Okay chicas y chicos! LAMENTO la tardanza, pero colegio, pruebas, etc...! Poco a poco me estoy tratando de poner al día con TODO lo que tengo que hacer a nivel personal y de fanfiction. Las últimas escenas no las alcancé a editar y trabajar como la gente, pero creí que era mejor subirlo un poco menos detallado que no hacerlo de frentón. Se piden las diculpas del caso jejeje.

Gracias bellaherms22 por OBLIGARME a subirlo rápido jaja, a Dyego_Halliwell por insistir y a Vii por...por ser más que una beta, sino que también jefa de edición y ángel sube moral :B Gracias gente.


Capítulo 31: La chica de Hackett.

― No puedo creer que pasado mañana entremos a clases ―se quejó Paige, dejándose caer sobre el sillón de la sala.

― Ni yo ―suspiró Piper― De catorce días, doce fueron dedicados a Michelle.

― ¿Podemos disfrutar del último día de libertad sin pensar en eso? ―les pidió Prue, sirviendo los vasos de bebida sobre la mesa llena de dulces y palomitas para ver la película que habían arrendado esa noche.

― ¿Qué vamos a ver primero? ―preguntó Sam, enseñando las tres cajas de películas en sus manos.

― "Mi nombre es Sam" ―dijo Piper.

― ¡"Hombre en llamas"! ―propuso Paige.

― "La boda de mi mejor amigo" ―corearon Prue y Samantha.

Sam dejó las primeras dos películas en el estante y se agachó a poner la tercera, Paige bufó y se cruzó de brazos.

― No es justo, ¡Ustedes son dos!

― Relájate, la próxima la eliges tú ―le dijo Piper, sonriendo y rodando los ojos.

― A esto le llamo mala suerte. Odio las comedias románticas y es lo primero que me toca ver...y todo es culpa de Andy ―refunfuñó finalmente, poniendo sus pies sobre la mesa y bajándolos de inmediato frente a la cara de Piper.

― ¿Por qué? ―preguntó Sam.

― Porque si ya estuviera aquí, hubiese elegido "Hombre en llamas", y hubiesemos empatado.

― Y luego Phoebe votaría por "La boda de mi mejor amigo", y tendrías que verla igual ―le hizo notar Piper.

Paige se hundió en el sillón con un puchero molesto, mientras que Prue y Sam se reían despacio al verla tan frustrada.

― Hablando de eso, ¿Dónde están esos dos? ―preguntó Sam, lanzándose al sillón, ocupando el asiento junto a Paige.

Andy iba atrasado y a pasos agigantados por la calle. Trataba de llegar lo más rápido posible hasta la casa de sus amigas, pero el hecho de haber tenido que desarmar las maletas después de que el viaje a Vancouver se cancelara, había provocado que perdiera valiosos minutos. Miró el reloj por enésima vez, como si eso ayudara a que el tiempo fuera más lento o en su defecto, se detuviera por completo hasta llegar a la casa de las Halliwell, logrando confirmar que iba tarde. Maldijo para sus adentros, pero agradeció que no le quedaran más de cuatro cuadras para llegar a su destino. Seguramente Prue iba a matarlo, y posiblemente Sam metería cizaña solamente para verlo regañado; Piper diría que terminaran de discutir para ver la película, y mientras Phoebe hacía un comentario pícaro, Paige saldría con alguna ironía de la cual se reirían todos antes de ordenarse y ver televisión.

Miró para atrás, un poco perturbado. Sentía que alguien lo estaba mirando, clavando sus ojos en su nuca.

― No seas paranóico ―se dijo a sí mismo, y continuó andando.

Cada paso hacia adelante, no hacía más que darle más inseguridad. Alguien lo estaba mirando, estaba seguro; no necesitaba mirar para atrás para saberlo. Aceleró el paso, tanto por su certeza como por ir atrasado y percibió que la sensación de incomodidad se hacía más fuerte, casi insoportable. Torció su cuello y se fijó en que, efectivamente, dos cuadras más atrás, había un tipo que parecía observarlo.

Cruzó la calle para comprobar su punto, nervioso y complicado; si realmente lo estaban siguiendo, tendría que empezar a darse vueltas y tratar de perderlo de vista lo antes posible. Miró de reojo y comprobó que el sospechoso iba nuevamente tras él, pero más cerca. Ahora estaba asustado. La calle estaba casi vacía, y el único ser viviente que se encontraba junto a él, era el musculoso hombre que lo seguía.

Pensó rápido en qué dirección tomar para perderlo: optar por la derecha lo desviaría de la casa pero lo llevaría cerca de una zona comercial en donde podría esconderse; sin embargo, tomar la izquierda, lo llevaría directo a la seguridad de la mansión, claro que en un camino de una cuadra más largo.

― Mierda ―blasfemó al sentir la vibración de su celular en el bolsillo delantero de su pantalón, saltando de la impresión.

Un segundo después el aparato comenzó a sonar, y por el timbre supo que se trataba de Sam; debía estar llamando para preguntarle por qué no llegaba todavía, pero no iba a contestar, en ese momento, le parecía una idea poco inteligente. Siguió andando, cada vez más alterado y saltón. Tenía que tomar la decisión rápido, el desvío estaba a pocos pasos. Tomó aire profundamente, llenando sus pulmones al máximo y su corazón se aceleró al tiempo en que torció a la derecha intentando distraer a su persecutor.

― "Mira para atrás, ¡No seas cobarde!" ―se dijo a sí mismo, volteándose casi imperciptiblemente en un intento de fingir que no tenía miedo.

Suspiró larga y profundamente cuando notó que ya no había nadie al rededor: ni una sola alma en la misma cuadra. Pensó en devolver la llamada a Samantha, pero algo le decía que permaneciera alerta y tuviera como única meta llegar en una pieza hasta la casa de Prue. Inhaló de nuevo, un poco más tranquilo hasta que sintió un "crac".

Ahora si estaba pretificado. Comenzó a sudar frío, y todo le indicaba que nada bueno podía ocurrir ahora. Moría de miedo. Pensó rápidamente en sus padres y en lo mucho que los amaba. Se preguntaba si la persona tras él llevaría una pistola, un cuchillo, o quizás ambas cosas. Su cuerpo reaccionó antes que su cabeza y derepente se encontró corriendo a toda velocidad, hacia cualquier dirección pero lejos de ahí.

Volvió a mirar atrás y se fijó en que ya no era una persona, sino tres hombres fornidos a gran velocidad, quienes le seguían el paso sin dificultad. Siguió corriendo, y cerró los ojos un solo segundo para darse fuerzas, conluyendo en que había sido un gran error al colicionar con una pared. Cayó al suelo de sopetón, y se afirmó el puente de la nariz con una mano, lagrimeando por el dolor del impacto. El golpe había sido brutal y se encontraba mareado, pero se forzó a levantarse; quedarse en el suelo sería un suicidio. Sintió una opresión en el pecho y que sus pies se despegaban del piso, notando recién que el choque no había sido contra una muralla, sino que contra una persona grande y gorda que ahora lo estaba arrastrando hacia los demás persecutores.

― Contesta ―instó uno de ellos con voz áspera y burlona al escuchar que el celular seguía sonando― digo, para avisar que...no vas a alcanzar a llegar.

En tanto, en la mansión, Sam daba vueltas de un lado a otro por el salón con su teléfono en la mano, el cual cerró con un suspiro cansado.

― Esta es la tercera vez que llamo, y no responde.

― Partimos sin él, y más le vale tener una buena excusa ―dijo Prue irritada, odiaba que la dejaran esperando y que la gente no fuera puntual.

― Okay ―asintieron las demás, sin abogar por el pobre de Andy y acomodándose bien en sus asientos.

― ¡Phoe...! ―intentó gritar Sam para llamarla abajo, y no alcanzó a darse cuenta cuando seis manos le taparon la boca.

― No grites.

― Los bebés.

― Están durmiendo.

Le dijeron Piper, Paige y Prue coordinadamente. Sam abrió los ojos como platos y asintió, y solamente entonces las chicas la soltaron.

― Lo siento... ―susurró.

― Hoy ha sido una guerra hacerlos dormir; nos tardamos más de lo humanamente normal en lograrlo... ―le explicó Piper poniendo cara de mártir.

― Yo voy a buscarla, no puede demorarse tanto en bañarse ―pensó Prue, más para sí que para el resto.

Se puso de pie y empezó a subir la escalera a trote, sintiéndose poderosa al poder volver a dar esos saltitos ahora que sus lesiones habían estado mejorando. Giró el pomo de la puerta al llegar a ella, y la abrió lento en una manera alternativa de anunciarse; tocar metería ruido y podría despertar a los mellizos.

Phoebe estaba cerca de las cunas, pero no mucho, por precaución, planchando cada pieza de ropa de los pequeños. Llevaba al menos ocho mantas, diez pares de mitones, doce de calcetines, seis trajecitos, ocho gorritos, cuatro juego de sábanas y dos fundas de almohadas. Todavía le quedaban sus propias sábanas, las fundas de sus almohadas, sus camisas de dormir y una que otra cosa más.

― Phoebe, te estamos esperando ―dijo Prue, adentrándose en la habitación con pasos suaves.

― Sí, preparen las cosas, voy cuando estén listas ―respondió en un susurro, sin levantar la vista de sus cosas.

― Está todo listo, vamos ―insistió, desenchufando la plancha de la pared y enrollando el cable.

― Prue, me falta todo esto todavía... ―le explicó, indicándole las cosas sobre su cama.

― Phoebe, eso lo puedo hacer yo más tarde. Queda poco tiempo para entrar a clases, los niños duermen, has estudiado mucho estas semanas, dos horas de películas y palomitas de maíz no van a matarte ―dijo tomándola del brazo e intanto arrastrala hasta la puerta.

― Pero Prue...―se quejó poniéndose rígida, evitando que pudiera empujarla hasta el pasillo.

Apenas se sintió liberada, se dio la vuelta para regresar a la tabla de planchar. Prue la soltó, y se restregó el rostro sin que ella pudiera verlo.

― Hey, Pheebs ―le dijo pasando sus manos por sus hombros, enrollándole el cabello para despejarle la cara― Relájate un poco, estás empezando a preocuparnos.

― ¿Ah? ―preguntó arrugando la nariz, levantando una ceja antes de acomodar otro trajecito sobre la tabla.

― Estás siempre ocupada, no has dormido en días... ―comenzó a decir Prue, pero fue interrumpida.

― Si duermo.

― Tres horas porque te obligamos, y eso, no significa dormir ―continuó, desenchufando la plancha otra vez.

― Algo puede pasar y...

― Phoebe, basta ―la detuvo Prue, empezando a desdoblar la tabla de planchar para llevarsela a otro lado― Ya escuchaste a Kent, a la señora Trudeau y básicamente, a todo el mundo: Duerme cuando el bebé duerme.

Phoebe suspiró y se sentó de mala gana en su cama, comenzando a doblar algunas cosas sobre ella. Prue rezongó.

― Nadie dijo "plancha, estudia, limpia, báñate, y llénate de cosas que hacer" mientras el bebé duerme. También necesitas descansar, tu cuerpo sigue en ajuste. Dame eso ―la regañó, quitándole las cosas de las manos y tomándola de la muñeca para ponerla de pie.

― Pero si... ―intentó defenderse, frustrada y molesta porque no la dejara en paz; siempre se había quejado de que no ayudaba ni limpiaba, y ahora que lo estaba haciendo, le decía que no se estresara, ¿Quién la entendía?

― Pero nada. Déjalos aquí ―dijo indicándole las cunas― Y cada veinte minutos vengo a verlos para asegurarme de que ningún duende se los llevó. Tú te quedas abajo viendo televisión y comiendo chatarra con las demás.

― ¿Chatarra?, ¿Crees que dieciocho kilos demás ameritan chatarra?

― ¡Por favor!, no son dieciocho, perdiste ocho en el parto y con la lactancia se irán los otros diez. Y no te inventes excusas tontas, abajo, ahora ―dijo empujándola hasta la puerta.

― Eso lo dices tú, que todo te queda perfecto ―refunfuñó tratando de afirmarse del tintel para no salir.

Prue la soltó y la vio devolverse a su cuarto y sentarse sobre la cama de brazos cruzados, bastante irritada.

― Phoebe, céntrate, no estamos hablando de eso ―le corrigió, empezando a exasperarse también con la terquedad de su hermana― estamos hablando de que era natural que te sientieras triste, estresada o ansiosa durante los primeros días, pero ya vamos a empezar la tercera semana y deberías estar más tranquila, pero si no pones de tu parte, eso no va a pasar y vas a terminar colapsando.

Phoebe la miró con cara de "odio tus sermones" y puso los ojos en blanco. Prue cruzó sus brazos y empezó a golpear el piso con su pie, esperando a que cediera.

― No voy a irme sin ti, y lo sabes ―le recordó.

― De acuerdo ―suspiró apretando los dientes y parándose de la cama, mirando hacia un lado antes de hablar otra vez― Podemos...¿Llevarlos abajo?

Prue estuvo a punto de gritarle un "¡Relájate!", pero algo le decía que gritar no era la mejor manera de calmar a una persona histérica.

― Se van a despertar ―optó por decir― déjalos aquí y te prometo que en quince minutos subo a verlos.

Phoebe se mordió los labios con un nudo en el estómago y miró las cunas antes de salir de la habitación, siendo guiada por Prue por sus hombros y maldiciendo mentalmente por hacerle caso; sabía que tenía razón, pero de verdad no quería dejarlos solos...no lo había hecho nunca (excepto al bañarse) y le parecía terriblemente angustioso hacerlo incluso entonces.

― ¡Hola! ―saludó Sam sonriendo, agitando su mano al verla bajar.

― Hola ―murmuró Phoebe a regañadientes, sentándose junto a Paige con clara actitud de no querer estar ahí.

Sam hizo una mueca y Prue la miró con resentimiento. Piper puso play al video y mientras partían los comerciales, la mayoría comenzó a comer lo que había sobre la mesa.

― ¿Quieres? ―preguntó Paige, ofreciéndole las palomitas a Phoebe, pero ésta negó con la cabeza rápidamente.

No quería poner una sola mano sobre los dulces; no podía seguir engordadndo así, lo único que iba a comer eran las comidas del día y de manera sana, chatarra y demás cosas estaban totalmente fuera de su dieta.

Paige se encogió de hombros y le ofreció también a Piper, quien sacudió su cabeza mascullando un "no". Por alguna razón, comenzaba a sentir rechazo e irritabilidad, ya no tenía hambre, ya no sentía nada y que la "obligaran" a comer le significaba una humillación que no estaba dispuesta a seguir pasando; no tenía hambre, no quería comer eso, todo lo que había en esa mesa le generaba profundo asco ¿Era tan difícil de entender?

― Como quieran ―resolvió Paige, feliz de tener más para ella y sin ganas de discutir con el par de tercas a su lado.

Prue miró a sus dos hermanas con cara de circunstancia, pero no dijo nada; estaba preocupada por la actitud de Phoebe, por la todavía tristeza de Piper acerca de su término de relación con Leo, y además, porque Andy no llegaba.

― Phoebe, relájate ―le ordenó Sam al verla tan rígida en su posición.

― Mira, le pondré alarma al teléfono ―dijo Prue programando su celular― Así no se me pasará la hora.

― Tienes el monitor aquí, si pasa algo vas a saberlo ―siguió Paige indicando el pequeño aparato que la chica estaba estrujando.

La película empezó, y mientras Paige y Samantha miraban relajadas haciendo comentarios al aire y riéndose porque la pequeña parecía estar entreniéndose con la comedia que había dicho odiar, Prue no cabía en su nerviosismo ante el atraso injustificado de Andy.

Miró hacia ambos lados, encontrándose con que Piper parecía algo triste y pensativa. Tenía la cabeza apoyada entre sus manos, y suspiraba de vez en cuando. Sus ojos parecían perdidos en el espacio y sus labios apretados, como encargándose de evitar que se pusiera a llorar.

La primera de sus hermanas menores seguía pensando en Leo; lo único que tenía en la cabeza era dónde estaba, cómo estaba...si acaso pensaba en ella durante cada noche como ella lo hacía. Llevaba llorando cada noche sagradamente entre las cartas, los regalos, e incluso las tareas que tenían su letra. Se sentía patética, estúpida, pero parecía que su primer amor había llegado directa y profundamente al corazón sin poder haber hecho nada para evitarlo. Lo único que había logrado exitosamente, había sido destruirlo. Desgarrarlo, pisotearlo, asesinarlo poco a poco, tan lentamente que ni siquiera se había dado cuenta de lo que hacía. Ella sola. No era culpa de nadie, era mérito suyo, único y exclusivamente suyo. Es curioso, demasiado, como es que un ser humano puede alcanzar la felicidad y que ésta sea lo suficientemente fugaz para desvanecerse en menos de un solo segundo, ante sus ojos; como espuma, como lluvia. Sí, es curioso. Lo único que le quedaba entonces, era esperar. Ver cómo se desvolvían las cosas...si es que aún había algo que desenvolverse, claro. Leo se había ido. Y ella, pudiendo haberlo evitado, lo había permitido. Lo había perdido, no, no. Lo había hecho irse. No tenía derecho a quejarse. Siempre se había creído madura, y ahora era la oportunidad perfecta para probarlo. Debía apagarse a la decisión que había tomado por Leo, y demostrarle que lo amaba de verdad al respetarla. Hacerle ver cuánto lo amaba, permitiéndole ser feliz, aunque fuera a costa de su propio corazón. ¿No es extraño, retorcido? A veces la mayor prueba y muestra de amor, es dejar ir...sabiendo que la persona que más amas en el mundo lo es. Eso, eso es suficiente. Suficiente para ser feliz.

Suspiró sin darse cuenta, y miró hacia un lado, Phoebe parecía estar en su propia mente y tan histérica como nunca. Se mordía las uñas, enrollaba su cabello y juntaba y separaba sus pies, como jugando a descontar los segundos que restaban para que la alarma de Prudence sonara. Se veía cansada. Era un estropajo. Si bien era natural en ella cargar ojeras por trasnoches y fiestas, no era común verlas abajo de ojos brillantes. Sí, los ojos de Phoebe brillaban. Se veían asustados, perturbados, pero también brillantes. Sabía que a pesar de todo, estaba contenta, tranquila y estaba dando lo mejor de sí para cumplir con sus responsabilidades. Y aún así, Piper sentía que todo ese peso extra que llevaba encima, se podía ir solamente abriendo la boca y pronunciando ocho palabras "Prue, Hackett es el padre de tus sobrinos". Sabía que eso conllevaría un cataclismo. ¡Una hecatombe!, pero a la larga, seguir ocultándolo solamente lograría que esas ojeras se hicieran cada vez más profundas.

Su hermana se repetía y cuestionaba mil cosas. ¿Qué pasaba si olvidaban como respirar?, ¿Y si se despertaban sin que ella estuviera ahí arriba para saludarlos?, ¿Y si lloraban?, ¿Y si...? Era un perfecto desastre, se sentía incapaz de ser independiente de ellos y temía saber qué iba pasar al día siguiente cuando tuviera que dejarlos en la guardería mientras volvía a la escuela...se supone que los hijos dependen de los padres, y no viceversa. Se supone que es así porque los padres son poderosos, son capaces de todo, y siempre tienen la manera de hacerte sentir seguro y en calma. Pero todo indicaba que ella los necesitaba más a ellos, que al revés. Le preocupaba saber que tendría que controlarse y esforzarse más que nunca, de otro modo, la universidad estaría descartada para ella y si eso pasaba, no tendría forma de sacar adelante a sus pequeños de una manera decente; pedirle ayuda a Hackett era algo totalmente descartado, jamás en la vida, aceptaría algo de sus manos. Prefería comerse una cucharacha, cortarse los dedos de uno por uno antes que pedirle ayuda. Él era una escoria, y no tenía derecho a acercarse ni un ápice a sus hijos; una persona así no merecía tener hijos. Ella se los había dado, por imbécil, por estúpida, pero no significaba que iba a seguir permitiéndole meterse en su vida. Él no existía. No existiría jamás en al vida de sus mellizos. Nunca iba a contarles la verdad, prefería que pensaran que era una cualquiera antes de decirle al mundo lo que en realidad había pasado...porque nunca iba a aceptar o permitir, que relacionaran a un ser tan abominable con dos criaturas tan inocentes y puras como los niños en el cuarto de arriba. No; preferiría morir antes que tener que rebajarse al nivel de pedirle ayuda, y aunque no le quedara otra opción que luchar contra la corriente y el estigma social, las verdaderas víctimas del caso podrían vivir ligaremente en paz...si es que ella lograba ser al menos, un diez por ciento de la madre que merecían.

Miró a un lado, y vio que Paige y Sam se retorcían de la risa ante una escena que no alcanzó a entender, pero Piper y Prue parecían estar en las mismas condiciones que ella.

― Voy a llamarlo ―avisó Prue, casi saltando de su asiento y renunciando a sus intentos de calma― De paso voy a ver a los niños ―informó a Phoebe.

Ésta asintió, mordiéndose los labios y tratando de distraerse, sin nada de éxito. Prue marcó el número de Andrew a la velocidad de la luz, sintiéndose aliviada al escuchar el sonido del aparato fuera de la puerta.

― Llegó ―suspiró complacida dirigiéndose hasta la puerta y poniendo su mejor cara de madre regañadora― ¡Al fin!, ¿Dónde creías que...?

Su frase se vio interrumpida, lo mismo que su respiración y sus latidos. No recordaba haber visto nada más terrible que aquello, nada más angustioso ni que le oprimiera el corazón tan rápido. Se llevó una mano a la boca presa del horror, y abrió los ojos inu anamente. Frente a ella estaba Andrew, trastabillando y apenas sosteniéndose del umbral de la puerta.

Andy cayó al suelo en ese mismo instante; Prue lo miró desde arriba mientras él hacia amago de levantarse. Se sostenía el costado con gesto adolorido, parecía que le costaba respirar siquiera; su rostro desencajado con el puente de la nariz amoratado y posiblemente roto. Los labios hinchados, reventados y sangrantes, los ojos cerrados aunque parecía querer abrirlos sin éxito; las mejillas rasmilladas. Sangre fresca y reseca por el borde de su rostro hasta llegar a su ropa.

― ¡Andy! ―gritó asustada pero su voz se vio opacada por los gritos y pasos de las demás.

― ¡Dios mío!

― ¡Ohh...!

― ¿Pero qué...?

Las voces se mezclaban y todo empezó a dar vueltas en su cabeza. Se dejó caer junto al cuerpo de Andy, en donde su usual sonrisa mostraba una mueca de dolor que sostenía con fuerza a pesar de estar insconsciente.

― ¿Qué le pasó? ―sollozó Paige, agachándose junto a Prue, quien tenía la cabeza de su enamorado sobre sus piernas y los ojos llenos de lágrimas.

― No...sé...

― Hay que llevarlo al hospital, ahora ―sugirió Piper, también preocupada y con el corazón latiéndole en la garganta, ¿Quién podría haberle hecho algo así a Andy?

― Si lo tomamos entre todas, podemos subirlo al auto ―dijo Sam, reaccionando rápidamente, ignorando la angustia y la sensación de impotencia cruzando por su cabeza.

Phoebe se agachó para afirmarlo de un brazo, pero Prue la detuvo en el acto.

― Tú no, aún estás recuperándote. Ve a abrir la puerta del auto.

La chica no tuvo tiempo de rezongar y mencionar que odiaba ser tratada como inválida y se acercó a la mesita para sacar las llaves del toyota, corriendo a abrir la puerta del auto estacionado afuera. Prue, Paige, Piper y Sam se las arreglaron para cargarlo y llevarlo hasta el vehículo. Prue se metió al auto y con la ayuda de las demás, Andy terminó recostado sobre sus piernas.

― Yo conduzco ―dijo Sam, subiéndose en el asiento del piloto y prendiendo el motor.

― Estás a cargo ―le anunció Prue a Piper, sabiendo que era obvio, pero necesitaba sentirse en control en ese momento.

Las chicas las vieron partir y se miraron sin saber qué decir o qué hacer en ese momento. Estaban nerviosas, y mucho; lo que habían visto en realidad las había perturbado y removido hasta el fondo, ¿Estaba bien? ,¿Qué había pasado?...todo era confuso y había pasado demasiado rápido.

― Deberíamos llamar a sus padres ―opinó Phoebe de inmediato, caminando hasta la casa en busca del teléfono, alterada.

― No ―la detuvo Piper, a medio camino.

― Piper, si yo fuera su madre te aseguro que querría saber qué le pasó a mi hijo ―dijo apoyando sus manos en las caderas, y continuando su camino hasta el comunicador.

― Phoebe, dejémoslo en manos de Prue; es mejor que les avisen cuando ya sepan algo antes de que pasen angustia sin saber por qué.

Phoebe la miró con cara de reproche y aprovechó la distracción para subir a su cuarto y continuar con sus cosas. Estaba molesta, enojada porque Piper fuera tan insensible, pero no podía culparla...ella no entendía lo importante que se convertía un hijo en la vida de una persona, y no lo haría hasta un buen tiempo.

― ¿Seguimos viendo? ―dijo a Paige bastante ansiosa, y ésta asintió.

― Sí...mejor, matemos el tiempo hasta que sepamos algo...odio no saber qué hacer ―suspiró, dejándose caer sobre el sofá y mirando la escalera por donde su hermana menor se había ido.

En el hospital, Sam estaba sentada con las manos en su boca, nerviosa y expectante. Prue caminaba de un lado a otro esperando saber qué pasaba con su amigo―novio―amante, neurótica al no obtener respuesta de nadie.

― ¿Familia de Andy Trudeau? ―preguntó una enfermera.

― ¡Aquí! ―se anunció Prue corriendo apenas la escuchó hablar.

― Pueden pasar a verlo, está despierto ―les dijo haciéndolas que la siguieran― tiene la nariz rota, dos costillas fracturadas y varios hematomas repartidos por el cuerpo; le dieron una paliza de las buenas.

― ¿Se va a poner bien? ―preguntó Prue de inmediato, pensando en lo dolorosas que habían sido sus lesiones, y lo pésimo que deberían sentirse las de Andy al estar agravadas con todas esas demás cosas.

― Sí ―sonrió la mujer, dejándolas pasar junto a él.

― ¡Andy! ―celebró Prue apenas lo vio, absteniéndose de abrazarlo al ver a una enfermera curándole el labio.

― Hola ―masculló de mala gana, confundiendo a las dos chicas.

― ¿Duele mucho? ―preguntó Sam, con una mueca de dolor.

Andy le dirigió una mirada de odio por la desafortunada pregunta y apretó los párpados cuando sintió que ahora le estaban curando un par de cortadas en la mejilla.

― ¿Qué pasó? ―le preguntó Prue, de inmediato― ¿Cómo pudiste haber quedado así?

― Estaba a dos cuadras de la casa ―le explicó, aún con los ojos cerrados, pero sin quejarse― y alguien me seguía y, de repente eran varios tipos que me agarraron a golpes...

― ¿Te robaron? ―preguntó Sam, abriendo los ojos.

Andy negó sin moverse demasiado para no entorpercer el trabajo de la enfermera. Las chicas se miraron contrariadas, preguntándose por qué entonces, estaba en esas condiciones.

― ¿Entonces? ―insistió Sam.

Andy suspiró. Recordaba los gritos y cada golpe con bastante claridad, había resistido en consciencia hasta llegar a la mansión y seguía escuchando nítidamente el nombre de Hackett...

Se puso las manos contra la cara, intentando protegérsela de los puñetazos y patadas que estaba recibiendo. Apenas podía sentir dolor, porque no alcanzaba a racionalizar un golpe cuando le propinaban otro. No entendía qué podía haber hecho o como podía tener tanta mala suerte para eso, y por qué no se llevaban su celular al ser lo único de valor que tenía junto a quince dólares en su billetera. No se estaban esforzando en buscar nada...eso no era un simple asalto.

Grita, entre más sufras más pronto te dejaremos en paz ―le aconsejó uno de los tipos, que se dedicaba a pisotearle la caja toráxica.

Andy emitió un quejido ahora que casi no recibía oxígeno nuevo en sus pulmones, y no podía hacer más que exhalar e intentar respirar cuando le quitaban los pies de encima.

Que... ―chilló con dificultad, intentando girarse para rodar y salir de ahí.

Mal movimiento ―se burló uno de ellos, rompiéndole la costilla derecha de un solo pisotón.

El chico vio todos los colores existentes en el universo; jamás en la vida había sentido un dolor tan agudo y penetrante como ese. Pero sabía que venían golpes peores, recién estaban comenzando.

Quieren...―logró pronunciar, cuando al fin lo soltaron.

Se afirmó las costillas y sintió que lo recogieron y aplastaron contra la pared, cortándole el aliento de nuevo.

Esto te pasa, por...

Sam y Prue se miraron entre ellas ahora que el chico parecía estar mirando sin mirar, soñando despierto.

― ¿Andy? ―preguntó Sam, pasando su mano delante de sus ojos repetidas veces hasta verlo reaccionar.

Él tragó saliva, sabiendo que para Prue, escuchar lo siguiente iba a ser difícil, muy difícil...pero debía saber la verdad.

― Fue por...meterme con la chica de Hackett Harder.

― ¿Qué? ―preguntó Prue confundida, saltando de inmediato y sacudiendo la cabeza con incredulidad.

― Eso Prue, fue por meterme con "la chica" de Hackett Hader ―repitió.

― No... ―balbuceó ella, mirándolo como si estuviera loco e intentando conseguir el apoyo moral de Sam.

― ¿No lo entiendes? ―dijo ésta, con voz queda― Hackett se enteró de lo que pasa entre ustedes y lo mandó a golpear...es eso, ¿verdad? ―preguntó mirando a Andy con algo de incomodidad al respecto.

― Oye, no, espera, estan viendo demasiada televisión ―negó Prue, tajante― ¿Cómo se les ocurre una idea así? ¡Él jamás haría eso!

― Lo hizo ―dijo Andy a regañadientes, mirando a Sam con el rabillo del ojo.

― No, no, o sea, ¿Qué?, ¡Están locos!, ¿No saben todo lo que me ha ayudado?, ¡Él jamás haría algo así! ―continuó Prue, empezando a enojarse ante la gravedad de las acusaciones hechas.

― ¡Yo lo escuché!, ¡Dijeron su nombre! ―se defendió Andy, apretando los ojos de nuevo al sentir el alcohol sobre sus heridas.

― No es cierto ―negó Prue, confundida y estresada― ¡No es verdad!, ¿Cómo puedes inventar algo así?, entiendo que no te agrade pero...¿Para llegar a esto?

― ¡No estoy inventando! ―gritó Andy.

La enfermera pegó un salto al verlo reaccionar así, y algunas personas se voltearon a mirarlos a ver qué pasaba. Ambos parecían molestos, alterados y confundidos.

― Quiero creerte pero...es que, Andy...―comenzó a balbucear, empezando a darse vueltas en círculos al rededor de sus dos amigos.

― Prue ―dijo lentamente, mirando al suelo y con los puños formados― vete de aquí, por favor.

Ella se tapó la boca con ambas manos y negó con la cabeza, sintiendo como las lágrimas volvían a caer por su rostro. Abrió la cortina del box y salió de ahí, avanzando rápidamente hasta el auto. Sus manos temblaban, sus labioso también y no tenía idea qué hacer.

"Hackett, fue por meterme con la chica de Hackett".

Esa sentencia le daba vueltas por la cabeza vertiginosamente. Chocaba contra sus labios, contra su pecho. Le hería el corazón y se le enrostraba hasta colapsar sus oídos.

"La chica de Hackett".

"Hackett".

Abrió el auto y encendió el motor, conduciendo por el mismo camino por el que venía, alejandose más y más de casa. Volver significaba responder las preguntas de sus hermanas...¿Cómo iba a decirles que, según Andy, había sido Hackett?...estaba en un lío, uno verdaderamente grande. Su corazón le decía que él jamás habría hecho algo así, ¡Él no lastimaría ni siquiera a una mosca! era una persona dulce, suave, inteligente...algo hormonal, sí, era cierto...pero de ahí, ¡De ahí a mandar a golpear a Andy habían demasiados pasos de distancia! pero...¿Cómo no creerle a su mejor amigo de la infancia? Él nunca le mentiría, jamás en la vida.

Todo era enredado, y odiaba los enredos. No sabía qué decir, qué opinar o qué pensar siquiera. Tenía dudas. Tenía dudas y hacia ambos chicos por igual. Uno de los dos estaba mintiendo, pero, ¿Quién?...lo más lógico era que desconfiara de Hackett; lo conocía hace poco, no más de cinco meses, no podía comparar eso con diesciete años de conocer a Andy, pero...él le había probado que daría todo por ella y sin pedirle nada a cambio.

― ¿Cómo supo que estábamos juntos? ―se preguntó en voz alta― Prue, piensa ―insistió, tamborileando sobre el volante.

Hackett no estaba en la ciudad, de nuevo. Otra vez estaba de viaje en alguna de sus actividades del grupo de intercambio que lo había llevado a Estados Unidos, ¿Cómo podía haberlos visto? No tenía sentido...había algo en todo eso que no tenía sentido, y no podía, por más que quisiera, definir qué.

Lo único que sabía a ciencia cierta, era que su corazón estaba dividido entre lo que era más cómodo y despertar de la realidad. Preferiría quedarse en ese estado de limbo en donde podía salir con ambos al mismo tiempo sin lastimar a nadie, a tener que perder a uno de ellos. El amor era una tortura, una real y soberana locura...un mal común al que nadie había encontrado solución aún y, por el simple hecho de haberse dejado engatuzar por él, debía ser fuerte y pagar las consecuencias. No podía quedarse con ambos...tenía que elegir entre la estabilidad y seguridad que le daba Hackett, pero casi nada de amor; y entre una arriesga relación amorosa con Andy en donde podría terminar perdiéndolo para siempre si las cosas no salían bien.

Suspiró y viró a la izquierda, entrando a un camino de tierra muy conocido para ella y sus hermanas: el campamento Skylark. En ese lugar había pasado los mejores veranos de su vida hasta su cumpleaños número diesiséis, pero también el más horrible al haber perdido a su madre en su principal lago.

Apagó el motor y saltó del auto hasta afuera, guardando sus manos dentro de sus bolsillos. Se sentó en el muelle, y el recuerrdo de su madre la envolvió elevándola hasta arriba, lo más alto, para luego tirarla al suelo de un sólo golpe trizando su sonrisa.

La extrañana...la echaba de menos. Le gustaba ir ahí cuando quería pensar, o simplemente, dejar la mente en blanco. También cuando necesitaba llorar a escondidas en un vago intento de fingir que ella era el único ser humano que no lo hacía. Sabía que todos tenían consciencia de que sí lo hacía, y que en los últimos meses lo había hecho varias veces delante de sus hermanas; quizás por todas las oportunidades en que había pretendido no hacerlo. Pero ahora tenía que ser fuerte de nuevo.

Al mundo no le importa tu autoestima, a la gente no le interesan tus sentimientos...para la sociedad, tu único fin es producir. Tenía que producir: ver a dónde iba a trabajar después de terminar la escuela; la universidad estaba completamente descartada, y la cuentas cada vez eran más caras. Encargarse de que Phoebe pudiera terminar su educación. Preocuparse de que Víctor no volviera a lastimarla ni a ella ni a Piper. Intentar guiar a Paige por los locos años de la adolescencia sin tener que lamentar nada en un futuro.

Escondió su rostro entre sus rodillas, permitiéndose desahogar lo necesario como para volver a casa y no quebrarse. Había mucho, mucho que hacer. Y debía hacerlo con una sonrisa y la frente en alto porque, porque Prudence Halliwell no lloraba...no en público.

No más.


Ya :B eso era, gracias jejeje. Se agradecen los reviews que dejaron la otra vez! Claro que si Vale (bellaherms22) no los obliga, no pasa nada! feo el gesto! (broma). Uds saben que son libres de hacer lo que quieran jajaja, pero no está demás decirles que se me ilumina la cara y la semana me parece perfecta cada vez que me dejan un comentario (sin presiones, eh).

Respuesta(s) de review(s):

ViryUchiha: Si Dyego se entera de que encuentras que Hackett es sexy, te mata. Eso. Jajaja, gracias por todo :B

Dyego Halliwell: Jaja, bueno ¡Ahora viste lo que hizo Hackett!, ¿Qué tal, ah?...Jajaja, sobre Phoebe y David...todavía no sé qué planes a futuro hay para ellos.

Sweet Candii: ¡Hola usted! Se le echaba de menos por estos lados de la ciberlandia :B bueno, sobre tu pregunta...creo que te dejé la respuesta D: hahaha, pobre Piper, le pasa de todo. Deberían amarrar mi imaginación rápido para que este pobre fic termine y las chicas dejen de sufrir D: (Y amarrar la de mis colaboradoras también, que se hacen las inocentes, pero no lo son). Muchísimas gracias por el comentario, siempre es refrescante saber que hay gente leyendo y que les gusta como andan las cosas! (Aunque si no les gustara, igual quisiera saberlo jejeje, se aceptan todo tipo de críticas).