Capítulo 38 - ¡Batalla en El Encinar! ¡Gold vs. El Hombre de la Máscara de hielo!

Ya era de noche. Gold y su pequeña amiga, acompañada de su Teddiursa, se apresuraban para llegar a casa de Kurt:

- ¡Rápido! - exclamaba Gold -. ¡Ya es de noche! Tu abuelo tiene que estar más preocupado … ¡Aunque por lo menos estamos sanos y salvos!

- Le pediré disculpas al abuelo - decía la niña, nerviosa.

Pero, cuando llegaron a la casa, vieron que Kurt no estaba:

- ¿Uuh? - preguntó a niña -. ¿Abuelo? Qué raro, no está …

Gold fue a la cocina a echarse un vaso de agua, pero por más que abría el grifo, no caía ni una sola gota:

- ¡Eh! - se quejó Gold -. ¿Por qué no hay agua?

- ¿No hay agua? - repitió la pequeña -. ¡Entonces ha pasado algo en el Pozo Slowpoke, vamos allí!

Los Slowpokes eran como la mascota de Pueblo Azalea, para sus habitantes eran pokémons sagrados.

Así pues, Gold y la niña se dirigieron al Pozo Slowpoke. Allí estaba Kurt, alucinando, aunque al principio no pudieron ver qué era lo que le había sorprendido tanto:

- ¡Abuelo! - exclamó la niña, corriendo hacia él.

Kurt se giró. Al ver a su nieta acompañada de un Teddiursa, lo comprendió todo:

- ¡Me has desobedecido! - le abroncó -. ¡¿Qué te dije acerca de ir a las montañas?

- Uh … Lo siento, abuelo - se disculpó la niña, con lágrimas en los ojos -. Perdóname, yo …

- Ainss … - suspiró Kurt, acariciándole el pelo a su nieta -, bueno, déjalo estar, al menos me alegro de saber que estás bien. Ya veo que por fin tienes un pokémon, ¿eh? Ya sabes, puede que a veces den un poco de miedo, pero si les tratas bien, serán tus fieles amigos y siempre estarán a tu lado.

Gold se acercó a mirar eso que había impresionado tanto a Kurt, y se encontró con un montón de Rockets (los mismos de las Ruinas Alfa, de hecho) amordazados y tirados en el suelo:

- Eh … - titubeó Gold, girándose hacia Kurt -. ¿Qué hacen esos Rockets aquí, cómo les has derrotado?

- Ni idea, ya estaban así cuando llegué - respondió Kurt, simplemente.

Entonces, una luz de linterna les sorprendió:

- ¡¿Quién anda ahí? - preguntó Gold, poniéndose en guardia.

- ¡Tr … tranquilo! - exclamó un chico de cabello morado y vestido con uniforme de explorador -. ¡Soy yo, Bugsy!

- ¡Bugsy!

- He estado siguiéndole la pista al Team Rocket desde que abandonamos las Ruinas Alfa - explicó Bugsy -. Pero … ¿qué ha pasado aquí? ¿Les has derrotado tú?

- ¡¿Yo? ¡Qué va, qué va! - negó Gold.

- Mmh … - murmuró Bugsy -, ¿quién habrá sido, entonces?

La nieta de Kurt se acercó a los Slowpokes, todos con las colas cortadas, y les acarició:

- Pobrecitos Slowpokes - murmuró -, les han cortado la cola … Espero que les vuelva a crecer pronto. Por eso ha debido de cortarse el agua en Pueblo Azalea.

- ¡Ah! - exclamó Gold, sacando su pokédex -. ¡Me pareció leer en la pokédex que el bostezo de un Slowpoke puede provocar lluvia! ¡Comprobemos si es verdad, Ataro!

El Aipom de Gold empezó a golpear a uno de los Slowpokes:

- ¡¿Pero qué haces, Gold? - gritó Bugsy.

- Tú espera y verás …

Los Slowpokes eran pokémons tan lentos que tardaban quince segundos en sentir dolor si eran atacados. Además, les aburría pelear, por lo que el Slowpoke no intentó darle guerra a Aipom. Finalmente, para restaurar sus puntos de salud arrebatados, el Slowpoke ejecutó el ataque descanso (que consistía en bostezar) para recuperar su salud, y empezó a llover a cántaros:

- ¡Misión cumplida! - exclamó Gold, satisfecho.

Así pues, a Gold ya no le quedaba nada por hacer en Pueblo Azalea. Hizo las paces con Kurt y se despidió de él, su nieta y Bugsy.

- ¡Hasta la vista, amigos! - exclamó Gold, alegremente.

Sin embargo, no era capaz de quitarse una imagen la cabeza. En el borde del Pozo Slowpoke, había visto la marca de un poderoso zarpazo. En seguido, Gold ya se había hecho a la idea de quién podía haber sido:

- **Aquellas marcas … - pensaba -. Sin duda eran de la garra de un Ursaring. ¿Estará Silver detrás de todo esto? Si estaba enterado de los planes del Team Rocket incluso antes que Bugsy, la Heavy Ball y el Ursaring que atrapó formarían parte de su estrategia para derrotar a los Rockets. ¿Qué se traerá entre manos**.

A pesar de ser de noche, Gold y sus pokémon avanzaban a toda velocidad por la ciudad:

- ¡Esto se pone cada vez más interesante! - exclamó Gold -. ¡Vamos, chicos, rumbo a nuestro próximo destino! ¡Desvelaremos el secreto de Silver!

Un par de horas después …

Ya de noche cerrada, un joven y su fiel Farfetch' d intentaban encender un fuego con la ayuda de unos palos para pasar la noche en El Encinar. El Encinar era un gigantesco bosque al oeste de Pueblo Azalea que conectaba con Ciudad Trigal. Estaba repleto de altos pinos y era muy normal perderse en él.

- ¡Muy bien, Farfetch' d! - exclamó el joven, después del enésimo intento.

Después de frotar y frotar palos, habían conseguido encender el fuego:

- ¡Ya no pasaremos frío esta noche! - exclamó el joven, frotándose las manos y acurrucándose en el suelo junto a su Farfetch' d.

Sin embargo, no pudieron descansar mucho. Una espesa y misteriosa niebla empezó a rodearles:

- ¿Otra vez esta niebla? - preguntó el joven, preocupado -. Últimamente, a este bosque le han estado ocurriendo cosas muy raras …

Se levantó, dispuesto a irse de allí. Pero, cuando se dirigió hacia donde había estado su Farfetch' d, descubrió que no estaba:

- ¡Farfetch' d! - exclamó, mirando a su alrededor -. ¿Dónde te has metido? ¡Oh, maldición, otra vez ha huido! En cuanto le pierdo de vista …

Buscó entre los matorrales:

- Abandonad el bosque … - se oyó decir a una escalofriante voz desde detrás de unos arbustos -. Marchaos …

- ¿Quién anda ahí? - preguntó el joven, girándose, con miedo -. ¡Que dé la cara!

La verdad es que estaba pálido del miedo. Temblaba, pero tampoco era capaz de salir corriendo. Sus piernas estaban agarrotadas:

- ¡Marchaos! - volvió a exclamar la siniestra voz, enfurecida.

- ¡AAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHH! - fue lo último que se le oyó gritar al joven -. ¡Fantasmas!

Un rato después …

Gold y sus pokémons, incansables, también acababan de llegar a El Encinar.

- Así que este es el famoso Encinar - comentó Gold -. Da un poco de mal rollo ahora de noche, pero si quiero llegar cuanto antes hasta ese tío, voy a tener que armarme de valor … ¡Vaya bosque más fastidioso nos ha tocado!

Gold, Aipom, Cyndaquil, Sunkern y Poliwag se adentraron en El Encinar; los pokémons iban con algo de miedo:

- ¡No os preocupéis, chicos! - exclamó Gold -. ¡Avanzaremos en línea recta, cortaremos todos los arbustos que se nos pongan por delante y, en un abrir y cerrar de ojos, llegaremos hasta Silver!

Silver invadió los pensamientos de Gold a partir de aquel momento:

- Bleh, ese Silver … - refunfuñaba -. ¡Ni siquiera me dio las gracias por ayudarle a capturar a Ursaring! Qué desagradecido … Pienso descubrir QUIÉN es en realidad.

Un escalofrío recorrió entonces el cuerpo de Gold, al mismo tiempo que un helado viento invadía la zona.

- Uuh … - murmuró Gold -. Qué mal rollo …

Le echó un vistazo a su pokégear, para ver el mapa, y se alteró bastante al descubrir que no aparecía nada en la pantalla:

- Oops … Creo que nos hemos perdido - dijo Gold, provocando que a sus pokémons casi les diera un lapsus.

Los pokémons de Gold le dirigieron una mirada asesina a su entrenador:

- ¡Venga, chicos, no os enfadéis conmigo! - pidió Gold, arrascándose la cabeza con torpeza -. ¡Ya veréis cómo salimos de esta!

Gold parecía despreocupado, pero había algo en su interior que le incomodaba:

- **Aquí hay algo raro - pensaba -, este bosque no es normal …**. ¡Uagh!

Gold se tropezó con algo y cayó de bruces al suelo. Se giró para ver lo que era, y descubrió un Farfetch' d herido tirado en el suelo:

- ¡Eh! - exclamó Gold, mirando más allá de Farfetch' d -. ¡Ahí hay un chico! ¡Eh, amigo, despierta!

Al ver que no despertaban, Gold recogió al joven y se lo puso a la espalda. Los pokémons de Gold se reunieron y recogieron al Farfetch' d, llevándolo a duras penas:

- Oh, genial - se quejaba Gold -. Primero nos perdemos y ahora "esto".

Gold dirigió la vista hacia Farfetch' d para contemplar sus heridas y el mal estado en que se encontraba su vara, el arma de los Farfetch' d.

- Las heridas de ese pokémon … - murmuró Gold -, no son normales. ¿Qué le habrá pasado? ¡Incluso su vara se encuentra en un estado lamentable! ¿Quién demonios sería su enemigo? Como no llevara algún arma blanca o afilada …

Otro escalofrío recorrió la espalda de Gold. El joven que llevaba a la espalda se hacía ya demasiado pesado, y lo mismo ocurrió con el Farfetch' d.

- ¡Se acabó! - exclamó Gold, lanzando al joven al suelo -. ¡Se acabaron las cosas raras! ¡¿Quién eres?

Los pokémons de Gold también lanzaron al Farfetch' d al suelo, que hizo un ruido demasiado sordo, al igual que se entrenador. Lentamente, ambos empezaron a incorporarse y miraron a Gold a la cara. Una nube gaseosa de color morado les rodeaba, y un pokémon de color fantasma flotaba junto a ellos:

- ¡¿Cómo …? - gritó Gold -. ¡Un Gastly! ¡¿No me digas que les estaba controlando un Gastly? ¡Pero … ¿cómo?

El Farfetch' d poseído empezó a atacar a los pokémons de Gold, dejando a Aipom muy herido.

- ¡Esto no va bien! - exclamó Gold, recogiendo a Aipom del suelo -. ¡No podemos luchar así contra ellos! ¡Vámonos, chicos!

Con Aipom bajo el brazo, Gold y sus pokémons echaron a correr despavoridos por el bosque. No pararon hasta lograr esconderse tras una misteriosa caseta que se elevaba sobre un altar:

- **Por los pelos … - pensó Gold, asomándose a mirar; el Farfetch' d, su entrenador y el Gastly que los controlaba les buscaban con la mirada -. No quiero luchar contra ese tío, el Gastly le está poseyendo. Pero si no me queda otra …**.

Entonces, descubrió (con horror) que su Poliwag se había extraviado y les buscaba con desesperación, pasando peligrosamente cerca del enemigo:

- **¡Maldición! ¡Poltaro! ¿Cuándo se separó de nosotros?** - pensó Gold, espantado -. ¡Poltaro, ven aquí!

No le quedó más remedio que gritar. Poliwag saltó a sus brazos enseguida, pero acto seguido se vieron rodeados por otros tres pokémons a parte del Gastly: un Ariados, un Delibird y un Houndour:

- Mierda - gruñó Gold, tras leer los datos de los pokémons en la pokédex -, cada uno es de un tipo diferente … ¿Y ahora qué hago?

Sin previo aviso, Houndour se lanzó a por Gold:

- ¡Vamos, Explotaro! - exclamó Gold -. ¡Pantalla humo!

Cyndaquil cegó a Houndour con el humo, pero entonces, Gastly aprovechó para herir a Poliwag:

- ¡Poltaro! - exclamó Gold, girándose -. ¡Noo!

Apenas se hubo girado cuando Houndour aprovechó para darle un zarpazo a Cyndaquil, para desesperación de Gold:

- ¡Explotaro! - gritó -. ¡Sintaro, ayúdale! ¡Ataque desarrollo!

Pero Delibird aprovechó ese despiste para atacar a Aipom con un viento helado:

- ¡¿Cómo? - gritó Gold.

Fue entonces cuando Ariados le dio un picotazo venenoso a Sunkern:

- ¡Argh! - gritó Gold, desesperado y asustado -. ¡No sé qué hacer, son demasiados! ¡Y muy rápidos! Son cuatro pokémons … ¡igual que los míos! ¿Qué rayos me pasa? ¿Acaso soy demasiado lento ordenando los ataques? Es mi primer combate múltiple … y ya estoy en desventaja. ¡Tiene que haber alguna manera …!

A lo lejos, entre la niebla, distinguió una figura que se iba acercando:

- ¡No! ¡Otro! - gritó Gold, harto -. ¡Explotaro, esta vez atacaremos primero! ¡Ascuas!

- ¡Lanzallamas! - ordenó la siniestra silueta.

Houndour atacó a Cyndaquil con una llama notablemente más grande, hiriéndolo y tirándolo al suelo:

- ¡Explotaro! - exclamó Gold, yendo a recogerle.

Finalmente, el extraño llegó hasta la zona de batalla. Parecía ser un humano, puesto que no se podía distinguir ningún cuerpo debajo de todas aquellas capas, que ondeaban al viento. Parecía no tener pies, porque la impresión que daba era que el extraño ser flotaba en el aire. Tenía el pelo largo y plateado, y una máscara de hielo cubriéndole el rostro:

- No te acerques más - le ordenó a Gold.

- ¿Qué?

- Abandona este bosque.

- **¡Es el maestro de estos pokémons malditos! - pensó Gold, mirando al misterioso individuo -. Y encima me está pidiendo que me marche de aquí … No puedo luchar contra él, mira en qué estado estamos … Parece tan fuerte … Pero … ¡tampoco puedo dejar a esos pobres abandonados!**.

Miró al Farfetch' d y a su dueño, tirados en el suelo, inconscientes. Gold bajó la cabeza y le dio la espalda al extraño hombre:

- De acuerdo … me iré - murmuró -. Siento haberos molestado …

Gold avanzó unos pasos. Cuando le pareció que el misterioso hombre y sus pokémons habían bajado la guardia, se giró a toda velocidad:

- ¡Pero … ¡no vais a detenerme! - gritó -. ¡Ataro, demuéstrale a ese bicho raro enmascarado de lo que eres capaz!

Aipom saltó sobre el hombre, arañándole y rasgándole la capa. Le pilló totalmente desprevenido:

- ¡Aah! - gritó el hombre.

Gold recogió del suelo al entrenador del Farfetch' d, pero en menos tiempo del que quiso darse cuenta, Houndour, Ariados, Delibird y Gastly le habían rodeado de nuevo:

- Uuh … - murmuró Gold, mientras Aipom volvía junto a él.

- Vaya … - dijo el extraño -. Supongo que, una vez que empiezas una batalla, debes terminarla. ¿Por qué no te unes a esos pobres desgraciados y te conviertes en mi marioneta?

- ¡Lo sabía! - exclamó Gold, señalándole -. ¡Tú y tus pokémons estabais controlando a este Farfetch' d y su entrenador!

- Exactamente - afirmó el hombre, sin remordimientos.

- ¡Eso es despreciable! - exclamó Gold, furioso -. ¡No permitiré que me detengas con esa birria de poderes! ¡Nunca aceptaremos órdenes tuyas! ¡Mis compañeros y yo te vamos a hacer pagar por todo lo que has hecho!

El hombre enmascarado se le quedó mirando, sin decir nada. Gold no le rehuyó la mirada:

- Jeje … - rió el misterioso hombre -. Tienes agallas, chicos. Hacía años que nadie se atrevía a hacerme frente de esa forma. Como recompensa, aquí tienes un pequeño regalo.

Delibird fue hacia Gold y le depositó un regalo en las manos, dejándole muy extrañado:

- ¿Uuh? - preguntó Gold, extrañado.

Lo que no sabía era que se trataba de uno de los famosos ataques de Delibird, el ataque presente. En cuanto Delibird se apartó, el regalo le explotó a Gold en todas las narices:

- ¡Aagh! - gritó Gold -. ¡Mierda!

El hombre enmascarado aprovechó para ordenarles atacar a sus pokémons:

- ¡Gastly, bola sombra! - exclamó -. ¡Houndour, cola férrea!

Entre los dos, pulieron a Sunkern. Gold se escandalizó al ver eso y llamó al pokémon que tenía más cerca:

- ¡Por favor, Explotaro! - exclamó -. ¡Ayuda!

Cyndaquil creó una enorme humareda. El humo de la espalda de Cyndaquil se unió al humo que había provocado la explosión:

- ¡Jajajaja! - reía el malvado hombre enmascarado -. ¿Te ha gustado mi regalo, chico …? ¡¿Eh …?

La humareda se disipó. Gold y sus pokémons habían desaparecido:

- ¿Han desaparecido? - preguntó el hombre, fastidiado -. Vaya, seguro que usaron la pantalla humo del Cyndaquil … ¿Dónde podrían estar? ¿En los árboles? Je … ¡Ariados, ya sabes qué hacer!

Ariados disparó telas de araña en todas direcciones, cubriendo la superficie de aquella zona del bosque en la que se encontraban de redes sorprendentemente pegajosas que no dejarían escapar a cualquiera.

Gold y sus pokémons, en efecto, estaban escondidos en la copa de uno de los árboles.

- **Maldición … - pensaba Gold -, es sólo cuestión de tiempo que nos descubran, ese tío es demasiado fuerte. Pero … ¿qué demonios hace alguien tan poderoso escondido en un sitio como este? ¡¿Quién rayos es?**.

En ese momento, un enorme golpe sacudió el árbol entero. Gold y sus pokémons se agarraron como pudieron:

- **¡Mierda! - pensó Gold, mirando hacia abajo -. ¡Los pokémons de ese maníaco están intentando derribar los árboles a base de cabezazos! ¡Nos van a descubrir! Tengo que pensar en un plan …**.

Empezó a resbalarse. Sin embargo, el hombre enmascarado vio que un destello de luz y unos golpes salían de dentro de la misteriosa caseta en el altar que había ahí cerca:

- ¡Olvidad al niñato! - exclamó, girándose hacia la caseta -. Tengo cosas más importantes de las que encargarme …

Pero, entonces, el "aroma" de Gold llegó hasta la nariz de Houndour, que se giró hacia el árbol en el que estaba escondido Gold como movido por un resorte. Una silueta caía de la copa del árbol:

- ¡¿Cómo? - gritó el hombre enmascarado, dándose cuenta del engaño -. ¡No, idiotas! ¡Ahora no!

Sus pokémons, como desesperados, se lanzaron a morder y atacar al sujeto que acababa de caer del árbol, que no era otra cosa que la chaqueta de Gold rellena de un montón de ramas y hojas para que pareciese más real.

- ¡Ajajá! ¡Os pillé! ¡¿Y ahora qué?

Gold saltó de unos arbustos de atrás, en camiseta de manga corta. Él y sus pokémons se abalanzaron sobre los pokémons del hombre enmascarado:

- ¡Sintaro - exclamó Gold -, ataque abs …!

Pero no le dio tiempo a ordenar el ataque.

- ¡Ariados - exclamó el hombre enmascarado -, atrápale!

Incluso estando de espaldas, Ariados fue capaz de expulsar un hilo de telaraña bastante fuerte que atrapó a Gold y a sus pokémons:

- ¡Argh! - exclamó Gold -. ¡Puede disparar telarañas incluso desde el culo!

Cuando les tuvieron suficientemente amordazados como para que no pudieran soltarse, el hombre enmascarado se giró hacia el misterioso altar:

- ¡Venga, no tenemos tiempo! - exclamó el hombre enmascarado; pero se detuvo en seco al descubrir que la luz ya no brillaba -. Argh … ¡La luz ha desaparecido! Hemos desperdiciado esta preciosa oportunidad … Aquí ya no queda nada más que hacer, vámonos.

- ¡Un momento, espera! - exclamó Gold, envuelto en la telaraña, agitándose desde el suelo -. ¡Tú!

El enmascarado se giró hacia él:

- ¡Si tan hombre te crees - exclamó Gold, furioso -, quítate esa máscara y lucha conmigo cara a cara!

- Je … - rió el hombre -. Los niños de hoy en día son tan molestos … Me temo que no puedo llevarte conmigo. No vales la pena.

- ¡¿Cómo has dicho?

Y así, el Hombre de la Máscara de hielo y sus pokémons abandonaron el bosque sin hacer ruido. Aipom ayudó a Gold a desatarse:

- ¡Ugh, gracias, Ataro! - exclamó Gold, aún con la sangre hirviéndole -. ¡Ese tío de la máscara me pone enfermo! ¡Quiero irme cuanto antes de este bosque maldito!

Empezó a recoger al Farfetch' d y a su entrenador, pero entonces les echó un vistazo a sus pokémons, que parecían muy tristes:

- ¿Qué os pasa, chicos? - preguntó Gold -. ¡No me digáis que el enmascarado ese os ha traumatizado!

Los pokémons de Gold se deprimieron aún más:

- Venga, chicos, no dejéis que os afecte - dijo Gold, acariciando a Aipom en la cabeza -. No vamos a dejar que se vaya así como así … ¡Ya veréis! Nos volveremos más fuertes que él y le meteremos una paliza! **O eso espero …**.

Entre Gold y sus pokémons agarraron al Farfetch' d y a su entrenador y se dispusieron a abandonar El Encinar.

Al día siguiente ...

Después de la ajetreada noche, Gold pasó la noche en el hospital. Ya por la mañana, recibió una video llamada del Prof. Elm.

- ¿Entonces estás bien, Gold? - preguntaba el Prof. Elm, mientras el monitor del ordenador mostraba su preocupado rostro.

- Sí, más o menos - respondió Gold, de mala gana.

Tenía unas cuantas vendas por el cuerpo:

- ¿Y el joven ese al que rescataste?

- Tanto él como su Farfetch' d siguen inconscientes …

- Bueno, al tema. He recibido las partículas del traje de ese hombre enmascarado contra el que luchasteis y las he analizado.

- Oh, ¿te refieres a esos trozos de la capa que se quedaron en las patas de Ataro cuando arañó al hombre enmascarado?

- ¡Sí! ¡Son una pista crucial! ¡Estamos trabajando para investigar sobre el origen de las partículas! ¡Es un trabajo del que también debes estar atento, Gold!

- **Uh, ese maldito hombre enmascarado … - pensaba Gold, sin hacer caso de las palabras del Prof. Elm -. Esa actitud suya me recuerda a la de Silver … ¡Y encima me dice que no valgo la pena! ¡Grrr! ¡Tengo unas ganas ya de meterle una paliza …!**.

- ¡Gold! - gritó el Prof. Elm, sacando al chico de sus pensamientos -. ¡¿Me estás escuchando?

- ¿Ah? Eh … ¡sí! - respondió Gold, torpemente -. ¡Entendido!

Mientras tanto …

Silver se encontraba ya lejos de allí, en otro bosque menos tenebroso, comunicándose con alguien a través de su pokégear:

- Silver - dijo una voz masculina al otro lado de la línea -, ese chico que lleva un tiempo persiguiéndote ya se ha topado con el hombre enmascarado. Aparentemente … gracias a él, fracasó de nuevo en su intento de reunirse con "ese" pokémon. Pero aún así no podemos confiarnos …

Silver escuchaba atento, pero no pudo evitar dar un respingo cuando se empezó a oír otra voz por el altavoz:

- ¡Silver! - exclamó una voz de chica -. ¡Espero que estés bien! Seguro que eres capaz de vencer al Hombre de la Máscara de Hielo, pero ten mucho cuidado con él, ¿vale?

- Eh … pues eso - añadió la voz de chico -. No le pierdas la vista a ese hombre enmascarado y avísame de cualquier anomalía.

- Entendido - dijo Silver -. Cambio y corto.

Al mediodía …

La Asociación Pokémon, con Bill y más miembros y el Presidente, se había reunido en Ciudad Malva a las puertas del Gimnasio. Ante ellos se encontraba Falkner con sus pokémons voladores, con el temple sereno.

- ¡Falkner, por la presente, la Asociación Pokémon te nombra nuevo Líder del Gimnasio de Ciudad Malva! - exclamó el Presidente, dándole la mano animadamente.

- ¡Ya basta de formalidades! - intervino Bill, furioso -. ¡Ahora, el principal problema es …!

En menos de medio minuto, Falkner ya había pasado a segundo plano:

- ¡¿Qué pasa con el Sistema de Transporte, eh? - preguntó Bill, a gritos -. ¡¿No me habíais prometido que lo repararíais pronto? ¡Me da igual lo que queráis decirme, hasta que no arregléis el Sistema de …!

Alarmado, Falkner se vio obligado a separarles:

- ¡Vamos, calmaos! - exclamó; al ver que se callaban, se aclaró la garganta -. Siento todo este jaleo … ¡Pero me alegro mucho de ver todas las preparaciones que habéis hecho para mi nombramiento! El hecho de que la mismísima Asociación Pokémon me haya considerado apto para ser líder de gimnasio me hace sentir muy honorado.

- ¡Oh, no te preocupes por ello! - exclamó Bill, sonriendo con pesar -. ¡El honor es nuestro!

- Muchas gracias - dijo Falkner.

- De hecho - añadió Bill -, un amigo mío también quiere presentarse a las pruebas para convertirse en líder de gimnasio. ¡Si consigue pasar el examen, se convertirá en Líder, igual que tú! Por eso, no debemos retrasarnos …

El representante de Johto se acercó a Falkner con una bandeja entre las manos, para entregarle la medalla de Líder de Gimnasio:

- Aquí tienes, Falkner - le dijo -. A partir de ahora, eres el encargado de defender la Medalla Céfiro. Encontrarás numerosos entrenadores que te retarán a combates pokémon contra ti para medir sus habilidades como entrenadores y ganar la medalla. ¡Pero tú sólo debes entregársela a aquellos que veas con seguridad totalmente cualificados para ser entrenadores! Incluso aunque te derroten … asegúrate de que el combatiente es alguien de fiar, y …

Falkner perdió el hilo de la conversación y empezó a ignorarle, sumiéndose en sus pensamientos:

- **Gold … - pensó -, gracias a ti, que me ayudaste a capturar a Skarmory, he sido capaz de superar la prueba. Me pregunto qué tal estará …**.