Esta historia contiene lenguaje violento y obsceno, escenas fuertes tanto de violencia como de sexo.

Los personajes, salvo alguna excepción de OCs, no me pertenecen.

La historia se inspira en el anime y las live actions, por lo se toman escenas, diálogos o semejantes de ello.

Se aceptan dudas, sugerencias y criticas constructivas con fundamento, esto es para pasarlo bien y conocer gente, NO soy escritora.

A pesar de seguir ciertas partes de la trama original, la he variado en varias ocasiones para amoldarla a mi historia

Capítulo 37

Kaoru no se había atrevido aún a mencionar nada sobre el incidente de hacía unos minutos, continuando con la tarea de limpieza de la herida de Chikara, quien atisbaba en su rostro compungido la preocupación y el miedo al no saber nada sobre lo que le pasaba a su amiga. Finalmente el moreno trató de reconfortarla, intentando sonar jovial y relajado.

-Oye, no te preocupes, ¿vale? Nanako tiene muchas cosas en la cabeza, y para colmo el hecho de saber que eso la está alejando de ti, y que puede que te haga sentir mal o hacerte daño, la está volviendo loca. Ya sabrás como es. –Añadió con una leve sonrisa que la morena le respondió, no sin tintes de preocupación.

-Está muy rara últimamente, y no quiere contármelo. Quizás le haya hecho algo y no me haya dado cuenta.

-No, claro que no. ¿Cómo podrías hacer algo para ofender a alguien? Eres muy simpática y educada, Kaoru. ¿Sabes lo que podríamos hacer para intentar que olvidara todo por un momento? -el chico continuó ante la negación de ella. -Podríamos hacerle un regalo mañana, es su cumpleaños.

-No tenía ni idea; Nunca hemos hablado de ello.

-Pues sí, veintiuno de abril. Si quieres podemos ir juntos esta tarde a buscar algo, ¿qué te parece?

-Sí, claro. –Respondió con alegría, sonriéndole con ganas. –Es más, se me ocurre qué podríamos comprar.

-Estupendo. Pues en eso quedamos, Kaoru. Muchas gracias por lo del labio, y de verdad, estate tranquila. –Añadió mientras tocaba su barbilla, reconfortándola a la par con una cálida sonrisa, para después dejarla sola en el salón.


Nanako había podido disfrutar de la soledad en la casa de Chikara cuando él y Kaoru habían salido, ausentándose gran parte de la tarde, y Kenshin y Sanosuke habían partido con Saito en busca de pistas sobre el paradero de Shishio, o algo que les informara de nuevos actos violentos de su banda. No podían dejar que más ciudades sufrieran lo que Sasayama, aunque afortunadamente la cosa no pasó a mayores.

La morena pudo al fin despejar algo su mente y pensar con frialdad lo sucedido hasta el momento: Kenshin la quería, se lo había dicho, al igual que iba a tener una conversación con Kamiya, lo cual no le parecía del todo apropiado, pues creía que ella era la que debía hablarle y no esconderse tras el ex–samurái. Kaoru merecía eso al menos, que se lo dijera a la cara, mirándola a los ojos.

Nanako asintió tras aquel pensamiento, decidiendo en el acto que ella hablaría cuando tuviese la oportunidad, afrontando el problema sin huir. Después acataría lo que Kaoru deseara que hiciera: O largarse y no volver a dirigirle la palabra, o simplemente apartarse de Kenshin hasta que el decidiera algo. Lo que desde luego Nanako no contemplaba más era volverse loca y continuar rompiendo mobiliario de su amigo, o pagando sus frustraciones a golpe de puño con cualquiera que se cruzara.

Cuando el sol se hundía cediendo el cielo al crepúsculo, Chikara y Kaoru llegaron al hogar entre una animada conversación, sonrisas y miradas, que a Nanako no le pasaron desapercibidas. No pudo evitar sonreír al ver felicidad en los rostros de sus amigos.

-Bueno, ya hemos llegado ¿Qué tal la tarde, Nanako? –Preguntó Chikara dejando en un mueble las verduras que portaba.

-Desde luego no tan buena como la tuya, amigo.

-Con esta compañía, es obvio. –Respondió haciendo sonrojar a Kaoru, que posó los ojos en la morena, acercándose con algo de tela en las manos, muy bien doblado.

-Nanako, tenemos algo para ti.

-Me gustaría poder hablar contigo antes, Kaoru.

-No, no. De eso nada –dijo Chikara-. Primero lo nuestro. Para hablar ya habrá tiempo. Adelante, Kaoru.

-Feliz cumpleaños, Nanako.

La chica quedó sorprendida ante el gesto, ya que ni ella misma apenas recordaba que era su décimo-octavo cumpleaños, contemplando como su amiga depositaba la ropa encima de la mesa, entregándoselo.

-Vaya, no sé qué decir, chicos. Muchas gracias.

-¡Vamos, mira lo que te hemos comprado, no seas desagradecida!

Nanako obedeció a su amigo y desplegó las prendas observando que conformaban un simple, pero bonito kimono azul cielo con flores blancas.

-Esto debe haberos costado mucho dinero, no teníais por qué hacerlo.

-Es un regalo, vamos, pruébatelo.

-No sé ponerme esto, la última vez que vestí uno tenía como ocho años, y mi madre me ayudó. –Respondió mirando al moreno, pero antes de que dijese nada, Kaoru intervino.

-Yo te ayudaré, venga.

Nanako asintió avergonzada, levantándose después para seguir a la chica hasta el cuarto con el kimono en mano, pensando en si hablar o aplazarlo para más tarde, ya que aquello la había descuadrado.


Largos minutos pasaron mientras Kamiya ayudaba a la guerrera a vestirse, hasta que fue Kaoru quien habló, iniciando la conversación.

-Nanako, no es por presionarte ni aguarte el cumpleaños; Sólo quiero saber si estás bien, y si lo que te ocurre tiene que ver conmigo. No sé si te he ofendido en algo.

-No, claro que no, Kaoru –dijo tras sentir un vuelco en el corazón–. Tú nunca has hecho nada para ofenderme, has sido una amiga increíble y te doy las gracias, a la vez que te pido perdón por causarte daño y molestias. Lo siento mucho.

-¿Por qué te disculpas? No me has hecho nada. No hay ningún problema entre nosotras.

-Yo quería hablarte sobre algo, la razón por la que estos días he estado distante contigo, y bueno con el resto... –Comentó entre pausas, a la vez que Kaoru terminaba de vestirla.

Antes de que Nanako continuara, Chikara llamó a la puerta metiéndoles prisa, diciendo que ya habían llegado Kenshin y Sanosuke incluso. Ante el comentario, la conversación peliaguda quedó abandonada para centrarse en los últimos detalles, saliendo después ambas chicas del cuarto, directas al salón.

Mientras ambas caminaban casi llegando al destino, se escuchó la voz de Sanosuke felicitando a Nanako mientras se disculpaba por no haberlo sabido antes. Cuando las dos mujeres llegaron al salón, el chico calló, limitándose a observar el regalo en el cuerpo de Nanako.

-Parece que lo han hecho justo para ti, Nanako. Deberías no quitártelo nunca ¿Verdad, Kenshin? –Dijo Sanosuke engullendo su cena.

-Desde luego, te queda muy bien.

-Estás preciosa. Hemos acertado de pleno.

-Me siento ridícula. –Agregó la morena tras el comentario de Oishi, bajando la mirada al sentir los ojos del ex–samurái clavarse en ella como nunca antes.

-Eso es por la falta de costumbre, pero Chikara tiene razón, Estás muy guapa. -Dijo Kaoru.

-Seguro piensa que no tanto como tú.

Kamiya se sonrojó levemente ante el comentario, escuchando después como Chikara decía que debían cenar y dejar las bromas para luego, tratando de salir del apuro, mientras empezaba el movimiento en la sala terminando de llevar todo a la mesa.


Después de una relajada cena, con más de una indirecta para Kaoru y Chikara, el dueño de la casa se ofreció junto con Nanako para limpiar, encontrándose en la cocina, trabajando en silencio.

-No deberías haberte quitado tan pronto el kimono ¡Hoy es tu día!

-No quería mancharlo, sería una pena. Gracias, Chikara.

-No hay de qué. ¿Estás más tranquila? ¿Has hablado con Kenshin?

-No. Dijo que iba a hablar con Kaoru, pero quiero hacerlo yo, es lo mínimo. Oh, Dios, va a odiarme, y con buenas razones porque no debería amar a ese hombre. ¿Por qué está sucediendo esto? ¿Por qué lo quiero?

-Porque el amor es ilógico, Nanako. No gastes tus fuerzas buscando algo que no existe. Los sentimientos surgen, se crean, no los fabricas ni los controlas. Si no entiendes eso no podrás continuar con esto.

-No sé nada sobre esto, no sé cómo está pasando. La única certeza que tengo es que lo quiero, Quiero a Kenshin. No puedo estar cerca de él sin sentir el impulso de tocarlo, de besarlo... No quiero alejarme, pero sé que debo. Claro que si él me besa no sé cómo cojones voy a hacerlo.

Chikara suspiró comprendiendo lo que decía, agarrando una de sus manos con firmeza mientras continuaba susurrándole palabras de ánimo. Ninguno de los dos se percató de la presencia de Kaoru cerca de la puerta, quien había estado escuchando la conversación con total sorpresa, no pudiendo mover su músculos ante tal revelación que para nada se habría esperado.

La morena no pudo evitar que sus ojos se empañaran, sintiendo un dolor agudo en su alma, ahora resquebrajada y sangrante ante el mazazo de la traición y la desesperanza.

Segundos después, Kaoru por fin pudo moverse, saliendo disparada hacia el cuarto, donde se deshizo en lágrimas silenciosas.

¡Gracias a todos por leer!

Jbadillodavila, bienvenido y muchas gracias por tu comentario.