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Capítulo 35: Tom

Claire agarró la sudorosa mano de Fin cuando entraron a la oscura habitación. Había tenues velas colgando en las paredes, pero la luz no era suficiente para permitirle a Claire ver con claridad.

—Quiero ir a… —le dijo con voz temblorosa a Fin.

—Aún no, mi dulce. Estamos aquí para hacerle un favor a Tom. Está enfermo y necesita nuestra ayuda ¿Quieres ayudarlo, verdad?

Claire negó con la cabeza.

—Quiero a mi papá —dijo tirando su mano de la de él.

—¿Hay algún problema Finnius? —una voz ronca resonó desde un oscuro rincón de la habitación.

—Por supuesto que no, mi señor. A ella no le gusta la oscuridad —dijo Fin al tiempo que cogía la mano de Claire otra vez y la arrastró a través de la habitación hasta su anfitrión secreto.

—Bueno, yo diría que si ella pudiese verme le gustaría aún menos la luz —siseó Tom.

Los ojos de Claire se agrandaron temerosos mientras escuchaba a los dos hombres hablar.

—¿Dónde debo llevarla, mi señor? Estoy seguro de que mi piso ya no es seguro.

—¡Eres un tonto Finnius! —gritó Tom— Deberías haber planeado con anticipación ese tipo de cosas. No la necesitábamos hasta el equinoccio de primavera.

—Sí, mi señor, pero no sabía si iba a tener otra oportunidad. No fue fácil entrar a la casa y…

—¡SILENCIO! —gritó Tom, provocando que Claire saltara un poco— Podrías haber encontrado un modo, pero la tienes ahora y supongo que ocultarla no será demasiado difícil. Eres el único responsable de mantenerla feliz y alimentada. Necesito toda la fuerza que ella pueda tener en Marzo. Hay un piso adecuado en Hogsmeade, te permitiré usarlo por ahora. Asegúrate de mantenerla tranquila. Estoy seguro de que Potter tendrá a todo el ministerio buscándola.

—Sí, mi señor —dijo Fin inclinándose. Claire lo miró extrañada y, tomándolo por sorpresa, se liberó de las garras de Fin. Corrió hacia la voz rasposa de la esquina. Fin hizo un movimiento para agarrarla pero ya era demasiado tarde. Se acercó al hombre sentado en la silla.

—Quiero ir a casa —dijo con firmeza y sin temor.

—Niña, no sabes lo que quieres. Voy a concederles un regalo a ti y a tu abuelo en tu cumpleaños.

—¿Un regalo?

—Sí, el mejor regalo que puedas imaginar.

—¿Puedo ir a casa y luego volver por el regalo en mi cumpleaños?

—No, me temo que no. Tu abuelo cuidará de ti hasta entonces.

—No quiero tu regalo —dijo Claire haciendo un puchero— Quiero ir a casa. No me importa si estás enfermo. No quiero ayudarte y no quiero nada de ti —agregó con firmeza.

—No depende de ti —respondió Tom un poco más firme— Tu abuelo ha prometido que tú me ayudarás.

—¡No lo haré! —Claire gritó y pataleó— ¡Quiero ir a casa! ¡Quiero a mi papá! ¡Quiero a Hermione! —gritó a todo pulmón.

—¡Controla a esa niña Finnius! —rugió Tom. Fin fue a agarrarla pero ella se arrancó de sus brazos.

—No puedes hablar así con Tom, Claire —dijo Fin, nervioso— Él necesita tu ayuda y se la darás.

—¡No lo haré! —gritó de nuevo.

—Si no puedes controlarla yo lo haré por ti —siseó Tom.

—No, mi señor. Ella es sólo una niña… entenderá con el tiempo —dijo Fin poniéndose entre Tom y Claire. Tom levantó lo que parecía ser un débil y atrofiado brazo. Una temblorosa varita fue visible entre sus manos.

—Estoy débil, pero aun así no seré burlado, sobre todo por una niña —dijo con voz ronca.

—Por favor, mi señor. Me la llevaré ahora, para marzo estará lista para hacer lo que sea necesario —rogó Fin.

Tom se detuvo un momento antes de bajar la varita.

—Muy bien, entonces. No necesito desperdiciar mis energías en un niño. Especialmente cuando ella será mi fuerza. Llévatela ahora y mantenme informado sobre su progreso. No la lleves donde pueda ser vista en Hogsmeade, debe parecer como si ninguno de los dos existiera —Tom suspiró con cansancio— Desaparece, ahora.

—Sí señor, gracias —dijo Fin inclinándose una y otra vez.

Las lágrimas de rabia de Claire ahora se transformaron en lágrimas de miedo. Algo estaba mal aquí. Ese hombre, Tom, le daba miedo. No pudo ver su apariencia y sin embargo… sabía que no era del todo humano.

De vuelta al piso de Fin, Harry, Hermione y algunos otros aurores llegaron con sus varitas extendidas. Para su decepción el piso estaba vacío.

—¿Crees que volverá? —preguntó una llorosa Hermione.

—Creo que si él sabe quién eres y sabe que eres mi amiga no se arriesgaría a volver aquí —dijo Harry. Sus gafas resbalaban del puente de su nariz debido al sudor en su rostro. Tenía que admitir que estaba nervioso. Un dolor en la cicatriz de su frente le dijo que algo no andaba bien con todo esto, y que este no era un secuestro normal.

—¡Ella estuvo aquí! —gritó Hermione— ¡aquí hay algunos dibujos que hizo y parece que él le dio de comer cereales para el desayuno, y aquí hay una de sus zapatillas! —dijo entregándole las cosas a Harry. Él las observó y se las entregó a otro auror diciéndole que los llevara de vuelta al ministerio tan pronto como fuera posible.

—El hombre no usó la red flu para irse, señor Potter —le dijo otro auror— Sólo la usó para llegar. Y acabamos de recibir noticias de la mansión, el hombre utilizó una red flu no autorizada para entrar en la mansión.

—¿De dónde? —preguntó Draco.

—Desde una casa muggle en Londres. Los Granger, Richard y Katherine.

Hermione abrió la boca y se la cubrió.

—¿Mis padres están bien? —preguntó sin saber cuánto más podría soportar.

—Ellos están bien. Deben haberla utilizado cuando ellos no estaban en casa.

Hermione comenzó a llorar de nuevo. Sentía que todo esto era su culpa.

—Dejé que mis padres vinieran a nuestra fiesta de Halloween. Utilizamos la red flu para volver, pero yo estaba segura de que la inhabilité después que se fueron a casa —dijo entre sollozos.

—No es tu culpa, Hermione —Draco le daba palmaditas en el hombro y dejaba que sus lágrimas cayeran sobre su pecho— Este hombre planeó todo esto ¿Quién sabe por cuánto tiempo te ha estado siguiendo y observándonos, y a Claire.

—¿Pero por qué? —preguntó Hermione.

—No sé. Simplemente no tiene sentido —dijo Harry mirando a su alrededor otra vez. Tenía que haber algo allí, una pista de dónde se la habría llevado. Caminó por el apartamento usando todos sus sentidos. Olió a humo, de puro o una pipa, no podía decirlo de inmediato. Y ese olor, un olor corporal que le hizo arrugar la nariz con desagrado. Una taza de té casi vacía estaba cerca de la estufa. Harry la recoció y la olió. Té, earl grey. La agitó en círculos viendo las hojas de té hacer un remolino en la parte inferior de la taza. ¿Dónde estaba la adivinación cuando la necesitabas?

Draco caminó por el sucio apartamento también. Se encogió pensando en su hija durmiendo allí, comiendo algún tipo de producto muggle para el desayuno. Sabía que ella tenía miedo. Podía sentirlo en su propio corazón. Miró a Hermione. Tenía los ojos enrojecidos y estaba temblando de pies a cabeza.

—¿Por qué no llevas a Hermione de vuelta a la mansión y le das algo de comer? —sugirió Harry tratando de ser útil.

—No, no tengo hambre. Estoy enferma del estómago. Sólo quiero tener a Claire de vuelta. Debe estar muy asustada. No puedo volver hasta que ella esté en casa —respondió Hermione antes de empezar a llorar otra vez y luego vomitar en el suelo. Draco tomó su varita e hizo desaparecer rápidamente la suciedad. Nada le importaba en esa pocilga.

—Al menos siéntate. Te ves como un muerto en pie —le dijo Harry a Hermione. Ella realmente se veía terrible. Harry sabía que la culpa se la estaba comiendo viva.

Hermione asintió con la cabeza como un niño y se sentó en una silla de madera del comedor. Pasó sus dedos a través de los lápices de colores que estaban sobre la mesa.

Harry puso su mano en el hombro de Draco y lo sacó fuera del alcance del oído de Hermione.

—Realmente necesitas llevarla a casa y, al menos, darle de comer. Puedo conseguir una poción de dormir sin sueños si lo necesitas. Puedes ponerle un poco en el jugo.

Draco miró a Hermione y asintió. Todo ese llanto no los estaba llevando a ninguna parte. Movió su cabeza afirmativamente y Harry llamó a uno de los aurores y le pidió que regresara al ministerio y consiguiera un pequeño frasco de la poción. Minutos después regresó con una pequeña botella de color azul con un tapón de corcho. Harry se lo entregó a Draco discretamente y le dijo que le enviaría una lechuza cuando hubiera noticias.

—Gracias Potter —dijo Draco sacudiendo su mano— Hermione tiene suerte de tener un amigo como tú —y luego añadió— y yo también.

Harry asintió y luego volvió a peinar el piso en busca de nueva información. Draco se acercó a Hermione y la tomó del brazo.

—Vamos a cambiarnos ropa y a conseguir algo de comer.

—No… no puedo… —dijo. Le dolía el estómago. Sentía como si fuera a vomitar de nuevo. Y lo hizo, al lado del sofá. Esta vez Draco no se molestó en limpiarlo. Recogió el cuerpo de Hermione en sus brazos y los apareció a los dos de vuelta a la mansión. Una quincena de aurores todavía estaban revisando los alrededores. La llevó hasta el dormitorio y la puso sobre la cama antes de pedir a Evy que le llevara un poco de jugo de naranja y tostadas. Un momento después el elfo apareció con una bandeja. Draco le dio las gracias y puso algo de la poción en el jugo. Le entregó el vaso y ella lo bebió agradecida. Momentos después se había quedado dormida. Draco la cubrió y encendió el fuego en la chimenea.

Se dejó caer en el sillón junto a la cama y suspiró. La boca de su estómago se revolvía como nunca antes. El miedo que sentía no era como nada que pudiera explicar y sin embargo sabía que Claire estaba viva. No sabía cómo lo sabía pero lo hacía.

Fin se apareció a sí mismo y a Claire en un callejón en Hogsmeade. Acababa de caer nieve por lo que sería un viaje difícil ya que Claire había perdido una de sus zapatillas en algún lugar y ahora tenía que cargarla. Leyó la dirección en la plana de un pergamino que Tom le había dado. Se supone que tenía muchos hechizos de seguridad para mantener a Potter y sus curiosos aurores alejados.

—West Hogsmeade 153—leyó en voz alta para sí mismo pensando que Claire estaba dormida en sus brazos. Por fin llegó a la calle West Hogsmeade y giró a la izquierda.

—143, 144, 145, 147, 149, 151 Ah, aquí está 153 —murmuró un hechizo y la puerta apareció en un pared de ladrillo blanco junto al número. Rápidamente abrió la puerta, entró, murmuró algo más y la puerta se desapareció. Miró alrededor del pequeño piso. Cocina, sala de estar y dormitorio estaba todo en una sola habitación. Había una puerta a la derecha que él sospechaba era el cuarto de baño. Un fuego que ya ardía intensamente en la chimenea quitaba el frío de la habitación. Estaba limpio y tenía todo lo que necesitaban para una estadía de tres meses. Sacudió ligeramente a Claire para despertarla.

—Estamos en casa, Claire —le dijo suavemente a la niña. Ella quitó su cabeza del hombro de Fin y miró a su alrededor.

—Esta no es mi casa.

—Lo es por ahora.

—¡NO! —dijo saltando de sus brazos y aterrizando en el duro suelo.

—Baja la voz, niña. Nadie puede saber que estás aquí —dijo un poco más firme.

—Quiero que sepan. ¡Me alejaste de mi papá! —gritó.

—Pero yo soy tu familia. Tu verdadera familia. La única familia que te queda. Voy a cuidar bien de ti hasta tu cumpleaños, lo prometo. Y entonces, Tom te dará el mejor regalo que jamás puedas imaginar.

—¡No quiero! ¡Me quiero ir a casa! —gritó, saltando arriba y abajo con fuerza en el suelo haciendo que todo el piso temblara.

—No me hagas silenciarte, niña —dijo Fin señalándola con una temblorosa varita. Inmediatamente el miedo apareció en los ojos de Claire, se calmó y se sentó en el sofá junto al fuego.

Fin guardó su varita rápidamente.

—Sólo son unos pocos meses… —susurró— puedo manejarla hasta entonces.

...


Hola Chicas! Aún siguen ahí verdad? eso espero! Bien, Voldemort no está muerto como pueden ver, algunas lectoras pudieron intuirlo. En los primeros capítulos se menciona que Harry lo había derrotado sólo seis meses antes ¿lo recuerdan? pues parece que algo no salió bien y aquí lo tenemos, quiere hacerle un hechizo a Claire y tomar su fuerza ¿Por qué? Pronto lo sabrán... recuerden que esta traducción acaba la próxima semana. Buen Fin de semana para todas! Nos leemos, Muchos cariños :*