Un poco atrasado este capítulo pero ya está aquí. Gracias a Fridda por su apoyo y correcciones. Disfruten.
Capítulo 37
Berserker
A cada paso que daba, Elissa sabía que estarían más cerca de salir de ese horrible lugar. No conocía con certeza que fue lo que la dejó más perturbada, si el encuentro con una Hespith totalmente corrompida en su interior o el enfrentamiento con la madre de la camada que si bien poseía un nombre sencillo de recordar, este se alejaba mucho de la realidad. Ella no tenía palabras suficientes para describir las nauseabundas sensaciones que despertó en su interior al pelear con un monstruo de tales características. La joven guardia deseaba creer que esa bizarra apariencia no era la que tuvo siempre, debió ser alguien normal alguna vez, una enana probablemente expuesta a la infección de la sangre de los engendros por mucho tiempo, es por ello que una duda la asaltó ¿a las mujeres humanas les ocurriría lo mismo? No tuvo miedo de preguntarle a Alistair una vez que emprendieron su camino a las Trincheras de los Muertos, en esta ocasión por más que no quisiera escuchar la respuesta.
- "¿A las mujeres guardias les ocurre eso, Alistair? ¿Se convierten en esos monstruos si están mucho tiempo con la infección en sus cuerpos?"
- "Yo… no lo sé, la verdad es que ignoro muchas cosas Eli. Un monstruo como ese jamás me lo mencionó Duncan, supongo que no todos los guardias grises que se enfrentan a uno viven para contarlo."
- "Ya veo. Tal vez esa es una de las razones por las cuales hay pocas guardias grises mujeres, pues pueden convertirse en esas cosas probablemente."
- "Yo… no lo sé."- Alistair la miró de frente, apenado por no poder brindarle todas las respuestas que quería.
Elissa se avergonzó de acorralarlo de esa forma con sus incesantes preguntas y dudas, él se veía tan perdido como ella, inclusive puede que también tuviese miedo y no quería hacérselo notar para darle fuerzas. Tomó su mano en silencio y él la apretó con fuerza, tenía deseos de huir lejos de ese lugar junto con él, olvidarse de los demás y de que el fin del mundo se cernía sobre ellos, cada paso adelante ponía a prueba su valor y osadía. Sin embargo, ella sabía que no había vuelta atrás en nada, esta era su vida de ahora en adelante y estaba dispuesta a vivirla con todas sus alegrías y sus tragos amargos.
- "Vamos, no se retrasen guardias. Sé que el Yunque del Vacío no se moverá de donde quiera que esté, pero eso no es motivo para que estén holgazaneando tomados de las manos. Ya tendrán tiempo de retozar juntos un rato una vez que encontremos a esa tozuda de Branka."- Oghren trataba de seguirles el paso, sin embargo era obvio que estaba agotado, casi no había dormido desde que salieron de Orzammar.
- "¿Retozar? ¿A qué te refieres con eso Oghren?"- Elissa aún no entendía del todo bien todas las extrañas indirectas del enano. Además desde que había visto el estado tan lamentable en el que se encontraba Hespith, sus ansias por encontrar a su esposa se habían vuelto más vehementes que las de antes, algo en él parecía haberse quebrado y aparentemente la única persona que no se daba cuenta era él mismo.
- "De nada, en verdad no se refiere a nada ¿verdad Oghren?"- la mirada nerviosa que Alistair le lanzaba al enano parecía indicar todo lo contrario, pero Elissa trató de pasarlo por alto. En verdad que tenía cosas más importantes en qué pensar.
- "Lo que tú digas chico."- el enano sacó una botella para dar un buen trago a su preciado licor, Elissa ya no trató de detenerlo como en veces anteriores. Creía que no estaba bien que tomase tanto cuando estaban en medio de una misión tan importante, además de que una vez ebrio, Oghren no paraba de decir incoherencias sin sentido. A ella le hubiese gustado ayudarle de alguna manera, sin embargo con quien parecía ser más abierto desde que lo conocieron era con Alistair, así que prefirió adelantarse para que el rubio se encargara de la situación nuevamente.
- "Me adelantaré chicos, tal vez los demás ya hayan encontrado algo de interés en medio de tanta oscuridad y roca."- dio un beso rápido en la mejilla a Alistair y trató de alcanzar a sus otros compañeros.
Una vez que se alejó un poco, por fin pudo escuchar la voz de Oghren tratando de hablar con Alistair.
- "Entonces ¿qué le hiciste a sus piernas?"
- "¿Sus piernas? ¿Cuáles piernas?"
- "Es lo malo de las piernas de las enanas, no sirven como un lindo accesorio a la hora de los negocios."
Una extraña sensación recorrió el cuerpo de Elissa ¿esos dos estaban hablando de ella? ¿De sus piernas? ¿A dónde quería llevar Oghren una conversación de ese tipo? Por un segundo, la chica creyó que cuando se encontraban solos el enano era honesto con Alistair y desahogaba sus pesares. Al parecer estaba muy equivocada, Oghren no cambiaba en ningún momento su forma de ser.
- "No hice nada con sus piernas. De hecho no tengo idea de lo quieres decir con…"
- "Suficiente, no tienes que decir más. Sólo las hiciste a un lado y seguiste con tu faena muchacho. Bien por ti, hijo."
- "Uhmmm… gracias, supongo…"
Elissa no tenía deseos de seguir escuchando y aceleró su paso, la conversación de ambos bien podía seguir. Le fue imposible voltear para ver a Alistair, seguramente su rostro estaba reflejando la misma pena que ella sentía en esos momentos. Logró alcanzar a Leliana rápidamente, Charlotte la acompañaba y meneó la cola alegremente al verla.
- "Leliana ¿dónde están los demás? No creo que sea buena idea separarnos."
- "Shale por alguna razón parece conocer estos caminos, aunque ni ella misma puede explicar la razón y se han adelantado. Yo sólo los estaba esperando a ustedes ¿por qué tu cara está tan roja?"- lo menos que deseaba Elissa era explicarle su penosa situación en ese justo instante.
- "Hace bastante calor aquí y corrí para alcanzarlos, eso me agitó un poco."- ella esperaba que su pobre excusa fuese creída por la pelirroja.
- "Tienes razón, pareciera que bajamos cada vez más."
En ese momento apareció de entre las sombras Zevran para dar las nuevas noticias, por su rostro serio era difícil descifrar si estas eran buenas o malas.
- "Hemos encontrado las Trincheras de los Muertos pero seguimos sin tener rastro de Branka."
Elissa maldijo para sí misma ¿a dónde había ido a parar esa mujer?
Lo primero que cruzó por la mente de Alistair al ver el gigantesco dragón que surgía de las mismísimas entrañas de la tierra fue la palabra "Archidemonio", su rugido atraía a cientos de engendros con los que tuvieron que combatir mientras el enemigo más poderoso salía volando en la misma dirección de la que ellos venían. Eso sólo significaba que su destino debía ser la superficie y pronto encontraría una salida fuera de los Caminos de las Profundidades, su único límite sería el cielo sin que hubiese nada que se lo impidiera. El panorama pintaba muy mal, debían darse prisa si es que querían detenerlo lo antes posible. La batalla estaba por dar comienzo y él lo sabía más que nadie. Un ligero temor le sacudió el corazón al ver a Elissa enfrentarse a un enemigo tras otro: sólo ellos dos podían vencer a esa bestia ¿Cómo? Esperaba alguna señal del Hacedor para que le enviase unas cuantas instrucciones al respecto.
Él era el guardia gris que debía guiar a través de estas misiones, pero tantas veces estaba tan perdido como Elissa. Ese mismo día, ella lo había inundado con preguntas y él no tenía ninguna respuesta. Deseaba que Duncan estuviese ahí, que les dijera qué era lo que debían hacer ahora. Todo lo que habían logrado hasta ese momento parecía un juego de niños al ver que el Archidemonio ya estaba pisándoles los talones, la única respuesta clara que tenía era que una vez reunido el ejército la única opción que les restaba era pelear con todas sus fuerzas, entregar hasta su última gota de sangre en esta batalla. No podía asegurar que ganarían, al menos el optimismo de Cailan no era algo que compartían como hermanos, pero sí podía estar seguro que no se rendiría jamás ante tan obscuras circunstancias. Su mayor aliento eran sus ganas de vivir al lado de la mujer que amaba.
Dio un grito fuerte al clavar su espada justo en el pecho de un enorme ogro, gritó tantas veces como sus fuerzas le permitieron al pasar un enemigo tras otro por el filo de su arma. Ningún enemigo le arrebataría su vida o la de Eli, tenía que tener esto muy presente, recordárselo a sí mismo cada segundo para no olvidarlo. Ya no era ese guardia gris deseoso de morir al lado de su mentor, aquel que no podía tomar una decisión por sí mismo, o a quien le tuviese sin cuidado su porvenir. Había cambiado porque a alguien le importaba su existencia simplemente, se había vuelto importante para Elissa tal como él lo anhelaba.
Su visión se veía empañada por el rojo de la sangre de engendro que caía sobre su frente, al mezclarse con su sudor se volvía molestamente pegajosa. Trató de limpiarse un poco y notó cómo se acercaron a él un grupo de enanos con armaduras desgastadas.
- "De no ser porque eres un humano, hubiese jurado que eras un berserker chico."- dijo el que en apariencia podía ser el líder del grupo de guerreros. Alistair aún no recuperaba el aliento, además de que no sabía muy bien de qué se trataba un berserker.
- "El berserker aquí soy yo, el chico sólo tiene demasiada energía."- Oghren se acercó al grupo seguido por los demás.
- "¿En serio? ¿Y que los trae de visita a la Legión de los Muertos? A menos que vengan a hacer una visita diplomática a los engendros tenebrosos no veo otro motivo por el cual se aventuren a estos lugares. A menos que estén locos."
La Legión de los Muertos o también conocida como la casta muerta. Duncan le habló de ellos alguna vez, al igual que su antiguo compañero guardia. Eran aquellos que renunciaban a todo, inclusive a su propia vida al hacer un ritual de su muerte al serles entregadas una insignia y la armadura de su nueva casta. La componían tanto nobles como delincuentes, en este lugar buscaban la redención de sus actos pasados. Eso sonaba bastante familiar a ser un guardia gris, la única diferencia es que ellos se enfrentaban a una Plaga día a día y los guardias una vez cada era, viéndolo desde esa perspectiva, pertenecer a la orden de los grifos no parecía tan trágico. Verlos ante sus ojos, lograron inspirarle a Alistair respeto y admiración, no todos pueden soportar tal carga, ni siquiera un guardia gris.
- "La última puede ser una opción soldado."- prosiguió Oghren.
Todos soltaron una carcajada ante lo dicho por el enano.
- "Hablando en serio ¿qué los trae por aquí?"- la voz del hombre se tornó grave al preguntar por segunda ocasión.
- "Branka ¿saben algo de ella? Sé que fue en busca del Yunque del Vacío."
Alistair percibió que el rostro del hombre logró mostrar una ligera molestia ante la respuesta de Oghren. Sabía algo y al parecer por su gesto no era del todo bueno. Volteó en la dirección hacia donde se había marchado el Archidemonio, apretó la empuñadura de su espada con fuerza. Era la misma espada que había sido usada por Cailan en la fatidíca batalla de Ostagar, era la misma que Maric había usado en contra de los orlesianos hacía décadas atrás y se preguntó sí él era la persona indicada para portar algo así. Eso no lo sabría hasta verla clavada en el cuerpo de ese dragón dando su último aliento.
Lo que Elissa tanto temía estaba pasando. Al ver a Hespith desecha recordando las atrocidades que Branka les había hecho a su propia casta, ella concluyó que la mujer de la que Oghren hablaba y la que tenían enfrente no eran la misma, la locura y ambición la habían consumido. El Yunque del Vacío poseía un poder inmenso gracias a la capacidad de crear un ejército prácticamente indestructible, con soldados de piedra llenos de fuerza y energía que sobrepasaban las expectativas militares de cualquier reino conocido. Eso era lo que Branka quería pero Elissa no podía permitirlo, tampoco Caridin, su creador ya que para hacer los gólems se requerían de vidas a cambio. Miles de enanos fueron sacrificados, inclusive el mismo Caridin fue inmolado cuando se opuso a las órdenes del rey en su deseo desmedido de crear todos los gólems posibles.
Caridin al ver a Shale la reconoció de inmediato sin embargo ella a él no. Tuvo que recordarle su pasado y su antigua forma, así como la casta de la una vez formó parte. La gólem fue una de las primeras voluntarias enanas para probar el yunque, las memorias de Shale volvían lentamente, Elissa notó una ligera sonrisa en el rostro de piedra, tal vez haya sido sólo su imaginación pero creyó verla. Era la segunda vez que parecía ver algo así, la primera ocasión fue cuando le entregó las piedras de fuego. Shale agradeció el detalle, era una chica después de todo y a todas les gusta verse lindas de vez en cuando.
Definitivamente no podía entregar el Yunque a Branka, Shale tampoco le permitiría hacer algo como eso. Oghren intentó razonar con ella, él tenía fe en que si su esposa tenía su ridículo capricho, volvería en sí. La Branka que él tanto extrañaba olvidaría toda su locura, sin embargo los crímenes que había cometido en contra de su propia casa no debían ser pasados por alto. Ella tuvo que rechazar las peticiones del enano, sabía que al final sería la mejor decisión a pesar de que le doliera verlo así.
- "Ya no es quien solía ser Oghren, debemos destruir el Yunque."- todos parecían estar de acuerdo con ella a pesar de no pronunciar palabra. Las miradas se centraban sobre Oghren quien parecía comprender las palabras de la guardia.
- "Tienes razón, haz lo que tengas que hacer guardia."- la amargura en su voz era imposible de ocultar, Elissa sabía que lo que le dolía no era su decisión, sino el no reconocer ningún rastro de Branka en la mujer que tenía presente. Les hizo pasar por innumerables trampas para abrirse paso hasta el Yunque, Oghren podía morir y su vida no le importó en lo más mínimo, mucho menos la travesía que habían hecho para dar con ella.
Elissa dio un paso al frente y Caridin se dispuso a guiarla, pero Branka se interpuso en su camino.
- "¡No permitiré que un grupo de tontos arruine lo que he buscado por años!"- rápidamente se lanzó al ataque contra Elissa sin embargo el hacha de Oghren se interpuso y ambos comenzaron a combatir.
- "¡¿Qué le ha pasado a esa chica brillante?! ¡Tú no puedes ser Branka! ¡Por la roca, juro que es imposible que seas ella!"- Oghren parecía furioso, Elissa se dio cuenta de la verdadera fuerza de un berserker. Era tremenda, nunca había visto algo como eso.
Más enemigos aparecieron repentinamente rodeándolos, todos eran gólems forjados a base de sangre y muerte convocados por Branka. Su viaje a los Caminos de las Profundidades debía terminarse allí mismo.
La corona forjada por Caridin se encontraba ahora en sus manos. Algo tan simple iba a decidir el futuro de un reino. Tenían que dar explicaciones con respecto a Branka y de eso tendrían que encargarse ellos, Oghren no paraba de tomar después de lo ocurrido y dudaba que dejase de hacerlo por un buen tiempo. Las palabras de consuelo era insuficientes para alguien que había sido orillado a terminar él mismo con la vida de su esposa, Elissa vio que Alistair se sentó a su lado y dio un trago a la botella que sostenía desde hace buen rato. Le siguió Zevran llevando consigo un brandy antivano. Tal vez unos cuantos amigos alrededor podrían ayudarlo.
Guardó la caja que contenía la corona hecha por Caridin cuidadosamente. Vio alrededor a sus compañeros con rostros agotados. Pensar que esto era sólo el inicio para una tarea aún mayor resultaba abrumador que tratar de alejar las preocupaciones de su mente, de lo contrario no podría pensar con claridad. Lo único que restaba en esos momentos era descansar para emprender con bríos renovados el viaje de regreso a Orzammar.
Sin embargo, el escándalo que estaba montando Oghren en esos momentos le hizo echar un vistazo a sus compañeros y darse cuenta que el enano estaba haciendo un extraño baile sin patalones, estos los tenía en la mano dándoles vueltas sin parar.
- "¡Vamos todos! ¿Por qué están tristes? ¡Nadie debe estar triste! ¡Lo dice el gran Oghren, rey de los nugs!"- siguió gritando algunas cosas ininteligibles mientras Alistair trataba de calmarlo.
- "Al parecer mi brandy antivano fue mucho para él ¿no te parece?"
- "No creo que Oghren se ponga así sólo por tomar un poco de Brandy, Zevran."- respondió Alistair, él también debía saber que Oghren no tenía idea de cómo lidiar con todo lo que había pasado.
Elissa trataría de hablar con él una vez que estuviese en sus cinco sentidos, de lo contrario sería perjudicial para el pobre enano. Sin darse cuenta, Shale estaba a sus espaldas, al notarla no pudo evitar sobresaltarse un poco.
- "¿Ocurre algo Shale?"
- "Me apena tener que decirle este tipo de cosas, debe saber bien que no soy del tipo de chica que anda por allí pidiendo favores."-
- "Tú sabes que puedes pedirme cualquier cosa. Jamás me molestaría."
- "Siempre es tan tierna y suave que dan ganas de aplastarla."
- "Por favor no lo hagas."- dijo Elissa nerviosamente e intentando no mostrar temor por las extrañas ideas de Shale.
- "Sabe muy bien que no lo haría, ella me consigue piedras muy bellas para adornarme. Quería hablarle sobre lo que dijo Caridin, sobre mi thaig y mi casta."
- "¿Te refieres al thaig de Cadash?"
Shale asintió a la pregunta, al parecer no deseaba dejar pasar la oportunidad de conocer sus orígenes y su pasado. A Elissa le costaba imaginar a la Shale que conocía, tan alta y fuerte como una enana normal, con todas sus limitaciones pero también con su antigua personalidad, si es que algún día ella se comportó diferente. Su petición ya era un logro bastante notable en su intento por abrirse un poco con ella, Elissa en verdad agradecía ese gesto.
Alistair estaba sumamente nervioso en esta ocasión, notó que las manos de Elissa temblaron ligeramente y no era para menos, estaban frente a todos los nobles de Orzammar quienes los miraban con recelo. Les resultaba extraño que unos extranjeros tuvieran en sus manos el futuro de su reino y lo decidieran justo en ese instante. Él y los demás ya habían hablado numerosas ocasiones sobre quién sería su elección en este juego de intrigas políticas, no había cabida para retractarse ahora. Vio de reojo a Bhelen quien sonreía con satisfacción, tenía que admitir que deseaba lanzarle un puñetazo para quitarse esa alegría insana que demostraba. Si tan sólo tuviese una mínima idea de todo lo que tuvieron que pasar en los Caminos de las Profundidades, aunque era muy probable que si le dijese no le daría la más mínima importancia. Alistair era consciente que ellos sólo eran unas cuántas piezas dentro de su juego por la búsqueda del trono, trató de concentrarse en lo importante quitando de su mente su rostro burlón. Antes de que dirigiera la vista de nuevo hacia Elissa, esta ya había pronunciado el nombre del elegido.
- "La corona pertenece al príncipe Bhelen de la casa Aeducan."
Estaba hecho. La conmoción reinó por unos minutos en la sala, Elissa entregó la corona a miembro del Cónclave a quien correspondía el honor de coronar al nuevo rey y varios nobles enanos se alinearon en torno de Bhelen para cumplir correctamente con la ceremonia real. Una vez que la corona le fue otorgada, Bhelen se encargó de poner orden entre los suyos a base de gritos y amenazas.
- "Aquel que no esté dispuesto a jurarme lealtad ahora mismo, ya sabe muy bien lo que le espera."- quien dio el primer paso al frente ante esta orden fue el mismo Harrowmont, el otro candidato al trono.
- "La roca ha hablado Bhelen, no me queda más que aceptar mi derrota."- dobló la rodilla en presencia del nuevo soberano para jurar lealtad pero el gesto de Bhelen no demostraba simpatía alguna por la acción.
- "Has cometido ya un grave crimen en mi contra y lo sabes, mi primer mandato como rey es que ejecuten a este hombre."- dijo Bhelen ordenando a sus guardias la captura pronta de Harrowmont.
A Alistair esto no le sorprendió, de hecho era algo de esperarse. Bhelen era alguien en quien era difícil confiar, los demás miembros tampoco parecieron sorprenderse por tal mandato, ellos conocían mejor al hombre que de ahora en adelante los gobernaría. Notó que Elissa desvió la mirada cuando se llevaron a Harrowmont, ella también debió preveer una situación así, ahora tenían que vivir con las consecuencias que sus actos acarrearan, lo único que esperaban era que en verdad fuese un buen rey para su gente. Bhelen se acercó al grupo, era bueno que no olvidara que tenía una deuda con ellos.
- "Supongo que es hora de darles la recompensa que les he prometido."
- "No es una recompensa, solamente se trata de cumplir con los tratados hechos con los guardias grises desde siglos atrás."- Alistair tal vez pudo escucharse molesto por la declaración de Bhelen pero no le importó y al parecer al nuevo rey tampoco.
- "Muy bien, tendrán todo lo que me pidan. Supongo que se quedarán hoy en el Palacio, habrá una fiesta en mi honor y ustedes son mis invitados."´
- "Por supuesto que asistiremos."- quien habló fue Elissa, por suerte había recuperado la compostura después de la impresión causada hace algunos momentos. No era buena idea hacer algo grosero a un rey con tan pocos escrúpulos, nadie podía decir si después se arrepintiera de dar la ayuda que ofrecía.
Aunque en un inicio se sentía incómodo al asistir a un banquete así, debía admitir que nunca en su vida entera Alistair había comido tan bien. Trató de animar a Oghren un poco inclusive, este terminó abrazado a un barril lleno de cerveza murmurando Felsi, Felsi, Felsi incontables ocasiones. El joven guardia se preguntaba quién sería esa tal Felsi, al parecer era nombre de mujer pero él era casado ¿cierto? ¿habrá engañado a Branka alguna vez? Ya se molestaría en preguntarle cuando despertara.
Después de eso, en una enorme habitación ya lo esperaba un buen baño caliente. Juraba que pasó horas dentro del agua, limpiando la suciedad acumulada por los días dentro de los Caminos de las Profundidades. Escuchó un ligero ruido cerca de su puerta pero no logró ver a nadie, no le dio importancia y estuvo un buen rato más dentro de la bañera de piedra. Cuando por fin salió del agua, tomó una toalla para secarse y cubrirse. Al acercarse a su lecho, notó que alguien ya estaba profundamente dormida en la basta cama.
Era Elissa quien debió escaparse de su habitación para ir a verlo, al tardar tanto en ir a descansar, el sueño debió vencerla. Se acomodó a su lado cuidando de no despertarla, besó su mejilla y la tomó suavemente por la cintura, ella sólo se acomodó un poco más buscando su calor. La cama era muy cómoda y amplia, puede que igual en la que dormía el rey en esos momentos. Esa noche había comido como rey, tomó un baño de rey y una mujer digna de la belleza de cualquier reina lo esperaba para dormir ¿así sería ser rey realmente? Era un pensamiento estúpido, pero le alegraba pensar que en caso de convertirse en rey ese sería su estilo de vida.
¡Deja de pensar en eso Alistair! Ser rey es mucho más que sólo comida y una cama suave. Ya lo sabía en su interior desde siempre, pero en verdad deseaba poder darle esa clase de vida a Elissa. Tuvo que alejar esas ideas de su mente en concentrarse en lo importante, tal vez ese día habían logrado salvar un reino pero aún les faltaba uno más.
