Siento la demora.
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Capítulo 36: Un Plan En Marcha: ¿Qué Ocultas, Kishasa?
El sol se filtraba por las cortinas de las ventanas del departamento de Uzumaki Naruto. Sakura, Karui y Gaara se levantaron por el leve ruido de la puerta al abrirse. El Kazekage se puso de pie y miró la cama del pequeño espacio. Naruto y Kishasa dormían en ella abrazados. Francamente parecían una hermana y un hermano. Sonrió.
-Buenos días – saludó Hinata en un susurro para no despertar a los Akatsuki.
-Buenas – respondieron los otros de igual manera. Las cobijas se movieron y se levantó una Kishasa adormilada. Parece que habían fracasado en su intento por no despertarles.
-¿Mh? – talló sus ojos antes de mirar a Naruto dormido a su lado y luego a los otros.
-¿Te despertamos? – Hinata se sintió culpable.
-Algo así – murmuró antes de salir de entre los brazos de Naruto, cosa nada sencilla, pero al final lo logró. Se puso de pie en la cama y, cuando daba un paso para bajarse, el rubio se movió, haciéndole perder el equilibrio. Por suerte Gaara le atrapó a tiempo – em, gracias – dijo antes de que le deje en el suelo.
-Por nada – Kishasa caminó hacia el balcón con todo y pijama, abrió la puerta corrediza y salió, cerrándola tras de sí, los shinobi le ven sentarse en la barra de contención.
-¿Qué pensará? – comentó Sakura poniéndose su banda ninja.
-Ni idea – suspiró Karui.
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-Ah, hoy es el día – murmuró Kishasa viendo hacia el cielo con tristeza antes de concentrarse – ¿Itachi-san? – pasaron unos segundos antes de que el hombre le responda.
-Buenos días, pequeña – la voz, aunque intentase sonar alegre, no ocultaba la tristeza y el dolor que resguardaban.
-Hm, hola – a ella no le parece un buen día, es más, sabe que detestará ese día, pero una promesa es una promesa y un trato es un trato.
-Kish, quiero que le digas a mi hermano lo que ya hemos acordado.
-Ajá.
-Luego de eso, si decide ir, transpórtalo a la guarida Uchiha, yo me encargaré del resto – suspiró al final.
-Ya lo sé. Itachi-san yo…
-Estoy consciente de que esta idea no te agrada y de que estás mal por mi causa, pero…
-…Es lo que te queda por hacer en el mundo. Es tu deber como un miembro del clan Uchiha, como el hermano mayor de Uchiha Sasuke – completó por él la frase que tan bien conocía.
-Así es, Ai, perdóname – pidió en súplica.
-Si las cosas salen como piensas yo… – los ojos pardos comenzaron a llenarse de lágrimas. En serio comenzaba a odiar ese día y las promesas.
-Kishasa, escúchame, aunque las cosas salgan como lo planeo nunca, entiendes, nunca te dejaré sola, siempre estaré contigo, te lo juro – intentó calmarla.
-Lo sé, lo sé, pero…me duele. Ya perdí a Kakuzu y Hidan-senpai, y ahora yo… – su labio inferior temblaba y las lágrimas se le escaparon.
-Kish, no llores, por favor, no llores.
-¡No estoy llorando!
-Si lo estás, te conozco lo suficiente como para saber que estás llorando por mi culpa – la voz del Uchiha sonaba deprimida.
-Perdón, Itachi-san, pero, pero…en serio yo…
-Sé lo que significó para ti, Ai, lo sé y tú también significas demasiado para mí. Te amo y mucho.
-No como yo quisiera – sonaba a reproche, una triste sonrisa se asomó en los rosados labios mientras las lágrimas caían y caían. Odiaba no poder detener aquel flujo de agua salada, lo odiaba tanto como al plan de su más amado maestro.
-Kish, eres muy…
-Joven, ya lo sé – una nueva sonrisa triste se hizo presente, ella apretó fuertemente el tubo de metal del que se sostenía y en el que estaba sentada.
-Encontrarás a alguien que pueda corresponder tus sentimientos y amarte como deseas, lo encontrarás, pues ese alguien no soy yo, por desgracia.
-Igual, solo te amo a ti. Es por eso que estoy haciendo esto, es por eso que voy a hacer lo que me pides aunque me duela si es para que estés feliz y obtengas la paz. Es por eso que lo hago, porque te amo, Itachi-san, sino no haría esto – un sollozo ahogado se le escapó de los labios.
Entre ser consciente de su amor no correspondido y del plan de Uchiha Itachi, no sabía cuál dolía más.
-Gracias, Kish – dijo luego de un rato de silencio – gracias no solo por ayudarme y permanecer a mi lado siempre, sino también por tus sentimientos, si fueras un poco mayor o yo otro poco menor tal vez, tal vez…
-No, yo sé que no sería. Tu corazón ya lo ocupa alguien más, Itachi-san, y siempre lo ocupará ese alguien más, el destino les haría conocerse aunque nuestras edades no fuesen impedimento. Tú siempre serás de esa persona – ocultó su rostro con su cabello, tensando la mandíbula y apretando otro poco los puños.
-Creo que…
-Tengo razón – suspiró la jovencita.
-Ai… – el Uchiha mayor quería decirle algunas palabras de aliento, algo que le hiciese sentir mejor, decirle lo mucho que la amaba, como una hermana pequeña, pero la amaba. La amaba tanto. Quería decírselo, sin embargo…
-Pondré el plan en marcha dentro de unas horas, espero que ya hayas llegado al lugar cuando lo haga – cortó el tema la mujercita. Itachi suspiró, resignado.
-Dentro de una hora ya estaré ahí – informó.
-Bien, tendrás que esperar un rato.
-No me importa esperar otro poco – intentó sacar algo de humor, lo cual no funcionó.
-Si es todo, me voy – Kishasa sentía una gran opresión en el pecho por el descabellado plan del que estaba formando parte, lo detestaba, lo odiaba, así que decidió dejar todo en eso porque sino no podría con ello.
Antes de que cortase la comunicación mental alcanzó a escuchar otra cosa:
-Gracias por todo, Kishasa. Te amo, Ai, nunca lo olvides – ella se mordió el labio inferior con fuerza, sacándose algo de sangre, y aprietó sus puños hasta poner los nudillos blancos. Eso había sido muy malo de su parte.
Dolía, como dolía.
Sus silenciosas lágrimas demostraban cuanto le dolía formar parte de aquello. La puerta corrediza se abrió, pero ella no podía dejar de derramar lágrimas. Era inevitable. Itachi era parte de su familia, eso que representaba su debilidad.
-Hinata dice que el desayuno ya… – Gaara detuvo sus palabras, la menor le daba la espalda, sin embargo, él lo sabía, él lo vio en esos ligeros temblores. Ella estaba llorando de nuevo. Cerró la puerta tras de sí y se acercó unos pasos más, poniéndose a su lado – ¿todo bien? – preguntó viéndole de reojo. Kishasa no pudo hablar, si lo hacía seguro que lo único que salía sería un grito de desesperación – no tienes por qué ocultar tu tristeza o dolor, si quieres llorar solo hazlo, nadie te dirá algo – comentó el Kazekage.
-¿Y si lo que quiero es gritar? Gritar tan fuerte que todos me escuchen, gritar tanto que mi aliento se extinga, gritar hasta que la garganta se me destroce y escupa sangre. ¿Igual debo hacerlo? – el pelirrojo se sobresaltó por la intromisión en su mente y la dura forma de hablar, carraspeó y respondió:
-Si así te sientes mejor, hazlo. Considero que lo mejor es sacar todo lo que te hace sentir mal y no guardártelo, pues te provoca más daño hacer eso – su voz sonaba suave y tranquila.
-Eres la tercera persona en decírmelo – comentó pasado un momento de silencio, limpiando la sangre del labio roto, y Gaara vio asomarse después una triste sonrisa.
-Entonces deberías hacer caso – él le dio otra sonrisa de medio lado, algo divertida. Quería animarla.
La menor le miró de reojo. Ese joven Kazekage se parecía tanto a Itachi en algunas cosas, pero su aura y esencia eran un poco diferentes en muchos otros sentidos. Le agradaba. Además parecía no tomar tan mal su extraña forma de comunicarse, cosa que no era muy común de ver. Sí, le agradaba un poco. Le agradaba lo suficiente.
-¿Si te pido algo me lo darías? – dijo de pronto; Gaara dudó un segundo, solo uno, antes de asentir.
-Siempre y cuando no dañe a otros, con gusto – él estaba de brazos cruzados y erguido, la briza mecía sus cabellos dándole un aire pacifista.
Su compañía le tranquilizaba, le hacía sentir segura, le daba ánimos. Era como con los Akatsuki o con…él.
-Un abrazo – susurró con la voz apagada y ronca, bajando la vista. Eso se lo habría pedido a Naruto, pero Naruto no estaba en condiciones para también lidiar con su dolor, además de que podía sospechar. Sabaku No se desconcertó un momento.
-¿Disculpa?
-Quiero que me des un abrazo – continuó en un susurró y con los ojos llorosos. El kage descruzó sus brazos, poniendo un gesto de sorpresa. ¿Acaso ella, ella le pedía a él que le abrazara? ¿Por qué? – ¿me lo das? – Ella se giró sobre la barra, quedando cara a cara con el kage.
-Am, yo… – al ver la contradicción del joven Kishasa suspiró y, con la cabeza gacha, bajó de la barandilla, poniendo sus pies en el suelo:
-Olvídalo, no debí pedirlo – su suave susurro y el estado en el que estaba le hacía ver tan frágil e indefensa. Tan como la casi niña que era. Ese dolor en sus ojos, ese sufrimiento. Él los conocía.
Dios, ¿qué hacía?
Suspiró, frustrado. En definitiva no era bueno para relacionarse con las personas, dado su pasado, ni mucho menos para cosas como las que le estaban ocurriendo.
Bueno, solo era un abrazo, uno para reconfortar y hacer sentir mejor a la amiga del que consideraba su mejor amigo. Solo un abrazo. Ella iba a avanzar para irse cuando sintió unos cálidos y protectores brazos rodeándole:
-Bien – le dijo viendo hacia el cielo. ¿Por qué de pronto sus mejillas se sentían calientes? Kishasa abrió los ojos por lo repentino del gesto antes de cerrarlos y corresponderle:
-Gracias – él no se esperó que Kishasa le correspondiera el gesto, abrazándose con fuerza a su espalda, apretando sus ropas.
Escondió su rostro en el pecho del pelirrojo, aspirando un aroma peculiar pero agradable. Las mejillas de Gaara, aunque él no lo notase, estaban más rojas. Podía sentir cada parte en la que el cuerpo de la jovencita tocaba con el suyo. Kishasa sonrió un poco, notaba el rápido latir del corazón del líder de Sunagakure, que le arrullaba, y sus atolondrados pensamientos. Él respiró intentando relajarse y notó un suave aroma a yerbas frescas. Era de ella. Cerró los ojos resistiendo el impulso de apoyar su barbilla en la cabeza de la menor. Tendrían que quedarse otro rato así, al menos hasta que ella se separase.
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-¿Qué hace? – Karui miraba por el vidrio del balcón, asombrada y confundida. Incluso un poco apenada.
-¿A qué te refieres? – Sakura y Hinata le miraron.
-A eso – Karui señaló con la vista el balcón. Las chicas de Konoha se sonrojaron un poco al ver tan peculiar escena: Gaara abrazando a la acompañante de Naruto.
-Errr, em… – Sakura intentó decir algo.
-Y-yo creo q-que… – Hinata desvió la mirada –…h-hay que d-dejar de mi-mirar – tartamudeó, abochornada.
-¿Qué les pasa? – Naruto salía del baño despeinando sus cabellos.
-N-nada – Hinata fue a servir los desayunos, Sakura también fue en su ayuda, riendo nerviosamente. Para Uzumaki esra obvio que le evitan y le ocultaban algo. Parecían no querer hablar.
-¿Dónde está Kish? – el rubio alzó una ceja y miró a Karui al notar la ausencia de su amiga; el nerviosismo de sus ex-compañeras se hizo más evidente. Fue Karui quien se animó a señalar la puerta corrediza que daba al balcón. Naruto siguió la trayectoria de la mirada y abrió un poco los ojos antes de relajarse y sonreír tenuemente. Eso era nuevo.
-Vaya, eso, no sé porque no me sorprende – comentó para sí mismo, siendo escuchado por las chicas.
-¿Mh? – le miraron con intriga.
-Nada, es mejor que dejemos que Gaara ayude a controlar el dolor de Kish – se sentó a la mesa de forma despreocupada y cerrando los ojos.
-¿No dirás algo sobre esto? – Sakura no se lo cree, aún recordaba cuando se ofreció a revisar a la chica y fue rechazada, ante el argumento de que nadie más que el rubio podía tocarla más allá de lo estrictamente necesario. Se sintió ofendida.
-No, y ustedes tampoco – usó un tono amenazante.
-Pe… – Karui iba a reclamar, ya tenía algo con que molestar a la niñata.
-Ninguno de nosotros ha visto algo y punto – les miró severo y ellas asintieron con algo de miedo, menos Hinata, quien ya tenía pensado no decir ni pío del asunto.
-Bueno – suspiraron sentándose también. El desayuno transcurrió en silencio. Naruto miró desde su puesto a los de afuera y sonrió para sus adentros:
-Tal vez no sea tan imposible para ti olvidar a Itachi, nee-chan, y tal vez… – sacudió su cabeza. No, eso no podía ser.
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Naruto entrenaba con esmero, intentando lograr controlar aquella nueva técnica que Itachi le había recomendado hace tiempo pero que no podía manejar por su poca experiencia con el control de su chakra y aun no se animaba a usar mucho el del Kyuubi, pero esta vez era diferente porque lo estaba intentando en modo sabio y era un poco más ¿sencillo? Llamaba a esa nueva técnica Futon: Rasen Shuriken, porque combinaba el rasengan con el uso de su elemento natal: viento.
Todos estaban atentos a sus intentos fallidos y sus cabreadas. Bueno, todos menos cierta chica que miraba a un azabache. Miró las sombras de los árboles. Ya era hora. Bajó de la rama en donde se encontraba sentada y fue hasta el Uchiha menor.
-Uchiha Sasuke, ¿me acompañas a comprar unos chocolates? – la atención de los cuidadores fue dirigida a esos dos. Eso era de lo más raro.
-¿Por qué yo? – alzó una ceja. Ella nunca le pediría eso a él. A Omoi sí, a Hinata y Gaara también, era probable que prefiriera pedírselo a cualquiera menos a él.
-Porque no solo iremos por chocolates, estoy dispuesta a hablarte un poco sobre Itachi, pero solo si estamos tú y yo, nadie más – le dijo en su mente, provocándole un escalofrío que apenas y ocultó, – porque ya me harté de que Omoi-san solo me siga para mirarme con lástima, tú no haces eso – se alzó de hombros sin notar como el ánimo del moreno decaía. Y él que pensaba que le agradaba a la chica.
Sasuke se quedó unos segundos sin habla, esa era un oportunidad de oro y, no importaba si era mentira, no pensaba dejarla escapar.
-Bien, vamos – se dio la vuelta, indicándole que lo siguiera.
-Voy con ustedes – Sakura se levantó.
-No – detuvo el ojinegro – puedo solo con ella, además, regresaremos enseguida – aseguró.
-Está bien – se extrañaron un poco por la actitud del chico. Sabían que no era de su agrado pasar tiempo con Kishasa.
-¡Naruto-kun, voy por dulces, vuelvo en un rato! ¡Continúa con tu entrenamiento! – Naruto escuchó el grito de su amiga y vio de reojo como Kishasa y Sasuke se alejaban en dirección a la aldea, solos. ¿Por qué? Ellos dos no se toleraban, cada quien por razones diferentes, entonces, ¿por qué iban juntos?
Perdió la concentración y su técnica no le salió, maldijo. La empezó de nuevo, con un extraño y mal presentimiento en su ser.
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-Bueno, ya estamos lo suficientemente lejos, habla – se detuvo Sasuke cuando anduvieron por cinco minutos, desviándose hasta otra parte alejada del amplio campo de entrenamiento.
-Dime, Sasuke, si yo te dijera que existe una posibilidad de que pelees contra Itachi uno contra uno por la venganza que anhelas, ¿pelearías? – la mujercita evadió su actitud y fue a lo que iba. No disponía de mucho tiempo ni coraje, podía flaquear en cualquier momento e ignorar los deseos de Itachi.
-¿Qué?
-Que si aún deseas un duelo a muerte con Uchiha Itachi – le dijo viéndole a los ojos.
-Sí, aún deseo cobrar mi venganza, ¿por? – alzó una ceja. Era extraño, él la siguió para obtener información, no para hablar sobre situaciones hipotética que jamás…
-Por qué Itachi-san ha arreglado un encuentro contigo, para ponerle fin a su historia – comentó seria.
-¿Un encuentro?
-Uchiha Sasuke, ¿aceptarías pelear uno a uno contra Uchiha Itachi ahora? – ok, ¿a qué iba eso? Sasuke frunció el ceño, irritado. Eso no era lo que ella le había prometido.
-¿Qué quie…?
-¿Aceptas o no? – parecía impaciente. Estaba impaciente. No tenía tiempo que perder. Sasuke le sostuvo la mirada, dudando de si confiar o no en sus palabras, las palabras de una chica que siempre manifestaba su desagrado por él, palabras de las que, quizá, no debía fiarse. Los ojos de la menor no mostraban signos de estar mintiendo, era una mirada determinada, decidida, sea lo que fuese, ignorando sus instintos, Sasuke retuvo un suspiro, decidiendo que nada perdía con intentar creerle un tanto.
-¿Él vendrá hasta mi para ese duelo?
-No, yo te llevaré ante él.
-¿No estás jugando conmigo, o si? ¡Porque yo no estoy para malditos juegos! – le tomó por la ropa, queriendo dejar las cosas en claro. Kishasa le alejó de un manotazo, molesta por el tacto y la desconfianza.
-Yo no juego con cosas tan serias como estás – Sasuke miró su labio temblar – Itachi-san me ha pedido que te diga que quiere ponerle fin a esto y ver si has sido lo suficientemente fuerte como para vencerle o si no ha valido la pena el dejarte con vida.
-¡Ese imbécil! – Sasuke apretó lo puños, Kishasa se felicitó y reprochó por su buen trabajo provocándole, – quiere pelea, pues bien, ¡se la daré! – Vio a la chica, decidido – llévame con él, pero más te vale que no sea una maldita broma o trampa, porque juro que vuelvo a por ti.
-No es un trampa – recalcó Kishasa – te enviaré a donde él te está esperando, solo serán tú y él, nadie más. Un combate justo para que cierres el ciclo de tu venganza o Itachi-san te mate – comenzaba a dolerle el hablar. Estaba por retractarse.
No, no debía.
-En ese caso, llévame – ordenó.
-Bien – Kishasa comenzó a hacer algunos sellos, ocultando sus emociones, – quédate quieto mientras te transporto.
-Hmp – Sasuke se cruzó de brazos, por suerte, por costumbre, siempre llevaba todas sus cosas ninja consigo. Kishasa extendió su mano y Sasuke comenzó a desvanecerse.
-Todo tuyo, Itachi-san – suspiró la joven al transportar por completo el cuerpo del Uchiha. Se odiaba por eso. Se permitió liberar el llanto contenido.
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-Están tardando demasiado – Sakura no dejaba de inquietarse. Habían pasado más de veinte minutos desde que la niña y Sasuke se fueron. La tienda más ercana estaba algo lejos, pero Kishasa siempre usaba su jutsu de espacio-tiempo para no tardar más de lo que soportaba estar sin caramelos.
-Seguro se le antojó algo más a la niña esa y se quedaron – aseguró Karui. Naruto les escuchaba sin prestarles demasiada atención, hasta que percibió un cambio en el ambiente, debido a que estaba en modo sannin.
-¿Qué mierda significa esto? – susurró, no notaba el chackra de Sasuke por ningún lado de la aldea. Frunció el ceño y dejó su entrenamiento, localizando a Kishasa. El modo sabio se esfumó pero él ya sabía a donde ir.
-¡Hey, espera! – Suigetsu le vio correr y todos se levantaron para ir tras él. Hoy estaban a cargo Houzuki, Karin, Karui, Juugo, Sakura, Sai, Hinata, Shino, Tenten, Shikamaru, Temari, Omoi y Gaara.
Pasados cinco minutos se detuvieron en una especie de claro, viendo a la niña sola con unas lágrimas en sus mejillas. Ni rastro de Sasuke. Naruto se le acercó, jadeando por el cansancio del entrenamiento y el nudo que se le comenzaba a formar en la garganta.
-Kish, ¿dónde está Sasuke? – fue directo al grano, ella miraba a la nada, sumida en su propia agonía, y no respondió. El mal presentimiento de Naruto se acrecentó más si era posible, la tomó bruscamente por los hombros y le obligó a verle a la cara – ¡Kishasa! ¡¿Dónde diantres está Sasuke?! – le sacudió con frenesí. Ella solo cerró los ojos y dejó salir otras lágrimas. Naruto se quedó estático, esa era su confirmación, – n-no me d-digas que… –los otros presentes no entendían mucho, pero no podía ser nada bueno por lo pálido que se había puesto el rubio.
-Uchiha Sasuke, él…– la voz de ella sonaba ronca y ahogada, los pequeños puños estaban apretados – él ha ido a…– miró a Naruto con los ojos llorosos –…enfrentar su destino.
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Sasuke abrió los ojos cuando ya no sintió su cuerpo ligero, topándose con un ambiente lúgubre. Se desconcertó, no reconocía el sitio.
-Por fin has llegado, ototo – la inconfundible voz sonó a sus espaldas, él se dio la vuelta con lentitud. Ahí estaba él, sentado en una silla de piedra, viéndole con indiferencia, – te he estado esperando.
-Itachi.
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Hasta aquí llegamos, lamento si se coló alguna falta ortográfica, he terminado apenas de editarlo, junto con otra actualización rápida que también decidí hacer hoy. Muchas gracias por su paciencia, he tenido demasiadas cosas por hacer y poco tiempo para hacerlas. Me disculpo demasiado, pero no lo puedo evitar.
Nos leemos luego.
~o~o~o
OTAKUFire: lamento que fuera triste, para saber que pasará deberás seguir leyendo, ya verás el giro de acontecimientos. Gracias por leer.
Sofitkm: lo siento mucho, no era mi intención lo del dolor ni las dudas. Lo siguiente si tiene que ver mucho con Sasuke.
Call me Tris: Naruto tiene un fuerte dilema interno, y, bueno, te aguarda una sorpresa más en otra historia.
