Había llegado sin avisar, él seguramente dormía, y ella ya se iba a empezar a castigar por haber tenido el atrevimiento de despertarlo un domingo por la mañana. Pero entonces, Tsuruga Ren le abrió la puerta y ella vio sus somnolientos ojos verdes, sin disfrazar.
Su Corn, eran los ojos de Corn. Y tristemente, todas las piezas encajaron en su lugar.
Su príncipe de las hadas no existía.
Corn nunca existió…
Ella no vio su confusión ni la sorpresa. No vio siquiera el pánico en los verdes ojos.
Kyoko solo vio al hombre que había fingido ser su amigo, su senpai, vio el hombre al que amaba burlarse de ella, engañarla. Besarla… Besarla con mentiras. Con historias para niños… Tsuruga Ren era falso, un mentiroso, un hipócrita. No era el hombre que ella creía que era. Lo vio aprovechándose de su inocencia, de su ingenuidad, de su estupidez…
Se había estado riendo de ella todo el tiempo.
Kyoko huyó, con el corazón roto, ignorando su voz llamándola.
Y luego el mundo se tornó negro.
