LA FUERZA DEL DESTINO.

Capítulo 35

Todo había sido complicado desde el principio, desde el instante mismo en que había cruzado el portal de mi casa, el simple aroma me había hecho recordar todo lo que había querido olvidar con tanta desesperación.

- Estás segura que no quieres que te acompañe? – preguntó Águila mirándome mientras yo observaba la casa en la que había vivido durante toda mi infancia.

- Estoy segura, hay veces que la mejor forma de olvidar es enfrentarse a las cosas y yo... - no había regresado a este lugar desde que supe de la muerte de Satoru, que ironía, pensar que cenamos toda la familia junta justo un día antes... miré todavía un par de segundos la casa de mi familia y suspiré. – ...debo enfrentar esto sola, pero me mantendré en contacto está bien – le brindé mi mejor sonrisa, me costó mucho trabajo fingirla pero no había otra opción.

- Sí, por favor mantenme informado – Águila me había dejado en la puerta de mi casa era el segundo día del año, había viajado tanto y a final de cuentas habíamos descansado un par de horas en la casa de Águila, esa casa que me había alojado durante toda mi trágica conversión a una sanguinaria vengadora, una asesina, sentí un escalofrío al pensar que el lugar en el que iba a entrar guardaba mis más tiernos e infantiles recuerdos, vaya contraste, quizás era que tenía miedo de reencontrarme con ese lado dulce que tenía y que hacía años que no quería evocar, lo recuerdo, los últimos meses antes de la muerte de Satoru me sentía una extraña cuando visitaba este lugar, por eso es que ahora me siento tan aterrada, respiré profundamente y caminé hacia la puerta de entrada, esperé que alguien abriera después de sonar el timbre, pasaron unos segundos cuando finalmente escuché unos pasos acercarse.

- Quién es? – preguntó la voz de uno de mis hermanos

- Masaru – dije casi inconscientemente cuando lo tuve justo frente a mí después de abrir la puerta.

- Hikaru – el también permaneció estático con los ojos completamente abiertos como si hubiera visto una aparición. – HIKARU! – me abrazó con tanta fuerza que por un momento recordé lo que era el calor de hogar y me puse sumamente feliz.

- Hikaru?

- Kakeru – cuando lo vi ambos ya teníamos lágrimas en los ojos, y tan pronto como me encontré rodeada por los brazos de ambos rompí en llanto, quizás todos los sentimientos que había tenido guardados en mi interior afloraron en ese momento, estuvimos abrazados quizás más de media hora en la puerta de la casa, finalmente los tres dejamos de llorar, y nos dio algo de vergüenza pues todos ya somos adultos pero ese sentimiento sólo duró un par de segundos por que tras mirar nuestros rostros rompimos a reír y la tensión que yo creí se formaría se esfumó y me sentí nuevamente la pequeña Hikaru que corría y jugaba con sus hermanos mayores.

- Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que te vimos – Masaru me tomaba ambos brazos y los separaba para mirarme – estás un poco delgada, pero supongo que es en parte el precio de la fama no, has estado muy ocupada creímos que te habías fugado con ese tipo que trajiste una vez, como se llamaba... Lantis. – me sonrieron ambos.

Al escuchar ese nombre no pude evitar mostrarme sorprendida.

- Por qué creyeron que podría haberme fugado con él? – respondí y noté algo extraño, ambos se miraron un segundo y fruncieron el ceño pero me voltearon a ver con una sonrisa.

- Bueno como sea que te parece que te preparemos algo de comer tienes que estar hambrienta no, ya desayunaste?

Me adelanté un poco pero pude mirar de reojo como mis hermanos se mostraban preocupados, y no pude evitar preguntarme internamente por qué?

- Pero cuéntenme que han hecho en todo este tiempo – pregunté para desviar el tema. – No creo que solamente hayan estado inactivos.

- Hemos estado ocupados atendiendo el Dojo, ya sabes, no es mucho pero alguien tiene que hacerlo – sonrió Masaru.

- Sí, siempre había mucho trabajo ahora que lo recuerdo – dije mirando el interior de mi casa, la recorría de hito en hito, quería volverla a gravar en mi memoria, o quizás quería ver cuántas cosas coincidían con mis recuerdos. – Ha cambiado sólo un poco este lugar, parece como si nunca me hubiera marchado.

- Bueno, tampoco ha pasado tanto tiempo desde que te fuiste – dijo uno de los dos pero no les prestaba atención en ese momento, pues al entrar en una de las habitaciones me topé de frente con el altar que le habían montado a mi hermano, y me detuve en seco, mi corazón dejó de latir un segundo y sentí como la garganta se me cerraba y las palabras dejaban de salir.

- Pero también hay cosas que han cambiado demasiado – susurré más para mí que para mis hermanos, mis ojos se encontraban secos pero no pude evitar sentir una profunda tristeza al ver el rostro de Satoru en el retrato.

- No vale la pena destrozarse por algo así Hikaru – me dijo Kakeru poniendo una de sus manos sobre mi hombro.

- Lo sé – respondí bajando el rostro, permanecí un segundo así, finalmente me acerqué y arrodillándome junté mis manos frente a mi rostro e invoqué una plegaria y un rezo ante el altar de mi difunto hermano. – Me hubiera gustado que esto también hubiera sido una pesadilla – dije en un leve susurro, levantando finalmente mi rostro – pero no siempre la realidad es justa con todos verdad Satoru, eso era lo que siempre decías.

Mis hermanos prefirieron dejarme un par de momentos a solas quizás me había ensimismado en la oración, o quizás lo creyeron conveniente.

- Me encantaría que estuvieras aquí, me hacen tanta falta tus consejos, tus palabras, tu presencia – Cerré nuevamente los ojos y un escalofrío me recorrió el cuerpo completamente desde mis pies hasta la cabeza. – No habrías aprobado nada de lo que hecho hasta el momento, pero me hubiera encantado escuchar el regaño de tus labios hermano – sonreí un poco mirando su rostro sereno, siempre apacible, siempre calmado. – También debo vengar tu muerte, no te parece? No, tus palabras serían "ya déjalo Hikaru, continua viviendo, siempre me gustó ver la sonrisa en tus labios" – sonreí de todo corazón, podía sentir la presencia de mi hermano en esa casa, en mi casa, aunque ya no la sintiera como mía. – me hubiera encantado saber que pensabas de Águila, pero siempre te mostraste muy hermético en ese tema, habrías aprobado una relación con él? – le preguntó al cuadro con algo de preocupación – Le he entregado mi confianza completa, pero me hace falta la aprobación de los tres para poder estar conforme con mi decisión, soy una niña verdad? – le sonrió nuevamente – me dirías, eres toda una mujer ahora, y aún tienes esa clase de inseguridades, que vergüenza señorita. Je, je, je – reí con una triste mirada y apreté mis puños sobre mis rodillas – si hubiera hecho tantas cosas... si no hubiera dudado en tantas cosas, si no tuviera tanto miedo de abandonar el recuerdo de Lantis, por qué me sigo aferrando a él a pesar que su simple recuerdo me hace daño, Satoru, dime por qué no puedo olvidarlo, por me obsesiona la idea de que pueda tener algo con él todavía... no... un asesino no puede darse el lujo de sentir, eso es la muerte... – levanto mis ojos se encuentran serios, fríos, con el brillo que sólo un depredador puede poseer – Es inaceptable pensar en él. – lentamente mi expresión se va mostrando más tranquila – que pensarías de tu tierna hermanita ahora.

- Hikaru – Masaru me habló desde la puerta de la habitación. – ven a desayunar algo, ya tendrás tiempo de hablar con Satoru después – sonrió haciendo que yo correspondiera ese gesto de la manera más sincera que podía, había perdido la práctica de sonreír con tanta alegría.

- Tienes razón, además quiero visitar tantos lugares el día de hoy.

- Cuánto tiempo te quedarás aquí?

- Sólo tengo una semana de vacaciones del grupo, en lo que nuestra representante arreglas fechas para la gira, las presentaciones del nuevo disco y un sin número de eventos a los que tenemos que asistir.

- Vaya supongo que la vida de un artista debe ser muy pesada.

- Lo es.

- Pero me alegra que te hayas tomado un poco de tiempo en tu apretada agenda para venir a vernos, además supongo que estarás feliz en el grupo ya que estás con tus dos mejores amigas no?

- Algo hay de eso – sonreí mirándolo a los ojos.

No puedo quejarme, después del desayuno estuvimos platicando mucho tiempo acerca de tantas cosas, había muchos recuerdos, muchas anécdotas que sólo se pueden contar entre familia o que sólo son divertidas cuando están presente las personas involucradas, tantos buenos momentos, tantas risas, tantas... tantas cosas, pensar que estaba ahí con un simple propósito, despedirme de todo y de todos, iba a meterme en la boca del lobo en cuanto saliera de esa casa al final de la semana, Fuu y Umi llegarían a más tardar el sábado en la mañana así que era probable que el fin de semana lo pasáramos las tres juntas, tenía que aprovechar los pocos días restantes para aclarar mi mente, despejarme de toda duda, limpiar mi alma y pedir perdón a todos los que sufrirían si algo fatal llegara a pasarme, debía ser fuerte, había recorrido un largo camino y no podía quedarme a sólo unos pasos del final, pero por ahora ya había caído la tarde, había dicho que saldría a recorrer un par de sitios que deseaba estar sola, esa era la verdad al principio, cuando estaba dentro de aquella acogedora casa, pero en cuanto crucé nuevamente el umbral me sorprendió el blanco panorama del invierno, podía sentirse el frío, pero eso no me detendría quería recorrer todos los lugares que solía recorrer en mi niñez y adolescencia, era nostálgico caminar por las calles, el movimiento, el cambio, lo que en su momento fue y ahora ha cambiado, muchas cosas me eran nuevas, otras no tanto, no esperaba que hubieran cambiado tanto en tan poco tiempo, suspiros que escapan de mis labios, sonrisas que se dibujan involuntarias en mi rostro al ver algo que me trae recuerdos, he llegado a un simple parque con un par de juegos, estoy lejos de casa, me siento en una de las bancas del lugar, permanezco observando mi entorno, un par de niños juegan en el lugar, parece que no les importa el frio que pueda hacer, de cualquier forma están bien abrigados.

- Tía Hikaru – escucho una voz que me es desconocida y volteo a ver de dónde proviene, un pequeño con una hermosa sonrisa en su rostro me mira con un par de encantadores ojos azules, su cabello es rubio como el sol, y parece conocerme muy bien pues no deja de sonreír repitiendo – Hikaru. – el niño no tendrá más de tres años.

- Hola pequeño – sonrío correspondiendo a toda la felicidad que me muestra.

- Mamá, Hikaru – dice con una sonrisa desviando su mirada hacia otra persona, cuando la veo quedo de una sola pieza.

- Hikaru – me dice la mujer frente a mí, puedo notar la sorpresa en sus ojos tanto como ella la nota en mi. – No esperaba volver a verte – me dijo con una amable sonrisa.

- Entonces este pequeño es tu hijo – digo mirándola – es idéntico a ti... Esmeralda.

- Lo sé, pero no te engañes tiene el carácter de su padre o al menos eso es lo que Zagato dice – me sonríe.

Hacía años que no veía a Esmeralda, quizás había visto a su hijo poco antes de que todo pasara pero yo creía que el pequeño no me recordaría.

- Dime Hikaru qué has hecho en todo este tiempo? Todavía sigues con Lantis? No hemos tenido noticias de ninguno de los dos, Zagato dijo que te fugaste con él.

- Je, je, je, je, no en lo absoluto, Lantis y yo terminamos mucho antes de que yo me fuera de Japón – digo mientras me inclino un poco desviando la vista hacia otro punto. – Sólo regresé porque tenía un asunto pendiente en este lugar, quería visitar por última vez todos mis lugares conocidos, no esperaba verte en este lugar pero me alegra que te encuentres bien. – sonrío mirándola, pero ella luce seria.

- Parecería que te vas para siempre.

- Existe la posibilidad, como todo en esta vida – cierro los ojos y al volverlos a abrir la miro unos segundos – no creo volver a ver a Zagato, pero podrías decirle de mi parte que me perdone. – Ella me mira desconcertada, no entiende mis palabras y es normal - creo que no podré cumplir la promesa que le hice. – digo con una sonrisa que más parece de tristeza - al final, quizás me equivoqué al pensar que el amor entre Lantis y yo podía ser eterno.

- Por qué me dices eso?

- Nada en particular – sonrío nuevamente desviando la vista. – Se dice que hay que empezar bien el año, y este en especial pienso terminar con todo aquello que me hizo daño.

- Hikaru... – trató de hablarme pero antes que pudiera hacerlo me levanté evitando que continuara.

- Fue un verdadero placer volver a verte Esmeralda, pero tengo que hacer un par de cosas antes de regresar a casa, así que... – hice una reverencia – te agradezco todo lo que hiciste por mi desde que te conocí, y espero que tengas una hermosa familia junto a Zagato, es algo que te mereces. – sonrío y ella sólo acierta a asentir con la cabeza y con una expresión de sorpresa. – Adiós – digo antes de dar media vuelta y marcharme.

- Hikaru! – me dice y me detengo – Por favor, cuídate mucho – volteó levemente el rostro.

- Descuida, siempre fui una guerrera. – le sonrío por último y me marcho, siento una opresión en mi pecho y sin darme cuenta aceleré el paso hasta que finalmente me encontré corriendo rumbo a casa, no quería tener que explicarle a nadie los porqués de mi vida, no quiero dudas en este momento, sólo quiero despedirme de todo y concentrarme en cuerpo y alma a terminar lo empecé aquel día que prácticamente le vendí mi alma al diablo cuando derramaron la primera gota de sangre, me habían declarado la guerra y yo no podía quedarme con los brazos cruzados.

Se encontraba frente a establecimiento, era un pequeño taller automotriz, parecía haber sido obtenido con mucho trabajo, por lo que había escuchado, era un lugar con un excelente servicio pese a su tamaño, los mejores precios del mercado decían muchos al menos en apariencia era un lugar ordenado o esa impresión daba la diminuta oficina donde le habían hecho esperar, tras recoger la dirección no le había costado demasiado dar con ella, nunca hubiera imaginado que llegaría a ser un lugar como ese donde podría recoger información tan valiosa como la que buscaba.

- Disculpe la tardanza – habló un nombre alto y corpulento al entrar por la puerta – me dijeron que quería hablar conmigo.

- Estoy buscando a una persona pero no sé si sea usted – respondió mirándolo a los ojos.

- En ese caso por qué no me dice a quien busca.

- Estoy buscando a alguien que pueda darme información de esta chica – dijo sacando la fotografía y extendiéndola sobre el escritorio hacia donde el hombre se había sentado, tan pronto como la vio el hombre se puso pálido cual hoja de papel.

- Qué tipo de información busca de esa chica?

- Toda la que me sea posible conseguir.

- Quién es usted?

- Mi nombre es Lantis – respondió mirando tranquilamente al hombre mientras se cruzaba de brazos.

- Así que tu eres Lantis – dijo con una extraña sonrisa que más parecía ser de ternura. – finalmente me fue posible conocerte. – Esas palabras le extrañaron.

- A qué se refiere? – El corazón le golpeó el pecho al sentir que finalmente podría haber descubierto algún secreto que pudiera serle importante.

- Fuiste la única persona a quien llamó todo el tiempo, estaba segura que tu irías en su auxilio tarde o temprano.

- Entonces sabes quién es ella? y qué fue lo que le pasó? – preguntó tal vez con algo de ansiedad.

- Claro, después supe cómo se llamaba, Hikaru Shidou, no es mucho lo que podré decirte, apenas y tuve algún contacto con ella pero si en algo te sirve te contaré todo lo que sé.

Permaneció callado mirando al hombre con gran interés.

Dejo abierta la ventana por si llega una canción

Y una red de mariposas colgando en el balcón

Por si el viento

Deja alguna historia ahí enredada

De notas olvidadas, sin rasgos de tu ausencia

Antes, antes de soñar de nuevo

Tengo que olvidarme de tus labios

Antes, tengo que arrancar de mi memoria cada verso que empezaba con tu nombre

Quedaran algunas letras y una errante melodía

Un puñado de palabras a medio terminar

Cuando el tiempo, deja este camino abandonado

Sin llegar a ningún lado, y desnudo de tus huellas

Antes, antes de soñar de nuevo

Tengo que olvidarme de tus besos

Antes, tengo que arrancar de mi memoria cada verso que empezaba con tu nombre

Esta es la última vez...

Que canto tu nombre

Tu nombre

Esta es la última vez

Antes, antes de soñar de nuevo

Tengo que olvidarme de tus labios

Antes, antes de cerrar mis ojos tengo que olvidarme de tu piel

Antes, tengo que arrancar de mi memoria cada verso que empezaba...

Con tu nombre...

Tu nombre

Hikaru se entretenía bañándose tranquilamente en la regadera, suspiró se encontraba concentrada en encontrar una solución a su problema, pese a estar en su casa su mente no dejaba de rondar una sola idea.

- Cómo demonios voy a encontrarlo? – pensó mientras bajaba el rostro, el agua seguía corriendo por su cuerpo mientras ella cerraba los ojos – a este paso no voy a encontrarlo nunca.

Cerró la llave del agua y salió de la regadera, se envolvió en la toalla y volteó hacia el espejo mientras apartaba uno de sus cabellos rojos de su rostro, se dio ligeramente la vuelta sin dejar de mirarse al espejo y de pronto...

- Ja,ja,ja, claro, cómo no lo pensé antes? – dijo con una sonrisa que después se volvió en una seria expresión y terminó por suspirar. – si no te puedo encontrar... haré que tú me encuentres.

Unos minutos después Águila recibía una llamada de Hikaru.

- Águila tengo una idea para sacar a ese maldito de su escondite.

- Una idea?

- Has oído hablar de la revista llamada "Cinco Continentes"

- Seguro, es una revista internacional que habla de temas como música, modas y cosas por el estilo.

- Qué te parece si les vendemos la exclusiva de una sesión fotográfica de las Místical...

- No sería una gran exclusiva, muchas revistas han tenido sesiones fotográficas con ustedes.

- Estás seguro? Recuerda cual ha sido siempre mi única cláusula de restricción para las fotos.

- Estás pensando...?

- Y si acompañamos esa sesión con una entrevista que pueda resultar seductora para el mundo y amenazante para nuestro objetivo.

- Dios mío, pero sabes a lo que te expondrías si hicieras eso?

- A qué? A que traten de matarme? al menos sería un avance, además así Gian Pierro sabría que sigo viva y que fui yo quien ha matado a sus compañeros.

- No creo que eso le moleste mucho.

- Sí, si le digo que es la próxima víctima.

- Me asusta que pienses así, pero de cualquier forma ese hombre es mucho más listo de lo que crees, nunca se pondría al descubierto por tu simple aparición.

- Eso crees? Sé que arriesgaré el todo por el todo, pero si no hago esto no sé en qué otra forma puedo encontrarlo, con el dinero que tiene en sus manos puede vivir tranquilamente 5 ó 10 años sin necesidad de mover un solo centavo de sus cuentas bancarias y por lo que sabemos puede estar en cualquier parte del mundo y tendríamos que esperar muchos años antes que decida volver a aparecer.

- Estás segura que funcionará?

- No podemos perder más de lo que ganaremos.

- Te traje hasta aquí para que descanses y te relajes, y parece que te he dicho lo contrario, disfruta de tus hermanos por favor.

- Lo haré créeme, pero quiero dejar esta idea concretada para que sea lo primero que realicemos en la agenda del grupo.

- De acuerdo hablaré con Caldina al respecto, pero ahora por favor disfruta de tus vacaciones y te veré el miércoles te parece bien.

- Sí, estaré esperándote, quiero mostrarte un par de lugares y quizás te presente a mis hermanos.

- Vaya eso sí que es una formalidad, debo vestirme de traje acaso?

- Je,je,je, no te burles, hablo en serio.

- Yo también, para que quieres presentarme a tus hermanos?

- Porque en este mundo las posibilidades son infinitas.

- Pero qué respuesta tan ambigua.

- Te veré el miércoles. – dijo mientras terminaba de secar su cabello con la toalla, se encontraba sentada en su cama, sus cabellos húmedos caían desordenados, colgó el teléfono y permaneció seria unos segundos – es mejor estar preparados para todo, y quizás si tenemos éxito... podría empezar a pensar en algo serio entre nosotros – sonrió mientras observaba su antiguo cuarto, exactamente como lo había dejado, quizás le empezaba a afectar en sus decisiones el estar en esa casa o quizás – ha sido el único que ha estado conmigo todo el tiempo después de todo.

Caminaba errante por las calles, su primera pista le había revelado cosas que ni siquiera le habrían pasado por la cabeza, el sol ya había caído casi completamente y sólo una pequeña aura de colores cálidos muriendo en el azul nocturno era lo que podía divisarse en el horizonte, pronto ese lugar se volvería un nido de maleantes, vagos y ladronzuelos, pero el impacto de la poca información que había recabado era suficiente para tenerlo en ese estado de aletargamiento, había confirmado muchas de sus peores suposiciones.

- Debes odiarme – se susurró mientras sus ojos perdían el brillo, se encontraba recargado en una pared absorto en sus di vagantes pensamientos, ajeno a todo su entorno, hubiera sido presa fácil de cualquier vándalo en ese momento. – qué debo hacer ahora? – se preguntó cerrando los ojos y levantando el rostro hacia el cielo, los abrió dejando que el brillo de las primeras estrellas se reflejaran en sus vacías pupilas unos segundos, desvió su rostro con una amarga expresión – qué debo hacer?

Nota de autora:

"Con tu nombre" Ricky Martin.

Hikaru Shidou.

6 de septiembre del 2007