Ya sólo quedan dos capítulos y el epílogo.
Perdonad la tardanza. El próximo capítulo estará aquí en breve ;)
Tormenta y soledad
El Sr. Todd no cenó con ellos aquella noche de tormenta. A decir verdad, no cenó nada en absoluto.
Con su abrigo empapado, recorría las calles bajo la lluvia británica. Por alguna razón que desconocía, la lluvia allí era diferente a la de otra parte del mundo. Puedo que eso era lo que hacía única a Inglaterra. Quizás, fuera también la razón de por qué no hacía más que salir de un charco para meterse en otro peor a lo largo de los años.
Se alzó las solapas para protegerse del viento nocturno que empezaba a soplar. Las farolas hacían rato que estaban encendidas, y aún así, era difícil ver más allá de las narices de uno. A él no le importaba, no iba buscando nada en particular. Simplemente, dejaba que el agua arrastrase sus pensamientos y así los deshiciese hasta quedar disueltos en las aguas de las alcantarillas. Como la sangre de todos esos que murieron bajo su navaja. No eran pocos, pero tampoco era suficiente. Ojalá pudiese pasearse con los brazos extendidos y las cuchillas afiladas, rebanando el cuello de todo aquel que se pusiese por delante. Seguro que lo merecía. Todos merecen morir; incluso él, incluso la Sra. Lovett.
No, ya no era la Sra. Lovett, era la Sra. Todd. Nueve años y todavía no se había acostumbrado. Qué rápido pasa el tiempo. Parecía ayer cuando por fin regresó a esa ciudad del diablo. ¿Cuánto quedaría para que la pesadilla terminase? No estaba seguro de cuantos años más estaba dispuesto a ver pasar.
Tropezó con un cuerpo y maldijo por la bajo. Se volvió para mirar más de cerca a aquella maraña de ropajes sucios y mugrientos que tosía sin control. La tocó en el pie y escuchó un lloriqueo. Apartándose a un lado, la luz de la farola permitía alumbrar a la mendiga.
-¿Le conozco, señor? –su voz sonaba débil y cansada, como la de alguien que está en su lecho de muerte. No supo que le empujó a agacharse. Habría sido mejor no hacerlo si lo que quería era seguir viviendo tranquilamente, pero fue la mejor elección si lo que deseaba era alumbrar el oscuro secreto de su pasado- Usted... –la nueva oleada de tos impedía que las palabras se formasen. El Sr. Todd se apartó ligeramente para evitar contagiarse de todas las enfermedades y parásitos que la pobre desdichada transportaba.
Se apartó el pajizo pelo del rostro y le miró más atentamente, igual que él a ella.
Esos rasgos... no le eran en absoluto desconocidos. Es más, sus dedos los habían acariciado cientos de veces años atrás.
La mano de la mendiga se había alargado hacia él y ahora acariciaba su rostro.
-Lucy... –murmuró contra la yema de sus callosos dedos mientras el resto de su cuerpo temblaba de la emoción. La había encontrado. No podía ser, la había encontrado al fin. La estúpida lluvia británica le había llevado hasta ella. No podía ser tan inútil, después de todo-. Dulce Lucy.
Lo que a él le pareció la mueca de una sonrisa se dibujó en la cara de la moribunda.
-He esperado a que vinieses a llevarme contigo... Benjamin... –esas fueron las últimas palabras de Lucy Barker antes de que una nueva oleada de tos la volviese a golpear.
Durante el resto de la noche, su cuerpo inerte yacería en brazos del que un día fue su marido y le prometió la luna mientras este lloraba silenciosas y amargas lágrimas por ella y el agua les calaba.
Si tan solo lo hubiese sabido antes, habría recorrido cada rincón oscuro de Londres buscándola. Si lo hubiese imaginado, habría levantado cada piedra de Reino Unido en su busca. Durante quince años, todo su sueño fue volver a tenerla en sus brazos, pero fue destruido con su regreso. Tonto de él, se había dado por vencido por la simple afirmación de una panadera muerta de hambre. Tendría que haber seguido sus instintos...
¡La Sra. Lovett! Ella fue quien le engañó, quien le mintió. ¿Cómo se había atrevido? Esa bruja le había utilizado para su provecho. Había abandonado y descuidado a su mujer durante su ausencia, y luego la había enviado directa a la muerte. Enrevesada hija del diablo, embaucadora. ¿Creía que iba a poder hacerle vivir una mentira el resto de sus días? Se equivocaba.
Juraba, por la mujer muerta en sus brazos, que la panadera de la esquina de Fleet Street lo iba a pagar muy caro. Sweeney Todd iba a obtener su venganza.
