Advertencias
Nada relacionado con la maravillosa mini-serie Band of Brothers me pertenece, salvo los OCs que aparecerán.
NO soy escritora, esto es por diversión. Estoy abierta a cualquier duda o crítica fundamentada y respetuosa.
El hilo de la trama se basa en el de la serie, de este modo, escenas, diálogos, etc, pueden estar inspirados o tomados de ella. Otras muchas cosas son ficción y surgidas de mi imaginación.
Esta historia puede contener violencia y lenguaje soez, así cómo escenas de carácter sexual subidas de tono.
Aunque esta historia surge del entretenimiento, no pretende ofender ni herir a nadie al tomar nombres y personajes que realmente existieron, ni al revivir acontecimientos históricos, ni al inventar cosas que jamás sucedieron
Capítulo 38
El sonido de los pasos de Winters era lo único que se escuchaba en aquella sala convertida desde la llegada de la compañía en su despacho personal.
Victoria se hallaba sentada en una silla de madera pegada a una de las paredes de la estancia, justo enfrente de Lewis, más relajado que el resto.
Los ojos de la chica se hallaban centrados en el teléfono sobre la mesa, ignorando el paseo nervioso del pelirrojo. La lucha contra sus propios demonios la tenía demasiado atareada.
Nixon sacó su petaca con lentitud en medio del silencio, alzándola hacia la española en señal de ofrecimiento, pero esta negó levemente con la cabeza tras unos segundos, y observó como el capitán bebía un trago.
–Por Dios, Dick ¿Por qué no te sientas? Vas a ponernos más nerviosos. –Dijo el moreno tras guardar su petaca, haciendo que Winters se detuviera y atisbara un leve gesto de cabeza que su amigo hizo hacia Victoria.
–Lo siento, tienes razón.
El mayor se dirigió hacia la silla tras el escritorio después de posar sus ojos fugazmente en Victoria, comprobando su estado anímico, visiblemente más angustiada que antes, tal y como Nixon le había hecho ver.
El silencio se rompió bruscamente con el resonar estrepitoso del teléfono de la sala, haciendo que todos se sobresaltasen y atendieran tras descolgar Winters.
–¡George! ¿Los habéis encontrado? –Se precipitó a preguntar, con la vista de la pareja clavada en él, pasando después a retransmitir lo que Luz decía al otro lado. –Han sido rodeados por dos grupos de alemanes, pero están disuadiendo al que los ha rodeado por la espalda.
–El lugar es complicado para ellos. Les han debido de coger en una cuneta rodeada por dos lomas. Debían haber evitado quedarse ahí. –Dijo el oficial de inteligencia sin entender que había pasado, pero calló ante una señal de Winters.
–¿Quiénes son los heridos, Luz? ¿Lo sabes?
Los dos oyentes se tensaron esperando a que el mayor comunicara más nuevas, sintiendo que aquellos pocos segundos transcurrían como largos años. Victoria sentía que el corazón iba a escapársele del pecho mientras escudriñaba el rostro del pelirrojo, quien habló de nuevo dirigiendo sus palabras a George.
–Heffron, Cobb y Roe. ¿Sabes si están graves? Está bien, George. Buen trabajo. Los refuerzos deben estar al llegar, aguantad.
Cuando Winters alzó los ojos se encontró con que Victoria se había puesto en pie y tenía la mirada fija en él, llena de miedo. Nixon se giró levemente para contemplar lo que su amigo miraba tan atento.
–Si Luz no ha podido precisar sobre el estado de ninguno, no creo que estén muy mal. Roe estará bien, Victoria. –Dijo Nixon mientras se ponía en pie, y la chica guiaba la vista hacia él, pero cambió rápidamente ante la nueva intervención de Winters.
–Sí, estoy de acuerdo con eso. Luz sólo ha podido confirmarme que Heffron fue herido en un tobillo, pero a pesar de que no tuviera certeza de lo que pasaba con Cobb y Roe, sabía lo suficiente como para saber que las cosas no están muy mal. Ya conoces a Eugene, es un tipo muy fuerte.
La morena tragó saliva mientras mantenía la mirada con vergüenza y temor en los ojos claros de Winters. Él era uno de los mayores de la compañía, y parecía saber qué ocurría entre ella y el sanitario. No pudo evitar sentir más nervios ante lo que eso implicaba., buscando las palabras para salir del embrollo.
–Yo me preocupo por los tres, sólo que Eugene es con quién más rato paso y...
–Victoria, no necesitas fingir con nosotros –agregó Nixon con una sonrisa burlona–. No somos de ese tipo de altos mandos rancios y altivos; Nos encantan los cotilleos, ¿verdad, Dick?
El pelirrojo miró fugazmente a su compañero con una media sonrisa, fijando la vista después en la aún asustada muchacha, pasando a explicarse.
–Los chicos comentan que Roe y tú tenéis algo. Sea o no así, sólo quiero que sepas que no pasa nada. Ninguno de los dos descuidáis vuestro trabajo, y nada se ve alterado por vuestra relación, al menos de momento.
–Aseguro que nada cambiará por eso, lo juro. –Soltó la chica, casi interrumpiendo al mayor, el cual sonrió un segundo.
–Eso espero. Confío en tu palabra, Victoria. Ahora relájate, vuelve a la enfermería y prepáralo todo. No tardarán mucho en llegar.
La española asintió con su primera sonrisa desde hacía largas horas, agradecida ante la gran suerte de que Winters formara parte de todo aquello, pues no sólo era un buen jefe, sino que era una persona excepcional y razonable.
Tras una breve despedida por su parte, Victoria se encaminó a la salida para ponerse manos a la obra, algo más tranquila al tener en mente las teorías sobre el estado de los chicos.
–Al final va a admirarte tanto como tú a ella –se burló Nixon con una sonrisa–. Richard Winters, el mayor que dejó que el amor se alzara por encima de la guerra y los deberes militares.
El pelirrojo rió levemente ante su broma caminando hasta coger su cantimplora, hablando antes de beber.
–Si no hacen ningún mal, no seré yo quien le quite la poca felicidad entre este caos a nadie, menos a ninguno de ellos dos. Que aprovechen de todo el tiempo que la vida les ofrezca juntos.
Acto seguido, el oficial de inteligencia alzó su petaca hacia Winters, haciendo que este le imitara y ambos bebieran a la vez porque aquello fuera así.
Victoria sintió como comenzaba a faltarle la respiración mientras observaba las siluetas de los chicos volver cruzando el río entre la oscuridad de la madrugada, pero en lugar de dejarse dominar por el miedo luchó contra él haciendo un gran esfuerzo, comenzando a correr hacia el lugar para ayudar.
Un gran grupo se ocupó de conducir con velocidad a los tres prisioneros que habían hecho hacia una de las casas entre gritos y prisa, a la vez que otros se encargaban de amarrar los botes, dejando que el resto se ocupara de ayudar a mover a los heridos y cargar con el equipo que habían llevado a la misión. Victoria se dirigió velozmente hacia los últimos, buscando a Roe entre las caras con el corazón palpitando frenético.
–¡Eugene! –Gritó en cuanto lo divisó saliendo de uno de los botes con ayuda de Perconte, corriendo hacia ellos. En aquel instante volvió a respirar al ver que estaba bien.
La chica observó que el médico llevaba las chaquetas desabrochadas, mostrando en la parte baja de su camiseta blanca una mancha de sangre fresca. En cuanto tocó tierra y la mujer llegó frente a él, le dijo a su compañero que estaba bien y podía seguir sólo.
–Estoy bien, no es nada serio –se adelantó a Victoria, mientras esta levantaba su camiseta para examinar la herida–. Cobb necesita ayuda, le han disparado en la espalda.
Antes de que la cirujana pudiera preguntar nada, Malarkey y Bull aparecieron portando al herido de gravedad, seguidos por Heffron y Guarnere, este último ayudando al pelirrojo a caminar hacia la enfermería debido a su cojera.
Nadie perdió un instante, y en un par de minutos se encontraron dentro de la cabaña.
Los dos sargentos dejaron a Cobb sobre la mesa indicada por Victoria preparada para las cirugías, desapareciendo después para que la sanitaria trabajase en la pequeña estancia de la casa usada como quirófano.
La chica comenzó a cortar las ropas de la espalda del soldado con unas tijeras, mientras escuchaba en la sala contigua los quejidos de Heffron, y las palabras de Eugene y Guarnere.
–Bill, saca con cuidado la esquirla con esto, y véndaselo hasta que llegue. Tengo que ayudar a Victoria. –Habló Eugene mientras le pasaba unas pinzas.
–Está bien. Deberías de mirarte eso, Doc. Estás sangrando.
El moreno se llevó la mano a la herida contemplando que la sangre continuaba saliendo levemente, pero siguió su camino hacia la sala interior, encontrando a Victoria limpiando la herida situada bajo el omoplato de Cobb.
–Le puse morfina. ¿Cómo está? ¿Puedes atenderlo aquí? –Preguntó mientras se posicionaba frente a la chica.
–Tiene la bala dentro, pero no es muy grave. No hará falta que se lo lleven.
–Bien. Voy a ponerle el plasma y te ayudaré con la bala. –Agregó el moreno, moviéndose para coger la bolsa con el líquido blanquecino y conectarlo al brazo del chico.
Victoria alzó la vista un segundo para mirarlo, pasando después a tomar la palabra mientras trabajaba.
–Eugene, estás herido, déjame a mí. Tú ve a sentarte y véndate hasta que pueda coserte. Por favor.
–Está bien –cedió el joven con una leve sonrisa–. Pero si me necesitas, avísame. Estaré ahí fuera.
–Lo sé, gracias. –Dijo con cariño mientras lo miraba, volviendo a hablar antes de que se fuera. –No sabes cuánto me alegro de que estés bien.
Roe amplió su sonrisa manteniéndose en el umbral de la puerta, saliendo tras susurrar que esperaba poder compensarla después por el sufrimiento que le había causado.
