Capítulo 38. La ciudad en el cielo.
Bishop había olvidado por completo su objetivo principal de capturar a Arkkan y Yami, enfocando su atención en coordinar a sus hombres en un esfuerzo por repeler al kraang. Después del caos inicial que la sorpresiva aparición de los extraterrestres había causado, la situación parecía estar controlada y la Fuerza comenzaba a dominar el campo de batalla. Demasiado fácil.
Una extraña sensación de peligro lo hacía tomar medidas precautorias. Este ataque era distinto al anterior, muy lejano siquiera a un intento de invasión. El kraang había atacado de forma violenta y decidida, pero no con la misma potencia que la vez anterior, en la cual varias naves y caminantes kraang se paseaban por la ciudad causando destrucción y mutando a cuanto ciudadano se encontraban; en está ocasión sólo droides a pie, en gran número sí, pero inferior a aquella ocasión. El ataque parecía tener el único fin de apoyar al Clan del Pie, sin arriesgar demasiado, como si estuvieran esperando algo más para dar el golpe definitivo.
El coronel ordenaba a sus hombres que protegieran a los civiles, ayudándoles a desalojar la zona de batalla, mientras intentaba comunicarse con el helicóptero que continuaba en el aire pero sin conseguirlo, comenzaba a sospechar que también había sido derribado.
El desgarrador grito de dolor, proveniente de unas calles atrás, llamó su atención. Al unísono, cientos de militares y civiles por igual comenzaron a postrarse tomándose la cabeza con ambas manos, víctimas de lo que parecía ser un ataque directamente a su cerebro. Varios soldados comenzaron a moverse para intentar auxiliar a sus compañeros, pero fueron detenidos en el acto por su líder.
— Parece que el ataque tiene un límite — les advirtió evitando que más de sus hombres sufriera los estragos de la ofensiva.
Dudo ante la pregunta expresa de sus hombres sobre lo que tenían que hacer, pero mantuvo la calma y les ordenó continuar ayudando a los ciudadanos a ponerse a salvo. En verdad no podía hacer nada más sin arriesgar de manera innecesaria a sus subordinados, sólo eso y esperar a que la pelirroja logrará controlarse, pues ya había visto ese tipo de ataque y no le quedaba duda de donde procedía.
A pesar de sus múltiples intentos por enfocar su ataque en el extraterrestre, Abril no lograba controlar su poder, el cual seguía repercutiendo en forma negativa en las personas a su alrededor. Lo que más le preocupaba era ver a Arkkan quien, a pesar del dolor que sentía, continuaba riendo a carcajadas, clavándole la mirada de manera maliciosa como si se regocijara con lo ocurrido a costa de su propio bienestar. Lo odiaba, pero no podía pensar en causarle mayor daño pues con esto sólo provocaría más dolor a gente inocente, incluyendo a su amigo.
Desesperada, cerró los ojos intentando concentrarse, tratando de identificar las voces que se perdían en un grito de dolor dentro de su cabeza para encontrar la mente del extraterrestre, algo que le era muy complicado pues era como intentar escuchar a alguien en específico en un salón donde todos gritaban al mismo tiempo; sin embargo hizo el intento. Aun sin tener el control total, logró percibir de manera más clara la mente de Arkkan, pero de nuevo sintió que no era una únicamente sino cientos de mentes las que se conectaban. Arkkan percibió el adelanto de la chica.
— Ya es momento — se dijo a sí mismo y de inmediato comenzó a realizar su siguiente movimiento.
Sus ojos se cerraron por completo y, de manera sorprendente, dejo de emitir cualquier sonido por su boca. Una gran parte de su cabeza se hundió entre sus hombros, cubriéndose por las hombreras que se formaban por su coraza, de la misma forma sucedió con sus otras extremidades que se pegaron a su cuerpo perdiéndose casi por completo entre las placas de su exoesqueleto dejando al extraterrestre con una forma que asemejaba a un cangrejo completamente contraído, salvo por una parte. De su espalda comenzaron a salir un par de alas membranosas, semejantes a las de una cucaracha, y comenzaron a aletear a gran velocidad elevando al objeto acorazado.
Abril perdió de forma repentina todo contacto con la mente del extraterrestre., al instante abrió los ojos encontrándose a una especia de coraza con alas acercándose a ella, la cual identificó de inmediato poniéndose en alerta. Intentó realizar un ataque psíquico pero esto sólo agravó el estado de las demás personas y no parecía afectar en absoluto a su atacante, el cual se encontraba más cerca a cada segundo. Exasperada por tener tanto poder y no lograr controlarlo de forma correcta, la chica realizó lo único que no implicaba el uso de sus poderes: arrojó su tessen en contra de la criatura que ya estaba a escasos metros de ella.
El proyectil golpeó con fuerza una de las alas, la cual se partió enseguida dejando en claro que, a diferencia del resto del cuerpo, era una parte bastante frágil. Con una de sus alas dañada, Arkkan comenzó a tambalear en pleno vuelo, planeando de manera errática en un intento por evitar caer a plomo. Al sentir que perdía el control, el extraterrestre movió un poco la cabeza mientras abría uno de sus ojos para localizar a su objetivo. Sin la protección que le daba su forma de coraza, Abril pudo percibir nuevamente la mente de la criatura conectándose a la suya, con lo cual su ataque psíquico comenzó a surtir efecto.
Al recibir nuevamente la ofensiva de la chica, Arkkan perdió su postura, volviendo a exhibir su cuerpo por completo, mientras iba en caída libre hacia el suelo, sin embargo volvió a sonreír de manera victoriosa.
— ¡Esto será suficiente! — exclamó en su caída mientras desplegaba uno de sus traggdarons en dirección a la pelirroja.
El gusano alcanzó su máxima elongación apenas a un metro de lograr alcanzar a la aspirante a kunoichi, pero de inmediato abrió la boca arrojando otro insecto parecido al que le había inyectado el químico potenciador, pero en esta ocasión Abril no pudo evitarlo por lo que su aguijón se incrustó directamente en su pierna derecha.
A diferencia de la última vez, la chica no sintió un golpe de adrenalina, por el contrario, de manera casi inmediata comenzó a perder el conocimiento. Rápidamente dejó de oír las voces en su cabeza y los gritos de dolor de los cientos de personas se acallaron. Los objetos que se mantenían flotando en el aire cayeron pesadamente sin la fuerza que los mantenía suspendidos, inclusive ella misma comenzó a descender, teniendo que utilizar lo que le quedaba de consciencia para esforzarse por mantenerse a flote y evitar caer libremente sobre el pavimento. Finalmente, sus pies tocaron el suelo y esto fue lo último que pudo percibir antes de desfallecer por completo, terminando tendida en medio de la calle rodeada de autos semidestruidos.
Arkkan se acercó a su víctima sonriendo descaradamente, observando complacido el caos que se extendía en varias calles.
— Sin duda el kraang eligió bien — le dijo al cuerpo inactivo de la chica —, eres justo lo que esperábamos.
Sin necesidad de volverse, se percató de la sombra que se aproximaba a él a gran velocidad, saltando el aire mientras giraba su arma para darle velocidad. El extraterrestre desplegó sus gusanos que rápidamente formaron un escudo a su espalda, sobre el cual el bo de Donatello encontró un obstáculo insalvable.
— Donatello, no sabes cuánto hemos esperado vengarnos de ti — le dijo volviéndose hacia la tortuga que lo veía con un odio que jamás había demostrado a ningún otro enemigo.
— ¡Aléjate de ella! — le exigió moviendo rápidamente su bo en dirección al extraterrestre que se limitaba a sonreírle de manera burlona.
El genio no logró completar su ataque, pues su arma se detuvo en el aire sostenida por una enorme garra perteneciente a uno de sus conocidos enemigos.
— Tendrás que esperar tú turno — le dijo Rahzar al extraterrestre mientras alzaba el bo junto con su dueño y para tenerlo frente a su rostro —. No he olvidado la humillación que me hiciste pasar en el subterráneo — le dijo a la tortuga de bandana morada mirándolo con furia.
Acto seguido, Rahzar comenzó a agitar el bastón de forma violenta, provocando que Donatello tuviera que soltar su arma catapultándose por los aires a varios metros. Cayó pesadamente sobre el toldo de un automóvil, dejando impresa en al lamina la forma de su caparazón. Todavía bastante aturdido, se apresuró a levantarse determinado a evitar que pudieran lastimar a Abril, pero sin medir el peligro en que el mismo se encontraba.
Rahzar aprovechó el estado de su rival para lanzarse sobre él, golpeándole el rostro con ambas manos para estrellarlo en la ventana del mismo auto del cual se había levantado. El cristal se rompió en cientos de pedazos que, afortunadamente, no se incrustaron en ninguna zona blanda del cuerpo del genio. Sin esperar alguna reacción de su oponente, el lobo lo tomó del caparazón alzándolo para tener su rostro de frente nuevamente.
— Patético — le gruñó, aunque era difícil pensar que la tortuga estuviera lo suficientemente despierto para escucharlo.
Donatello abrió con pesadez un ojo, buscando a la pelirroja que yacía aun en el suelo. Su efímero deseo de rescatarla se vio abruptamente interrumpido cuando Rahzar lo golpeo con fuerza en la boca del estómago con la rodilla para posteriormente arrojarlo con violencia sobre el pavimento.
— A…bril — balbuceó el genio intentando extender su mano a la chica antes de que él mismo cayera desmayado.
Arkkan observó las acciones sin intervenir, al notar que Donatello se encontraba completamente derrotado, se aproximó a Abril para tomarla y cargarla en su hombro. Acto seguido presionó un botón en su muñequera para abrir un portal.
— ¿Qué hacemos con él? — le preguntó Rahzar señalando a la tortuga inconsciente a sus pies.
— No nos interesa, nosotros ya tenemos lo que venimos a buscar — le respondió el extraterrestre caminando en dirección al portal.
— Yami le prometió al maestro Destructor que le entregaría a las tortugas.
— Entonces llévalo tú mismo — exclamó Arkkan adentrándose en el portal que se cerró casi de inmediato una vez que hubo cruzado.
— ¡Desgraciado! — se quejó Rahzar al verse abandonado por su entonces compañero.
Resignado pero enfurecido, el mutante cargo a Donatello de la misma forma en que el extraterrestre lo hiciera con la pelirroja. Sin dejar de refunfuñar tomó un portal portátil que Arkkan le había entregado a cada uno antes del encuentro y lo encendió permitiendo que se abriera otro portal por el cual se marchó con su trofeo.
Mikey y Casey habían logrado mantenerse a salvo de los ataques de Destructor Shiva y Garra de Tigre. A pesar de la fuerza del clon de Destructor, su inteligencia era limitada por lo que solía errar frecuentemente sus golpes provocando la burla constante del más joven de los hermanos. Por otro lado, Casey patinaba velozmente sobre el pavimento esquivando con singular alegría los disparos de Garra de Tigre, quien poco a poco había comenzado a impacientarse.
En un movimiento, el joven vigilante logró lanzar uno de sus discos explosivos directo al jetpack del mutante, provocando un daño en su costado el cual hizo que perdiera el control y se estrellara con una pared antes de caer. Sin duda esto le daría tiempo, pero sabía que no detendría a su rival por mucho. De inmediato buscó a su amigo localizándolo a unos metros de donde se encontraba y al grito de "goongala", lanzó otro par de discos que se estrellaron directamente en el caparazón del mutante atrayendo su atención.
Destructor Shiva enfocó su atención en el nuevo rival que se presentaba de una manera estruendosa, por lo que se dirigió enseguida hacia él. Mikey aprovechó que su enemigo le dio la espalda para sujetarlo de uno de sus brazos con la cadena de su kusarigama.
— Así que estás huyendo — le dijo de manera confiada la tortuga —. No creas que puedes escapar tan fácil…
Antes de concluir, el clon de Destructor jaló la cadena con fuerza haciendo que Mikey volará pero sin soltar su arma; cayó cerca de varios contenedores de basura, aturdido por el agitado viaje, pero no lo suficiente para que no logrará evitar el golpe del mutante.
— ¡Arrojamela, Mikey! —le indicó su compañero pasando a su lado.
Al instante, la tortuga de bandana naranja arrojó su arma hacia su amigo quien comenzó a dar vueltas alrededor de Destructor Shiva enredándolo con la cadena hasta que finalmente lo hizo caer.
— ¡Bien hecho, Casey! ¡Venga esa mano! — exclamó la tortuga llena de alegría a su compañero quien no le negó el saludo.
El choque de manos se vio interrumpido de forma repentina, cuando Mikey empujo a su amigo para evitar que un disparo laser impactará en su pecho. Ambos dirigieron su mirada al felino que se acercaba del otro lado de la calle sosteniendo su arma; su mirada reflejaba el rencor por sus adversarios, a tal grado que eso era suficiente para que estos se sintieran perturbados.
— Me dijeron que tenía que llevar al cachorro de tortuga conmigo, pero no me dijeron nada de ti — amenazó a Casey disparando un par de veces más.
Casey logró esquivar los ataques pero, en el movimiento, las ruedas de uno de sus patines golpearon con el borde de una banqueta provocando que se desprendieran, quedando inservible con lo cual el joven vigilante tropezó al intentar alejarse de su enemigo que había comenzado a acelerar el paso con su arma en mano.
Mikey intervino para ayudar a su amigo, interponiéndose en el camino del agresor. En ese momento una luz rosa lo puso en alerta, al identificar que se trataba de un portal Kraang por el cual apareció Rahzar.
— Creo que llegue a tiempo a la fiesta — exclamó el recién aparecido abalanzándose sobre la tortuga.
El golpe de Rahzar paso a escasos centímetros de la cabeza de Mikey, quien reaccionó de manera instintiva al ataque, pero no fue lo suficiente para esquivar un segundo golpe proveniente de su otro rival, quien alcanzó a impactar en el palastro del quelonio haciéndolo rodar por el piso.
Ahora fue el turno de Casey de interponerse entre su amigo herido y los rivales que erguían frente a él, y para empeorar la situación, Destructor Shiva se había liberado de la cadena que lo contenía uniéndose de inmediato a sus compañeros.
— Esto se ve muy mal — exclamó el joven con nerviosismo sosteniendo su palo de hockey con firmeza —, al menos no podría empeorar.
Como si su afirmación hubiese sido escuchada por un ser superior y demasiado irónico, una sonido semejante a un silbido se escuchó a lo lejos provocando que todos desviaran la mirada al cielo.
A unas calles de donde se encontraban, un enorme círculo rosa iluminaba el cielo nocturno, anunciando la llegada de una nueva ola kraang. Del portal salieron ocho naves las cuales se movieron en direcciones diferentes. Cuando la octava nave cruzó el portal, éste se cerró causando cierta incertidumbre en los espectadores. Cada una de las naves tomó su posición, quedando suspendidas brevemente en el cielo. Mikey y Casey se percataron que algo no estaba bien cuando notaron como los kraangdroides comenzaron a desaparecer de las calles huyendo con ayuda de portales portátiles.
Cada una de las naves emitió un rayo de energía rosa el cual se proyectó hasta una antena en la siguiente nave a su derecha, en poco tiempo las ocho naves estaban conectadas por un halo de energía que comenzó a crecer hacia el interior del círculo formado por los vehículos kraang hasta encontrarse al centro, cubriendo el cielo por completo con un enorme portal de poco más cuatro kilómetros de diámetro.
Pensaban que probablemente una flota de naves aparecería atacando al mismo tiempo a sus enemigos para eliminarlos, pero la realidad era mucho peor. Varias puntas que semejaban a antenas de transmisión comenzaron a asomarse a través del portal, dispersas en toda el área del mismo, conforme iban bajando, empezaron a aparecer otro tipo de estructuras metálicas con forma alargadas, algunas más largas que otras, las cuales iban extendiéndose por el portal y en poco tiempo formaban una sola estructura gigantesca, apenas más pequeña que el portal, parecida a un conjunto de edificios metálicos suspendido en el cielo; pero no terminaba ahí. Al poco rato, la parte más alta atravesó el portal, esta vez tenía la forma de varias conchas encimadas que forman una enorme montaña que culminaba con una cúpula rosa.
Tanto Casey y Mikey como los miembros del Pie miraban con incredulidad la enorme nave kraang que se encontraba suspendida en el cielo sin saber a ciencia cierta lo que pasaría a continuación.
Sospechaban que algo malo estaba por ocurrir cuando los droides a los que se enfrentaban comenzaron a escapar, pero agradecían el respiro que esto les otorgaba. De a poco sus rivales comenzaron a desaparecer detrás de las pantallas rosas que se formaron en varias zonas, dejándolos casi solos. Cara de Pez permanecía como el único enemigo en aquella azotea, peleando con desesperación contra Rafael al verse superado en número.
Karai clavó su mirada en Leonardo con cierta dulzura en ella, estaba agradecida que volviera a ser su aliado, su amigo; pero durante la pelea lo sintió algo extraño, distante, incluso parecía que por momentos no luchaban como un equipo, él hacía sus ataque y movimientos ajeno totalmente a lo que ella esperaba. Quizá se debiera al tiempo que estuvo lejos o al hecho de que apenas había despertado de su tan prolongado letargo, lo cierto es que nada de eso le importaba en ese momento, lo único era que estaba de nuevo ahí con ella.
Leonardo se cercioró que no hubiera ningún droide esperando atacarlos por sorpresa, una vez que estuvo seguro de esto, volvió el rostro hacia la kunoichi descubriéndola con la mirada perdida en él, ante lo cual le devolvió una sonrisa. Karai desvío la mirada al instante al verse descubierta para evitar que notará el rubor en sus mejillas.
— Creo que esos eran los últimos — le dijo en referencia a los enemigos que habían escapado a través del portal, tratando de desviar la atención de la tortuga.
— Si, así parece, aunque todavía queda un enemigo — le respondió Leonardo señalando a Cara de Pez peleando con su hermano a lo lejos.
Ambos se movieron con la intención de apoyar a la tortuga de bandana roja, cuando escucharon el silbido que llamó su atención. Incluso Rafael y su rival sus pendieron su combate al notar la presencia de las naves que abrieron el enorme portal por el cual apareció la gigantesca nave kraang que ensombreció varias calles de la ciudad.
— ¿Qué demonios es eso? — preguntó Karai con incredulidad y nerviosismo, observando con detenimiento la nave, augurando de antemano algo muy malo.
Por un instante no obtuvo respuesta, Leonardo se quedó embelesado observando el enorme objeto sobre sus cabeza, con la firme idea de haberlo visto antes, pronto una imagen que permanecía en lo más profundo de su memoria le dio la respuesta.
— La ciudad en el cielo — dijo de pronto al aire con un tono de voz que parecía ser más de beneplácito que de sorpresa.
— ¿Qué dijiste? — Karai volvió el rostro hacia él con extrañeza al escuchar sus palabras, confundida aún más por el rostro de satisfacción que mostraba en ese momento.
Leonardo la miró con condescendencia mientras dejaba caer una de sus katanas. El sentido de confianza hacia la tortuga había hecho que Karai se mostrará demasiado relajada con él, por lo que no previo su movimiento hasta que fue demasiado tarde. De manera repentina, alzó la mano tomando por el cuello a la kunoichi alzándola violentamente varios centímetros de suelo. Karai soltó su arma en el impulsó del ataque quedando a merced de su agresor.
— ¡Oh, Karai, pequeña tonta! — le dijo Yami sonriendo con malicia mientras se relamía los labios como un lobo a punto de engullir a su presa — ¿En verdad pensaste que podrías librarte de mí tan fácilmente? Eres más boba de lo que creí.
Karai intentaba liberarse del agarré que apenas y le permitía respirar, de hecho lo hacía sólo porque Yami parecía consentirlo, apretando apenas lo suficiente para sostenerla con firmeza pero permitiendo que tuviera el suficiente oxígeno para que no se desmayará. Parecía alegrarse con su sufrimiento y sólo jugaba con ella.
— ¿Cómo… regresaste? — le preguntó con voz entrecortada, intentando comprender en qué había fallado, pero sobre todo que su captor se distrajera un instante para hace algún movimiento que le permitiera escapar, lo cual no sucedió
— ¡Jamás me fui! — le respondió con sarcasmo mientras presionaba un poco más el cuello de su víctima quien instintivamente abrió la boca en toda su extensión intentando jalar la mayor cantidad de aire que le permitía —. Tú misma lo dijiste, Leonardo sin lugar a duda reconocería la espada y su valor; de haberlo hecho podría haberse impuesto sobre mí, pero él nunca estuvo presente. Siempre fui yo y para mí está espada no tiene ningún valor — le dijo desviando brevemente la mirada a la katana de Miyamoto Musashi que aún conservaba en su mano derecha —, no es más que otra espada más, aunque bastante hermosa, creo que debo agradecerte el regalo — su voz era una sinfonía de ironía y malicia que lograban penetrar en el alma de la chica quien poco a poco fue perdiendo las fuerzas, no sólo por la reducción de oxigeno que respiraba, sino también por el golpe moral al ver que había fracasado desde el principio. —. Al notar la seguridad con la que hablabas cuando la pusiste frente a mí, me di cuenta de cuanto significa para ti Leonardo, entonces pensé en jugar un poco contigo, darte algo de esperanza. Fue divertido mientras duró, pero es más divertido ver tú rostro de angustia y decepción en estos momentos; valió la pena aparentar ser Leonardo.
— Monstruo… ¿cómo pudiste? — le reprochó la kunoichi intentando contener las lágrimas, con una voz sofocada.
— Fue tan sencillo puesto que tú fuiste demasiado ingenua, tú amor por Leonardo te hizo ver cosas que no eran reales, quisiste creer lo que querías, pero te niegas a aceptar la realidad — por un instante soltó su agarre al ver que la chica comenzaba a perder la consciencia, no quería que cayera tan pronto, por el contrario deseaba hacerla sufrir más —. Tú plan falló porque debas por hecho que algo de Leonardo quedaba en mí, pero tú sabe cuál fue tu error; quiero escuchar decírtelo.
Karai intentaba resistirse a Yami, con ambas manos lo rasguñaba e intentaba separar la mano de su cuello, pero no lograba nada. La tortuga la miraba atento, con un brilló de maldad en sus pupilas, esperando que la chica le respondiera. Totalmente abatida, Karai buscaba de reojo a Rafael, esperanzada de que pudiera ir en su ayuda, pero la tortuga se encontraba enfrascada en su lucha con su propio rival sin oportunidad de ir en su rescate. Cansada por fin se rindió, dejando salir una solitaria lágrima que escurrió sin prisa por su mejilla. — Tú no eres Leonardo — le dijo finalmente con zozobra mientras soltaba la mano que la apresaba con la indolencia de la batalla pérdida.
— No fue tan difícil después de todo — la sonrisa de satisfacción de Yami ensombrecía aquel lugar más aún que la gigantesca nave kraang que los cubría —. Esta experiencia me ha hecho ver lo peligrosa que eres en realidad; lo siento mucho pero tendré que desobedecer la orden de Destructor.
Finalizando de hablar, aplicó más fuerza a su agarre cortando por completo la respiración de la kumoichi. Karai volvió levantar los brazos por instinto al sentirse sofocada, intentó jalar todo el aire que podía con un resultado bastante pobre; miraba fijamente a la tortuga que la sostenía. Sus ojos parecían suplicar que se detuviera, no por su propia vida sino porque consideraba que sería un golpe demasiado duro para Leonardo en caso de que despertara. Sin esperanza alguna comenzó a notar como la imagen de su atacante comenzaba a difuminarse, su vista comenzó a hacerse cada vez más borrosa hasta que finalmente se perdió en una oscuridad fría e inmensa, en cuestión de segundos sus pensamientos también se diluyeron por completo dejando un cuerpo debilitado y vacío. Yami no dejó de presionar hasta que notó los brazos de la chica caer con pesadez a ambos lados de su cuerpo.
— ¡Karai! — gritó a lo lejos Rafael al notar que la kunoichi había dejado de moverse.
Ante la lúgubre imagen, la tortuga de bandana roja se apresuró a ir en ayuda de Karai, pero su pronta asistencia fue interrumpida por el enemigo que tenía en frente que se negaba a darle cualquier concesión.
— Te olvidas de mí, Rafael —le dijo amenazándolo con su arma — tendrás que derrotarme si…
La impetuosa reacción de Rafael tomó por sorpresa al mutante que no tuvo oportunidad de completar su amenaza. Bloqueó el ataque de la iracunda tortuga provocando que sus armas quedarán trabadas, con lo que ambos comenzaron a forcejear en un intento por desarmar a su rival, ahora era una apuesta por ver quién era más fuerte. Cara de Pez se sentía confiado en vencerlo haciendo girar rápidamente la lanza para que la tortuga tuviera que soltar sus armas, pero algo no estaba del todo bien. Por más que lo intentaba no lograba realizar su movimiento, Rafael permanecía firme bloqueándolo por completo, lo peor es que parecía hacerlo sin ningún esfuerzo; al mirar su rostro, se encontró con unos ojos verdes chirriantes que lo veían con odio y furia como nunca antes le había visto a sus enemigos, en ese instante Cara de Pez sintió temor como el que sólo sentía cuando su maestro lo amenazaba por sus errores, el temor de la posibilidad y cercanía a la muerte.
Rafael estaba decidido a continuar, por lo que ejerció más presión haciendo palanca con sus sais hasta que finalmente la lanza se partió en dos. Por el abrupto rompimiento del arma, Cara de Pez perdió el equilibrio tambaleándose hacia atrás en un esfuerzo por no caer; esfuerzo que resultó en vano pues de inmediato su contrincante aprovechó el momento para golpearlo con una patada terminando la labor de derribarlo. Ya en el suelo, su defensa se vio terriblemente reducida y no pudo bloquear el ataque de Rafael, quien dio un salto cayendo con ambos pies sobre el rostro de su rival para con el mismo impulso dar un segundo salto en dirección a su verdadero objetivo: Karai. Ni siquiera se detuvo a cerciorarse si su ataque había sido suficiente para vencer a su oponente, lo cual no era necesario pues Cara de Pez había quedado fuera de combate, por lo menos por el momento. La atención de Rafael se centraba exclusivamente en el cuerpo inmóvil de la kunoichi que permanecía suspendido en el aire sostenido aun por su verdugo.
Yami observó como la tortuga de bandana roja pasaba sobre el mutante del Pie y ahora se dirigía con determinación hacia él, por lo que soltó el cuello de Karai dejando que la chica cayera a plomo sobre el suelo sin mostrar ninguna reacción. Al instante, tomó la espada que había soltado antes de estrangular a la kunoichi y rápidamente se interpuso entre Karai y Rafael, quien ya se encontraba a escasos metros de alcanzarla. Levantó sus espadas en alto recibiendo a su enemigo, ambas armas chocaron provocando un lúgubre sonido metálico que resonó por toda la azotea como preludio a una tragedia.
— Vaya si estás furioso — le dijo Yami sosteniendo con firmeza sus espadas entrecruzadas frente a él, luchando por no perderlas ante la presión que Rafael ejercía con sus sais —. Arkkan decía la verdad, parece que estabas interesado en Karai — le sonrió con malicia provocando aún más el encono de su antiguo camarada y hermano.
— ¡Quítate de mi camino! — Exclamó Rafael en tono demandante — ¡Quítate o no respondo por lo que haré!
— ¿Y qué será lo que harás? — Preguntó retándolo sin dejar de sonreírle confiadamente — Yo no soy ese inútil de Xever, yo no le temo a tu furia, más bien la encuentro entretenida — en ese momento presionó sus armas hacia el frente dando un ligero paso con lo cual provocó que Rafael retrocediera un poco.
Rafael se vio sorprendido por la pregunta de su oponente, por un instante su cerebro pensó racionalmente, ¿qué es lo que haría? En verdad deseaba llegar al cuerpo de Karai para revisar las condiciones en que se encontraba, pero ¿estaba realmente dispuesto a lastimar a su hermano para lograrlo? Al menos Yami si parecía estarlo, pues no había dudado en hacerle daño a la kunoichi.
Ahora fue Yami quien aprovechó el desconcierto de su rival, en un instante abrió los brazos separando sus espadas y obligando a Rafael a destrabar las suyas para no perderlas. Antes de que pudiera reaccionar, ya había lanzado una patada recta directamente al palastro de Rafael quien recibió el golpe de lleno obligándolo a retroceder un par de pasos, pero fue solo gracias a su determinación y voluntad que no se dobló, permaneciendo de pie.
— Dudas en atacarme, pero no sé a quién quieres engañar — lo encaró Yami penetrándolo con la mirada que posaba con pesadez sobre su rival —.Esto es lo que siempre has querido, enfrentar a tu hermano, demostrar que eres mejor que él. ¡Vamos! ¿No sé qué esperas? — Exclamó lanzando un ataque rápido que Rafael esquivo retrocediendo nuevamente, alejándose aún más del cuerpo de la kunoichi — Eres cobarde e indeciso como todos tus hermanos y amigos. Dices que quieres recuperar a Leonardo, pero no dudaste en aprovechar su ausencia para robarle el amor de Karai ¿dónde está tú honor? ¿Dónde quedó ese respeto por tu líder? ¿Acaso es todo falso como ese amor entre hermanos que tanto profesan? Mira — le dijo volviendo ligeramente su cuerpo para señalar el cuerpo de Karai tendido sobre el suelo —, ahí está la chica que te interesa, yaciendo en el suelo, probablemente muerta o probablemente no — giró nuevamente para encarar ahora a su rival que permanecía inmóvil recuperándose de la patada recibida —; pero no lo sabrás hasta que llegues con ella y para eso tendrás que vencerme primero. ¿Te he dado motivos suficientes o aún lo dudas?
Sin responder Rafael se abalanzó sobre él con furia desmedida, casi olvidando por completo que se trataba del cuerpo de su hermano mayor al que atacaba, o tal vez no por completo. Sin duda Yami había tocado una fibra sensible en Rafael, no sólo por el hecho de darle la esperanza de que Karai siguiera con vida, sino de que en efecto deseaba demostrar que era mejor que Leonardo, el líder recto y honorable que todo lo hacía bien a diferencia de él. Posiblemente su rival de turno no era precisamente Leonardo, pero se le acercaba.
Las armas de ambos volvieron a chocar en el aire en varias ocasiones provocando un concierto de percusiones metálicas en una ciudad que parecía desierta. La figura de ambos combatientes se podía ver desde lejos a pesar de la penumbra que los envolvía, moviéndose ágilmente, lanzando golpes, esquivando, dando piruetas en el aire y a ras de suelo, retrocediendo y nuevamente volviendo a atacar; una danza letal entre dos hermanos que en ese momento sólo pensaban en lastimarse. Al calor de la batalla, cada uno logró finalmente dar un golpe a su contrincante al mismo tiempo, ambos retrocedieron adoloridos, resoplando y tratando de recuperar el aliento.
— Esto está mucho mejor — le expresó Yami visiblemente agitado pero sin ocultar una sonrisa de satisfacción —. Veo que ahora si lo has tomado en serio.
— Verás que tan en serio voy — replicó Rafael amagando con atacar nuevamente.
Ambos detuvieron sus respectivos ataques al escuchar la sonora carcajada a espaldas de la tortuga de bandana roja. En cuclillas en una maquina condensadora, Arkkan observaba el espectáculo con beneplácito. Rafael se puso en alerta al verse entre dos enemigos peligrosos.
— No tienes que preocuparte por nosotros — le dijo el extraterrestre intuyendo lo que pensaba —, jamás interrumpiríamos tan emotivo encuentro entre hermanos. Aunque tal vez Yami requiera algo de ayuda — en ese momento alzó su mano haciendo el ademan de presionar un botón en su muñequera.
— ¡No lo hagas! — Lo detuvo Yami — Vamos a darle oportunidad de que pruebe su valía.
— Cómo tú quieras — exclamó Arkkan con un rostro de decepción —, pero más les vale que se den prisa pues dentro de poco no tendrán donde seguir jugando — les dijo mientras levantaba su dedo índice hacia el cielo.
Los ojos de Rafael se abrieron con asombro al descubrir lo que el extraterrestre les decía, y que debido a su intenso combate no había notado. La nave kraang que ensombrecía gran parte de la ciudad había comenzado a descender, lenta pero irremediablemente, amenazando con caer sobre sus cabezas llevándose a gran parte de la ciudad.
— ¡Te dije que esa cosa está aterrizando! — gruñó Casey a su compañero quien corría a su lado escapando de sus perseguidores.
Habían aprovechado el momento de distracción que la sorpresiva aparición de la nave kraang había provocado en todos para escapar de sus rivales, quienes ahora se habían enfrascado en una carrera por capturarlos antes de que la nave terminará de aterrizar aplastando todo lo que encontrará a su paso.
— ¡Te creo! ¡Te creo! — Le correspondía la joven tortuga apresurando el paso —. Ahora, ¿cómo salimos de esta?
Un estrepitoso ruido los hizo volver brevemente, sólo para darse cuenta que la nave había comenzado a golpear los rascacielos más altos dentro de su zona de aterrizaje, provocando a lo lejos una inminente lluvia de escombros. Para ese entonces, los habitantes de la ciudad ya se habían percatado de la enorme nave sobre sus cabezas y habían comenzado a salir a las calles, despavoridas y angustiadas en un intento por salvar su vida pero de forma caótica, y el ver a la criatura verde que ahí se encontraba perseguida por otros tres monstruos, sólo acrecentó el miedo y el caos dificultando la huida de Mikey y su compañero.
Garra de Tigre y compañía se acercaban peligrosamente a sus objetivos, pues a diferencia de estos, ellos golpeaban y arrojaban a un lado a cuanto inocente se encontraban en su camino y que no tenía la suficiente habilidad de esquivarlos y evitar toparse con ellos.
— Ojalá Donnie estuviera aquí, él sabría que hacer — refunfuño Mikey
Ante el comentario de su compañero, el joven vigilante se detuvo de súbito volviéndose hacia sus rivales.
— ¿Qué es lo que haces? — le cuestionó Mikey
— Ya me cansé de correr — le respondió son determinación retrocediendo sobre sus pasos en dirección a sus perseguidores.
Rahzar se encontraba golpeando a un par de hombres de mediana edad que se encontraban en pijamas y habían tenido la mala fortuna de encontrárselo de frente al salir del edificio de departamentos. Con sus enormes garras se deshizo de ellos apartándolos a los lados, sólo para abrir el permitir el libre paso de Casey quien enseguida arremetió contra él usando un bat de baseball directamente sobre su cabeza. El golpe fue efectivo al hacer retroceder al lobo quien se tambaleó hacia atrás para luego desplomarse por completo, aturdido pero todavía consciente y furiosos del daño recibido. Durante su desplome, el mutante había dejado caer un extraño objeto metálico y redondo con tres huecos hexagonales al centro, lo cual llamó la atención del chico quien en el acto lo tomó sin saber de qué se trataba. Se encontraba tan distraído por el extraño artefacto que no notó al felino lanzando un brutal zarpazo en su contra, el cual podría haber resultado mortal sino hubiese sido por la oportuna intervención de la tortuga de bandana naranja, quien jaló a su amigo evitándole recibir el golpe.
— ¡Estás loco! ¡No podemos enfrentarlos tenemos que huir! — le recriminó la tortuga sacudiéndolo con fuerza para hacerlo reaccionar.
Garra de Tigre se vio momentáneamente rodeado por un mar de personas que lo envolvían llenas de pánico, las cuales intentaban alejarse de aquel mutante tan amenazador pero no lograban avanzar lo suficiente al chocar con una mar de gente que intentaba huir del lugar a toda costa. Harto de la situación, extendió sus brazos golpeando a cuantos estuvieran a su alcance, logrando alejarlos de él y de inmediato dio un salto a un camión de mensajería que se encontraba cerca, desde donde localizó nuevamente a sus presas.
— ¡Ahí están! — les dijo a Rahzar y Destructor Shiva que lo habían seguido hasta el techo del vehículo.
De inmediato los tres comenzaron a saltar sobre los autos intentando evitar la multitud que se apretujaba en las calles.
— ¿Qué es esto? — preguntó Casey a su amigo mientras esquivaba a una señora que llevaba a sus dos hijos de la mano.
— Parace ser uno de esos transportadores kraang, te llevan a la dimensión X — le respondió Mikey sin detener su paso —. Con eso llegó Rahzar donde estábamos.
Apenas terminó de hablar, cuando un disparo pasó cerca de su cabeza, fallando por apenas unos centímetros y terminando de impactar contra un edificio al frente. Mikey volvió ligeramente el rostro observando como sus perseguidores se encontraban cada vez más cerca, pero lo que en verdad lo puso nervioso es ver la boca del arma de Garra de Tigre apuntándole directamente. Ahora fue Casey quien fungió como salvador, tomando a su amigo del caparazón para halarlo hacia un callejón, el cual al no tener salida, estaba completamente libre de toda la gente que huía. Sin pensarlo demasiado, se acercó a una tapa de alcantarilla que se encontraba al fondo y de inmediato la abrió para introducirse en el tan conocido sistema de drenaje.
Mikey estaba a punto de seguirlo cuando sintió una frialdad poco habitual en su pie izquierdo. Al bajar la mirada se encontró con dicha extremidad congelada y pegada en el piso de callejón, impidiéndole continuar en su ruta de escape.
— ¿Qué esperas? ¡Baja de una vez! — Le dijo Casey mirándolo desde el fondo de la alcantarilla al notar que tardaba en seguirlo.
La tortuga de bandana naranja observaba con terror como sus enemigos se acercaban a él, ahora con el camino completamente libre. Sabía que era imposible que les ganará, pero temía más por la vida de Casey pues, como Garra de tigre había dicho, a él lo llevarían con vida pero Casey era otra historia. Bajo el rostro para ver por última vez a su amigo con una sonrisa fingida, "vete ya" le dijo en un murmulló antes de cerrar la tapa de la alcantarilla.
Casey gritó el nombre de su amigo un par de ocasiones antes de escuchar el alboroto sobre su cabeza que cesó casi de inmediato. Seguro de lo que había sucedido, dio un par de pasos hacia atrás angustiado por su amigo, pero rápidamente recordó las amenazas del felino, con lo que se dio la vuelta y comenzó a correr temiendo ahora por su propia vida. Por suerte sus perseguidores lo habían dejado huir teniéndose por bien servidos con la captura de Mikey y temerosos de la nave que estaba cada vez más cerca de aterrizar.
Rafael atacaba usando una violencia desmedida, determinado a pasar sobre el cuerpo de su hermano de ser necesario, al fondo veía como los edificios más altos a lo lejos comenzaban a caer aplastados por la estructura que lentamente bajaba del cielo, esto sólo lo motivo a atacar con más fuerza haciendo retroceder a su rival que se veía sorprendido por el ímpetu del quelonio. A base de potencia más que de habilidad, la tortuga de bandana roja logró quitarle una de sus katanas a Yami al tiempo le daba una certera patada al rostro haciéndole retroceder.
Con desesperación lanzó un corte con la única espada que le quedaba intentando contener la embestida de su adversario, ganando con esto un par de segundos que le sirvieron para recomponer su postura. Yami pasó su mano libre por la comisura de su boca para limpiar el hilo de sangre que comenzaba a resbalar en su rostro, clavando una mirada profunda en su rival que ya estaba iniciando un nuevo ataque dispuesto a terminar cuanto antes con él.
Sin pensar demasiado, Rafael emprendió una nueva embestida contra su adversario esperando acabarlo de un solo golpe, pero Yami comprendió que de nada serviría bloquear su ataque, por lo que se acercó hacia él utilizando el mismo impulso de su rival para recibirlo con un patada directamente al pecho al tiempo que desviaba uno de sus sais con la única espada que aún mantenía pero sin lograr esquivar el otro, el cual rasgo su brazo izquierdo provocándole una herida no muy profunda, pero dolorosa.
Ambos adversarios guardaron distancia respirando profundamente para recobrarse, mirándose con un odio intenso.
A punto estaban de reanudar su combate cuando tres destellos de luz rosa los hicieron detenerse. Cómo si las cosas no estuvieran suficientemente mal, Garra de tigre apareció en la azotea a través de un portal, así mismo lo hicieron Rahzar y Destructor Shiva, mientras Cara de Pez se recobraba de los golpes que la tortuga de bandana roja le había propinado con anterioridad.
— Vaya, que sorpresa verlos por aquí — les dijo Arkkan a modo de saludo —. Esto quiere decir que los demás ya han caído.
— En efecto, sólo hace falta Rafael pues veo que ya han derrotado a Karai — exclamó el felino observando el cuerpo de la chica inerte del otro lado de la azotea.
— Karai está muerta, Yami lo hizo — le dijo Cara de Pez advirtiéndoles lo que había ocurrido en contra de las ordenes de su amo.
— ¡Eso no es posible! ¡Teníamos órdenes de llevarla con vida! — gruñó Garra de Tigre lanzándose hacia la chica, pero su intento fue infructuoso al ser detenido por los gusanos de Arkkan, los cuales lo sostuvieron por los brazos jalándolo hacia atrás para devolverlo con violencia al mismo sitio de donde había partido.
— Lo sentimos mucho, pero nadie puede intervenir en esta pelea — les dijo interponiéndose entre los miembros del Pie y los combatientes.
Los mutantes se vieron entre sí tratando de explicarse lo ocurrido, pero decidieron no actuar por el momento conociendo la peligrosidad del extraterrestre, demostrada al atacar al felino que aún no lograba recobrarse del sorpresivo ataque.
El saber que sus hermanos habían sido derrotados, no hizo más que acrecentar el enojo en Rafael, atacando ahora con mayor premura a Yami quien esquivó los golpes retrocediendo pero sin dejar espacio para que se acercará a la kunoichi.
— ¡Deja de huir, cobarde! — le exigió a su contrincante intentando terminar al menos con él antes de que la nave kraang finalizará su descenso.
— Bien, de todas formas ya no queda tiempo — le respondió Yami.
Efectivamente la nave kraang estaba por aterrizar, amenazando por aplastar todo lo que estuviera en el área que abarcaba.
— Aceptó que eres muy bueno, mejor de lo que esperaba— continuó diciéndole Yami mientras dejaba caer la katana de su mano para la sorpresa de todos los presentes —, es muy probable que incluso logres vencer a Leonardo — en ese momento desplegó las cuchillas retractiles de sus guantes sonriendo confiadamente —; pero yo no soy Leonardo.
Esta vez fue Yami quien inicio el ataque con una violencia desmedida, lanzando estocadas a gran velocidad hacia Rafael, a quien se le dificultaba bloquear los ataques desviándolos apenas con sus armas. En uno de sus movimientos, logró trabar una de las cuchillas con su sai impidiéndole realizar nuevos ataques con ese brazo, pero Yami sólo lo sonreía maliciosamente, mostrándose seguro de su victoria. Giró sobre su eje provocando que la cuchilla hiciera palanca en el sai de su rival; Rafael soltó su arma a riego de que su muñeca se dislocara, intentó retroceder para ajustar su estrategia, pero Yami no se lo permitiría. Sin darle ninguna tregua lanzó un golpe directo a su pecho. La tortuga de bandana roja pensó que sería su fin pero el momento de aproximarse el ataque, Yami contrajo sus cuchillas y detuvo su mano extendida justo en el pecho de su oponente que lo miraba con incredulidad.
— Sorpresa — le dijo burlonamente.
Rafael sintió una especie de punzada justo donde Yami lo estaba tocando en el palastro, de inmediato esto se intensificó como una corriente eléctrica que atravesaba su cuerpo inmovilizándolo por completo al mismo tiempo que una fuerza invisible lo golpeaba lanzándolo por el aire. Conocía la técnica, al menos había visto a su sensei utilizarla en una ocasión, pero jamás se había detenido a pensar lo dolorosa que era en realidad.
Aturdido por el ataque, se negaba a rendirse, intentando ponerse de pie aunque su cuerpo parecía negarse a hacerle caso. Levantó el rostro con pesadez encontrándose con su sai a su alcance, por lo que extendió el brazo intentando tomarlo pero no logró realizarlo puesto que su rival se lo impidió pisando dicha extremidad con fuerza.
— Espero te haya gustado la experiencia, cortesía de tu sensei — le dijo mirándolo con desprecio —. ¡Esto se acabó!
Rafael vio el otro pie de Yami levantándose del piso y acercándose a gran velocidad a su rostro, sin poder oponer mayor resistencia para detener el golpe que hundió su rostro en el duro piso de la azotea.
Era obvio que la tortuga no se levantaría después del golpe, pero seguía consciente, atormentándose a sí mismo y negándose a rendirse hasta saber la condición de Karai.
Garra de Tigre aprovechó la atención que todos habían puesto sobre Yami y su rival para escabullirse hasta el cuerpo de la kunoichi, Arkkan lo observó pero esta vez no hizo nada para detenerlo pues el combate había terminado. El felino se arrodilló junto al cuerpo de la chica tocando su cuello para sentir su pulso, sin decir nada dirigió una mirada de reproche a Yami mientras mostraba sus afilados dientes.
— ¿Qué pensabas? — Le dijo Yami con frialdad — ¿Qué soy demasiado tonto para desobedecer una orden de Destructor y matarla teniendo testigos?
— No sé a qué demonios juegas, pero estas haciéndolo al límite y cuando te equivoques yo estaré ahí para rematarte — le dijo el felino levantando el cuerpo de la chica.
Rafael había escuchado la conversación, aunque su visión era borrosa, pudo ver a Karai siendo sostenida por el mutante, por el momento agradeció que estuviera con vida, pero sólo eso podía hacer, sus fuerzas lo abandonaron por completo cayendo finalmente inconsciente.
— Esa chica es la debilidad de Destructor, pero yo en cambio no tengo ninguna — les dijo Yami a los mutantes del Pie mientras lanzaba el dispositivo para abrir el portal portátil cerca de él —. Piensa bien lo que deseas, gatito, puede que algún día nos enfrentemos — le advirtió desapareciendo en el portal.
Arkkan hizo lo mismo abriendo otro portal a su lado, retirándose entre carcajadas sin decir más. Mientras Rahzar ordenó a Destructor Shiva levantar el cuerpo de Rafael para retirarse cuanto antes pues el descenso de la nave kraang no había parado y ahora era cuestión de segundos para que finalizará su aterrizaje.
