Autor: Mie Ame

Personajes: Takeru y Ken

Concepto: grito

Guardián de sueños

—¡No! —Ken exclamó en sueños, temblando—. No los lastimes…

Takeru despertó al oír el grito a su lado. El joven de cabello oscuro continuaba dormido, pero la pesadilla que tenía parecía que lo perturbaba tanto que invadía la realidad. Esa no era la primera vez que el rubio despertaba a mitad de la noche escuchando a Ken gritar o llorar, o ambas cosas, en sueños. La primera vez fue una de las noches que se quedó a dormir en casa del chico genio cuando estaban en secundaria, consiguiendo casi matarlo del susto y dejándolo con una sensación de impotencia, al no poder ayudarlo. El hecho de que llevara años experimentándolo, no quería decir que se hubiera acostumbrado. Al contrario, el sentimiento de ineptitud que le invadía al ver a Ken así, y no poder hacer nada al respecto, lo frustraba a más no poder.

El portador del emblema de la esperanza rodeó al de la bondad con los brazos y comenzó a acariciar su espalda, haciendo pequeños círculos con sus dedos justo por debajo de la nuca de Ken.

—Tranquilo, Ken, todo está bien —susurraba amorosamente el joven.

—¡No! ¡No…! —continuaba sollozando el chico en sus brazos, apretando los ojos.

—Ken… —Takeru suspiró. Hacía poco había encontrado una forma de tranquilizar al joven prodigio, así que se propuso ponerla en práctica—. Ken, mira. ¿Ya viste todas esas burbujas? ¡Mira, están en todas partes! Vamos, hay que atraparlas. ¿Cuántas puedes atrapar tú? Yo llevo bastantes ya…

Ken dejó de estar agitado y empezó a tranquilizarse poco a poco. No pasó mucho tiempo, cuando comenzó a sonreír y le devolvió el abrazo a Takeru, acurrucándose en su pecho. La noche volvió a ser tranquila y ambos pudieron dormir en paz hasta que amaneció.

A la mañana siguiente, Takeru abrió los ojos y no encontró a Ken en la cama. Se levantó y caminó hacia la cocina, siguiendo el delicioso aroma del desayuno que Ken preparaba.

—Buenos días —dijo suavemente, abrazando por detrás al joven que se encontraba frente a la estufa, posando su cabeza en el hombro de este.

—Buenos días —respondió Ken sonriendo, manteniendo su atención en el sartén en su mano—. El desayuno está casi listo.

—Entendido. —Takeru se apartó del cocinero y, tras lavarse las manos, se dedicó a poner en la mesa los cubiertos y vajilla que usarían, tomando asiento al terminar su tarea—. Ehm… ¿Ken…?

—¿Hmm?

Takeru se revolvió un poco incómodo en su asiento.

—Anoche… volviste a tener uno de esos… malos sueños.

Ken se detuvo en seco por un momento. Luego continuó sirviendo el desayuno en los platos.

—Eso supuse —comentó tranquilamente—. Recuerdo haber escuchado tu voz y luego… todo se volvió calma y luz.

Takeru lo miró a los ojos, intentando encontrar respuestas sin tener que hacer las preguntas. Pero, como de costumbre, en los ojos de Ken solo podía ver un tenue resplandor, no había en ellos nada que mostrara los temores que se albergaban en su corazón.

Una vez más, el rubio suspiró, esta vez profundamente, haciéndose de valor para sacar de su pecho las dudas que lo atormentaban.

—¿Qué es lo que ves…? En esos sueños, me refiero.

Ken se tardó en contestar. Tomó asiento frente al chico que lo observaba angustiado y sujetó su mano, tanto para demostrar su aprecio por la preocupación, como para darse coraje a sí mismo.

—Es… un sueño recurrente… —comenzó a explicar—. En realidad no recuerdo los detalles de lo que pasa en él, lo único de lo que estoy seguro es de que tiene que ver con los eventos de hace unos años… con Oikawa y MaloMyotismon. Daisuke, tú y los demás están en problemas, y yo soy incapaz de ayudarlos. Estoy… atrapado, ustedes sufren y yo no puedo hacer nada…

—Oh… —Takeru se dio cuenta de que no tenía palabras para responder a eso.

Ken se percató de esto y le sonrió tiernamente.

—Aunque, ¿sabes? Las pesadillas ya no son tan frecuentes, ni tan terribles, desde que te tengo conmigo.

Takeru no pudo evitar sonreír ante el halago. Se inclinó hacia adelante y posó un cariñoso beso en la frente del otro chico, a lo que dicho joven respondió posando su mano en la mejilla del rubio y se acercó a él para darle un beso en los labios.

—Gracias por permanecer a mi lado, Takeru —susurró Ken al separar sus labios—. No estoy seguro de lo que haría si no estuvieras aquí conmigo.

El rubio negó con la cabeza, sonriendo.

—Eres fuerte, Ken. Estarías bien, aun sin mí. —Apretó suavemente la mano que aún seguía su mejilla—. No es que me queje de que hayas decidido darme un lugar especial en tu vida —dijo, besando la mano de Ken.

—Créeme, el afortunado aquí soy yo —Ken afirmó, apartando su mano para reclinarse un poco en su asiento.

—Lo que creo es que, si continuamos intentando averiguar quién es el que tiene más suerte de ambos, no llegaremos a tiempo a la primera clase —concluyó Takeru, cerrando el argumento con una sonrisa de oreja a oreja.


Notas: Me gustó escribirlo porque me identifico mucho con ellos. El método que usa para calmarlo es el que yo solía usar con mi hijo, que soñaba con arañas y yo le susurraba para que las arañas se transformaran en burbujas.

¡Gracias por leer!