Romano está lanzando la pizza al aire y haciendo reír a Vati cuando España suspira dejando a Francia hacer, deteniendo a Prusia de que vaya con él para darle espacio con Inglaterra y entrando a la cocina. El italiano atrapa la masa y se sonroja, porque con el escándalo que hicieron, le ha oído desde que entraron y está preparándose para este momento desde entonces.

—¡Hola! —saluda España entrando con Prusia tomado del cuello.

Ciao... —bastante indistinto por parte de Romano, haciéndose el desinteresado.

—¡Roma! —parpadea al notar que está ahí, soltando a Prusia. Britania por supuesto se sonroja inmediatamente.

—Ni te me acerques que tiro la masa —advierte Romano, sonrojándose también. El español ni la mira, se acerca al italiano directo y se detiene con eso.

—Pero... ¡Has venido!

—Pues, imbécil, ¡cómo no quieres que venga! —protesta Romano mucho más pasional de lo que quisiera.

España se ríe tontamente.

—¡Cierra la boca! —protesta sonrojándose más y deja de lanzar la pizza. El ibérico se le acerca y le abraza—. No. ¡No! ¡Suéltame! —protesta y hasta se le llenan los ojitos de lágrimas.

—¡Pero es que estás aquí!

—A ver, stronzo, claro que estoy aquí. Y estoy aquí no para lo que crees.

España le abraza con fuerza, hundiéndole la cara en el cuello, sin escucharle. El menor inclina la cabeza para que pueda hundirle bien la cara en el cuello y tiene un escalofrío. El español le da un beso ahí porque quería verle, ¡y ha venido!

Romano medio extiende la masa sobre el mármol y sube una temblorosita y enharinada mano a la mejilla de España haciéndole un cariñito. Y ahí va el ibérico a buscarle un beso entonces.

El italiano no se resiste ni un poquito esta vez, porque QUIERE MUCHO un beso de España. Y no es por nada pero es ahí donde Britania hace los ojos en blanco y se va a la sala.

La cosa es que sólo unos instantes más tarde, cuando ya parece que a Romano se le ha ido la olla del todo, piensa que... es que es facilísimo que España le mate, con solo un beso de estos. Contra toda su voluntad, se separa. Y es que España se va detrás porque ya se ha olvidado del drama de los muertos.

Prusia se sirve una cerveza y se va a buscar a su padre, por cierto. Germania lo agradece, que le encanta que Prusia esté ahí...

Romanito le pone la mano en el cuello un poco y echa la cabeza atrás, repentinamente agobiado, girando la cara para que no pueda alcanzarle. El español parpadea descolocado.

—Para, para... per favore —Romano pidiendo por favor siempre es una escena de terror.

—¿Q-Qué?

—No... no puedo... espera —aprieta los ojos con el corazón súper acelerado—. ¿Harías una cosa por mí?

—Lo que sea, mi amor.

Romano se humedece los labios y le mira de reojo. SE sonroja un poco.

—V-Ve... y besa a… la mujer esa —le mira de reojo con mucha intensidad.

—¿Qué?

—Ve con ella... y bésala.

—¿A quién? —parpadea.

—¿Cómo que a quien? a tu... ¡mujer esa! A ella —la señala... y nota que ya no está ni ella ni Galia ni Vati.

—¿Pero qué mujer?

—¡La inglesa esa británica, hombre! ¡No te hagas el idiota! ¿Donde está con mi niña?

—¿Qué? ¿Qué pasa con ella?

—Se llevó a Vaticano —ahí se va a la sala por ella, yendo prácticamente a arrancarla de las manos de Britania. España se va detrás de él.

La pelirroja, que muy mona mente estaba enseñando a Vati a sacar la lengua, qué va a hacer además de solamente quedarse ahí, levantando las manos y dejando que su padre se la lleve, no sin pensar que su padre es un HISTÉRICO. España trata de tomarla en brazos para saludarla.

—No —niega Romano, empujándole otra vez un poco hacia la cocina —. ¿Me oíste o no me oíste lo que te pedí?

—Pero... deja que la salude, hombre.

—Es que vas a saludarla y luego a liarme sin enfocarte en lo que te dije. Spagna. Ve y hazlo.

—¿P-Pero hacer qué?

—¡Bueno, tú eres tonto!

—¡No!

—¡Sí que lo eres! ¡Te lo he pedido como cuatro veces!

—Pero es que...

—¿Pero es que qué? Ve, y bésala o... —se humedece los labios —. O me iré de casa.

La amenaza HABITUAL de Romano, que ahora funciona menos bien porque tienen a Vati.

—¡No! Pero... —mira a Britania de reojo—. ¡No!

—¿Tú crees que te lo estoy pidiendo en broma? —Romano frunce el ceño —. Sólo ve y bésala... bien. Y acaba de una maldita vez.

—¡Pero no quiero!

Romano le FULMINA.

—Has dicho que harías lo que yo quisiera. Bien, eso quiero. VE.

—Pero... ¡no! Pero eso... ¡pero no!

Spagna! —protesta Romano.

—¡Italia! —protesta él de vuelta.

—¡Te estoy pidiendo que lo hagas por algo! Y sabes que te estoy pidiendo que lo hagas por algo. ¡Ahora ve y hazlo de una vez!

—¡No sé porqué me pides eso!

—Necesito ver que la beses —se sonroja.

—¿Por qué?

—Porque... sí. Porque... ¡porque!

—¡Ese no es un motivo!

—No te tengo que dar mis motivos para pedirte cosas cuando me dices que sí vas a hacer lo que quiero.

—¡Pero es que eso no quiero hacerlo!

—Me enoja muchísimo que además tengas el cinismo de decirme que no quieres. Ve y bésala y arreglaremos dos malditos problemas de una vez.

—¡No es cinismo!

Romano tira un poco de España para esconderse con él en la cocina, bajando el tono de voz. El mayor le mira frunciendo el ceño.

—Mira... ya sé que te gusta. Y... —frunce el ceño —. Ni siquiera sé por qué. Es rara e histérica, pero vale... si te gusta, ve... y bésala. No es que te la tires, no es que hagas nada más, sólo ve, y bésala y... ya.

—Pero es que no me gusta... —mentira cochina. Romano hace los ojos en blanco.

—Bueno. ¡Bésala igual, Cazzo!

—¡No! ¡Yo quiero besarte a ti!

—Pues yo no quiero que me beses a mí hasta que no arreglemos esto. Ve y bésala a ella —y rómpeme un poquito el corazón. ¡Al menos un poquito, hombreeee!

—Pero...

—Es... una forma. Estuve pensando en el camino acá, y... —se sonroja —. Tú... creo que podrías morirte en serio. Así que creo que necesitas pensar en alguien más a veces... sólo A VECES.

—Morir... ¡MORIRME!

El italiano le tapa la boca con una temblorosa mano y se sonroja más porque... es que no, no cree que España pueda morirse. Lo ha pensado bastante... y no. España sí era capaz de verla a ella y enamorarse de ella, aunque fuera un poquito... pero él, era idiota y llevaba AÑOS dejando crecer esto por España en su interior.

No dudaba ni un segundo que fuera a ser Vati la que se quedara con Roma, y quizás España se quedaría con Britania... oh sí, este era un plan peligroso, romperse a sí mismo el corazón usando a... la mujer que si él moría podría quedarse con España ahora mismo.

—Si la besas bien... no vas a morirte. Si te enamoras un poco de ella... —desvía la mirada.

—No voy a... no vamos a morir, papá nos lo ha explicado.

Romano hace los ojos en blanco.

—No, no, de verdad.

—¿Qué te ha explicado?

—Que para morir tendríamos que querer morirnos.

—Eso es idiota, nadie quiere morirse —el menor frunce el ceño.

—Por lo visto él sí, se dejó ir del todo, eso explica por qué yo nunca he muerto por ti.

—Tú nunca has muerto por mí porque está Francia, ¡y porque está Austria y porque eres un maldito ojo alegre y lo sé!

—¡¿Qué?! ¡No! Francia es mi hermano y Austria... venga ya.

—Es que... ¡es que tú eres un completo idiota! ¡Y no te das cuenta de NADA! —protesta frustrado —. Esto es una bola de nieve enorme que ha... ¡ha empeorado con el tiempo!

—¿El qué?

—¡Qué no eres tú el que se puede morir! —protesta apretando los ojos.

—¿Y quién si no se va a morir?

Es que con gusto te ahorcaría... Romano le mira con FUEGO en los ojos y perfectas ganas de ahorcarle.

—¡Me voy de casa!

—¡¿Queeé?! ¡¿Por?!

—¡Porque eres un idiota! ¡¿Cómo puedes no entender una cosa tan básica?! ¡¿Quién coño se va a morir si no eres tú?!

—No lo sé, nadie, es lo mismo para Francia también.

—¡Eres IDIOTA!

—¿Eh?

—¡Soy YO el que muy probablemente se VA a morir, ve TODAS las señales!

—¿Tú? ¡Me quieres tanto que crees que vas a morir! —chilla y lo abraza.

Muy bien, ahora mismo Romano TE ODIA.

—¡Sueltameeee! Ugh! ¡TE odio!

—¡No me odieeees! ¡Con lo que yo te quiero!

—Es que... ¡Es que estás haciendo tonterías! ¡Y no entiendes!

—¡No! ¡Es que te quiero mucho!

—¡Es que no oyes lo que te digo!

—Sí te oigo, pero contigo funciona igual…

—No lo sé, está Vati, y tú y yo... ¡Cada vez es peor!

—Pero... no quieres morirte, ¿no?

—¡No! No quiero morirme, pero...

—Pues no vas a morirte —sonríe. El italiano le mira y frunce el ceño.

—¡¿Estás seguro?!

—¡Sí! Papá nos lo ha dicho.

—¡¿Y tú no podías decirme eso antes?!

—Te lo digo en cuanto te he visto —se ríe un poco tonto porque es que... le quiere.

—¡No! Te esperaste a... ugh! ¡Quítate de mi camino! —protesta sonrojadísimo.

—Noooo —lo abraza más—. Yo también te quiero muchísisisisisimo.

—¡No! No... Es que no... Ugh! Pues que sepas que he besado a Galia y... ugh! ¡TE DETESTO! ¡Quítate! —más sonrojado aún.

—No beses a Galiaaaa.

—¡Y le dije a tu mujer esa zorra que te besara!

—¡No lo hagas, bésame a mí que soy quien más te quiere en el mundo!

—No quiero... —¡no mientas!

—Vamos, vamos a acostarnos, que quiero que nos oiga...

—¡No! ¡Yo no quiero que nos oiga nadie! —se sonroja y le empuja un poco más, mirándole de reojo. La verdad, sí que quieres, Romanito, marcar tu territorio.

—Yo sí, quiero que sepa que muero de placer cuando me tocas.

—¡Deja de decir esas cosas! —protesta mirándole a los ojos pero se le nota que en realidad sí que quiere que les oiga y que vea lo que es REALMENTE gustarle a España.

—Entonces ven conmigo —sonríe de lado y vuelve a abrazarlo de la cintura, buscándole un beso en el cuello o así.

Vale, es ahí es cómo puedes saber que en el fondo la idea no le molesta en lo absoluto, puesto que le pone la mano directita en el culo. Vati ha desaparecido...

Se la ha llevado Prusia, de todos modos en esta casa todo el mundo se lleva a la niña, así que… O sea, es cruzar el umbral y desaparecer.

Romano dice que menos mal, porque como buena casa de la perversión pretende tirarse a España en la cocina sobre la pizza. Ya podrían haberla metido antes al horno.

Te invitamos a mirar, Britania.

Britania está... un poquito heartbroken porque ahora tampoco le ha tocado beso y ella se había hecho ilusioncitas. Aún así puede que les espíe un poquito por la puerta.


¡No olvides agradecer a Josita su beteo y edición!