Capítulo 38 -

La noche estaba en curso. El festival había terminado. Algunos alumnos veían arder la fogata en centro. Podría decirse que había sido un festival tranquilo, pero esto no fue así para todos. En tanto los Andrey, estaban pendientes de la rubia. Quien estaba en su cuarto, del colegio. Siendo asistida por su padre. Quien estaba al tanto de su hija.

-¿Te duele la cabeza, Candy?-preguntó Eduard, mirando con preocupación a Candy. La rubia que apenas se despertaba, negaba con la cabeza. Miraba en silencio a Eduard, y luego echaba un vistazo a la muñeca que descasaba a su lado. La apretó con fuerza.

-¿Yo me desmaye, doc..?-preguntaba la rubia, pero se callo al recordar lo último que había escuchado antes de perder el conocimiento.

-Estabas con mucha presión…Y te enteraste de golpe…No es bueno para tu salud…Pero ahora no interesa ver a tu medico, sino a tu padre…-decía el medico, acercándose a la rubia.

Quien trato de sentarse en su cama. Eduard le extendió la mano y le ayudo a sentarse.

La rubia estaba sorprendida, de los acontecimientos que se habían dado lugar con demasiada rapidez.

-¿Papá? ¿Eres mi padre?-preguntaba la rubia, apenas en voz baja.

-Candy…No sabes cuantas veces quise escucharte decir esa palabra….-decía Eduard. Quien se había tenido que calmar.

"¡Demonios! Si estaría más calmado estaría muerto… ¡Ella es mi hija! ¡Mía! Mi niña.. No interesa nada, solo ella…" pensaba el médico.

-¿Por qué? ¿Cómo es que yo no estaba con…?-preguntaba la rubia.

-Te creí muerta…Fue por eso que no te tuve a mi lado, pequeña…Yo…No sabes en verdad las veces que llore pensando que estabas muerta…Pensando que todo era mi culpa…Odiándome por no haberte podido proteger…-decía Eduard.

-¿Usted me espero con amor?-preguntó la rubia. Quien sostenía a la muñeca entre sus manos.

-Si, cuando me entere no sabes lo loco de alegría que estaba. A pesar de estar en prisión y con el nombre de entredicho…No me importaba. Estaba feliz. Feliz de saber que seria padre…- decía el medico, con una sonrisa.

-Yo…Yo…Siempre quise saber como era que yo…como era que yo….Había terminado en el Hogar…-decía la rubia.-Pero no se moleste por eso…Tuve una infancia feliz, papá….-decía la rubia, sonriendo.

Eduard solo estrecho a su hija a su lado. Ambos estaban llorando. Un padre había hallado a su hija, y una hija había encontrado a su padre. La rubia lloraba en brazos de su padre. Quien estaba tan conmovido como ella.

"Tantos años de miedo, de incertidumbre…De pensar qué sufrías…Pero aquí estas…Estas aquí, mi hija preciada…" pensó Eduard.

Luego de que lograran tranquilizarse un poco. El médico salió fuera de la habitación, y indicó que la rubia estaba bien.

La dejo descansando en su cuarto. Pidió que no la molestaran, que lo mejor por el momento fuera que recuperará energías. La tía abuela y Sara estaban a un lado. La anciana estaba evidentemente preocupada. Sus sobrinos nietos la veían como pidiendo alguna explicación coherente par esa situación inusual.

El castaño estaba con ellos, a su lado estaba Eleanor. Quien trataba de alguna forma de apoyar a su amigo. Aunque solo con su presencia, porque sentía que no tenia autoridad para hablar algo ella misma ahí. Se produjo un silencio sepulcral, que finalmente fue roto por Eduard mismo.

-¿Y bien? Sigo esperando una explicación coherente para todo esto…-iba diciendo el médico. Mirando a las dos mujeres Andrey

.- ¿Tal vez quieran comenzar con la parte de POR QUE DEMONIOS TENIAN A MI HIJA Y YO NO LO SABÍA?-decía Eduard, evidentemente irritado.

-Tu ni siquiera deberías estar acá, Joseph…-decía Sara.

-Si lo se…Nunca fui "digno" de esta "honorable" familia… ¡Eso me quedo claro, Sara! ¿Y usted no dirá nada, señora Elroy?-decía Eduard.

-¿Saben? Pude soportar muchas cosas….Que me despreciaran desde que puse un pie en sus terrenos, el día que fui a ese pueblo con mi madre. Que siempre me recordaran que era "ilegitimo" o , como ustedes "cariñosamente" decían un bastardo.

-¡Eso es lo que eres!-decía Sara, molesta.-Solo eres un miserable bastardo…Un hijo de una vulgar mujer que….-iba diciendo Sara. Cuando fui interrumpida por el medico, quien furioso le dijo:

-¡Cállate, Sara! ¡Cállate la condenada boca! Que yo no ando insultando a tu madre…Demuestra tu "educación", mujer. Compórtate como una "dama", "Sarita".-decía Eduard, con una sonrisa burlona.

-¡Silencio, infeliz! Tu deberías estar en prisión….Tui deberías estar ahí…De seguro te escapaste de ahí…-decía Sara. Todos los miraban sorprendidos.

-Para tu información salí de ahí por la sencilla y curiosa razón de que yo era INOCENTE…-decía el medico, con seguridad.

-¡Mentira! Son mentiras…-decía Sara.-Solo son eso, Joseph…

-¡Cállense ustedes dos de una buena vez!-decía la matriarca de los Andrey, quien se veía afectada por esto también.

-¿Tía abuela, usted acaso…?-preguntaba Anthony. Mirando a la anciana. Quien negaba con la cabeza.

-No, no lo sabia, Anthony…Créeme que en verdad no lo sabia…Yo no sabia que la bebe de Rosemary estaba viva….-decía la anciana, con voz pausada.

-No se porque no le creo nada.-decía el medico.-Usted no quería a la niña por ser "ilegitima"…

-Aun así era mi sobrina nieta…Rosemary nos hizo creer a todos que la niña había muerto, poco tiempo después…-decía la señora Elroy.

-Rosemary… Ella nos dijo que su bebe había muerto…. ¿Es nuestra culpa que ella no quisiera a su propia hija?-decía Sara.

-¡Estas loca, mujer! Si ustedes NO la querían consigo, pues…. Me la habrían dado a MI…SU PADRE… ¿O acaso era tan difícil de hacer?-decía Eduard.

-Ella nos había dicho llorando que su niña había muerto, un día de nieve...Estaba tan afligida que cualquiera le habría creído ello… Yo le creí….No le pedí ver el cuerpo de la criatura, porque…

-Porque NUNCA le importo, ahora no me venga conque usted no sabia nada….-decía Eduard.

-Debe calmarse, doctor…-decía Renato, con voz calmada.-Lo peor pasó….

-Yo lo vi….-decía Anthony, cabizbajo.-Era muy pequeño como para darme cuenta, pero lo recuerdo…Ella la abandono….La abandono un día de invierno….-decía el rubio, llorando amargamente. Sus primos estaban a su lado. Tratando de consolarlo.

-Luego dijo de eso nunca mas pude ver a la bebe, nunca mas pude ver a mi hermana…-decía el rubio.

-¿Ven lo que su bendito "honor" trajo, señoras?-preguntaba Eduard.

-Lo importante de todo esto… Es que la hija de Rosemary esta viva…Candy…Candy es la hija de mi Rosemary…por eso sentía su presencia cuando estaba ella… Es la hija de Rose…-decía la anciana ,. Asimilando las cosas.

-Dirá que es MI HIJA…-decía el medico, con seriedad.-Rosemary demostró ser una madre inepta y desalmada... Me pregunto de quien lo habrá aprendido ella… Bueno lo dejo a la imaginación…

-Es mi sobrina nieta. Hija de MI Rose.-decía la anciana.-La creímos muerta, pero al parecer era Candy…

-¿Ahora me dirá que dejo ser una señora apegada a los formalismos ridículos?-pregunto Eduard.

-¡Basta, Joseph! La hija de mi sobrina Rosemary esta viva, y no muerta como siempre creí…Esto cambia las cosas…-decía la anciana, pensativa.

-En efecto, como usted dijo las cambia….-decía Eduard, quien soltó un largos suspiro.

-Se quedara con nosotros…-decía Elroy, con autoridad.

-Si claro que más desea, usted… ¿No quiere que me vaya de aquí y nuca más aparezca? ¡Por favor, señora! Si eso desea…Pues déjeme decirle que DEBE SEGUIR SOÑANDO….-decía el medico.

-¡Ah! Tú siempre fuiste una piedra…. Esto no se trata de ti, Joseph…Se trata de Candice….-decía la anciana.

-Escúcheme, señora Elroy…Yo pude haber sido un jovencito inocente e ingenuo antes…Antes de que me enviaran a prisión…Ahí uno cambia, para bien o mal, pero cambia…

-¿Me estas amenazando, Joseph?-decía Elroy, seria.

-Tómelo como mejor le parezca, señora…. A usted no le robaron a su hija, a MI si…Usted no supo que es llorar a un hijo, creyéndolo muerto por años…Para que luego, un día Vincent venga irrumpa en mi consultorio y me diga: "Tienes una carta de Rosemary…" Y literalmente ponga tu existencia de cabeza…Ya me había hecho la idea que mi hija estaba muerta… ¿Tan miserables son todos ustedes?-decía el médico, con indignación.- ¡Casi me vuelvo loco!

-¿Qué no lo estabas, Joseph?-decía Sara, con burla.

-¿Un loco pondría en riesgo tus negocios, Sarita?-decía Eduard, con sarcasmo.-Vamos, Sara. Piensa un poco… ¿Alguna situación financiera difícil estos años?

-¡Eras tu!-decía Sara.-Tu eras quien ponía en riesgo los negocios de mi esposo… ¡Eras tu!

-¿Conoces otro hombre al cual hayas enviado a prisión de manera injusta, "prima"?-decía el medico.- Dime… ¿Lo conoces?

-Tú merecías estar ahí…-decía Sara, con desprecio.

-¿Así, verdad? ¿Podrías decir por que motivo?-decía el medico.

-Por robo….-decía Sara.

-Si exacto por robo…Por robarme, sin querer yo así, tu indeseable atención…Por eso….-decía con enojo el medico. Sara se puso pálida.

- ¿Quieres que todos lo sepan, Sara? ¿Eso quieres, "Sarita"?-decía Eduard.

-¿Saber qué, señor?-preguntaba Anthony, quien se había calmado.

-Diles, Sarita….Diles…La razón por la que me hacías la vida imposible…. ¡Anda, diles! No seas cobarde…Así como ibas a verme con insistencia a prisión… ¡Habla!-decía Eduard, mirando a Sara.

-¿Eso es cierto, Sara?-decía la tía abuela, con desconfianza.- ¿Ibas a ver a este hombre a prisión?

-No le crea nada…Nada…El solo vino a poner la casa de cabeza…Desde que vino ese día con su madre…De Dios sepa donde….Desde ese día me ha molestado mucho su indeseable presencia…-decía Sara.

-Yo no hice nada…Nada…Para que tu pensaras algo mas de mi….Siempre supiste que quise a Rosemary…Eso siempre te enfado…Siempre…Porque tu eras una envidiosa…-decía Eduard.-Por eso cuando ella se caso conmigo, no dejabas de querer indisponernos el uno con el otro….Tu fuiste la que me trajo la noticia de que mi matrimonio se anulo, como una burla…Y encima tratabas de hacer quedar mal a Rosemary….

-Sara, responde.. ¿Ibas a ver a Joseph a la cárcel?-decía la tía abuela.

-Jamás…Esas son calumnias…-decía Sara.

-¿De verdad? En ese caso como me entere que mi madre sufría fue por mi….¡Por ti! Maldije tu despreciable nombre…Siempre fuiste lo peor con lo que me encontré en esta vida….-decía el médico.

-Pero no…Eso no es lo peor….Me entero de que mi hija. Candy fue acusada de robo, de manera injusta e iba a ser enviada a México, como sirvienta…. Por tus malditos hijos… ¿Coincidencias? Hasta tus hijos son como tu… Por su culpa mi hija pudo haber estado en grave peligro…. ¿Y las veces que ella dormía en el establo? ¡Si! Lo sé, se lo pregunte en las terapias….Lo se todo…. ¡Todo! La vez que la denigraste a sirvienta, cuando ese no era su trabajo… Si, se de todas tus maldades para con mi niña…-decía Eduard, con enojo en su voz.-Pero eso se acabó…

-¿Qué planeas hacer, Joseph?-decía la tía abuela.-Ella se quedara con…

-¡Conmigo! Es MI HIJA…-decía el médico, pero hizo una pausa antes de continuar.-…¿Saben que lo que hizo Rosemary se llama "abandono"? ¿Y que si así lo quisiera podría alegar ante una corte lo mismo en caso suyo? Podría alegar que ustedes la abandonaron… ¿A quien creen que darán razón ellos? Además dado que salió probaba mi inocencia…Pues no habría ningún impedimento legal para que ella pasará mi cuidado….

-¡De ninguna forma!-decía la anciana, mirando seria a Eduard. Quien negó con la cabeza.

-No esta en posición de refutar ello….Soy SU PADRE…En el tiempo que ella nació, yo estaba en prisión…Razón de mas por la que no pude cuidarla…Pero aun tenia a su madre... Quien fracaso… No la pudo cuidar…No pudo… ¿Ustedes la cuidaran? Ustedes casi la exponen a tantos peligros… ¿Debo confiar en que cuidaran bien de mi hija? ¿Debo hacerlo? ¿En serio debo? ¡Claro que NO!

-¿Qué pasara con los negocios de mí…?-decía Sara, con preocupación.

-Estoy hablando de mi hija, no de tus negocios, Sara….-decía el médico, quien se esforzaba por mantener la calma.

-¡Bien llévatela!-decía Sara.-Es igual a ti…Solo es una ridícula huerfanita de Pony, solo es una muchacha simple que…-decía Sara, pero no pudo terminar de hablar. Porque la tía abuela, le había lanzado una bofetada. Que dejó a todos perplejos.

-¡NO te permito que te dirijas así de Candy! Es hija de mi sobrina Rosemary. Es la esencia de Rosemary…Si la insultas a ella, es como si insultaras a Rosemary misma… ¡Y eso jamás, jamás te lo voy a permitir, Sara!-decía Elroy.- ¡Jamás!

-Tía abuela…-decía Sara, tocándose la mejilla. Se sentía humillada.

-¡Nada! Es la hija de mi sobrina. Así que me la respetas… ¿Te quedo claro, Sara?-decía Elroy.- No volveré a tolerar otro comentario mal de ella…Ni de ti, ni de nadie… Es una Andrey… Una Andrey… En cuanto a lo de Joseph…. Ella permanecerá con nosotros…

-¡No! Ya me escucho…. No confió en ustedes….-decía Eduard.

-¡Ella se quedara y punto!-decía la anciana.

-¡Basta! Están hablando de MI hermana…No de un terreno, o de una casa…. Ella no estaría feliz de escucharles discutir por eso….-decía Anthony.-…En tal caso la última decisión la tomara ella….Solo ella…

-Al fin, alguien dice algo sensato….-decía Renato, algo impaciente.-Tiene razón Anthony... Mi sobrina odiaría que discutieran por esa cuestión…

-Si, es verdad, Ren.-decía el médico.-En tal caso la última palabra para todo esta en su mano…Para todo…Si ella así lo desea seguimos con el plan…

-Lo dudo, doctor…Ella es un ángel…No creo que aliente un plan así…-decía Renato.-Es demasiado buena…Es demasiado pura e inocente…No estará de acuerdo…

-Ya dije, Ren…La última palabra la tendrá ella….Respetare su decisión final…-decía Eduard, meditando ello.

-Y mas les vale que no intenten alejarla de mi lado, señoras…. Pues no saben con quien se estarían metiendo… No soy el Joseph Bennett ingenuo que metieron un día a prisión… Ese sujeto murió allá... Así que ni se les ocurra querer verme la cara….Pues no lo permitiría…. Dejare que permanezca con ustedes, hasta que ella me diga lo contrario… ¿De acuerdo? Ni siquiera debería acordar nada, pero respeto sus decisiones…Las respeto…-decía finalmente Eduard, con determinación.

Al día siguiente la rubia despertó temprano. Salió rápido de su habitación. Se había cambiado su uniforme. Esa mañana había decidido salir temprano a caminar. Quería dejar despejados sus pensamientos. Trataba de asimilar todo. Era difícil, pero era la verdad.

-Me duele, pero es verdad….Mi madre si me abandono….-decía la rubia, con algo de nostalgia.-Ella me… Yo. Yo…No importa…No importa eso….-decía la rubia, mientras se le escapaban unas lágrimas de los ojos. Se las secaba con la manga del vestido. Hasta que sintió una mano en su hombro. Volteo y observo a su padre. Quien la miraba afligido.

-Pequeña… ¿Podemos conversar, Candy?-decía el médico.-Ayer no pudimos hablar mucho, porque debías descansar… En verdad debemos hablar…. En verdad…

La rubia observo su mirada triste y melancólica. Era evidente que el también había sufrido. Hasta quizá más que ella misma. Asintió y le siguió por el camino.

-Primero que nada, yo quería decirte que…Quería decirte que… ¡Estoy feliz de haberte encontrado!-decia Eduard.-Desde que me entere que estabas viva, desde ese dia yo no deje de buscarte...Te busque... Mas no te encontraba...Yo... Yo siempre estaba tan preocupado por la incertidumbre de saber si estabas bien , si estabas sana. Si no estabas en problemas... Yo debía protegerte, pequeña.. Debía hacer eso...

-No es culpa tuya... Tu estabas en prisión...No podías cuidarme...Tal vez por eso Rosemary no le dijo la verdad... Tal vez por eso...-decia la rubia.

-Si, pero aun asi...Aun asi...Tu eres mi hija... El deber de un padre es cuidar a sus hijos... ¿Sabes? Siempre esperaba conocerte antes de morir... Saber que estabas bien, que eras alguien de bien... y me encontré con algo mejor... Me encontré con que mi hija..Siempre fue una muchacha perseverante... Una chica terca, pero de buen corazón... En verdad me alegra de saber que tengo una hija como tu, Candy...En verdad... Te quise desde que me entere que venias en camino... Desde ese momento te quise... No sabes que en la profunda tristeza a la cual caí, cuando me entere de tu supuesta muerte... Y que después casi pierdo el juicio a enterarme que era un error... ¡Estabas viva! Salí a buscarte... No sabía como eras.. Pero pensé que podría reconocerte... ¿Sabes? Estoy feliz de saber que al fin te pude conocer... Al fin pude conocer a mi pequeña... Mi hija... -decia Eduard, tocando las mejillas de la rubia.

Quien lloraba en silencio. Ella solo puso sus manos sobre las manos de su padre. Eduard secaba las lágrimas de su hija , con cuidado. Sonrió al ver que la rubia se tranquilizaba.

-Papá... Yo...yo...tambien estoy feliz de conocerlo...-decia la rubia, sonriendo alegre.- En verdad, papá...-decia la rubia, abrazando a su padre. Quien sonreía conmovido por ello.

-Tienes una bonita sonrisa, pequeña...Nunca dejes de sonreir...Nunca...-decia Eduard.

-Tu tampoco no dejes de sonreir nunca, papá...-decia la rubia, tranquilamente. Quien entendía esa sensación de tranquilidad, y de seguridad que sentía. Era por su padre. Por el, era esa sensación de calma.

Luego Eduard y su hija iban caminando , mientras el le contaba a más detalle los hechos que se dieron cerca a la época donde su madre de ella la esperaba. Le explico la razón porque el y Marie, la madre de él. Habían abandonado su pueblo donde él nació, para buscar un mejor porvenir. Cómo llegaron al pueblito, donde se quedaron a trabajar para unos señores acaudalados... Los Andrey... Como vivo junto a Marie, quien lo educó sola. Cómo conoció a Rosemary, cómo la conoció de niña. Los detalles de cómo llegaron a casarse, después de que había parecido casi imposible ello. El poco tiempo que compartió junto a ella. Terminando por decirle los detalles del juicio que siguió. Como después de tantos años, quedó probada su inocencia. También sobre la posterior reconciliación de él con su padre. Cosa que fue lograda, gracias a la oportuna intervención de Renato. Como había seguido buscándola, aunque sin resultados satisfactorios. Y como Michael le informo que requerían su ayuda para el caso de un paciente, poco común. Como el accedió de inmediato , pues no temía arriesgar su reputación, como médico.

-Por eso vine a Londres... De lo contrario seguiría en America, Candy.-decia el medico.-Nunca me imagine que mi paciente seria mi hija...¿Sabes? El dia que te vi por primera vez pensé que eras Rosemary... Me sorprendió verte... Pense que eras Rosemary...-decia Eduard.

-Yo tambien me sorprendi de verte...Aunque no sabía porque razón...-decia la rubia.

-Ahora entiendo porque te desvaneciste... De alguna forma me reconociste, aunque no de manera consciente, Candy...-decia el medico. Quien recordaba detalles de ese dia.

Continuará ...