Los personajes en su mayoría son de Stephenie Meyer, salvo algunos cuantos que salieron de mi alocada cabecita. La historia es completamente mía.
– EPÍLOGO –
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Parte I
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Sus ojos estaban cerrados, su respiración era calma y su cuerpo se encontraba completamente relajado. Sus manos lograban captar la suavidad del cesped sobre el que estaba recostada y el calor del sol que asomaba tímidamente por entre las nubes tocaba su piel en una caricia. El silencio, la quietud, la tranquilidad... la satisfacción que sentía en su interior al haber concluído algo que durante mucho tiempo la mantuvo en espera... era lo que necesitaba para pensar, para meditar.
No lo comprendió totalmente hasta ese momento, cuando ya todo había acabado... y de la mejor manera posible. Pero, una parte de ella, ahora sentía como si hubiese sido creada para eso, como si hubiese nacido para ser un ángel... ¿Sonaba muy loco? Tal vez, o tal vez no... quizá siempre fue así pero hasta entonces no se dio cuenta... o quizá ese era solo su destino cumpliéndose. Ayudar, acompañar y guíar... proteger a aquellas almas en peligro, curar corazones en pena, o simplemente ser "esa" palabra que todo ser humano necesita para continuar cuando el futuro parece pintado de negro.
Puede que si o puede que no, era su decisión. Desde bien arriba le habían hecho llegar sus elogios, todos quedaron tan satisfechos con su labor que le ofrecieron escoger, algo muy poco frecuente, si quería continuar protegiendo a los humanos o retirarse al descanso eterno que a pulso se había ganado.
Ángela todavía no les comunicó una respuesta definitiva, no la tenía, pero su corazón ya se inclinaba hacia una lado de la balanza. Sea como sea, tomara la decisión que tomara, había una cosa que le dejaron claro desde el principio: tenía que decir adiós definitivamente a Bella Swan.
—¿Nerviosa?
La niña abrió los ojos para ver un rostro muy familiar observándola con una sonrisa bailando en sus labios. Se sentó sobre el cesped de su parque, su lugar, invitándo con un simple gesto a que su acompañante hiciera lo mismo.
—No – respondió luego de meditarlo unos segundos – ¿Por qué lo dices?
—Siempre es difícil decir adiós. Lo digo por experiencia.
Ella comprendió enseguida lo que Leah quería decirle, después de todo a la morena también le tocó despedirse. Podía ser doloroso, más de una vez escuchó decir a otros ángeles guardianes que costaba mucho decirle adiós a un protegido, sobre todo cuando era el primero o cuando él estaba de alguna forma ligado a la vida humana de su protector.
—Si – asintió sin dejar de verla –. Pero, sé que estarán bien, todos ellos. Los dejamos en buenas manos, Leah.
La morena soltó una risa fresca, como si de verdad estuviera complacida con lo que la niña le decía.
—Eso es cierto – sentada como estaba, con las piernas estiradas y los brazos apoyados en el cesped, uno a cada lado de su cuerpo, tiró su cabeza para atrás y cerró los ojos sintiendo como el sol calentaba su rostro –. Entonces, por descarte, supongo que lo que te tiene confusa es otra importante decisión, ¿verdad?
—¿Tú crees que yo podría hacerlo bien?
Leah entreabrió los ojos, solo un poco, para poder verla.
—Yo creo que si... no importa lo que decidas hacer, lo harás bien...fantásticamente bien.
Sin quererlo una nueva sonrisa adornó el rostro de la pequeña, seguía sin estar segura pero la balanza continuaba inclinándose hacia un mismo lado. Enfocó de nuevo a su amiga tomando verdadera consciencia de la chica que permanecía sentada a su lado con los ojos cerrados. Ella también había cumplido su "asunto pendiente", había logrado salvar el corazón de Jacob Black de la única manera que podría haberlo hecho... ayudando a Lauren Mallory a regresar con él. Y se había despedido, de los dos, en diferentes formas y en distintos tiempos.
Ahora ya estaba en paz, lista para avanzar y obtener el descanso que se había ganado. A Leah solo le quedaba esperar su turno para continuar con su camino.
—Quizá podamos echar un vistazo por última vez... – murmuró pensativa, tal vez esa era la última vez que podría tener contacto con su hermana y si así era, quería que fuese de la mejor manera posible.
El rostro de la muchacha a su lado demostró cierta sorpresa por no menos de una fracción de segundo, después esbozó una sonrisa que parecía entre emocionada y cautelosa. Posiblemente Leah estaría pensando en lo mismo que ella, que valía la pena aprovechar ese momento para verlos a todos por una última vez.
—¿Por qué no?
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—¡Hooolaaa! – gritó la contestadora después del cuarto o quinto timbrazo, haciéndola saltar por la sorpresa, aunque la verdadera sorpresa vino al notar que aquella voz se parecía demasiado a la de Claire – Mi tío Edward y mi tía Bella no estan en su casa ahora mismo. Seguro andan por ahí... de... ¿Cómo? ¡Oh, sí! Andan por ahí de parranda... o están ocupados haciendo niños bonitos... – una risita suave sonó junto a otra más fuerte –. O puede que solo no quieran antender, quizá eres un pesado y no quieren hablar contigo... ¡Como sea! Deja un mensaje o intenta de nuevo más tarde ¡Adiós!
Isabella escondió de nuevo la cabeza en la almohada, iba a asesinar a Tyler en cuanto tuviera la oportunidad... o mejor aún, iba a solicitar la ayuda de Claire (¡Esa pequeña máquina de hacer bromas!) para jugarle una buena a su amigo que él nunca pudiera olvidar. Sí, eso iba a hacer, en cuanto se levantara de la cama, obviamente.
—Interesante mensaje... – rió Jessica del otro lado de la línea – Sé que es tu día pero quiero, ¡necesito!, que te des una vuelta por casa en la tarde... tengo que contarte una cosa – otra risa –. En fin, no pienso adelantarte ni una palabra así que llámame cuando se te pase la borrachera... o cuando termines de hacer niños ¡Un beso!
Era oficial, también tendría que matar a Jessica. Aunque, quizá, primero escucharía lo que ella tenía para decir, la curiosidad comenzaba a picarla.
Se estiró con pereza, miró el reloj de la mesita no sin cierta sorpresa al notar que eran casi las once de la mañana. Giró en la cama para quedar de frente al lado que usaba su novio, el cual se encontraba vacío en esos momentos, y una sonrisa tonta se formó en sus labios. Bella se sentó en la cama, ya mucho más despierta que antes, tomó con una mano la preciosa rosa roja que estaba sobre la almohada y con la otra la nota que se encontraba a su lado. Sintió desde lejos el maravilloso perfume que la desprendía la flor sin borrar esa sonrisa de su rostro, entonces abrió la nota.
Mi amor:
Feliz primer aniversario, el primero de muchos más que cumpliremos juntos.
Siento no estar contigo cuando para cuando despiertes pero descuida, regresaré tan pronto que no tendrás tiempo de extrañarme.
Cuida de mi corazón, lo he dejado contigo.(*).
Edward
Se aguantó las ganas de gritar de la felicidad que sentía, cerró los ojos y apretó la nota contra su pecho, como si de esa manera pudiera sentirlo a él más cerca de su corazón.
Su primer aniversario de novios, ¿quién se lo creería? Habían pasado ya todo un año juntos... bueno, en realidad hacía más de un año que estaban juntos pero ellos habían acordado empezar a contar desde que formalizaron su relación aquella mañana en la cocina de su antiguo apartamento.
Puede que sonara extraño, sin embargo, así se sentía bien. Era el momento en el que los dos habían aceptado al otro sabiendo toda su verdad, su historia, con defectos y manías y sus cualidades, sin mentiras ni secretos... cuando sabían bien qué querían y con quién lo querían. Y habían pasado doce meses desde aquel día. Algunos fueron raros, con altas y bajas, otros fueron divertidos y felices. En algunos hubieron feas discuciones e increíbles reconciliaciones y otros más bien rutinarios, preciosamente tranquilos y repletos de paz. Pero, por sobre todas las cosas, fueron doce meses llenos de amor.
También había pasado un año desde la captura del Merodeador. Un año de la muerte de Paul Sanders. Un año desde que la pesadilla acabó.
Si debía ser sincera, fue mucho más que difícil al principio, sobre todo porque en aquellos momentos no parecía que las cosas pudieran mejorar. Luego de descubrir que su primo, un hombre que erroneamente creyó conocer bien, no era otra cosa que un despiadado asesino le tomó un tiempo aceptarlo y comprender que de haber notado antes sus verdaderas intensiones nada habría cambiado. Le llevó tiempo, sí, pero finalmente logró dejar el pasado en el pasado y seguir adelante con su vida. Y todo se lo debía a tres grandes hombres, tres personas especiales, que de diferentes maneras, fueron el pilar que ella necesitó para mantenerse fuerte.
El primero no pudo haber sido otro que su padre, el hombre que entendía su pérdida mejor que cualquier otra persona en el mundo porque él también perdió a su familia. El segundo era la persona que mejor la conocía, aquel que siempre tenía una palabra de consuelo y siempre sabía qué decir para hacerla sentir mejor. Era él, el amor de su vida... Edward Cullen. Y el último, su mejor amigo, James. El hombre que lo pasó igual de mal con aquella situación, sobre todo porque fue su propia mano la que terminó con la vida del que hasta ese momento creía su amigo. Los dos fueron utilizados, engañados, por Paul de una manera que llegaba a ser humillante para cualquiera. Se sentían sucios, traicionados por alguien de su círculo más cercano, y fue eso lo que a pesar de la distancia los unió.
Comprender que no estaba sola, que otros sentían lo mismo que ella, marcó la diferencia e inició el camino de la completa recuperación. Finalmente, después de catorce años, pudo exorcizar su alma del sentimiento opresor que la dominó desde aquella tarde en la que esa niña dolida juró una venganza sin saber entonces hasta dónde la llevaría.
Miró de nuevo la rosa y soltó un suspiro que demostraba en parte melancolía, en parte dicha. Todo era diferente ahora, era muchísimo mejor. Había retomado viejos sueños infantiles, relaciones de su pasado y cumplido con la mayoría de las cosas que se habían quedado en su lista de pendientes. Si es que tan solo unos cuantos meses atrás regresó a Forks, y por decisión propia, con Edward a su lado. Pasó varios días con su padre en aquel pueblo, visitó a sus amigos de la infancia y a sus padrinos, Sue y Harry, que tenían mucho tiempo sin verla. Llevó flores a las tumbas de Leah y de Ángela, orquideas y margaritas, las favoritas de su amiga y hermana respectivamente. Y por último, aunque no menos importante, visitó a su madre en la clínica. Ella no había mejorado nada en los últimos años, los médicos tampoco daban muchas esperanzas al respecto, pero Bella finalmente aceptó que su madre nunca volvería a ser la misma de antes y que tendría que aprender a vivir con eso.
Y ahora, todo iba bien.
Salió del baño ya completamente vestida y dejó la habitación con rumbo a la cocina pasando por delante del despacho de Edward, y el suyo también desde que vivían juntos, sin saber bien qué hacer.
Generalmente, los sábados era su día favorito para estudiar desde que terminó el primer semestre de Pedagogía en la universidad. Solía internarse en ese mismo despacho por varias horas aprovechando que Edward estaba en el hospital y sus amigos cada uno ocupado con sus propias cuestiones personales, lo que de a poco se convirtió en su rutina. Pero ese día especificamente, el día de su aniversario, no tenía ganas de nada de eso.
Cuando entró en la cocina encontró sobre la mesada una taza con un sobrecito de té dentro y a un lado la jarra con agua esperando ser calentada. Como siempre, Edward pensaba en todo. Puso el agua a calentar y sacó unas galletitas saladas del armario, el único desayuno sólido que parecía aguantar su estómago desde hacía un par de días. Y estaba en eso mismo cuando el teléfono de la casa volvió a sonar. Ella corrió de la cocina al comedor para antender antes de que saltara otra vez el contestador, no quería que alguien más escuchase la broma de Tyler.
—¡Hola!
—Buenos días, dormilona – sonó la cálida voz de Edward a través del murmullo de fondo – ¿Cómo estás?
—Todo bien – regresó a la cocina, el agua ya estaba hirviendo – ¿A dónde fuiste? Creía que no te tocaba trabajar.
—Así era, pero me llamaron de urgencia y tuve que ir... siento mucho haberme ido de esa manera, sin avisarte.
—Está bien, lo entiendo.
—Sé que sí, por eso te amo tanto – unos murmullos más cercanos se escucharon –. Escucha, preciosa, me están llamando ahora mismo... intentaré terminar lo más pronto posible para volver a casa temprano, nosotros dos tenemos algunas cosas que celebrar esta noche.
Ella rió divertida, podía intuir a través de las palabras de su novio la sonrisa que él tenía en el rosto. Igualmente, llevaba razón en sus palabras, los dos tenían muchos motivos por los que celebrar.
—Seguro, nos vemos más tarde. Te amo.
—Yo también, cariño. Nos vemos.
Después de terminar la llamada Bella regresó el teléfono a su lugar, tomó la taza de té caliente y se encaminó al dormitorio de nuevo mientras pensaba en cuál sería la mejor manera de darle a su novio su regalo de aniversario.
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Desde el primer momento que vio la expresión en el rostro de Tyler supo que algo estaba pansando. Edward lo conocía bien, no por nada era uno de sus mejores amigos desde la adolescencia, aquella mueca entre seria y aburrida no iba para nada con la personalidad chispeante del joven cardiólogo. Miró con cierta duda a su primo que estaba parado a su lado, todavía vistiendo su pijama quirúrgico y con un vaso de café bien cargado en la mano. Riley se encogió de hombros dándole a entender así que tampoco tenía ni la más minima idea de lo que estaba pasando.
El doctor llegó hasta donde estaban ellos sin cambiar la cara, Edward abrió la boca pero él rápidamente negó.
—Ni siquiera preguntes. Solamente diré que necesito unas largas vacaciones. – suspiró el moreno, no parecía del todo feliz pero su semblante ahora era menos tieso que antes.
—Ya... tú y todos nosotros – le respondió Riley aceptando llevar la conversación a donde Tyler quería llevarla.
Él iba a replicar esa afirmación pero se calló cuando una rubia pasó por los tres mirándolo específicamente a él con la rabia pintada en sus ojos oscuros e ingorando a los otros dos como si no existieran. Por su parte Tyler procuró fingir que no la había visto cosa probablemente solo logró hacerla enojar todavía más, la mujer apresuró el paso visiblemente indigada por el trato recibido hasta que se perdió de vista. Edward enarcó las cejas, con algo que parecía rozar la diversión, comprendiendo al vuelo lo que sucedía. Y si bien sintió un poco de pena por Tyler consideró que se lo tenía completamente merecido después de todo. Riley también apretó los labios conteniendo la risa que pugnaba por salir, él también lo había entendido.
Aquella rubia no era otra que Janice Quinn, una enfermera que llevaba pocos meses trabajando en el Manhattan Medical Center. Guapa, sin dudas, y bastante tranquila a simple vista aunque a Edward nunca le terminó de convencer. Claro que a Tyler eso no le importó, él le había echado el ojo desde el principio y no pensaba descansar hasta habérsela llevado a la cama al menos un par de veces. Tanya intentó advertirle a su amigo que no lo hiciera, ella desde que la vio por primera vez supo que era una completa perra, pero el moreno no le prestó atención y probablemente ahora se arrepentía de ello.
Si Victoria Stanford había sido un calvario, Janice Quinn era el demonio en persona. Con esa mujer los gritos histéricos y los teatritos llenos de lágrimas estaban a la orden del día, todos los días. Era una arpía inaguantable, con solo un vistazo Bella y Jessica también lo notaron, pero era la arpía que Tyler se había buscado y que ahora le tocaba aguantar, o ignorar, según el lado por el que se mire.
—Por cierto, ¿qué no tenías el día libre? – aquella pregunta estaba dirigida a Edward, evidentemente Tyler estaba haciendo todo a su alcance para obviar el tema de la chica Quinn.
Edward asintió.
—Me llamaron a casa temprano en la mañana – admitió mientras los tres cruzaban el pasillo rumbo a la cafetería, se acercaba de a poco la hora del almuerzo –. Todavía necesito cubrir varias horas para que me den una semana libre. Bella quiere aprovechar la fiesta de su amiga para pasar unos días en Forks con Charlie ahora que terminó el semestre.
—Y como tú no puedes negarle nada... – murmuró el doctor recuperando así su alegría habitual.
Riley soltó una risa divertida al ver la cara de los otros dos, aunque le tocaba admitir que Tyler estaba en lo cierto con su comentario. Entonces miró a su primo rodar los ojos mientras su otro amigo continuaba tomándole el pelo, como siempre que podía, y decidió contarles esa noticia que lo hacía completamente feliz.
Él quería que ellos, sus mejores amigos, casi hermanos, fueran los primeros en enterarse.
—Eres un idiota – le aseguró Edward sin quitar su sonrisa.
—Eso nunca pasó, Edward – rió Tyler –. Estás perdiendo la cabeza, haz que te revisen, ¿de acuerdo?
—Idiota – repitió.
Obviamente, no iban a parar. Cuando aquellos dos comenzaban con una de sus absurdas peleas podía llegar a durar horas. Por lo mismo decidió aclararse la garganta para llamarles la atención.
—Tengo una cosa que contarles – comenzó haciendo que todos se detengan, casualmente habían llegado a la recepción del hospital.
—¿Qué pasa? – Edward parecía cuanto menos preocupado.
—¿Por qué pones esa cara? – preguntó Tyler seguidamente mirándolo con dudas.
—Es que... ¿Cuál cara?
—La de susto.
Riley frunció el ceño.
—¿Cuál susto? No estoy asustado.
—Claro que si.
—No, te aseguro que el miedo es lo último que pasó por mi mente.
—¿Terminaron? – interrumpió Edward sabiendo que Tyler solo estaba molestando – Dilo de una vez, ¿qué es lo que pasa?
Él suspiró, preparándose para el gran momento.
—Pero solo para que quede claro... no tengo miedo... – aclaró solemne, pero antes de que pudiera continuar una mano sobre su hombro lo detuvo.
—¡Buenas, buenas! – saludó Tanya de forma efusiva, algo raro considerando el humor que se cargaba desde hacía semanas.
—¿A dónde vas? – le preguntó Tyler al verla con el abrigo de invierno y el bolso al hombro, estaba claro que pensaba salir fuera del hospital.
—Almuerzo de chicas – aclaró sin muchos detalles aunque ninguno parecía querer preguntar más –. Solo vine a decir adiós... no me extrañen mucho.
Tanya los saludó a los tres con la mano mientras se alejaba, sonriéndole también a los conocidos con los que se cruzaba de camino a la salida. Ellos se quedaron viendola con curiosidad, sin terminar de comprender el por qué del cambio en su actitud, aunque Tyler parecía más dudoso que otra cosa.
—¿Creen que ya habrá vuelto con el tipo ese?
—Félix – corrigió Riley.
—Si, ese mismo.
Los otros se encogieron de hombros.
—No tengo la menor idea.
—Si es que no lo hizo todavía, está al hacerlo – aseguró Edward convencido de sus palabras –. Pero ese no es el tema que estabamos discutiendo, ¿no ibas a decir algo importante, Riley?
—Eh, si. Quiero que los dos sean los primeros en saberlo – sonrió –, aunque no deberán comentar nada por el momento.
—Dilo de una vez, por favor.
Edward soltó una risa divertida por la impaciencia de Tyler, aunque a decir verdad él también quería saber qué era eso tan importante que su primo quería decirles.
—Buenos días, muchachos – Carlisle Cullen llegó de sorpresa con la enfermera Mary a su lado sosteniendo una pila reducida de historiales clínicos mientras que del otro lado una sonriente Claire iba con lo que parecía una libreta de apuntes.
—¡Papá! – soltó ella abrazándose a Riley con ganas, quien la recibió con el mismo entusiasmo. Un par de días sin ver a ese pequeño terremoto rubio bastaban para que la echara muchísimo de menos.
—Pero si es mi niña grande – la levantó durante un segundo con su abrazo y después la dejó de nuevo en el suelo –. Solo un par de días que no te veo y parece que has crecido por horas, ¿verdad, Ed?
—Claro que sí... unos diez centímetros desde la última vez que estuvo aquí más o menos – bromeó el hombre también recibiendo un abrazo de su sobrina.
—Entonces, niña grande, ¿qué tal te lleva la vida de hermana mayor?
—Está bien, me gusta – le sonrió ella al moreno después de saludarlo –. Sé que son pequeños todavía y no hacen demasiadas cosas pero al menos es lindo no ser la única niña de la familia, ni tampoco la menor.
Los cinco adultos rieron por el comentario de Claire.
—¡Pobre Alexa, entonces! – exclamó exageradamente – Le toca a ella ocupar el antiguo lugar de su hermana mayor.
Carlisle volvió a reír pero enseguida enfocó su atención en Edward.
—¿Cómo resultó todo?
—En realidad... bastante mejor de lo que esperaba. Si bien el estado de Ian al ingreso no era el ideal para empezar el tratamiento él ha ido evolucionando favorablemente con el correr de las horas. Creo que si todo sigue así, en unos días podría ser dado de alta.
—Esa es una agradable noticia – el hombre sonrió brevemente antes de ponerse un poco más serio –. Y siento haberte llamado en tu día libre, Edward, pero como ese chico es uno de tus pacientes creí que era lo más conveniente.
Él hombre negó quitándole hierro al asunto.
—Está bien, papá. Estás en lo cierto. Yo lo entiendo y Bella también lo entiende. No te hagas problema.
—De acuerdo. No olvides que tu madre los espera a cenar mañana en la noche.
—Estaremos ahí, sin falta.
—Entonces, ya que el doctor de los niños lo tiene todo resuelto... deberíamos ir a almorzar de una vez por todas.
—Ya entendimos, Tyler – rió Carlisle junto con Mary que había permanecido todo el rato callada observando el intercambio –. Nosotros los dejamos tranquilos, tenemos que regresar para las rondas del mediodía.
—¿Tú vendrás con nosotros, princesa?
La niña negó repetidamente a la pregunta de su tío Edward.
—Solo quería saludar, por eso vine. Comeré con Robin y Sophie en la guardería ¡Hoy Grace nos trajo postres! – ella sonrió casi saltando en su lugar haciendo que los hombres cruzaran miradas divertidas. Esa sonrisa en la cara de Claire solo podía significar una cosa... chocolate.
—Pasaré por ti en la tarde – le aseguró su padre –, recuerda que ésta noche dormirás en casa.
—¿Jessica estará allí? – ella parecía de repente mucho más entusiasmada que antes por lo que la sonrisa de Riley aumentó. Su novia y su hija se habían convertido en buenas amigas, tanto así que con frecuencia solían compincharse cuando querían obtener algo de él y siempre lo terminaban logrando.
—Probablemente.
—¡Bien! Tengo un montón de cosas que contarle.
—Hasta luego, chicos – se despidió Carlisle de los tres márchandose con Mary y con Claire a la que pretendía llevar de regreso a la guardería antes de comenzar con sus rondas.
Una vez solos de nuevo, Edward miró su reloj notando que ya era casi la una, tenían que aprovechar el momento para ir a la cafetería ahora que nadie lo solicitaba en ninguna parte.
—Bueno, bien – asintió el moreno continuando camino –. Estamos solos... ahora sí... ya puedes decir lo que tienes que decir.
—"Doctor Biers, se lo solicita en emergencias. Doctor Biers, se lo solicita en emergencias" – sonó la femenina voz por megafonía haciendo que los tres hombres se miraran incrédulos.
—¡Pero por el amor de Dios! – casi chilló Tyler causando una carcajada de Riley que evidentemente se estaba divirtiendo mucho con la actitud de su amigo.
—Hablamos después – aseguró el doctor cuando su nombre resonó de nuevo por el altavoz –. Los veo más tarde.
Edward y Tyler se quedaron parados en el lugar observándo como el hombre se marchaba prácticamente corriendo a emergencias y dejándolos con la duda. Tenía que ser una broma.
—Quizá sea una señal, o un mal presagio.
—Tyler, ¿desde cuándo crees en esa clase de cosas?
El moreno se encogió de hombros.
—Siempre hay una primera vez para todo, ¿no? – entonces miró por detrás de su cabeza y frunció el ceño –. Oye, ¿ese no es Black?
En efecto, el hombre moreno que Tyler señalaba no era otro que Jacob Black. Edward vio que cruzaba unas palabras con Victoria, la recepcionista, que no parecía contenta con lo que el detective le decía. Aunque Jacob tampoco parecía feliz. Si bien la distancia entre que lo separaba de ellos era considerable el doctor pudo ver con claridad las expresiones de sus rostros.
Después de unos minutos de vacilación Edward se dirigió hacia ellos pero se detuvo en su sitio al ver que Tyler no lo seguía.
—¿No vendrás?
—¿Con Black? No, ya me quedé sin saber la noticia de Riley... no me quedaré sin almuerzo también – aseguró solemne –. Avísame si averiguas qué es lo que le pasa a Biers.
Con un simple asentimiento él se alejó de su amigo quien tampoco perdió tiempo en marcharse rumbo a la cafetería.
—Jacob – saludó –, ¿sucedió algo malo?
—Edward, hola – contestó él dejando en el olvido a la fastidiosa pelirroja que no resultó de utilidad –. Nada de eso. Investigo un caso, como un favor personal. Necesitaba... información.
—Entonces, ven conmigo. Quizá pueda ayudar en algo.
Jacob lo miró con algo que se parecía bastante al alivio, tal vez porque ya no debía seguir tratando con esa pelirroja borde, y asintió. De inmediato los dos tomaron camino al consultorio de Edward, el lugar donde seguro podrían hablar con la mayor tranquilidad.
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—¿Cuánto tiempo más vamos a estar así? ¡Es inhumano dejarnos con la duda!
Por supuesto, aquella aclaración provino de Tanya que recorría la cocina de Jessica de un lado a otro fulminándola con la mirada pero sin lograr nada. Bella mordisqueó distraídamente una galletita mientras miraba a su rubia amiga con gracia.
Tanya nunca había sido lo que se dice una mujer paciente, todos lo sabían, y desde que terminó su rara relación con Félix lo era aún menos. Ella lo extrañaba mucho, incluso más de lo que le gustaría admitir, y era eso lo que la tenía irritable. Claro que, como todos sabían también, era cuestión de tiempo para que regresara con él. Ellos peleaban, se separaban y al poco tiempo volvían más enamorados que nunca, siempre era así.
La pelirroja negó con una sonrisa sin amedrentarse con la mirada de la rubia y después se fijó en Bella que le sonreía. La castaña también tenía curiosidad por saber qué era lo que Jessica tenía para contarles pero llevaba sus dudas con mucha más tranquilidad que Tanya.
—Todavía no – aseguró la chica –, esperemos un poco más.
—¡Eso no es justo!
—Pues, es lo que hay... así que te aguantas... – Jessica le sacó la lengua en broma causando la risa de las demás. Tanya las miró a todas con el ceño fruncido, no estaba enfadada pero tampoco feliz de la vida.
—Por favor, Tanya... y creo que lo pido en nombre de todas... ¡Regresa de una vez con Félix!
—Cállate – murmuró la rubia, roja de la vergüenza.
Jessica rió con mucha más fuerza que antes y llevó sus ojos azules a la otra rubia que hasta el momento había pasado bastante desapercibida. Es así que la risa de Lauren paró repentinamento cuando notó que tres pares de ojos la veían, unos con sospecha, otros con malicia y los últimos con simple curiosidad.
—¿Qué pasa...? ¿Tengo algo en la cara o qué? – el tono defensivo que usó fue lo que las demás necesitaron para comprobar que algo estaba ocultando.
—Nada... – soltó con fingida inocencia –. Entonces, ¿cómo van las cosas con Jacob?
La pregunta de Jessica tomó a Bella por sorpresa y aparentemente a Lauren también.
—Eh, bien. ¿Por qué?
—Parece que me perdí, ¿quién quiere contarme? – preguntó Bella sospechando que sus amigas sabían alguna cosa que ella no.
Lauren se sonrojó hasta la raíz del pelo llamado la atención de la castaña que de todas era quien más la conocía y sabía que eso no pasaba con frecuencia.
—Pasar pasó... y mucho al parecer – murmuró Jessica divertida –. Riley dejó caer el otro día que John les comentó a él y a Edward que Jacob finalmente le admitió que entre él y la señorita aquí presenta estaban pasando "cosas" – e hizo las comillas exageradamente con sus dedos al mencionar la palabra –. Yo no sé, no quiero decir nada más, pero... cada una saque sus propias conclusiones sobre lo que podría significar.
—¡Oh, madre mía! ¿Estás durmiendo con Black y no tuviste la decencia de mencionarlo? ¡A nosotras, tus amigas! – chilló Tanya mirándola acusadoramente, como si el haber ocultado aquella verdad fuera un insulto a su ya consolidada amistad.
—Bueno, no... digo, sí pero no... es decir... – balbuceó ella –. Espera un momento, ¿él habló con John sobre... nosotros?
—¿Eso quiere decir que es cierto?
Tanya bufó.
—Eso está claro, Bella. Es más, ya se estaban tardando... bueno, no sé de qué me sorprendo... estoy hablando con la mujer que tardó cuatro meses en formalizar una relación obvia – rodó los ojos.
La castaña la ignoró pero lo cierto es que llevaba un poco de razón en sus palabras. Desde que Lauren salió del hospital, casi un mes después de despertar, Jacob estuvo a su lado a cada paso que dio en aquel duro y largo año. La acompañó, así como lo hicieron sus padres y ellas también a medida que su amistad se solidificaba, en todo el tiempo que duró su recuperación física y también su recuperación psicológica la cual resultó mucho más complicada de tratar que la anterior. Él le ofreció una salida cuando Lauren sintió la necesidad de volver a ocupar su mente, cuando decidió trabajar de nuevo pero no quería por nada del mundo regresar a la OCF.
Jacob le dio una opción, le dio seguridad y la protección que ella necesitaba. Él estuvo ahí siempre para Lauren, siempre, pero nunca se animó a llevar lo que tenían más allá de una fuerte amistad. En principio porque ella estaba físicamente convalenciente y luego porque sentía que debía superar primero la horrible experiencia vivida antes de siquiera pensar en tener alguna clase de relación romántica con alguien, desde luego las pesadillas recurrentes de Lauren no hacían más que reafirmar la decisión de Jacob.
Pero al final, pensó Bella distraídamente, todo se resumía al miedo. El miedo que sentía su amigo a involucrarse sentimentalmente otra vez, el miedo a entregarse por completo a una persona y ponerse en sus manos, el miedo a perder un ser amado otra vez. Y al qué dirán, y a las dudas, y a errar, y a arruinar una maravillosa amistad, y muchos otros miedos más que solo él conocía. Era básicamente, el miedo de Jacob hablando por sobre sus sentimientos, algo con lo que él debía lidiar primero si quería estar con la mujer que amaba.
Y aparentemente, lo estaba haciendo bien.
—¿Lauren?
—Es solo que... pensé que él quería mantenerlo en secreto por un poco más de tiempo – aclaró la chica –. Es complicado, sé que me quiere... lo siento cada vez que me besa, cuando me toca, cuando me mira... lo sé... sé que quiere estar conmigo pero lo que no sé es si está preparado para que los demás lo sepan.
Las tres chicas la miraron en silencio durante lo que pareció un largo minuto, sin querer el clima divertido se había esfumado con las palabras de Lauren. Fue Bella quien tomando la iniciativa se estiró por sobre la mesa para agarrar las manos de su amiga entre las suyas intentando así darle un poco de ánimo.
—Lauren, todos sabemos que Jake te ama y que quiere estar contigo. Eso no es algo que se pueda ocultar, quizás él solo está esperando el momento correcto para blanquearlo.
—Seguramente – asintió Tanya en acuerdo –, los hombres a veces pueden llegar a ser lentos, muy lentos, al tiempo de lidiar con los sentimientos de las mujeres... mejor dicho, con las mujeres en general. Sino, mira todo lo que tardó Edward en conquistar a Bella, o a Tyler y su raro gusto por las locas acosadoras – ella bufó –, o a Félix y su incapacidad de ponerse en el lugar de una chica.
Aquel comentario ocasionó una serie de risitas, exáctamente lo que la rubia pretendía.
—Tal vez, podría ser.
—Si Jacob se lo contó a John es porque quiere que lo sepa. ¿Es por eso que no nos habías dicho nada al respecto?
Lauren las miró antes de asentir.
—Creí que era lo mejor, que él lo quería así – dudó –. Lo siento mucho, lamento haberles ocultado esto.
—No te preocupes por eso, sé que en adelante todo irá bien – entonces, Bella soltó las manos de Lauren y miró a Jessica con una sonrisa – ¿Y qué pasa contigo? ¿Acaso tu novio y tú se cuentan todo lo que les dicen sus amigos?
Tanya jadeó.
—¡Oh, mierda! Dime, por favor, que no – ella parecía horrorizada por la posibilidad de que Jessica le contara a su novio todo lo que hablaban –. No podría verlo a la cara de nuevo.
Lauren no aguantó la risa al igual que Bella, aunque estaban de acuerdo en que sería muy vergonzoso.
—¡Claro que no! ¿Estás loca? Solo le cuento lo necesario... y definitivamente nada tan íntimo – obviamente se refería a todo lo sexual que Tanya solía contar en las reuniones privadas que mantenían, en las que ella no se cortaba un pelo al tiempo de hablar sobre los momentos que pasaba con Félix.
Con un suspiro de alivio la chica le lanzó a su amiga lo primero que encontró a mano, aquello resultó ser una galletita de chocolate que Jessica esquivó hábilmente. Bella la miró entrecerrando los ojos, quizá indignada por el desperdicio de comida, aunque no comentó al respecto.
El timbre de la puerta sonó un par de veces haciendo que las cuatro mujeres se miraran con nuevas expresiones que podían ser felicidad, o posiblemente alivio. Jessica rió un poco más alegre y corrió a la puerta para abrirle a la última persona que estaban esperando.
—¡Perdón, perdón, perdón! – Abigail llegó todavía con su traje formal, estaba claro que venía de trabajar – Mi cliente es un desconsiderado de primera, no quería dejarme ir. Nunca vi a un hombre tan pesado como ese, ¡y mira que conozco a muchos!
—No sabía que ya estabas trabajando de nuevo – admitió Lauren cuando Abby se sentó a su lado.
—No lo hago, es muy pronto para volver al trabajo. Esto es solo un antiguo caso con una nueva complicación.
—Si, bueno. Ya sientate que esa – Tanya señaló a Jessica – no ha querido soltar ni una palabra de por qué estamos aquí. Sinceramente, ya no aguanto un segundo más la curiosidad.
—Todavía no volviste con Félix, ¿no?
Todas rieron al ver la cara de Tanya que parecía tan irritada como avergonzada por el comentario. Bella tomó la palabra para evitar una nueva discusión que iba a alejarlas del tema en cuestión.
—Entonces, ¿qué es eso tan importante que tienes para contar y para lo que debíamos estar todas presentes?
Jessica suspiró sacando todo el aire que tenía dentro, y entonces esbozó la sonrisa más grande que las chicas le habían visto hasta el momento.
—Bien, llegó el momento que todas estaban esperando... – comenzó la pelirroja pero fue interrumpida por un grito enorme.
—¡Estás embarazada!
—¿Qué...? No, Tanya... claro que no. ¿Cómo se te ocurrió eso?
Sorprendentemente, la rubia parecía un poco desinflada ante la negativa.
—Oh, bueno, ya sabes cómo son esas cosas – admitió convencida –. Parece una epidemia... se embaraza una y enseguida se embarazan todas.
—¡Oye! – soltó Abby que en la actualidad gozaba del título de mamá de no solo una niña de ocho años sino también de dos mellizos castaños de tres meses que en aquellos momentos quedaron al cuidado del feliz papá.
—No lo decía por ti, cielo. Alexa y Kevin son un amor, ¡los adoro!, pero estoy segura de que son más de lo que tú y Phil pueden manejar por ahora.
—Absolutamente – aseguró la abogada aunque con una sonrisa cariñosa al pensar en sus dos niños.
—A mi ni siquiera me mires – soltó Lauren luego de que todas las miradas se enfocaran en ella. No es que no quisiera ser madre, es más, varias veces durante su vida se le había cruzado la idea por la cabeza pero sabía bien que todavía no era tiempo. Hasta al menos no aclarar la situación con Jacob esa era una posibilidad que no quería ni plantearse.
Bella rió divertida, sus amigas eran sencillamente increíbles.
—Dejen eso ahora. Y tú, dilo ya de una vez por todas, ¿qué es?
—Está bien, ¡me caso!
Las cuatro se quedaron paralizadas en sus respectivos lugares, mirando a Jessica como si le hubiese salido una cabeza o algo parecido, o tal vez no comprendieron bien lo que la pelirroja les decía. Lauren tosió de la sorpresa por lo que Tanya solo atinó a golpearle la espalda, Abigail simplemente la miraba con la boca abierta igual que Bella.
—¿Casarse de casarse? ¿Tipo... matrimonio? – balbuceó la rubia sin dejar de golpear la espalda de Lauren que ya había parado de toser y la estaba mirando raro.
—Si, eso mismo. La verdad no sé otra forma de casarse, ¿tú si?
—Claro que no – negó Bella levantándose de su asiento para abrazarla –. Solo fue una sorpresa enorme ¡Muchas felicidades!
Bastó un minuto más para que las demás reaccionaran con alegría, sorprendidas pero radiantes ante una noticia que ni en sueños esperaban. Luego de una ronda de abrazos emocionados, palabras de felicidad y buenos deseos para la pelirroja y su novio comenzaron las preguntas.
—¡Muestranos el anillo! – saltó Tanya en su lugar mirándole a Jessica ambas manos sin encontrar nada – Eh, ¿por qué no tienes anillo?
—No hubo anillo – Jessica se sonrojó cuando Abigail y Tanya fruncieron el ceño.
—Riley es un idiota – murmuró Abby rodando los ojos –. Una propuesta de matrimonio siempre tiene que estar acompañada de un anillo, es como una regla no escrita.
—Es verdad – aseguró Tanya –, es igual que la regla de primero las amigas luego los hombres. No está escrita pero se sobreentiende.
—Fue rápido, casi ni lo pensamos – se justificó la futura novia –. Estabamos hablando de nosotros y de lo mucho que habíamos pasado en esos meses. Él me aseguró que quería pasar el resto de su vida conmigo y que deberíamos casarnos. Y yo acepté.
Abigail y Bella se miraron durante un segundo antes de enfocar a Jessica de nuevo.
—Eso no es muy romántico – dijo Lauren sin poder contenerse.
—Ni un poco – asintió Tanya.
—Quizás no pero fue perfecto para mi... no podría haber sido de una forma mejor... se los aseguro.
Entonces Abby le sonrió, enternecida por sus palabras. Tal vez sonara raro, sobre todo teniendo en cuenta que Riley había sido su marido durante unos años hace ya bastante tiempo, pero le causaba una enorme felicidad saber que él y Jessica iban a casarse en un futuro. Ella quería mucho a Riley, era un gran amigo, y esa pelirroja risueña era exáctamente lo que él necesitaba en su vida. Tanya también se acercó para abrazarla tirando de Lauren y de Bella en el camino, y de alguna manera las cinco quedron envueltas en un solo abrazo.
—Estamos muy contentas por los dos, muchísimo – rió Lauren mientras las demás asintieron sus palabras.
—Gracias, ustedes son las mejores amigas del mundo – sonrió Jessica con los ojos aguados –. No lo olviden, no deben decir una palabra de esto a nadie porque todavía no es oficial. Nosotros tenemos pensado comunicárselo a todos en la próxima reunión familiar, ¿está bien?
—¿Bromeas? Estudié teatro en el instituto por casi cuatro años... ya me verás poner la mejor y más aútentica cara de sorpresa ese día – murmuró Tanya soltando el abrazo con una sonrisa sincera –. Eso sí, y desde ahora te lo aclaro, a mi nadie me va a impedir que comience a planear.
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(*) Frases de Eclipse.
¡Hola, hola! Acá regreso después de tanto tiempo :) siento mucho haberlos hecho esperar, fueron un montón de cosas que influyeron y con las que no pretendo aburrirlos.
Pero volviendo al epílogo... ojalá les agrade como lo planteé, me costó bastante decidirme y otro poco más escribirlo pues nada me convencía pero creo que al final quedó bien. Lo dividí en 2 porque era muy largo para ser un solo capítulo (la útlima vez que revisé tenía 25 hojas de word y no estaba terminado). La segunda parte pienso tenerla pronta en unas semanas, solo necesito hacerme un tiempo libre para sentarme a terminar de escribir.
Muchas gracias por todos sus comentarios, alertas y favoritos... ahora sí me toca despedirme, hasta la próxima y última parte de esta historia. Un beso a todos, Lila.
