No había regresado la mirada en ningún instante, ya bastante insoportable era escuchar la voz de Miracle. Era la única que seguía con su estúpido discurso de ser un equipo, confiar en nosotros, compartir toda información posible, blah blah blah. E incluso cuando estaba de acuerdo con ella, no me sentía con ganas de ser entrevistado. Apenas hablaba, me interrumpía a mí mismo y olvidaba en qué había pensado. Y, si acaso respondía algo, difícilmente recordaba cuál era la pregunta. Estúpida Miracle.
Ah, sí, Sonic… tampoco pensaba mucho en él. Estaba más callado que un muerto, un muerto que permanece en el más allá, claro… entonces olvidaba que se encontraba ahí, incluso cuando seguía arrastrándolo del brazo. Se había resignado. Estúpido Sonic.
Rodeados de árboles, subiendo colinas, bajando colinas, adentrándonos en el bosque pancromático, apenas comenzaba a salir el sol, camino a la casa de Sonic, clásico, clásico. Mi mente se encontraba en Downhood, en esa casa abandonada con ese molesto candelabro que apenas alumbraba el sitio, sentados en una mesa redonda, frente a frente. Estúpida Rouge.
- Shady, Shady… ¿Te puedo llamar Shady?
- No.
- ¡Ves! ¡Justo así! – Rio, jovial. – Siempre eres tan serio, ¿ni porque estás en una cita con una dama puedes dejar a un lado tu amargura?
- Creí que ya habíamos dejado en claro eso de tú y de ser una dama… Y esto no es una cita.
- Relájate, Shadow. – Dijo tomando un trago de su copa, inclinándose contra el respaldo de su silla y disfrutando, sin dejar de sonreír. - ¿Sabes? Por más que disfrute del jugo de frutas, a veces desearía que tuviéramos vino de verdad. Has tomado alguna vez, ¿no? Es una delicia.
- Deja de cambiarme el tema, Rouge.
- ¿Cuál es la prisa, Shadow? ¿Acaso tienes otra cita con alguien más?
- Si digo que sí, ¿me dirías lo que quiero escuchar?
- Uy, sí, porque eres tan deseado entre las chicas. – Rio, burlona. – Como sea. Si tienes prisa, lo entiendo. – Pero esa mujer no lo hacía. Volvió a dar un gran trago con toda la calma del mundo, esta vez vaciando su copa. - Digo, no es como que realmente esperara que fueras un caballero. Al menos eres muy gracioso. – Añadió alzando las cejas, enseñando sus dientes al sonreir.
- No caeré en tus juegos, Rouge. – Respondí apoyándome de igual manera contra el respaldo de mi silla, ojos cerrados y brazos cruzados. - ¿Qué me decías sobre Hamadi? ¿Qué sabes tú de él?
- Shadow… Shadow… Shadow…
Empezaba a desesperarme. Repetían mi nombre una y otra vez, un segundo para cada repetición. Me puse tenso, alzando mis hombros y frunciendo el ceño. Había prometido, todavía más que antes, tranquilizarme. Pero se esforzaban en hacerme enojar.
- Shadow… ¡Shadow!
Salí de mis pensamientos bruscamente, confundido. Se había sentido tan real. Miracle me había gritado. Aturdido, voltee a verla, sin detener el paso.
- ¡Qué!
- Me alegra que tu cita haya sido todo un éxito y eso, pero tienes que concentrarte. – Dijo, acelerada. - ¿Qué te dijo? ¿Qué sabe sobre el tal Hamadi?
- Cállate, lo creas o no, trato de recordar. Me cortas la inspiración. – Y era cierto. Aunque recordaba cada enunciado, cada palabra, quería acomodarlo todo antes de dar información errónea. O decir algo que prometí guardar como secreto.
Recordaba ese absurdo intento de una cena romántica en esa gran y podrida habitación, recordaba cada detalle de su vestimenta, hasta recordaba lo ridículo que fue que pusiera a uno de sus chicos a tocar un viejo y desentonado contrabajo… Y, sobre todo, recordaba su manera, siempre tan enigmática y sugestiva, de decir las cosas.
- Shadow, dime algo; ¿tú le temes a la muerte?
- No.
- Vaya, qué frio. No serás uno de esos chicos que piensan en la muerte como una solución a la vida, ¿verdad?
- No, Rouge, simplemente me da igual.
- Pues qué mal, Shadow, pienso que es un tema en verdad interesante. – Dijo sirviéndose más jugo. – Pero no te creo ni una sola palabra porque, ¿sabes? yo todavía recuerdo con claridad lo último que me dijiste cuando tan misteriosamente te fuiste la primer vez que nos conocimos, sobre todo esa mirada tan ausente y resignada con la que me lo decías… ¿Gustas? – Añadió acercándome su botella, interrumpiéndome. - ¿Qué secreto trataban de ocultar tus palabras, Shadow? - No me gustaba que me retaran, pero, cuando ella lo hacía, más bien me ponía nervioso. No me molestaba tanto como quería que lo hiciera.
- Asumiendo que, sí, me diera miedo morir, ¿qué relevancia podría tener eso? – Cuestioné levantándome, inclinándome al frente, mis manos contra la mesa, tratando de borrar mi error. Aquél día, me había dejado impulsar por la frustración de mi situación. Incluso ahora recordando lo que ese científico aficionado me hizo... Dejé fluir el recuerdo.
- ¿Por qué me dijiste eso aquella vez?
- Hmm, ya entiendo. – Dije tomando asiento, inclinándome en el respaldo de mi silla una vez más, empujándome con la mesa, con una sonrisa divertida. – No dirás nada hasta que yo no te diga nada. ¿Es eso?
- No, no diré nada cierto hasta que tú no dejes de hablar con mentiras. – Respondió levantándose de su lugar, moviéndose lentamente de un lado a otro. – Shadow, Shadow… ¿Cuál es el secreto detrás de toda esa fuerza? ¿Qué tienes tú que no tenemos los demás? Qué cosas me ocultas, Shadow… - Dijo al aire libre, regresándome a ver de reojo al final, astuta, sonriendo. Luego, se acercó a mí. – Escuchaba tantas leyendas de aquel temible erizo, aquel al que llamaban Shadow, aquel que podía paralizarte con sólo una mirada. – Se apoyó con ambas manos contra la mesa, acercando su rostro, su cuerpo, de una manera muy atrevida. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo, pero ella lo disfrutaba. Se dejó caer de espalda contra la mesa, todavía más cerca. – Sí, definitivamente me encanta esa mirada… - Añadió, levantándose, colocando su dedo debajo de mi mentón.-… Pero esos ojos no son normales.
- Lo creas o no, mis ojos son de este color de nacimiento. – Respondí alzando una ceja, desinteresado, ofendido por la conclusión a la que creía que quería llegar.
- Y eso me encanta todavía más. – De súbito, tomó del cuello de mi chamarra y jaló con fuerza, obligándome a quedar frente a ella, nariz con nariz. No podía ver nada más que no fuera su rostro. – Los ojos no brillan de esa manera.
- Ah, ¿sí? Porque… - La tomé de su mano, haciendo que me soltara. Ahora fui yo quien se acercó a ella, frente a frente, retador, hartándome. –… tus ojos ganan un cierto brillo cuando crees que estás siendo astuta, pero yo más bien diría que estás loca si crees en lo que creo que estás creyendo. Yo no soy uno de esos estúpidos fantasmas.
Soltó una pequeña carcajada, divertida.
- Pues yo no creo eso, sería absurdo. – Perdió su semblante de inocencia y volvió a encubrirse con su máscara seductora. – No, Shadow, yo lo que creo es que tú tienes a uno de esos "estúpidos fantasmas" dentro de tu cuerpo.
- Basta de juegos, Rouge.
- Shadow, ¿no era eso lo que querías? ¿Información? Ahí la tienes. ¿Nunca has visto películas de terror?
- Necesito información, no que me cuentes cómo iba la película que viste ayer. Tú en serio tienes que aprender a distinguir entre la fantasía y la realidad. – Fue mi respuesta, cruzándome de brazos, aunque tenía que admitir que no estaba del todo escéptico. Sin tan sólo esa mujer no estuviera chiflada.
- Oh, Shady, los fantasmas pueden poseer a la gente. Sí, sí, es tan real como pie gigante y la rebelión de las máquinas.
- … No…. no eres muy buena convenciendo a la gente, ¿verdad?
- Más bien, me aburre tomarme las cosas tan en serio.
- Pues quiero que seas seria ahora mismo. – Exigí, con mi paciencia colmada, inclinándome al frente. – Explícate ahora mismo o esto termina aquí.
- ¿Tan pronto? Ni siquiera han pasado veinte minutos, ¿acaso soy yo la aburrida? … ¡Oh! No me digas que esas cosas te gustan. Bien, lo intentaré, me pondré seria. – Dijo aclarando su garganta, como quien se prepara para actuar. Se acercó a mi oído, deteniéndome de los brazos. – Tú, Shadow, compartes tu cuerpo con otro ser.
Y, tras una pequeña risa, un escalofrío recorrió mi cuerpo cuando sentí sus labios contra mi oído. Retrocedí de golpe, con una mano contra mi oreja.
- Te estás tomando mucha confianza.
- Debemos confiar el uno en el otro, bobo. Además, estamos en una cita, ¿no?
- Pues estás yendo demasiado rápido. – Protesté, sin pensar más en contenerme. Me estaba molestando en serio.
- Oh, Shadow, ¿qué no sabes que las cosas van y vienen en un abrir y cerrar de ojos? – Respondió guiñándome un ojo. – Si quieres algo, tienes que luchar por ello.
No supe cómo responder a eso, únicamente agaché la mirada y bajé mi mano. Estaba avergonzado, honestamente no recordaba porqué… bueno, no, simplemente no quería recordar lo que me había puesto de esa manera.
Notando mi ausencia, regresó al tema, milagrosamente.
- ¿Sabes? Pensé que ya lo sabías.
- No lo sabía.
- ¿Entonces qué querían decir tus palabras? – Preguntó dándose cuenta de que se había equivocado, conteniendo ese lado que sabía que no podía aceptar estar errando. - ¿Qué más te puede tener como un muerto viviente entonces?
- Todavía no te creo… - Voltee a verla, ignorando sus preguntas. – Y, si fuera cierto, ¿por qué me lo estás diciendo?
- Porque es tu cuerpo, tontito, tienes derecho a saberlo. – Con una alegre sonrisa, volvió a su lugar. – Supongo entonces que tampoco tienes idea de cómo ni cuándo sucedió, mucho menos de quién se podría tratar…
- Rouge... – Pronuncié su nombre en voz baja, agachando la mirada. Desconfiaba todavía más. Nunca podría decírselo a alguien como ella. - ¿Por qué sabes todo esto?
Pero, como era de esperarse, ella respondió con su típica risa divertida, devolviéndome esa sonrisa que tanta mala espina me daba.
De todas maneras, no sabía porque quería decírselo.
- Miracle... - Dije deteniéndome, volviendo a la realidad por unos breves instantes, regresando a verla. – Dime quién, cómo y cuándo entró a tu cuerpo…
La verdad es que ignoré mucho de lo que dijo, saber si era viejo o joven poca diferencia hacía; mi mente seguía en su revoltijo.
- Se dice que, si llegas a enfrentarte a Shadow, tus oportunidades de ganar son nulas.
- Se dice bien.
- Pero, si así fuera, sabrías en qué momento entraron en tu cuerpo. No es un proceso que puedas ignorar, ¿sabes? – Me guiñó el ojo, irónica. - ¿O fue mientras dormías? No lo creo.
- Pues… - Apenas pude dar un trago a mi copa, la bajé, mi mano temblorosa, me llenaba de rabia de tan sólo suponerlo, de recordarlo. – Lo que dices podría tener sentido…
- ¿Ves? Ya hiciste memoria. – Sonrió con una molesta inocencia. - ¿Te gustaría compartirlo?
Pensaba en aquella noche, Downhood, habían pasado ya unos meses, pero el recuerdo rondaba por mi mente como si hubiera pasado apenas unas horas atrás, ese estúpido evento que condenó mi destino. La primera vez que perdí una pelea… claro, Eggman no gastaría ni sus herramientas ni su tiempo en cualquiera, y yo sabía que él no mentía cuando decía que, en efecto, había sido atacado por uno de esos estúpidos espíritus. Todavía recuerdo lo sobrenatural que me pareció todo. Eso sí, claro, ¿por qué no ocultar los detalles más relevantes? El más importante de todos; ¿Qué ganaba, en verdad, salvándome la vida? Porque información no era. Ese demente lo sabe todo desde antes de conocernos.
Me dejé caer contra mi asiento, una mano contra mi frente, sintiéndome tan imbécil. Eggman debió saberlo, claro que no me lo iba a decir.
- ¡Rouge! – Después de un largo instante de silencio, exclamé de súbito, levantándome, golpeando la mesa con ambos puños. - ¿Qué pueden hacer esos espíritus dentro de un cuerpo ajeno?
- Yo no lo sé todo… supongo que varias cosas. Aunque no creo que deberías preocuparte puesto a que no es tan sencillo, en especial con alguien como tú, con tu carácter tan fuerte y tanta determinación… pero podrían llegar a conocerte; pensamientos, emociones, recuerdos… serías un libro abierto para ellos. Pero, sobre todo, deberías cuidar muy bien de tu cuerpo. No querrás que te manipulen, ¿cierto?
- Ja, yo nunca me dejaría manipular por un maldito fantasma.
Rouge me dejó pensativo, eso explicaría mis repentinos arrebatos, tanto emocionales como en mi manera de pensar, pero yo nunca habría sospechado que fuese por una razón tan absurda. Pensaba que, sea quien sea que estuviese dentro de mi cuerpo, jamás podría controlarme. Tengo que admitir que, ahora que lo sé, ya no me sentía del todo seguro.
- Cuidado, Shadow, ¿no ves que la mejor forma de evitarlo es yendo en su contra? No te enfurezcas porque, por lo que veo, el espíritu que llevas dentro no es del bando bueno, lo que significa que se alimentaría fácilmente de tu ira.
- ¿Así está mejor? – Respondí con una gran sonrisa fingida. Mis mejillas me dolían, pero si tenía que contenerme… Maldita sea, era imposible.
- Ja ja, buen intento, pero no lo estás logrando. – Dijo en un tono cantado, burlón, como si no se tratara de algo serio.
- Bien, entonces si no quieres verme enojo, dime, Rouge… - Volví a pegar la mesa, alzando más la voz. No podía controlarme.
Pude ver un su rostro gran alarma por unos instantes. Sentía un flujo de energía fuera de lo común recorrer mi cuerpo, y no lo detendría a menos de que ella hablara con seriedad. Sin embargo, al poco tiempo, volvió a recuperar su optimismo, su burla.
- ¿Por qué sabes todo esto?
- Fácil, Shadow. – Rio. - Porque, querido, yo ya compartí mi cuerpo con uno de ellos.
Preferí guardarle detalles a Sonic y a Miracle, y ese había sido uno de ellos.
- Así que sí, Shadow, no es imposible. Ya verás que eventualmente encontrarás la manera de sacar a ese molesto inquilino.
- ¿Cómo lograste que se fuera? – Pregunté de pie, dándole la espalda, preparándome para marcharme si volvía a decir estupideces. Ya no podía perder más tiempo.
- ¿Qué te digo? Pasó de ser una rata a ser una ratita. – Regresé a verla de reojo, alzando la mirada. Aunque su forma tan infantil de decir las cosas siempre me resultaba repugnante, también sabía cómo llamar mi atención. - Su furia y enojo no estaban del todo justificados, sólo tuve que… imponerle mi ayuda… - Me sonrió, todavía más misteriosa, astuta.
- ¿Podrías ser más clara?
- ¿Sabes? – Me interrumpió, guiñándome una vez más el ojo. Le encantaba hacerlo. – Ellos no son los únicos que pueden leer mentes y sentir emociones ajenas.
- ¿En qué pensaba aquella chica?
- Ah, ¡sí! ¡Hamadi! – Rio a carcajadas con honesta gracia. – ¡Se me había olvidado que todo esto salía por ese sujeto! Escucha; Ella no era más que una ciudadana común y corriente, vivía siempre con miedo de las decisiones de sus gobernantes, las grandes y absurdas peleas por el poder que se daban dentro de la supuesta metrópoli. Ella quería formar parte de una revolución, ¿pero sabes? A veces no basta querer un cambio para que suceda, y sus acciones no eran más absurdas que las de ellos. Terminó en las calles robando y secuestrando para sobrevivir, pero no la culpemos, vivía en gran miseria y tenía que cuidar de su familia y esas cosas tan lindas de la vida… hasta que un día se unió a la lista de víctimas del señor teniente. ¿Sabías que, aunque tuviera a tantos seguidores, él realizó la mayoría de sus ejecuciones? Sí, gracias a esa chica rata sé todo sobre Hamadi.
- ¡Y qué es todo sobre Hamadi! – Grité, sin siquiera intentar tranquilizarme. Me sentía completamente rojo, pero era como si a ella eso le divirtiera. Más bien, como si lo hiciera a propósito. Me acerqué a la mesa, golpeándolo una vez más. Poco bastaba para que la rompiera.
- No puedes ser tan tonto, tú ya sabes quién era Hamadi, y un poco más. Ahora sabes más de lo que crees gracias a mí, Shadow. Lecciones de la vida. – Asintió con la cabeza, alegre. - Además, ¿por qué nos interesamos en ese halcón grandulón? Bueno, nada más allá de que está sediento de poder. Lo estuvo, y lo está.
- Así que no tiene una meta fija y sólo mata gente por matar, como todos los demás…
- De cierto modo, eso es correcto. – Respondió cerrando los ojos, como si no fuera muy importante. - ¿Sabes qué es lo peor de morir joven? No poder ver tus sueños hechos realidad.
- ¿De qué hablas? Si su único sueño era ver a la vieja Downhood ser una potencia. O, bueno, con su método de puño de hierro, una tiranía… eso si algo de Downhood hubiera sobrevivido, ¿no quedó todo hecho escombros?
- Sí, pero él murió joven, no vivió para verlo, así que no lo sabe. Muy inocente de su parte, ¿no? – Añadió, juguetona.
- Yo diría imbécil. – Respondí, exhalando con paciencia. - ¿Y por qué ahora? ¿Por qué volvió a esta época… cómo volvió? – Y aunque me daba una idea por el egocentrismo de Eggman, quería comparar ambas versiones.
- Eso es lo que no me puedo figurar, pero si quieres una hipótesis, ahí te va… ¿Qué es peor que no saber qué hay después de la muerte?
- No lo sé…
- Yo diría que es saber qué hay después de la muerte. ¿Existirá el infierno o qué habrá visto esa pobre alma trastornada para tomar la primera oportunidad que tuvo para salir de ahí? Digo, ¿no se supone que la eterna paz es lo mejor que puede pasarle a las almas?
- Supongo que es plausible…
- Lo sé, no es mucho. – Dijo soltando un suspiro. – Lo siento, Shadow, si te dijera más, estaría inventando cosa. Sólo pienso que, la época en la que estamos, no tiene mayor relevancia.
Nuestras conclusiones coincidían. Pero dudaba de que sólo se tratara de mala suerte. Debió de haber recibido alguna clase de ayuda desde este mundo.
- Oye… - Me atreví a preguntar antes de cerrar el tema, insatisfecho por la poca información, pero agradecido porque no me ocultaba ya nada. - … sólo para ser precavidos… ¿sabes cómo luce Hamadi?
- Pálido, ojos rojos, muchas joyas y ornamentos…
- Rouge…
- Sólo bromeaba, relájate. La verdad es que no sé mucho, yo nunca lo he visto, aunque algunos de mis chicos reportan haberlo visto en Downhood meses atrás, más o menos en las fechas en las que me reportaron que tú habías desaparecido de la ciudad. Dudo mucho que lo hayas visto, ¿cierto? – Y, regalándome una breve sonrisa, siguió diciendo al aire libre, pensando. - Se dice que era el único en su especie… literalmente, era el único halcón en todo su pueblo, ciudad, lo que sea… Eso, grande y musculoso, ojos rasgados… Qué más… ¿Sádico? Vuelvo a ser redundante…
- Entiendo, entiendo… - Dije agarrando el mantel con mis manos, apretando, con la mirada molesta, temiendo lo peor. – Rouge… ¿te puedo pedir un favor?
- Claro, Shadow.
- … Si alguna vez el fantasma que traigo dentro de mí trata de utilizarme... – Metí la mano dentro de mi chamarra, encontrando y agarrando aquel tenebroso aparato. Solté un suspiro y, cambiando de opinión, volví a guardarlo antes de siquiera enseñárselo. –… sólo… no dudes en matarme…
- Qué promesa tan fuerte, Shadow. – Respondió con seriedad, con los ojos entrecerrados, pensando. – Aunque me siento alagada, no te puedo prometer algo así, sería un desperdicio de cuerpo… - Añadió tomándose el mentón, observándome con detenimiento, sonriendo. –Tal vez él sea fuerte, pero sé que tú lo eres más. – Comprendía mi situación, ella también lo suponía. Rio. – Tal vez él sea nuestro enemigo, pero tú eres mi aliado.
Retrocedí, soltando un suspiro y, serio, no hice más que asentir. Lo era. Era extraño, pero comenzaba a sentir, sabía, que podía contar con alguien más.
- Gracias por esta cita, Shadow. Dudo que pienses lo mismo, pero yo lo disfruté muchísimo.
- ¿Ah, sí? – Pregunté, curioso, sonriendo, irónico. – Creí que tenías planes más macabros para mí.
- ¿Me besarías? – Preguntó curiosa, colocando sus codos contra la mesa y deteniendo su cabeza con sus manos, coqueta, mandándome un beso.
- Yo paso, pero gracias por la linda oferta, supongo.
- ¿Ves? Sabía que eso pasaría, ¿por qué perder el tiempo? – Respondió recostándose contra el respaldo de su silla, igualmente divertida. – Además, te admiro, no hay que jugar con esas cosas.
- Pero tú lo haces siempre…
- Sólo contigo, chiquito. – Abrió un ojo, mirándome con el mismo semblante de siempre. – Lo creas o no, cuando alguien en verdad te gusta mucho, pasen como pasen las cosas, lo disfrutas mucho. – Dijo volviendo a apoyarse en la mesa, seductora, a su vez retadora. – Pero eso tú ya lo sabes, ¿verdad?
- Gracias, loca. – Respondí, con una honesta sonrisa, dándole la espalda y poniéndome en marcha.
Odiaba admitirlo, pero Rouge, incluso actuando tan infantil como era usual, en vez de estresarme, me ayudó a despejar mi mente. Era como si todo lo que hablamos nunca se hubiera dicho, y sin embargo, no quedaba nada más por ocultar. Odiaba no sentir desconfianza, es estar descuidado, vulnerable. Aún, por alguna razón, me seguía molestando la idea de no habérselo dicho.
– Nos volveremos a ver.
- Oh, sí que cuento con eso, Shady. Pero oye, olvidé decírtelo. – Regresé a mirarla por última vez, curioso. – La razón por la que él aún no se manifiesta en tu cuerpo es porque aún no le conviene, no le conviene arriesgarse a que tú también llegues a conocerlo. – Alcé la mirada, con duda, a lo cual ella sonrió con astucia. – Lamento haberte hecho enfadar.
Correspondí la sonrisa y, antes de finalmente irme, dijo una última cosa:
- Y, Shadow, será mejor que se lo digas pronto porque, si vuelvo a verte y sigues siendo soltero, serás mío.
Me detuve un rato. Con desinterés, lancé a Sonic y, con mi mano disponible, saqué mi amuleto de la chamarra, mirándolo, curioso, confundido.
- ¿Qué es eso, Shadow? – Preguntó Miracle.
¿Cómo podía existir gente así? ¿Cómo podía haber gente como ella? Y, sin embargo, sabía que Rouge era tan distinta a todo el mundo. ¿Con qué fin me lo había devuelto? Me lo regresó apenas comenzando nuestra cita. Cerré los ojos, cerrando mi mano en puño con el amuleto dentro, acercándolo contra mi pecho y soltando un suspiro. Más me preguntaba por qué me había quedado después de eso, si era lo único que me importaba. Empezaba a confiar en alguien más.
Tal vez debí haberle dicho lo de mi corazón artificial.
Sonreí, dándome cuenta de que la locura era contagiosa. Eso, o las hormonas. Había caído en los juegos de Rouge. No, había descubierto lo que ocultaba detrás de su máscara. En realidad, más conflicto me causaba que ella fuese quien se descubrió ante mí. Me enfermaba que ella también fuera parte de ese grupo de gente que hace cosas estúpidas para amortiguar la dura realidad, tratando de sacar una sonrisa a toda costa. Pero, lo que más odiaba, es que funcionara.
- Esto, Miracle… - Dije alzándolo frente a mis ojos, dándome media vuelta y dejándoselo ver. - … es el eterno recuerdo de mi madre.
Abrió por completo sus cansados ojos y cubrió su boca con ambas manos. Estaba increíblemente sorprendida, conmovida, estupefacta.
- Tú preguntaste, ¿no? – Le guiñé un ojo, guardándolo una vez más dentro mi chamarra. Quien estaba en verdad incrédulo, era yo al haberme expuesto de esa manera ante ambos. Sonic también me miraba con desconcierto, pero, al final, me regaló una amable sonrisa. Después de tanto tiempo.
Y, así, aunque todavía guardábamos nuestros secretos, poco a poco íbamos compartiendo información. Y aunque les oculté cosas como que esa chica rata en realidad estuvo dentro del cuerpo de Rouge, que lo que Eggman buscaba era explotar al espíritu que llevaba dentro y que yo no estaba del todo en control de mi otra parte, no significaba que se los ocultara por desconfianza. Quizá sólo no era ni el momento ni el lugar
. Miracle tenía razón, no podíamos seguir distanciándonos. Teníamos que permanecer juntos.
Estúpida Miracle.
- ¡Shadow! ¡Abre esa puerta! – Golpeaba una y otra vez, cada vez con más fuerza, chillona.
- ¡Ve a jugar con las mariposas, Miracle! ¡Hay muchas en el patio y, si tienes suerte, también verás ardillas!
- ¡Shadow!
Reí, con ambas manos contra mi cintura, viendo la puerta. La movía. Como prometí ya no ocultarlo todo, podía al fin disfrutar del gran placer que era hacer sufrir a Miracle.
- ¿No estás siendo un poco cruel con ella? – Preguntó, sentado en la silla de su escritorio, haciéndome regresar a ver. Apenas había regresado a ver con calma la habitación. Se sentía extraño volver a aquí pues, aunque seguía completamente igual, la situación era completamente distinta. Ahora Sonic era mi prisionero.
- ¿Recuerdas cuando dije que teníamos que hablar? – Dije al llegar hasta él, bruscamente tomándolo del cuello de su chamarra.
- Shadow… Lo recuerdo… - Respondió con un quejido, tratando de soltarse y de pisar suelo, forcejeando.
- Entonces eso haremos. – Dije lanzándolo contra la cama, la otra mano contra mi frente, agitado, tratando de contenerme. – ¡Ya no más secretos! ¿Me oyes?
