CAPÍTULO 34 – "ENTRE SECRETOS SALIDOS A LA LUZ, CAMBIOS DE CUERPOS Y REGALOS DE CUMPLEAÑOS. PARTE 3"
– ¡MALDITO COBARDE! –. Gritó Marlonk, mientras rompía todo lo que encontraba en su camino.
Estaba al borde de la locura. Su plan B había sido destruido y el plan C, no sabía como ejecutarlo, y si eso no salía como él esperaba, ya no sólo se quedaría sin ideas, sino, que también, todo quedaría arruinado, y no lo podría hacer nunca más, ya que él, no viviría durante 100 años más, claro, a menos que se hechizara o ivernara como un maldito vampiro, pero de igual forma, en ambos casos, no iba a durar mucho, ya que no era tan buen mago como se suponía que debía serlo...
Esto lo estaba matando, y ya no aguantaba más. Su padre le había dado una misión a cambia de más poder, pero si no era capaz de realizar esa misión, jamás recibiría su premio. Era injusto para él, bueno, todo era injusto para él.
Respiró hondo y tranquilizó su ánimo. Aunque aun se consumía de la bronca, prefirió acelerar la operación...
Hermione se encontraba desorientada. No entendía nada. Ya no sabía quien era. ¿Ellos lo sabían? ¿Sabían que no era su hija, y no le dijeron? ¿Y Draco, lo sabía?
Dumbledore... él si lo sabía, y como siempre, lo ocultó como lo hacía con todo. ¿Qué le costaba contarle la verdad? ¿Y cómo es que Narcissa pudo siquiera imaginarse de lo sucedido?
No entendía nada, y tampoco quería entender nada. Ya era tarde para considerarse la hija de una persona que ni siquiera sabía que existía. Si, estaba confundida, pero eso era todo. Ahora que se encontraba más tranquila, quien era en realidad, no le importaba, sólo le importaba ahora, quien era ahora y no lo que podría a ver sido.
Cambiando sus ideas, comenzó a observar a su al rededor. Siempre había amado ese bosque tan hermoso. Aun recordaba la primera vez que sus padres, SÍ, sus padres quienes la criaron con amor y dedicación y por nada del mundo la dejaron, la habían traído ahí en un día de campo. Había corrido y jugado todo el día con su perro Pink, y sus padres. En ese entonces tenía ocho años, y les hizo prometer a sus padres, que aunque sea una vez por mes, debían traerla a ese lugar, y ellos como siempre cumplían su palabra, la trajeron hasta que se hizo mayorcita y prefirió pasar más tiempo con sus amigos que con ellos.
Colocando una mano en su vientre y comenzando a hablar con su bebe, comprendió como se sentirían sus padres, al darse cuenta de que su niña había crecido, y deseó, que su bebe, nunca la abandone, como ella hizo con sus padres...
Ya había llegado la noche y aun Hermione no aparecía. Nadie la había visto ni sabía nada.
Draco pensó y pensó en donde se podría encontrar, pero no se le ocurría nada, y lo poco que se venía a la mente, era imposible que realmente estuviera ahí. Frustrado se arrodilló en el suelo sin saber que hacer.
– Ya Draco, vas a ver como va a aparecer –. Trataba de calmarlo Harry, al verlo.
– Que idiota. ¿En serio la amas? –. Preguntó Astoria, ya cansada por las escenitas que hacía Draco y los amigos de su amiga.
– ¿Perdón? ¿Cómo puedes estar tan calmada? Y en primer lugar, ¿qué haces aquí? –. Preguntó de mala forma Draco.
– Es obvio que no le pasó nada mala, y si estoy aquí, es porque estamos en el Ministerio, y soy la secretaria del señor Weasley... y hace más de una hora, he descubierto en donde se encuentra ella –. Dijo, actuando como la vieja Astoria, para darle un poco de gusto al asunto.
– ¿Qué? –. Preguntaron todos, al mismo tiempo.
– Hay por Merlin, si fuera por ustedes... no importa. Ella se encuentra en aquel lugar que ambos conocen –. Dijo luego de un momento, mirando directamente a Draco. – Ahora, si no lo recuerdas, estamos en el honor, a menos que vallas y le preguntes al señor Granger –.
Draco se la quedó viendo por segundos, hasta que entendió lo que quería decir. Saliendo corriendo del despacho de Ron, fue directo a las chimeneas para aparecerse en aquel lugar.
– Perdón me he perdido, ¿a dónde fue? –. Preguntó desconcertado Harry.
– A buscar al amor de su vida –. Contestó divertida Astoria –. Bueno señores, si no me necesitan, creo que me tomaré mi descanso para seguir con mi comida –. Dijo saliendo del despacho.
Harry y Ron se miraron aun sin entender nada. Pero Harry encogiéndose de hombros, al final entendió y le hizo señas a Ron, para que siguieran con los suyo.
– ¿Escapándote del mundo? –. Preguntó en un susurro Draco, sentándose al lado de Hermione, quien lo había escuchado aparecer.
– ¿Lo sabías? –. Preguntó ella sin mirarlo.
– No, no lo sabía hasta hoy. Mi madre me lo ha dicho... luego de que ella llegara a casa vio los papeles dispersos en el suelo, y después me ha buscado y me lo ha dicho todo, hasta incluso que puedes hacer magia sin varita... –. Contestó Draco aun hablando en susurro.
– Ah eso... ni siquiera sé bien, cual fueron los motivos que acudieron a mí en ese momento, como para encontrar una escusa para no contarte eso –. Dijo Hermione, con la misma postura, pero ahora arrancando hierva con los dedos.
Ambos se quedaron callados durante largo minutos mirando el paisaje.
- ¿Y qué creés de todo esto? -. Preguntó Draco.
- Que importancia tiene todo eso ahora... bueno, sé que mi madre no es la que pensaba que era o en cuanto a mi padre igual, pero nada se puede cambiar, nada se necesita cambiar. Tal vez me hubiese gustado conocer a mi madre, pero nada más... todo es muy confuso, pero a la vez no... creo que es mejor seguir adelante sin mirar atrás -. Concluyó ahora mirándolo a la cara.
- ¿No estás enojada con mi madre? -. Quiso saber.
- No. Gracias a ella, he sabido de mi verdadero pasado, no de una forma muy apropiada, pero al fin, lo he descubierto -. Contestó.
Draco se acercó un poco más a Hermione y la abrazó. Ella apoyó su cabeza en su pecho y cerró los ojos.
- ¿Cómo me encontraste? -. Preguntó Draco.
- Recuerdo que aquí nos volvimos a ver después de tantos años, y también que me dijiste que este lugar era especial para tí -. Explicó Draco.
- Oh, sí... me encontraba con ese vestido blanco, con todo el maquillaje corrido... digamos que no era la mejor imagen de mí... -. Dijo Hermione, riéndose.
- ¿Qué dices? Te veías adorable -. Le dijo él, acariciando su cabeza.
- Hay por pavor... -.
- En cerio, creo que en ese momento me di cuenta de que... bueno... de que sentía algo por vos... y... bueno... -.
- Ya entendí -. Le cortó Hermione, y le besó en los labios.
- Cásate conmigo... -. Le pidió Draco cuando se separaron, cosa que provocó que Hermione se riera. - ¿Qué es tan gracioso? -. Preguntó.
- ¿Realmente quieres casarte conmigo? -.
- ¿Y todavía lo preguntas? -.
- No lo sé... -.
- ¿Qué no sabes? -. Quiso saber Draco, nervioso.
- Tengo que pensarlo -. Se hizo la desinteresada, observando sus uñas. - Creo que tengo que ir a hacerme la manicura, ¿no creés? -. Draco la miraba sin entender nada.
- ¿Qué? -.
- Sin duda, voy a citarme con las chicas mañana para ir al salón de belleza -. Concluyó, mientras se levantaba y se alejaba de Draco.
- ¿Qué? -. Volvió a preguntar Draco, aun más desconcertado.
- Tengo que hablar con mi padre -. Siguió hablando Hermione, y hasta que no aguantó más se largó a reír. - Sí -. Dijo al final.
- ¿Qué? -. Draco, ya se sentía más que mareado.
- Sí, quiero casarme contigo -. Dijo, dándose la vuelta y rodeando el cuello de Draco con sus brazos. - Sí, quiero casarme contigo -. Volvió a repetir, y besándolo.
Al principio Draco se había quedado helado, pero luego reaccionó y la estrechó aun más en sus brazos, y por primera vez en toda su vida, se sintió muy emocionado y feliz.
- Bien, la Señora Rushman, del Departamento de Criaturas Mágicas, quiere una reunió con usted a las siete de la noche. La Señora Willson, del Departamento de Varitas Mágica quiere una reunión mañana a la hora del almuerzo y... -. Se calló enseguida Astoria, al ver que todas las citas que tenía Ron, eran con mujeres. - Valla, creo que las mujeres van por usted -. Dijo sin poder contenerse, y largando una carcajada, cosa que a Ron se le antojó como música. - Lo siento, se disculpó.
- Cancela todas las reuniones -. Dijo Ron, serio. Ya estaba cansado que casi todas las mujeres del Ministerio le pidieran citas, hasta, incluso las viejas se querían trepar a él, y todo es muy cansador.
- Entendido -. Contestó Astoria, aun divertida por la situación. - Ha, y por cierto, el Señor Malfoy ha llamado, y ha dicho que la Señorita Granger, se encuentra bien -. Sí, a Astoria, se le hacía un complicado tener que llamar a todo el mundo señor o señora o señorita, era todo un rollo, del que no podía pasar. - Y eso es todo. Si no me necesita, volveré a mi lugar. Permiso -. Y salió.
Ron se quedó mirando la puerta, que se encontraba cerrada, y que desgraciadamente, no dejaba salir aquel perfume de mujer, que en ese momento, creyó que era un droga muy potente, no sólo para él, sino, que también para otros hombres.
Pensaba que no tendrían que permitir que permitir tal cosa en el mundo...
- Muerto... -. Repitió Draco incrédulo, de lo que le estaba diciendo su madre.
- Sí... aun se encuentra en la mansión... -. Continuó Narcissa.
- Habrá que realizar todos los papeles para su funeral -. Dijo Draco.
- No hace falta, parece que él ya ha organizado todo por su cuenta. Lo he visto en los documentos que ha dejado... incluyendo el testamento... hay que llamar un abogado y habisar al ministerio de lo sucedido... -. Explicó Narcissa, a lo que Draco sólo asintió.
Hermione estaba sentada a su lado, y para darle apollo, tenía agarrada su mano.
- Todo saldra bien -. Le dijo ella, aunque no sabía de que le serviría eso.
- Sí... -. Contestó él, besándole la mano.
- Habrá que ir al ministerio ahora -. Dijo Narcissa, levantándose del sofá.
Draco y Hermione, siguieron su ejemplo y la siguieron. Ambos se encontraban felices y emocionados de decirle a todos sobre su compromiso, pero viendo los hechos las circunstancias en la que estaban, era mejor esperan un poco a que aquello pasara.
Draco a pesar de que nunca, no desde que Él le obligó a ser mortíago, había tenido una relación muy buena con su padre, sintió su muerte. Hasta incluso látima sintió por él, porque murió sólo, sin que nadie se quedara a su lado, ni siquiera por la plata... "Patético..." Pensó Draco, apretando la mano de Hermione.
