Disclaimer para este y los siguientes capítulos: Todos los personajes que conocen son de JK Rowling, el uso de ciertos nombres son mera coincidencia y no tienen el propósito de herir o burlarse de alguien. El nombre del fic lo base en la película "Cuando Harry conoció a Sally" (When Harry met Sally) pero el contenido del fanfic no tiene que nada que ver con el de dicha película.

Advertencia: El siguiente capitulo contiene lenguaje no adecuado para todas las edades.


Cuando Scorpius Conoció a Rose

Walking in a Winter Wonderland

Ese olor a menta me parecía tan familiar. La temperatura de esta mano la conocía. Me acomodé para ver quién me había despertado, y me encontré con Scorpius arrodillado al lado de mi cama con su escoba a un lado. La primera reacción que tuve fue asegurarme que nadie más estaba en mi habitación. Victoire no había dormido en su cama anoche, seguramente por lo que le conté. Después volví a mirar a Scorpius confundida, no tenía idea porque venía, pero eso no me quitaba las ganas de besarlo y abrazarlo.

-Scorpius –susurré para que nadie se diera cuenta-. Son las-

-5 de la mañana, lo sé – me interrumpió, sonriendo.

No pude evitar sonreír al verlo así. Salí de mi cama a rodearlo con mis brazos. Merlín, lo extrañaba demasiado. No me importaba si es que venía por cinco segundos, lo único que quería era quedarme con él.

-Vístete, tenemos que aprovechar todo el día –anuncio al separarse de mi-. Vamos. Casi no hay nadie en el castillo y eso significa que Hogsmeade está vacío.

Entendí que quería pasar el día conmigo. Al principio pensé que era una idea muy arriesgada, ya que mi familia se enteraría de esto, pero al escuchar que Scorpius había dejado una carta sobre su cama diciendo que tenía obligaciones de Premio Anual me pareció una muy buena idea. Conociendo a mi familia, se iban a despertar en como dos horas, así que saque un pedazo de pergamino y escribí que debía ocuparme de algo en la escuela acerca de ser Premio Anual (ah, la ironía), me vestí, y tomé la mano de Scorpius.

-Agarra tu escoba y vayámonos de aquí –dijo antes de plantarme un suave beso en la mejilla-. Te he echado demasiado de menos.

Creo que después de habernos peleado por casi toda nuestra vida en Hogwarts, él se había convertido en una de las personas que mejor me conocía. Lo obedecí y tomé mi escoba. La ventana de mi habitación ya estaba abierta, así que al salir por ella me aseguré que iba a estar sellada. Como era tan temprano, aún estaba oscuro. Parecía como si la noche nunca se acabara. Estaba un poco dormilona, pero eso no importaba ya que Scorpius tenía mi mano entrelazada con la suya para que no nos separáramos en el viaje. Nunca pensé cuanto nos demoraríamos en llegar a Hogsmeade desde la Madriguera, entonces esto se sentía como una aventura nueva.

Las luces de la aldea muggle cerca de la Madriguera todavía estaban encendidas. Por suerte no había nadie afuera que nos viera pasar por el cielo. Aunque no estábamos tan cerca del suelo, uno todavía podía identificar dos personas volando en escobas mágicas. Bueno, eso no es raro para nosotros, pero sí lo es para los Muggles, quienes creerían que están locos. Además que me metería en más problemas de los que estoy. Bah, ¿a quién le importaba? Estaba feliz. Por primera vez desde que dejé Hogwarts, estaba feliz.

Miré a Scorpius, quien iba un poco delante de mí, y se me ocurrió una idea. Hacía mucho que no competía con él.

-¡Scorpius, a que yo te puedo ganar! –dije en voz alta para que me pudiera escuchar, y pise el pedal para acelerar. Pasé al lado de Scorpius tan rápido que ni me di cuenta si él se había dado cuenta.

Me sentía como niña pequeña compitiendo con él. Tenía ganas de reír a mis adentros cuando me fije que estaba bien lejos de él. Pero, ¡diablos, me alcanzo! Discúlpenme por no explicarles mucho, tengo que ganar esta carrera.

Y debo decirles que al llegar a Hogsmeade, habíamos empatado. Era como en todo. Siempre terminábamos en el mismo puesto, pero eso no me enojaba para nada. Era genial, ya que por fin alguien podía vivir como yo. Hogsmeade estaba casi vacío. Pues claro, parecía que una tormenta iba a aparecer así que nadie quería salir del castillo o los bares. Las tiendas aun no se habrían excepto Las Tres Escobas, que estaba abierto desde muy temprano hasta muy tarde. Los dos reducimos nuestras escobas hasta que cupieran en nuestros bolsillos antes de entrar al bar.

Había algunos hombres sentados en la barra tomándose unas cervezas conversando entre ellos. Por suerte nadie se dio cuenta que Scorpius y yo nos habíamos sentado en la parte más escondida del local. Estábamos sentados en un rincón, con una lámpara sobre nuestra mesa iluminándola. Esta vez, me atreví en sentarme al lado de Scorpius en vez de al frente, ya saben, para poder olerlo mejor. Retiro lo dicho, para tomar su mano. El, sin dudas, cogió la mía al sentirla moverse. Sonrió tímidamente y sentí que me iba derretir de nuevo. Aunque pensaba que era muy pronto para hacerlo en público, tenía ganas de acomodar mi cabeza en su hombro. Poco a poco, pensé, poco a poco.

-¿Quieres tomar algo? –me preguntó pero negué mi cabeza. Aún no tenía tantas ganas de comer desayuno.

-Esto es diferente –comenté.

Hacía tiempo que Scorpius y yo nos juntábamos así en público. De hecho, la última vez que conversamos sin ofensas y sin perdernos en besos fue cuando fuimos a la Lencería Malkins. Era como volver a ser amigos –o conocidos, no creo que nunca fuimos amigos de verdad. Pero eso no importaba, ya que Scorpius y yo estábamos satisfechos con lo que teníamos. Al ver el sol asomarse, pensé en lo que podíamos hacer en Hogsmeade mientras estábamos solos. Ósea, nadie se iba a enterar que teníamos el plan de pasar el día juntos, ¿verdad?

-Ya, es hora de comer desayuno –anuncié antes de pararme de mi asiento- ¿Qué te gustaría comer?

-Tocino –respondió, y me encamine a la barra para pedir nuestra orden.

Me di cuenta que a nadie le importaba que la hija de Ron y Hermione Weasley estuviera en las Tres Escobas en la mañana comiendo desayuno con el hijo de Draco Malfoy. Al parecer, la gente estaba muy borracha para fijarse en lo que pasaba. Al recibir nuestro desayuno (tocino y jugo de zanahoria para los dos), volví a donde Scorpius estaba sentado y los dos disfrutamos de nuestra primera comida juntos.

-Sabes, esta es la primera vez que comemos juntos –dije, mientras me devoraba mi desayuno.

-Sí, tienes razón –comento el-. Es raro, después de siete años viviendo en el mismo castillo, y un año en la misma sala común, ahora es cuando tenemos la oportunidad de comer juntos.

-Es raro como la cosa más simple, es decir comer, fue algo que nunca pensamos en hacer juntos. Tal vez deberíamos comer a veces en la sala común. Ya sabes, somos Premios Anuales y tenemos más autoridad que los demás –además que me ahorraría un día de ver a las chicas de mi casa, pensé.

-Me gusta esa idea –asintió mientras terminaba su tocino.

Los dos juntamos dinero y lo dejamos en la mesa para que alguien lo tomara, y salimos de Las Tres Escobas. Me sentí algo especial cuando el abrió la puerta para que yo saliera primero. Afuera había un poco de sol, pero pronto iba a ser tapado por las nubes ya que iba a empezar a nevar. Caminamos por las calles vacías de Hogsmeade; al parecer, esta no era una villa que despertaba tan temprano. Pasamos por todos los callejones que había, y los conocía muy bien para saber que era interesante y que no era. Por suerte me había puesto mi chaqueta más gruesa, pero cuando Scorpius decidió rodear mis hombros con su brazo no me pude haber sentido más abrigada.

Llegamos a la calle donde todo cambio entre nosotros. Me fije que una escoba mágica estaba barriendo la entrada del cine, que no había cambiado de nada desde que Scorpius y yo fuimos a ver una película hace unos años. Mire al otro lado de la calle donde el cine estaba, y ahí se encontraba la lencería. Scorpius aprieto mi hombro, indicándome que él también estaba viendo lo mismo.

-Lástima que abren a las 9 –dijo, y su tono sonaba como si estuviera triste pero en broma.

-Da lo mismo, ¿no te diste cuenta de lo que agregaron en el cartel? –dije, apuntando a donde decía Lencería Malkins: ropa interior para todas las ocasiones, matrimonios, y noches locas.

-¿Noches locas? –Preguntó Scorpius antes de lanzarse a reír- Me pregunto en qué tallas tienen sus cosas especiales.

Yo también me empecé a reír, y parecía que volvimos a Cuarto Año, cuando estábamos parados adentro de esa tienda, riéndonos de todo lo que veníamos. Me atreví a besarlo en los labios y el no se negó. Los dos sonreímos, y el tomo mi mano para que sigamos caminando por el barrio.

-¿Has comprado algo de esa tienda? –pregunto Scorpius, curioso.

Lo miré seriamente y se quedo callado. Tenía ganas de comérmelo cuando vi la cara de culpable que puso. Parecía perrito atropellado en la calle. Seguimos caminando por la misma calle, fijándonos en las películas que mostraban en el cine hoy, pero ninguna parecía tan atractiva. Mas gente empezaba a salir de sus tiendas, y los turistas aparecían de a poco. Sin embargo, Scorpius y yo todavía estábamos tomados de la mano como una pareja real. Al fin, pensé, al fin podía mostrarle al mundo lo que yo sentía. Scorpius tenía sus dedos entrelazados con los míos, y se sentía perfecto. No era raro, para nada. Era…perfecto.

Lamentablemente, el sol empezó a esconderse entre las nubes y sentí unos copos de nieve cayendo del cielo, pero eso no nos molesto para nada. De hecho, al encontrarnos al frente de la tienda donde Victoire compró su vestido de novia, los dos no nos dimos cuenta de lo que pasaba alrededor nuestro.

Lección del día: La ropa de mujeres era un tópico sensible entre Scorpius y yo.

La futura señora Lupin agarro las manos de su prima menor y la llevó junto a ella, mientras la cámara seguía sacando fotos. Rose no pudo esconder su sonrisa al estar dando vueltas hacia todas partes junto a su prima, su amiga. Reían juntas sin cesar, mientras posaban ante el artefacto, sacando lenguas o haciendo otras locuras.

Ambas se reían como lo hacían cuando eran más pequeñas, y Rose volvió a sentir esa onda de juventud en su interior. ¡Qué mejor manera de pasarse el fin de semana!

Al estar moviéndose de un lado para el otro, Rose se acercó cada vez más a la vitrina de la tienda, donde habían modelos de plástico que llevaban otros vestidos de novia. Siguió dando vueltas hasta que tocó una de las modelos y casi se caen. Al recobrar el balance miró a través de la vitrina.

Ay, como no me iba a olvidar de esa ocasión. Y lo peor era que tenían el vestido que yo me probé en la vitrina para que todo el mundo lo viera. Para que Scorpius lo viera. Merlín, estos momentos incómodos con tu pareja siempre pasaban. Especialmente si tú y tu pareja han tenido una relación em… turbulenta.

Scorpius apretó mi mano y me sacó de mis pensamientos. Sonrió ladeadamente antes de que me indicara que quería seguir caminando. Vaya, todavía era muy temprano y teníamos tantas cosas que hacer. Era una lata quedarse en Hogsmeade todo el día, aunque fuera con Scorpius. Los dos conocíamos la aldea muy bien, ya sabíamos dónde ir y donde no ir. Ya sabía que pronto íbamos a tener menos ideas, así que tuve una idea.

-Scorpius, ¿has ido al mundo muggle?

El me miro con una ceja alzada, como si estuviera bromeando con él. Después de unos momentos negó con su cabeza, lo que me hizo curvar mis labios en una sonrisa pequeña.

-Tienes mucho que aprender –agregué.

-O sea, he ido a diferentes partes de Europa –tenía la idea que no solo se refería a países, sino que también a chicas-. Pero nunca he visitado el mundo muggle en una cita.

Me sonrojé un poco oírle decir la palabra "cita", cosa que me volvió a pensar que estábamos libres de esconder nuestra relación. Aunque no tenía idea donde podíamos ir en el mundo muggle, ya que Scorpius había visitado varios lugares en Europa, pensé en mover mis límites.

-¿Conoces Nueva York? –la sonrisa de Scorpius fue lo único que necesitaba para que respondiera mi pregunta.

Gracias a Merlín que éramos los más brillantes de nuestra clase.

Al encontrarnos en la punta del Empire State en medio de invierno, me di cuenta del frio que hacía. Sin embargo, había bastantes turistas a nuestro alrededor. Nunca supe que la aparición entre dos países sería tan fácil, pensaba que había que pasar por un borde mágico o algo así. O a lo mejor nadie se ha dado cuenta que Scorpius y yo nos aparecimos ilegalmente en uno de los edificios más famosos de Nueva York. La vista era espectacular, me hubiese gustado tomar fotos. Por un lado se veía la Estatua de la Libertad, y había edificios por doquier. No había vista más muggle que esta, y me encantaba compartir esta experiencia con él. Scorpius tenía sus brazos rodeando mi cintura mientras los dos mirábamos las bellezas de Nueva York.

-Tenemos de tres a cuatro horas antes que el gobierno americano de magia se dé cuenta que traspasamos el borde –dijo Scorpius-. Por suerte aparecimos en un lugar lleno de muggles, lejos de la comunidad mágica.

Wow, me impresionaba lo mucho que sabía Scorpius de cosas así. El era brillantísimo, pero nunca supe que sabía de leyes y regulaciones. De hecho, recordando algunas de nuestras conversaciones (ejem, peleas), el siempre ha mencionado cosas acerca de la justicia y leyes.

-Scorpius, ¿Qué vas a hacer después de Hogwarts? –pregunté, un poco avergonzada por no saber lo que mi pareja iba a estudiar.

-Quiero trabajar en el departamento de Leyes y Regulaciones Mágicas –contestó, y al parecer estaba un poco contento al hacerlo- ¿y tú? –por suerte no era la única en no haberse interesado en nuestros futuros.

Le habría mencionado que mamá trabaja en ese departamento y le ayudaría, pero digamos que nuestras familias todavía no tienen idea de lo que estamos escondiendo.

-Voy a ir a la Academia de Medimagia de Europa en el otoño –respondí, y sentí que un pedazo de plomo caía en mi pecho.

Scorpius se quedo callado al igual que yo. Era la primera vez que nos dimos cuenta que nuestra relación no sería lo mismo en el futuro. Tal vez no iba a durar, tal vez nada iba a pasar. La Academia quedaba lejos de Inglaterra. De hecho, ni tenía idea donde quedaba. Era parte de mi sueño, pero Scorpius…

El tomo mi mano, y me llevo al ascensor.

-¿Cómo funciona esto? –me preguntó, y su tono sonaba como si quiera cambiar el tema.

Silenciosamente, apreté el botón y en unos segundos llegó el ascensor para que bajáramos a la calle. Mi primera idea al pensar en venir a Nueva York era comprar una de sus famosas camisas, ir al Central Park, Times Square, Centro Rockefeller, pero con el nuevo humor de nosotros no sabía si íbamos a hacer algo más aquí.

-Estamos en la Quinta Avenida –dije, tratando de meterle conversa-, hay varias tiendas así que podríamos ir a una…

El tan solo empezó a caminar a cualquier lugar y yo tuve que seguirlo. Tal vez debía darle tiempo para que se calmara.

Una relación de larga distancia no sería mal, ¿verdad? Podría verlo todos los fines de semana y en festividades, podría escribirle todos los días. Encontraría tiempo para dedicarle unos momentos a Scorpius. Ahora era el mediodía, pero no quise sugerirle ir a comer a alguna parte, así que seguimos caminando. Al principio, sus pasos eran más pesados e iba más rápido, y poco a poco empezó a relajarse hasta que volvió a lo normal. Al caminar a su lado, Scorpius me vio y al parecer se dio cuenta de cómo me sentía ya que, con su mano derecha tomó mi mano derecha y después rodeo su brazo por mis hombros.

Y la mejor parte de esto era que estábamos en una ciudad diferente, un país diferente, donde nadie nos conocía. Así que besarse en público era mucho mejor ya que nadie iba a reconocernos y contarle a la prensa o algo.

Después de eso, no mencionamos el tema de lo que íbamos a hacer el próximo año, ya que era territorio peligroso.

Sin fijarnos en donde íbamos, nos encontramos llegando al Centro Rockefeller. La escultura dorada, luciéndose al frente de la pista de patinaje, parecía más brillante que en fotografías y películas. Había varia gente patinando en el hielo, lo que me recordó de esa vez que Scorpius salvo a Lucy, y eso hizo que sintiera mariposas en mi estomago. Lo abracé por unos buenos momentos, mientras él me miraba confundido sin que supiera porque lo estaba haciendo. Por suerte, en Nueva York no estaba nevando, así que había más gente en las calles, bebiendo café en copas reciclables. La verdad era que todo acerca de Nueva York era mágico, sin importar que no haya ni una pisca de magia aquí. Me encantaba todo.

-Rose, vayamos a patinar –sugirió mi… ¿novio?

-Scorpius, no tenemos dinero muggle, ni dinero americano –lo mire confundida.

-No, pero podemos hacer esto.

Scorpius, cuidadosamente, saco su varita y susurró "Accio patines". En menos de un segundo, dos pares de patines de hielo salieron volando de un montón de ellos y llegaron a nuestras manos. Impresionada a que no se me ocurriera eso antes, me los puse y le propuse a Scorpius que el primero que llega a la pista de patinaje ganaba una cerveza de mantequilla. Ah, la suerte que tenía Scorpius por romper las reglas, seguro que se sentía mas libre que cualquier otra persona en Hogwarts.

Aunque empatamos, la experiencia de poder patinar en hielo con el amor de mi vida no pudo haber sido mejor. Digamos que los dos estamos a la misma altura de habilidades en patinar, así que no hubo que esperar por el otro y la diversión no termino. Scorpius Malfoy era una de las personas más interesantes que he conocido en mi vida, en serio. Estaba segura que esta vez nada iba a cambiar entre los dos; habíamos pasado muchas cosas juntos como para poder cambiar mi opinión de él.

La gente que patinaba al lado de nosotros nos miraba cariñosamente. Pues claro, mostrábamos el amor joven y fuerte. No pude esconder mi sonrisa al ver a una pareja anciana patinando tomados de la mano, y después a una familia que iba en línea. Después de patinar sin parar por una hora, nos sentamos en una de las mesitas que tenían puestas cerca de la pista. Ahora podía apreciar lo que había en el centro Rockefeller. Era una pista de hielo bastante grande, que estaba rodeada de postes con banderas de todos los países, y la estatua dorada estaba al frente. El centro estaba rodeado por edificios altos, lo que demostraba que era completamente muggle. Gente pasaba a los lados con maletas y abrigos largos, hablando de negocios y cosas muggle.

Después de sacarme los patines de hielo (y que Scorpius los devolviera), caminamos por las calles empaquetadas de Nueva York. Había adornos por doquier, padres comprando regalos a sus hijos, etc. típico día cerca de Navidad, pensé.

Vaya, Scorpius me hacia hacer cosas locas. O sea, fue mi primer amigo en Hogwarts, estudiamos juntos, después lo odie por varios años, al final me enamore de él, lo que escondí de mis primos y causó que ya no habláramos, le mentí a toda mi familia, y ahora me encuentro en una de las ciudades más famosas del mundo besándolo en el Central Park.

El paisaje de invierno que se veía en el parque era magnifico. Estábamos sentados bajo un árbol (si, canten la canción si quieren), acurrucados porque no teníamos nada para cubrirnos, mirando al mundo pasar mientras mi cabeza estaba acostada en su hombro. Por suerte nos habíamos olvidado del episodio del en el Empire State, y disfrutamos cada momento que pasamos aquí.

Ya eran hora de volver a Inglaterra, a Hogsmeade. Scorpius y yo volvimos al Empire State, al mismo lugar donde llegamos. Pues al ser casi la hora de que el edificio cerrara no habría tanta gente. Encontramos un lugar perfecto para desaparecer. Tomé las manos de Scorpius, quien estaba parado al frente de mi. Estaba segura que podía leer su mente.

Lo que pasó hoy fue increíble. Fue el mejor día que he tenido desde... desde que nací.

Toque su mejilla con la mía antes de pensar en las tres D. Contamos juntos, y al mismo tiempo, los dos sentimos como algo nos estaba tirando del ombligo por varios segundos. No, no era lo mejor del mundo, pero estaba con Scorpius y eso me bastaba.

Al sentir que mis pies tocaban el suelo, casi me caí de frente, pero Scorpius me atrapó por los hombros. Obserée el lugar donde estábamos, y era la misma calle donde habíamos estado en la mañana. Estábamos en Hogsmeade, de vuelta a la realidad. El viaje de Hogsmeade a la Madriguera se sintió más corto, ya que nada se sentía real. Era como si estuviera soñando.

Las luces del primer piso de la Madriguera estaban encendidas, así que Scorpius decidió dejarme en mi habitación. Abrí la ventana para que los dos entráramos y nos pusiéramos en calor. Había bastante frio afuera.

-Gracias... -susurré para que nadie se dé cuenta que llegamos-. En serio, fue el mejor-

No pude seguir hablando, ya que Scorpius me había interrumpido con sus labios en los míos.

-Nos vemos luego -dijo, abrazándome por una última vez antes de irse.

El desapareció de mi habitación, dejándome sentada en mi cama con los ojos abiertos. No sabía si debía ir abajo y anunciarle a mis parientes que había llegado, o quedarme aquí sin moverme. Todo parecía tan... perfecto.

Al día siguiente me desperté un poco más tarde, ya que era víspera de Navidad. Afuera estaba nevando, y me preguntaba sí Scorpius había llegado a su casa sano y salvo. Me levanté de mi cama y me puse mi bata de dormir ya que hacia frio. Victoria tampoco se había quedado a dormir en la habitación anoche; su cama estaba hecha al igual que ayer. Eso me causaba mucho dolor en el corazón.

El sonido de una lechuza me saco de mis pensamientos. Mi mirada de fijo en el animal, que estaba parado sobre una caja grande. Le di unos chuches y después salió por mi ventana. Cuando la lechuza se fue, analicé el paquete. Era una caja grande y blanca con un lazo color rojo vino. Tenía un nudo bien hecho y parecía que venía de un lugar aristocrático. No tenía idea de lo que había dentro de la caja, pero no me demoré en enterarme.

Al deshacerme del nudo cuidadosamente, abrí la caja con gran anticipación. Aunque no sabía de dónde venía, o quien la había mandado, tenía una idea. Pues claro, Scorpius Malfoy era la única persona que podría mandar algo de clase alta, ya que era uno de los últimos magos que vivía con esas maneras. El contenido estaba envuelto en papel delgado, y sobre este había un sobre sellado con un escudo de familia. Las serpientes y el nombre confirmaron mis sospechas que era Scorpius el que había mandado el paquete.

Abrí el sobre, y saque el pedazo de pergamino de tenía adentro cuidadosamente; era más delgado, más fino del que uno usaba normalmente en cartas. Reconocí su letra en seguida, y esta combinaba con el pergamino que me había mandado como guante. Todo se veía tan delicado, tan fino, tan él.

Querida Rose:

Ya han pasado unas cuantas horas desde que nos vimos, y no puedo dejar de sonreír. Bah, ya sé, todo esto suena demasiado cursi, pero es verdad. Rose, me has cambiado. No tienes idea de lo mucho que me has afectado en los últimos años.

De hecho, tengo una confesión. Te acuerdas esa primera vez que nos conocimos yendo a Hogwarts? Bueno, al verte entrar en mi compartimiento, note que sentía algo en mí que era nuevo. Como era joven, pensé que era una clase de enfermedad que me había llegado por coincidencia, pero después de un tiempo me di cuenta que no era una enfermedad. Tampoco era atracción, o tal vez sí. Te confieso que no sabía lo que sentía en mis primeros años en Hogwarts, pero te encontraba interesante, como ese tipo de gente que no puedes dejar de mirar. Eras la única quien, académicamente, tenía las mismas notas que yo. No sé si te has dado cuenta, pero antes de empezar a hablar contigo apenas interactuaba con otra gente. Claro, tenía mis amigos de Slytherin, pero era bastante reservado, diría que hasta incluso tímido. Tú me cambiaste, de mejor a peor y vice versa. Rose, tú fuiste todas las razones de porque me convertí en un bastardo y empecé a salir con tantas chicas. Pensaba que si me distraía de las muchas razones que tenia al estar atraído a ti, podría acostumbrarme a la idea de disgustarte. Además, eras una competencia para mi, mi punto blanco, mi debilidad. Eras todo sin darte cuenta. Al verte con Singh, con Wood, creo que me ponía celoso y trataba de demostrarte que podía encontrarme mejor gente que tu. Pero de nuevo, tú me cambiaste. Cuando supe que íbamos a compartir una Sala Común algo en mi se transformo del idiota más grande del mundo a una persona confundida. O sea, dentro de mí, yo sabía que sentía algo por ti. Mi orgullo no quería admitirlo. Rose, me pase mucho tiempo pensando en esto, y no sabes cuanta alegría siento en saber que no era el único. Gracias.

Voy a ser honesto, no creo que ninguno de los dos sabemos que es lo que tenemos, pero somos felices. Pues claro, tu relación con Potter habrá cambiado, pero tendremos que sacrificarnos. Soy Slytherin, tengo ambiciones. Mi ambición es estar contigo sin que nadie o nada nos moleste. Rose Weasley, siempre consigo lo que quiero. Y por eso es que algún día conseguiré verte con el regalo de Navidad que te he regalado, sonriendo, sin preocupaciones. Te deseo una muy buena Navidad y sigue escribiendo si es que no quieres ser secuestrada por mí de nuevo. Y no, eso no es una amenaza.

Atentamente,

Scorpius Malfoy

Desenvolví el regalo, y no pude cambiar mi expresión al ver a un vestido largo, de fiesta, en mis manos.

¿Cómo lo hacía? Enserio, cada día, cada semana, Scorpius siempre tenía algo debajo de su manga. O sea, fíjense en todas las veces que ha demostrado algo inesperado de él. Ahora me entusiasmaba cada vez que hacía algo porque sabía que tenía buenas intenciones, pero antes de empezar a salir con él sentía que iba a tener un ataque cardiaco.

Y eso no sería bueno, ¿verdad? Siendo la hija de héroes de la guerra y todo. Ya saben.

De hecho, no tenía ni idea que regalarle a él, ya que no había manera de que tuviera una reacción más impresionante que la mía al recibir su regalo. Ah, cómo lo amaba.

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Por supuesto que le iba a mandar algo. Pensaba en comprarle una colección de autores clásicos, pero a él cómo tanto le gustaba leer seguro que ya tenía algo así.

Todas las veces en que nadie me necesitaba, corría a mi habitación para observar el vestido. Era en cierto, uno de los más bellos que he visto. No era una cosa muy espectacular, pero el color azul oscuro no dejaba de llamarme la atención. La tela era fina, lisa, suave. Era un vestido largo, con tirantes delgados atados al corsé. Perfecto para una ocasión elegantísima.

Claro, me había dado cuenta que era el mismo vestido de novia que me probé con Victoire y en el que Scorpius me vio. Las únicas diferencias eran el color y el peso de este vestido. Ya que ya no era un vestido de novia, era mucho más ligero. Tenía una sospecha que Scorpius lo había arreglado él mismo.

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No podía dejar de alegrarme cada vez que me acordaba de él. De hecho, me acordaba de él tan seguido que no tenía ni idea de lo que pasaba en La Madriguera. Lily y Albus, por supuesto, aún no hablaban conmigo. Victoire actuaba como si nada raro hubiese pasado entre las dos, pero conociéndola, sabía que todavía contemplaba la situación. Los abuelos Weasley se preocupaban de lo que íbamos a comer para Navidad. Papá y mamá iban a llegar y después volvería a mi casa. Lo mismo con los Potter. Esta época del año era demasiado feliz para la Gran Familia de los Weasley.

Pero ahora que mencionaba todo esto, no me parecía tan alegre. Sabía que pronto tendría que contarle a toda mi familia acerca de Scorpius y él tendría que hacer lo mismo. Era cosa de aguantarse hasta el último minuto.

Conjuré un espejo largo en mi habitación para que me pudiera ver con el vestido puesto. Me preocupé que todo estuviera perfecto cuando me lo ponía, y también me dedicaba en hacer esto delicadamente. Victoire tenía unos zapatos que irían con este vestido, pero ya saben qué pasó.

Aunque todavía no llegaba nadie más a la Madriguera, aun me quedaba en mi habitación sola, haciendo cosas de Premio Anual. De hecho, me quedaba leyendo novelas y mirándome en el espejo con mi vestido nuevo. A mí nunca me importa por ser tan femenina, como se han dado cuenta, pero este vestido me hacía sentir especial. Era de Scorpius, claro. Y él... pues, él era muy importante.

-¡Rose! -escuché que mi nombre venía de las escaleras y reconocí esa voz.

Rápidamente -pero con delicadeza- me saqué el vestido y lo guardé en su caja para después esconderlo debajo de mi cama. El espejo desapareció al mover mi varita ligeramente. Me arreglé mi cabello antes de abrir la puerta y encontrar a mi mamá subiendo con sus brazos abiertos.

-¿Cómo has estado? -preguntó al abrazarme. Mamá me agarró de los hombros para verme de arriba a abajo, escaneándome con sus ojos. Se veía satisfecha, así que sonreí con las ganas que tenía de verla.

-El abuelo y yo hicimos un hombre de nieve que ahora asusta a los gnomos -anuncié como si tuviera cinco años. Tal vez iba a extrañar ser la pequeña niña de Hermione Weasley.

Sin embargo, a mamá no le importó que ahora fuera mayor de edad, ya que reaccionó como siempre lo hacía cuando yo le contaba algo. Después de unos momentos, sentí otros pasos subir por la escalera. Mamá le dio paso a papá para que nos saludáramos. Papá, como siempre, se preocupaba de que me relajara un poco en las vacaciones. Decía que me parecía mucho a mamá porque nunca me desocupaba.

-Rosie recién me dijo que ella y el abuelo hicieron un hombre de nieve que ahora asusta a los gnomos -dijo mamá.

-¿Ah, sí? A mis hermanos y a mí nunca senos ocurrió eso. Bastante eficiente en el verano -papá rascó mi pelo desordenándolo, pero no me importó demasiado ya que tenía que estar en su lado bueno.

-A propósito, estoy saliendo con Scorpius Malfoy. Sí, el hijo de Draco Malfoy. ¿No que su familia quería asesinarlos a ustedes y a tío Harry o algo así?

Al pensar esto, creo que me quedé paralizada por unos momentos ya que papá y mamá me estaban viendo raro. Tal vez dije lo que estaba pensando, quién sabe. No, de hecho, ojalá que no lo hubiese dicho así o sino papá me ahorcaría en cualquier minuto. Me fijé que volvieron a conversar entre ellos antes que mamá me hablara a mí.

-Estaremos abajo. Tío Harry y tía Ginny ya llegaron, y pronto van a llegar el resto. Vamos a comer en media hora -los dos me besaron en la frente y partieron a buscar a Hugo.

La idea de anunciar mi relación con Scorpius en frente de toda mi familia me daban unas mariposas en el estómago. Lo único malo era que estas mariposas tenían sabor a miedo y cera de oído. No sabía qué debía hacer. Al ver a mis padres me sentí culpable por no decirles, por mentirles. Merlín sabía que esto me iba a costar.

Bajé a la cocina, donde estaban mis tíos y los saludé. Lily y Albus estaban sentados en el sofá y no quise interrumpir, así que me fui a ayudar a la abuela Weasley. Ella había preparado algo casi como un buffet para toda mi familia, cosa que ya estaba acostumbrada a ver.

Y así pasaron las vacaciones de invierno.


Lo sé, lo sé, captúrenme y fórcenme a escribir. Si tan solo supieran lo ocupada que he estado con las universidad y el trabajo... Tenía el plan de subir este capítulo antes de Navidad como regalo, pero muchos facotres no me dejaron (ejem, escuela, trabajo, familia, novio). Me duele el alma decir que esto es lo último que he escrito, pero ahora que empecé un semestre nuevo las cosas aun no van tan duras, así que veré si es que tengo tiempo para escribir.

Y ya que tanto tiempo ha pasado, me gustaría saber qué pensaron de la nueva película. A mí me encantó, especialmente la química entre Ron y Hermione. Digamos que para los fans que aman a la muerte esa pareja la película fue como un regalo del cielo. Si es que todavía tienen fuerza de hablar acerca de la película después de haberme cortado en mil piezas en sus reviews, díganme su opinión :)

Bueno, un muy feliz año para todos, con mucha alegría y prosperidad. Nos vemos.

atte

Mrs Scorpius Malfoy