Capítulo 37: "El destino de Inuyasha"

Izayoi, a pesar de su delicado estado de salud, pudo lograr evadir a los matonescos guardaespaldas de su ex marido que desde hacía un par de días custodiaban el departamento de Inuyasha, gracias a la conversadora Kaede que, mientras le hablaba de mil formas para hacerse entender en griego y japonés a uno de ellos, ella logró escapar. Sabía donde debía ir mientras tanto. El mensaje de voz que Toutossai había logrado enviarle días antes decía que debía ir a tal isla en Grecia y quedarse ahí, que eran órdenes de su hijo.

Aunque la mujer y su cocinera sólo escapan de Japón debido a que Inuyasha se los ordenaba y porque sabían que tal vez no regresaría, ninguna de las dos sabía realmente el peligro de muerte que corrían, pues en ese momento no sabían hasta que punto podía ser capaz Inu Taisho de querer a toda costa que se hiciera su voluntad, para la mujer, él seguía siendo un egoísta e insensible hombre… pero no imaginaba siquiera en qué cosas estaba involucrado y de lo que realmente era capaz de hacer con tal de obtener lo que quería.

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Cuando despertó, sintió la tibieza de aquel cuerpo menudo, pequeño y suave entre sus brazos, además de eso, su olfato aspiró y reconoció con placer el aroma a flores y a sal del cabello azabache de ella que acariciaba su pecho desnudo como un manto de seda negra. Inuyasha sonrió y la abrazó más contra su cuerpo, sonriendo y olvidando la realidad, tan sólo quería quedarse así, abrazado a la mujer que hacía revivir su corazón, su espíritu, sus esperanzas, su deseo de vivir.

Kagome se removió y su rostro denotó una mueca de dolor, Inuyasha pudo sentir en su estómago el movimiento sobresaltado de su abultado vientre, era su hijo quien tal vez había despertado, ya que toda la noche había permanecido en completa calma. La joven entreabrió poco a poco los ojos y luego de un par de segundos, alzó el rostro a él, Inuyasha no pudo evitar sonreír enamorado y acariciarle el rostro con su mano.

- Buenos días…- Murmuró y le dio un corto beso en la punta de la nariz.

La muchacha sonrió feliz, se acurrucó más hacia él y le dio un beso corto en su cuello.

- Buenos días.

A pesar de que en un principio se sentía realmente dolida por tener que dejar el lugar que había decidido fuera su hogar y de tener que estar casi obligada junto a Inuyasha, temiendo que en cualquier momento volviera nuevamente a su país de origen, dejándola sola una vez más, ahora ya no sentía lo mismo, era como si todo el dolor, el temor, la desconfianza, se hubiera disipado, es más, como si nunca hubiera existido. Él estaba a su lado y se preocupaba de su condición. Jamás había sido tan mimada, tan amada como aquellos días junto a ese hombre. Era extraño no tener que cocinar o hacer algo de la limpieza, a pesar de estar en un pequeño yate, él lo hacía todo por ella, por el bebé, por querer demostrar que valía la pena y que ella ya no tenía porqué dudar ni desconfiar, él había cambiado, completamente y se obsesionaba con estar a su lado… ¿Cuántos días llevaban en alta mar? ¿o semanas? Pero siempre cerca de las islas y ella aunque no las conocía tuvo la impresión que a veces rodeaban Santorini… había olvidado porqué estaban ahí… casi parecían… vacaciones…

Pero no lo eran… y estar así tampoco la tranquilizaba por completo. Se incorporó en la cama y se sentó mirando con seriedad a Inuyasha quien se encontraba de lado, con el codo afirmado en la colcha y su mano sostenía su cabeza, a la muchacha le parecía que aquella pose era de lo más engreída pero a la vez tan natural en él…

- ¿Cuánto tiempo más estaremos así, a la deriva?

- ¿No te gusta estar conmigo?- Contrarrestó el muchacho sonriendo y estirando su mano para alcanzar un largo mechón del cabello de Kagome que le colgaba sobre un hombro.

Ella se llevó una mano al vientre. El bebé seguía pateando. Seguro tenía hambre, al menos ella lo tenía.

- Sí me gusta…-Masculló, mirándose la barriga, avergonzada-… pero estamos escapando de…-De pronto lo enfrentó con la mirada-… ni siquiera tu sabes de quien escapamos.

Él arrugó el ceño, soltó el mechón de ella que tenía ya enredado en sus dedos y entonces suspiró. Detestaba tener que volver a la realidad, detestaba tener que enfrentarse a su más grande temor, ese de sentirse inseguro, más bien el de no ser capaz de proteger a Kagome ni al bebé… o el que apareciera algún inconveniente que lo obligara a alejarse de ella. Se sentó en la cama y volvió a suspirar, acongojado.

- Ya te conté lo de Sesshomaru…

- No puede ser que tu propio hermano quiera… lastimarme ¿por qué? Yo no le he hecho nada, es absurdo.

- Kagome… ya lo conversamos…-Gruñó, pasándose una mano por el cabello.

- ¿Y si Miroku se equivocó? Quizás no era tu hermano… viste que deliraba la vez en que lo vimos…

Inuyasha entrecerró los ojos y tragó fuerte. Ya habían tenido varias veces esa misma conversación. Kagome se negaba a creer que existía peligro y menos se convencía puesto que Inuyasha tampoco podía explicarle la razón de ese mismo peligro. A decir verdad, realmente no lo sabía, sólo había decidido usar la táctica del escape y una vez en alta mar deseó con todas sus fuerzas permanecer apartado del mundo, sólo con Kagome… bueno, también su hijo, porque al fin la muy malvada había confesado que lógicamente era su heredero.

- Seré sincero…- Dijo de pronto, mientras ella ya se encontraba de pie junto a la cama y vestía encima de una delgada camisola de dormir, una salida de baño dispuesta a ducharse y sacarse el calor agobiante del cuerpo-… no tengo la menor idea de lo que esta pasando.

La joven alzó sus cejas y luego suspiró, derrotada, mientras Inuyasha salía de la cama apenas vistiendo sus bóxers.

- Eso ya… lo imaginaba…

Él estaba en frente suyo y la había tomado de ambas manos, Kagome lo miró a los ojos, intentando una vez más hacerlo razonar.

- No podemos pasarnos la vida escapando…

Inuyasha esbozó una mueca dolorosa y bajó la vista, levemente avergonzado.

- Eso… ya lo sé…- Respondió y pareció meditar la situación un par de segundos, luego, alzó sus ojos dorados y los enfocó de lleno en la muchacha que lo miraba con preocupación e infinito amor, él no pudo evitar volver a sonreír y acariciar su mejilla sonrosada. – Estamos frente a tu amada isla… anclaremos pero tu te quedarás aquí, yo iré y averiguaré como andan las cosas ¿te parece?

Kagome sonrió y asintió.

- Esta bien…- A Inuyasha no le gustaba mucho la idea de volver, pero era cierto lo que la joven decía, no se podían pasar la vida escapando y además en las condiciones en que estaba ella era mejor permanecer en tierra. No quería ni imaginarse si por algún inconveniente se adelantaba el parto. Imposible apenas tenía unos siete meses. Faltaba para eso.- Entonces… como apenas amanece aprovecharé de ir… espero que Miroku se este comportando como un caballero con esa amiga tuya.

La joven sonrió.

- Sango sabrá defenderse si es necesario.

Inuyasha apenas sonrió, no entendía muy bien pero de cualquier forma confiaba en lo que Kagome le decía. Caminó hasta donde estaba la mesita de noche y de entre su cajonera sacó el móvil. La ex sirvienta pudo notar que esta vez el suyo era uno bastante más moderno que el anterior, recordó con pesar a Natsuna que se había deshecho del que tenía como recuerdo de Inuyasha por puros celos. Trató de apartar aquellos malos pensamientos de su mente.

- Desde… que llegué aquí alertado por Miroku, he tenido el móvil apagado… - Dijo mirándolo con recelo y luego alzó los ojos hacia la muchacha-… tampoco saco mucho ya que en este lugar la señal es pésima.

- Es cierto. Imagino que debes estar en Thira para que logres comunicarte.

- Sí… - Murmuró, volviéndolo a mirar. – Tengo que saber como esta mi madre también… bien… bajaré y averiguaré como van las cosas…- Le acarició el rostro y luego la besó. Sintió como ella aferraba sus manos tras su espalda y entonces él no pudo evitarlo y ahondó más el beso. Le costaba horrores poder controlarse con Kagome estando en ese estado tan avanzado de embarazo pero la muy malvada no hacía nada por ayudarlo, al contrario. Entonces la apartó con suavidad y le sonrió maliciosamente, ella también lo hizo y su mirada prometía que cuando dejara de tener esa inmensa barriga las cosas iban a ser distintas. - Mejor me daré una ducha…- Masculló Inuyasha adelantándose y entrando al baño.

Kagome caminó a paso rápido y alcanzó a sujetar la puerta.

- Oye… yo estaba primero…- Protestó, como una niña chiquita.

El hombre se aproximó a ella rosando su pecho desnudo y asiéndola desde la cintura susurró en sus labios.

- Déjame hacerlo primero o si no las verás muy mal…

La ex sirvienta se estremeció y luego sonrió y le golpeó suavemente el hombro con su mano para que la soltara.

- Te aprovechas de mi estado…

El hombre sonrió.

- No mi amor, eres tu quien se esta aprovechando… pero ya verás… ahora, deja que me arregle rápido que quiero hacer todo lo que hay que hacer lo antes posible. No me gusta dejarte sola.

- Estaré bien.- Aseguró Kagome caminando con lentitud y sentándose en la cama.

Inuyasha tragó. Imaginarse tener que apartarse de ella un par de horas le desagradaba sobremanera. Pero debía hacerlo. ¡Maldita sea!

- Cuando vuelva te traeré una gran barra de chocolate…

Kagome apoyó su mano en su vientre y habló al bebé.

- Tu padre cree que puede sobornarnos con una miserable barra de chocolate…

- ¿No? – Dijo él abriendo sus dorados ojos como plato, sorprendido-¿Qué tal…

- Tengo deseos de comer comida normal y no enlatada… desearía poder comer en un restaurant de esos que hay junto a alguna playa… de noche…- Respondió con ensoñación y sin mirarlo, pero sonriendo sabiendo que él podía captar el mensaje.

- Ahh… no faltaba más… entonces tienes una cita esta noche, mi amor, para cenar.- Prometió él aunque no le gustaba mucho la idea de tener que pasearse con ella por Santorini sin saber aun donde diablos estaba su hermanastro. Pero por Kagome…

- ¡Gracias!- Sonrió feliz ella.

Inuyasha suspiró enamorado y luego sonrió. Por aquella sonrisa, haría cualquier cosa…

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Los días pasaban rápidamente y él ni siquiera había notado que el tiempo trascurrido en el mar habían sido casi 3 semanas. Cuando llegó a Thira después de la llamada de Miroku, el clima en la isla era fresco y el calor se hacía notar levemente, ahora, se notaba claramente los estragos de un pronto seco verano, pero ya no le agobiaba aquella sequedad, es más, sonrió al sol que brillaba con todo su esplendor porque el sol era vida y alegría, pensó, era esperanza y fuerzas para seguir una vida nueva, completamente nueva, haciendo lo que él quería, lo que realmente deseaba, estando con las personas que lo eran todo para él.

Había dejado el yate junto a una pequeña caleta en Oia y estando en aquella pequeña ciudad, famosa por ofrecer el más hermoso atardecer del mundo, se decidió al fin a encender su móvil para estar en contacto con Toutossai.

Su último encargo había sido el proteger a su madre, aquella ocasión en que apareció en el yate con Kagome, había hablado con el anciano dándole instrucciones precisas para que se contactara con su madre y la trajera de vuelta. No le gustaba el que ella estuviera sola, imaginaba el enfado de su padre ante una boda fallida y seguro le reprocharía a ella. Claro que como aquella vez andaba de paranoico y veía en cualquiera de Japón un enemigo, le pidió que la refugiara en un lugar apartado de Santorini, en lo posible en una isla cercana hasta que se pusieran de nuevo en contacto.

Sonrió cuando encontró que tenía un par de mensajes de voz. Marcó un par de números y luego de un momento ya sabía los resultados de Toutossai el cual le informaba que todo había salido bien. Luego, los siguientes eran, uno de su ex novia que con una frialdad impactante lo mandaba a…, Inuyasha cortó antes de escuchar la sorprendente grosería. Otro, de su padre, que le estremeció el cuerpo pero no le provocó amedrentamiento y finalmente uno de su madrasta que lo insultaba de la peor manera. Ese fue el que menos le importó. Un ultimo mensaje era de Miroku que en voz baja y algo temblorosa le decía que tenía una sorpresa y que en lo posible se acercara rápido a donde lo habían dejado.

El mensaje era de dos días atrás e Inuyasha fue de inmediato al puerto de Thira sin saber que aquella visita, le abriría los ojos para siempre.

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No sabía a que hora volvería, aunque él hubiera prometido regresar lo antes posible. Sin embargo, decidió que se esmeraría en preparar una comida con lo poco que había en la despensa, así le demostraría que cocinaba mejor que él. Se prometió que en cuanto regresaran a casa, prepararía un gran pastel de crema y chocolate que tanto le gustaba a Inuyasha cuando era pequeño.

Tarareando una canción, se puso manos a la obra a pesar del agobiante calor. Con un pañuelo en la cabeza cubriendo su sedoso cabello comenzó a abrir las latas de salmón. En cuanto estuvieron abiertas su olor le provocó malestar, no es que estuviera en mal estado, es que los últimos días era lo único que habían probado y eso ya le desagradaba sobremanera. Hurgó en la cajonera hasta que encontró unas pastas y champiñones enlatados los cuales les bastó para cambiar el menú. Vertió agua en una cacerola y mientras comenzaba a abrir la lata de champiñones una mano grande y fuerte sostuvo su boca y su espalda chocó contra un cuerpo duro, musculoso y grande. Aterrada y sin poder gritar intentó moverse, la lata cayó al suelo y otra mano la envolvió y la apretó con fuerza desde su vientre, el bebé pateó y Kagome cerró los ojos soportando el dolor de aquel brusco movimiento.

- Silencio…- Gruñó el hombre en su perfecto japonés, la arrastró hacia atrás a pesar de que ella se opuso con todas sus fuerzas, luego la muchacha intentó ceder, ya que la mano que él presionaba sobre su vientre se estaba volviendo demasiado pesada, el dolor se había agudizado por completo y ante su miedo y la fuerza que el desconocido empleaba sobre su vientre, el bebé se movía desesperado dentro de ella.

Estaba en pánico, la joven imaginaba que estaban lastimando a su bebé, desesperada le dio un pisotón al hombre, éste chilló y la soltó, Kagome quiso correr pero se tambaleó, aunque no sabía si era por el vaivén del yate o que sus piernas apenas le respondía ya que temblaba por completo del miedo. Se detuvo jadeando en la baranda, buscando la escalerilla para poder acceder al puerto, cuando la vio, corrió hasta ella pero enseguida alguien la agarró del cabello que colgaba tras la pañoleta, gritó pero enseguida su boca fue cubierta y esta vez no fue solo la mano, iba un pañuelo impregnado en algo que también tapó su nariz, creyó morir cuando se dio cuenta que el aroma la estaba sedando, se movió sobre el hombre que volvía a poner su mano brusca sobre su estómago, Kagome dejó de luchar, las fuerzas se agotaban y perdió el sentido en cosa de segundos, lo último que pensó fue en su bebé.

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- Oh ¡Por Kami! ¡Inuyasha!- Miroku lo tomó de la camisa y lo obligó a entrar en la pequeña casita de Sango.

El de ojos dorados iba a hablar pero le sorprendió la actitud inquieta y seria de su asistente y amigo, al instante apareció de una de las habitaciones interiores Sango, la muchacha lucía tensa y extremadamente seria, en cuanto lo vio se acercó con rapidez hasta ellos y se posó al lado de Miroku, tan cerca que sus hombros pequeños y delgados tocaron los de su amigo. Inuyasha no era muy observador y menos a este tipo de cosas pero aquí había confianza y eso lo hizo sonreír con burla mientras miraba a su amigo. Su asistente no le siguió el juego.

- Es bueno que hayas venido.

- ¿Dónde esta Kagome?- Preguntó Sango en cambio, con la respiración agitada y mirando fijamente a Inuyasha.

- Ella esta bien, en un lugar seguro- Respondió con toda convicción.

La muchacha lo miró con aprehensión y luego desvió la vista hasta Miroku.

- Debes contarle todo. Sea cierto o no.

- Ya lo sé- Masculló Miroku alzando los hombros pero terriblemente tenso. Inuyasha los miró a ambos y luego se echó las manos a los bolsillos de su pantalón de lino.

- ¿Acaso tienen algo que contarme? ¿alguna noticia de mi hermanastro?

Su asistente enfocó sus ojos azules en él.

- Más que noticia, diría yo.

Lo miró fijo sin decir nada, fue Sango quien posó una mano en el brazo de Inuyasha y con un gesto en el rostro le pidió que la siguiera. El joven Taisho al instante jadeó de expectación. Miró a Miroku y éste hizo una afirmación con su rostro que hizo tragar dolorosamente a Inuyasha.

Se pusieron en camino hasta el interior de la vivienda y cuando llegaron a la última alcoba, Sango abrió la puerta y se quedó ahí, esperando que Inuyasha pasara primero. El muchacho apenas respiraba, los observó a ambos nuevamente, a Miroku, quien estaba bastante bien y ya ni siquiera usaba cabestrillo y a la muchacha, que tenía el rostro demasiado serio, endurecido.

Inuyasha volvió a tragar, apenas respiraba, su cerebro se negaba a pensar en las posibilidades, entró a paso lento y entonces, al ver el rostro de aquel que estaba sentado en la única silla de la habitación, amordazado, amarrado fuertemente de pies y manos y el torso a la silla, vigilado con atención por aquel chiquillo que antes, cuando lo había conocido en otras circunstancias le parecía meramente un niño pero ahora parecía… un ninja, Inuyasha expulsó todo el aire retenido y sus ojos se abrieron infinitamente más.

- ¿¡Sesshomaru!

- Vino a completar el trabajo… en realidad lo sorprendimos queriendo entrar a la casa de Kagome- Explicó Sango.

Inuyasha miraba fijamente a su hermano. Es cierto, cuando su asistente le había contado lo sucedido con él, le creyó, pero estando en altamar con Kagome había comenzado a dudar, ahora, lo tenía ahí, enfrente suyo, mirándolo con odio infinito, moviéndose como energúmeno pero sus movimientos eran en vano. El joven Taisho tragó más dolorosamente comenzando a sentir los latidos de su corazón aun más acelerados. Palideció.

- No… no puede ser… - Murmuró.- Y entonces se acercó más a su hermanastro y lo miró con incredulidad-… tu… ¿qué haces aquí?...- Como lógicamente no obtuvo respuesta Inuyasha alzó el rostro a Miroku, estaba aturdido, no podía hilar sus pensamientos ni nada.

- Te dije que estaba tras mío… pero en realidad a quien busca es a tu Kagome.

- Pero…- Y se volvió hacia su hermanastro- ¡¿Por qué?

Seguía mirándolo con odio, de sus ojos ambarinos, casi iguales a los suyos, destellaban pequeños matices rojizos, como un demonio, como todos los Taishos cuando su corazón estaba envenenado de odio, ira, rencor o rabia.

- Quítale la mordaza, Kohaku- Ordenó Miroku. El niño se puso de pie y lo miró con aprensión. Miroku suspiró-… tranquilo, si arma un escándalo, él mismo saldrá perjudicado.- Y entonces se sacó del bolsillo del pantalón, un pasaporte, el asistente miró a Inuyasha que lo observaba sin comprender- Falsificado.

El menor de los Taisho volvió la vista a su hermanastro al tiempo que Kohaku le quitaba la mordaza, cuando Sesshomaru estuvo libre de ella se relamió los labios resecos y su garganta se agitó ante la saliva que tragaba.

- Espero… por tu vida que no sea verdad lo que Miroku me ha contado…

Sesshomaru agudizó la mirada, ahora parecía no estar dispuesto a hablar, Inuyasha esperó, bueno, no tanto por su impaciencia, se acercó y se puso de cuclillas para estar a la altura de su rostro.

- Dime maldita sea, qué esta pasando…- Gruñó, con un tono demasiado profundo, gutural. El muchacho respiraba apenas esperando impaciente una respuesta a todas las dudas que colmaban su cabeza y que no lograba explicar… o no quería inconscientemente hacerlo. Cuando su hermano esbozó una sonrisa burlona Inuyasha perdió completamente la paciencia y lo agarró del cabello, obligándolo a acercar su rostro al suyo.- Vas a decirme maldito hijo de perra todo ¡ahora!- Sesshomaru lo miró con odio, respiró fuerte sobre su rostro pero se negó a hablar. Inuyasha tembló de pura rabia, lo asió aun más fuerte y murmuró- Nadie sabe que estas aquí, bastardo… pues tu pasaporte es falsificado… si mueres, seguro será con otro nombre…

Sesshomaru rió suave.

- ¿Tú me matarías? Por favor…- Se burló.

- ¿No? – Lo jaló aun más del cabello y entonces masculló fiero- Te metiste con mi amigo y lo intentaste con Kagome… no me desafíes…

Su hermanastro dejó de sonreír, entonces Inuyasha lo soltó y se puso lentamente de pie. Lo tenía enfrente pero aun no lograba entender qué diablos estaba pasando ¿Cuál era el interés de Sesshomaru? ¿por qué había lastimado a Miroku? ¿qué quería de Kagome?

- Esta bien… - Dijo el mayor de los Taisho, demasiado altivo para alguien que estaba completamente reducido y maniatado-… verás… la culpa de todo la tienes tu…

Inuyasha soltó una carcajada, pero hastiado, se movió de un lado a otro y luego volvió al centro, frente a su hermanastro.

- Por favor…

- Claro. Si hubieras obedecido las ordenes de nuestro padre, la familia estaría segura económicamente, su reputación no hubiera sido puesta en duda, todo marcharía como debería ser.

- Eso lo sé ¿Cuántas veces debo pedir perdón por mi error?

- No hablo de antes…- Agregó su hermano- Hablo de ahora.

Inuyasha parpadeó, confundido.

- ¿Ahora?

- Parece que tendrás que explicar desde el principio- Amenazó Miroku cerrando la puerta tras su espalda. Asegurándose que nadie pudiera escuchar al muy maldito en caso que quisiera pedir ayuda.

Sesshomaru miró con desdén al joven asistente y luego posó su dura mirada en Inuyasha, que estaba enfrente suyo observándolo aun en completa confusión.

- Lo de antes con esa… desagradable mujer, Kagura, fue un desafortunado error y tragedia… mi padre hizo todo lo posible para proteger y salvar a nuestra familia de la ruina y la deshonra… una deshonra que tu provocaste…

- ¡Basta!- Masculló el muchacho con los puños apretados y conteniéndose para no golpearlo ¿hasta cuando le enrostrarían su error?

- Mi padre hizo todo lo posible para que esa mujer… no nos perjudicara…- Prosiguió indiferente Sesshomaru-… y confió en ti… te consiguió el mejor partido, la mejor novia que nos salvaría a todos de la miseria y ruina… una novia… que fuera lo bastante atractiva para ti, sabiendo desde el principio lo muy enredado que estabas con la sirvienta de tu sucia madre.

Inuyasha se quedó paralizado. Lo miró con sus ojos muy abiertos, la boca entreabierta pero no pudo articular palabra. Sesshomaru esbozó una leve sonrisa cruel.

- ¿Qué? ¿Te sorprende que nuestro padre haya sabido desde el principio tu romance con la sirvienta? Él jamás dejaría que uno de sus hijos se quede sin su "protección". Por eso que tu novia en Tokio es tan parecida a tu sirvienta… el viejo creía que podrías olvidar fácilmente… aparentemente, se equivocó…

El menor de los Taisho no daba crédito a lo que oía. Significaba que siempre fue vigilado, custodiado y él jamás se había dado cuenta. Claro, después del horrible equívoco con Kagura, su padre había dejado de confiar en él y por eso mandó a que lo vigilaran. Pero… Kikyo… Kikyo había sido elegida por parecerse a Kagome… eso había sido… cruel…

Volvió el rostro pálido hacia su medio hermano, este volvió a sonreír con crueldad.

- Creyó que podría manipularte a su antojo, que jamás volverías a Santorini nuevamente… pero claro…- Miró a Miroku-… eres igual que el viejo, siempre mandando a cuidar sus intereses…

Inuyasha lo miró fijo, se dio el valor para pronunciar las palabras que tenía atragantadas en la garganta.

- Él sabía… que Kagome esta… que es mi hijo…

- Otro bastardo más… aunque claro, el de Kagura no era tuyo pero había que asegurarse… por eso tuvo que deshacerse de ella.

Aquella nueva revelación hizo saltar el corazón de Inuyasha, que de pronto sintió que se quedaba sin sangre y sin movimiento, miró a su hermanastro sin poder creer lo que estaba escuchando, pero ahí estaba, diciéndole una verdad que le era imposible de creer, pero tampoco había creído que su propio hermano hubiera querido matar a su amigo y socio, que estaba tras Kagome… que su padre estaba involucrado…

- La… la mataron… - Balbuceó, pero luego sacudió la cabeza, negándose a creer tal crueldad- No, no es posible, ella… ella se provocó una intoxicación con… con…

- Bueno, la muy cobarde ingirió un par de productos para plagas que en realidad no fueron nada, pero sí tuvo que ir al hospital… estando ahí fue fácil acabar con ella… una enfermera inyectó una dosis de algún medicamento que la mató… así nos asegurábamos de que no hablara más… siempre fue un estorbo y miedo constante para nuestro padre... lo que más cuida él es el honor, la reputación de nuestra familia… de nuestro apellido… sin embargo… tu sigues cometiendo el mismo error…

Estaba demasiado consternado para reaccionar de inmediato, su mente se poblaba de imágenes de Kagura asesinada por orden de su propio progenitor para tapar sus errores, ocultarlos bajo tierra, por supuesto era una deshonra el que naciera un niño de su sangre si la madre no era de familia honorable o reputación intachable o adinerada… fue entonces que pensó en Kagome, su Kagome que había estado sola todo este tiempo, que había sido vigilada por él, quizás… quizás estuvo a punto de morir también, eso le heló la sangre e incluso creyó que había dejado de respirar cuando reaccionó ante tal pensamiento. Pero su Kagome estaba viva… claro, porque él se había mantenido alejado, fuera de su alcance y como su Kagome no había revelado la paternidad del padre, no había sido amenaza… sin embargo cuando él dejó todo botado allá en Tokio y volvió a su lado y se marchó con ella… entonces, ahora sí Kagome era de peligro… Sesshomaru la vigilaba y ahora tal vez tenía que acabar con su vida… ¡oh, Kami Sama! ¡Kami Sama! El muchacho creyó que se volvería loco ante tal aberración, ante tal crueldad y horror. Miró a su hermanastro estupefacto y tragó con fuerza al darse cuenta la clase de monstruo que era él, su padre… ¿Los Taisho eran monstruos? No, claro que no, él no lo era… Tenía que volver con Kagome, tenía que hacerlo…

Volteó y entonces se detuvo, segundos más tarde, Sesshomaru comenzó a reír y lo obligó a voltear, anticipando su última y gran revelación.

- La dejaste sola… era la ocasión que el viejo estaba buscando para volver a limpiar lo que has ensuciado...

Inuyasha miró con pánico a Sesshomaru y luego, lentamente volvió hacia Miroku y Sango que estaban igual de consternados que él, al parecer, aquella ultima noticia también era nueva para ellos.

- Kagome…-Gimió Inuyasha apenas respirando-…ella…

- Lo siento… el viejo jamás permitirá que el hijo de una sucia y tosca sirvienta sea heredero de nuestra familia… aunque tiene sus dudas que seas el padre… es mejor asegurarse… como con Kagura-Se burló su medio hermano.

Inuyasha volteó y esta vez su rostro se desfiguró de la rabia y el asco por los de su propia sangre, entonces golpeó con su mano en puño directo a su hermanastro que éste tambaleó en la silla y casi cae de espaldas, Inuyasha hubiera querido golpearlo nuevamente, quizás saciar la sed de ira y rabia que sentía por ellos, pero volteó y salió corriendo de allí seguido de Miroku quien corrió sin decir nada, pero era lógico estar a su lado puesto que esta vez las cosas eran de vida o muerte.

Mientras, Sesshomaru se quedaba en la silla aun completamente atado y la boca junto con la nariz chorreando de sangre, sonriendo con burla a Sango que lo miraba como si fuera un monstruo.

- Kohaku… vuelve a amordazarlo… si lo hago yo estoy segura que mato al hijo de perra…

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Kagome despertó en el justo instante en que la subían al bote. Su miedo y fuerza de voluntad la hicieron reaccionar antes de tiempo sólo para salvar a su bebé.

En un instante, gritó a todo pulmón por ayuda, el desconocido la jaló del cabello mientras ella intentaba ponerse de pie, la idea era, si fuera posible, saltar al mar y nadar a la orilla. Si no podía nadar se quedaría ahí, flotando hasta que llegara ayuda. Pero no pudo llevar a cabo sus planes, el desconocido, el mismo que la había secuestrado del yate de Inuyasha, la inmovilizaba esta vez del brazo y lo doblaba en su espalda provocándole dolor. Kagome gimió y le mordió la otra mano, el hombre gritó y le pidió ayuda al que se encargaba del timón. A regañadientes el otro caminó hacia Kagome pero la muchacha le dio una patada certera en la ingle. Un par de personas, turistas, se habían asomado al muelle y observaban confundidos la escena, pero no hicieron nada. Desesperada, la joven luchó como una fiera con los tipos y luego sin pensarlo más se lanzó al mar. Fue en ese instante que un extranjero corpulento gritó llamando la atención de los malhechores. Luego, al ver a Kagome se lanzó al mar y nadó directamente a ella. Los tipos, al ver que ya había bastante gente en el puerto que los miraba y que de pronto llegaba una patrulla policial, arrancaron, pero más patrullas esta vez navales, los rodearon a punta de pistola que los hombres no tuvieron más que rendirse.

Cuando el extranjero sacó a Kagome ella jadeaba mucho y luego, se llevó la mano al vientre y dio un pequeño grito de dolor. Supo, horrorizada, que el bebé iba a salir de su cuerpo, podía sentía algo caliente entre sus piernas.

- ¡Va a dar a luz!- Gritó alguien.

- Oh, no… no…- Gimió ella cerrando con fuerza los ojos y acurrucándose en el suelo de madera del muelle, completamente empapada y aturdida por el dolor-… no aun… tengo… siete meses…

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Llegó al yate y corrió por la barandilla hasta que entró precipitadamente en la cabina gritando su nombre, pero nadie le respondió. A Inuyasha le dio un vuelco en el corazón cuando vio la lata de conserva en el suelo y un poco más allá la pañoleta que ella empleaba para cubrir su cabello. La tomó en su mano y masculló un "no" entre sollozos, impotente y en pánico al imaginar que Kagome podría tener el mismo destino de Kagura.

- Calma, calma, calma amigo…- Le dijo Miroku mientras llegaba a él y le ponía una mano en el hombro.

- ¡Se la llevaron! ¡Kagome no esta!- Bramó con los ojos llenos de lagrimas y horrorizado al imaginar su destino y el de su hijo no nato. Casi no podía creer que su familia fuera tan perversa, tan maquiavélica y manipuladora, llegaban hasta los extremos para mantener su buena reputación y honorabilidad.

Un policía que estaba cerca haciendo la ultima guardia les llamó la atención. A Inuyasha poco le importaba tener que rendirle explicaciones aunque de eso se tratara del mismísimo Emperador, es por eso que Miroku conversó con él o intentó hacerlo, en un muy mal inglés de parte del griego.

Para cuando volvió hasta Inuyasha, le informó agitado y feliz que había entendido que una muchacha embarazada, que fue atacada por unos maleantes pero que había logrado escapar de ellos, comenzó a tener síntomas de parto, por lo tanto había sido llevaba al hospital municipal de Thira pues iba a dar a luz.

- ¿Qué?- Gimió el de ojos dorados sin comprender del todo.

Miroku esbozó una leve sonrisa y luego le pegó en el hombro con su mano en puño.

- Creo que… vas a ser padre antes de tiempo. Ella ya esta en el hospital…

Se quedó callado cuando vio el rostro de Inuyasha desfigurarse del horror, no comprendió porqué, pero entonces recordó la conversación cruel de Sesshomaru y el destino final de Kagura. No importaba cómo, Inu Taisho no iba a tolerar un hijo de una mujer pobre y sin un buen linaje.

- Oh ¡Kami!- Gimió, tragando fuerte. El policía que terminaba su guardia se ofreció a llevarlo, para ellos el que naciera un bebé en la isla era motivo de gran alegría y bendición, así que no tuvo problemas para ayudarlos. Miroku tuvo que pedir que aumentara la velocidad, les explicó, lo mejor que pudo, que la mujer que daba a luz quizás aun no estaba segura en el hospital pues los hombres que querían secuestrarla no estaban solos.

Inuyasha deseó poder cerrar los ojos y llegar al lado de ella, el viaje por caminos sin asfalto, ladeando acantilados, quedando muchas veces atascados en tacos producto de alguna carreta de caballos o un grupo de burros taimados que servían de traslado a los turistas, les impedía el fácil acceso.

Casi podía imaginar la escena, una enfermera pagada o sobornada por su padre o algún matón de él, inyectándole algo a Kagome mientras ella estaba dando a luz o después de eso, cuando estuviera inconsciente. Igual que Kagura, muerta, ella y el bebé y nadie sabría jamás lo que realmente había pasado ¿por qué? Su padre, el hombre que más adoraba, al que más quería complacer, al que consideraba un modelo a seguir… no era más que un monstruo.

Era capaz de cualquier cosa con tal de hacer su cometido… cualquier cosa.

No podía creer que eso estuviera pasando, él, que siempre lo defendió, que siempre intentó complacerlo, imitarlo. Ahora abría los ojos ante todo. Su padre siempre había querido manipularlo, había sido una lastima que se metiera con Kagura, pero la había sacado del camino, luego le puso a Kikyo como novia, la novia perfecta, de una gran familia adinerada y lo mejor, con un parecido similar a Kagome sólo para que él pudiera olvidar a la muchacha de Santorini. Cruel.

- Es de suponer que tu padre jamás ha encontrado a los compinches de Kagura…- Murmuró Miroku a su lado, notando lo inquieto que estaba.

Inuyasha apenas esbozó una mueca ¿a quien le importaba eso ahora? Los compinches de Kagura querían arruinar la reputación de su familia y eso era lo que menos le importaba ahora, a decir verdad, ojalá lo lograran, pensó con rabia.

Llegaron al hospital y se precipitó por el lugar buscando la maternidad, aunque no entendía los caracteres griegos, gracias a Miroku que era el que estaba más cuerdo preguntó y fueron finalmente guiados a maternidad, que estaba en la planta superior. Por supuesto los guardias le impidieron la entrada al pabellón y él armó un buen escándalo para poder entrar y asegurarse que Kagome estaba bien, tanto fue el desorden que los guardias los retuvieron en un cuarto mientras llamaban a la policía. De nada valieron las explicaciones de Miroku, las sospechas en contra del hijo no nato de Inuyasha, las amenazas que propinó el propio joven Taisho contra todos haciéndolos responsables si a ella o a su hijo le sucedía algo, su estado era de completo descontrol que finalmente le inyectaron un tranquilizante, claro, sujetado por 6 hombres bastantes musculosos pero aun así les costó trabajo clavar la jeringa en el antebrazo derecho.

Miroku no pudo hacer nada, estaba bien retenido por otros dos enfermeros y la misma amenaza iba contra él. ¿Qué iban a hacer? Nada, pensó con horror y nerviosismo… nada, salvo esperar…

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Sus hermosos ojos dorados al fin se dejaron ver. Inuyasha pestañeó varias veces antes de incorporarse y sentir la cabeza pesada como si tuviera resaca. Miró a su alrededor y observó que estaba en un cuartito muy acogedor. Habían dos ventanas a su derecha y estaban con cortinas de color mandarina, entreabiertas y los rayos del sol se colaban por ahí iluminando la habitación blanca. Miró la cama en que ahora se encontraba sentado y por la estructura de metal recordó que estaba aun en el hospital. Aquello le aceleró el corazón y se puso de inmediato de pie.

Habían tres puertas, una a su izquierda, otra en frente y una tras suyo, junto a la cama. Esa se encontraba semi abierta y desde ahí una luz rosa parecía querer guiarlo hasta allí. La miró contemplativo y aun con el corazón en la boca mientras su cabeza comenzaba a armar el rompecabezas de los últimos acontecimientos acaecidos antes de caer inconsciente.

Dio un paso y sintió algo extraño en su corazón y un calor suave y curativo dentro de su pecho. De pronto, dejó de tener miedo, más, cuando escuchó el arrullo de una voz femenina que el conocía bien y luego su suave y alegre risa.

- Eres la cosita más linda de este mundo…

Entonces dio otro paso y luego otro, su cuerpo tembló cuando los dedos tocaron la madera de la puerta para abrirla y entonces, como si los segundos fueran minutos u horas, esta se abrió y él pudo ver quien estaba en esa habitación.

Kagome estaba sentada en la cama, pálida y débil con su cabello negro y algo desordenado, aun sudoroso en la frente, sosteniendo un bultito en sus brazos que estaba cubierto de mantas blancas. Había una enfermera a su lado que sonreía e intentaba quitarle el bebé.

- Ya lo alimentó… recuerde que el bebé es prematuro y debe estar en una incubadora.

- Oh… ¿por qué no trae esa incubadora a esta habitación? Así podré cuidarlo.

- Pero esta bien cuidado.- Respondió con calma la enfermera.

- Pero no hay mejor cuidado que los que da una madre.

Inuyasha sonrió y casi se le salieron lágrimas por los ojos.

- Eso… eso es cierto- Dijo él. Y entonces Kagome lo miró y sonrió feliz.

- Inuyasha…

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- Los juzgarán por intento de secuestro, portar armas y entrar con documentación falsificada- Dijo Miroku a un Inuyasha que miraba con regocijo a su primogénito que ahora se encontraba en los brazos de su madre. Ichiro, que en japonés significa "primer hijo", dormía plácidamente con el pulgar en su boca. Las enfermeras decían que había que quitarle tal hábito pero ninguno de los padres encontró problema en ello, al contrario, verlo chuparse el dedo les provocaba tanta ternura y emoción que regocijaba sus almas por fin sanadas.

Miroku se rascó la cabeza al ver que Inuyasha ni siquiera lo escuchaba. Ladeó el rostro y vio a Sango mirándolo desde la puerta, no pudo evitarlo, le sonrió y ella le devolvió la sonrisa, luego prosiguió con su informe, aunque no fuera escuchado.

- Creo que… tengo malas noticias que darte…

Kagome dejó de arrullar a Ichiro y lo miró muy seria, Inuyasha, que estaba sentado a su lado de la cama, lo miró con la misma expresión.

- ¿Malas noticias?

- Bueno… eso creo…- Musitó el asistente de pronto. Inuyasha arrugó el entrecejo.-… verás… esteee… yo ya se lo dije a tu madre, que ahora esta en la cafetería junto a Kaede y a ella no le pareció tan mala…

- ¿Vas a decírmelo o no?- Exclamó Inuyasha, fastidiado. Su tono molesto despertó a la criatura que comenzó a sollozar. Kagome lo meció y el bebé enseguida se calmó. Inuyasha no pudo evitar acercarse nuevamente y admirar en su perfecta carita rosadita y regordeta, sus pequeños ojos dorados iguales a los suyos. Le dio su dedo al bebé que lo cogió y comenzó a juguetear con él.

- Bueno… no sé si deba decírtelo aquí…

Inuyasha suspiró, miró a Kagome y ella hizo una afirmación con la cabeza. Él se puso de pie, le dio un beso furtivo en los labios a la muchacha y luego otro en la frente a su hijo. Salió del lugar seguido del asistente. Estando en el pasillo de una clínica privada y que se encontraba fuertemente custodiada por ordenes de Inuyasha, Miroku prosiguió.

- Tu padre ha… fallecido- Dijo y miró fijamente a Inuyasha que no demostró emoción alguna, el de ojos azules tragó fuerte, pensando que era obvio el que Inuyasha no sintiera nada por su padre, después de todo…- Lo… lo mataron. Un disparo en el pecho, dicen que fue una venganza de algún enemigo… nada se ha comprobado.

- Tenía tantos… ahora logro comprender porqué- Respondió Inuyasha llevándose las manos a los bolsillo y de igual forma sintiendo algo de lastima porque al fin y al cabo, era su padre y él tenía su sangre.

- Yo… tengo mis serias sospechas… que pudo haber sido obra del… del clan de la señorita Kikyo por haberla utilizado… supe que se enteró lo del parecido con la señorita Kagome y juró vengarse de tu padre.

- ¿Hay pruebas contra ellos?- Preguntó Inuyasha, aun triste por lo de su padre.

Hubiera querido enfrentarlo primero pero… quizás las cosas eran mejor así. Su padre, Inu Taisho, había sido siempre demasiado egoísta como para escuchar razones. Había lastimado a su madre usándola, lo había hecho con él usándolo, lo había hecho con Kikyo de la misma forma y seguro lo había hecho con un sinfín más…

- No. Sólo son mis sospechas.

- Supongo que… ahora que Sesshomaru esta en la cárcel y bajo las leyes de éste país que son bastantes duras… con Seika como única sobreviviente de la familia allá… no habrá más venganza.- Dijo Inuyasha.

- ¿Te refieres al hombre que estaba tras Kagura y deseaba destruirte? Supongo que estando muerto tu padre los enemigos dejarán de acosarlos… y como ya no piensas volver a Tokio pues…

- Jamás volveré, este es mi hogar ahora.- Respondió él, con convicción.

Miroku sonrió y luego miró de reojo a Sango que se había quedado esperándolo un poco más allá. El hombre también sonrió.

- Esperaba que dijeras eso. Porque donde tu estes, estaré yo.

Inuyasha le puso una mano en el hombro.

- Ni creas que me trago el cuento de tu devoción hacia mi, aquí algo tiene que ver la muchacha aquella ¿no?

El asistente sonrió y no dijo nada ¿para qué? Su relación con ella ya era demasiado evidente para todos.

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- Mi padre jamás toleraría ensuciarse las manos…- Dijo la mujer, acurrucándose contra el hombre de pecho musculoso y tibio. Sentía frío y pensó que podría mitigarlo en el refugio de ese cuerpo varonil y erótico. Se equivocó, pero bien podría tolerarlo, quizás dejara de sentir frío si lo seducía nuevamente-… no hizo caso a mis súplicas, a mis ruegos… no le importó que me avergonzaran de esa forma por esos Taisho… por ese viejo cínico y mentiroso de Inu Taisho.

- Pero ya te vengaste, olvídate de ello.- Respondió él deslizando una mano tras la espalda desnuda de Kikyo.

- Sí, gracias a ti… Naraku…- Agradeció ella, alcanzando sus labios y besándolo con pasión.

El hombre sonrió. Kikyo no sabía que no lo había hecho por ella, sino por él, por asesinar a una de sus colaboradoras y ser siempre su enemigo a muerte en los negocios y en sociedad. Con Inuyasha radicado en Grecia y el hermanastro pudriéndose en la cárcel, tenía el camino libre para hacer lo que quisiera con el cruel, oscuro y ambicioso Tokio…

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La luz de la luna se filtraba por la ventana e iluminaba la habitación que se encontraba en completa penumbra. Aun así, Inuyasha pudo admirar la belleza del rostro de su joven esposa, del negro de sus cabellos, de la intensidad de su mirada castaña y amorosa que lo observaba con infinito amor a él, sólo a él.

- ¿No… no quieres que vivamos con nuestra madre? Esa casona es grande… menos mal jamás pudo ser vendida así que ella estaba feliz de volver ahí.

Kagome alzó una mano y acarició el cabello de Inuyasha con devoción.

- No, somos una pareja ahora, un matrimonio… ¿no te gusta la casita de Thira? Siempre me ha parecido que no.

Inuyasha esbozó una sonrisa picara y la acercó más a su cuerpo. Sus dedos se deleitaron con acariciar la delgada y suave tela de la camisola que ella vestía, una corta y bastante provocadora, estaba seguro que la habían asesorado o convencido para que llevara eso en su noche de bodas.

- ¡Feh! Me he acostumbrado a muchas cosas últimamente… por ejemplo… tener que compartirte con otro hombre.- Bromeó.

Kagome dejó de sonreír y entonces lo miró con aprehensión.

- ¿Crees que este bien? Ichiro apenas tiene 3 meses y…

El hombre dejó de sonreír al verla tan preocupada, llevó una mano a su mejilla y la miró fijamente.

- Tranquila… esta con mi madre y Kaede, ellas me cuidaron cuando era un bebé y cuidaron de ti después, debes confiar en su buen trabajo.

La joven suspiró y afirmó ambas manos sobre el pecho desnudo de Inuyasha, amaba su calor y por eso acercó más su cuerpo al suyo.

- Sí… tienes razón…- Sonrió-… creo que… esto es un sueño ¿no lo crees? Es demasiado perfecto… quien iba a creer que ese engreído hombre que apareció un día en la puerta, que antaño se burlaba de mi y quemaba mis pobres muñecas, iba a terminar de esta forma, aquí, junto a mi…

- Y que te ame tanto…- Interrumpió él, buscando sus labios y besándola con pasión, ahogándose en el mar de sus caricias y su amor infinito.

Porque al fin había sentado cabeza, al fin se había dado cuenta de lo que implicaba la verdadera felicidad. No tenía mucho ahora, comenzaba de nuevo en los negocios, pero así también con una nueva familia, una mujer que por momentos creyó perder, que suplicó que lo amara, que finalmente lo perdonó y más aun, compartía su vida junto al fruto de su amor. El niño de ojos dorados que los esperaba impaciente en su isla favorita, Santorini.

FIN.


ACTUALIZACIÓN: EPILOGO EN EL SIGUIENTE CAPÍTULO...

Notas Finales:

Ha sido una gran odisea escribir este fic. Comencé a casi finales del año pasado a publicarlo, pero los primeros bocetos de él comencé a escribirlo el año 2008, aunque sólo fueron un par de párrafos y luego lo relegué para continuar los otros fics que fueron publicados ese año y el 2009. No podía actualizar tan seguido como quería, el año pasado tuve muchas obligaciones, luego pasó lo del terremoto y el desanimo que eso conllevó a no escribir por casi 2 meses. No ha sido fácil actualizar los últimos capítulos, el agotamiento es total y mi estado… mental, si se podría llamar así, no esta en las mejores condiciones. Pero en fin, seguí, con lo terca y obsesiva que soy a pesar de las adversidades, y aquí esta el final. Me salió bastante extenso pero había que aclarar muchas cosas y otras dejarlas quizás inconclusas, como un "nunca sabremos que pasó con…" (y a quien le importa realmente si la pareja principal esta feliz como una lombriz jejeje) en fin, les agradezco con el alma a todos quienes me han seguido, no sólo desde el principio, también a aquellos que se han ido poco a poco incorporando, gracias por todos los reviews que me han dejado, sus mensajes, tarjetitas, regalos, saludos, etc, por crear aquel grupo en facebook para mi, por votar por mi en facebook y su pagina de fanfiction en español, por estar en los momentos en que más lo necesité y por amar tanto a Inuyasha y Kagome como yo los quiero.

No soy escritora, mi profesión es otra, no estudié literatura, sólo escribo por hobbie, por eso discúlpenme si hay alguna falla en redacción u ortografía. Intento de todas formas revisar y entregarles, a pesar de ser un hobbie, algo de calidad.

Tengo muchas ideas para futuros fics. Del Sengoku, de época, de la actualidad… ahí tendré que escoger el siguiente, aunque primero debo hacer mi catarsis pendiente y escribir, para desahogarme, de la experiencia del 27 de febrero en Concepción. Y lo que pasó después, que fue peor.

En fin… también me ronda un oneshot de lo que pasó con el cap. Final de Inu… ahí veremos, pero tranquilas, tengo muchas ideas en mi cabecita loca y espero ponerlas pronto en escrito para que todos disfrutemos.

Muchas gracias nuevamente por todos sus reviews, ha sido impresionante la cantidad esta vez, gracias, mil gracias y un beso y abrazo a la distancia. Se me cuidan mucho y nos vemos en otra ocasión. Cualquier cosa, me envían un correo o se agregan a mi face… y recuerden, no copien la historia, ninguna de ellas, si les gusta sólo den su link y nada más, si no sería plagio.

Cariños.

Lady Sakura Lee.-

25 de Mayo de 2010.-