Nota de Autora: Después de un largo tiempo, finalmente traigo la continuación. Me disculpo enormemente por el largo retraso. Éste último mes ha sido muy pesado para mí. El trabajo no tiene piedad sobre mí, y he terminado demasiado cansada casi todos los días. Los fines de semana los tengo que ocupar para hacer los deberes de mi hogar (una desventaja más de ser soltera -_- ... En serio que ya me voy a casar con alguien), y todo ello me roba bastante tiempo.

En fin. ¡Que disfruten la lectura!

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Capítulo XXXVIII: Con éste anillo... Te suplico que seas mía...

Sakura estaba recostada en aquella cómoda cama, sobre el pecho de su amado Sasuke-kun. Tras haber hecho el amor por el resto de la noche, Sakura y Sasuke quedaron rendidos en un pequeño pero cómodo cuarto en aquel templo desahuciado, o al menos Sakura se quedó sin energías, tras hacer el amor por horas con su amado, y Sasuke decidió acompañar a su Cerezo al mundo de los sueños. Sin embargo, ahora Sakura fue la primera en despertarse temprano, y en separarse del cuerpo de Sasuke, pese a que aquella fue la parte que más le costó trabajo, dado que le encantaba estar abrazada a su amado.

La ninfa se sentó en aquella cama, y observó de reojo al moreno con un rostro de depresión. ¿Cuál era la razón de su angustia? No. Sasuke no era el responsable. Por el contrario. Sasuke era su soporte, su razón de vivir. Sasuke es el hombre que la ha apoyado más que ninguna otra persona. Sasuke es aquel que arriesgó su vida entera por ella, y el que estaba luchando a su lado, en un conflicto que no era de él. Sasuke, a resumidas cuentas, es la persona que más ama en éste mundo. No había un modo de poder agradecerle al moreno, si no es haciéndole feliz. Aún si ella se sentía indigna del príncipe de los Uchiha, Sakura se sentía feliz de tener como amado a aquel pequeño pelinegro de su niñez, ahora todo un hombre.

No. El motivo por el que Sakura está con aquel aura tan decaída, y su temple de ansiedad, es por una sola persona: Kaguya Otsutsuki, su madre. Apenas había pasado un día desde que tuvo el enfrentamiento con la tirana reina de Wintersun, y la ninfa sentía que había fallado. Tal vez liberaron a Spira entero de las garras de la nación de Nubrum, y del reino de Wintersun. Sin embargo, Sakura había fallado en su principal misión: El liberar a su madre.

Sakura había fallado en traer de vuelta a su madre. Sakura había fallado en repeler al demonio llamado Kaguya Otsutsuki. Sakura había fallado en traer de vuelta a la legítima reina de Iridia. Sakura había fallado en arrebatar de las manos de la oscuridad y la iniquidad a Kaguya Senju. Sakura había fallado en salvar a su madre. La batalla había sido ganada, pero la misión, o por lo menos para Sakura, había sido un rotundo fracaso. Kaguya Otsutsuki solamente estaba herida, pero su espíritu y su mente estaban más que determinados a conquistar el Universo.

Sakura, aún con aquellos pensamientos en su mente, decidió incorporarse de aquella cama, no sin antes darle un tierno beso en los labios a su amado Sasuke-kun, el hombre que tanto ama. La ninfa se dirigió a una pequeña cocina dentro de aquel templo, la cual, curiosamente, estaba en condiciones operacionales. Había algunos deterioros, sí, pero estaba aún en óptimas condiciones para poder preparar algo de alimentos. La ninfa decidió preparar algo de té, con unas maravillosas hierbas que halló el día de anoche, antes de dormir, o mejor dicho antes de continuar haciendo el amor con su dulce príncipe. Sakura hirvió algo de agua con una pequeña tetera que encontró en la alacena, y se dedicó a preparar una desayuno de vegetales. Sabía que Sasuke eventualmente despertaría, y buscaría alimento.

La ninfa se sentó en una pequeña mesa, un tanto deteriorada, pero aún funcional, y esperó a que aquella agua hirviera. La hada aún tenía grabadas las palabras de su madre, justo antes de empezar la pelea. Nunca en su vida Sakura se imaginó que vería a uno de sus relativos con una mentalidad tan tóxica y tan perversa. Kaguya ya no era una hada, ni una humana. Kaguya ahora era un completo demonio, plagada de ambición y avaricia. Su mente estaba corrupta, y su espíritu había sido suplantado por el de algún demonio lleno de iniquidad. Definitivamente, Sakura ahora tenía la certeza de que su madre estaba perdida. No había forma de redimir a la temible pseudo/diosa de Terra.

La ninfa escuchó unas pesadas botas aproximarse hasta su posición, aunque ella ya sabía a quién pertenecían. Aún así, Sakura volteó de reojo para observar a aquel apuesto pelinegro, quien tenía aún el cabello revuelto, y aún se estaba despabilando. Sakura vio el torso desnudo del moreno, y no pudo evitar relamerse los labios, pues, en definitiva, Sasuke era absurdamente masculino y apuesto. La hermosa hada juraría que se podría rayar queso en aquel impresionante abdomen.

— Buenos días, Cerezo — enunció aún adormilado el Uchiha.

Sakura soltó una risilla, al ver a su apuesto hombre aún a medio sueño.

— Buenos días, Sasu-chan — musitó amorosa la ninfa.

— No creí que te despertarías tan temprano — aludió el moreno.

La pelirrosa se encogió de hombros, y suspiró.

— Digamos que no pude dormir muy bien — susurró con algo de frustración.

— Lo siento. Creo que no debí haber dormido contigo, al menos por anoche — se excusó Sasuke.

Sakura volvió su mirada vidriosa al moreno. ¿Por qué decía aquello? ¿Acaso se estaba arrepintiendo de haberle hecho el amor? ¿O había alguna otra? Sin embargo, cuando la ninfa estuvo a punto de sacar deducciones erróneas de su cabeza, ella pudo ver la mirada obsidiana del moreno, la cual le decía que, en realidad, debió haberla dejado descansar, tras aquel terrible combate. Sasuke ya había tomado asiento frente a la hada, y se estiró un poco en el mismo. La ninfa, por su parte, se levantó de su asiento, y se aproximó al Uchiha. Sakura se sentó sobre el regazo de su príncipe, y lo abrazó por el cuello, para después plantarle un beso húmedo en los labios. Sasuke respondió el gesto de su Cerezo, y abrazó la cintura de su pequeña con sus musculosos brazos.

— No es por éso, Sasuke-kun — refirió la ninfa — Por el contrario. Me encanta estar contigo. Me encanta hacer el amor contigo. Me siento tan feliz cada que me haces tuya, y me mantiene alegre y relajada — aludió amorosamente la princesa hada, besando nuevamente los labios del moreno.

— Entonces, ¿Por qué no pudiste dormir? — le preguntó el Uchiha, aún consternado.

— Es... Por lo que sucedió ayer... — refirió Sakura, quien desvió su mirada de la de Sasuke.

— Oh. Es verdad. Lamento haberlo olvidado — se disculpó Sasuke.

Era obvio que Sakura aún tenía bastantes conflictos internos, entre lo que es lo correcto: Eliminar a Kaguya Otsutsuki, y lo que es su deber: Salvar a Kaguya Senju. Tal vez en un mundo perfecto, Kaguya simplemente sería eliminada de la faz del planeta Terra, y el mundo sería restaurado a la autonomía de cada nación en el globo terráqueo. Sin embargo, no se está hablando de una simple dictadora que controla a Terra entero. Se está hablando de una de las antiguas monarcas del reino de Iridia. Y sobretodo, se está hablando de la madre de Sakura Senju, o Haruno para la mayor parte de la gente.

Al menos para ella, no le era tan fácil el tener que simplemente eliminar a su madre. De hecho, le fue muy duro el tener que enfrentarla. En parte, era cierto que apenas y pudo mantener una pelea con ella. Después de todo, Kaguya no era una simple novata, sino la hada más poderosa de todo el Universo. No obstante, Sakura también se le hacía difícil el imaginarse a ella misma quitándole la vida a la mujer que, sea buena o mala, le dio la vida, y la trajo a éste mundo. Y no sólo éso, sino que Kaguya Senju renunció a su trono, y a su jerarquía, con tal de preservar la vida de ella, su hija.

Por pura obligación moral, Sakura estaba forzada a rescatar a su madre de las garras de Chaos. Y si aún la vida se le iba en ello, Sakura hallaría la manera de lograrlo. No importando las consecuencias.

— Es que... Yo pensé que mi madre cambiaría, una vez que le derrotáramos — musitó la ninfa — Me ilusioné con traerla de vuelta...

— Lo sé, Cerezo. Sé que el día de ayer fue bastante duro, y sé que hubieses preferido que las cosas fueran de otro modo. De hecho, yo también hubiese optado por tomar un rumbo diferente. Sin embargo, hicimos lo correcto, pequeña — le confortó el moreno, acariciándole el largo cabello de la ninfa — Alguien tenía que frenar la ambición de Kaguya, Sakura. No podía quedar impune todo sus atroces actos.

— Pero... Yo quería que volviera a Iridia con nosotros. Yo quería que vuelva a ser aquella Kaguya de la cual Nē-san nos relató — añadió dolida la bella hada.

— Te entiendo, Sakura. Sé que es duro, pero hicimos lo que teníamos que hacer — repitió Sasuke.

Sakura sabía que su amado tenía razón. Kaguya debía ser detenida, de un modo u otro. Sin embargo, la ninfa aún mantenía la esperanza en que aún pudieran rescatar a Kaguya Senju, del demonio que la controla actualmente. Dentro de sí misma, Sakura mantenía la fe en que Kaguya aún podía volver a ser la dulce y amorosa hada que todo Iridia amaba. Sakura tenía fe en que su madre podía renunciar a la maldad. Aunque, por otra parte, Kaguya tenía que estar convencida de que la actual pseudo/diosa de Terra podía redimirse de sus pecados, y volver a ser una buena persona.

— ¿Crees que haya alguna esperanza para mi madre, Sasuke-kun? — preguntó retóricamente la ninfa.

— ¿Te refieres a rescatarla de la oscuridad? — preguntó ahora el moreno.

Sakura asintió. El moreno, por su lado, estrechó a Sakura contra su cuerpo, y clavó su mirada a lo lejos.

— En teoría, lo hay, Cerezo — aludió el moreno — Pero depende de ella, y no de nosotros. Nosotros no podemos forzarla a hacer algo que no quiere. Kaguya tiene que convencerse a sí misma de que está mal lo que está haciendo. Solamente ella puede convencerse a sí misma que debe renunciar a su forma de pensar.

Sasuke tenía en parte razón. No obstante, Sakura también sabía que Kaguya no lo iba a hacer por su propia cuenta. Necesitaba una lectura de parte de alguien racional, pero, para ello, primero tenía que ser detenida, y arrestada. Posteriormente, recibiría un tratamiento psicológico, quizá de parte del equipo Clérigo.

— Lo sé. Aunque también sé que hay que convencerla del cambio. También sé que necesitamos limitar el poder que actualmente tiene Wintersun — musitó Sakura, con algo de pesar.

— Y lo haremos, Cerezo, pero, por ahora, lo más conveniente es que Kakashi y el resto se fortalezcan. Necesitamos la mayor cantidad de beligerantes, si es que queremos contrarrestar la invasión que Kaguya tiene en los Cuatro Grandes Continentes Elementales — refirió el azabache.

— Hablando de éso — expresó Sakura, volviendo su mirada a las profundas obsidianas del príncipe Uchiha — ¿Qué ha sido del resto? — inquirió algo preocupada.

— Ellos están bien, Cerezo. Kakashi está ocupado con la restauración de Medel, junto con Guy. Tenten y el resto están resguardando a Spira ahora — le aseguró el moreno.

— Pero ahora estarán expuestos a una emboscada del ejército de mi madre — aludió consternada la ninfa.

No obstante, Sasuke negó.

— Descuida. Ignis y los demás Dragones Elementales están con ellos. Kaguya no se atreverá a atacarlos. No si valora su seguridad.

— ¿Cómo estás tan seguro de ello? — interrogó algo adamante la hada.

— Muy simple. Kaguya se encuentra sumamente lesionada. Tardará un tiempo en recuperarse óptimamente. Por otro lado, Ignis y el resto de los dragones son absurdamente poderosos — aludió el moreno — Créeme. Cualquiera se lo pensaría, antes de acometer contra ellos — dictó Sasuke.

— ¿De verdad? No quiero sonar grosera, pero, ¿Cómo es que entonces muchos de la especie Dracónica perdieron la vida, en aquella guerra que refirió Ignis-sama? — aludió la ninfa.

Sasuke encogió los hombros.

— No tengo detalles en torno a ello, pero supongo que del mismo modo que la especie Faerie fue diezmada por las tropas de Kaguya. ¿No lo crees? En toda guerra hay casualidades. No sabemos cuál era la magnitud del conflicto bélico entre hadas y dragones. Ambas especies son conocidas por ser las razas más poderosas, y por sus habilidades de combate — dedujo el Uchiha.

— Ahora que lo mencionas, de ése modo, supongo que tiene sentido. La especie Homo Faerie antes era bastante bélica e imperialista. Y no fue hasta que un antepasado de los Senju abolió todos los intereses de globalización que Iridia entró en una era de paz. De hecho, antes teníamos un conflicto de cien años con Antares, Aldebarán, Betelgeuse, Canis Majoris y muchos otros pueblos de hadas — refirió Sakura.

— Supongo que no solamente los humanos somos propicios a caer en la ambición — complementó el moreno.

— Tristemente, no. En algún tiempo, las hadas también atacaron pueblos humanos — susurró la princesa de Iridia — ¿Crees que algún día verdaderamente lograremos la paz entre las distintas especies de Terra? — inquirió Sakura.

— Lamentablemente no, Sakura. Siempre habrá quienes ambicionen tenerlo todo. Un mundo sin dolor, sufrimiento, pobreza, y muerte es tan sólo una utopía — le contestó el moreno, con absoluta franqueza — Sin embargo, aquello no nos impide que al menos luchemos por los nuestros.

Sakura sonrió ante el comentario del moreno. Es cierto. Aquella lucha no era por toda la humanidad, sino por aquellos que realmente valían la pena. Hay personas que, simple y sencillamente, no valían la pena, y que debían dejarse perder, o incluso morir, por muy duro y hostil que suene aquello. La lucha de Sasuke y Sakura no era por todas las formas de vida inteligente. Era por Terra, las personas inocentes, los seres animales inocuos, los amigos de la ninfa y el moreno, y por que simplemente era lo correcto. Luchar por el bien era algo que se hacía no porque debe ser recompensado, sino porque es lo que debe hacerse. Y por ésas simples razones, Sakura y Sasuke lucharían hasta el final.

— Tienes razón. Sir Kakashi... Guy-sama... Tenten-san... Shizune-nēsan... Karin-san... Los hermanos Hyūga... La Cerda... Iridia... Spira... El Pueblo Dracónico... Todos ellos son la razón por la que nosotros luchamos, y por la que debemos continuar luchando — aludió la Haruno.

Sasuke le secundó con un asentimiento.

— Antes yo solía pensar en mí, únicamente. Sin embargo, muchos de mis camaradas han caído en combate. Desde mi maestra Wu Mei, el Templo Shaolin, mi Clan, mi familia, varios de los que solía considerar compañeros. Aunque también recordé que mi lucha no debe ser por venganza, como alguna vez me lo dijo mi Sifu. Mi lucha debe ser por un mejor futuro para mi gente, y sobretodo para mi familia — dijo el moreno, quien abrazó a Sakura más contra él.

— ¿Nuestra familia que formaremos? — preguntó emocionada la hada, y con una hermosa sonrisa.

El moreno asintió de nuevo, y Sakura besó los labios del hombre que tanto ama. Y cuando ambos rompieron el beso, tras varios segundos de estarse besando, Sakura se acurrucó en el cuello del moreno, a la vez que acariciaba el musculoso torso de Sasuke.

— Sasuke-kun — le llamó la ninfa al moreno.

— ¿Qué pasa?

— ¿Qué haremos a partir de ahora? — preguntó Sakura.

Aquella era una buena pregunta, y por primera vez Sasuke no tenía una respuesta concreta. ¿Qué debían hacer ellos, concretamente hablando? Su mascota Ignis y Kakashi, junto con el resto de los "amigos" de Sasuke y Sakura, estaban custodiando a los refugiados en Thanatos, y a las ciudades actualmente recuperadas de Spira. Por otra parte, Kaguya estaba malherida, y tardaría un tiempo en recuperarse por completo, aunque, en su estado de hada, quizá le tomaría menos tiempo del que comúnmente se requería para un humano regular. Aún así, al menos tendrían unos cuantos días para recuperarse óptimamente.

Sin embargo, aún estaba el asunto con Onikage, de quien no se tenía ni idea de su paradero. Desde el principio, Sasuke tenía un muy mal presentimiento en torno a aquel misterioso ser. No era propiamente que Sasuke le temiera a Onikage. Para nada. Sasuke no le temía a nada ni a nadie. El problema radicaba más que nada en el hecho de que no se sabía realmente quién era aquel endemoniado ser. Lo único que sabían Sasuke y Sakura de Onikage, es que pertenecía al Clan Uchiha. La cuestión es, ¿Cómo es posible éso? Sasuke hubiese reconocido el tono de voz del ojos de diablo. Sin embargo, no había nada que pudiese distinguir a ése ser tan terrorífico. Quizá si Sasuke tuviese las habilidades extrasensoriales de Sakura, podría haber reconocido al Uchiha tras de ésa máscara.

Sasuke se pasó una mano por su espesa melena azabache, y exhaló audiblemente.

— Pues... Por ahora, lo mejor será que descansemos de la pelea. Aún tenemos unos días para que Kaguya se recupere de sus lesiones — refirió Sasuke — Posteriormente, le haremos una "visita" a Kaguya. Tenemos muchas cosas que interrogarle, en torno a ése maldito bastardo de Onikage.

— Es verdad. No sabemos qué ha sido de él. Y tampoco estuvo presente en nuestro asalto al ejército de mi madre — rememoró la ninfa, quien se incorporó un poco del moreno, aún si no se separó del abrazo de éste.

— No se por qué me da la impresión de que ése estúpido se tiene algo escondido — masculló el moreno, sintiéndose irritado de tan sólo recordar aquellos terroríficos ojos sangre.

— Lo sé. Si estuviera del lado de mi madre, habría estado presente cuando combatimos contra ella. Lo otro, es que su aura es... peculiar — murmulló Sakura.

— ¿En qué sentido? — preguntó extrañado el moreno.

— Pues... Es como si no fuese de éste mundo. Y a la vez, hay un aura de familiaridad contigo, Sasuke-kun — le explicó la pelirrosa.

Ahora sí que Sasuke se hallaba impresionado de lo que le informó la hada. ¿Un aura de familiaridad con él? ¿Cómo era posible éso? Sasuke lo hubiese reconocido al momento. Ni siquiera hubiese requerido haberle escuchado hablar. La pura mirada habría bastado para reconocer la verdadera identidad del demonio de Ojos Rojos. Su padre no podía ser, ya que Fugaku Uchiha, al igual que su hermano, Itachi Uchiha, no eran tan altos como lo era Onikage. Su padre y su hermano tenían virtualmente la misma estatura de un metro setenta y cinco, mientras que Onikage tenía una altura similar a la de Sasuke. Su primo, Obito Uchiha, tampoco podía ser, pues era de la misma estatura que Itachi. El único que realmente podía ser un candidato óptimo, para ser la verdadera identidad del ojos de diablo, era Madara Uchiha. Aunque, ahora que lo razonaba, Madara Uchiha apenas y era un poco más bajo de lo que aparentaba Onikage. De hecho, Onikage aludía una estatura similar a la de Sasuke. Por otro lado, el tono de voz de Onikage también era similar a la del moreno, si acaso ligeramente más aguda, pero un tanto parecida a la del príncipe Uchiha.

— ¿Parecido a mí, dices? — inquirió retóricamente el azabache.

Sakura asintió.

— No es exactamente idéntica a la tuya, pero sí es un poco parecida a la tuya. Tal vez sea porque no llegué a conocer otros miembros de tu Clan, y quizá sea únicamente el hecho de que son del mismo árbol genealógico. Sin embargo, no pude evitar percibir una esencia tuya en el aura de aquel demonio — detalló la pelirrosa — Aunque, al mismo tiempo, es como si Onikage no fuese parte de éste mundo. Su aura está tan cargada de maldad, y es simplemente terrorífica. Es como si todas las emociones negativas estuviesen concentradas en un sólo ser.

— ¿Será acaso aquel ser que Eva aludió? — se preguntó a sí mismo el Uchiha.

— No lo sé. Aunque es lo más cercano a lo que Lady Eva refirió. Onikage es como una concentración de todos los sentimientos oscuros que existen en el mundo. Es como si fuese la encarnación y la personificación de la iniquidad — añadió la ninfa.

— De cualquier manera, tendremos que buscar a ése maldito, y lo tenemos que matar — dictaminó el moreno.

Repentinamente, el sonido de aquella tetera resonó en la pequeña cocina de aquel desahuciado templo. Sakura se separó diligentemente de su amado, y se encaminó a la pequeña cocina. Entretanto, Sasuke colocó los brazos en la mesa, y se masajeó las sienes. Tenía varias cosas en la cabeza, al igual que Sakura, y le empezaba a generar una jaqueca. Aún así, no le preocupaba en lo más mínimo tener que enfrentar a muerte a Onikage y a Kaguya, o cualquier otro beligerante enemigo. Lo que realmente le preocupaba a Sasuke, es que Sakura saliera perjudicada.

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Sasuke y Sakura ahora estaban tomando un relajante baño de tina. Anteriormente, aquel baño era el que usaban como "termales" dentro del templo. Había algo de suciedad, la cual Sasuke y Sakura lavaron, y estaba un poco deteriorado en el interior. Sin embargo, ahora la ninfa y el azabache se hallaban abrazados en la orilla de aquel enorme estanque artificial. La hermosa hada estaba apoyada de espaldas contra Sasuke, mientras éste le abrazaba de la cintura, y le acariciaba el cuerpo.

En un principio, todo se trataba de besos, e inocentes caricias. Sin embargo, ahora Sasuke amasaba los preciosos senos de su Cerezo, con una mano, y acariciaba la suave y pequeña vagina de su niña, con su otra mano. Sakura soltaba dulces gemidos, y se retorcía del placer, y es que Sasuke era un verdadero dios del sexo, cuando le hacía el amor a la hermosa princesa de las hadas. La bella ninfa apenas y se dedicaba a acariciar las grandes manos del moreno, las cuales seguían masajeando los senos de la hada, y masturbaban la pequeña vagina de ella.

Y con gran habilidad, Sasuke levantó a su Cerezo, y colocó su enorme pene, ya erecto, en el hermoso esfínter anal de Sakura. El moreno se enterró de una sola estocada dentro del ano de su niña, quien ahogó un estruendoso gemido dentro de los labios de su amado. Sakura, apenas sintió el grueso, enorme, y cabezón pene de Sasuke, de inmediato llegó al orgasmo. Los fluidos de su vagina se mezclaron con la hirviente agua del baño, y Sasuke sintió cómo las paredes anales de Sakura se apretaban contra su colosal verga.

Cómo le encantaba al moreno ver a su niña retorcerse del puro placer tortuoso, cuando él la hacía llegar al orgasmo. Pero mientras Sakura aún disfrutaba del delicioso orgasmo que le provocó Sasuke, el azabache comenzó a moverse lenta y suavemente, aunque lo hacía bastante profundo. El enorme pene del Uchiha se frotó deliciosamente contra las estrechas paredes anales de la hermosa hada de cerezos, y el glande de la verga de Sasuke chocó contra el intestino de la ninfa. Entretanto, los besos del moreno, así como las caricias a los senos y vagina de Sakura, jamás se detuvieron. La preciosa hada sintió cómo su mente se nublaba, como cada ocasión que ella y su dulce príncipe hacían el amor, y Sakura únicamente escuchaba sus propios gemidos, jadeos, y gritos de placer a lo lejos. Durante el coito anal a su niña, Sasuke separó los labios de los de su pequeña, y dirigió su cabeza a los senos de la ninfa, pasando su cabeza debajo del brazo derecho de ella. Hábilmente, el Uchiha succionó el pequeño y bonito pezón derecho de Sakura, tal y como un bebé que se amamantaba de leche materna, mientras su mano izquierda amasaba el seno zurdo de la princesa hada. La mano derecha de Sasuke aún seguía masturbando la preciosa vagina de su Cerezo, aunque ahora insertaba un dedo dentro de la cavidad vaginal de Sakura, con el pulgar acariciando la pequeña uretra de la ninfa.

Desafortunadamente, aquella estimulación, por parte de Sasuke, fue demasiado abrumadora para Sakura. La ninfa gritó estruendosamente el nombre de su amado príncipe, y de nuevo llegó al orgasmo. Y con el fuerte apretón del ano de su hermosa princesa hada, sobre su enorme verga, Sasuke también llegó al orgasmo. El moreno gruñó contra el seno de Sakura, aún amamantándose de él, y expulsó todo su semen dentro del suave, cálido, y rosado recto de la ninfa.

El pequeño y estrecho ano de Sakura fue inundado, como siempre, del esperma de Sasuke, hasta que se derramó a través del esfínter anal de ella. Sasuke, durante la eyaculación de su semen, dentro del ano de su Cerezo, atrapó los labios de su niña, y la besó pasionalmente. Sakura le devolvió aquel húmedo beso, y acarició la espesa cabellera húmeda de su querido Sasuke-kun, al mismo tiempo que ahogaba sus gemidos en los labios de Sasuke. La hermosa hada soltaba un gemido, por cada chorro de semen que sentía dentro de su ano, por cada vez que Sasuke continuaba masturbando su vagina y acariciando sus preciosos senos.

Cuando Sasuke terminó de eyacular, el moreno no se salió del recto de Sakura. Ambos se mantuvieron besándose unos minutos, y acariciándose los cuerpos, aunque Sakura apenas y podía limitarse a acariciar un brazo de Sasuke, y a acariciar la nuca de éste. Por otro lado, Sasuke no separó sus manos de los pechos de la princesa de las hadas, ni de la vagina de la ninfa. Aunque Sasuke aún acariciaba las intimidades de la ninfa, lo hacía más suavemente, al igual que Sakura continuaba besando a su querido Sasuke-kun.

— Me encanta sentir cómo tu pequeño y suave ano aprieta mi pene — ronroneó el moreno, sin pudor alguno — Casi pareciera como si me quisieras arrancar la verga.

Sakura resopló avergonzada. Sasuke siempre sabía asesinar las auras románticas.

— Por Dios, Sasuke-kun. ¿Acaso no puedes dejar de ser un degenerado? — le regañó la ninfa, una vez que se separaron de los besos que se daban.

— Ya deberías hacerte a la idea, Cerezo. Acuérdate que cuando teníamos doce estuve a punto de quitarte la virgini... ¡Ouch!

Sakura le dio un fuerte pellizco a la mejilla derecha del moreno, por lo que Sasuke se llevó una mano al costado de su rostro.

— ¡Rayos, Sakura! ¡Éso me dolió! — le reclamó el Uchiha.

— ¡Y me alegro! ¡Te lo mereces por pervertido! — dijo la hada, bastante enojada.

— ¿Por qué? Solamente estoy diciendo la verdad — se excusó Sasuke, patéticamente.

Sakura gruñó, y le jaloneó los cabellos azabaches al Uchiha, el cual exclamó otro quejido de dolor.

— ¡Pero no debes andarlo diciendo como sin nada! ¡Por tu culpa, ahora hasta Nē-san cree que soy una cualquiera! — gruñó la bella ninfa.

Sasuke sonrió torcidamente, y abrazó a la cómicamente enojada Sakura. Y es que le era inevitable al moreno no sonreír ante aquella mueca tan infantil de enojo de su pequeña. Sakura hacía un mohín, inflaba las mejillas, y desviaba la mirada, además de que se cruzaba de brazos. Y a Sasuke le daban unas tremendas ganas de abrazarla como si se tratase un peluche, y de comérsela a besos. El moreno aprovechó para abrazar a su Cerezo, y para repartir unos besos en el blanquecino cuello de la princesa hada.

— Vamos, Cerezo. No te enojes. No hay nada de malo en que nos amemos. ¿Cierto? Me siento feliz de que yo haya sido el primero en todo. Me siento contento de ser el primero en besarte, y el primero en hacerte el amor — enunció cálidamente el moreno, aún depositando suaves besos en la tersa piel de Sakura — Me siento tan honrado de ser el que tiene tu virginidad.

A la ninfa pronto se le pasó el enojo que tenía con su amado, y volteó tímidamente hacia su querido príncipe.

— ... ¿En serio? — preguntó en un murmullo Sakura, con su rostro tímido y sonrojado.

— ¡Por supuesto que sí, Cerezo! — le respondió Sasuke, con su sonrisa insignia.

Sakura sonrió, y le dio un tierno beso en los labios a su querido moreno. El beso fue corto, pero lleno de mucha dulzura y amor. Después, Sasuke estrechó a su niña contra su cuerpo, y recargó su cabeza contra el hombro de ella. Sakura echó su cabeza hacia atrás, y se acurrucó contra el cuello del hombre que tanto ama. La ninfa optó por colocarse de perfil, y recargarse contra el musculoso cuerpo de Sasuke, mientras éste la levantó un poco, y acomodó las hermosas piernas de Sakura sobre su regazo.

— Sasuke-kun — le llamó en un murmullo la hada.

— ¿Qué pasa?

— ¿Qué fue exactamente lo que viste en mí? — le preguntó Sakura, aún con los ojos cerrados.

— ¿Qué fue lo que vi en ti? ¿Te refieres a por qué me enamoré de ti? — dedujo el Uchiha.

Sakura asintió, abriendo sus ojos.

Sasuke sonrió. Había muchas razones. Tantas que, prácticamente, tendría que escribir una tesis completa, si es que quería destacar todas las cualidades que tenía la bella ninfa. ¿Por dónde empezar, realmente? Tal vez sería mejor preguntarle a la hermosa hada que tenía entre sus brazos. No obstante, las palabras salieron solas para el moreno.

— Pues... Hay muchas razones, Sakura. Principalmente porque, cuando eras una niña, eras una niña tierna, dulce, y bonita — refirió Sasuke, haciendo que su Cerezo se sonrojara.

— ¿En serio crees que era bonita? Muchos se burlaban de mi frente, y mi cabello — aludió la ninfa, con una sonrisa.

Sasuke se encogió de hombros.

— Gente estúpida. Estoy seguro a que ésos idiotas ahora me envidian — enunció orgulloso el azabache — La razón por la que me enamoré de ti, es porque tenías una personalidad tan compasiva, y amorosa. Eras mi opuesto, de hecho.

Sakura sonrió aún mas dulce. Era cierto que ella era prácticamente la parte "positiva" de la relación, por decirlo de un modo. Aunque no es que el moreno fuera propiamente un negativo, sino, simplemente, Sasuke tenía una personalidad más fría y seria, comparada a la de ella. Lo curioso de todo es que hoy día, Sakura era un "opuesto" a cuando era niña. De hecho, se preguntaba cómo es que Sasuke aún seguía amándola. ¿O acaso le gustaba más la nueva Sakura? Solamente había un modo de salir de dudas.

— Hoy día, no creo realmente ser ésa niña tímida y miedosa que era de niña. De hecho, muchos dicen que soy lo opuesto a como era antes. ¿Cómo es que me sigues amando, Sasuke-kun? — inquirió dudosa la princesa hada — ¿Acaso vez en mi a aquella tímida niña?

Sasuke, para sorpresa de Sakura, negó.

— No es así — dijo el Uchiha — Es cierto que cuando te veo rememoro a aquella tierna niña de cabello rosa, la cual me flechó el corazón cuando era un mocoso. Sin embargo, desde que te "conocí" de nuevo, sentí que también me enamoraba de ti otra vez.

Sakura abrió los ojos impresionada. ¿A qué exactamente aludía su amado príncipe?

— ¿A qué te refieres? — preguntó aún mas curiosa la ninfa.

— Me refiero a que amo a ambas Sakuras. Amo a la pequeña niña, dulce y tímida, la cual siempre tartamudeaba y se sonrojaba cuando la miraba, pero también amo a la "nueva" Sakura, que tengo en mis brazos — detalló Sasuke, abrazando aún más a su Cerezo — Amo tu forma de ser. Amo que seas aquella chica ruidosa y energética. Amo que seas una chica excéntrica, extrovertida, y con aquel espíritu de niña. Amo aquella chica que siempre me insulta, me golpea sin razón alguna, y que se molesta de todas mis actitudes. Amo a la Sakura que es una condenada Molestia — dijo el Uchiha, con una sonrisa.

— ¡Yo no soy una molestia! ¡Y te doy tu merecido porque a veces actúas como un pervertido! — le regañó la ninfa, con un mohín — ¡Si no anduvieras diciendo tus obscenidades, como sin nada, nunca andaría regañándote, ni tampoco te pegaría!

Sasuke sonrió aún más, con algo de soberbia.

— Lo sé. Pero así de loca como estás, te amo, Cerezo — ronroneó el moreno, besando el cuello de Sakura.

Y como por arte de magia, el enojo de la hermosa hada desapareció. A la ninfa le resultaba increíble cómo una simple acción del azabache podía transformar su humor. La princesa hada sonrió, y besó la mejilla de su amado Sasuke-kun.

— ¿Y qué hay del físico? ¿Por qué me considerabas bonita? — preguntó ahora Sakura.

— Es obvio. Siempre has sido de una belleza inigualable — afirmó Sasuke, haciendo sonreír a su niña — Siempre me gustó tu aspecto. Me encantan tus bellos ojos esmeralda, junto con tus largas y estilizadas pestañas. Me gustan tus rasgos finos y delicados. Y aunque hoy día ya no tengas la frente amplia, cuando eras niña era lo que más me llamaba la atención — aseguró — Me gusta tu suave, albina y cremosa piel — aludió el Uchiha, acariciando el delicado brazo izquierdo de Sakura — Y me encantan tus atributos.

Sasuke apretó un poco los senos y el trasero de Sakura, mientras sonreía torcidamente. La ninfa se abochornó intensamente, y separó las traviesas manos de Sasuke de sus pechos y nalgas.

— Sasuke-kun. Contrólate — le demandó la ninfa, aunque con algo de dulzura.

— Pero sobre todo — continuó el Uchiha — Me encanta éste hermoso, suave, y largo cabello rosa pálido, tan único de ti.

Sasuke agarró un buen tramo de las largas hebras de la princesa hada, y acercó su cabeza a la de la ninfa. El moreno aspiró aquel perfume natural de flores que tenían los cabellos de su Cerezo, y se sintió embriagado con aquel dulce aroma.

— Prométeme que jamás te cortarás tu hermoso cabello, Cerezo — le pidió Sasuke, aún embelesado por el aroma de las hebras de la ninfa.

Sakura abrió un poco los ojos, y miró curiosa a su amado. Sakura sonrió, y se abrazó aún mas a su Sasuke-kun.

— Hablando de ello... ¿Por qué te gusta tanto el cabello largo en las chicas? La verdad es que yo pensaba cortármelo algún día. Por lo menos hasta el mentón — explicó Sakura.

— No es que me guste propiamente el cabello largo en las chicas. Me gusta cómo te vez tú con cabello largo — aclaró el moreno, aún masajeando la cabellera de la ninfa — Te hace ver muy hermosa, y muy femenina.

— ¿Acaso dejaría de gustarte si tuviera el cabello corto? — le cuestionó Sakura, con falso enojo.

— Claro que no — negó el azabache — Simplemente me encanta tu largo cabello, y me gustaría que lo siguieras teniendo largo — rectificó Sasuke.

La ninfa soltó una risilla, y besó la mejilla del moreno.

— Sólo bromeaba, Sasu-chan — contestó Sakura, con la voz dulce — Tranquilo. No me lo cortaré. Lo prometo — le aseguró la ninfa.

De repente, a Sakura le vino un divertido razonamiento, el cual la hizo soltar una dulce risilla. Sasuke arqueó una ceja, y miró extrañado a su pequeña.

— ¿De qué te ríes, Cerezo? — preguntó el moreno.

— Es sólo que me preguntaba: ¿Qué pasaría si, por algún motivo, viajáramos al pasado, y encontráramos a nuestros antepasados? ¿Cómo reaccionarían ellos? — inquirió retóricamente la princesa hada.

El moreno sonrió vanidoso, y se encogió de hombros.

— Pues es obvio. Mandaría al diablo a mi yo del pasado, y yo me quedaría con las dos Sakuras — enunció orgulloso el Uchiha.

Sakura rodó los ojos. Ya sabía que Sasuke saldría con algún comentario gracioso.

— ¿Te das cuenta de cómo suena éso? Suenas como un pedófilo — le regañó Sakura.

— ¿Por qué? — repeló Sasuke, encogiéndose de hombros.

— ¡¿Cómo que por qué, tonto?! ¡Te estarías aprovechando de una niña! — añadió la hada, un tanto molesta.

Y tal y como lo predijo, el príncipe de los Uchiha aumentó su sonrisa cínica.

— Meh. Éso no es verdad. Estoy seguro de que la Sakura de doce años estaría dispuesta a hacer un trío con nosotros, y a mí me encantaría desvirgar a la pequeña Sakura — aludió orgulloso Sasuke.

Aquella gota fue la que derramó el vaso. Sakura le dio un golpe en la cabeza a Sasuke, el cual soltó un quejido, y se llevó una mano al área afectada.

— ¡Carajo, Sakura! ¡¿Por qué me pegas?! — le reprochó el moreno.

— ¡Y todavía tienes el descaro de preguntarlo! — vociferó la hada — ¡Eres un condenado degenerado!

Sasuke bufó.

— ¡Bien! ¡También dejaría que mi mini-yo participe! — se defendió Sasuke, aunque patéticamente.

La ninfa abrió los ojos como platos, y se sonrojó intensamente por lo que aquello implicaba. No obstante, la hada volvió a golpear al moreno, quien solamente soltó un gruñido de dolor.

— ¡No me refiero a éso, tonto! ¡¿Cómo se te ocurre pensarlo?! — gritó la chica.

— Vamos. Es broma, Sakura — aclaró el moreno, con una leve risa.

La ninfa bufó, y desvió su mirada enojada.

— Dios. Eres un tonto — masculló la hada.

Sasuke sonrió, y atrapó los labios de Sakura con los suyos. Y entre caricia y caricia, el moreno y la hada volvieron a hacer el amor.

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Tras pasar unos minutos haciendo el acto carnal, Sasuke y Sakura finalmente salieron de la bañera. Sakura y Sasuke ahora estaban en una habitación, aún secándose sus cabellos y vistiéndose. La ninfa le pidió al moreno que le ayudara a peinarse su increíblemente largo cabello, a lo que Sasuke accedió. Al moreno, de hecho, se le hacía algo increíblemente cursi y afeminado el tener que cepillarle a Sakura su largo cabello rosado, pues el moreno se consideraba a sí mismo todo un semental macho alfa, e iba aquella reputación de por medio. Sin embargo, por un lado, ambos estaban a solas y, por el otro, Sasuke no se podía resistir a acariciar aquel absurdamente largo cabello que tenía Sakura. Al Uchiha le fascinaba aquellas hebras color rosa pálido.

Con un cepillo de cerdas naturales, Sasuke tomaba con su mano zurda el suave y sedoso cabello de la ninfa, y con la mano diestra pasaba aquel cepillo a través de la larga melena rosada. Sasuke estaba absolutamente embelesado con aquel impresionante cabello lacio de la princesa de las hadas. Al moreno le fascinaba cuando pasaba aquel cepillo por las hebras de su Cerezo, deleitándose del ver que las cerdas del peine resbalaban con absoluta facilidad por el cabello de Sakura. Y sobretodo, a Sasuke le infatuaba cuando aquel cepillo liberaba el aroma florar que tenía naturalmente la cabellera de la princesa hada.

Entretanto, Sakura entonaba una dulce melodía. Aquella misma melodía que siempre encantaba al moreno. Aquella que, sin siquiera saberlo, Sakura heredó de generación en generación desde su antepasado: Eva del Génesis. En algún dado momento, Sakura sintió cómo Sasuke dejaba de peinar su largo cabello. Cuando la princesa de Iridia estuvo a punto de volver su mirada a su amado, Sasuke enterró su rostro entre las hebras de Sakura, justo al lado izquierdo de su cuello, y el azabache aspiró profundamente, mientras abrazaba a su niña por la cintura.

Sakura sonrió dulcemente, y colocó sus pequeñas manos sobre las grandes de Sasuke, aunque no podía cubrirlas. Sakura llevó entonces su mano zurda a la nuca del moreno, y se la acarició con infinito amor.

— ¿Qué pasa, Sasu-chan? — preguntó tiernamente la hada, con un tono maternal.

Sakura ya se había acostumbrado a tratar a Sasuke como su bebé, y éste no parecía protestar en lo absoluto.

— Me encanta tu cabello — musitó el moreno, aún contra la cabellera de la ninfa — Es tan hermoso, y huele delicioso.

Sakura soltó una risilla, y siguió acariciando la melena de Sasuke.

— Ya me lo dijiste, bebé — enunció Sakura, aún con un tono maternal.

Sasuke negó.

— Qué importa — replicó el azabache — Me encanta tu cabello.

Sakura se volvió completamente, y se sentó a horcajadas sobre el regazo del azabache. El moreno también afianzó su agarre en la espalda baja de la princesa de Iridia, y la atrajo hacia él. Sakura rodeó el cuello de su querido Sasuke-kun, y se unió en un dulce y tierno beso con el hombre que tanto ama. Así pasaron una buena cantidad de minutos, dándose besos, acariciándose, mimándose, y susurrándose palabras increíblemente románticas. Sakura sintió cómo las traviesas manos del moreno fueron a parar a sus nalgas, y cómo el azabache empezó a masajear aquel trasero de burbuja, con forma de corazón, que ella tenía. No obstante, Sakura detuvo sus manos. La realidad no es que ella no quisiera, sino que ya habían hecho el amor toda la noche, parte de la mañana, y algunas cuantas veces en la bañera.

— Sasu-chan... Mami necesita descansar... — ronroneó la ninfa, aunque se escuchaba un tono maternal.

Sasuke se rió para sus adentros. A veces se preguntaba si realmente Sakura era tan cohibida como llegaba a comportarse en el área sexual. Tal parecía, más bien, que la princesa de Iridia también tenía su lado pervertido. De hecho, a Sasuke se le hacía divertido el que pudiera sacar a la pervertida de closet que hay en Sakura.

— Pero yo quiero comerte, Cerezo — enunció sensual el moreno.

Sasuke besó de nuevo a Sakura, y llevó de nuevo sus manos a las nalgas de su niña. Pero Sakura, con una sonrisa, le detuvo las manos, y le apartó un poco de ella.

— ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Los niños buenos le hacen caso a mami! — le reprendió la chica, tal y como una madre regaña a su hijo — ¡Si Sasu-chan no se porta bien, mami no dejará que juegue con ella en la noche!

Sasuke mostró un rostro de molestia, y soltó un bufido. No solo era ridículo el ser tratado como un auténtico bebé, por el extraño fetiche de Sakura para con él, sino que era aún más molesto que Sakura no lo dejara tocarla. Sakura, mientras tanto, se divertía de lo lindo.

— ¡Y si Sasu-chan se enoja, mami lo castigará un mes entero! — continuó la ninfa.

Sasuke se enojó aún más, al ver la sonrisa divertida de la pelirrosa.

— Tsk. Eres una molestia — masculló el moreno.

Sakura mostró su dentadura, y le dio un rápido beso en los labios a su amado. A la princesa de las hadas le encantaba tener ése "control" sobre el poderoso dragón escarlata.

— Pero en serio, Sasuke-kun. Necesito descansar un poco. El día de antier fue bastante pesado — musitó la princesa de las hadas, aún muy cerca del rostro de Sasuke.

El moreno exhaló audiblemente, y asintió.

— De acuerdo. Pero en la noche no te me escapas — ronroneó el Uchiha, con su típica sonrisa.

Sakura negó levemente, mientras sonreía.

— ¿Quién diría que el temible dragón escarlata, quien siempre se muestra frío y estoico, tendría aquel lado tan pervertido? — se burló Sakura, con una leve risilla.

Sasuke se encogió de hombros, aparentando indiferencia.

— Los Uchiha somos sementales alfa, Cerezo — proclamó Sasuke, sumamente orgulloso.

Entre tiernos y sensuales besos, Sasuke ayudó a Sakura a vestirse. Sasuke estaba totalmente embelesado con su niña. El moreno no se podía creer que realmente tenía a semejante chica tan hermosa por amante y mujer. Quizá aún no estaban casados, pero Sasuke consideraba a Sakura como su esposa, y el Uchiha no podía esperar el día en que la hermosa hada de cerezos se convierta en Sakura Uchiha, de manera oficial, claro está. Incluso parecía que el apellido Uchiha estaba especialmente diseñado para ella. Sasuke estaba bastante emocionado, aunque no lo mostraba, en que Sakura se llegara a convertir en su esposa oficial.

Y hablando de ello...

Sasuke se levantó repentinamente, y se separó de Sakura por completo. La ninfa se extrañó un poco, al ver el comportamiento tan extraño de su amado Sasuke-kun. La pelirrosa observó cómo Sasuke se acercaba a la puerta, y cómo se detuvo apenas antes de salir de aquella habitación. El moreno se volvió a su chica, y le extendió una mano.

— Hay algo que necesito mostrarte, Cerezo — le confirmó Sasuke.

Sakura seguía extrañada, pero decidió seguir a su amado. La ninfa se levantó de aquella cama, y se aproximó a Sasuke, a quien le tomó de la mano. Sasuke la guió hacia las afueras de aquella pagoda, y la encaminó hacia un enorme templo. A diferencia del resto, aquel templo lucía más como una sala de ceremonias. El exterior lucía un tanto desgastado, aunque el interior estaba aún en óptimas condiciones. Había un poco de polvo, pero el sitio aún estaba en pie.

Ambos chicos ingresaron a aquel centro ceremonial, y Sasuke cerró la puerta. Al fondo de aquella capilla, estaba erguido una escultura de un dragón, muy bellamente decorado. Aquel dragón era de color dorado, y era de un tamaño de aproximadamente un metro. Sasuke volvió a tomar la mano de Sakura, y la guió hasta al frente de aquella escultura del legendario Dragón Divino. El Uchiha soltó la mano de la ninfa, y se encaminó al rincón derecho de aquel templo. Sasuke retiró un cuadro de la pared, y reveló un orificio cuadrado en el muro. De aquel mismo orificio, el azabache extrajo una caja metálica, un tanto oxidada, y la abrió de inmediato. Sasuke extrajo un par de objetos de aquel pequeño baúl, y lo volvió a colocar dentro de aquel agujero en la pared, cubriéndolo con el recuadro que había retirado.

Sakura no pudo ver con claridad qué fue lo que su amado extrajo de aquel pequeño baúl. Su mirada aún estaba clavada en el cuerpo de Sasuke. La ninfa se preguntaba qué era lo que hacía su dulce príncipe.

— Sasuke-kun... ¿Qué pasa? — inquirió extrañada la ojiesmeralda.

El moreno volvió su rostro a Sakura, y se encaminó a la princesa de las hadas.

— Hay algo que necesito que hagas por mí — dijo el moreno.

Sakura sonrió suavemente, y asintió.

— Dime.

Sasuke tomó las pequeñas manos de Sakura entre las suyas, y la aproximó aún más a él, aunque había una prudente separación entre ambos, más que nada porque la siguiente acción de Sasuke requería que así fuesen las cosas. Sasuke entonces apretó suavemente la mano izquierda de la ninfa, y soltó la mano diestra de la misma. Para la sorpresa de Sakura, Sasuke se inclinó un poco, y llevó la antepalma de la princesa hada a su rostro. Sasuke besó suavemente la suave piel del dorsal, de la mano zurda, de la ninfa, tal y como un galante caballero lo haría al cortejar a una dama de la estirpe de Sakura.

— Con ésta mano... — enunció Sasuke, con la voz grave, pero cálida — Yo sostendré tus anhelos... Tus sueños... Tu esperanza... Y tu porvenir...

El corazón de Sakura empezó a latir fuertemente, por alguna razón. ¿Acaso Sasuke...? No... No podía ser cierto, pensó la ninfa.

— Con ésta mano, yo guiaré tu camino, a través de la perpetua oscuridad de las tinieblas, y a través del latente resplandor de la esperanza — continuó el moreno, mientras miraba con ojos profundos a Sakura — Porque yo no he de abandonarte, ni he de desampararte.

Los latidos de Sakura se incrementaron, y su hermoso rostro se ruborizó. Además, sus lágrimas comenzaron a acumularse en sus bellas esmeraldas.

— Sasuke-kun... Tú... — musitó la princesa hada, quien jamás separaba su mirada de las obsidianas de su amado.

— Yo seré tu luz en la oscuridad. Yo seré el escudo y espada que te resguarde de la iniquidad de las tinieblas — prosiguió el azabache — A tu lado siempre he de vivir. A tu lado yo he de perecer.

Sasuke entonces extrajo un par de objetos de su bolsillo, y extendió la palma de su mano. Sakura abrió los ojos aún más, cuando divisó el par de objetos en la mano del moreno. Sobretodo, por lo que implicaba aquello.

En la mano de Sasuke, se hallaban un par de anillos. El primero estaba hecho de rodio, y tenía un grabado de un abanico en llamas, seguramente el símbolo del Clan de los Uchiha, dedujo la pelirrosa. Aquel anillo era bastante ancho, aproximadamente poco más de seis milímetros. El segundo anillo era mucho más femenino en apariencia. Éste era de apenas unos cuantos milímetros de ancho, aproximadamente dos, y también estaba hecho de rodio. La diferencia con el anterior era que tenía incrustado un pequeño, pero muy hermoso, diamante al centro, donde también estaba grabado un diminuto abanico en llamas.

Sakura vio con los ojos húmedos cómo Sasuke tomaba sus finos dedos de la mano zurda, la cual sostenía el azabache, y el Uchiha colocó el anillo con diamante en su delicado y frágil dedo anular. Sasuke después se colocó a sí mismo el otro anillo en su mano zurda, y tomó la mano diestra de Sakura, con su mano izquierda. Sasuke observó unos segundos a la ninfa, quien estaba al borde de las lágrimas, y le sonrió amorosamente. A continuación, Sasuke besó la palma de la mano zurda de Sakura, con increíble delicadeza, y levantó la pequeña mano de la princesa de las hadas.

— Y con éste anillo — continuó el moreno — Ante la presencia del Dios Todopoderoso... Ante el legado de los antepasados del Clan de los Uchiha... Y ante el imperecedero hito de los progenitores del Clan Uchiha... El día de hoy te pido, Sakura Haruno, que te conviertas en Sakura Uchiha... — anunció Sasuke — El día de hoy te pido que portes con honor y orgullo el símbolo de nuestro Clan... — agregó — El día de hoy, amada mía, te suplico te conviertas en mi compañera de toda la vida... Que camines a mi lado... Ante toda adversidad... Y ante toda felicidad... El día de hoy, te suplico te cases conmigo, mi pequeña flor de Cerezo...

Sakura se quedó pasmada, mientras aún miraba las oscuras obsidianas del azabache. Pronto, las lágrimas de Sakura descendieron de sus ojos, como una interminable cascada. No podía creerse que realmente Sasuke le estuviese proponiendo matrimonio. Tal vez no eran la forma o circunstancias que la mayoría de las mujeres preferirían. Tal vez no era dentro de un gigantesco palacio, ni rodeados de miles de invitados, todos elegantemente vestidos, y con las emociones a tope, tal y como Sakura las tenía ahora. Tal vez no había un gallardo piano resonando la marcha nupcial dentro de aquel templo, a pesar de que realmente había un piano dentro del lugar. Sin embargo, Sakura jamás se imaginó que se hallaría a sí misma en aquella situación. Sasuke realmente le estaba proponiendo matrimonio. Era un sueño tan hermoso para la bella princesa de las hadas que a Sakura le resultaba imaginarse que realmente estaba viviendo aquel momento. No obstante, un suave apretón de manos de parte de Sasuke le hizo saber a Sakura que era la auténtica y hermosa realidad.

— Sé que no son las circunstancias óptimas, Cerezo — enunció cálidamente el Uchiha — Sé que no es la manera en que tú desearías en que se diera nuestra unión nupcial. Sé que tal vez no tengamos un enorme palacio, bellamente adornado, ni el ambiente sea propio de una unión matrimonial...

En aquello, Sasuke se equivocaba. Aquel momento realmente tenía el aura propia de una unión nupcial. Tan sólo por el simple gesto de parte de Sasuke ya lo hacía mágico para la princesa de las hadas. Era algo tan hermoso, que resultaba difícil de procesar para la mente de Sakura.

— Sin embargo — prosiguió el azabache — No puedo espera ni un segundo más, sin reclamarte mía.

Ante la aún pasmada y llorosa mirada de Sakura, aunque eran lágrimas de emoción, Sasuke se arrodilló ante su pequeña flor de Cerezo, tal y como un auténtico caballero se arrodillaría ante una dama como Sakura, y besó una vez más la mano de la princesa de Iridia. Sasuke volvió su mirada obsidiana a la esmeralda de la ninfa, y le sonrió genuinamente.

— Sakura Haruno... Amor mío... Por favor... Cásate conmigo... — le pidió Sasuke, con la voz cálida y amorosa.

Las lágrimas de Sakura se incrementaron. La ninfa se llevó la mano diestra a su boca, y soltó algunos intensos sollozos y gimoteos de llanto. Su rostro mostró todas las emociones contenidas en su interior. Las lágrimas de la princesa hada no eran de remordimiento, ni de dolor, ni de negación. Sakura no podía creerse que realmente Sasuke le estaba proponiendo unión matrimonial. Por otro lado, Sasuke sí pensó lo peor. El moreno cambió su mirada por una de frustración y depresión total. El moreno cerró los ojos, y soltó un suspiro agonizante. Sasuke se incorporó suavemente, y estuvo a punto de retirarse el anillo en su mano. Sin embargo, antes de que siquiera moviera un músculo, Sakura lo derribó fuertemente al suelo, quedando ella encima de su musculoso cuerpo, y la hermosa hada de cerezos lo besó pasional y amorosamente en los labios. Sasuke se sorprendió un poco, pero correspondió aquel gesto de su niña, al enredar sus fornidos brazos en la diminuta cintura de ella, y al reciprocar aquel dulce beso de su amada.

Tras devorarse a besos, el uno al otro, finalmente se separaron un poco. Ambos abrieron los ojos, y los mantuvieron conectados. Las lágrimas de Sakura jamás cesaron. Por el contrario. Sus lágrimas caían libremente a través de sus suaves mejillas. Sasuke limpió varias de ellas, pero continuaban saliendo de los hermosos ojos de su amada, así que desistió.

— Acepto — musitó la ninfa, aún entre su lloro — Acepto ser tu esposa, mi dulce príncipe.

Sasuke besó suavemente los labios de su niña.

— Consumado es, entonces — anunció el azabache — A partir de ahora, te convertirás en Sakura Uchiha. Mi esposa, matriarca del Clan Uchiha, y futura madre de pequeños Uchiha — dijo el moreno — Tan sólo espero que estés preparada para lidiar con varios bebés alfa, Cerezo — bromeó, con su estereotípica sonrisa.

Sakura se fundió en un beso con su amado. Y ante la bella luz del ocaso del astro rey, la cual iluminaba aquel templo a través del enorme vitral detrás de la escultura del Dragón Divino, Sakura y Sasuke se entregaron en cuerpo y alma.

Los besos de ambos, en un principio, eran dulces y suaves, pero, eventualmente, las cosas subieron de tono. Las manos de Sasuke ya se hallaban acariciando los hermosos senos de la princesa de las hadas, mientras que ésta gemía y jadeaba constantemente. Sasuke tomó de las nalgas de su pequeña, y la sentó a horcajadas sobre su regazo. Sakura, instintivamente, rodeó la espalda baja de Sasuke con sus increíblemente bellas y níveas piernas, al mismo tiempo que rodeaba con sus delicados y frágiles brazos el cuello de su amado Sasuke-kun. El azabache, entretanto, enroscó sus musculosos brazos alrededor de la diminuta cintura de la ninfa, y la estrechó aún más contra sí mismo.

El moreno no esperó más, y descendió los tirantes del elegante vestido de Sakura por los brazos de ella, y liberó los preciosos senos de Sakura de aquella prisión rosa que era el sujetador de la hada. Y tan pronto lo hizo, Sasuke descendió entre un camino de besos hacia el pecho de su princesa hada, y de inmediato atrapó el pequeño y terso pezón izquierdo de su niña en su boca, empezando a lamerlo, chuparlo, y succionarlo con su boca y lengua. Sakura se excitó de inmediato, y empapó por completo sus bragas color rosa pálido, tal y como su sujetador. La ninfa, debido a la terrible excitación, apenas se dedicó a gemir dulcemente, y a acariciar aquella revoltosa y desordenada melena de su querido príncipe.

Sasuke succionaba el pezón de su Cerezo, y estiraba el seno de Sakura, para después soltarlo, y hacer que el bonito seno de su niña rebote contra el pecho de ella, como si se tratara de una masa gelatinosa. Entretanto, Sakura ya tenía la mirada oscurecida del placer, y un hilillo de saliva se escurría de su boca, el cual caía en la espesa melena azabache de su dulce príncipe. Así mismo, de los hermosos orbes de Sakura caían las lágrimas sin fin. Sasuke, durante todo ello, seguía amamantándose de los hermosos senos de su amada, tal y como un bebé se alimentaba de los senos de su madre.

No obstante, amamantarse de los senos de la hermosa princesa de las hadas ya no satisfacía enteramente a Sasuke, pese a que el moreno le encantaba aquel dulce sabor lácteo de los pechos de Sakura. El moreno se recostó de golpe en el suelo, de espaldas, y hábilmente llevó la entrepierna de su amada flor de Cerezo a su rostro. Sakura quedó sentada a horcajadas sobre la cabeza de su querido príncipe, y éste hizo a un lado las pequeñas bragas de encaje rosado, con lo cual Sasuke reveló aquella increíblemente hermosa vagina de su niña.

Tan pronto Sasuke descubrió la vagina de su Cerezo, el moreno hundió completamente su rostro en el sexo de Sakura, y comenzó a devorar la vagina de la princesa hada. En tan sólo un instante, Sakura sintió cómo Sasuke atrapaba sus labios vaginales, además de su clítoris, entre los labios de la boca de él. La ninfa arqueó la espalda como cuchara, además de soltar un estruendoso gemido, y apretar con fuerza la cabellera oscura de su Sasuke-kun. El moreno, al igual que con los senos de su amada, lamió, chupó, sorbió, y succionó la vagina de Sakura, mientras que sus manos acariciaban constantemente las esculturales piernas de la ninfa. Sasuke bebía constantemente los dulces fluidos sabor cereza que emanaban de la vagina de su niña. Jamás se cansaría de aquel sabor tan único de la ninfa de cerezos.

Tanta estimulación, sin embargo, surgió efecto en Sakura, quien soltó un corto, aunque estruendoso, grito de placer. La ninfa llegó entonces al orgasmo, y expulsó todos sus fluidos vaginales a través de su empapada vagina. La princesa hada se derramó tan intensamente que empapó por completo el rostro de Sasuke. El moreno, mientras tanto, se atragantó con aquel dulce néctar sabor cereza que emanaba de la pequeña vagina de Sakura, al tanto que la ninfa se retorcía de placer, y apretaba con todas sus fuerzas la cabellera de su amado Sasuke-kun. Sasuke lamió y bebió de la vagina de Sakura, hasta que quedó completamente limpia de fluidos.

Sasuke no le dio tiempo a Sakura de recuperarse, puesto que el moreno pronto se reincorporó, y se bajó un poco los pantalones, liberando su enorme pene ya erecto y duro. La hermosa hada aún tenía espasmos del terrible placer que le provocó su amado príncipe, cuando el azabache insertó su monstruoso pene en la vagina de ella. La ninfa apenas y pudo soltar un pujido de placer, ante la increíble sensación de tener el enorme pene de su amado Sasuke-kun dentro de su vagina. Y de nuevo, apenas al sentir cómo el glande de Sasuke chocaba contra su cérvix, Sakura llegó a otro orgasmo. El doble de intenso que el anterior.

La ninfa sintió cómo su mente se nublaba, y cómo perdía todo sentido de la orientación, con aquel increíble orgasmo que su amado dulce príncipe le provocó. Sasuke, no obstante, no se detuvo ahí, sino que de inmediato comenzó a embestir dentro de la apretada vagina de su Cerezo. Sakura gimió fuertemente, cuando aquel colosal pene de Sasuke se frotó contra sus húmedas, apretadas y suaves paredes vaginales. Igualmente, Sasuke gruñía audiblemente, cuando la diminuta y estrecha vagina de su pequeña se apretaba constantemente sobre su enorme pene.

No tardaron ambos en alcanzar el orgasmo. Sakura, como siempre, fue la primera en alcanzar el tan ansiado éxtasis, por lo que su vagina se apretó fuertemente contra el pene de Sasuke, y sus fluidos vaginales salieron expedidos, por tercera cuenta. Sasuke, cuando sintió aquella apretada vagina comprimirse sobre su colosal pene, gruñó fuertemente, y expulsó su semen dentro de la pequeña vagina de su niña. Durante el orgasmo de ambos, Sasuke y Sakura jamás separaron sus labios, sino hasta que el intenso y vehemente orgasmo concluyó en su totalidad.

Sakura sintió cómo su vagina estaba completamente inundada de semen, al grado de que la ninfa no fue capaz de contener todo el semen de su dulce príncipe, y el espeso esperma de Sasuke se desbordó de su suave y rosada vagina. Sakura se sintió sumamente cansada de tan intenso orgasmo, y colapsó sobre el musculoso cuerpo de Sasuke. El moreno la abrazó contra sí mismo, y la besó suavemente en los labios, siendo tímidamente correspondido por la hermosa princesa de las hadas.

— Te amo tanto, Sasuke-kun — musitó Sakura, antes de caer totalmente dormida.

Sasuke sonrió levemente, y besó por última vez a su pequeña flor de Cerezo, antes de que la ninfa cayera completamente en el mundo de los sueños. El azabache cargó a Sakura de regreso hasta la habitación donde ambos dormían.

— Yo también te amo, Cerezo — enunció Sasuke, por lo bajo.

Tras depositar suavemente a Sakura sobre la cama que ambos compartían, Sasuke se recostó al lado de ella, y la abrazó de la cintura. Aún dormida, Sakura se acurrucó contra el musculoso cuerpo de su amado pelinegro, mientras que el azabache simplemente cerró los ojos.

A partir de aquel día, un nuevo camino se mostraba para ambos amantes. Un camino lleno de desafíos, pero también de esperanzas. Un camino rumbo a la felicidad.

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Como siempre, agradezco a los que han seguido la historia hasta éstas alturas. Muchas gracias por su apoyo.

Ahora, vengo con una mala noticia.

Desgraciadamente, las actualizaciones se van a aplazar a cada mes, al menos por los próximo meses. El trabajo está pudiendo (¿Así se escribe? Aún me falla un poco el español LOL) conmigo, y me deja sumamente fatigada. Hay veces que a penas toco cama, y caigo inconsciente a los cinco minutos. Incluso mi salud empieza a ser afectada.

Les suplico, estimados lectores, su paciencia. Ésto solamente será temporal, en lo que la carga de mi trabajo es menor. En cuanto todo sea más tranquilo para mí, reanudaré las actualizaciones quincenales. Quizá hasta semanales.

Sin más que añadir por el momento, me despido de ustedes, linduras.