A/N: Había anunciado en mi Twitter ( TMisles) que voy a estar actualizando el fic de forma bisemanal los viernes. :) Así que cumpliendo con eso! Saludos e infinitas gracias por tomar el tiempo para leer este fic!
El tenedor pinchó el pedazo de fresa que había quedado de sobra del desayuno. Jane hablaba sobre algo, algo sobre una técnica, aunque no tenía muy claro de qué, su voz había quedado de fondo y simplemente la observaba con la mirada perdida.
—Solo hay que seguir moviéndolo. —Se giró y dejó con una sonrisa sin dejar de mover la comida.
"La técnica de cómo hacer la comida…cierto"
Maura se comió inconscientemente el pedazo de fresa sin dejar de mirarla. Le había prohibido tocar algo en la cocina aquel día; ella haría el almuerzo. La rubia continuó pinchando los pedazos de fruta, apoyando la mejilla sobre su otra mano cerrada en un puño, ladeando la cabeza con la mirada descendiendo por el cuerpo esbelto que se movía de un lado a otro en el estrecho espacio de la cocina. Jane estaba descalza con un short deportivo y camiseta que dejaba a la vista los músculos de su brazo que no dejaba de darle vueltas a la comida.
"No puede ser" Se dijo a sí misma, tomando en consideración todos los síntomas que había observado durante esas semanas. Jane estaba comiendo más y en general parecía sentirse mejor.
"¿Cuándo fue la última vez?" El solo pensar en ello le dejaba un mal sabor en la boca y le revolvía el estómago. Su cumpleaños había sido a finales de octubre y aquel fin de semana Gabriel había estado en casa…
"¿Dos meses?" Mínimo. ¿Acaso a Jane no se le había pasado por la cabeza?
Se puso de pie, intentando deshacerse de sus pensamientos.
—Ey, ey ¿a dónde vas?
—Por un vaso de agua. No tocaré nada —sonrió—. Lo prometo.
—¡Bien!
Maura no dejó de sonreír y abrió el refrigerador, tomando un jarro con agua, notando la cerveza que no había sido tocada en más de una semana. La sonrisa había desaparecido con su cuerpo estático, sosteniendo la puerta de refrigerador.
"¿Está ocultando algo así de importante?" susurró una voz en su mente y reaccionó apretando los dientes con fuerzas. Ya eran varias veces que -esa voz- susurraba cosas que conscientemente intentaba ignorar constantemente.
—¿Estás bien? Pareciera que viste un fantasma.
—No… —Cerró la puerta—. Digo, sí estoy bien solo un poco distraída.
No mentía, sí que lo estaba, sus propios pensamientos la estaban volviendo loca ¿Cómo podría deducir algo cuando no tenía los hechos? Estaría suponiendo y eso querría decir que Jane, en efecto, le estaba ocultando algo. Que le estaba mintiendo.
—Ya casi está listo. Este será el mejor risotto que probarás en tu vida —exclamó, emocionada.
—¿Mejor que el de Gabriel? —preguntó al volver a sentarse, percatándose de la pausa en los movimientos de la mujer.
Estaba claro que la mención la había tomado por sorpresa.
—Claro —respondió aun dándole la espalda.
Maura sonrió, dejando a un lado sus pensamientos enfocándose solamente en lo radiante que se veía.
—¿Pondré la mesa o quieres comer aquí?
—Aquí está bien.
Jane asintió y comenzó a colocar los platos y cubiertos.
—Queda más, por si te quedas con hambre. Dios, se me hace agua la boca… ¿q… qué haces? —susurró a la vez que Maura sostuvo su brazo tirando suavemente, acercándola para sostener su rostro entre sus manos, besándola suavemente.
—Gracias por la comida.
Jane se quedó boquiabierta aún con los ojos cerrados, degustando el beso, sonriendo hasta que soltó una pequeña risita.
—Por ese beso podría cocinarte todos los días.
—No me tientes. —Le guiñó un ojo sorprendiéndola una vez más.
Una oleada de aplausos hizo que sus ojos se abrieran perezosamente, cayendo en cuenta que se había quedado dormida en el sofá. Una manta cubría su cuerpo y el libro que recordaba haber estado leyendo, ahora descansaba cerrado sobre la mesita de café. En el televisor se transmitía un evento deportivo, Hockey parecía ser, pero Jane no estaba allí.
Gritos y aplausos llamaron nuevamente su atención y notó que el partido había concluido. Maura se incorporó un poco, lo suficiente para cambiar el canal a algo más tranquilo como Discovery Channel.
—¿Jane? —Llamó, aferrándose a la manta. Estaba tan cómoda que se le estaba haciendo difícil mantenerse consciente.
Cuando sus ojos volvieron abrirse ya la iluminación en el salón había cambiado drásticamente, ya estaba oscureciendo a pesar de lo temprano que aún era. Jane aún estaba ausente y esta vez Maura se puso de pie, restregándose los ojos mientras caminaba hacia la cocina para servirse un vaso de agua.
—¿Jane? —Volvió a llamar antes de entrar al baño del primer piso para lavarse la cara.
No era normal que no contestara al menos que estuviera durmiendo.
Su paso incrementó, subiendo las escaleras y abriendo la habitación principal antes de ir a la de invitados, aunque Jane no había dormido allí en semanas.
La ventana del balcón se abrió y Maura salió abrazándose a sí misma al sentir la diferencia drástica en la temperatura. Sus ojos se entrecerraron al divisar la figura de Jane en el patio, al lado de las sillas de madera que ahora estaban cubiertas por la nieve. No estaba sola, hablaba con un hombre que había reconocido como James por el grueso abrigo azul marino y el cabello rubio cenizo. Los labios del hombre se movían, pero desde su posición y el murmullo del mar, no podía escuchar lo que decía.
Jane asintió en silencio y sus hombros se doblaron de repente a la vez que una de sus manos cubrió su rostro.
"¿Está llorando?" —Se preguntó alertada y desconcertada a la vez. ¿Qué podría haberle dicho James para que reaccionara de esa forma?
La nieve crujió con cada pisar de sus botas e intentaba mantener el equilibrio. Había mucha más nieve de lo que esperaba, a pesar de que no había nevado en los últimos dos días. El cielo estaba despejado y pintado con un color purpura, amarillo y rosado. Quería sentir los últimos rayos de sol ya que no recordaba la última vez que el cielo no había estado gris.
El crujir de nieve hizo que su atención se dirigiera a la persona que se acercaba a ella. "James" sintió que volvió a respirar y estuvo a punto de saludarlo, pero algo en la expresión del hombre la detuvo en seco. Solía estar serio o con una expresión neutral, pero en aquel momento había algo que la desconcertaba.
—¿Pasa algo? —preguntó, girando su cuerpo hacia él.
—¿Quieres entrar?
—No —repuso con seriedad ¿Acaso algo había pasado con su madre o sus hermanos?
—Tu familia está bien…
Jane asintió, sintiéndose aliviada.
—Esto no suele ser protocolo, pero, personalmente creo que debes saber dada tu posible condición.
—… ¿Qué? —Se sentía muy confundida—. Acaba de soltar lo que tengas que decir, James.
—Se trata del agente Dean… falleció la semana pasada… lo siento. No supe nada hasta hoy…
—¿Qué?... ¿Cómo? —Aún no terminaba de procesar lo que acababa de escuchar, pero sus ojos ya estaban llenos de lágrimas y se cubrió el rostro con su mano, intentando ocultarlas.
—Fue un accidente automovilístico.
Necesitaba sentarse, sentía que sus piernas flaqueaban y su pecho se contraía.
—No puede ser… —Ahogó un gemido de dolor, cubriéndose la boca.
—¿Hay algo que pueda hacer?
Jane permaneció en silencio por varios segundos.
—Necesito estar sola…
El hombre asintió, comprensible. Imaginaba que le pediría exactamente eso, no creía que fuera una persona que mostrara tal emoción en público. Cuando James había tomado unos pasos de regreso, escuchó el crujir y luego el portazo de la puerta trasera de la casa de playa. Se detuvo por un instante cuando los ojos claros de la doctora se encontraron con los suyos y con un leve asentir de su cabeza siguió caminando, evitando su mirada.
Cuando Maura se acercó lo suficiente, dudó en tocarla sin saber si era lo que deseaba o lo que necesitaba en aquellos momentos. Jane alzó la cabeza, mostrando su rostro parcialmente cubierto por una de sus manos, intentando ocultar sus lágrimas y la expresión de dolor y angustia que hizo que su corazón diera un vuelco.
—Jane…
La mujer se aferró a su cuerpo, sosteniéndola con fuerza. Maura la sostuvo entre sus brazos con la misma fuerza y la mirada perdida en aquel cielo colorido.
Las manos de Mura temblaban, no lo había notado hasta que intentó abrir un sobre de azúcar mientras preparaba un té para Jane. Sus manos se apoyaron en el lavado de la cocina y cerró los ojos, esperando a que el agua hirviera. Jane no había hablado. La había abrazado hasta que sus sollozos se habían calmado y cuando le aconsejó que debían entrar, Jane la siguió en silencio y ahora estaba sentada en el sofá con la mirada en blanco.
—Aquí tienes…—Se detuvo sosteniendo una taza en ambas manos—. Jane… —llamó cuando no reaccionó.
Maura tragó en seco, sintiéndose inútil al notar las lágrimas corriendo descontroladamente por el rostro de Jane. Esta vez era muy diferente a cuando estaba en estado de shock en la parte trasera de una patrulla y sus palabras a través de una pantalla lograron calmarla un poco. Algo en su interior le decía que cualquier cosa que pudiera hacer en ese momento no podría consolarla. No sería suficiente. En aquella ocasión era claro que el estado de Jane había sido causado por el trastorno por estrés postraumático que había causado El Cirujano. Ahora era diferente, Jane estaba ausente, como si ya no estuviera en su cuerpo. No sabía cómo tratar con la situación y no sabía qué había pasado para que estuviera de ese modo ¿Qué le había dicho James? Lo único que podía hacer era estar ahí y ofrecerle lo que necesitara… si tan solo supiera qué era eso.
Maura se mordió el labio inferior con tanta fuerza que casi quiebra la piel. Sentía que su pecho se encogía por el dolor y la desesperación e incompetencia que sentía.
Su cuerpo se dobló lo suficiente para colocar las dos tazas sobre la mesita de café…
—Creo que estoy embarazada.
Maura, que aún sostenía las asas de la tazas, giró su cabeza lentamente para dirigirse a ella antes de enderezarse, cruzando con fuerza los dedos a la altura de su tallo porque estaba segura que no podría ocultar un instante más la reacción de su cuerpo y el temblor de sus dedos. Estaba segura que había escuchado bien, era lo único claro que Jane había dicho en todo ese rato. Las únicas palabras, de las pocas que había logrado pronunciar entre sollozos, que se escucharon tan claras como el agua. Y, aun así, se negaba a aceptarlo.
Jane pestañó varias veces, limpiando sus lágrimas con su mano aunque fuera inútil; eran demasiadas. Tenía que mirarla a los ojos. No podía decirle algo así y no mirarla.
Las palabras se habían escapado de su boca sin siquiera pensarlo, como si su subconsciente se hubiera aprovechado de aquel momento de debilidad. Su expresión había cambiado por completo cuando se escuchó a sí misma y se cubrió su boca con la mano antes de que la misma cayera echa un puño al lado de su pierna.
"Me odia" —pensó al ver la frialdad y el dolor reflejados en los ojos claros que la miraban penetrantemente—. "Yo también me odiaría"
Cualquier podría ver que la rubia intentaba con todas las fuerzas que tenía para mantenerse fuerte, pero sus ojos brillaban con lágrimas que ni siquiera ella era consciente de que se comenzaban a formar. Sus manos estaban cruzadas con tantas fuerzas que las yemas de sus dedos se hundían en la piel de sus manos y todo su cuerpo parecía temblar.
—Lo siento… No quería ocultártelo. —Se cubrió el rostro con sus manos, apoyando los codos sobre sus muslos, negando con la cabeza.
Maura tomó un paso hacia ella antes de detenerse en seco cuando la imagen de la detective sollozante en la patrulla regresó como un flash a su memoria.
—Creo que estoy embarazada…y él… él está muerto…
Las palabras habían sido difícil de entender entre su susurro y la voz quebrantada por los sollozos, pero la había entendido.
—¿Qué?... —Sintió que necesitaba sentarse. Sí, había tenido sus sospechas, pero una confirmación de sus propias dudas se sintió como si le hubiera caído una tonelada de ladrillos encima. Ahora todo tenía sentido… la conversación con el agente y su reacción. James era el único que pudo haberle informado de tal noticia.
Si a ella le había impactado tanto que ni siquiera lo podía creer aún, no imaginaba por lo que estaba pasando Jane.
"Oh, Jane…" Pensó, sintiendo sus propias lágrimas correr por su rostro antes de limpiarlas y respirar profundamente. Sus preocupaciones y sus miedos quedaron a un lado por aquel instante.
—Eres la mujer más fuerte que he conocido… —Su propia voz se quebró cuando Jane alzó la mirada con un rostro enrojecido, cubierto en lágrimas.
—No puedo. Siento que me falta el aire… —Se golpeó el pecho con la mano, agonizando—.
Maura apretó los dientes con tanta fuerza, negándose a las lágrimas o al menos intentándolo. Necesitaba ser fuerte. Necesitaba serlo por ella, por las dos.
—Mírame, Jane. —En dos pasos estaba enfrente de ella, poniéndose de rodillas a su altura, colocando sus manos sobre las rodillas de la mujer y no volvió a hablar hasta ver aquellos ojos oscuros—. Sí puedes. Ya no estoy lejos como antes, puedes apoyarte en mí. Un día te prometí que haría cualquier cosa posible para que pudieras…permítame ayudarte…
En el rostro de Jane apareció un flash de sorpresa al recordar aquellas palabras y no pudo hacer más que aferrarse al cuerpo enfrente de ella.
—Todo estará bien —susurró Maura, abrazándola con tanta fuerza como si la mujer entre sus brazos se fuera a desvanecer si dejara de sostenerla.
Podrían hablar de sus dudas en otro momento.
