasa que destruya en el proceso toda la identidad que uno podría tener para así reescribirlo todo. Es algo verdaderamente funesto que sucede en la actualidad en todo el mundo, y que para efectos de éste fic es narrado así.

Como verán la lucha en todos los frentes se está poniendo cada vez más agresiva. Las preguntas son: ¿los defensores de éste mundo podrán vencer a las fuerzas del imperio caroniano?, ¿llegarán a tiempo los refuerzos de la Liga Planetaria para lograr cambiar las cosas?, y sobre todo… ¿las cosas marcharán bien al final de todo esto? Dudas, maldiciones, insinuaciones y demás a falcon_blueaura o a falconblueaura

Si quieren las respuestas a las preguntas planteadas en el párrafo anterior, tendremos que leernos en el capítulo 39.

Lista de términos:

(1) fortaerium: Una aleación muy especial del universo de Las Dos Caras del Ser cuyas uniones moleculares son tan fuertes que incluso aguantarían un disparo de un tanque caroniano y quedar como si nada, así como absorber la radiación antimateria. Habrá una mención de ello en el Capítulo Cero de Las Dos Caras del Ser.

(2) insectos bípedos de cráneos alargados y cuyos hocicos repletos de colmillos babeaban ácido y emitían horribles chillidos: Por si esta descripción no les dio una pista de la referencia, hagan de cuenta que las crías de tárasus tienen la forma de un xenomorfo. ¿Más claro que eso? Como el alien de las películas de Alien.

(3) usar una pistola para disparar petardos en vez de balas: En la versión anterior de éste fanfic, jamás se consideraron varias cosas sobre lo que implicaría un bombardeo antimateria, que sería muchísimo peor que los efectos desencadenados por una guerra nuclear. De allí que se regule la potencia del bombardeo a una escala mínima pero que de todos modos es devastadora y causará miles de millones de muertes en la Tierra.

(4) cerro San Cristóbal: Un cerro de Lima que tiene en su cima una cruz de veinte metros, y en el que se tiene una vista impresionante de buena parte de la capital peruana y que está relativamente cerca de Palacio de Gobierno y el Congreso. Paradójicamente a esa cercanía, está habitado por familias de condición humilde que descienden de migrantes de origen andino que llegaron a mediados del siglo pasado que fueron discriminados por las élites limeñas.