Los demás se han ido. Ella está sentada en la misma silla, sin hablar, con la mirada ausente. No veo el menor rastro de lágrimas en su cara ni tampoco parece que vaya a hacerlo. No sé que se le está pasando por la mente, ni por su corazón. Me arrodilló en el suelo, a su lado, coloco mis manos en sus piernas, cojo las suyas, pero no responde al gesto, es como si ella no estuviera allí. La llamo con suavidad. –Kate… -Mueve un poco la cabeza, me mira, sus ojos se encuentran con los míos durante unos segundos, echa la silla hacia atrás y se levanta, va en dirección a su dormitorio. Decido seguirla, pero ella se apoya en el marco de la puerta y niega con la cabeza. –Por favor, hoy no. –Intento hablar, decirle que estoy aquí, que se desahogue conmigo si quiere, que lo que le han dicho de su madre no cambia nada, que el amor de una madre por una hija no lo borra nadie, pero las palabras no salen de mi boca, ella no me deja, coloca dos dedos en mis labios, niega con la cabeza, intenta sonreír. –Estoy muy cansada Rick, por favor, hoy no. –Repite. Asiento con la cabeza sin saber qué hacer, no sé si quedarme en el sofá y esperar a que ella me necesite, quizás debería ignorarla y abrazarla, así se relajaría y lo soltaría todo, o puede que simplemente deba dejarla sola durante un rato y nada más. Una vez más es ella la que me da la respuesta. –Alexis te echará mucho de menos, deberías ir a verla. –Una nueva débil y forzada sonrisa. Suspiro y asiento, me acerco a ella y la beso suavemente en los labios, durante unos segundos. –Te quiero. –Me contesta con un "yo también" apenas audible. Siento como se aferra a mí durante unos segundos, no quiere que me vaya, por mucho que disimule. La sostengo con ternura, abrazándola contra mi pecho en silencio. Nos quedamos así durante incontable minutos, hasta que se separa de nuevo, se da la vuelta para entrar en el dormitorio. –Ve a ver a Alexis, Rick, yo estoy bien, de verdad. –Miente, pero será mejor que le haga caso. La abrazo por la cintura y la beso en el pelo, apoyando luego mi barbilla en su cabeza. –Vendré a verte esta noche, llámame si necesitas algo. –Asiente en silencio. –Y Kate… por favor, no salgas de casa, por favor. –Se gira lentamente y me mira a los ojos, parece enfadada, pero su rostro se suaviza y asiente. –Solo necesito estar sola, Rick, tranquilo. Te llamaré luego. –Asiento de nuevo y le doy un último beso, marchándome.

Oigo cerrarse la puerta y me doy cuenta de que estoy sola. Cojo la foto de la pista de patinaje, esa en la que salgo con mi madre, con una sonrisa en los rostros. La miro y me tumbo en la cama, llorando, aprieto con fuerza la foto, arrugándola. Me bebo mi propio llanto y hablo con la foto, como si pudiera contestarme y darme una respuesta que sé que nunca tendré, nunca. -¿Cómo pudiste hacernos esto?